domingo, 25 de diciembre de 2016

Ilusión

La Navidades son fechas familiares, fechas para pasarla en familia, pero especialmente son fechas para los niños, que son los verdaderos protagonistas de las fiestas. Su ilusión por los regalos, ya sea la noche de Noche Buena o bien la víspera de Reyes, supera casi cualquier ilusión que pueda uno imaginar. Todos hemos sido alguna vez niños y sabemos de lo que hablo. Algunos hemos tenido la fortuna de tener padres que han procurado que la llama de la ilusión brillara en nosotros. Les estaré eternamente agradecidos a mis padres por su buen trabajo y porque esa llama de la ilusión que una vez prendieron aún está viva en mí.

Intento diariamente mantener el brillo en los ojos de la ilusión por aprender cosas nuevas, por realizar nuevos proyectos, visitar nuevos sitios y especialmente por el amor a mi familia.  Esa ilusión por la vida es en definitiva el verdadero sentido de la vida.


Una ilusión: espero poder realizar un trabajo tan bueno como mis padres hicieron con sus hijos.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Me encanta el invierno, a pesar de todo

Estos días las temperaturas están bajando considerablemente, y aunque sé que aquí donde vivo, en el sur de la península, el clima es bastante más benigno que en el resto de España y por supuesto también mucho más que casi en el resto de Europa, la realidad es que caminando a la intemperie me veo obligado a resguardar las manos en los bolsillo a la vez que aligerar el paso.

Es cierto que el verano es más cómodo. Una camiseta, unas bermudas y listo. El invierno por poco crudo que sea te obliga a camisa y a jersey, y a un chaquetón si se sale, y calcetines y si me apuran bufanda y guantes, sin olvidar el paraguas. Es más incómodo pero a mi juicio es mucho más elegante.

Mi santa señora lleva varios fines de semanas realizando el cambio de temporada de vestuario. Guardar toda la ropa de verano que ya no nos vamos a poner y sacar la que vamos necesitando. En mi caso además hay que lavarla toda justo nada más sacarla pues como soy alérgico al polvo y en cuanto me pongo una prenda guardada comienzo a estornudar sin parar y comienzan las consiguientes dos semana de mocos y pañuelos. Gracias a Dios, ya digo, mi santa me ahorra cada año una buena dosis de narices rojas.

Quitando esos pocos inconvenientes, y alguno más, me encanta el invierno.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Sin tiempo

Últimamente apenas escribo y apenas leo. Puede que no lo crean pero no dispongo casi de tiempo, y cuando lo tengo, prefiero hacer otras cosas. Escuchar música, ver una película, o una serie, o un concierto.  Las actividades de los niños, los líos de la casa, hacer la compra, todo lleva su tiempo. Y al final del día estoy tan agotado la mayoría de las veces que prefiero sentarme en el sofá y dejarme llevar.

Además desde que mi hermano y mi cuñada me regalaron una guitarra eléctrica (una guitarraza Gibson Les Paul) no paro de arrancarle sonidos chirriantes cada vez que puedo. Muchas, muchas, muchas gracias. Es un mundo prácticamente nuevo para mí. Hay un millón de cosas que desconozco de la guitarra eléctrica. Poco a poco, voy aprendiendo a poner el oído donde me conviene, me equivoco y corrijo, uno o dos pasos atrás para avanzar medio.

Las posibilidades de hoy en día son inmensas. Cientos de aplicaciones para el móvil, miles de profesores en YouTube, páginas webs  a millones. Aprender no es algo tan solitario ahora. La informática y en especial las redes sociales e Internet han abierto un mundo de posibilidades. Pienso en un bosque infinito, en el que me encuentro justo en el medio, sin brújula ni Lazarillo. Apenas una luz tenue y muchas ganas de caminar. Seguro que hallo la salida. Esperen y verán.

Por lo pronto me he pillado un amplificador Fender, lo que no conjunta nada mal con una Gibson Les Paul.

domingo, 9 de octubre de 2016

¡Qué preciosidad!

Cuando rozaba yo la edad tonta y despreocupada de los 13 ó 14 años me apunté durante un verano a clases de guitarra. Era algo que siempre había querido aprender. Mis padres me compraron una guitarra española preciosa, y en ese verano aprendí muy lentamente a arrancarle unos cuantos acordes a la guitarra. Apenas media docena de acordes aprendí y, como suele ser habitual en mí, a mitad de curso me aburrí. De repente, las clases empezaron a estorbarme para hacer mis tareas estudiantiles y casi sin darme cuenta me fui quedando atrás en las clases.

La guitarra, como pueden imaginar, quedó como bonito decorado en un rincón de mi habitación. Ahora, tres décadas después, y desde hace muchos años, estoy muy arrepentido de aquella decisión. Pero recientemente he decidido resucitar la guitarra e intentar retomar mis mínimos conocimientos de guitarra. como dice el dicho, más vale tarde que nunca.

Llevo un par de semanas maltratando la guitarra y estoy tremendamente ilusionado, pero claro, estamos en septiembre que es algo así como el mes de las buenas intenciones y de iniciar muchas cosas. Veremos a ver cómo sigo más allá de diciembre. Lo difícil, como siempre, va a ser sacar el tiempo.

Me muero de ganas por tener una guitarra eléctrica, pero me he prometido no pillarme una -aunque fuese de segunda mano- hasta comprobar que voy medianamente en serio con esto de tocar la guitarra, a pesar de que creo que una de las razones de aquel abandono temprano fue -a mi juicio- que no soy muy amante de la guitarra española y sí, en cambio, mucho de la eléctrica. 

Como para casi todo en la vida, para gustos, colores. Yo mato por una imitación de Gibson Les Paul en negro. ¡Qué preciosidad! No me digan que no tengo buen gusto. 


domingo, 2 de octubre de 2016

París. Día 4. Disneyland 5-8.

Para el final de nuestros días en París dejamos uno de los rincones que más me cautivan de la ciudad de la luz, la Sainte Chapelle, situada en el corazón de la Ile de la Cité. La Sainte Chapelle se edificó en pleno siglo XIII, en tan sólo 6 años. Está considerada una obra cumbre de templo gótico radiante, y a pesar de ello no es uno de los lugares más visitados de París, aunque sin duda agrada dulcemente a sus visitantes. La primera impresión al acceder a su interior es algo extraña, pues entramos directamente a la capilla inferior, que es muy distinta a lo que estamos acostumbrados a contemplar. El techo está decorado de azul y dorado. No es una construcción ambiciosa en dimensiones, ni es muy alta, ni es muy grande e incluso la decoración, aunque es llamativa, no es exagerada ni pretenciosa. La decoración está básicamente representada por escudos heráldicos, recordándonos sus orígenes: la flor de lis, de la realeza francesa, y los castillos de oro, símbolo de Castilla, pues Luis IX, San Luis de Francia, fundador y constructor de la capilla, fue hijo de Blanca de Castilla; de ahí los escudos.

Junto a la entrada, por un minúsculo hueco, se da acceso a una escalera de caracol, construida en piedra, por la que se accede a la planta superior. En esta estancia la luz es la dueña del espacio. No hay huellas que recuerden la vaciedad de lo terrenal. Las vidrieras rodean todo el edificio, que parece estar flotando sobre las nubes de la divinidad, suspendido extraterrenalmente. Sin duda, creado con la ambición estar lo más cercano a la luz de Dios. La contemplación general es verdaderamente sobrecogedora. Uno puede comprender que en el siglo XIII no había otro lugar mejor ni más cercano a Dios donde guardar las reliquias del martirio de Jesús. Hubiéramos permanecido deleitándonos en la capilla mucho más tiempo del que estuvimos, pero siempre disponemos de menos tiempo del que quisiéramos.

Abandonamos la Sainte Chapelle en dirección a la Concergerie, queríamos verla desde cerca aunque no pretendíamos entrar -Pepi y yo ya la visitamos hace años y no estábamos seguros de que a los niños les fuese a interesar-. Nuestra intención era montar en un autobús turístico que nos diera una vuelta por la ciudad. La parada más cercana estaba en el Petit Pont, justo al otro lado de la plaza de Notre-Dame.

Montamos en el autobús y subimos a la planta de arriba -que era descapotable- y nos dispusimos a disfrutar del encanto de París. El recorrido comenzó paralelo al Sena, siguiendo el trazado del río, en la orilla del Museo de Orsay. Volvimos a contemplar el fastuoso edificio del Louvre, la plaza de la Concordia, la Ópera Garnier, el Grand y el Petit Palais, los Champs Elysées y el Arco del Triunfo. Desde allí hasta Trocadero y la Tour Eiffel y un continuo placer para los ojos porque París, la mires por donde la mires, es bella, señorial y distinguida. No me extraña que sea la reina de la bohemia.

