sábado, 30 de noviembre de 2019

Cala Vento en Theatro Club de Málaga

Justo la mañana siguiente después del concierto de Colspell y de haber descansado poco porque había trasnochado, mi amigo Íker me dijo que le sobraba una entrada para el concierto que Cala Vento ofrecía esa misma noche en la sala Theatro Club de Málaga, a la que yo, por una razón u otra, no había estado nunca. Las entradas estaban agotadas desde poco después de ponerlas a la venta. Estaba bastante cansado, pero me apetecía.

La sala Theatro Club de Málaga es chiquita y se llena enseguida. Un sitio privilegiado para disfrutar de un concierto. Cala Vento es un dúo catalán con muchas ganas, mucha frescura y con un aire entre alternativo forzado y hacer lo que te da la gana. Letras difusas de casualidades diarias y ritmos machacones y alegres... a veces. 

Comenzaron muy charlatanes, con muy buen humor, se veía que venían a pasarlo bien, el sonido fue perfecto, la voces estaban en forma. Mejor no podía empezar. Tocar la batería y cantar debe ser una de las cosas más complicadas de hacer al mismo tiempo. La verdad es que allí dentro, casi metidos en un hoyo, bastante centrados, con una cerveza fría en la mano, necesitas pocas cosas más para ser feliz.

Terminó el concierto y fuimos a dar la enhorabuena y pillar algo de merch a Cala Vento. Estuvieron súper accesibles, además también pudimos saludar a algunos de los componentes de Airbag, que estaban allí también disfrutando del concierto. Lo pasé estupendamente.

viernes, 29 de noviembre de 2019

Coldspell en el Louie Louie

Un miércoles de noviembre venían al Louie Louie Rock Bar de  Estepona la banda sueca Coldspell, con su guitarrista Michael Larsson a la cabeza y con Niclas Swedentorp a la voz -he tenido que comprobar varias veces que lo he escrito correctamente-.

Lo cierto es que no los conocía hace un mes, pero desde que supe que venían les presté el oído y me convencieron rápidamente, igual que yo convencí a Óscar, mi compañero metalero de conciertos. 

Las música en directo gana mucho y las bandas que tienen un buen guitarrista aún más. Así fue el caso de Colspell. Tenían programados cinco conciertos por España, el primero de ellos era esa misma noche en Estepona, con lo que tuvimos la fortuna del calendario de nuestra parte y los pillamos frescos y con ganas.

Realizaron un repaso a sus cuatro álbumes, tocando sus temas más conocidos, como Legacy, Forevermore o It Hurts, que fueron el trío de canciones con las que comenzaron el concierto. Tocaron Infinite Stargaze o Call of the Wind que les quedó muy bien. Terminaron el set con Time. Y a la vuelta de refrescarse con varios sorbos de cerveza, nos regalaron una estupenda Paradise y Straight things out.

Al final del concierto tuvimos la oportunidad de charlar con ellos, y lo cierto es que estuvieron muy pacientes y les compramos algo de merch, que hay que apoyar a las bandas en ruta. A ver si vuelven con un nuevo disco bajo el brazo.

domingo, 24 de noviembre de 2019

En un crucero

Despegamos desde el aeropuerto de Barcelona en un anaranjado amanecer sobre un mediterráneo plateado. Pudimos contemplar cómo el Sol iba ascendiendo, dando luz desde el este, acabando con las sombras sobres las cimas de las montañas, como un ejército implacable ganando terreno a un enemigo derrotado. Una imagen que empequeñece tanto como sobrecoge.

Aterrizamos en Málaga desde Barcelona y sin tiempo para desayunar y tras recoger el coche, nos dirigimos directamente hacia el puerto de la capital costasoleña, allí debería de estar el crucero que íbamos a visitar, pero no estaba. Supimos después que tuvo problemas para salir de otro puerto y por eso llegó algo tarde. Nos vino bien porque tuvimos tiempo de desayunar.

