sábado, 27 de diciembre de 2014

Una Grolsch

En este último viaje a Bélgica -como podrán imaginar- he paladeado varias marcas de cervezas que desconocía o que no había catado con anterioridad, y por si fuese poco, además, aparte de ésas, de vuelta a casa, con todo esto de las cenas y las comidas navideñas he sumado unas cuantas más. De manera que entre las que yo propiamente me he agenciado y entre las que me han puesto por delante en aquellas casas a las que he sido invitado, al final, tengo ya cervezas para presentar durante todo el 2015.
 
Como hay que comenzar por alguna, he decidido empezar por una de las que me puso por delante mi hermano en su casa el día de Navidad. Una Grolsch, una cerveza rubia holandesa, servida en una atractiva botella de color verde de casi medio litro (450 cl) con un tapón como el que traía La Casera. Es una cerveza suave y ligera, con un 5% de alcohol, la espuma es muy blanca y desaparece demasiado apresuradamente, pero sobre todo puedo resaltar que se bebe fácil. Al no tener un sabor muy pronunciado ni vigoroso es una cerveza ideal para lo que fue, para completar un almuerzo exquisito sin anular sabores. Si hubiese tenido más grados o un sabor con más cuerpo, probablemente hubiese atenuado el delicioso gusto del cordero que manduqué.

La foto sale algo oscura porque lucía mucha claridad detrás de mí, y no se aprecian los detalles nítidamente pero les aseguro que ese soy yo y esa es una cerveza Grolsch, y tanto la cerveza como el cordero que está en el plato acabaron juntos en el mismo sitio. Apuesten por ello.

viernes, 26 de diciembre de 2014

Brujas día 2

Para nuestra segunda jornada en Bélgica habíamos pensado en visitar Brujas, ciudad que Pepi y yo ya conocíamos de nuestro viaje hace tres años, pero no nos importaba repetir en absoluto, es más, estábamos convencidos de que a los niños les iba a encantar. De manera que pusimos el despertador bien temprano para aprovechar mejor el día, y bajamos a desayunar al bufet del hotel cuando aún estaba amaneciendo. El bufet era bastante completo, aunque el café no era ninguna maravilla, en cambio, ofrecía una amplia diversidad de productos fríos.

Una vez las energías restablecidas para comenzar el día, salimos caminando en dirección a la estación Comte de Flandre, que supongo significará Conde de Flandes, o algo así, que estaba a unos 600 metros aproximadamente desde la puerta del hotel. Un paseo para calentar articulaciones. La estación es la más profunda de la ciudad, pues pasa por debajo del Canal de Charleroi. Por ella pasan la línea 1 y 5, y ambas van directamente hacia la Gare Central, que es donde nos apeamos, pues queríamos enlazar con un tren que nos llevara a Brujas.

En la bulliciosa Gare Central compramos dos billetes (los niños viajan gratis) en dirección a Ostende, que paraba en Brujas. Creo recordar que hizo un par de paradas más, una en la Gare du Nord de Bruselas y la siguiente en Gante, ciudad que también conocemos del viaje anterior, pero que en este viaje no podíamos detenernos a visitar. El tren siguió hasta Ostende pero nosotros nos bajamos en Brujas.

El tren a Brujas tarda poco menos de una hora. Es un viaje cómodo y tranquilo, aunque ese día, como era domingo y además la predicción climática era de un cielo despejado, había más gente de la que podíamos presuponer.

Brujas es conocida como la Venecia del norte, y es una ciudad verdaderamente encantadora. El entorno medieval y el perfil de sus edificios nos transportaron a un tiempo distinto, probablemente más sanguinario y bárbaro, pero que, por alguna razón que desconozco, confiere un aire soñador a nuestras miradas. Las calles empedradas, la vertiginosa esbeltez de sus múltiples torres, los rincones inesperados con vistas a los canales, el fluir calmado de los botes, los diversos olores a azúcar tostada, el eco de los cascos de los caballos llevando los carruajes turísticos... todo en general inspiraba elegancia y ensoñación. Miguel y Sofía estaban todo el tiempo boquiabiertos y a nosotros nos encantaba esa expresión en sus caras.

Desde la estación de Brujas, paseamos callejeando siguiendo el norte que nos señalaba la aguja de la torre de Nuestra Señora de Brujas, por estrechas aceras y entre hermosas fachadas de piedras pintadas de color blanco, con robustas puertas lacadas en verde o en rojo, que se combinaban con macetas del mismo color en las ventanas enrejadas. El cielo acompañaba nuestro recorrido con una luminosidad infrecuente para las fechas prenavideñas en la que nos encontrábamos. Casi por inercia nos acercamos al Begijnhof, pero antes tuvimos que detenernos a tomar café obligados por las necesidades perentorias de Miguelito, que no tenía muchas ganas de hacer un Manneken Pis en la calle con el frío que desplegaba la mañana, y menos aún con tanto turista paseando con cámaras en las manos.

Después del alto, continuamos hasta el Begijnhof y como estaba abierto pudimos entrar en él. Paseamos sosegadamente junto a sus inclinados troncos, respirando la tranquilidad de un lugar cultivado durante siglos por la laboriosidad de sacrificadas beguinas, y visitamos la iglesia del convento. A la salida nos embelesamos con las cautivadora escena de los cisnes sobre el canal. Una mujer que traía una gran bolsa de pan para alimentar a los cines y patos les dio a Sofía y a Miguel una buena cantidad de pan y ellos lo pasaron en grande echándosela. Algunos turistas fotografiaban la escena que protagonizaban nuestros niños, pero nosotros simplemente disfrutábamos de ella.

Tras deambular durante un buen rato de una esquina a otra de la plaza frente al Begijnhof, regresamos por donde habíamos venido y pasamos de nuevo por la Iglesia de Nuestra Señora de Brujas, rodeándola y pagando la entrada para visitarla. Dentro está una de las obras maestras de Miguel Ángel, Madonna y niño, y también el soberbio cuadro Los siete dolores de María atribuido a Adriaan Isenbrandt. Tras la visita  continuamos hacia la Catedral de San Salvador giramos a la derecha, hacia el canal, donde hay una parada para coger los barcos turísticos de la ciudad. Los niños estaban entusiasmados con la idea y decidimos que era un buen momento para hacerlo.

El paseo el barco duró alrededor de media hora, y recorre gran parte de los rincones más bellos de Brujas. El guía hablaba algo de español y como sabía que lo éramos, explicó todo lo que supo y pudo para nosotros. Fue un paseo muy agradable excepto por el frío que hacía a la intemperie del barco al nivel del agua del canal. Al finalizar el paseo turístico estábamos helados y sólo se nos ocurrió hacerle frente cobijándonos en un restaurante para almorzar.

Nos dirigimos hacia la Grote Markt, que estaba ambientadísima, pues habían instalado un mercadillo navideño con una pista de hielo para patinaje. Sin pensárnoslo mucho entramos en Le panier d'Or, que es un restaurante situado en uno de los laterales de la misma plaza, que ya conocíamos también de nuestra anterior visita a Brujas. El ambiente en el interior era espléndido. Los camareros iban de un lugar para otro alzando bandejas con grandes copas de cervezas, la decoración elegantemente navideña, el bullicio de los comensales, la chimenea en una esquina del salón principal calentando el espacio, todo en conjunto daba un aire acogedor al restaurante que era una delicia para nuestros sentidos. La animación y alegría de la escena redondeaba y agrandaba nuestras sensaciones. Disfruté enormemente ese almuerzo: los mussels y la Karmeliet Tripel que saboreé. Un recuerdo magnífico.

Salimos del restaurante con la intención de contemplar la plaza pausadamente, fotografiándonos desde casi cualquier ángulo posible, intentando enmarcar dentro del objetivo a la octogonal torre Belfort, o campanario medieval, y al extraordinario mercado cubierto.

La noche comenzaba a desplegar su manto y la atmósfera navideña aún destacaba más con la generosa iluminación de la plaza. Entre los múltiples puestos instalados en la plaza, se encontraban varios que vendían wafels artesanos (gofres), cuyo olor prácticamente envolvía a toda la localidad, y como habíamos decidido no tomar postre en el restaurante, para saborear, una vez más, los riquísimos wafels, nos pusimos en cola para esperar nuestro turno.

Seguidamente entramos en el mercado cubierto para subir a su amplia terraza, que nos sirvió de balcón para contemplar desde una altura mayor toda la grandeza de la plaza. Volvimos a la plaza y después de pasear distraídamente alrededor de ella, salimos en dirección al Ayuntamiento de Brujas, edificio gótico del siglo XV situado en la Plaza Burg, donde también se encuentra la Basílica de la Santa Sangre, cuya fachada debe ser un verdadero orgullo para toda la ciudad. Abandonamos la plaza por el Callejón del asno ciego y cruzamos a la derecha, justo antes del Mercado del pescado, contemplando el irregular perfil de los tejados y la constante línea de agua sobre las fachadas que dan a los canales, mareados por el síndrome de Stendhal fuimos poco a poco abandonando la ciudad en dirección a la estación, donde tomamos el tren de vuelta a Bruselas.