Acabamos nuestro primer viaje en bus en el mismo sitio donde lo cogimos y desde allí nos dirigimos hasta la Cremerie Restaurant Polidor, cerca de Odeón, a la que yo tenía muchas ganas de ir desde que la vi en la película de Woody Allen, Midnight in Paris.

Gracias a Internet todo (o casi todo) está a cuatro golpes de teclado, y el Polidor es conocido, además de por su cocina, por su escogida clientela: James Joyce, Verlaine, Rimbaud, Hemingway, Cortázar o Kerouac, han sido algunos de sus distinguidos comensales, incluso parece que Víctor Hugo era asiduo. Ya ven que es un lugar con mucha historia literaria. Además de una cocina tradicional y un servicio competente, el local sigue mantenido su acogedora presencia. Está conservado prácticamente igual a como estaba a principios del siglo XX. Y se nota. De hecho mi santa insistía en que el baño necesitaba una remodelación integral. Para mí fue un placer almorzar entre tanta historia. Miguelito desde mucho antes de entrar ya decía que se pediría lo mismo que yo. Así fue como lo introduje en el sabroso mundo de la cocina francesa: de primero pedimos unos escargots (caracoles) y de segundo un exquisito Boeuf Bourguignon. Todo regado con una estupenda cerveza en mi caso, y agua en el suyo.

A apenas 100 m del restaurante Polidor está el teatro Odeón, uno de los teatros nacionales que hay en París. El teatro Odeón fue inaugurado por María Antonieta de Austria en 1782 y en él se estrenó, por ejemplo, Las bodas de Fígaro. Desde él regresamos al Boulevard Saint Germain y nos adentramos en el precioso Pasaje du Comerce. Continuamos hacia la Abadía de Saint Germain-des-Prés y pasamos por delante de las terrazas de los cafés Les Deux Magots y el Café de Flore, y cerca de allí, al otro lado de la acera, cogimos de nuevo el autobús turístico que nos dio otra amplia vuelta por París. El barrio latino, la torre de Montparnasse, la Sorbona, los Inválidos, el Parque de Luxemburgo, o el Museo Rodin son algunos de los lugares por los que pasamos. Nos bajamos de nuevo junto a la Catedral de Notre-Dame y desde allí tomamos un taxi que nos llevó hasta la parada del Bateaux Mouche, donde iniciamos nuestro paseo en barco.

El paseo en barco le encantó a los niños. Era la primera vez que navegaban en un barco tan grande. Pues los Bateaux Mouche hoy día tienen dos plantas, y sentados arriba en la cubierta, bajo el tímido sol de la media tarde se estaba verdaderamente de maravilla. El paseo por el Sena acabó una hora después en el mismo muelle donde empezó.

Desde allí, después de contemplar la réplica de la antorcha de la Estatua de la Libertad, que es un monumento no oficial de Diana de Gales, cogimos el metro en Marceau hasta Bastille, pues nuestra intención era visitar la Place des Vosges. Y eso hicimos. Empezó a atardecer, y los bistros de los alrededores lanzaban su anzuelo sobre nosotros con intenso olor a crepe. Aún así, supimos esquivarlos porque los niños estaban destrozados y locos por regresar al hotel. Así que cogimos el metro y volvimos al  hotel. Cenamos en un restaurante de comida internacional y descansamos el largo día tumbados en nuestra habitación.

Al día siguiente tocaba despedirse de París, coger un metro y después un tren y poner rumbo a Disneyland, donde pasaríamos nuestras cuatro siguientes noches, sí, ¡cuatro noches! Todo por la ilusión de los niños.

No veo necesario contar detalladamente en este blog que nos pasamos cuatro días al sol haciendo largas colas para fotografiarnos con los personajes de Disney, o para montarnos en atracciones, algunas de ellas realmente buenas (Ratatouille). Desde primerísima hora de la mañana hasta ultimísima hora después del espectáculo en el Castillo.

El viaje completo ha sido una experiencia inolvidable. Ver la cara de los niños, sus reacciones ante la Torre Eiffel o Minnie no tiene precio. Comprobar que sienten curiosidad por pedir información relativa a un cuadro, una escultura, una plaza o un edificio es algo reconfortante y tal vez sirva como la posible chispa de un futuro abrazando la cultura en el más amplio sentido de la palabra.



sábado, 10 de septiembre de 2016

París. Día 3.

El sábado por la mañana, en nuestra tercera jornada en París, amaneció el día nublado, pero según las predicciones del tiempo el sol iba a ir ganando terreno a lo lardo del día. Y así fue. Nuestro primer propósito del día era la ansiada visita a la Torre Eiffel. De manera que en cuanto terminamos de desayunar cogimos el metro y nos fuimos hacia Trocadero, desde donde iniciamos nuestra visita a la Torre Eiffel.

La Torre Eiffel es imponente incluso cuando ya la has visto antes. A los niños los dejó boquiabiertos. Su tamaño es faraónico, y su esbelta figura es lo singularmente atractiva como para llamar la atención desde donde quiera que se cruce en nuestra mirada.

Conforme nos fuimos acercando pudimos comprobar las enormes medidas de seguridad por las que había que pasar para poder acceder a la torre. Tras una larga cola, y tras pasar por un meticuloso control de seguridad, pudimos acceder al ascensor que nos subiría a la segunda planta de la Torre Eiffel.

Desde allí se divisa casi cualquier construcción que sobresalga de tamaño. Algo tan voluminoso como el Arco del Triunfo parece de juguete desde cierta distancia. Incluso las barcazas flotando en el Sena parecen ridículas. En la primera planta de la Torre Eiffel hay como una zona de descanso, con césped artificial, para tumbarse y tomar el sol, hay además un área con el suelo de cristal sobre el que los niños pasaban una y otra vez. Por supuesto yo ni acerqué. Me puso malísimo verlos allí.

Pasamos casi media mañana completa en la visita de la Torre Eiffel. Los niños lo estaban pasando estupendamente con la idea de estar en la Torre y no quisimos meterles prisa para irnos de allí. Fue el gusanillo del apetito en el estómago el que les obligó a salir. Así que cogimos el metro y nos dirigimos hacia el Barrio Latino, y junto a la Sorbona, en un Monoprix que encontramos por el camino, nos compramos unos bocadillos y eso almorzamos. Algo rápido y barato. Teníamos aún muchas cosas pendientes por ver.

Partimos desde las vetustas Termas de Cluny, por el Boulevard Saint-Michel, hasta la misma puerta del Jardín de Luxemburgo donde giramos hacia el Panteón. El día había comenzado a torcerse y se intuía que de un momento a otro se pondría a llover. El Panteón es uno de esos imprescindibles que no visitamos en nuestro anterior viaje a París, y no queríamos dejar pasar esta segunda oportunidad.

El edificio del Panteón se terminó de construir en plena Revolución francesa y en él se encuentran los restos de grandes personalidades de la historia de Francia, como son Voltaire, Rousseau, Victor Hugo, Marie Curie o Alejandro Dumas. También está instalado en el Panteón una réplica del péndulo de Foucault, en el mismo lugar donde originariamente se instaló el famoso péndulo para el experimento de demostrar la rotación de la tierra. Algo curioso.

A pocos pasos del Panteón, por la parte posterior izquierda, se encuentra la Iglesia Saint-Étienne-du-Mont, del siglo XV-XVI, construida sobre los restos de la cripta de la abadía de Santa Genoveva del siglo VI, patrona de París. La iglesia Saint-Étienne-du-Mont es, a mi gusto,  una de las más bellas de París. Exteriormente es una maravilla, pero es que interiormente tampoco está nada mal. Posee una pareja simétrica de  escaleras de caracol alrededor de las columnas centrales que son una auténtica maravilla. El púlpito de madera es sencillamente impresionante. Además contiene las tumbas de Jean Racine y Blaise Pascal. Jean-Paul Marat está enterrado en el cementerio de la Iglesia y también conserva las reliquias de Santa Genoveva. Las escalinatas laterales exteriores de la iglesia fueron utilizadas como escenario recurrente en el rodaje de Medianoche en París, de Woody Allen. En ella nos hicimos unas fotos simulando la escena.

Terminamos abrumados de tanta belleza y abandonamos la iglesia dejándonos llevar cuesta abajo entre calles repletas de bares, cafés-patisserie, tiendas de vinilos y librerías. Paramos en una cafetería junto a la rivera del Sena, con el perfil de la catedral de Notre-Dame asomando detrás de la espesura de los árboles y el trasiego en los puestos de los buquinistas.