Esa mañana íbamos a visitar un crucero, el Norwegian Star, un barco construido en 2006 pero que había sido recientemente remozado en el 2018. La idea era enamorarte de una idea, de una forma de viajar, de descubrir horizontes, nunca mejor dicho. Para ello íbamos a conocer su forma de funcionar, ventajas y desventajas, conocer sus variadas opciones de restauración, así como los atractivos interiores del barco. Habíamos quedado con las hermanas de mi mujer y sus maridos para visitarlo.

Un casino, piscinas cubiertas y descubiertas, gimnasios, amplias zonas de esparcimiento, salones, tiendas, galerías de pintura, ascensores panorámicos, y muchos restaurantes, pero a mi juicio lo más impresionante es un amplio teatro donde se representan varios musicales las noches de cruceros. Poder conocer por dentro un crucero es una experiencia distinta.  No pudimos ver un camarote, porque el crucero iba completo, y esa fue la pena, pero sí pudimos almorzar y además invitados.

Abandonas el barco deseando tener alguna vez la posibilidad de realizar un crucero con la familia. Un sueño pendiente.



Escapada a Barcelona

Hacía meses que la web EstupidaFregona había programado un concierto tributo sobre Pearl Jam en la Sala Bóveda de Barcelona, por una banda creada para la ocasión que se hicieron llamar muy acertadamente The Foxy Mops. Un buen número de amigos míos desde muchos puntos de la geografía española decidieron quedar para acudir juntos al concierto tributo, todos ellos, entre los que me incluyo, bastante apretados -según mi mujer- de Pearl Jam. 

No me decidía a ir a la fiesta tributo porque equivalía a dos vuelos, una habitación de hotel, aparte de la entrada, gastos varios y tal, y especialmente porque llevaba un mes bastante cargado de gastos, pero mi amigo Víctor me avisó de una oferta en una compañía low cost con vuelos baratos  que resultó ser irrechazable. La idea planteada y económica era ir por la mañana temprano y regresar a la mañana siguiente más temprano aún. Ni veinticuatros horas en Barcelona. Lo justo para ir, estar  y regresar. Nada de turismo.

¡Así lo hicimos! Antes de las once de la mañana ya estábamos en el aeropuerto de El Prat. Unos amigos nos recogieron en coche y fuimos a pasar un día fantástico junto con un gran puñado de amigos compartiendo cervezas, parrilla y sobretodo muchas risas. Faltó tiempo para poder charlar todo lo que hubiéramos deseado. Después del café fuimos al hotel, soltar la mochila, darnos una ducha, y prepararnos para el concierto. El hotel estaba a apenas unos metros de la sala, con lo que casi no pateamos nada de Barcelona.

El concierto fue estupendo, buenas canciones, una muy buena banda interpretándolas, algunas agradables sorpresas, inmejorable compañía, muchas ganas de pasarlo bien y poco más se necesita. Todo muy bien organizado. Muchísimas caras conocidas y otras no tanto. Muchos conciertos por muchas ciudades. Reencontrarte en la misma ocasión con muchos amigos que consigues ver muy de vez en cuando, porque las distancias, los trabajos y la familia no siempre permiten quedar las veces que uno desearía. No vamos a quejarnos. That's life! Alargamos la noche más allá de lo que nuestro cansancio hubiera deseado. Pepi estaba reventada.  Y no disponíamos tampoco de mucho tiempo para descansar porque a las 7:30 de la madrugada ya estábamos en un avión de vuelta a Málaga. El resultado fue una escapada fugaz pero que conlleva recuerdos que ya son imborrables.


martes, 12 de noviembre de 2019

Andrea Motis Quintet en el Teatro Cervantes

¿Puede haber algo mejor que un lunes de noviembre para un concierto de jazz? Acudí al Teatro Cervantes de Málaga para disfrutar de un concierto de jazz a cargo de  Andrea Motis Quintet, incluido en el Festival Internacional de Jazz de Málaga. Mi amigo Miguel que comentó varias semanas antes que a él le gustaría ir a verla y yo que me apunto a un concierto sin que me empujen, allí me presenté. Tuve que hacer unos pocos de cambios en el trabajo, pero merecía la pena.