El tren estaba abarrotado de gente y hubo personas que no se pudieron sentar y tuvieron que hacer el viaje de pie, pero nosotros tuvimos suerte y encontramos asiento para todos, aunque no estuvimos juntos. Llegamos a Bruselas y desde la misma estación de tren tomamos un metro que nos llevó a la Plaza de St Catherine, donde estaba instalado el mercado de navidad más grande de Bruselas y también una noria inmensa. Paseamos y recorrimos todo el mercado y tras mucha insistencia de los niños decidimos montarnos en la noria. Pepi no es una gran amiga de los vaivenes y yo, la verdad, tampoco soy muy amigo de las alturas, pero a pesar de nuestra poca predisposición, aceptamos montarnos. Desde lo alto de la noria se disfruta de unas vistas inigualables, aunque Pepi no las disfrutó porque se tiró las tres vueltas con los ojos cerrados, asustada y temblando de frío.

Al bajar compramos unas salchichas y unas frites, que es como llaman allí a las patatas fritas que sirven en cartuchos, y con eso no despedimos de una jornada extenuante. Paramos un taxi y regresamos al cálido descanso que nos ofrecía la habitación del hotel.



miércoles, 24 de diciembre de 2014

Feliz Navidad Cervecera

Quería desearos unas cibernéticas Felices Fiestas y también una espumosa Feliz Navidad, y no se me ha ocurrido mejor manera para hacerlo que compartiendo con vosotros esta magnífica publicidad.

Deseo que tengan unas felices fiestas...

lunes, 22 de diciembre de 2014

Joe Cocker

Esta tarde, entre celebraciones de premios de lotería y casi con la boca pequeña, en el noticiero radiofónico colaron la noticia de que hoy había fallecido de un cáncer de pulmón y a la edad de 70 años el cantante británico Joe Cocker. Para ustedes Joe Cocker quizás era simplemente el cantante de voz ronca que cantaba aquella canción que tanto se utilizaba para los stripteases, o tal vez, si peinan bastantes canas, uno de aquellos melenudos que pisó el escenario de Woodstock con canciones que han pasado y ganado su lugar con el paso de los años. Un nombre más en una larga lista de cantantes.

Para mí, Joe Cocker fue esa voz desgarrada y explosiva que me arrancó del influjo pop, en busca de otros horizontes musicales. Cuando yo era aún un adolescente aborregado y los cuarenta principales eran todavía mi mayor influencia musical, un buen día un tema muy olvidado de Joe Cocker, You are so beautiful, incluido en una de aquellas recopilaciones de canciones de amor, se cruzó en mi vida. Fue, durante un largo y caluroso verano, la banda sonora de mi día a día. Aquella canción sonaba repetida y cansinamente en el radiocasette portátil que teníamos en casa. Aquella canción y la voz de Joe Cocker fueron como el envoltorio del primer amor de mi vida.

Me recuerdo tumbado en la cama, con la mirada perdida en cualquier punto difuso de la pared encalada, perdido en mis ensimismamientos, embobado, con aquella canción sonando de fondo, sonando una y otra vez, hasta que la cinta se acababa, y yo, como extasiado, seguía con media sonrisa boba en la boca, cantando la canción a pesar de que la música se había detenido.

Luego llegaron más canciones, y casi sin darme cuenta, poco a poco fui comprándome y haciéndome con una buena discografía del cantante nacido en Sheffield. Cada cierto tiempo publicaba un disco que incluía alguna canción que me obligaba a sacar la cartera, pese a que yo en aquellos tiempos no andaba sobrado de plata.

Otra de las canciones de Joe Cocker que tienen un marcado sentido en mi vida es With a little help from my friends cuya razón ya expliqué aquí hace unos años. Hoy me vuelvo a acordar de mi amigo Lolo, y también de mi madre, cuya ausencia tanto echo de menos en estas fechas. Por una causa o por otra Joe Cocker me ha acompañado en momentos significativos de mi vida, y ahora que nos deja, siento que algo de mí también se va con él. Al menos, siempre me quedará su música.

Esta versión en directo de You are so beautiful tiene tanto sentimiento que es imposible no amarla.




domingo, 21 de diciembre de 2014

Bruselas día 1

Bruselas es la capital de Bélgica y una ciudad maravillosa, cosmopolita, situada en pleno corazón de Europa, epicentro de la Unión Europea y desde este pasado fin de semana el destino hacia el cual mi santa, nuestros hijos, Sofía y Miguel, y yo, realizamos nuestro primer viaje juntos al extranjero.

Así es, el sábado, poco antes de las diez de la mañana embarcábamos en un avión de Ryanair con dirección al aeropuerto de Zaventem, o Bruselas internacional, con la intención de disfrutar de nuevas experiencias. La primera para los niños fue coger un avión, su primer vuelo. Sin embargo, Miguel, el chiquitín de seis años y dos meses, parecía haberlo vivido todo con anterioridad, o al menos eso es lo que él quería hacernos creer. Quería ser el primero en subir por la escalera del avión y en buscar asiento, así como abrocharse el cinturón de seguridad del asiento del avión, porque según afirmaba "el listillo" ya sabía, a pesar de que nunca se había montado en uno. Evidentemente necesitó ayuda.

Nada más subir al avión, lo primero que hizo fue asomarse a la cabina, aunque en realidad andaba buscando el servicio, pero ya que estaba allí, entró y saludó al piloto. Al servicio fueron ambos unas cuantas veces, consecuencia directa a que no paraban de beber, porque como no consiguieron dormir ni un solo minuto, pues comenzaron a aburrirse, y ya se sabe que nada hay para vencer el sueño y el aburrimiento como estirar las piernas en un paseo, aunque sea corto.
 
Justo después del aterrizaje bajamos a la planta inferior del aeropuerto, donde está la estación ferroviaria, y donde tomamos el tren que  nos llevaría en apenas quince o veinte minutos a la Gare Central de Bruselas. Desde allí tomamos un taxi que nos llevó al hotel.

Una vez instalados en la habitación 202 del Meininger Hotel, nos abrigamos voluminosamente y salimos a almorzar algo, porque entre unas cosas y otras ya eran más de las tres de la tarde, y a esa hora, por muy expectante que esté uno por vivir nuevas experiencias, difícilmente consigue engañar al estómago. Así que sin perder mucho el tiempo comimos algo rápido en un turco que estaba cerca del hotel. Mi gran decepción fue cuando le pregunté qué cervezas tenía y me dijo que no vendía cerveza de ningún tipo. No me lo podía creer, y en un primer instante pensé que era broma, pero en cuanto comprendí que no bromeaba, blasfemé hacia mis adentros en arameo. Pero como no hay nada que pueda torcer la rígida voluntad de un hombre tozudo cuando a éste se le mete algo en la cabeza, le pregunté si tenía algún inconveniente a que se bebiese alcohol en su local y me dijo que no, que simplemente no tenía licencia para vender alcohol, entonces le pedí permiso para comprarme una cerveza fuera y llevarla a su local, y en cuanto me contestó que no le importaba, mic mic, salí por la puerta y regresé con mi adorado tesoro antes de que me sirviera el kebab sobre la mesa. Cerveza que ya presentaré, en su debido momento, en este blog.

Una vez relleno el depósito nos acercamos al metro, y compramos un billete válido para diez viajes en la estación Bourse, que era la que teníamos más cercana, y desde allí nos dirigimos a la parada de Maelbeek, la estación más cercana al Museo de Ciencias Naturales de Bruselas, nuestro primer objetivo. No disponíamos de mucho tiempo así que aceleramos el paso todo lo que pudimos, cortamos por el Parque de Leopold, para llegar con suficiente tiempo para visitar el Museo. Miguel disfrutó muchísimo viendo los huesos de los mismos dinosaurios que él tiene como juguetes. Andaba maravillado por el tamaño mastodóntico de los dinosaurios, y como el museo a esa hora estaba prácticamente desierto, les daba la impresión de que, de un momento a otro, los dinosaurios iban a tomar vida, como en aquella película que vimos los cuatro juntos en casa no hace mucho, Noche en el Museo.

Cuando nos echaron del museo paramos un taxi que nos llevó hasta la Gare Central, desde donde iniciamos nuestra primera visita por el centro. La primera parada fue la Galería Royal Saint Hubert, donde aún estaban muchas tiendas abiertas. Atravesamos la galería de principio a fin, fascinados por los engalanados escaparates de las tiendas y por la elegante y lujosa decoración de su cúpula de cristal. Abandonamos la galería por el otro extremo y paseamos callejeando hacia De Brouckere, y continuamos en espiral hasta finalmente caer en el encanto magnético de la Grand Place. A mi juicio una de las plazas más bellas que he visitado.