Poco puedo contar ya que no se haya contado de la catedral de Notre-Dame. Lo que más me gusta de ella  -y esto es una percepción muy personal- es la parte trasera, donde sus arbotantes y contrafuertes pueden observarse con limpieza. La piedra ahí parece separarse y tomar espacio, como si estuviera estirada, casi despellejándose, frágil a la vez que sólida. Las gárgolas simulan observar todo lo que sucede cual cámaras de seguridad, misteriosas y siniestras. Uno puede imaginarse aún a Quasimodo asomado al rosetón, taciturno. ¡Cuántas leyendas y cuanta literatura alrededor de ella! Y todo en el inmejorable marco de la Ile de la Cité.

¡Desde el siglo XII hasta hoy, cuánta historia! Desde su origen en el pueblo romano, pasando por el oscuro medievo, la peste negra, Juana de Arco, la revolución francesa, la coronación de Napoleón, el romanticismo labrado en piedra, Esmeralda enamorando a Quasimodo en la imaginación de Víctor Hugo, los bombardeos nazis... ya sabemos que la historia está múltiples veces escrita con sangre y dolor.

Abandonamos la catedral hacia los jardines aledaños a descansar, sabiendo que uno acaba de pisar la piedra por la que caminó la Historia. Paso a paso. Desde allí continuamos nuestro camino hacia el Hotel de Ville. Otra maravilla. La plaza delantera estaba siendo restaurada y la vista perdía encanto enormemente.

Por la Rue du Renard llegamos hasta la Fuente de Stravinsky y desde allí hasta el Museo Pompidou. Había mucho ambiente. Jóvenes bailaban al ritmo contundente de música dance que salían de altavoces voluminosos. Nos detuvimos a verlos. A los niños les gustaba ver a los jóvenes bailar. Les echaron unas monedas.

Bagabundeamos por el Boulevard de Sébastopol, esperando que el atardecer cayera sobre nosotros. Desde el Forum Des Halles cogimos el metro hasta la Gare du Nord, cerca de nuestro hotel. El día estaba terminado y nuestros pies destrozados y aún nos quedaba mucho por recorrer en este viaje.

viernes, 2 de septiembre de 2016

París. Día 2.

Despertamos en nuestro segundo día con muchas ganas de disfrutar de la ciudad de la luz. Lo primero fue desayunar en el hotel, y cargar el depósito, después fuimos en metro hacia el Arc de Triomphe, colosal puerta de entrada a la ciudad. Miguelito estaba fascinado por la grandiosidad de la construcción, y Sofía por la amplitud de la plaza y de que para acceder a ella había que hacerlo bajo tierra.

Desde el Arco del Triunfo iniciamos nuestro paseo por la lujosa Avenue des Champs-Élysées. No sé si es la avenida más elegante del mundo pero si no lo es debe estar cerca. Joyerías, tiendas de diseñadores, el famoso cabaret Lido, galerías comerciales, concesionarios de coches. No eres una marca de primera fila si no estás allí. A media distancia de la avenida, en el innovador concesionario de Citröen, se podía distinguir desde la calle que  había en su interior un helicoidal tobogán de cinco plantas. ¡26 m de altura! Preguntamos si era posible que los niños se tiraran. Les encantó. Se hubieran pasado toda la mañana tirándose. 

Continuamos hasta la Avenue Winston Churchill, y en ella giramos para visitar el museo del Petit Palais, actualmente Musée des Beaux-Arts de la Ville de Paris, donde nos encontramos con obras de artistas franceses como Jean Ingres, Eugène Delacroix y Gustave Coubert, además de mobiliario y objetos de artes decorativos. Aunque lo más admirable con diferencia, a mi juicio, es el mismo edificio, especialmente el monumental pórtico de la entrada, verdaderamente imponente. El jardín interior semicircular estaba algo descuidado, todo hay que decirlo. La entrada fue gratuita.

Justo en frente del Petit Palais está el Grand Palais, que estaba cerrado por reformas, así que no pudimos visitarlo.  Continuamos hacia el Pont Alexandre III, porque los niños querían asomarse al río Sena. A Miguelito le encantaba ver pasar a las barcazas desde lo alto del puente. Desde aquí también podían ver los Inválidos con su cúpula dorada y la torre Eiffel. Empezaban a impacientarse, y no pensaban en otra cosa que en acercarse a la torre Eiffel. Pero el tiempo estaba aún algo revoltoso y quisimos dejarlo para otro día que tuviéramos un día soleado.

Volvimos por nuestros pasos de nuevo a la Avenida de los Campos Elíseos y continuamos hacia la Plaza de la Concordia, presidida por el obelisco egipcio de Luxor. Les explicamos que el obelisco es el monumento más antiguo de París, con unos 3000 años y que en esa plaza María Antonieta y Luis XVI perdieron la cabeza, y que no sólo ellos sino que muchísimos más cortesanos también lo hicieron gracias a la sobrecogedora idea de Guillotin. Hoy, en la plaza de la Concordia hay una enorme noria que no estaba en nuestra anterior visita a París en abril de 2004. Lo que sí siguen estando son las dos colosales fuentes. Preciosas las dos.

Abandonamos la Plaza de la Concordia, por la Rue Royal, encaminándonos hacia la Madeleine, pero torcimos por la Rue Saint Honoré para llegar a la Plaza Vendôme. La arquitectura y el diseño de esta sobria y elegante plaza es una de mis favoritas. La columna Vendôme, antes columna de Austerlitz, fye erigida por orden de Napoleón para celebrar su victoria en la batalla de Austrerlitz. Nos fotografiamos desde muchos de sus bellos rincones. Contemplamos desde lejos la Ópera Garnier

Se acercaba la hora de almorzar y de descansar un poco porque llevábamos toda la mañana caminando. Además comenzó a nublar el día y parecía evidente que de un momento a otro comenzaría a llover. Así que no era mal momento para parar. Pasamos por la puerta del Harry's New York Bar, allá donde Coco Channel, Humphrey Bogart, Rita Hayworth o el mismísimo Hemingway se tomaban Bloody Marys, pero desafortunadamente estaba cerrado, y al final nos tuvimos que meter en un McDonalds. ¡Cést la vie!

Después de almorzar y ya que el cielo había abierto decidimos pasear por las jardines del Palacio Real. Un entorno propicio para descansar la sobremesa. Había una brisa agradable y se estaba de escándalo estirando las piernas en los bancos de los jardines. El fluir del agua en las fuentes como música de fondo era una verdadera bendición.

Abandonamos nuestra pereza y nos dirigimos al patio interior de los Jardines del Palacio Real, conocido como el patio de las columnas. A los niños les gustó subirse y saltar al potro con ellas.

Era viernes y quisimos aprovechar que el día estaba nublado y que el Museo del Louvre cerraba sus puertas más tarde de lo normal. Así que pagamos la entrada y visitamos el Louvre. Sabíamos que es imposible visitar el museo completo en una jornada y mucho menos con niños, así que decidimos ver lo imprescindible y la parte española. Sofía tenía ganas de ver la Mona Lisa y Miguel los sarcófagos egipcios. Así que eso lo vimos. Yo tenía especial interés en esta ocasión por el Astrónomo de Vermeer y por un par de obras de Meissonier. La Venus de Milo era una atracción para todos.

El Louvre es inmenso, enorme, casi infinito, pero también algo caótico y desordenado, mal señalizado y muy ruidoso. Hay que tener una especial capacidad de abstracción para poder disfrutarlo y con dos niños eso es tarea prácticamente imposible.

Abandonamos el Louvre machacados y nos retiramos al hotel vía metro. Una cena ligera, una ducha rápida y un sueño profundo. Ese fue el menú que saboreamos aquella noche.



París. Día 1.

Casi en un suspiro ha pasado agosto. Ahora toca ordenar un poco el desbarajuste en el que uno cae en las vacaciones, porque siempre hay se quiera o no algo más de desajustes en los horarios y planes. Ahora que ya se nos acabó agosto toca ir concienciándonos en volver a la rutina.

Una de las cosas que más dejo de lado en las vacaciones es este blog, y en general, todo lo que sea sentarme delante de un ordenador. Así que hoy entro con ganas de contaros el viaje que mi santa, mis niños y yo hemos disfrutado este verano.

Desde hacía bastante tiempo que teníamos previsto un viaje a París, y aunque parecía que no iba a llegar nunca el momento de partir, al final, lo cierto es que llega. Luego todo pasa como un relámpago.

Tuvimos que madrugar, y mucho, para coger el avión, pero madrugar no es tan sufrido cuando lo que espera por delante es muy deseado. Ni siquiera a los niños les costó dar el salto de la cama. Metimos cada uno su maleta de cabina en el maletero del coche y nos dirigimos al aeropuerto. El despegue fue muy bien y el aterrizaje mejor. Aterrizamos en un avión de Air Europa en el aeropuerto Charles de Gaulle y desde el mismo aeropuerto cogimos un tren que nos llevó hasta la Gare du Nord. A pocos metros de la estación estaba ubicado nuestro hotel. El Hôtel Avalon es algo pequeño aunque funcional, en el que sirven un desayuno a un precio razonable -sobretodo teniendo en cuanta que los niños no pagaban- y estaba especialmente bien conectado por metro y tren.

