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domingo, 22 de marzo de 2026

Un bebé perezoso y tímido

En cuanto supe que había nacido una cría de perezoso de dos dedos en el Bioparc de Fuengirola quise ir a visitarla, pero finalmente tuve que ir retrasando la visita por una razón u otra, hasta que ya bien entrado en marzo pude ir. Primero visité a Ernie -la cría gorila que nació recientemente-  que aunque se notaba que había crecido aún seguía siendo un bebé precioso.Pero lo más fascinante es la manera que tiene la madre de tratarlo, es exactamente igual que cualquier madre cuida a su bebé. El instinto maternal es algo tan natural como el masticar.

Contemplé a las tortugas gigantes de las Galápagos, que estaban comiendo y más activas de lo habitual. No sé qué edad aproximada tienen, pero algunas suelen llegar a los 150 años. Las que hay en el Bioparc son bastante grandes, así que imagino que tienen buena edad. A ver si algún día lo pregunto a alguno de los cuidadores.

Los Dragones de Komodo también estaban muy activos. Igual estaban esperando que les pusieran la comida. No los he visto nunca alimentarse, pero bueno, como son el lagarto más grande del mundo supongo que son de buen comer.

El leopardo de Sri Lanka en cambio estaba retozón, no movía un párpado, parecía que estaba en los más dulces de los sueños. ¡Qué animal tan bonito!

Después de pasar a contemplar a los Axolotes, a Doris y a Nemos, me acerqué a ver a las nutrias gigantes, que siempre son muy escurridizas, y que poco a poco parece que por fin se van separando de sus crías. Y ya fui a buscar a la cría de perezoso.

No hubo manera de poder verla. Me dijo la cuidadora que desde que tiene la cría baja menos de la copa de los árboles y que es difícil verla de lejos. También me contó que aunque la viéramos, la cría está tan aferrada a la madre, y tiene tantos pelos que es complicado distinguirla aún estando cerca. Que más que perezoso se podría decir que es tímido.

Como pasé un buen rato en el aviario, esperando a ver si podía ver a la madre y a la cría, pude ver muchas curiosidades. Pude ver al padre, que disfrutaba de una reconfortante siesta, y también a una bonita pareja de Socayos Rojos, también conocidos como titís cobrizos. Según contó la cuidadora son altamente sociables, y lo que yo creí que eran una pareja de enamorados, nos informó que eran un padre y su hijo. Me encantó ver cómo se enredaban la cola.

sábado, 27 de septiembre de 2025

En el Biopark con Miguel

Ya hace unos meses comenté por este blog que me encanta la naturaleza y especialmente los animales, casi que se podría afirmar que amo todos los seres vivos en general. El ser humano es quizás el que encuentro más desagradable en particular. También comenté que para los Reyes Magos me regalaron un pase anual del Biopark de Fuengirola, de manera que cada vez que tengo ocasión, si se cuadran los astros del calendario, del trabajo, del tiempo y de un buen número de dioses griegos y alguno romano, voy a visitar a mis amigos los animales del Biopark. En esta ocasión me acompañó mi hijo Miguel, que visitó el parque muchos años atrás y prácticamente no se acordaba. Pagamos su entrada y visitamos juntos el zoo.

Uno de los animales más complicado de ver en el zoo es el Perezoso, exactamente el está en el parque es el Perezoso de dos dedos de Linneo, el más grande de los perezosos, puede llegar a pesar más de 11 kg, y según dicen se pasa el día durmiendo, entre 15 y 20 horas diarias, que es casi una hibernación, aunque no lo es, es más bien un ajuste metabólico de bajo consumo. No posee un alto grado de amenaza de extinción, pero como está perdiendo el hábitat paulatinamente, el Amazonas, hay una cierta preocupación por su supervivencia. Suele ser complicado de ver porque baja poco cerca del suelo, y por si fuese poco, además es un animal nocturno. Ya ven que verlo no es trabajo sencillo, ni siquiera en el Biopark.

En el Biopark hay un pareja de Perezosos de dos dedos de Linneo, un macho y una hembra, y hay cierta esperanza en que en el futuro consigan aumentar la familia. En el mundo existen dos tipos de perezosos, de dos y de tres dedos, luego hay seis especies de perezosos. Cuatro de estas especies tiene tres dedos y dos especies dos dedos.

En esta ocasión pude ver los dos Perezosos del Biopark y además desde bastante cerca. Habrían bajado por algo de comer que les ponen. A pesar de que son animales que se desplazan a velocidad lenta, colgados boca abajo de ramas, no estuvieron mucho tiempo cerca. Son animales fascinantes, casi extraterrestres, su cara parecía estar sonriendo y tienen un pelaje muy tupido. Me encantó verlos.

No muy lejos de allí nos acercamos a ver al Potamoquero Rojo, pues me había enterado de que un par de nuevas crías habían nacido recientemente. En realidad nacieron cuatro, pero sólo dos sobrevivieron. Algo por lo visto muy normal en la vida salvaje.

Los rayones, que así se llaman a las recién nacidas de este jabalí africano, poseen unas rayas, o manchas de color blanquecino, que irán perdiendo con el tiempo, y que le sirven para camuflarse durante sus primero meses. 

Fue muy gracioso ver a las crías corretear alrededor de la madre todo el rato, moviéndose sin parar, y pude comprobar lo directo que es el instinto animal. En cuanto la madre se tumbó, se puso de medio lado para que las crías pudieran mamar, a una de ellas le faltó tiempo para acercarse a su madre y aprovechar el momento. Fue un momento precioso.

¡A Miguel le gustó mucho el Biopark! Le sorprendió lo grande que era y de lo poco que se acordaba.

sábado, 23 de agosto de 2025

Atenas Día 1

Se estaba convirtiendo en una costumbre madrugar en Budapest.  Nuestro último día no iba a ser menos. A las 3:15 sonó el despertador, hicimos el checkout del hotel y pedimos un taxi que nos llevó al aeropuerto desde donde cogeríamos un avión de Ryanair que nos llevaría a Atenas, donde aterrizamos un par de horas después. Cogimos otro taxi que nos llevó cerca de nuestro alojamiento en el centro de Atenas.