En el centro de la plaza, junto a un magnifico árbol de navidad, decorado con espejos, como extasiados, disfrutamos de la contemplación de la armonía de la fachadas y de la fastuosidad de sus detalles ornamentales. Por si fuese poco, además, durante las fechas navideñas, en la plaza se lleva a cabo un espectáculo de luces y sonido verdaderamente deslumbrante, con un juego sincronizado de música y luz que provoca una sensación casi indescriptible. Precioso.

Después de tan extraordinario goce nos dirigimos no muy lejos de allí, hacia la plaza donde está situado el Manneken Pis, sin antes dejar de acariciar la brillante y gélida superficie de Everarad t'Serclaes, que te concede, según cuenta la leyenda, la posibilidad de regresar algún día de nuevo a Bruselas. A nosotros, por ahora, se nos ha cumplido una vez. Veremos la segunda.

El Manneken Pis estaba desnudito a pesar de la fría temperatura que climatizaba los exteriores de Bruselas, y como siempre que hemos pasado junto a su rechoncha figura estaba rodeado de turistas disparándoles flashes con sus cámaras. Nosotros no fuimos menos y también le flasheamos en su eterna meada.

Junto al Manneken Pis están situados varios de los mejores locales de venta de gofres que hay en la ciudad y el estimulante olor que desprenden abren el apetito de mala manera, así que sin pensárnoslo mucho nos dirigimos, lo más directo que supimos, hacia el mercado navideño que habíamos visto horas antes frente al majestuoso edificio de la Bourse. Allí, entre los numerosos puestos navideños que hay provisionalmente instalados, tomamos unas salchichas deliciosas y también, como postre, un gofre que mi santa y mi hija tanto anhelaban. Miguel y yo compartimos uno y no crean que salí ganando, pues Miguelito comió más que yo.

La noche cada vez parecía desplegarse más fría y húmeda sobre nosotros, por lo que decidimos encaminamos hacia la Boursplein donde sabíamos que había una parada de taxi. Tuvimos suerte pues había un taxi allí esperándonos. Miguel y Sofía estaban encantados de volver en taxi y no tener que dar un paso más.

En aquellos momentos pocas cosas podíamos encontrar más reconfortantes que la calidez de una habitación de hotel tras una jornada de turismo por una ciudad centroeuropea en un gélido mes de diciembre. Un buen baño caliente, un pijama suave y un colchón grato son los ingredientes apropiados para un descanso recuperador. Sofía, además, estaba encantada con la posibilidad de dormir en la parte alta de una litera. Su primera vez. Yo también estaba recreándome ante la idea de que esa noche, por primera vez, iba a dormir en un edificio, el cual, hace no tantos años, era una fábrica cervecera.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Rock and a hard Place - The Rolling Stones

Hoy es el cumpleaños de Keith Richards, guitarra principal y carismática de The Rolling Stones desde 1962, cuando tenía apenas 19 años. Setenta y un años se echa ahora a la buchaca. Pellejoso, ojeroso, artrítico, excéntrico y exadicto -que se sepa- a diversas sustancias. Según mi santa es también uno de los hombres más feos del mundo. Cuestión de gustos. Lo que es seguro es que es un grandísimo guitarrista, capaz de poner su sello en todo lo que toca. No hace falta verle, ni conocer una canción suya para saber que lleva su golpe de muñeca. A mi juicio no es un guitarrista virtuoso pero, en cambio, tiene un sentido increíble de la cadencia de melodías.

Este blog y el que lo maneja, es decir yo, le desea desde aquí que sea feliz y que nos deje un buen puñado de canciones. Que demuestre de la mejor manera que sabe que sigue teniendo mecha. Les cuelgo una de esas canciones que llevan la marca registrada de Keith.



viernes, 12 de diciembre de 2014

Escabullirse de la monotonía

Huir de la pesarosa rutina diaria es tanto un deseo como una necesidad. Eludir los habituales quehaceres cotidianos y las tareas repetitivas, escapando, aunque sólo sea una pequeña porción de tiempo, de la realidad cíclica de los días es uno de los regalos más jugosos de la vida. Conseguir librarse de los horarios extenuantes, de las responsabilidades, de la sensación insistente de que una vez tras otra los días se repiten, puede ser tan necesario como el agua para saciar la sed.

Por eso, cada cierto tiempo uno ha de buscar una alternativa a la monotonía, un cambio liberador, un giro vital breve, casi insignificante, pero que en cambio puede significar una satisfactoria y reconfortante liberación.

Llevarlo a cabo es tan complicado como sencillo, tan imposible como real, tan fácil como hacer camino al andar. Sólo hay que quererlo de verdad, el resto es cuestión de prioridades. Piénsenlo bien.


lunes, 8 de diciembre de 2014

Magia en la sala

Hacía bastante tiempo que mantenía bien marcado en el calendario que este último y largo fin de semana se estrenaba la última película de Woody Allen, Magia a la luz de la Luna. De manera que con un poco de suerte, y sobre todo, gracias a la disposición de mi hermano y su santa, pudimos mi señora y yo escaparnos a ver la película al cine.

No es la mejor película de Woody Allen pero me agradó. Los diálogos son ágiles y la trama, que al principio me pareció ir demasiado ligera, en un determinado momento se calma. Los personajes al principio me parecieron clichés ya demasiado manoseados en el cine y la literatura, pero conforme el metraje va avanzando sus estereotipos se van relajando y uno va tomando cariño a los personajes, a pesar de que ellos se enfrentan en la pantalla, defendiendo cada uno una percepción o teoría completamente distinta de la vida. El guión, como suele ocurrir en el cine alleniano, va girando y dando vueltas sobre una misma idea desde varios puntos de vista, dejando que el espectador tome partido, para que una vez que lo haga, lo ponga en evidencia una vez más.

Me divertí bastante, en algunas escenas, no pude evitar reír desencajadamente, que a fin de cuentas es la esencia del cine. El conjunto formado por el guión y las interpretaciones -especialmente la de Colin Firth-, la estupenda y romántica fotografía que ofrece la Costa Azul francesa unido a la banda sonora, provocan que, en conjunto, la película resulte ser un fresco divertimento.

Pasen a verla y no se arrepentirán.

viernes, 5 de diciembre de 2014

El secreto de Christine - Benjamin Black

Mi amigo Miguel hace tiempo me recomendó que leyera a John Banville, de manera que apunté el consejo en la escuálida memoria flash que padezco y me puse manos a la obra. Banville me llevó a Benjamin Black, seudónimo negro del mismo autor y en las navidades pasadas le pedí a mis Reyes Magos particulares su primera novela negra, El secreto de Christine, la iniciática entrega del melancólico patólogo irlandés, Quirke. Un personaje del que uno se enamora sin remedio, más por lo que piensa que por lo que hace y dice.

Según parece (aún no he leído el envés y el revés del mismo autor) Banville es un reposado e inspirado creador, mientras que Black es un afanoso y perseverante obrero. En cualquier caso, después de rescatar la novela de la larga fila que le adelantaba, he comenzado por el eficaz operario y puedo decir que antes de terminar el segundo capítulo ya estaba agenciándome la segunda entrega.

La novela está situada en el Dublín de los años cincuenta, y es tremendamente adictiva y elegante, a veces  triste, a veces tierna, con un soberbio humor irónico y casi siempre perjudicial para mi salud, porque leyendo sus páginas he sentido, en más de una ocasión, el irremediable impulso de acompañar la lectura con un Glengoyne de 12 años que atesoraba entre el resto de licores. Brindo por ello.

Una vez terminada la novela, no sé si prefiero seguir leyendo a Benjamin Black o saltar a John Banville. Mientras me decido leeré otra cosa, aunque no puedo evitar tener la mente ocupada desentrañando cuál será mi próxima elección. ¿Banville o Black?
 

jueves, 4 de diciembre de 2014

Marilyn Monroe 24

Aunque de un modo tardío y perezoso el otoño va poco a poco desplegando sus gélidas maneras sobre los días. Los árboles, con ayuda del viento, se han ido desprendiendo casi inadvertidamente del verdor apagado con el que postreramente se engalanaban. Sobre los tejados de las casas las chimeneas expiran su cálidez interior y los puestos de castañas asadas les acompañan desde las esquinas, en un respirar denso y liviano al mismo tiempo. Mientras, las personas vamos de un lado a otro con las manos en los bolsillos, refugiándonos bajo las voluminosas prendas de abrigo, que otorgan un sentido desgarbado y pesado a nuestro caminar. Definitivamente ya ha llegado el día de sacar los abrigos de los armarios.


domingo, 30 de noviembre de 2014

Una Sagra calabaza y canela

Llevaba algo así como un par de semanas sin probar gota de malta de cebada, y mis nervios estaban dos pisos por encima mía, cuando por fin llegó el momento de hacer justicia a tan tremenda dejadez. Fue en casa de unos amigos, en uno de esos planes perfectos que de vez en cuando se alinean en nuestras vidas. Una estupenda y sabrosa pitanza en casa de unos amigos, una buena conversación, los niños jugando y montando lío, pero con la tranquilidad que da saber que no molestan a nadie excepto a sus padres y un partidito de los buenos para reposar la sobremesa en el sofá.

