sábado, 5 de diciembre de 2020

Los asquerosos - Santiago Lorenzo

Después de leer Patria de Fernando Aramburu me apetecía llevarme a los ojos algo más alegre y divertido. Me decidí por un libro que me habían recomendado varios amigos, Los asquerosos de Santiago Lorenzo, que además suponía mi primer contacto con el autor de Portugalete. Acerté. Perdón, acertaron.

Comencé a leer con curiosidad y atención. Los asquerosos comenzó como un libro muy divertido sin duda, que aparentemente cuenta una historia sencilla, algo estrafalaria y alocada pero que te arranca carcajadas desde las primeras páginas. Hay un asesinato, pero no es un thriller, aunque en parte sí, hay una huida, pero no es para nada un libro de aventuras, aunque el personaje principal, Manuel, es un aventurero de tomo y lomo. Entre sus párrafos hay una crítica a la actual sociedad de consumo, y se defiende la austeridad extrema, siguiendo la máxima de que no es más feliz aquel que más tiene, sino el que menos necesita. La supervivencia es casi la única satisfacción final.

Conforme se avanza en la lectura uno comprende que es un libro muy particular, donde el lenguaje es tremendamente original, llegando incluso a ser rebuscado, gustosamente rebuscado porque al menos en este blog se aplaude la imaginación. Los personajes parecen caricaturas, o quizás son caricaturas de las que se crean personajes. 

Lo recomiendo para que ninguno de ustedes se conviertan en ... mochuflas. ¡Si no lo son ya!

 

lunes, 9 de noviembre de 2020

Paseos

La nueva normalidad parecía que iba ganando terreno a los cansinos y tristes días de confinamiento. Y aunque las mascarillas y los geles de mano seguían siendo una accesorio habitual en el día a día, poco a poco fuimos atreviéndonos a realizar algunas actividades.

Decidimos ir a visitar las marismas del Guadalhorce. Habíamos oído hablar sobre una pasarela de madera que cruza el rio Guadalhorce a la altura del Palacio de los Deportes Martín Carpena, además habíamos escuchado que había varios observatorios de aves cercanos donde poder avistar con tranquilidad y sin molestar a las aves. Así que ni cortos ni perezosos allí nos acercamos. 

La pasarela forma parte de la Senda del Litoral que hemos recorrido en muchos tramos, pero no precisamente ese. Visitamos dos de los observatorios, el de Laguna Escondida, que sin embargo fue el primero que encontramos y después el Observatorio de Laguna Grande, desde donde pudimos ver algunos flamencos, aunque no eran de color rosa, lo que provocó una decepción en Sofía, que se los esperaba del color que los ha hecho tan universales. También avistamos cormoranes, que si bien ninguno de nosotros es ni de cerca un avezado ornitólogo, sí nos informamos antes de acudir con la intención de poder distinguir  por comparación algunas aves, aunque fuese con ayuda de algunas fotografías. Me quedé con las ganas de disfrutar de la malvasía cabeciblanca, que es una especie de pato de cabeza blanca, con pico de color azulado. La desembocadura del Guadalhorce se ha convertido en un enclave ecológico único para el avistamiento de ciertas aves. Después de la gran caminata, regresamos al coche, y por el paseo  marítimo de Málaga, a la altura de la Playa de la Misericordia, antes de La Térmica, repusimos fuerza rellenando el buche en una terraza antes de regresar a casa.

El fin de semana siguiente ya le habíamos cogido afición a esto de salir a caminar. La idea era ir a pasear, dar una buena caminata, ver algo interesante, picar algo en alguna terraza y regresar a casa.  En esta ocasión decidimos ir a pasear pero sin tanto ánimo ornitológico, la excusa era más bien gastronómica. 