Soltamos las maletas en una especie de trastero que tenía habilitado el apartamento mientras nos arreglaban la habitación y fuimos a desayunar a un sitio cercano que teníamos localizado, Victory. No estuvo nada mal.

Lo primero que fuimos a visitar, por cercanía, fue el Arco de Adriano. Desde que leí el libro de Marguerite Yourcenar de Memorias de Adriano, siento cierta atracción sobre la figura del emperador romano. Así que nos acercamos a ver el monumento. En realidad el Arco de Adriano, es un arco de triunfo, que hace las veces de puerta que da acceso al Templo de Zeus Olímpico. Es de mármol del Monte Pentélico, el mismo que se utilizó también en el Partenón. El Arco se construyó entre el 131 y el 132, y se supone que se realizó para la llegada de Adriano a la ciudad.

Adriano sentía fascinación por la cultura griega desde joven. Vivió allí en sus años formativos, antes de ser emperador.  Convirtió Atenas en un centro cultural y la benefició financiando grandes obras como la Biblioteca de Adriano, un acueducto y terminó el Templo de Zeus Olímpico, iniciado años atrás. Adriano está considerado uno de los emperadores buenos del Imperio Romano, se le llegó a conocer como el griego o como el restaurador. Por algo será.

Llegó la hora de comenzar a conocer Atenas y una buena manera -creo- es hacerlo empezando por el Museo de la Acrópolis, que además estaba a pocos metros de donde nos encontrábamos. Lo primero que quiero comentar del museo es que se construyó con las misma orientación y en las mismas medidas que el Partenón, lo que me parece una idea extraordinaria. Es considerado uno de los museos arqueológicos más importantes del mundo y yo no me lo quería perder. La parte superior es acristalada, para el aprovechamiento  de la luz natural, pero también para poder observar el Partenón desde el interior del museo.

El número de obras que muestra el Museo es enorme y podría escribir centenares de entradas sobre ellas, pero por ahora comentaré que sólo por contemplar cinco de las seis cariátides originales del Erecteion (la que falta está en el Museo Británico)  ya merece la pena pagar la entrada. Teniendo en cuenta que estamos hablando de obras esculpidas alrededor del 415 a.C, por ponernos en situación, es increíble comprobar el detalle de que cada una lleva el pelo trenzado de forma diferente, y que las rodillas de las cariátides está ligeramentes flexionadas aunque ocultas por los pliegues de los vestidos. Maravilla.

Además, dentro del museo está la galería del Partenón, donde se ha tratado de reproducir todas las proporciones y las medidas tanto del friso, las metopas, los frontones y las columnas. La colección es inmensa. Nosotros tardamos unas dos horas para recorrerlo y nos hubiera hecho falta darle cinco vueltas más, pero no disponíamos de tanto tiempo.

Abandonamos el museo y se nos abrió el apetito. Nos llegaban olores de especias, de carne guisada, a la brasa... decidimos dirigirnos en dirección al barrio Plaka, donde yo tenía echado el ojo a varios restaurantes. Plaka es uno de los corazones del centro turístico de Atenas, un barrio adoquinado, muy colorido y animado, que está a los pies de la ladera de la Acrópolis. El restaurante que elegimos fue Geros Tou Moria. Fue un acierto.

Pedimos varios platos variados para compartir. Como  entradas pedimos una ensalada griega que venía con tomate, pepino, cebolla, aceitunas y queso feta; también pedimos unos kolokithokeftedes, que son unos buñuelos de calabacín rallado, fritos, crujientes por fuera y jugosos por dentro. Me sorprendieron para bien.  Nos preguntaron si queríamos salsa tzatziki para acompañarlos, que es un aperitivo a base de yogur, pepino, ajo y hierbas frescas, y claro, dijimos que sí. También pedimos keftedes, que son unas albóndigas fritas especiadas, como las que hacemos aquí, pero sólo fritas, sin salsa. No podíamos irnos sin pedir moussaka, el plato quizás más representativo de la cocina griega, que suposo la moussaka más rica que he probado nunca. Y todo lo regué con una cerveza que me recomendaron que no tenía pinta de griega pero lo era: la cerveza Kaiser, una pilsner de 5,2% de alcohol. Muy buena.

Decidimos bajar la comida paseando por el barrio, haciéndonos fotos casi en cada esquina -para eso Pepi es profesional- y encaminándonos desde Plaka hacia Monastiraki, una de las zonas más comerciales de la capital griega. Allí pudimos ver lo que queda de la Biblioteca de Adriano. Contemplar el colosal tamaño de las columnas corintias de más de ocho metros de altura nos lleva a considerar la extraordinaria cantidad de rollos de papiros que se conservaban allí. Una pena. ¡Qué libros nos hemos perdido!

En cada calle de Monastiraki hay una tienda de souvenirs que vende camisetas con el lema de Sparta, camisas de lino azul y blancas, o esponjas naturales. Está llena de apartamentos turísticos y bonitos restaurantes donde los camareros apostados en la entrada te conminan a entrar a consumir en su restaurante.

Nos dirigimos hacia el Mercado Central pero cuando llegamos ya estaban cerrando muchos puestos. Decidimos continuar hacia la Plaza Kotziá, donde está el Ayuntamiento de Atenas. Regresamos de vuelta pero intentado no ir por las mismas calles. Nos encontramos con una Iglesia ortodoxa griega por la calle Aiolou. En la misma calle, un poco más adelante, estaba la Iglesia de Santa Irene, también ortodoxa, que está diseñada en una mezcla de estilo bizantino y con influencias neoclásicas. Me resultó muy bonita en su interior, a pesar de que era algo oscura. 