Ya en los entrantes, nada más llegar, acompañando un intenso queso Boffard y unas almendras saladas, me casqué la primera cerveza que nos habían preparado, que además es una de esas cervezas mayúsculas, que hacen eco en la memoria, pero que dejaré para presentarla en otro momento porque voy a adelantar a la cerveza que da nombre a la entrada de hoy, porque es sin duda una cerveza para presentar en este mes de noviembre.

La cerveza Sagra calabaza y canela fue la segunda cerveza que probé en casa de mis amigos, el primer día de este mes, es decir, en una fecha propiamente halloweeniana, y es que es una cerveza apropiadísima para esa fecha debido a que entre sus ingredientes incluye la calabaza.


La cerveza Sagra calabaza y canela es una cerveza artesanal, muy peculiar y muy diferenciada del resto, con un marcado origen americano y elaborada con muchas ganas de diversión e imaginación. La espuma es muy dispersa y poco consistente, mientras  que su color cobrizo invita a pensar en un sabor fuerte y denso y portadora de un alto porcentaje de alcohol que queda desmentido por el 5,2% que marca la etiqueta. El sabor es inesperado y arriesgado, pero me agradó. De entre todos los ingredientes que mezcla, quizá el que más sobresale es la canela y la nuez moscada. El cilantro y la calabaza quedaron demasiado ocultos por el resto, pero, después de todo, y tras darle varias vueltas en el paladar, fue una agradable sorpresa.

Es una cerveza española, una Pumpkin Ale -como anuncia en la etiqueta-, elaborada en Numancia de la Sagra, (Toledo), con una presentación en botella sofisticada y atractiva que posiblemente riegue mis interiores en alguna otra ocasión. 

En la foto estoy a punto de hacer uso de ella para regar un estupendo cuscús. ¡Gracias amigos!

martes, 25 de noviembre de 2014

La llamada

Había dejado de llover. Los árboles aún goteaban la tristeza gris que pesaba en su ramas. Las aceras, desgastadas tras millones de pasos, estaban empezando a cobrar vida, y asomado al único rectángulo de luz que le ofrecía la ventana de la habitación, decidió que lo mejor que podría hacer en aquel atardecer era dejarlo todo.

Bajó por las escaleras de aquella pensión inmunda que ocultaba entre sus paredes los mejores recuerdos de su vida. Retener aquellos recuerdos le mantenían aún atrapado entre aquellas cuatro paredes, pero después de tres días encerrado, esperando una llamada, comprendió que tendría que abandonarla.

Se había citado con ella en la vieja cafetería donde en tantas veces habían disimulado su amor. Eligió una mesa apartada, y esperándola fue apagando colillas una encima de otra. Cuanto más consultaba el Tag Heuer que ella le había regalado, más lento se arrastraba el tiempo. Dos horas después regresó a aquellas cuatro paredes acompañado de un chop suey insípido que había comprado en un local de comida para llevar del barrio chino. 

No tenía apetito. Intentó dormir, olvidar. Encontrar una salida a aquella relación prohibida que le estaba destrozando la vida. Pero lo único que sabía hacer, la única posibilidad que tenía para volver a verla era esperar una llamada.

Despertó a media noche y sacudió los restos de ceniza caídos en las sábanas. El chop suey, a esa intempestiva hora, no le pareció tan insípido. Hubiera querido salir a pasear. Le agradaba caminar de madrugada por calles solitarias, pero comprendía que lo único que podía hacer era esperar una llamada.

Comenzaba a filtrarse la claridad de la mañana por los intersticios de la persiana cuando por fin sonó el teléfono, hubiera deseado desahogar su ira sobre ella, pedir explicaciones y escupir absurdos reproches, pero sabía que era inútil pues ya conocía las respuestas, en cambio solicitó un lugar de encuentro y una hora. Ella estaba ya allí. Esperándole. Colgó el teléfono y salió de la habitación como alma que lleva el diablo sin apagar las luces.


viernes, 21 de noviembre de 2014

Sin noticias

Hace ya unos cuantos meses que estoy intentando mantenerme alejado de las noticias y de cualquier tipo de informativo televisivo. Cada vez soporto menos el negativismo cansino y reiterativo de los periódicos, y tampoco comparto el absoluto sensacionalismo de las malas noticias y procuro todo lo que me es posible enfocar mi atención en aquello que me entretiene, o al menos no me entristece. La vida -decía mi madre- ya se encarga de darte malas noticias por sí sola, como para andar encima buscándolas.

Por eso últimamente prefiero leer las noticias deportivas, porque, aunque en ocasiones puedan ser banales, no me desasosiegan ni me producen resquemor en el esófago.  Pero hasta en la prensa deportiva, desde hace un tiempo, está salpicando el nacionalismo retorcido y el vergonzoso fraude de nuestros  dirigentes, porque, como ya sabemos, en todos sitios cuecen habas.

De manera que cuando me conecto a Internet, ya sea en el móvil o en la tablet, voy esquivando, todo lo que puedo aquellas noticias que no me van a aportar más que indignación, vergüenza y, en algunos casos, hasta iracundia. Voy saltando de las secciones de cultura, a la de deportes, de la de ciencia o viajes, a la de espectáculos y así voy, renqueantemente, obteniendo una versión parcial y despreocupada de la realidad.

¿Hago bien? Creo que sí. No soy por naturaleza una persona interesada en la política, aunque por supuesto que tengo mis ideas, pero no soy partidario de tanto acaloramiento político. Creo que se pueden hacer las cosas bien de muchas diversas maneras, y que lo que importa es que al final se hagan bien. Y también creo que los objetivos son importantes, pero las maneras tal vez más.

En la política hay muy pocas personas que sepan apreciar y valorar lo que otros han hecho, o están haciendo correctamente, y, en cambio, se tiran directamente sobre ellos a la yugular en cuanto alguien comete un error. Ese clima pendenciero, agresivo y casi militar en el que nos envuelven los partidos políticos creo que hace más mal que bien. Es algo parecido a lo que pasó con el Real Madrid de Mourinho cuando ganó la liga. La ganó, bien, pero yo, al menos, no pude disfrutarla completamente. Se puede ganar la liga de muchas diversas maneras, pero si vamos a ganarla, ganémosla con estilo, y si se pierde felicitemos al adversario. Hay que hacer las cosas y hacerlas bien. No parece tan complicado.
 
Este enfrentamiento continuo entre los distintos partidos políticos, sea por la razón que sea, se puede llevar a cabo sin tanta estrechez de miras, ni tanta ironía, ni tanta malas mañas, ni odio, ni inquina y sobre todo con más vergüenza.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Dora Bruder - Patrick Modiano

Acababa de enterarme de que a Patrick Modiano le habían concedido el premio Nobel de Literatura y entresaqué de mi biblioteca el único libro que poseo del autor francés,  Dora Bruder, el cual compré este verano en el rastro, creo recordar que a un precio irrisorio.

Tras echarle un vistazo y leer el prólogo de Adolfo García Ortega, del que el año pasado leí su novela Pasajero K, lo puse en la cola de la mesa de noche para leerlo cuando terminara unos cuantos libros que tenía por allí atascados, esperando el semáforo en verde.

Un poco alentado por la curiosidad de leer por primera vez al Nobel francés, lo adelanté. Comencé a leerlo y la noche siguiente ya casi lo había terminado, pero dejé los últimos capítulos para postergar el final una jornada más.

Es un libro sobrecogedor, inteligente, pausado, con acertados y oportunos silencios, con saltos en la imaginación de un hombre cuya curiosidad acierta en el resumen fragmentado de una vida interrumpida, de una raza humillada y, sobre todo, de una sinrazón y ceguera del sentido común de la humanidad difícilmente comprensible.

Éste es un libro que seguro volveré a leer. Porque es simplemente maravilloso. Un verdadero premio para mi vida.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Una montaña encima

En bastantes ocasiones en mi vida he escuchado o he dicho aquello de: es como si me hubiera caído una montaña encima. Es una expresión habitual que se utiliza -o al menos yo la utilizo- cuando de repente, en un particular momento de la vida de una persona, se le acumularan los problemas de tal manera que parecieran, todas en conjunto, una tarea imposible de superar. También puede usarse cuando una novedad, una noticia, un accidente, en definitiva algo repentino, te afecta de una forma tan desbocada e insalvable que las posibilidades de sobrellevarlo parecieran, aunque sólo fuese en ese instante, un asunto imposible de manejar. Algo fatalmente inabarcable.