La semana anterior al completo y casi con exclusividad me la había pasado escuchando los discos de Andrea Motis, y también grandes standards del jazz, porque el jazz tiene esa viciosa cualidad de que una vez que te metes a escuchar cuesta trabajo salir.

No es usual ver a una voz tan joven como la de Andrea Motis en el circuito de festivales, aunque últimamente me parece que se está abriendo algo más las puertas por las jóvenes promesas. Lo cierto es que Andrea Motis no es ya una promesa, sino una realidad y yo diría que además bien consolidada, tanto a la trompeta como a la voz. El teatro colgó el cartel de todo vendido una vez más y pudimos disfrutar de un concierto maravilloso.

Se presentó acompañada de su inseparable contrabajo, Joan Chamorro, que es desde hace tiempo un grandísimo animador y presentador de nuevas promesas del jazz. Al piano un virtuoso como Ignasi Terraza, a la batería el batería con más pinta de batería que existe, Esteve Pi, y para completar el quinteto a la guitarra Josep Traver que te tiene una versatilidad de registros que te deja sin palabras. Ver el jazz es siempre entretenido, si además, se hace bien, se vuelve casi mágico.

Interpretaron temas clásicos como I'm an errand boy for rhythm de Nat King Cole, Afro blue de Mongo Santamaría al más delicado latín jazz, temas propios como Adéu,  de algo de bossanova o una delicadísima Mediterráneo.

A ver si en el próximo festival de jazz también puedo ir al menos a un concierto y se convierte en costumbre.

lunes, 4 de noviembre de 2019

Toundra en La Trinchera

Al día siguiente de ver a Gaby Moreno y casi sin tiempo de asimilarlo, tenía otro bolo previsto, pero esta vez en otra envolvente completamente distinta, un festival de sólo un día alrededor del rock potente nacional. Un festival de una sola fecha. Cuatro bandas. The Wax, Habitar La Mar, Elephant Riders y Toundra. Todo en La Trinchera. Uno detrás de otro.

Llevaba mucho tiempo esperando ver en directo a Toundra. Sus discos los he machacado decenas de veces en los últimos meses, especialmente el último disco, Vortex, y estaba deseando verlos en directo. Como se suele decir, contando los días.

Lo cierto es que fue una estupenda noche de rock. Elephant Riders me molaron mucho, al igual que Habitar la Mar, que los había escuchado poco. No llegué a tiempo para ver The Wax, una pena. 

De Toundra puedo decir que sonaron como una apisonadora de guitarras. Comenzaron con la intro de Vortex, y y justo después tocaron, Cobra, que es uno de mis temas favoritos, si no el que más. Para comenzar fue una bomba ¡Brutales! Rafa -que fue mi acompañante hardrocker de esa noche- y yo estábamos a sus pies ya desde el inicio. Siguieron  con la desgarradora Tuareg, la evocadora Bizancio, y temas ya clásicos como Cielo Negro o Magreb. Acabaron el set con la magnífica Mojave. El setlist está por la red.

Cuando regresaron para tocar el encore ya nos habíamos situado en las primeras filas. Me llevo en la memoria el fabuloso Cruce Oeste que se marcaron. Finalizaron con Ara Caeli, que son palabras mayores. Un concierto inolvidable. Tuve la fortuna y la habilidad de que Macón (el guitarrista con barba, para entendernos) me dio la púa con la que tocó el concierto y Alberto (el bajista) me dio una púa y por si fuese poco también  conseguí el setlist que me firmaron. Un lujazo que me guardaré por siempre. Me pillé un cd y una camiseta que luzco orgulloso en la foto que nos hicimos tras el concierto con Macón.


domingo, 3 de noviembre de 2019

Gaby Moreno en La Cochera Cabaret

El fin de semana siguiente del tremendo concierto que Mark Lanegan ofreció en Elche, fue el turno de Gaby Moreno en Málaga, en esta ocasión en un lugar mucho más a mano, en La Cochera Cabaret. Me apetecía, porque no es común que alguien con un Grammy se acerque a un local tan íntimo y cercano como La Cochera Cabaret, y bueno, sobretodo, porque tiene una voz maravillosa y grandes canciones. Se lo comenté a mi amigo Miguel, que siempre está presto para bellas voces y como esta vez el trabajo se lo permitía, pues se apuntó.