A dos calles, girando hacia Ermou, una de las calles más comerciales de la ciudad, hay otra iglesia bizantina, del s. XI, la Iglesia de Panagia Kapnikarea, una iglesia pequeña pero muy coqueta. Me gustan mucho los templos de estilo bizantino, con las ventanas con lóbulos separados con pequeñas columnas, cúpulas esféricas cuidadosamente pintadas al fresco o con mosaicos, donde el dorado es color principal. Es una de las iglesias más antiguas de la ciudad. En una de las esquinas de la plaza hay una pastelería, Attica Bakery, que tenía mucho trasiego. Vendían una especie de churros  rayados de apenas 5 ó 6 centímetros, pero no estaban huecos y parecían dulces. No pude resistir la curiosidad. Compramos no para cada uno para probarlos, porque allí no había mesas en las que sentarse a tomar algo.

Buscamos un sitio donde tomar un café y picar algo, y para descansar los pies. A pocos metros, girando la calle encontramos una plaza con una pastelería heladería, Zuccherino, con una terraza debajo de unos árboles frondosos. Los niños querían helados, Pepi y yo café con pastel. Todo muy rico. Pepi y yo pedimos una especie de tarta de hojaldre, pistachos y miel. Similar a una baklava pero sin llegar a serlo. El café con hielo buenísimo.

El resto del tiempo decidimos dejarnos llevar, ir conociendo Atenas caminando, curioseando por las tiendas de souvenirs, eligiendo restaurantes, contemplando cuán parecidos y cuán distintos somos los mediterráneos. Todas las calles del centro estaban abarrotadas y todo el mundo aparentaba ir de un sitio a otro sin que el tiempo fuese importante. Nos abocamos a la Plaza Monastiraki, un lugar plagado de gentío, puestos callejeros, bares con terrazas, había muchísima vida en ese momento. En la plaza, escorada hacia un lado, hay otra Iglesia bizantina, también de confesión ortodoxa, Santa Iglesia de la Virgen María Pantanassa. La plaza Monastiraki recibe su nombre de ella. Durante siglos la iglesia fue denominaba Monasterio Grande, y de ahí se quedó el nombre. Tiene un campanario que no pega mucho, pero bueno, ahí está. Para entrar a la iglesia hay que bajar unos escalones y la base del campanario está unos cuantos escalones por encima del suelo de la plaza. No es que sea una iglesia bella tal cual, pues parece un collage desgarbado del paso de los siglos. El interior, a mi juicio, es más bonito que el exterior.

Durante el vagabundear por el centro de Atenas, comenzamos a ver puestos donde servían gyros, que son una carne asada de cordero o ternera, cortada en vertical en finas tiras, que se sirve en pan de pita con diversos ingredientes como cebolla, tomate y salsa tzatziki. Incluso en algunas ocasiones añadían patatas fritas dentro del cucurucho. Algo así como un kebab, pero con un estilo griego. Miguel, que no había tomado un pastel a media tarde,  no pudo resistirse y se pidió uno que todos probamos. 

Hay una calle que une directamente Monastiraki con la Plaza Mitropoleos, donde está la Catedral de la Anunciación de Santa María. Eran más de las nueve de la noche y claro, a esa hora estaba cerrada, pero la plaza estaba muy animada. Se nota que Grecia es un país mediterráneo. El clima lo es todo. En esa iglesia, me apuntó Pepi, que de estas cosas sabe, se casaron Sofía y Juan Carlos.

Llevábamos despiertos desde muy temprano cuando cogimos el taxi en Budapest. El día se nos estaba haciendo largo, decidimos retirarnos al apartamento que estaba apenas a diez minutos caminando. Despertar en Budapest y dormir en Atenas es algo que probablemente no vuelva a hacer en mi vida. O sí. Nunca se sabe.


jueves, 14 de noviembre de 2024

En noviembre

En noviembre disfruto de los mejores amaneceres. No digo que yo tenga exclusividad y que los míos sean mejores que los del resto, no, digo que en noviembre, de entre todos los meses del año, es el mes en el que los amaneceres me parecen mejores. Son insuperables. Hay días en los que me dejan absolutamente boquiabierto. Es imposible no quedar fascinado. 

El ritual matutino durante todo el año es prácticamente siempre es el mismo. Entorno a las ocho menos cuarto de la mañana salgo por el portal y encamino mi recorrido hacia el trabajo con el fresco otoñal terminando de espabilarme. En el primer tramo, antes de girar a la izquierda y dejar atrás el edificio residencial, ando colocándome los airpods para escuchar una de las listas de canciones personalizadas que tengo guardadas en Spotify, y así comenzar para encarar el día. Entonces, al girar la esquina que da a la avenida principal, que lleva directamente a mi trabajo, el amanecer, aún sabiendo que está esperándome, me sorprende. 

Existe un suave inclinación en la avenida que hace que la vista sea algo elevada, lo que facilita la amplitud de la panorámica. Las circunstancias hacen que en algunos días de noviembre, sobre esa hora, el amanecer está en su punto álgido. Si está nublado, la filtración de los primeros rayos engrandecen la estampa. Lo vívido de los contrastes ensalzan aún más el espectáculo de luz. Es posible que la dirección de la calle permite tener una vista privilegiada, y que por muy bien que yo trate de hacer la foto, créanme, no le hace justicia. La realidad siempre supera la ficción, pero si hablamos de un amanecer, es que ni se acerca.



martes, 20 de agosto de 2024

Oporto

Decidimos dejar un día entero para visitar Oporto, sin salir, ni coger coches ni salir a carretera. Nada, todo dentro la ciudad. La idea era patear la ciudad y disfrutar de sus calles, de su gastronomía, de su idiosincrasia. Así que lo primero que hicimos fue madrugar, para aprovechar las primeras horas del día que son más frescas. Desayunamos en el buffet del hotel, que teníamos incluido en el precio de la habitación, y sacamos los tickets del metro y tiramos sin entretenernos para el centro, pues la primera parada era ir una de las atracciones turísticas más visitadas de la ciudad: la Livraría Lello. Así lo hicimos. No sirvió de mucho salvo que estábamos pronto en el centro. No se podía entrar a la librería sin haber comprado por Internet el ticket con antelación. No se vendía en la tienda. Y cada persona tenía que sacar su billete individualmente y a una hora precisa. En la misma puerta saqué los tickets para los cuatro con el móvil. Ocho euros por persona cuesta acceder a la librería. No es cosa baladí, aunque luego si te compras un libro, te descuentan el precio de la entrada en el libro. Según mi mujer, esto es un claro ejemplo de lo que ella suele llamar una auténtica mina de oro. 