Esta foto con la que me crucé hace tiempo, se ha introducido impactantemente como una referencia visual cada vez que escucho o viene a mi cabeza la expresión. A mí, desde entonces, me ha arruinado la frase, porque cada vez que la escucho ahora, me parece una barbaridad aplicarla. Ahora siempre me parece muy exagerada.


viernes, 14 de noviembre de 2014

Marilyn Monroe 23

Les contaba en la entrada anterior que Muñoz Molina me había dedicado uno de mis libros favoritos, Sefarad, y que desde entonces lo atesoro como la mayor joya de mi biblioteca. Y pensando en ello, me acordé de Marilyn Monroe y de una instantánea en la que aparece entregándole una foto suya, supuestamente dedicada, a uno de sus admiradores. Y aunque es una forma distinta de admiración, no por ello Marilyn dejaba de mostrar la mejor de sus sonrisas.


miércoles, 12 de noviembre de 2014

La dedicatoria

Anoche asistí junto con mi buen amigo Miguel a la conferencia que ofreció en el edificio de La Térmica el escritor Antonio Muñoz Molina, en el ciclo de charlas titulado Palabras Mayores, y que se desarrolló alrededor de su último libro Todo lo que era sólido.

Ni que decir tengo que la charla fue más que interesante, y que salí encantado de la conferencia por diversos motivos. El primero fue ver a la persona a la que he leído casi diariamente durante los dos o tres últimos años de mi vida. Cada mañana, estando todavía acostado en la cama, antes de comenzar el día y aún sin tener los ojos bien despegados, he ido consultado en el ipad si el escritor jiennense había publicado una nueva entrada en su blog. Ha sido para mí casi como una bendita adicción y ha tenido gran parte de culpa de mi buen humor por las mañanas hasta que, desafortunadamente, en el pasado mes de junio -creo que fue un día antes de mi cumpleaños- anunció que iba a suspender el blog para dedicarse más intensamente a su nueva novela.

Esa nueva novela, titulada Como la sombra que se va, como anunció el propio autor, se publicará en este presente mes, el día 25 para ser precisos, y tratará sobre la figura de Martin Luther King, su asesinato y sobre la huida del asesino, James Earl Ray, a Lisboa. Ya supondrán que a mi juicio es una estupenda noticia, que además no se hará mucho esperar. Lo apunto en mi agenda aunque estoy seguro que no se me olvidará.

Otro motivo de satisfacción de la conferencia fue comprobar la agudeza, precisión y buena medida del autor en sus palabras, lo acertado de sus contestaciones y lo atinado que fueron sus ejemplos y anécdotas personales, algunas de ellas, como apuntó, ya estaban en el libro.

Por si no fuese suficiente, al finalizar la distendida charla y la ronda de preguntas, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras de 2013 dedicó libros a todos aquellos presentes que lo quisieran, incluso posó para retratarse con los que lo desearan. Yo, por supuesto, había cargado oportunamente hasta la conferencia con mi primera edición de Sefarad, posiblemente la novela suya que más me gusta. Me la dedicó y también me retraté con él. Así que ya pueden, sin mucho esfuerzo imaginar, cuál es, desde ayer, la nueva joya de mi biblioteca.

Nada más acercarme a él y estrecharle la mano, me miró fijamente, con curiosidad, y me preguntó si nos conocíamos. Yo le contesté que no. Seguidamente me preguntó mi nombre para dedicarme la novela. Mientras me la dedicaba le pregunté si ahora, una vez que ya había terminado de escribir el libro, le dedicaría algo de tiempo al blog y lo retomaría, a lo que contestó afirmativamente: que sí, que algo haría ahora que dispondría de más tiempo.

Ansioso espero.


domingo, 9 de noviembre de 2014

El muro de Berlín

El muro de Berlín era un muro de vergüenza. Un muro que separaba una ciudad en dos ciudades. Una frontera cruel e inhumana. Un paréntesis de ignorancia en la línea de la historia, una derrota del razonamiento y el entendimiento. El producto consecuente del ladrillo pesado y hueco en el cerebro de los dirigentes. El símbolo del desacuerdo, del necio odio y de la expansiva incapacidad de dirigentes con voluntades obcecadas, que alinearon la barbarie de sus ineptas ideas dividiendo una ciudad. 

Con la estrechez de su raciocinio escindieron despiadadamente la precaria vida de una ciudad derrotada y humillada. Proyectaron cobardemente una ruptura indecente, seccionando así la vida de sus habitantes. Separaron familias enteras, rompieron lazos de amistad, quebraron sentimientos, compromisos, afinidades y cortaron el cordón umbilical que unía mediante la concordia, el entendimiento y el amor a cientos de miles de personas. 

Con ese muro de vergüenza dilapidaron sueños, promesas, proyectos, el futuro, y lo que era aún peor, el presente de muchísimas vidas. Descompusieron la epidermis de una ciudad justo cuando cicatrizaba y se rehacía de su propia humillación. 

En las navidades de 2006 visité Berlín, y pude comprobar con mis propios ojos aquel muro frío e hiriente. Tan solo quedaban pequeños tramos de muros, intermitentes recuerdos de su indecencia. Aquellos voluminosos escombros, aquellas barreras verticales producían inquietud cuando uno se situaba ante ellos. Sólo pensar que aquel muro imposibilitaba contemplar completamente aquel paisaje producía aturdimiento. Aquel muro gris y opresivo era el abandonado despojo de un pasado turbio y deshonroso. 

Estos días se celebran 25 años del fin aquella indecente barbarie. Éste vídeo es un bonito homenaje.


viernes, 7 de noviembre de 2014

Pistola y cuchillo - Montero Glez

La última novela de Montero Glez que he leído es Pistola y cuchillo, que es una aleación extraña entre una biografía parcial y un relato largo sobre la última mirada de José Monge, más conocido por todos como Camarón de la Isla.

No diré que me ha encantado, porque no ha sido así, pero tampoco diré que me ha disgustado, aunque en realidad, de todo lo que he leído de Monterito es lo que menos me ha complacido.

La prosa de Montero es una prosa llena de chispa aunque en ocasiones repetitiva y cansina, por lo que siempre he creído que sus escritos nunca debieran ser extensos, cualidad que este libro cumple con creces, pero en esta ocasión, y en mi opinión, se ha pasado de breve, y más teniendo en cuenta que el precio no ha encogido paralelo al número de páginas.

Si tienen ganas de revivir aquellos últimos días vividos por Camarón de la Isla en la Venta Vargas, ya están tardando en abrir estas páginas, pero si no es así imagino que mejor giren hacia otras páginas.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Arte callejero 30

El amor puede surgir de las más inesperadas maneras. Escondido desde detrás de una mirada o tras las primeras palabras de un saludo. Puede estar oculto, latente, en una relación de amistad mantenida desde mucho tiempo atrás, y sin embargo, como un chispazo, en cualquier momento, puede surgir la llama del amor. Y una vez prendida hay que saber mantenerla, avivarla y no permitir que se apague y extinga, para conseguirlo hay que permanecer atento y mostrar interés en la perduración de la llama.
El amor no entiende de edades, ni de culturas, ni de bellezas ni de razón. Es tan irracional y caprichoso como la ocurrencia más ingeniosa y perspicaz que sea capaz de crear un genial graffitero. ¿o no?


lunes, 3 de noviembre de 2014

Magia a la luz de la luna

Acabamos de comenzar noviembre, a pesar de que aún el otoño no ha realizado verdaderamente su presencia, y ya estoy deseando que llegue el puente de diciembre, pero sobre todo porque el día 5 se estrena en las salas de cine de España la última película de Woody Allen. Magia a la luz de la luna.

Podría contarles sobre las virtudes del maestro de casi 80 años, de sus ingeniosos diálogos, de su capacidad para rodar en exteriores enternecedoramente bellos pero creo que lo mejor es que vean el trailer, y luego, según sus criterios y posibilidades hagan lo que puedan, pero no digan que no les avisé.




viernes, 31 de octubre de 2014

Una Leffe Brown

Se acaba el mes y todavía no he echado un trago virtual en este blog, ni siquiera he ofrecido un gentil y discreto brindis, ni nada. ¡Qué soso me estoy volviendo! Al final va a tener razón mi santa. La edad me está erosionando tanto que estoy perdiendo hasta las malas costumbres. ¿Quién lo iba a decir?

Aún así, no pienso faltar a la cita mensual con mi gran número de seguidores ausentes y voy a contarles que un buen día de hace ya demasiados años, en nuestra irrepetible visita a Bélgica, junto a la majestuosa Grote Markt de Amberes, en una pequeña y coqueta taberna, me pimplé una estupenda Leffe Brown. ¡Qué sabrosos recuerdos aquellos!

Recuerdo también que me eché entre pecho y espalda una especie de bocadillo de pequeñísimas gambas, casi camarones diminutos, aderezadas con una salsa entre mayonesa y curry, acompañado también de cangrejo y una extraña lechuga que me deleitó el paladar. Y no se me ocurrió nada mejor -y todavía sigue sin ocurrírseme- para tragar semejante maravilla que unas buenas cervezas. Primero fue una Leffe Brown, después, según leo en una entrada anterior, me tragué una Stella Artois.