Una vez realizado el check-in y dejado las maletas en la habitación, comenzamos la visita a la capital de Francia.

Lo que nos pillaba más a mano desde el hotel, dando un paseo agradable, era Montmartre. Subimos hasta los pies de la Basílica del Sagrado Corazón en el funicular, lo que divirtió mucho a los niños. Desde allí se disfruta de unas vistas soberbias. Prácticamente todo París está a los pies de Montmartre. Entramos en la Basílica y disfrutamos de sus impresionantes proporciones, incluso bajamos al sótano, al salir decidimos rodearla y seguidamente nos dejamos envolver por el espíritu bohemio de la Place du Tertre. Nos fotografiamos casi en cada esquina y escalera, y fuimos bajando entre callejuelas encantadoras, pasando junto a la torre del agua, el museo de Montmartre y el Espace de Dalí. Descansamos unos minutos en la Square de la rue Burq, donde había un parque donde los niños jugaron.

Continuamos nuestro descenso hasta el Boulebard de Clichy, en Pigalle, donde nos fotografiamos junto al Moulin Rouge. Allí cerca -en un Quick- almorzamos y nos refugiamos de la lluvia ya que acababa de comenzar a chispear.

Después de recargar la energía cogimos el metro en la estación de Blanche, que estaba casi en la misma puerta, hasta la parada del Museo del Louvre. Entramos a través del centro comercial que hay en las puertas del museo. Al salir a la superficie, Sofía quedó boquiabierta, le encantó. Dice que es lo que más le gustó del viaje. La simetría del colosal edificio, la pirámide invertida, el arco del carrusel, el obelisco al fondo y aún más lejana la torre Eiffel, con su estilizado e inconfundible silueta.

Comenzó a llover y esta vez iba en serio. Tiramos por Rue des Pyramides en dirección a la Ópera, pero nos detuvimos de camino en una confiterie Paul. Escampó y proseguimos en dirección a la Ópera. La mediorodeamos después de sacarnos fotos desde todas las perspectivas y nos dirigimos hacia los grandes almacenes Lafayette, para enseñarle a los niños la espléndida cúpula que preside el salón principal. Una maravilla del art noveau.

Por el Boulebard Haussmann y girando en la rue Tronchet llegamos a la plaza de la Madeleine, y contemplamos sus estilizadas columnas de la entrada.

Empezaba a anochecer y a todos se nos abría la boca con más frecuencia de lo habitual. El día había sido largo, de manera que cogimos el metro en la misma plaza y nos fuimos al hotel. Nos habíamos ganado el descanso. Junto al hotel compramos algo para cenar y así acabamos el día. Una muy buena forma de tomar contacto con París.

domingo, 14 de agosto de 2016

En el café de la juventud perdida - Patrick Modiano

Cuando leí Dora Bruder de Modiano, poco después de que le otorgaran el premio Nobel de Literatura, quedó en mi interior una sensación de que había leído algo muy bueno pero también muy corto y que debería algún día leer algo más que completase aquella lectura inaugural del planeta Mondiano.

Pasó el tiempo y la intención fue desvaneciéndose pero seguía latente. Y un buen día, en una de esas visitas que de vez en cuando hago a la biblioteca (me encantan las bibliotecas), me traje para casa En el café de la juventud perdida. La sinopsis me resultó prometedora.

Así como Dora Bruder me lo leí casi en un suspiro y dejó tatuado su título en la piel de mi recuerdo, En el café de la juventud perdida no sentí para nada el mismo arrebato imparable de lector voraz. Tardé en leerlo, no llegué a meterme ni a identificarme -y mira que traía ganas- y me resultó un libro que pasará lastimosamente al rincón de los libros olvidados rápidamente. Los libros y las personas somos así de caprichosos, a veces no encajamos por más que lo intentemos. No pasa nada, si se tercia volveré a leer a Modiano, porque se lo ha ganó con Dora Bruder, y yo soy de los que me quedo con las cosas positivas.


martes, 9 de agosto de 2016

Marilyn Monroe 34

Agosto despliega alrededor un halo de pereza y disfrute que probablemente no posea ningún otro mes del año. Hay quien detesta este mes, porque es sinónimo de atascos de tráfico, de calores, de noches sudorosas y de colas casi para cualquier cosa. Todo esto evidentemente depende de la ciudad donde te toque pasarlo. A mí me toca pasarlo en Fuengirola, donde vivo, y aquí -créanme- todo lo que les digo está presente. Muy presente. 

A mí agosto me gusta especialmente porque en él disfruto de mis vacaciones. Ayer justo las comencé y disfruté todo el día escuchando música, leyendo, viendo la tele y jugando con los niños. Cada cual se refugia en lo que más le cobija. Yo tengo muchos lugares de encuentro, caminos que son de vuelta a casa. Marilyn Monroe -según he leído- gustaba de darse un buen chapuzón. Tampoco está mal.


domingo, 31 de julio de 2016

Ciclos grazalemeños

Esta tarde regresaba en coche de pasar un fin de semana junto con la familia y unos amigos en El Bosque. Un fin de semana de baños en la piscina, largas siestas en la habitación, algo de lectura y sobre todo gozosas conversaciones alrededor de delicias gastronómicas locales.

En el trayecto de vuelta a casa decidimos realizar un alto en Grazalema, localidad donde mi santa estuvo viviendo dos años. Ambos le tenemos un cariño especial a Grazalema. Pasamos muchos días juntos allí. Recién nos casamos el destino nos separó y ella tuvo que marcharse a pasar dos cursos. Ahora todo queda muy atrás y el tiempo ha difuminado gran parte de la amargura de aquellos recuerdos. Al menos a mí sólo me vienen los buenos y, en cierta parte, los añoro. Flotan en mi memoria envueltos en el aroma de la juventud, de un incierto futuro por delante que ya es realidad. Años gastados por el uso de la vida, en la que he sido bastante bien tratado, la verdad, aunque también podría poner alguna que otra queja. En cualquier caso aquel pasado fue el germen aleatorio de este presente también azaroso y caprichoso. Nuestro par de mocosos por ejemplo.

Regresar a Grazalema es algo casi cíclico en nuestras vidas. Muchos de nuestros recuerdos se pueden medir por fases grazalemeñas, similar a como los indios americanos contaban los ciclos lunares dividiendo las estaciones.

Definitivamente ya he perdido la cuenta de las veces y con las personas con las que hemos ido. En todas estas visitas me vienen de nuevo recuerdos agridulces. Es posible que con los años los recuerdos se vayan volviendo más dulces. No lo sé. Esperemos que sí.



domingo, 10 de julio de 2016

Una Sol

Estamos de lleno en el verano. Y también en mitad del verano están plantadas mis vacaciones. Cuanto más cerca están más nervioso e impaciente me siento. No va uno contando los días pero los siente, está al caer. El calor, las horas de luz, la alegría por las calles, los niños en casa, ociosos, mi mujer también deseando que yo coja vacaciones para poder realizar actividades conjuntas. Todo lo que me rodea exige tiempo libre, horas de ocio, buscar alivio para el Sol que más quema.

Para sobrellevar esta espera, pocas cosas hay como disfrutar de una cerveza bien fresca, como por ejemplo una cerveza Sol. Esta cerveza mejicana es una de las lager más refrescantes por excelencia, además de una de las más extendidas junto con la Coronita. Como costumbre a ambas se les suele introducir en el cuello del botellín una rodaja de limón, que le ofrece un sabor más cítrico. Debido a esta peculiaridad es por lo que se suelen beber directamente de botellín.

A mi gusto es una cerveza demasiado suave, aunque muy refrescante. Su baja graduación alcohólica 4'5% permite dejarse llevar más fácilmente. De hecho en el botellín viene muy a las claras dicho que "está hecha con Sol, pasión y alma para un sabor refrescante".

Seguro que ya hace mucho que la han probado porque es una cerveza muy standard y se encuentra casi en cualquier gran almacén, y si tienen un poco de curiosidad en cuanto a cervezas hablamos pues ya sabrán de lo que les estoy hablando, y bueno, ya saben, estamos en esos calurosos días en los que -por lo menos a mí me pasa- importa más que sea refrescante a que sea muy sabrosa. Ustedes eligen.

domingo, 3 de julio de 2016

Un sueño hecho realidad

Después de regresar de mi personal tour de rock por la piel del toro, no deseo otra cosa que bucear de nuevo en todo aquello que viví. He descubierto grupos a los que conocía solamente de oídas con algún disco entresacado de sus discografías, también he consolidado grupos que me tenían ya hace tiempo agarrado de las orejas y sobre todo he subido un sólido escalón al concepto que ya tenía en una alta vitrina a lo que la música en directo significa. Pocas cosas hay tan emocionantes como la música en directo. Nada más demoledor que una onda de riffs de guitarra directa al pecho.