Como la cita la cogimos por la tarde, pues tampoco era un gran problema salvo que tuvimos que invertir el orden de las visitas. Nos dirigimos hacia la siguiente parada prevista, la Igreja do Carmo, que es una iglesia barroca con azulejos en un lado y de camino visitamos la Praça de gomes Teixeira, donde está el rectorado de la Universidade do Porto y una fuente del siglo XIX de estilo romano, llamada la Fonte dos Leoes.

La Igreja do Carmo estaba cerrada, pero junto a ella, a escasos metros está la Igreja dos Carmelitas, que aunque es sólo una nave, con capillas laterales ostenta un interior de barroco juanino que realmente yo no sabría diferenciarlo del rococó.  Rodeamos el majestuoso edificio del rectorado y os dirigimos hacia la Igreja dos Clérigos con su campanario histórico del barroco, desde donde, según se afirma, se tienen las mejores vistas panorámicas de la ciudad. No sabría yo decir si es cierto o no, pero buenas tienen que ser porque altura tiene. Delante de la Torre dos Clérigos se encuentran varios edificios adosados, cada uno con la fachada de un color distinto, que es una de las estampas típicas de la ciudad de Oporto. La Rua da Assunçao junto a la Iglesia, tiene una cuesta con bastante inclinación y el tranvía ascendiendo lentamente es una de las vistas más costumbristas que puede uno recordar de Oporto.

Continuamos nuestro descenso hasta la Praça da Liberdade, y subimos junto a la Igreja de Santo António dos Congregados para asomarnos a un McDonald's, sí, y han leído bien. No es que tuviéramos apetito ni nada de eso, es que para muchos éste es el local de la famosa cadena de comida rápida más bello del mundo. Se llamaba McDonald's Imperial porque antiguamente el edificio de los años 30 que ocupa era el famoso Café Imperial. La verdad es que sí que es bonito.

Continuamos por la Avenida dos Aliados hasta un enorme letrero de color azul que da nombre a la ciudad. Es una moda ahora en casi todas las ciudades colocar en un sitio turístico un letrero con el nombre de la ciudad. Creo que la primera vez que lo vimos, fue en Amsterdam hace ya muchos años. Para hacernos la foto junto a las letras de Oporto tuvimos que guardar una cola. Allí, en la Praça General Humberto Delgado, delante de la Cámara Municipal de Porto, con su torre del reloj, comenzaba la visita guiada por Oporto. Como llegamos antes de tiempo, paramos a tomar un café en el Café Aliança, a escasos pasos del lugar donde diera inicio minutos después el Free Tour.

La visita comenzó, como suele ocurrir, con una introducción histórica, y seguidamente el guía nos llevó a pasar por delante de la Librería Lello, donde explicó un poco de por qué tanta fama y nos llevó por una animada calle famosa por su vida nocturna, Rua da Galeria de París, que, todo hay que decirlo, a esa hora de la mañana estaba durmiendo la mona.

La siguiente parada fue el Palacio de Justicia con sus influencias arquitectónicas soviéticas con columnas cuadradas y con su particular estatua de la justicia, en la que la justicia está representada sin venda en los ojos, con una espada en una mano y en la otra una balanza sujetándola sin ánimo a usarla. Así que ojo. No muy lejos de allí el guía nos llevó al Miradouro da Vitória, que ostenta vistas a la ciudad y al río Duero y al Ponte Luis I, desde lo alto de la ciudad. Tras dejarnos un tiempo para hacernos las correspondientes fotografías continuamos nuestro descubrimiento de la ciudad hacia la estación de tren Sao Bento,  del siglo XIX con azulejos en su interior. Una verdadera atracción turística. Estaba de bote en bote, pero mereció la pena.

Uno de los monumentos más visitados de Oporto es la Catedral de Oporto, una catedral monumental del siglo XII, primero de estilo románico del que conserva la fachada con las torres y el rosetón, además de las tres naves del cuerpo. La capilla interior y los claustros, que se construyeron siglos más tarde y que no entramos a visitar, son góticos y una fachada lateral y algunas cúpulas son de estilo barroco. La picota más grande de Oporto se encuentra justo delante de la catedral, y los ganchos donde se colgaron a criminales todavía están allí, para recordar al pueblo que había castigos. La función disuasoria la cumplía perfectamente. Las ejecuciones públicas o los escarnios a latigazos no es algo sólo portugués, ni mucho menos. Inglaterra, Francia, Italia, Alemania o España también tenían sus propios maneras advertir que se condenaban las penas. Definitivamente eran otros tiempos, donde la muerte era algo más cotidiano. Aquí acabó el free tour. Nos despedimos, entregamos al guía nuestra voluntad que estiramos todo lo que nuestra economía nos permite y bajamos unos metros para tener otra perspectiva de la ciudad, esta vez desde el Miradouro da Rua das Aldas.

Decidimos buscar un sitio donde sentarnos, comer algo y realizar una parada en el baño. El día antes vimos un restaurante, en la Rua dos Clérigos, que se llamaba O Forno dos Clérigos, que parecía un restaurante bastante turístico, que es algo de lo que la mayoría de las veces solemos huir, pero necesitábamos algo que sirvieran con rapidez ya que seguidamente teníamos la visita a la librería Lello. Y como pillaba de camino, pues ahí nos detuvimos. Pepi y yo compartimos una fransesinha y como no tenía que conducir ese día me tomé una buena Super Bock. Como postre cruzamos la calle y frente por frente estaba Manteigaria, una Fábrica de Pastéis de Nata y pedimos uno para cada uno.  Aparte me pedí una copa de vinho do Porto. ¡Había que probarlo!