Fuimos a pasear por El Palo, que es una de las zonas de la capital que tenemos menos visitada. Aparcamos cerca de una calle muy próxima a la costa que estaba plantada de enormes árboles eucaliptos, que me recordaba a la amplia zona de eucaliptos que había en Fuengirola junto al antiguo zoológico, lo que es ahora el Parque del Sol, donde ubicaban un mercado y mi madre me llevaba para comprar frutas y verduras.  Comenzamos por el paseo marítimo a la altura de Pedregalejo, paseando delante de un mar en calma, que bañaba con su tímido oleaje las orillas en forma de conchas de los Baños del Carmen. Miguel afirmaba que eran unas playas muy buenas para venir con niños pequeños porque al estar muy recogidos y tener poca profundidad podrían disfrutar del agua a sus anchas.

Al final del paseo está El Tintero, del que tengo muy gratos recuerdos, porque allí fui con mis abuelos casi la última vez que comimos juntos. Después deshicimos el camino completo, pero con un helado en la mano y el caminar más lento. Porque los niños siempre caminan más ligero cuando tienen el apetito abierto y saben que lo pueden saciar al final del trayecto.


sábado, 17 de octubre de 2020

Una escapada a Cádiz

Los datos de los contagios estaban bajado relativamente sus números alarmantes, se consiguió doblegar la curva de contagios, con muchísimo esfuerzo y el gobierno decidió flexibilizar el confinamiento. Estaba permitido salir de la provincia y decidimos hacer una escapada de una sola noche a Cádiz. Los niños han estado varias veces en la provincia de Cádiz, pero nunca en la capital.

De manera que despertamos temprano, levantamos ancla y pusimos rumbo a Cádiz. Hacía un día espléndido. El cielo era una sábana celeste y el sol lucía poderoso presidiéndolo todo.  La intención era llegar pronto, aparcar el coche y patearnos la Tacita Plateada de cabo a rabo. Como Pepi y yo ya habíamos estado antes en Cádiz,  decidimos llevar a los niños a visitar la Torre Tavira, que creímos que les iba a gustar, como así fue. Tuvimos que hacer reserva porque en algunos horarios se estaban agotando las plazas, ya que en estos tiempos todos los aforos se han visto reducidos y tuvimos que coger la visita para la tarde.

Antes de dirigirnos hacia la Torre para disfrutar del efecto óptico que encierra teníamos tiempo de realizar algunas visitas. La primera fue el Monumento a la Constitución de 1812, en la Plaza de España de Cádiz. Rodeamos la frondosa plaza y nos hicimos unas cuantas fotos frente al majestuoso monumento que guardaremos como recuerdo de nuestros primeros pasos por Cádiz. Pepi y yo aprovechamos la visita para  tratar de explicarle a los niños un poco de la historia alrededor del acontecimiento que el monumento homenajea.  Esperemos que sirviera de algo. Al terminar cruzamos hacia los jardines de la Alameda, con la idea de dar un pequeño rodeo, para poder ver el máximo de cosas en el camino. Desde la balaustrada que sirve de mirador al Atlántico se veía el Puerto de Santa María y en medio flotaba un gran buque, el cielo y el mar compartían a la altura del horizonte la misma tonalidad de azul y el buque daba la sensación de estar posado en el cielo. El mar estaba completamente en calma. Sólo unas pocas embarcaciones parecían desplazarse lenta y suavemente. Se respiraba una especie de lenta dejadez, parsimoniosa que siempre da la impresión de estar instalada en Cádiz.

El jardín lucía precioso. Los jardineros del Parque Genovés se ganan bien su sueldo y aparte tienen una innegable vocación artística. Al César lo que es del César.  Abandonamos el parque y decidimos cruzar vagabundeando por las callejuelas que van al Mercado de Abastos, que si bien, al ser domingo, sabíamos que iba a estar cerrado, al menos sí íbamos a encontrar abiertos los puestos que venden tapas típicas en la plaza central. A la hora que era y tras la larga caminata ya traíamos apetito. Picamos tortillita de camarones, tarantela de atún, ensaladilla rusa de gambas y unas croquetas de retinto, pero no nos podíamos entretener mucho porque teníamos la visita de la Torre Tavira reservada.