En apenas un mes he visto a Bruce Springsteen en el Bernabéu, a Radiohead, Sigur Rós o PJ Harvey en el Primavera Sound o a Biffy Clyro, Gary Clark, Jr y Neil Young en el MadCool, y, para terminar, con una noche en el siempre adecuado Teatro Cervantes con la música de John Grant. En estos días he dormido en hoteles y en colchonetas o sofás prestados por amigos, he tomado aviones de madrugada, AVEs, trenes de cercanías y autobuses, he esperado largas colas, sufrido grandes madrugones y sobre todo he estado muchas horas de pie, muchísimas. Esto que leen y que puede sonar a incomodidad y a cansancio, ha sido para mí como un sueño hecho realidad. Una experiencia vital en conjunto que no olvidaré.

Lo malo de todo esto es que lo veo algo irrepetible, pero lo bueno es que lo vivido me lo llevaré hasta  mis últimas cenizas. 

Pd: Todavía tengo pendiente algún directo (sonrisa socarrona).


jueves, 30 de junio de 2016

John Grant en el Cervantes

No había acabado de regresar a casa desde Madrid de disfrutar en el MadCool Festival y al día siguiente tenía otro concierto. En esta ocasión un concierto que había reservado casi un mes atrás. Mi cuñado y yo que mantenemos ciertas similitudes musicales sentíamos curiosidad por ver en directo a John Grant. Para un artista de nuestro agrado que se acerca por la Costa del Sol, no quisimos dejar escapar la oportunidad.

Hubo algo de decepción alrededor del concierto pero no corrió a cargo del artista americano, ni de nadie que estuviese en el Teatro Cervantes, que es donde se celebraba, sino de toda la gente que no fue. Se ve que John Grant no tiene suficiente reclamo para llenar el Cervantes, ni siquiera para medio llenarlo, aunque a mi juicio se llevó a cabo una publicidad muy escasa. Yo, que fui sin pensarlo, casi ni me entero.  El ritmo de entradas iba tan lento que llegué incluso a temer que pudieran suspenderlo, pero finalmente no fue así y pudimos ocupar nuestras butacas en segunda fila de platea y disfrutar de un estupendo espectáculo.

John Grant comenzó con Geraldine (uno de los temas que más me gustan) y Down here. También interpretó entre otras: Marz, Pale Green Ghost, Glacier y terminó el set con Queen of Denmark (que fue fabulosa), GMF y Dissapointing. Regresó en los bises y todavía interpretó Voodoo Doll, Drug y Caramel. Eché en falta que interpretara Global Warming, y grité por si me escuchaba y la tocaba, pero no pudo ser.

sábado, 25 de junio de 2016

En el MadCool Festival

La vida te da sorpresas. Y a veces, sólo a veces, son agradables. Días antes de partir hacia Chiclana participé sin ilusión en un sorteo de la MTV en el que se regalaban 10 abonos para el MadCool Festival de Madrid. Lo vi vía Twitter y para participar tan sólo había que perder un par de minutos. Al regresar de Chiclana y revisar mi correo me encuentro por email que era uno de los ganadores. No lo podía creer. Evidentemente no podía dejar escapar semejante oportunidad.

Así que el viernes por la noche preparé la mochila. El sábado madrugué y tras unos cuantos cercanías y un AVE nos recogieron en coche en Alcorcón a mí y a una pareja amiga con la que me uní en Atocha. Tiempo justo para ir a comer como es debido e irnos directamente al festival.

Casi sin pretenderlo me encontré en primera fila del escenario donde momentos después tocó primero Gary Clark Jr y después Neil Young + Promise of the Real. Un sueño hecho realidad. Neil  Young era uno de los grandes del rock que estaba deseando ver.

El concierto fue mágico, irrepetible. No sé explicarlo con palabras. Sólo se me ocurre decir que lo recordaré de por vida. Una reluciente luna llena fue testigo. Aún después tuvimos tiempo de ver a Biffy Clyro y tomar unas cervezas. Un amigo me dio cobijo por una noche en su casa y por la mañana, tras desayunar, regresé a las vías. El resultado fue un festival exprés. Casi más tiempo en transportes que escuchando música, pero sin duda valió la pena. Reencontrarse con amigos y escuchar buen rock en directo siempre es una combinación de lujo.
 
Mi amigo Iñaki (un grandísimo fan de Neil Young) y yo

miércoles, 22 de junio de 2016

Chiclaneando'16

Casi sin tiempo de deshacer las maletas después de regresar de mi particular escapada musical al Primavera Sound, al fin de semana siguiente, volví a meter, en esta ocasión, ropa de playa. Un fin de semana en Chiclana nos esperaba. La idea era pasar unos días de relax, pero desde el mismo principio el tema comenzó a torcerse.

El primer inconveniente vino por el pequeño de la casa, Miguelito, que mientras jugaba al fútbol en el cole, mientras regateaba -según cuenta-, pisó la pelota y al caer apoyó mal la mano y crack. Se fracturó el dedo índice. Escayola que te crió. Era un inconveniente más importante de lo que parece, porque ir con un niño inquieto de siete años con una escayola en el brazo (que no se puede mojar), a un hotel para estar todo el tiempo alrededor de una piscina no es buena cosa. ¿Pero qué hacer?

Una vez todo listo para  los poco más de doscientos kilómetros de distancia, justo en el momento de meter los bártulos en el maletero, mi santa observa que la rueda está desinflada casi completamente. Pinchazo al canto. Después de devolver todo el equipaje de vuelta a casa, después de cambiar la rueda pinchada por la rueda de repuesto, tuvimos que salir a buscar otra porque la que tenemos de repuesto no es suficiente para tanta distancia. En total más de dos horas de retraso. Llegamos al hotel tan tarde que ya no pudimos disfrutar de la piscina en la tarde del viernes. En fin.

El resto fue todo perfecto. Un clima envidiable, una habitación amplia y cómoda, un entorno paradisíaco, una compañía inmejorable, y abundancia de víveres. Como siempre descansar se descansó poco, pero pasarlo bien, lo pasamos estupendo. Hasta el año que viene. 



miércoles, 8 de junio de 2016

Primavera Sound 2016

Apenas dos semanas después de regresar de Madrid de disfrutar del concierto de Bruce Springsteen en el Bernabéu, el viernes pasado a primerísima hora de la mañana monté en un avión que me llevó a Barcelona. La idea era pasar un fin de semana de rock en directo. El que sepa un poco de lo que hablo sabe que estoy hablando del Primavera Sound. Un festivalazo.

Un buen grupo de amigos nos apuntamos a ver el Primavera Sound 2016. En mi caso suponía dos días de rock en directo. Rock del bueno. Para algún afortunado de ellos incluía alguna fecha más. Nos ubicamos como pudimos en Martorell, una localidad cercana a Barcelona, donde una pareja amiga ofreció su salón como dormitorio improvisado. 

Era mi primera vez en un festival tal cual. Ya estuve en Hard Rock Calling en Hyde Park, pero solo fui un día a ver a Pearl Jam, actuación que además coincidió con mi cumpleaños. Un viaje express de ida y vuelta casi justo después del concierto. No pillamos ni hotel.

Pero el Primavera Sound es otra cosa. Son muchos escenarios, y grupos tocando en directo a diestro y siniestro. No recorrí el recinto entero porque no fui a hacer turismo, pero es lo suficientemente amplio como para dar cabida a una decena de escenarios y tener que estar andando veinte minutos para recorrerlo de una punta a la otra. Imaginad.

Los conciertos que vi, algunos con mayor atención que otros, unos mejor colocado, en otros desde más distancia, algunos enteros otros no, fueron, si no olvido ninguno: 

 Viernes 3 de Junio
  • Ben Watt Band & Bernard Butler
  • Savages
  • Titus Andronicus
  • Beirut
  • Beach House
  • The Last Shadow Puppets
  • Radiohead
 Sábado 4 de Junio
  • Richard Hawley
  • Deerhunter
  • Moderat
  • Ty Segall and The Muggers
  • Sigur Rós
  • PJ Harvey
A PJ Harvey y a Radiohead los sigo desde hace años. Sigur Rós es una banda que sigo desde no hace tanto. La verdad es que la experiencia ha sido maravillosa. No sé si repetiré pero desde luego me encantaría.


domingo, 29 de mayo de 2016

Madrid - Bruce

Hacía bastante tiempo que tenía planeado una escapada a Madrid. La escusa era el concierto de Bruce Springsteen en el Bernabéu. Sí, las entradas esas que volaron en pocas horas. Tuve la inmensa fortuna de hacerme con un par de entradas. Una para mi cuñado Francisco (mi habitual acompañante de conciertos) y la otra, claro, para mí.