La Livraria Lello estaba abarrotada como era de esperar, pero al menos no tuvimos que esperar mucho pues teníamos las entradas con nuestro horario seleccionado. La verdad es que es preciosa y que merece la pena visitarla. Es ya más un museo o una atracción que una librería. La escalera que une las dos plantas es una fantasía. Una obra mayúscula de carpintería y marquetería. Merece la pena visitarla, pero estaba abarrotada. Yo en estas condiciones no creo que vuelva. Había más gente de la aconsejable y casi no podías pasear por ella, y el aire acondicionado no daba a basto y lo cierto es que hacía bastante calor. Pepi incluso llegó a agobiarse a ratos así que salimos, aunque por aprovechar el dinero de la entrada compramos un par de libros.

Decidimos que era un buen momento para bajar a la ribera y coger uno de esos barcos que da una vuelta por el Río Duero, y que te pasea por debajo de los puentes desde donde obtener un punto de vista distinto de la ciudad. Así lo hicimos, pero antes nos acercamos a un supermercado donde comprar algo de agua pues estábamos sedientos. 

De entre los distintos barcos que te ofrecen viajes por el Duero elegimos uno que tenía un descuento que nos había dado el guía del free tour, hicimos un poco de cola hasta que finalmente embarcamos. Pudimos tener una perspectiva distinta de los distintos puentes: el Ponte Luis I, luego Ponte Infante Dom Henrique, Ponte María Pia, Ponte de Sao Joao y finalmente el Ponte do Freixo, que fue por donde nosotros entramos a la ciudad portuense en el día anterior. Las vistas de la vuelta fueron estupendas.

El paseo relajante del barco, con el frescor del río nos sirvió de reconstituyente. Desembarcamos en el mismo sitio que nos montamos y continuamos paseando relajadamente la ribera hasta el Ponte Luis I y cruzamos el duero por la parte peatonal inferior del puente, junto a la carretera. La idea era poder ver el atardecer desde el otro lado del río. Las vistas del atardecer desde el sur del Duero son simplemente extraordinarias. Oporto bien podría llamarse la ciudad de los atardeceres. El sol bajando detrás de la ciudad, derramando sobre los tejados una luz tenuemente anaranjada es una visión inigualable. Cuando la tarde perdía terreno frente a la noche paseamos junto a los barcos rabelos por el margen del río que se conoce como Vila Nova de Gaia, donde están la mayoría de las bodegas de vinos de Oporto, y también hay muchísimos restaurantes.

Decidimos cenar en la terraza de uno de los restaurantes de la ribera, la Taberninha do Manel. La temperatura era estupenda. Sofía, Miguel y Pepi se pidieron pasta, yo me decanté -¿cómo no?- por un bacalao com natas, que vi servido en una mesa cercana y que era de aspecto distinto al que me había tomado anteriormente, pues parecía que lo acababan gratinado. Lo regué con una buena cerveza bien fresca que me sentó estupendamente. Muy rico todo.

Era noche cerrada cuando acabamos de cenar. Dimos un último paseo por la ribera con la vista nocturna de las luces de la ciudad reflejadas en el Duero. Una estampa preciosa. El Palacio Episcopal presidiendo iluminado el difuso perfil de la ciudad. Nos dirigimos hacia el puente Luis I, donde había una parada de taxis y cogimos uno que nos llevara de vuelta al hotel. 

sábado, 11 de diciembre de 2021

Atardeceres, castañas y abrazos

Hay una época del año en la que los atardeceres parecen querer decirnos algo. Como si quisieran adueñarse del pensamiento de todos, como si nos colocara el dedo delante de los labios para pedir silencio, para que nos detengamos y simplemente observemos y contemplemos su estampa. Una pausa obligatoria.
Uno de esos días la luz sonrojada entraba anchamente por el balcón de casa inundando el salón y Sofía, mi hija, vino a preguntarme si me había dado cuenta del atardecer que estaba teniendo lugar.

La anaranjada claridad del día parecía teñir el mármol blanquecino del salón. Nos asomamos al balcón, pero con la cercanía de los bloques de viviendas de los alrededores no se podía disfrutar con total amplitud de la vista, así que decidimos subir a la azotea del edificio, desde allí se podía disfrutar de extensas vistas. Nos abrazamos mientras disfrutábamos del espectáculo.

A veces la perfección en la vida no es más que vivir sencillamente,  Un cielo como un cuadro de Munch, el olor a castañas asadas en un noviembre tibio, los brazos de mi hija abrazándome, beber el agua fresca cuando se está sediento... la simpleza de lo esencial es también la felicidad instantánea.





domingo, 29 de agosto de 2021

Los Planetas en el Castilllo de Gibralfaro

Casi acabando las vacaciones, como guinda a este extraño y pandémico verano, la banda granadina Los Planetas vino a Málaga a ofrecer un concierto en el Castillo de Gibralfaro, uno de los entornos más bonitos y con más historia de la ciudad costasoleña. Supuso mi primera ocasión disfrutando de un concierto en el bello emplazamiento amurallado. Compramos las entradas Francisco, Iker y yo el primer día. Decidimos darnos prisa y comprar pronto las entradas y por lo visto  hicimos bien, porque el segundo día se colgó el cartel de entradas agotadas. Entre el tirón de la banda, que los precios eran aceptables, que el sitio era maravilloso y que el aforo era reducido. 

Acudimos pronto, sabíamos que estaba todo vendido y que el primero que llegara era el primero que se sentaba. A quien madruga, dicen, que Dios ayuda. Nosotros no madrugamos pero sí que no nos quedamos dormidos y pillamos unas estupendas butacas centradas (eran sillas de plástico) en la mismísima primera fila.