La Leffe Brown es de las cervezas negras que más buen regusto me han dejado en la memoria. Así que si quieren tener bonitos recuerdos, ya saben, brinden con una Leffe Brown.

martes, 28 de octubre de 2014

Donde sea

Casi a diario visito las páginas de compañías aéreas intentando encontrar algún vuelo cuyo precio irresistible voltee la penuria de nuestros escuálidos ahorros en una incierta e improbable escapada hacia cualquier lugar. No es plato de buen gusto perder el tiempo buscando lo que uno cree que no va a encontrar, rebuscando entre cientos y cientos de posibilidades de vuelos para que, en última instancia, uno vuelva a salir por las puertas de atrás de las páginas, día tras día, aterrizando en la rutina de las mismas aceras.

Esta metódica y aparentemente estéril búsqueda nos ha llevado a viajar con anterioridad, y en más de una ocasión, a sitios a los que no teníamos ni remotamente pensado viajar, y ha emplazado en nuestras vidas recuerdos inesperados en ciudades imprevistas. Muchos de ellos verdaderamente inolvidables.

Estos recuerdos no hacen más que acrecentar la esperanza por encontrar algo -lo que sea- que nos permita escapar hacia alguna ciudad que esconda esquinas y rincones donde podamos situar un buen puñado de recuerdos inolvidables. 


martes, 21 de octubre de 2014

Wants - Philip Larkin

Hace tiempo que quería colgarles un poema, uno de esos poemas que llegan por la puerta pequeña, pero que con el roce del cariño se hacen asiduos y necesarios. Es un precioso poema del poeta británico Philip Larkin, que en realidad yo no he escogido, pero que ya me hubiera gustado. Me explico:

Fui al rastro en busca de libros abandonados a la suerte imprecisa de un comprador improbable, buscando algo que me tirara del flequillo y me obligara a abrir sus páginas. A veces ocurre como un flechazo, un amor a primera vista, otras, en cambio, sucede de manera lenta y perezosa. Aquel día era un sábado caluroso de junio, y entre ediciones viejas y maltratadas encontré un libro en aceptable estado de Philip Larkin, autor muy del agrado de mi buen amigo Miguel. El poemario estaba en inglés, en versión original, idioma con el que Miguel se acomoda muchísimo mejor que yo, de manera que decidí regalárselo, comprarlo para él, con una única sugerencia, que si le apetecía, podía traducir uno de los poemas, el que él eligiera, para que después yo pudiera publicarlo y engrandecer así este blog.

Miguel me devolvió el poema traducido en pocos días, pero yo he atesorado esta traducción, egoístamente, durante unos meses antes de compartila. Hoy, cortés y orgullosamente, comparto el poema y la traducción.


Wants

Beyond all this, the wish to be alone:
However the sky grows dark with invitation-cards
However we follow the printed directions of sex
However the family is photographed under the flagstaff -
Beyond all this, the wish to be alone.

Beneath it all, desire of oblivion runs:
Despite the artful tensions of the calendar,
The life insurance, the tabled fertility rites,
The costly aversion of the eyes from death -
Beneath it all, desire of oblivion runs.

Philip Larkin



Deseos

Más allá de todo, el deseo de estar solo:
Aunque el cielo se nuble con invitaciones
Aunque sigamos los caminos cartografiados del sexo
Aunque la familia se retrate al pie de la bandera;
Más allá de todo, el deseo de estar solo.

Bajo todo esto, discurre el deseo de olvidar:
A pesar de las arteras tensiones del calendario,
Del seguro de vida, de los ritos de fertilidad establecidos,
De la costosa aversión de los ojos a la muerte;
Bajo todo esto, discurre el deseo de olvidar. 

Traducción por Miguel Simón

No me den las gracias a mí.

viernes, 17 de octubre de 2014

Así empieza lo malo - Javier Marías

Pasé a última hora del día antes de que se pusiera a la venta la esperada novela de Javier Marías por mi librería habitual, y ya la tenían a la venta, y como quiera que yo mantenía unos euros apartados para la novela desde el día de mi cumpleaños, allá por el mes de junio, me la llevé para casa. No era mi intención adentrarme en lo malo por empezar  hasta pasados unos días, porque estaba en otras lecturas y llega un momento en el que si simultaneo más de la cuenta, al final, voy dispersándome en las lecturas y, según qué casos, se me terminan atrancando unas y tomando ventaja otras. Y me da la impresión de que soy injusto y bastante desequilibrado a la hora de leer.

No era mi intención, decía, pero llegué a casa y no había nadie aún. Mi santa estaba fuera con los niños y yo me tiré en el sofá desgajado y machacado después de un día bastante ajetreado. Como estoy a régimen, antes de tenderme en el sofá agarré una hermosa y sonrojada manzana y me la llevé conmigo junto con la novela al salón. Comencé a leerla y cuando llegaron los niños y la santa, ya había leído unas cincuenta páginas. La manzana, sin embargo, estaba aún casi entera sobre la mesa. Apenas le había dado tres o cuatro mordiscos. La había olvidado por completo. Fue mi mujer la que me advirtió sobre la manzana abandonada sobre la mesa junto al sofá.

A la hora de dormir, después de acostar a los niños, tranquilos en la cama (mi lugar de lectura más habitual), seguí leyendo y adentrándome en el mundo del escritor madrileño, el cual, creo, ha utilizado en mayor medida que en otras de sus novelas parte de sus recuerdos y de su biografía. Pero esto es una apreciación muy personal. La novela fue enganchándome página a página.

La novela tiene episodios de verdadero deleite, y Marías mueve la pluma, o debería decir: pulsa las teclas de su máquina de escribir, con una intención medida en cada uno de sus párrafos. Es una novela bastante redonda, quizás de las más redonda de las novelas de Javier Marías, con muchos temas principales que vienen a cuento con las idas y vueltas en la vida del protagonista. No es la novela de Marías que más me ha gustado pero sí es una buena novela. La recomiendo.

Pd: Siguen apareciendo algunos de los personajes habituales en sus novelas, lo que a mí, la verdad, me divierte bastante.

  


miércoles, 15 de octubre de 2014

Pindongas

Un abuelete en la cafetería estaba con el diario deportivo As sobre la mesa. Observé que era el periódico marcado con el sello de la cafetería, para diferenciarlo del que pueda traer cualquiera bajo el brazo, y como el buen hombre parecía haberlo terminado, ya que lo tenía doblado en el lado opuesto de donde estaba sentado, le pregunté si podría coger el periódico. Me dijo con un gesto elocuente que sí, que ya lo había visto, luego añadió que no se había acordado de traer las gafas y que sólo había podido leer los titulares gordos, pero que era suficiente, lo peor era no haber disfrutado, lo bien que hubiera deseado, a la pindonga de detrás. Entendí lo que quería decir con lo de pindonga, pero lo entendí por el contexto y porque yo también comienzo mis atenciones al diario por ahí cuando lo tengo entre las manos.

Supe que se refería a la chica que muestra cacho en las últimas páginas, esa que gasta poca parte de su salario en vestuario. Di la vuelta al periódico y comprobé que en esta ocasión la joven, aunque voluptuosa, venía más recatada que en otras veces, así que le dije, bueno, hoy viene muy tapadita. Ya, ya, -contestó- ese es el consuelo que me queda.

Me senté en la mesa de al lado, y comencé a hojear el periódico. A los pocos minutos el hombre se levantó y se acercó para despedirse y me dice: si se me olvidan las gafas otro día tendré que regresar a casa a por ellas. A lo que le contesto: eso dicen, que quien no tiene buena cabeza que tenga buenas piernas. Se vuelve y con una cara de lamento me dice: "pues yo ni buena cabeza, ni buenas piernas ni buena vista...."

Pindonga en la RAE: 1. f. coloq. Mujer callejera.


domingo, 12 de octubre de 2014

Bacchante in a landscape - Camille Corot

Estaba viendo un documental que había grabado sobre arte, cuando comentaron que uno de las pintores que influenció en mayor medida a los impresionistas fue el pintor francés Corot, Jean Baptiste Camille Corot (1796 - 1875),  y en ese preciso momento pusieron un magnífico cuadro de una mujer tumbada. En apenas unos segundos la imagen se me quedó incrustada en algún lugar perdido del cerebelo.

Nada más terminar de ver el documental me senté delante del ordenador, y cinco o seis clicks más tarde estaba delante del cuadro, Bacchante in a landscape, óleo sobre lienzo realizado por Camille Corot en una fecha indeterminada entre 1865 y 1870, es decir, cuando el artista rondaba entre los 68 y los 73 años. Entre diez y cinco años antes de fallecer. Teniendo en cuenta que Corot exponía en el Salón de París desde los 31 años, podemos suponer que el cuadro es una obra madura en su última época.

En esta época tardía -particularmente en esta obra-, si observamos detenidamente,  podemos apreciar que la pincelada se desplaza suelta y despreocupada. Corot ha perdido tal vez  la preocupación por los detalles y se desempeña a la hora de ejecutar la obra con diversión y regocijo, incluso con una pizca de holganza. No afirmaré que influenciado por una copa de más, aunque así lo sospeche, de hecho, siempre imaginé que esa era una de las características esenciales del impresionismo, especialmente en su primera etapa. A mi juicio, este cuadro da la impresión de estar pintado con alegría y placer, de una manera descuidada y veloz, incluso mareada y desenfocada. Por supuesto que es una opinión personal y nada más.