Pero ya que íbamos, la idea era aprovechar y visitar la capital. Fuimos a Madrid con nuestras santas, que se procuraron un par de butacas para asistir al teatro mientras nosotros disfrutábamos del Boss. Aparte del concierto y el teatro también disfrutamos de largos paseos por la capital y nos alimentamos como es debido. Visitamos además el Museo Thyssen-Bornemisza, tanto su exposición permanente como la temporal, que en esta ocasión era de Realistas de Madrid, donde pudimos contemplar estupendas obras de Antonio López o de Isabel Quintanilla entre otros. De la colección permanente necesitaría un blog específico sólo de ella, pero no estoy por la labor. Os libráis.

De lo que sí me gustaría hablar es de Bruce Springsteen. No he sido nunca un grandísimo fan del Boss, lo confieso, aunque sí he estado siempre atento a sus discos y me he comprado unos cuantos de ellos. Lo que más me gusta de él era su primera época, y después había ido perdiendo posición en mis elecciones musicales, pero en cuanto supe que el cantante de New Jersey vendría a España, donde ofrecería tres conciertos y uno de ellos en el Bernabéu donde hasta ahora nunca había disfrutado de ningún evento musical, porque futbolístico sí que he estado en varias ocasiones, pensé que era una buena oportunidad para verle. Además la gira con la que se presentaba era el aniversario de The River, uno de los discos de Bruce que más me gustan.

A Bruce Springsteen se le conoce como el Boss, y se le conoce así por algo. Es sorprendente lo que se entrega este hombre en directo. Desde el primer acorde comprendes que no se guarda nada, que lo que ves es lo que hay, y que no hay nada más, ni falta que le hace. No es el primer concierto que veo, lo aseguro, y como Bruce Springsteen en directo he visto pocos, por no decir ninguno. Además tiene un repertorio completísimo. Desde temas de rock grave y rotundo hasta baladas amargas y aterciopeladas. Un concierto de más de tres horas y cuarto. Sin interrupciones ni pausas innecesarias. Rock desde el minuto cero, hasta el último segundo. Luego la elección de las canciones podrá agradarte más o menos dependiendo de gustos. A mí desde luego me dejó claro por qué es el Boss.


sábado, 14 de mayo de 2016

Sólo se vive dos veces

Curioseando entre las carpetas de las películas pendientes tropecé con una que ponía Bond. De repente me acordé de aquella remota intención que me creé hace ya demasiado tiempo, de ver de manera lineal en el tiempo las películas de James Bond.

Ahora con esto de Internet es fácil comprobar fechas. ¡Aquello comenzó en 2009! Parece mentira pero no lo es. Y hasta la fecha de hoy sólo he alcanzado a ver 5 películas. Ya ven que no he puesto mucho empeño.

En esta quinta entrega del mejor agente del Servicio Secreto de su Majestad Británica, James Bond aún interpretado por Sean Connery, podemos ver como la lucha implacable por el poder, lleva a SPECTRE a superarse a sí mismo, y a Bond a exprimir sus habilidades al máximo. 

Alguno de los exteriores están rodados en Málaga, en aquellos ya remotos años de 1967. El tema musical como siempre es de primerísima calidad, y en esta ocasión está interpretado por Nancy Sinatra.

La película no defrauda y contiene todos los estereotipos que adornan la figura de James Bond. Ya saben, bellas mujeres a sus pies, siempre elegantemente vestido y peinado aunque se esté repartiendo tortas como panes, impasible e instintivo.

Además la película tiene efectos especiales de la época, que hoy sonrojarían sin duda a su creador. A mí me hace mucha gracia ver los gadget que siempre complementan la figura de Bond, porque con el paso de los años han degenerado en inverosímiles a la par que rústicos.

Ahora a ver si no tardo años en ver la siguiente.

jueves, 5 de mayo de 2016

Burn the witch - Radiohead

Hace tiempo que no les escribo sobre una canción nueva, pero hoy no voy a dejar pasar la oportunidad porque desde ayer ando literalmente enganchado a  Burn the witch, de la banda británica Radiohead.

Si les soy sincero los dos últimos discos de Radiohead me dejaron un poco frío. Si bien hay muy buenos temas, en general, como discos completos no terminaron de enarmorarme. Esto puede ser más error mío que otra cosa, pero así es. En cambio, el sencillo presentación de éste su próximo noveno álbum -a mi juicio- raya altísimo.

El comienzo es amenazador. Unas intrincadas escalas de cuerdas, rajando el silencio, un ritmo casi sobrecogedor, seductoramente oscuro, los platos de la batería acompañan de una manera hechizante, increscendo, el bajo con un cargante sonido metálico arrastrando un ritmo repetitivo, la voz de Thom Yorke, casi sinuosa, adelantando el desgarro que llegará como una vigorosa profecía, todo parece encaminarse a un salto al vacío, y el vacío llega, pero con una vaporosidad celestial, una voz delicada y soñadora, como sobrevolando inspiradoramente tanto una liberación como una condena. Es lo más parecido que he escuchado últimamente a una levitación hacia los cielos mientras lo que en realidad le espera es el infierno. Una redención imposible. Espera el sangriento y macabro infierno final. Es inevitable. Pero tengan cuidado porque el camino a la perdición es lo mejor. Los últimos treinta segundos son  una salida vertiginosa hacia la nada. No se lo pierdan, ni lo intenten. Salten al vacío y háganlo con los ojos cerrados.




viernes, 29 de abril de 2016

Como fuera de tiempo

A primeros de año nos sorprendió la triste noticia del fallecimiento de David Bowie, gran estrella del Rock y primerísima figura del Glam. Cantante de voz profunda y delicada, cristalina y desgarrada. Bowie será recordado por ser un vocalista colosal y aún mejor compositor. Fue camaleónico como nanide. Tenía la virtud de abarcar mucho territorio musical a pesar de su delgada silueta. Sabía como pocos meterse allá donde hubiera un lugar para la provocación y tenía un inusual y certero olfato para mezclar géneros. Su proyecto con Tin Machine me tuvo rendido a sus pies durante mucho tiempo y su primera época es tan innovadora como brutal. 

Al poco de fallecer Bowie comenzaron a realizarle homenajes -algunos, a mi juicio, muy acertados- y supuse que Prince podría interpretar una buena versión, no sé por qué pero lo pensé, simplemente me encajaba. Es difícil de explicar pero creo que existe un espacio común entre ambos. Sea lo que fuere, el príncipe de Minneapolis decidió hacer una pequeña versión en directo de un estribillo de una canción de Bowie, una de sus mejores canciones, Heroes, y la hizo casi a capella.  Una voz desnuda y cruda junto a las notas sueltas de un piano (YouTube está ahí para los curiosos). La letra la escribió Bowie pero Prince completó el sentido. Bowie lo soñó y Prince le añadió un significado. Ahora, con inesperada celeridad, ninguno de los dos sigue vivo y no me cabe duda que, como prefiguró Prince, ellos podrían ser héroes. Creo que Prince sabía que no le quedaba mucha vida por delante. Había comenzado a redactar su biografía y ya había sido ingresado por problemas de salud recientemente. Creo que Prince lo venía venir. De ahí esa versión tan descarnada de la versión de Bowie. Sólo por su significado ya me tiene hipnotizado.

Nunca llegué a disfrutar de un concierto de Bowie, pero sí tuve la fortuna de ver a Prince en vivo. Ocurrió en Marbella, en el verano de 1990 -ya ha llovido-. El príncipe del funk presentaba por el mundo su Nude Tour, además la banda sonora de Batman y su Batdance estaban en pleno apogeo. Yo andaba enamorado de los discos Lovesexy, Sign o' the times y Purple Rain y también de algunas canciones sueltas del disco que promocionaba, Graffity Bridge. Mantengo en el recuerdo varios momentos de aquel concierto. Especialmente el solo de guitarra de Purple Rain, o cuando tumbado sobre el piano con los ojos vendados interpretó The Question of U. Otros momentos que me guardo fueron las canciones de Nothing compares to U, Alphabet St, Kiss, 1999, o Partyman.