Se presentaron en un amplio escenario, con un formato trío, en lo que se tituló como concierto esencial. Sin batería ni bajo, Banin al piano de cola, Jota a la voz y a la guitarra, y Florent con otra guitarra interpretaron muchos de los temas que todos estábamos esperando. Un concierto muy currado, con muchísimos arreglos, con versiones muy desnudas por un lado y muy emperifolladas y complejas por otro, que dieron como resultado un concierto irrepetible. Me encantó. Se me pusieron los pelos de punta en más de una vez. Toxicosmos fue brutal. Cosas que me llevaré en esta vida y que no están en ningún cajón.

Luego salimos del concierto, poco a poco, entre el éxtasis y el descanso. Bajamos a pie en silencio, todavía con la reverberación de las notas en nuestras cabezas, con las luces de la ciudad al fondo y la brisa fresca traía el vivo olor de los pinares. Nos detuvimos frente al mirador y a pesar del complicado momento que estamos viviendo, en mi interior vencía un sentimiento de agradecimiento. Un Mediterráneo tan inmenso como oscuro fue testigo. 



sábado, 21 de agosto de 2021

Días de verano

En los últimos años, cuando llega agosto, coincide que en casa todos estamos de vacaciones. Normalmente solemos hacer un viaje, ya sea en coche o en avión  para conocer ciudades, o países que no conozcamos. Mezclar cultura con viajes. Pero este año, con la dichosa pandemia, no nos sentíamos con muchas ganas de meternos en aviones, ni tampoco de andar por ahí yendo a hoteles y comiendo fuera. Así que decidimos hacer una escapada rural con unos amigos y dejar el viaje para más adelante si es posible.

Finalmente fuimos un par de noches a la Villa Turística de Laujar de Andarax, en la Alpujarra Almeriense. No es la primera vez que íbamos. Acudimos a tiro fijo, sin error, buscando algo que nos diera confianza y donde teníamos garantizado el descanso, la buena comida y a un precio aceptable. Piscina, siestas, buena cocina, lecturas y poco más es necesario para un descanso en mayúsculas. Incluso a la vuelta hicimos parada para almorzar en el Asador El Camping, junto al embalse de La Viñuela. Otro homenaje que nos ofrecimos antes de regresar a casa para continuar con las vacaciones.

Las vacaciones son para disfrutar suele decir Miguelito, el pequeño de la casa.  Y no le falta razón. El descanso de estas vacaciones pandémicas vino rodeado de sobresaltos, contactos Covid, test de antígenos (afortunadamente todos los nuestros negativos), paseos y sobre todo de actividades en familia. Todo muy acotado. Intentando mantener lo más cerrada posible la burbuja de casa. Una visita a Ikea un día, pescadito frito en la Freiduría Villalba -que nos encanta-, muchos paseos buscando recorridos distintos, ver algún que otro amanecer y bastantes atardeceres. Todo siempre intentando realizar actividades lo más al aire libre posible.

En las vacaciones siempre procuramos dejar tiempo para realizar tareas por casa, para intentar hacer un hogar más confortable. Siempre hay cosas que mejorar. Encargamos al carpintero una estantería que irá en mi dormitorio (siempre nos falta sitio para los libros), de nuestra visita a Ikea trajimos una butaca que creo que nos va a venir bien y también hicimos algunas quedadas escogidas con amigos. Pocas. A finales de mes comenzó la pretemporada de Miguelito, que ya está en su último año de infantil.

En definitiva, pasamos un verano con la vista en la balanza en la complicada valoración de en qué merece la pena arriesgar o en qué no. Decisiones siempre muy difíciles de tomar. Intentar vivir manteniendo la precaución, estimar qué es más eficaz en cada situación si la mascarilla, la distancia, o la ventilación. Buscar siempre que el mayor número de precauciones estén presentes, aunque sabemos que no es posible en todo momento. Los riesgos, los potenciales peligros y la madre que lo parió a todo. Vivir continuamente en un sinvivir. Así estamos.


domingo, 24 de enero de 2016

Marilyn Monroe 33

Enciendes el televisor y descubres que en la Costa Este Norteamericana está cayendo la mayor tormenta de nieve de los últimos 100 años, que se dice pronto. Es enero y todo esto es algo que ciertamente está dentro de lo posible, pero muchos nos preguntamos si esta desenfrenada espiral climática es un proceso natural o una consecuencia provocada directa o indirectamente por las acciones del hombre.

Dos mil vuelos cancelados entre Nueva York y Boston. 400.000 hogares sin luz, declarado el estado de emergencia. Los transportes públicos inutilizables, las carreteras cortadas. Se pide a la población mantenerse en sus casas. Nada hay abierto. Se pide encarecidamente no salir a las calles. La imagen de las calles desoladas, con todos los edificios con las luces apagadas, envueltos en una oscuridad ancestral, parece sacada de una de esas películas de catástrofes naturales, como si una era glacial nos estuviera amenazando.

Sin embargo, aquí donde tengo la fortuna de vivir, en el sur del sur de Europa el invierno apenas es perceptible. Ayer, sin ir más lejos, fui a la Rosaleda con una simple manga, y estamos con enero más que avanzado. Puede que sea el invierno más benigno que yo recuerde. ¿Esto significará que el verano será asfixiante? No lo sé, y no sé siquiera si es posible ofrecer una respuesta acertada a mi pregunta, puede que todo sea simplemente cíclico, o tal vez aleatorio. En cualquier caso sólo nos quedará encerrarnos en nuestras viviendas, como el caracol en su concha, y esperar que el temporal pase.

De modo que poco nos queda por hacer más que poner al mal tiempo buena cara. De esto Marilyn sabía bien.


domingo, 5 de abril de 2015

Ana Frank: La historia jamás contada

Andaba perezosamente zapeando por la inmensidad de la guía de Canal + cuando vi que tenían programado un documental sobre Ana Frank, titulado Ana Frank: La historia jamás contada. Supuse que el título era algo exagerado y fuera de lugar, porque no es solamente una historia que no haya sido contada jamás, sino que, al contrario, ha sido contada muchísimas veces. Lo estrenaban en  National Geographic Channel, y sin pensarlo mucho presioné sobre la tecla de grabar.