Gaby Moreno se presentó en Málaga con un formato trío, un batería, un bajista y ella a la guitarra y voz. Una presentación arriesgada, pero simple y muy atractiva. Tocó todos sus palos, agarró la guitarra acústica, también la eléctrica, tocó en trío y también en solitario. Cantó sus temas más conocidos y también temas para presentar su último disco, Spangled, pero también versiones de canciones universales, como Quizás, quizás, quizás o Cucurrucucu Paloma. No faltó un tema suyo titulado La Malagueña, que fue lógicamente muy bien recibido por los allí presentes.

Particularmente me gustaron mucho las versiones casi desnudas de los temas del último disco, que vienen envueltos en grandes arreglos y muchos acompañamientos, en cambio, con la sencillez del formato trío, a mi parecer, ganaron, al menos perdió la aparatosidad del disco para ganar en cercanía y sensibilidad.

Al acabar el concierto pude hablar con Gaby y comentarle que coincidimos en ambos apellidos. Fue una graciosa curiosidad que pareció que le agradó. Me firmó el disco que le compré como tocayo. Ojalá pueda volver a verla en directo.

jueves, 31 de octubre de 2019

Cartagena

Van pasando los años y las ciudades se van resistiendo. Varias veces he estado a punto de visitar Cartagena pero la ocasión por una razón u otra no se pudo cristalizar. Esta vez sí que se pudo hacer posible.

Era domingo y nuevamente el día había decidido despertar despejado de nubes. La idea era ir a Cartagena justo después del desayuno para poder disfrutar de las excepcionales vistas de la Bahía de Cartagena desde lo alto del Castillo de la Concepción. Y así lo hicimos. Subimos dando un esforzado paseo y pudimos contemplar con un corto giro de cuello a un lado el Teatro Romano junto a los restos de la Catedral de Santa María la Mayor y al otro el Puerto Deportivo y toda la bahía. El tiempo reposaba como el Mediterráneo reposaba frente a nuestros ojos. Podríamos habernos quedado toda la mañana viendo el perezoso navegar de pequeñas embarcaciones abandonando el puerto quién sabe a qué incierto destino. Mi pensamientos quedaron ensimismados en divagaciones novelescas como cuántas embarcaciones pudieron partir desde aquí y cuántas alcanzaron el puerto como refugio natural o fin de sus días. ¿Cuántas vidas se quebraron partiendo desde aquí?  ¿Cuántas desaparecieron teniendo Cartagena como designio final de sus destinos? 

Bajamos a contemplar el Palacio Consistorial y bajamos junto a la Plaza Héroes de Cavite hasta  el Paseo Alfonso XII, paseamos  hasta la Plaza de la Isla y regresamos esta vez por la otra acera. Se estaba realizando una carrera urbana y el paseo estaba muy animado. Cruzamos delante del Museo Nacional de Arqueología Subacuática, yo hubiera accedido pero ni los niños ni Pepi estaban muy por la labor, en cambio tomamos un refresco sentados a la terraza del Restaurante Mare Nostrum. Desde la terraza se podía ver todo el perfil de la Muralla de Cartagena. Preguntamos dónde podíamos encontrar el famoso submarino de Isaac Peral,  porque yo tenía entendido que estaba en la Plaza del Puerto de Cartagena, pero nos dijeron que eso era antes, desde que hace unos años ya que ahora está en el Museo Naval. Nos acercamos a verlo pero estaba cerrado sin embargo pudimos contemplarlo desde el exterior a través de una amplia cristalera desde donde se puede ver completamente.