Para todos aquellos que no las hayan visitado la torre y sólo la conozca de oídas o de haber pasado por su puerta, habría que advertirles que la Torre Tavira puede parecer engañosa. No parece tan alta pero lo es, no parece gran cosa, pero lo es. Desde la terraza las vistas son inmejorables y la visita a la cámara oscura es sorprendente a la vez de educativa. A todos los que tengan buenas piernas y ganas de subir escalones es, a mi juicio, una visita obligada en Cádiz, especialmente si es la primera ocasión en la que se visita la capital, porque da una vista muy completa de la ciudad.

Después de la visita paseamos por el centro histórico, la Calle Pelota, la Plaza San Juan de Dios, donde está el Ayuntamiento, y también realizamos la visita del interior de la Catedral. La visita incluye una audioguía que se nos hizo un poco larga. La tarde estaba llegando a su fin. Bajamos al paseo del Vendaval desde donde hay un tramo donde, hacia un lado se disfruta de unas estupendas vistas a la catedral, y hacia el otro lado, según la hora, se puede contemplar cómo el sol se  disuelve en el Atlántico. Hicimos fotos preciosas ahí.

Aletargados por tan conmovedora estampa nos acercamos al barrio del La Viña donde hay innumerables bares donde picar algo para terminar el día. Después de llenar algo el buche regresamos paseando haciendo camino hacia el hotel. Descansamos en el hotel cerrando los ojos asimilando que esa ciudad fue mil veces conquistada y mil veces defendida. Fue bombardeada desde galeones, invadida calle a calle y corrió la sangre y el oro por sus callejuelas. Todo lo ocurrido también ocurrió allí.

A la mañana siguiente, tras desayunar en el hotel, nos dirigimos frente a la fachada neoclásica del Ayuntamiento, donde habíamos sido citados para iniciar un recorrido con guía turístico, que fue muy simpático y chistoso, a la par que nos contó muchas de las historias singulares que envuelven los diferentes edificios, monumentos o calles que visitamos.

El recorrido duró más de tres horas, y hubo mil anécdotas y comentarios que no tienen cabida en esta entrada pero el itinerario a groso modo incluyó  el Callejón del Duende, la Plaza de la Catedral, la calle Compañía, la Plaza de la Candelaria con la triste noticia de que estaba cerrado el Café Royalty, la Calle Sacramento, la Plaza de las Flores, el edificio de Correos, el Mercado de Abastos, el Gran Teatro de Falla donde incluso nos cató una copla, y desde allí hasta la Playa de La Caleta, junto a la Facultad de Cádiz, donde hay un par de ficus centenarios enormes. Allí acabó la entretenida visita.

Decidimos regresar al Barrio de La Viña para reponer fuerzas. Ya estaba acabando nuestra jornada en Cádiz. De camino al hotel procuramos cruzar por la Plaza de San Antonio, contemplar la atractiva fachada de la Casa Palacio de Aramburu, y por la Plaza de Mina para pasar por delante de la Casa Natal de Manuel de Falla.

De vuelta al céntrico hotel Argantonio, recogimos las maletas, las metimos en el maletero del coche, cruzamos lentamente por el impresionante Puente de la Constitución y ya lo único que nos quedaba por delante eran los algo más de 200 kilómetros de asfalto que unen una ciudad con tanta historia con nuestra casa.

sábado, 10 de octubre de 2020

Patria - Fernando Aramburu

Hace años que leí Los peces de la amargura y me encantó. Es un libro crudo donde Fernando Aramburu explica, en forma de relatos, cómo en el País Vasco las voces fueron silenciadas por la vergüenza, el miedo y la sinrazón. Todo aquel doloroso ambiente está acertadamente descrito en sus páginas. Pasó el tiempo y el libro seguía todavía dándome vueltas en la cabeza. Leí otros libros por medio, e incluso otros libros de Aramburu, pero aquel primero es uno de los que más se acercaba a tocar en la puerta de mi memoria. Aquello que fue para mí un libro maravilloso, fue también para Aramburu el germen de otro libro alrededor de la misma idea, pero con más profundidad y probablemente la que es hasta la fecha y a mi juicio su obra maestra: Patria.