Poco después, en unos de esos tiempos muertos que la vida te regala, me desparramé en el sofá a ver qué me encontraba por Mi Canal, cuando comprobé que ya se hallaba allí alojado el documental de la desafortunada Ana Frank. Sin pensarlo mucho me puse a verlo.

El documental no contaba, ni mucho menos, una historia jamás contada, pero sí mostraba la historia de una manera muy didáctica, con documentos serios y bien tratados. Se acercaba a la historia alrededor de Ana Frank y su familia sin olvidar los desastrosos días que le tocó vivir, dando un enfoque global a la vez que particular, con entrevistas a personas que conocieron a Ana antes de su infructuoso encierro y con algunas que coincidieron con ella después en los campos de exterminio. Además, durante el documental superponían fotografías actuales con las que tenían de la II Guerra Mundial, solapando los dos momentos, el actual y el de los primeros cuarenta. Sorprendentemente, se apreciaban menos diferencias de las esperadas después de tanta destrucción.

He tenido la fortuna de visitar en dos ocasiones Amsterdam, y en ambas visité la famosa casa de Ana Frank, y también leí no hace mucho su diario, y aún así la historia no ha dejado de sobrecogerme. 
 

domingo, 16 de noviembre de 2014

Una montaña encima

En bastantes ocasiones en mi vida he escuchado o he dicho aquello de: es como si me hubiera caído una montaña encima. Es una expresión habitual que se utiliza -o al menos yo la utilizo- cuando de repente, en un particular momento de la vida de una persona, se le acumularan los problemas de tal manera que parecieran, todas en conjunto, una tarea imposible de superar. También puede usarse cuando una novedad, una noticia, un accidente, en definitiva algo repentino, te afecta de una forma tan desbocada e insalvable que las posibilidades de sobrellevarlo parecieran, aunque sólo fuese en ese instante, un asunto imposible de manejar. Algo fatalmente inabarcable.

Esta foto con la que me crucé hace tiempo, se ha introducido impactantemente como una referencia visual cada vez que escucho o viene a mi cabeza la expresión. A mí, desde entonces, me ha arruinado la frase, porque cada vez que la escucho ahora, me parece una barbaridad aplicarla. Ahora siempre me parece muy exagerada.


domingo, 9 de noviembre de 2014

El muro de Berlín

El muro de Berlín era un muro de vergüenza. Un muro que separaba una ciudad en dos ciudades. Una frontera cruel e inhumana. Un paréntesis de ignorancia en la línea de la historia, una derrota del razonamiento y el entendimiento. El producto consecuente del ladrillo pesado y hueco en el cerebro de los dirigentes. El símbolo del desacuerdo, del necio odio y de la expansiva incapacidad de dirigentes con voluntades obcecadas, que alinearon la barbarie de sus ineptas ideas dividiendo una ciudad. 

Con la estrechez de su raciocinio escindieron despiadadamente la precaria vida de una ciudad derrotada y humillada. Proyectaron cobardemente una ruptura indecente, seccionando así la vida de sus habitantes. Separaron familias enteras, rompieron lazos de amistad, quebraron sentimientos, compromisos, afinidades y cortaron el cordón umbilical que unía mediante la concordia, el entendimiento y el amor a cientos de miles de personas. 

Con ese muro de vergüenza dilapidaron sueños, promesas, proyectos, el futuro, y lo que era aún peor, el presente de muchísimas vidas. Descompusieron la epidermis de una ciudad justo cuando cicatrizaba y se rehacía de su propia humillación. 

En las navidades de 2006 visité Berlín, y pude comprobar con mis propios ojos aquel muro frío e hiriente. Tan solo quedaban pequeños tramos de muros, intermitentes recuerdos de su indecencia. Aquellos voluminosos escombros, aquellas barreras verticales producían inquietud cuando uno se situaba ante ellos. Sólo pensar que aquel muro imposibilitaba contemplar completamente aquel paisaje producía aturdimiento. Aquel muro gris y opresivo era el abandonado despojo de un pasado turbio y deshonroso. 

Estos días se celebran 25 años del fin aquella indecente barbarie. Éste vídeo es un bonito homenaje.


jueves, 5 de junio de 2014

Creadores de ilusiones

La grandes ilusiones de los individuos son  la mayoría de las veces las grandes ilusiones de las sociedades. Tendemos a sentir ilusión por comparación. Queremos tener aquello que aquel tiene, queremos hacer aquello otro que aquel otro hace, queremos ser aquello que otros son. En definitiva, queremos lo que los otros quieren, anhelamos lo que los otros anhelan, o peor aún, deseamos aquello que nos imponen que deseemos. Nos venden las ilusiones que a ellos -las grandes empresas- les interesan que tengamos, que consumamos.

Somos bombardeados tan constante y descaradamente, y por tantos medios, sobre lo que nos ha de ilusionar, que terminamos por autoconvencernos inconscientemente para tener las ilusiones que otros desean que tengamos. En mi opinión es un error tanto colectivo como personal, pero sobre todo es un error por pereza. Preferimos aceptar entre lo que se nos ofrece, que pararnos a pensar lo que realmente queremos. Caemos en nuestras ilusiones por dejadez. De pronto sospechamos, creemos o intuimos que sabemos lo que nos hace ilusión, pero si observamos un poco, probablemente será lo mismo que ilusiona a nuestro compañero de trabajo, a nuestro amigo de la infancia o a nuestra pareja. Tal vez las ganas por ser gregarios y sentirnos incluidos en una sociedad es lo que provoca esta especie de deseo común. No lo sé. Sólo sé que la mayoría de las personas cuando hablamos de nuestras ilusiones, hablamos de las mismas ilusiones que desean los que están justo al lado.

La gran diferencia de las ilusiones, por concepto, las impone nuestras necesidades. Cuando se tienen las necesidades básicas relativamente cubiertas, nuestras ilusiones son, en general, superfluas y manoseadas; en cambio, cuando las necesidades básicas no están cubiertas, o al menos no del todo cubiertas, nuestras ilusiones están totalmente enfocadas en cubrir las necesidades para alcanzar el anhelado bienestar. De manera que las ilusiones de las personas están claramente clasificadas dependiendo del estrato social en el que estén ubicadas. Piénsenlo.