Continuamos nuestro descubrimiento de Cartagena subiendo desde la Plaza del Ayuntamiento por toda la Calle Mayor, donde conviven una gran cantidad de edificios modernistas de finales del siglo XIX. La Casa Cervantes el Gran Hotel o el Casino son una bella muestra de ellos. Ya iba siendo hora de dejar atrás la cuidad a la que Cartago dio su nombre. Regresamos al coche e iniciamos nuestro regreso a casa. Había más de cuatro horas de carretera hasta llegar a casa pero antes había que parar a almorzar algo. Paramos en una venta a comer y ya no paramos más hasta llegar a casa.

Ésta fue una escapada imprevista, que no teníamos ni siquiera en mente a realizar en un futuro cercano ni lejano, pero mi pasión por la música de Mark Lanegan -cuyo concierto bien puede entrar entre mi Top 10 de siempre, que se dice pronto- los amigos que tengo por Elche y Murcia y mis ganas por descubrir horizontes se unieron y lo hicieron posible.

miércoles, 30 de octubre de 2019

Murcia

Nuestro hotel en Elche estaba muy céntrico, quizás demasiado, porque Pepi dijo que esa noche se había despertado en varias ocasiones por ruidos desde la calle que la despertaban, que si el chirriar de las ruedas de un coche, gente gritando por las calles, o una moto con un tubo de escape estruendoso. Yo, lo cierto, es que no me enteré de nada. Desde el momento en el que cerré los ojos caí en ese letargo incierto en el que nada recuerdo. Pero la selección del hotel estaba justificada por la cercanía al Gran Teatro de Elche y por el poco tiempo que disponíamos para estar a la hora para el concierto de la noche anterior de Mark Lanegan.

Aún así despertamos relativamente pronto, desayunamos en el hotel, pues teníamos lo teníamos incluido y pusimos rumbo a Murcia. Entre nuestro hotel y el aparcamiento junto al ayuntamiento de Murcia se tarda una hora aproximadamente, tiempo que sirvió a Pepi como prórroga del sueño interrumpido de la noche anterior.  La Casa Consistorial de Murcia es atípica, da la sensación de estar contemplando un edificio del suramericano, un reloj centrado en un amplio frontón sobre estilizadas columnas corintias y el llamativo color asalmonado así como la balaustrada en la cubierta lo sugerían. 

El día era estupendo, la temperatura fantástica y todos estábamos con muchas ganas de pasear por Murcia. Accedimos a la Plaza del Cardenal Belluga por la Calle del Arenal, entre el Palacio Episcopal y el Ayuntamiento. Desde el centro de la plaza, en un lado está la fachada principal de Catedral de Murcia de estilo barroco, en el otro extremo de la plaza el Edificio de Moneo, si se me permite el símil cinematográfico, la Bella y La Bestia de la ciudad.

Accedimos a visitar el interior de la Catedral, alquilamos unas audioguías a la entrada e hicimos el recorrido recomendado. Nos empapamos de su Historia, de sus destacados aspectos arquitectónicos y admiramos sus capillas, el coro y el famoso sepulcro de Alfonso X El Sabio, donde supuestamente se encuentran su corazón y sus entrañas. Al finalizar la visita rodeamos la catedral al completo por el exterior para ver con detalle las distintas puertas barrocas y la torre.

En la parte posterior, junto a la plaza Hernández Amores estaba la confitería Roses donde probamos unos pasteles de carne, que es típico y teníamos ganas de probarlo, y además nos sirvió como tentempié de camino a visitar el Real Casino, que aunque es un edificio de ámbito privado mantiene un régimen de visitas turísticas. Es un edificio muy singular por mantener una arquitectura muy heterogénea. La fachada es modernista, el patio es árabe, el vestíbulo barroco e incluso incluye una biblioteca de madera, o un patio pompeyano de estilo neoclásico. Es en realidad un batiburrillo de estilos aparentemente sin ton ni son pero que ciertamente, en conjunto, a mi parecer, es elegante. A Sofía le encantó visitar un salón de baile.