Click obligatorio

Además, la temática  principal de la obra, como el título indica, Bacchante in a landscape -podemos traducirla como Bacante en un paisaje-, parece reforzar esa primera impresión al ver el cuadro. Según leo en la RAE, Bacante significa en la primera acepción: Mujer que celebraba las fiestas bacanales, y en la segunda acepción una Bacante es una mujer descocada, ebria y lúbrica. Proclive a participar en orgías.

Según la mitología griega, las bacantes eran mujeres adoradoras del Dios Baco, asociado a la embriaguez. Se suponía que el rito que llevaban a cabo las bacantes, lanzándose desenfrenadamente al alcohol, los alucinógenos y al misticismo, favorecía la fertilidad. Y que duda cabe que si bien con la celebración de este rito no está claro que aumente (al menos que yo sepa)  la fertilidad, sí parece lógico afirmar que aumenta la desinhibición y el entusiasmo hacia el sexo.

En cualquier caso, creo más que posible que Corot estaba tomándose alguna que otra copa cuando rendía homenaje a las bacantes con esta obra. La mujer desnuda, o bacante, está tumbada, totalmente desnuda y despreocupada, con los brazos tras la cabeza, las manos entrelazadas tras los cabellos, como disfrutando en la contemplación de algún objeto distante, tal vez con la mirada perdida, abandonada a sus instintos. Yace sobre lo que parece sere una piel de leopardo, en alusión -supongo- a que, según la mitólogía griega, los leopardos tiraban siempre del carro de Baco.

En segundo termino del cuadro hay una escena difusa, apenas bosquejada e insinuada, donde aparentemente se puede suponer que hay tres mujeres desnudas, o apenas atabiadas de vestimenta, quizás preparando o llevando a cabo alguna fase del rito. La figura de la derecha parece estar sentada, y se puede vislumbrar que estuviera fumando algo, pues parece que hay como un punto de luz incandescente justo delante de la boca, y en torno a él, parece haber humo, pero todo es muy tenue y secundario. También, la figura de la izquierda, situada de lado, casi de espaldas al espectador, parece sostener algo entre las manos, ¿un espejo? ¿una botella? ¿una herramienta? ¿un hacha quizás? Parece que estuviera realizando alguna tarea, ya que con la mano derecha, debido a la posición, parece tener agarrado algo, puede que una presa. Por otro lado tampoco queda claro que sean figuras femeninas, ni que estén completamente desnudas. La figura central de esta escena apartada, es la figura que está de pie, algo girada, casi de lado, parece estar adornada con un collar, e incluso puede que esté vestida con un atuendo de cintura hacia abajo. Todo está muy insinuado y apenas detallado. Es escasamente un fondo impreciso y ambiguo.

Las discretas dimensiones del cuadro tampoco favorecen el desarrollo del detallado. Éste es un cuadro apaisado, de 30,8 por 61,5 cm. La tripa, la pierna elevada en ángulo, el pecho, aunque éste en menor cuantía, han sido rectificados, pero no se ha puesto demasiado empeño en la subsanación. El gemelo derecho o la zona donde se cruzan el tobillo apoyado con la zona de la rodilla están terminados de una manera muy brusca y hasta tosca, por donde el pincel ha pasado rápida, muy por encima, con poca dedicación y profundidad.

Por supuesto, al fondo (las nubes y el pequeño lago o río) tampoco se le ha prestado atención. Evidentemente también ha sido llevado a cabo con presteza y levedad. Unos pequeños apuntes para dar cierre y una profundidad somera al cuadro y poco más.

Pero me arriesgaría a pensar que este comportamiento desdeñoso frente al cuadro, puede ser en realidad una búsqueda, una meta, la forma de alcanzar mediante un insistente estado de liviandad un enfoque embriagante. Puede que sí, que todo sea provocado. Puede que esa dejadez y desidia sea un tanteo, un envoltorio o escenario con la intención final de alcanzar una mirada diferente.

Desconozco si existe algún diario que dé respuesta a todo lo que divago, si hay algún tipo de documentación que certifique o rechace lo que aquí escribo. De hecho, no es verdaderamente relevante e  importa poco si fue una búsqueda persistente o una simple casualidad. Lo importante, no cabe duda, es que este cuadro, esa forma de languidecer frente a la obra, es una forma de expresión personal muy válida, acaso más sensorial y personal que otras. Quizás es el principio hacia una nueva tendencia de representación, o tal vez no, puede que no, que Corot ya lo intuyera en otra obra anterior y simplemente desarrolló su cuadro a partir de impresiones propias entresacadas en largas contemplaciones de obras ajenas. No lo sé. Sólo sé que anoche esta obra capturó mi atención, y que tras buscarla por Internet deseaba infinitamente tener la posibilidad algún día de acercarme al Metropolitan de Nueva York, y una vez en la sala, detenerme junto a la entrada en la que está ubicada la obra.

Corot fue un pintor principalmente de paisajes, pero también pintó bastantes obras relacionadas con las bacantes. Uno de ellos, Bacchante by the sea, también está en el Metropolitan Museum of Art (MMA), colocadas juntas. Ambas, según parece, están basadas en un estudio previo fechado en 1837, La ninfa del Sena. Les animo a navegar por la red. Aquí les coloco un buen enlace.

sábado, 11 de octubre de 2014

A carcajadas

Algunas de las personas que me conocen dicen de mí que soy una persona positiva, incluso alegre, sin embargo yo no me veo  tan así, la verdad. Puede que ciertamente sea así como me presente, o como al menos así intente presentarme ante los demás, porque es cierto que en ocasiones intento serlo pero creo que más de la mitad de las veces fracaso. Es posible que sea la actitud que pretenda y persiga, porque en realidad no es una cualidad mía propia -creo-, en cualquier caso les aseguro que pongo bastante empeño, no crean.

En multitud de circunstancias, incluso en las muy desfavorables, intento ver el lado positivo de las cosas, aunque no siempre lo consiga. Procuro apartar, por el bien de mi tranquilidad mental, todo aquello que me es negativo y me quedo con lo positivo, incluso cuando no parece posible. En ocasiones lo que parece ser algo positivo, luego, una vez pasado el tiempo, tal vez no lo es, y lo negativo de alguna manera muta hacia algo mejor, hacia algo distinto y digamos más adecuado.

Sí que creo que las personas positivas, probablemente, tienen más posibilidades de ser felices. Buscar el lado positivo de las cosas es una manera como otra cualquiera de tirar hacia adelante y de evitar detenerse en arrepentimientos estúpidos que no llevan a ningún sitio. Si uno se equivoca, al menos aprende de los errores, si uno se cae, puede que tenga la suerte de que no se hayan roto los pantalones, o tal vez sí, pero quizás no un hueso, y si se lo rompió, siempre pudo ser peor. Cualquier circunstancia de la vida siempre es mejorable, siempre puede faltarle algo que la redondee, pero de igual manera, cuando algo sale mal, por muy mal que salga, siempre pudo ser peor, y puede que esta forma de pensar, de canalizar la pena, de neutralizar la tristeza sea un buen antídoto para la tristeza y un apropiado brebaje para la felicidad. Siempre existe una salida hacia adelante. Siempre hay que darse cuenta que por muy mal que fuera siempre pudo ser peor. Hay, en definitiva, que mirar la vida con ojos positivos.

En mi opinión ser positivos es una vía que enriquecerá nuestra vida de alguna manera, aunque en ese momento no la sospechemos siquiera. No siempre es fácil, lo aseguro, mantener la mente limpia de contrariedad, saber tragarse la espuma que sale por la boca, aguantar los nervios, tragarse las palabras, comerse las ilusiones, los proyectos, los sueños, apretar los puños, contenerse... la vida puede estar cargada de desilusiones, pero también hay que comprender que nadie aprendió a caminar sin llevarse algún chichón. Hay quien afirma incluso que retener la ira, la presión y no desahogarse no puede ser bueno, que en algún momento la válvula de escape pitará por algún sitio y que puede que entonces sea peor. No sé, puede que tengan razón, supongo que cada cual es cada cual e intenta superar sus adversidades, o enfrentarse a ellas de distinta manera. Yo, a pesar de todo, prefiero superar los malos momentos a carcajadas que a lágrimas. Ustedes eligen.