Dime cuáles son tus ilusiones y te diré en qué sociedad vives.

sábado, 16 de noviembre de 2013

En taxi


No tengo ni idea de dónde ha salido la foto, ni de si es un fake o real (a mí me parece real pero hay verdaderos artistas del Photoshop). Sea como fuere no puedo imaginarme cómo carajo se ha llegado a esta situación, aunque se me ocurren algunas:
 
- Perdone taxista, ¿le importa que ponga al oso detrás?
- ¿Me puede devolver al zoo, que he sacado el oso sin darme cuenta?
- ¿Me podría llevar al...? ¡Oiga, no corra, oiga...!
- ¿Sabe dónde podría comprar mucha crema de cacahuete? ¡Llévenos!
- ¿Le importa llevarlo al parque, que en seguida vuelvo?
-  Lo vi tan triste allí en la jaula que decidí llevarlo a ver el centro...
...

Sabía que la profesión de taxista tenía sus riesgos, pero nunca supuse que era así de peligrosa.

domingo, 27 de octubre de 2013

Carmina o revienta

Recientemente vi la película Carmina o revienta, dirigida por Paco León, y lo cierto es que la película me dejó los pulmones intoxicados de humo, la boca sucia y amarga y el ánimo arrastrado, pero en mi memoria quedará una frase que dice el marido de Carmina: 
La vida es tan bonita que a veces parece de verdad.


sábado, 12 de octubre de 2013

Rodeado

No sé si lo he escrito en este blog antes, pero he vuelto a retomar mis clases de inglés. Me he apuntado a clases y vuelvo a recibir cuatro horas y media de inglés a la semana. Lo cierto es que hasta ahora las clases me están resultando bastante entretenidas. Nuestra profesora, Ángela, siguiendo el libro, propone un tema sobre el que los alumnos debemos conversar y contar nuestro punto de vista.

En una de nuestras últimas clases surgió el tema de los fenómenos paranormales, los médiums, o los videntes. A la pregunta de cuál era para nosotros la diferencia entre un vidente y un médium, yo comenté desde mi ignorancia que suponía que un vidente era alguien que pretendía ver el futuro, o lo que le iba a suceder a otras personas, mientras que un médium lo que hacía era, supuestamente, poner en contacto a personas fallecidas o espíritus que están en otro mundo con personas de éste. Seguidamente la profesora me preguntó si yo creía en este tipo de fenómenos. Nooo, contesté con una sonora rotundidad.

Seguidamente los compañeros comenzaron a contar sus experiencias. Varios creían en los poderes paranormales, decían que hay personas que tienen ese don, otros creían que hay personas que tienen la facultad de ver el futuro en las palmas de las manos, o incluso afirmaban tener sueños premonitorios, o experiencias inexplicables que estaban seguros que querían decir algo, pero lo que ocurría era que ellos no sabían relacionarlas. Otros muchos afirmaron que sí creían, incluso hubo quien afirmó que creía que el futuro ya estaba escrito, y que todos cumplíamos un guión preestablecido. Les aseguro que durante un momento dudé si yo estaba en una clase de inglés o una sesión de terapia sobre la inestabilidad psíquica. Estuve a un tris de levantarme y largarme.

Mi compañera de la butaca de la derecha que todavía no había dicho nada que no fuera cuerdo, me miraba con el semblante estupefacto, con la mirada helada e incrédula. No podía ser real todo lo que se estaba diciendo. Estuve a punto de decir si también pensaban que todo el calor que estábamos pasando en el interior del aula, porque el aire acondicionado estaba estropeado, era un designio divino o un castigo de algún espíritu hacia alguien de la clase, pero me callé porque comencé a sospechar que quizá ellos pensaban que ese alguien era yo.


lunes, 23 de septiembre de 2013

Esperar que la vida...

Una creencia muy extendida es que a las personas malas la vida acaba por pasarles la factura. Exactamente igual que se cree esto, ocurre en el sentido contrario. Se tiende a pensar que las personas que son buenas, en el más amplio sentido de la palabra, la vida, tarde o temprano, las recompensará, las tratará bien, como si  en esta vida hubiese una especie de justicia poética que al final va poniendo a las personas en su sitio. Y no es que yo discrepe con esta idea, que me parece muy potita e ideal, no, lo que me ocurre es que básicamente no creo en ella, pero no lo hago como un acto insensato de rebeldía ni nada por el estilo, es simplemente que la vida ya me ha ido demostrando, con hechos, la primera y fundamental regla que se ha de aprender para ser medianamente feliz. ¡La vida no es justa!. Y punto. Es así, escueza o no. Mientras antes se acepte mejor, y si no, pues allá ustedes.

Mi amigo Bruce tiene bien claro algunas cosas que os pueden resultar útiles, aquí va una:


sábado, 21 de septiembre de 2013

De blanco a negro

Todos sabemos que la publicidad suele ser engañosa, y que en muchas ocasiones se nos presenta de una manera equívoca y exagerada, en el mejor de los casos la información se nos muestra de una manera parcial e interesada, pero hasta los extremos de este anuncio, no recuerdo otra. Este tipo de publicidad de antes y después es un buen ejemplo.


miércoles, 11 de septiembre de 2013

New York

Desde hace ya once años esta fecha se me ha quedado grabada en la memoria como una de las fechas más sobrecogedoras que he vivido. 




jueves, 29 de agosto de 2013

YouTube

Ya dije más de una vez -y me reafirmo- que YouTube merecía un homenaje en este blog, que tanto abusa y exprime sus infinitas aplicaciones para uso y disfrute de mi tiempo ocioso.

Hoy, tras varios días revoloteando alrededor de mi cabeza, le llegó su momento.


Gracias YouTube, por tantos momentos intensos compartidos, dando lustre a mi tiempo libre.