Salimos del Casino y fuimos a pasear. Era sábado la calle Trapería estaba abarrotada. Llegamos a la Plaza Santo Domingo, cruzamos por el arco hasta llegar al Teatro de Romea. Seguimos callejeando hasta llegar en la Plaza Santa Catalina y la Plaza Flores. Todo Murcia parecía estar allí. Encontramos una mesa libre en una terraza y me tomé una cerveza fría con una tapa de ensaladilla rusa, que la sirven sobre un rosco de piquito de pan. Pasamos un buen rato allí descansando. Bajamos en dirección del Mercado de Abastos pero como ya era tarde no entramos.  Nos acercamos a contemplar el río Segura por el Puente de los Peligros.

Había llegado el momento de ir a almorzar a un buen sitio y como un amigo me había recomendado ir a La Pequeña Taberna, pues no me compliqué más. Allí nos plantamos. Lo cierto es que comimos de maravilla. Probamos sus famosas alcachofas de la abuela, unos caballitos de langostinos, los huevos revueltos de Miguel, una buena carne a compartir  y de postre los famosos paparajotes murcianos. Todo delicioso. Si vuelvo a Murcia no voy a tener que complicarme. Pedí un café y la cuenta. Nos despedimos dando un pequeño recorrido por el centro de Murcia de vuelta y pusimos rumbo de vuelta a Elche.

En Elche se celebraba una especie de mercado medieval y no cabía ni un alfiler. Era una curiosa mezcla de mercado tradicional y feria. Habíamos quedado con unos amigos que se acercaron a Murcia y conocimos a su pequeño, que estaba para comérselo. Tomamos unas cervezas y charlamos un buen rato, pero se tuvieron que ir pronto porque bueno, los niños pequeños son así, tienen sus rutinas y es mejor no ir cambiándolas.

Nosotros aún continuamos un rato por el centro, rodeamos la Basílica de Santa María y la Torre de la Calahorra, cerca del Museo Arqueológico frente al palmeral. Incluso nos tomamos un gofre como cena. Ya el largo día comenzaba a pesar y decidimos que iba siendo hora de recogernos, así que dando un pequeño e intencionado rodeo llegamos al hotel para descansar.

martes, 29 de octubre de 2019

Mark Lanegan en el Gran Teatro de Elche

Desde hace años que tenía como espinita no ver a Mark Lanegan en directo, aunque esto no es del todo cierto, porque hace unos años lo vi como telonero de los Guns N' Roses, en el Vicente Calderón de Madrid, pero el sonido no fue nada bueno y desde entonces guardo un incómodo recuerdo del concierto de Lanegan.

Cuando Mark Lanegan presentó su gira española, el concierto que mejor me venía era el de Elche, especialmente porque era un viernes. Lo hubiera preferido un sábado, para no tener que ir tan ajustado, pero era casi la única posibilidad real de ir a verlo. Además también tenía pendiente varias ciudades de los alrededores por visitar. Para más inri tengo varios amigos que se animaban a ir a al concierto de Elche, y decidí que era una oportunidad de matar unos cuantos pajarracos de un solo tiro. El mismo día que se pusieron a la venta las entradas, mis amigos se encargaron.

El día antes había estado en el concierto de Supersuckers y Airbourne. La vida se presenta así, a veces pasan semanas sin actividades y de repente te coloca dos de las más atractivas una seguida de la otra. La idea era salir de trabajar el viernes, ir a casa, meter las maletas en el coche, recoger a los niños y a Pepi lo más rápidamente posible y sin perder un minuto tirar para Elche. Paramos en la venta Talillas a la hora del almuerzo para comer un suculento arroz caldoso y seguimos sin demora. El trayecto desde Fuengirola hasta nuestro hotel en Elche eran unas cuatro horas y media, si no había ningún contratiempo. Apenas tuvimos tráfico, tan sólo una vez en los accesos a la ciudad. Finalmente llegamos al hotel, soltamos las maletas, aparcamos el coche, y a pocos pasos del hotel estaba el Teatro. Aún nos dio tiempo de presentarles a mi mujer y niños y tomar unas cervezas con los amigos antes del concierto. El telonero era Simon Bonney y no me lo quería perder. Mi mujer y los niños se quedaron por el centro y yo encaminé mis pasos al concierto.