Pd: Hoy es el cumpleaños de mi hermano, my Big Bro, así que desde aquí le deseo un día muy, pero que muy feliz y positivo!

jueves, 9 de octubre de 2014

Marilyn Monroe 22

Las fotos en blanco y negro sostienen el tiempo de una manera más continua, como flotando en una nube de tiempo. Una foto en blanco y negro es casi atemporal, algo así como apartada del transcurrir lineal del tiempo. Una foto en blanco y negro puede ser de hoy, de ayer o de nunca. Afortunadamente esta foto tuvo lugar y además sucedió en ese preciso momento en el que el amor está completamente derramado en una mirada. Marilyn Monroe era actriz y por ello sabía relajar la mirada y abstraerse y permitir así, consciente o inconscientemente, que su ánimo, su sentir se reflejara en el rostro. Cualquiera que sepa leer la mirada de una mujer comprende que esta mujer vivió el amor.


sábado, 4 de octubre de 2014

El amante - Marguerite Duras

Fui al rastro en busca de algún libro para echarme a los ojos. A veces me traigo seis, a veces dos y a veces vuelvo de vacío, una mera cuestión de suerte, pero en esta ocasión me traje un libro verdaderamente inesperado para mí, porque al comprarlo rompí una de mis caprichosas normas: nunca comprar un libro que ya tengo o que ya he leído. Éste lo había leído pero no lo tenía. Lo había leído hacía muchos años, lo saqué de la biblioteca y lo leí absorventemente en una tarde. Me eché la obligación de leerlo rápido porque esa misma noche iba a ir al cine para ver una película basada en esa novela y no quería leer la novela después de ver la película, si no al contrario. Recuerdo claramente que fue así.
 
Acababa de estrenarse en los cines la película El amante, de Jean-Jacques Annaud , el film venía precedido por una enorme polémica debido su alto contenido erótico, y yo, evidentemente, estaba deseando verla, pero me había informado -supongo que en la revista Fotogramas, que leía habitualmente por aquella época- que estaba basada en una novela de Marguerite Duras, que a su vez estaba basada en una historia real, la suya, la de la escritora. Fui a la biblioteca que estaba a 50 pasos de casa y allí estaba la novela, esperando que yo me introdujera en sus páginas. En una época entonces, en la que en Fuengirola sólo había una sala de cine y existía sólo la posibilidad de ver una película cada semana, a veces, con suerte, dos, una para el fin de semana y otra para entresemana. También había ocasiones que debido al éxito de taquilla de una película no se cambiaba en varias semanas, entonces yo ardía de coraje y desesperación.

Más de dos décadas después, en el rastro, tropecé con el libro. Estaba en el suelo, sobre una sábana astrosa. La misma edición de Tusquets, la misma fotografía en la portada, el mismo tacto, y para completar los recuerdos, también era de una biblioteca. Lo abrí. El sello de la biblioteca multiplicaba la prohibición. Había sido robado, o no devuelto, o perdido, ¿quién sabe? Ya lo he leído -sopesé-, pero la tentación me superaba. Todo exactamente igual. Si no hubiese sido todo tan casual probablemente hubiese seguido adelante, pero se daban tantas coincidencias que pagué con gusto el euro que me pidieron por él.

Regresé a casa radiante con un pasaporte al pasado entre las manos. Seguro de que al releer las páginas retornarían a mí, quizá, recuerdos de aquella tarde, de aquella época, pero conforme avanzaba en la  relectura comprendía que el pasado es engañoso e incierto. La historia que yo recordaba es tal y como las imágenes de la película se consolidaron en mi cabeza, en mis recuerdos. La descripción de la joven no encajaba plenamente con la que yo atesoraba en mi memoria, la imagen de la sensual Jane March, la protagonista de la película. 

Así el libro fue ganando en fondo pero perdiendo en imágenes nítidas. Mis recuerdos no fueron corroborados por la relectura, las escenas que he mantenido latente en el fondo de mi memoria eran mucho más picantes y atrevidas que lo que el libro narraba, sin embargo la pasión encerrada en la historia, la historia de amor prohibida y, sobre todo, el final del libro, han sobrepasado con creces el lejano recuerdo que yo conservaba. El último párrafo es de una sensillez e intensidad  sobrecogedora.

Fue una buena idea visitar el Mekong y aquella sala donde la luz azulada que entraba filtrada por las persianas.

jueves, 2 de octubre de 2014

Bang bang - Macy Gray

Otoño está comenzando a gatear por el cielo y ya podemos percibir sus primeros efectos. Ya hay que empezar a acordarse de echar una rebeca por las noches para los niños, que desde hace unos días prefieren ponerse las zapatillas antes que andar descalzos por el frío mármol de casa. Al salir por las mañanas, el fresco comienza a erizar la piel, la tarde oscurece echando su manto antes de lo esperado y el cielo comienza a vibrar ronco y grave. Ahora más que nunca apetece una canción con guitarra puntiaguda y afilada, un bajo trepidante y un ritmo machacón con estribillo negro como pocos. Escuchen este tema y métanse un par de tiros, bang bang, de buena música en el cuerpo.

Si no han escuchado aún lo nuevo de Macy Gray, aquí tienen un regalo.

Adivinen quién gana la partida.

martes, 30 de septiembre de 2014

Una Franziskaner Weissbier

Durante este mes de septiembre que está a punto de acabar, en el que estoy siguiendo un no demasiado estricto régimen, lo que más echo de menos son las cervezas, aunque bien es cierto que alguna me he tomado, pues a lo largo del mes he asistido a una boda y a alguna que otra celebración, como el cumpleaños de mi padre y el de mi santa, en los que no he tenido ningún miramiento a la hora de pimplar cervezas. De hecho el servicio mínimo que he soplado en cualquiera de estas celebraciones ha sido al rededor del litro. Ya sean dos tanques de medio litro, tres botellines de tercio o cuatro cañas de cerveza. Además, en dichas celebraciones, también he disfrutado de las comidas sin ningún reparo. Y es que me he comprometido a seguir y observar el régimen de una manera rígida dentro de casa, pero eso sí, una vez que salgo de casa, el régimen se queda allí. Por eso tampoco me privé de mi bocata de tortillas de patatas con cebolla el pasado miércoles en el partido de la Rosaleda. Perdonen si no soy un ejemplo apropiado en lo que a dietas se trata, pero es que pretendo perder peso, no batir ningún récord. Por ahora he perdido seis kilos, así que no me va tan mal (vale, ya sé que los primeros son los más sencillos).

Pero les contaba que durante el periodo de régimen lo que más echaba de menos eran las cervezas, pues para evitar tentaciones, antes de comenzar el régimen, como medida preventiva, me tragué la mayoría de las cervezas que tenía en el frigo, y tan sólo dejé alguna de cortesía por si venía algún invitado, y también, todo hay que confesarlo, por si por cualquier causa justificada cedía a la tentación de un buen trago.

Una de las cervezas que más visitan mis deseos es un Franziskaner Weissbier, que es una cerveza de la que soy entusiasta seguidor. Hay probablemente cervezas mejores, y con más cuerpo y también con mejor sabor, pero, en conjunto, esta cerveza alemana es un caramelo para los cerveceros. Tienen un color y opacidad que me arrastran, una espuma persistente y abundante, con un aroma a tostado y frutal que me tiene ganado. Además el precio está bastante ajustado y para nada disparatado y se sirve en mi medida estándar preferida, 50 cl. El tanto por cierto de alcohol es, a mi juicio,  bastante esquilibrado,  5 %, y cuando la abro es como si acabara de recibir parte de la esencia de la  felicidad y, consecuentemente, una sonrisa se estira ampliamente en mi cara.

Creo que ya tengo decidido con qué cerveza voy a celebrar lo próximo que tenga que celebrar. Apuesten por ello.

Pd: Ya había presentado la Franziskaner en este blog, pero lo hice en la versión negra, que aunque también me gusta, normalmente prefiero la rubia.

domingo, 28 de septiembre de 2014

En jardines ajenos - Peter Stamm

En jardines ajenos es el segundo libro que he leído de Peter Stamm, y también, según me informo, es su segundo libro de relatos. El primer libro de relatos es Lluvia de hielo, que me agradó bastante cuando lo leí hace ahora poco más de un año, y desde que lo acabé de leer quedé con ganas de que tuviera más páginas. Ésta segunda entrega ha sido la oportunidad de seguir leyendo sus relatos.

Los relatos de Peter Stamm son, en ocasiones, historias mínimas, sin un principio ni final en la mayoría de los casos, que transcurren en los instantes de la vida de las personas, que, casi sin advertirlos, desechamos o abrazamos aquello que estábamos esperando sin saberlo. Una idea clara y definitiva, un cambio de rumbo, el azar, la capacidad de enfrentarnos a nosotros mismos, comprender que lo que uno más desea no es algo que esté en nosotros y que, al mismo tiempo, ese algo que no está en nosotros nos cambia y afecta más que cualquier otra cosa que conozcamos o sepamos.

En definitiva los relatos de Peter Stamm son estampas de momentos de vida inesperados y no por ellos menos decisivos, en los que, de alguna forma, se condensan o se escapan parte de lo que somos y anhelamos ser. Son visiones de circunstancias que resumen mucho más de lo que abarcan porque engloban, si no completamente, la esencia de lo que somos o anhelamos ser.

Éste segundo libro del escritor suizo que he leído también me lo ofreció, como el anterior, mi amigo Miguel. Desde aquí le doy las gracias.