Ahora, como digo, ni Bowie ni Prince están vivos, pero su música será eterna. Permanecerán entre nosotros porque su música seguirá aquí, les sobrevivirá, y así llegarán a nosotros de nuevo. Ambos gozaban del áureo poder de parecer que estuvieran como fuera de tiempo.


miércoles, 20 de abril de 2016

París -Austerlitz - Rafael Chirbes

Normalmente no leo mucho sobre un libro antes de meterme en él. No leo entrevistas ni sinopsis que puedan destrozarme un buen final. Siempre que puedo evito spoilers -tan comunes hoy día en los trailers de las películas-. Cuando un libro me interesa no necesito que me cuenten mucho sobre él, especialmente en libros en los que me meto por el autor, como en este caso. 

Adentrarse en este libro es peligroso. No es un libro fácil de leer, no es fácil sentirse cómodo en él y no es fácil salir de él. No, definitivamente no es un libro fácil.

Es un novela sobre los sentimientos, sobre el olvido y los recuerdos, sobre la naturaleza y la sociedad, sobre la libertad en el amor, en las relaciones y en la vida. Pero también es un libro sobre las consecuencias, las consecuencias de las palabras, de los actos, de los pensamientos. Sobre lo que se dice y sobre lo que se deja de decir. 

Terminé el libro algo aturdido, incluso impresionado. Por la libertad de lo escrito, por lo crudo y doloroso, por conocer que contiene elementos autobiográficos. No lo esperaba. Me sorprendió. Aún no sé si para bien o para mal pero no me dejó indiferente.


lunes, 18 de abril de 2016

El final de temporada

Hace cosa de un mes la Liga de fútbol estaba prácticamente decidida salvo sorpresa tremenda de última hora. El Barcelona se paseaba por los estadios con soltura, multiplicando en el casillero puntos de tres en tres. Daba una sensación poderosa, de equipo grande, que podría marcar una época. Arriba un tridente magnífico, en el centro un equilibrio exquisito de toque, vigor y seducción, atrás la suficiencia necesaria. No se necesita más. Se respiraba una especie de aire de imbatibilidad. Se auguraban récords, un triplete y una alineación que se aprenderían con placer los aficionados.

Todo eso fue hace un mes. La tremenda sorpresa inesperada asomó la cabeza. La sensación poderosa de equipo solvente, el equilibrado reparto de papeles y el tridente de lujo se esfumaron durante unos pocos partidos. Un empate en campo del Villarreal, derrota en casa contra el Real Madrid, eliminados en Champions por el Atlético de Madrid -con remontada incluida-, derrota en San Sebastián, una perceptible sensación de cansancio, sin ninguna capacidad de reacción. Ayer, para colmo, perdieron en casa contra el Valencia, en unas de las peores temporadas históricas del Valencia (1-2). Un desastre.

Quedan 5 jornadas. El Barcelona, sin ningún tipo de distracciones europeas, mantiene la primera posición en el coliderato con el Atlético de Madrid, pero las sensaciones no son buenas. El Atlético de Madrid está inmerso en las semifinales de Champions, y golpea con fuerza jornada tras jornada. El Real Madrid está un punto por detrás de los dos y también sigue en la lucha por alcanzar el gran premio europeo. No está ofreciendo un juego preciosista pero está ganando a base de goles de sus atacantes.

Pase lo que pase, el final de temporada va a ser de vértigo.



jueves, 14 de abril de 2016

Homeland. Season 5.

Terminamos la quinta temporada de Homeland, y se puede decir que por primera vez en mucho tiempo estamos al día con una serie. En realidad esto es algo que incluso me desagrada. No me gusta estar al día en las series por no verme supeditado a los horarios, ni a los anuncios, ni a las fechas de estreno de las cadenas, pero sobre todo porque no tengo ahora mismo ningún capítulo nuevo al que echarle el lazo.

Si como parece la sexta temporada no la estrenan hasta el próximo otoño, me temo que me queda una larga espera por delante. Y más teniendo en cuenta que estas cosas suelen ir retrasándose.

Lo cierto es que esta quinta temporada la he disfrutado especialmente, y eso que el tema no es para disfrutarlo. No sabría decir si es la mejor de todas, pero sí es seguro una de las mejores. En realidad ya no me atrevería ha afirmar cuál me ha gustado más pues estoy comenzando a  mezclar los recuerdos de los inicios y finales de cada una de las temporadas. ¡Qué memoria tan juguetona tengo!

Me ha sorprendido mucho lo conectada que ha estado la serie con los lamentables acontecimientos que estamos viviendo. Otros alicientes a añadir de esta temporada es que se desarrolla principalmente en dos nuevos y atractivos escenarios, Berlín y Líbano. Se presentan en ella, como era de esperar, nuevos personajes y nuevas circunstancias: Otto During y su política integradora, la alargada sombra de Dar Adal, el nuevo trabajo de Carrie, las sospechas de Saul Berenson, los "encargos" que Quinn recibe, un pirata informático, una periodista sin escrúpulos, y un buen número más de personajes que van complicando y enriqueciendo la trama. Un aplauso a los guionistas.

jueves, 7 de abril de 2016

Donde haya que firmar

Los aniversarios se acercan de un año a otro con la misma puntual certeza con la que se alejan del anterior. Avanzan hacia el objetivo de la meta, con la misma precisión con la que se alejan. Nadie puede sentirse perjudicado por un cambio de planes, ni agraciado por un inesperado golpe de suerte. La medida es precisa, una vuelta completa de nuestro planeta alrededor del sol. Cuatro estaciones una detrás de otra. 365 días en un año corriente.

Sin embargo, a pesar de que es ciencia exacta, y de que pocos cambios han existido en tan longevo recorrido, llegado el momento, siempre nos pilla con cara de incrédulos. Casi sin comprenderlo pareciera que las manecillas del reloj han avanzado bastante más rápido de lo deseado. O al menos eso me parece a mí. Y ya no me sorprende tanto lo rápido que pasa un año, sino lo veloz que se van sumando. 

Hoy es mi aniversario de boda, catorce años compartiendo una vida juntos. El vértigo de los años pasados. Lo que se ha vivido y lo que queda por vivir. Las vivencias vividas y las vivencias por llegar. Lo imaginable y esperado y lo fortuito e imprevisto. Lo que se espera y lo que vendrá. Nadie puede saber lo que pasará, sólo se puede conocer, y con muchas reservas, lo que ya ha pasado. Poco se puede hacer, poco se puede pedir, ni soñar. Sólo dar las gracias a la vida por los años vividos y pedir otros catorce años por delante. Yo firmo donde haya que firmar.

sábado, 26 de marzo de 2016

Café Society

Hace ya un par de meses que se filtraron las primeras noticias del próximo film de Woody Allen. Se sabe que la película cuenta con Steve Carell, Jesse Eisenberg, Blake Lively y Kristen Stewart como nombres más sobresalientes. Se sabe también que comenzó a rodarse en Los Ángeles y seguidamente en Nueva York y que está ambientada en los convulsos años treinta americanos, como ya hizo el director neoyorquino anteriormente en Días de Radio o Balas sobre Broadway.

Esto es prácticamente todo lo que se sabe del nuevo proyecto. Es sobradamente conocido que Woody Allen pone el sello de Top Secret y es muy celoso con todo lo que rodea a su trabajo y tanto  los actores como el equipo de trabajo tienen prohibido desvelar nada sobre la trama, ni siquiera sugerir pistas ni indicios sobre ninguna cosa. Tendremos que esperar a mayo que es normalmente cuando se presentará la película en Cannes. Por esa misma fecha se adelantará el cartel y el trailer y ya, salvo sorpresas, no habrá ninguna novedad hasta mediados de julio o primeros de septiembre, que es cuando normalmente estrena el maestro.

Lo que sí ha trascendido es que la película se titulará Café Society. ¡Me encanta el título! Por si no lo saben (yo no lo sabía y he tenido que investigar por la red) Café Society es el nombre de un club muy famoso de Nueva York. Yo ya estoy frotándome las manos.




domingo, 20 de marzo de 2016

Instrumental - James Rhodes

Hace un par de días terminé de leer Instrumental, la atípica biografía del concertista de piano James Rhodes. Así, en principio, el tema no parece muy interesante, sino más bien un tostón. Podría pensarse que me he metido por los ojos, directo al cerebelo, doscientas setenta largas páginas de interminables notas y escalas interpretadas pirotécnicamente, pero nada de eso es cierto. Todo lo contrario.

Instrumental es una chispa revolucionaria en el rancio y añejo universo de la música clásica. Un intento alocado e imprudente, algo psicótico y trastornado, de intentar mantener el concepto pero cambiando las apariencias. Mantener la belleza deshojando la arrogante antipatía de un mundo encorsetado y maniatado por una industria conservadora, elitista y egoísta.  