El Gran Teatro de Elche es coqueto y hermoso. Mi asiento era en una butaca en platea con magnífica ubicación, probablemente la mejor posible: fila 1, butaca 1. Parecía que Mark Lanegan estaba tocando sólo para mí. El concierto fue maravilloso. Me lo voy a llevar pegado a la memoria por siempre. Hay un momento preciso que recuerdo perfectamente. Cuando tocó Bleeding Muddy Water el Teatro flotaba, el tiempo avanzaba, porque la canción arrastraba sus notas, pero mi vida se había detenido. Desde el mismo instante en que acabó un profundo aliento me regresó a la vida, había estado inmerso en un limbo de intensidad musical, flotando en una especie de lugar sagrado, casi místico, donde la música inunda tu ser y te atrapa completamente. Te hace suyo. En cuanto el envolvente ritmo de la canción cesó se introdujo en el fichero de mi memoria donde pone momentos estelares de mi vida. Brutal.

Al acabar el concierto pude saludar a Mark Lanegan y darle las gracias, y pedirle que me firmara el setlist. Me dijo que me llevaba sus secretos. Después junto con mis amigos pudimos tomarnos aún algunas cervezas que hicieran más llevadera la vuelta a la vida terrenal.

lunes, 28 de octubre de 2019

Supersuckers y Airbourne en París 15

Ver a Supersuckers y a Airbourne en directo en la misma noche, fue una verdadera sorpresa. Dos bandas completamente distintas en muchos conceptos tocando juntas compartiendo escenario. Bueno, unos antes y otros después. Supersuckers se presentaron con ganas de liarla en formato trío, Eddie Espaguetti con su icónico bajo y su inconfundible voz rasgada, Metal Marty a los mandos de su sucia guitarra  y a las baquetas Chango con su enorme y achivada perilla. 

La banda de Tucson ostentan ese rock sucio, muy garage, a veces punk, que en contadas ocasiones también suenan country y que mezclado todo junto les confiere un sello sumamente distintivo. Se presentaron con muchas ganas y buen humor. Francisco y yo habíamos conseguido una buena situación cerca del escenario. Tocaron muchos de sus temas ya clásicos y también algunos de los temas de su último disco. El sonido fue bueno, aunque a mi juicio les faltaba algo de volumen. 

Seguidamente tocaron Airbourne, que tienen un show muy dinámico e hilado. Para nada aburrido. Uno se pregunta cómo puede Joel O'Keeffe gritar de esa manera, noche tras noche, sin que se le resienta la garganta, porque vaya manera de forzar la voz a la hora de cantar. Comenzaron como intro con el tema de Terminator 2. Con la famosa melodía pisaron el escenario, agarraron las guitarras, melenas al viento y a rockear con Raise the Flag, que como comienzo es una bomba. Luego vinieron Too Much, Too Young, Too Fast, Girls in Black -que es unas de mis favoritas- y prácticamente todos sus temas más conocidos.

El show tiene un momento en el que Joel, que está descamisado todo el concierto. se sube a hombros de uno de su personal de escenario y se da un paseo sentado sobre sus hombros tocando la guitarra entre el público. Otro momento relevante es en el que reparte cervezas lanzándolas en vasos de plástico desde el escenario, y otro en el que también brinda por... bueno, creo que es mejor que vayan a un concierto de Airbourne y lo disfruten. ¡Francisco y yo lo hicimos!

El sonido fue estupendo y la verdad es que nos fuimos con una amplia sonrisa en la cara. La satisfacción de haber disfrutado de dos buenos conciertos. ¡Hasta la próxima!