Pero este libro también es un infierno, un drama, el sufrimiento de un niño de seis años violado durante años. Es triste, muy triste. Uno puede preguntarse qué llevó a ese hombre a abusar de un niño, y puede escuchar millones y millones de respuestas y ninguna, absolutamente ninguna acierta ni de cerca, porque es imposible creer que algo así puede tener ninguna justificación ni explicación. Ni siquiera la palabra enfermedad puede hacernos dudar. No puedo imaginarme el sufrimiento de alguien que pase por una cosa así. No puedo.

Las drogas, el alcohol, las autolesiones, el suicidio no son una salida apropiada nunca, pero puedo perfectamente entender cómo Rhodes logró salir increíblemente de la cerrada oscuridad de una vida maltratada, avasallada. Puede sonar cursi y pedante, pero sólo hay una forma de escapar. El amor. El amor a la vida. Encontrar ese anzuelo que tire de uno, que lo arranque de una realidad y le saque de ese pozo hacia otro plano, otra dimensión, donde poder respirar aire nuevo y finalmente ver la luz. Ese anzuelo puede ser el amor por otra persona, por la pintura  o qué sé yo. En el caso de de Rhodes el gancho fue la música y su Dios fue Bach. El proceso es de lo que trata este libro.


Este libro es un canto a la vida.

domingo, 13 de marzo de 2016

Arte callejero 36

Venía pensando que hace mucho tiempo que no les pongo unas de esas pequeñas obras de arte que una mano inspirada va dejando por las calles. Un graffiti de esos que sirven para conseguir que una triste pared de los suburbios de un barrio periférico, o un contenedor de basuras tras una esquina abandonada, o una escalera sin uso parezcan algo mejor de lo que podrían ser. Mejorar, porque el arte puede mejorar las cosas. La música, un poema, la arquitectura, la pintura, la escultura, cualquier representación artística por pequeña e insignificante que sea o parezca, puede no tener ningún sentido práctico, pero seamos conscientes o no, mejoran este mundo, de alguna manera casi mágica.


jueves, 3 de marzo de 2016

Tiempo libre

Lo que más deseo en este mundo es tener tiempo libre. Tiempo para comenzar el día con una larga ducha caliente, sin prisas ni urgencias, sin tener que medir los minutos en rebanadas de prisas para llegar en hora a ningún sitio. Tiempo para prepararme un café con calma, en silencio, y poder escuchar como el azúcar al echarlo en la taza se sumerge en el líquido. Tiempo para acudir al mercado a media mañana, para seleccionar con mimo los ingredientes para cocinar un almuerzo sin prisas, a fuego lento. Tiempo para charlar con mi mujer, mirándonos a la cara, disfrutando del almuerzo, no como esa especie de intercambio de información que llevamos a cabo mientras nos vestimos por las mañanas, o cuando vamos en coche, o cuando nos cruzamos al medio día, en el cambio de turno. Tiempo para elegir un libro que me acompañe en la butaca en esa inmediata hora después del almuerzo. Tiempo para poder despertar de una siesta que no haya buscado ni evitado. Tiempo al atardecer para pasear con las manos en los bolsillos, descansando la vista en el horizonte mediterráneo. Ansío tener tiempo para escuchar música con atención y sin interrupciones. Con dedicación.

Cada día que pasa el tiempo es más escaso y también más valioso. Conforme avanzamos en edad, menos nos queda, menos tiempo disponible tenemos ante nosotros y más a nuestras espaldas. Disponer de tiempo a veces es una lucha contra las distracciones. Los medios de comunicaciones, las llamadas telefónicas, los anuncios, los semáforos, las obligaciones... Todo nos roba tiempo, que infalible e infatigablemente avanza en nuestro perjuicio. Seleccionar en qué invertir nuestro tiempo es la verdadera esencia de la sabiduría de vivir. Por favor, no lo malgasten.
 

lunes, 29 de febrero de 2016

Carlota Fainberg - Antonio Muñoz Molina

Hacía tiempo que tenía pendiente la lectura de Carlota Fainberg de Antonio Muñoz Molina, por una razón u otra la fui demorando, nunca encontraba el momento justo para darle el primer bocado. Es un libro que no tengo en papel y lo había visto multitud de veces en las abandonadas estanterías  de la biblioteca local, pero siempre, sin saber bien el porqué  había antepuesto otros libros a él.

No me gusta leer con la urgencia de los plazos de tiempo como obligan los libros prestados de la biblioteca, y aunque es una novela corta y puede leerse fácilmente en una tarde despejada de ocupaciones, no veía esa tarde limpia de  obligaciones en el horizonte de mis días. Al contrario,  últimamente ando algo escaso de tiempo libre y con eso de que voy simultaneando distintas lecturas, la novela fue perdiendo sitio en la infinita lista de mis querencias.

Semanas más tarde, en casa de mi amigo Miguel, la volví a ver (qué casualidad), algo perdida entre grandes títulos, con esa portada tan sugerente. La saqué de entre el resto de libros, la tuve entre mis manos pensando cualquier día de estos te meto mano señorita. Mi amigo me preguntó si la había leído, le dije que no, que había leído bastantes de Muñoz Molina pero esa no. "A mí me gustó" afirmó mi amigo. Me senté en su sofá y leí el primer párrafo y de repente lo noté: una especie de calambre eléctrico, una pulsión de los sentidos, la señal que había estado esperando. Ya no había vuelta atrás.

Me la llevé a casa y la coloqué en la mesa de noche, pero no la  leí como lo había previsto, en una tarde amplia y silenciosa, pero sí en cuatro o cinco noches dispersas y despejadas. Y sí, también me gustó a mí. La encontré incluso divertida.


martes, 23 de febrero de 2016

Ser mejor

Una vez leí que aprendemos a ser competitivos antes que a ser exigentes. Y no hay que pararse mucho a meditar para comprender que es una afirmación muy cierta, desafortunadamente cierta. Vivimos en una sociedad competitiva, en una nación competitiva porque somos una raza competitiva, pero, en cambio, somos exigentes como individuos pero no como sociedad. Es así. En general, con ser mejor que el de al lado nos conformamos. Estamos felices y contentos si conseguimos superar al que tenemos cerca, que es bastante más sencillo que superar al que tenemos más cerca, porque nadie está más cerca de nosotros que nosotros mismos.

La clave de esto ocurra así -a mi juicio- es la satisfacción. Estamos satisfechos con ser mejores que nuestro vecino, nuestro compañero, o nuestra competencia y no es nada malo conseguirlo siempre y cuando los métodos sean éticos, pero, en realidad, lo  verdaderamente deseable sería que intentásemos ser mejor que nosotros mismos, mejorar como personas, superarnos, ser exigentes con nosotros mismos, independientemente de que seamos mejor que nuestro vecino o no. Esa superación personal es a mi parecer, en parte, una de las claves de la felicidad. El orgullo de saber que se hacen las cosas bien.

Saber priorizar la exigencia personal sobre la competencia social es el secreto encubierto para alcanzar la felicidad.
 

viernes, 19 de febrero de 2016

La guerra civil contada a los jóvenes - Arturo Pérez-Reverte

Éste es uno de los libros que me cayeron para los Reyes Magos. Se ve que los Reyes estaban muy atentos a las novedades y como saben que Arturo es uno de mis escritores más seguido pues decidieron regalármelo. Gracias de nuevo. Es un libro un tanto raro, pues es un resumen ilustrado de La guerra civil española, como su propio título señala, contada a los jóvenes. Yo la he encontrado demasiado breve y en ocasiones simple, pero supongo que es así como habrá que contárselo a los jóvenes. 

El libro  -siempre hablando desde mi insustancial punto de vista, pero mi punto de vista al fin y al cabo- es un quiero y no puedo. El autor cartaginés escribe a grandes rasgos de lo que hay que escribir pero profundiza poco, y en lo poco que ahonda es demasiado aséptico. Entiendo que es un tema delicado, sobretodo contando con que el autor ha sido multitud de veces señalado casi por todo lo que dice. De manera que no sé si será porque pretende dejar a todos contentos, o que no quiere una vez más ser tachado por todos los que se puedan sentir heridos, lo cierto es que al ir avanzando en el desarrollo de los capítulos da la impresión de que está contado sin salsa, es como tragarse una insípida pechuga cocinada a la plancha milimétricamente dividida, parte por parte, párrafo a párrafo, completamente mesurado y servido sin acompañamiento de ningún tipo y en un frío plato. Todo demasiado contenido, desde los antecedentes hasta las conclusiones. Al terminar el libro he echado de menos que pusiera eso de: y colorín colorado comieron perdices.

Lo mejor del libro a mi juicio son las espléndidas ilustraciones a cargo de Fernando Vicente. La edición en general está bien cuidada aunque quizás demasiado llamativa y colorida para mi gusto.