Desde antes incluso de que se publicara Patria supe que era un libro que quería leerme. Pepi me lo regaló y lo coloqué en la estantería con la intención de darle algo de tiempo. Lo hago a menudo. Es un tema duro, difícil y tenía que encontrar el ánimo adecuado. Cada libro espera su momento en las estanterías de casa, luego yo los voy viendo, los voy redistribuyendo de un lado a otro, recolocándolos a mi antojo. A veces algunos se mantienen varios años en el mismo lugar, otros en cambio van cambiado de ubicación cada poco tiempo. No hay un orden ni una distribución precisa, ni siquiera una querencia premeditada, cuando termino un libro o incluso antes me doy una vuelta por las estanterías, pasando la mirada por el lomo, esperando un clic que me haga seleccionar la siguiente lectura. En ocasiones elijo varios, los llevo a la mesilla de noche, y los tengo allí varios días, les doy un par de vueltas, disfruto de las portadas, leo las sinopsis y algunos regresan de nuevo a la estantería. Al mismo sito o a otro. Es una selección nada democrática ni consensuada, es simplemente arbitrario, una elección que depende de mí y solamente de mí y ni yo sé bien cuáles son las razones de la decisión.

Aramburu vino a Málaga hace unos tres años a presentar Patria en La noche de los libros. Una entrevista, charla o coloquio alrededor de la novela, presentada por Juan Cruz. También en su momento hablé de ello aquí. Asistí con Pepi, y tras la tertulia ella se sintió más atraída por leerse el libro. Así que se lo leyó y le encantó. Al año siguiente empezó a anunciarse una serie de televisión basada en el libro. Una miniserie que la llaman ahora. Tenía muy buena pinta. Así que una cosa me llevó a la otra y me lo leí: maravilloso. Altamente recomendable, pero no es nada nuevo. Ha obtenido múltiples premios y fue uno de los libros más vendidos del año por algo. Seguidamente vimos la serie en casa. También nos gustó. También la recomiendo.


sábado, 19 de septiembre de 2020

El comienzo deseado

El comienzo del curso en casa fue como un salto al vacío, una chispa en el zeppelin Hindenburg,  o la estruendosa erupción de un volcán extinto. El maldito coronavirus había tirado por tierra el final del curso anterior. Fue el fin de las clases presenciales, del viaje de fin de curso y la graduación de nuestro hijo Miguel, todo de un plumazo. Todo se había visto alterado en cuestión de días. Comenzaron las clases online, el teletrabajo, el uso de mascarillas, el lavado de manos intensivo, la distancia social, los aplausos en los balcones y mil actividades más. Todo necesario, todo doloroso.

La nueva normalidad fue integrándose en nuestras vidas tan rápido como nosotros nos fuimos adaptando a ella. Fuimos capaces como sociedad, sorprendentemente, y a pesar de los políticos, de ir doblegando la curva. Parecía imposible pero se fue consiguiendo. Día a día. Los médicos, los científicos, todo el personal sanitario, los cuerpos de seguridad del estado, y un sinfín de personas arrimando el hombro, tirando del carro, a pesar del sinsentido de muchos egoístas antisociales, escépticos y despreciables.

El asunto es que el curso comenzaba, de distinta forma, con mascarillas obligatorias, distancia social, a veces online, a veces asistencial, dependiendo de la edad y de las circunstancias. Se adaptaron las aulas, se adaptó el temario, se creó una figura nueva en los centros educativos, la coordinación Covid, y con la ayuda de todos, o de muchos, se consiguió reiniciar el curso.

Qué ganas teníamos todos de que los niños pudieran volver a salir, de poder asistir a clases, de ver a sus compañeros, de poder volver a sentir ser niños. Y lo mejor de todo posiblemente fue que se obedecieron las normas, y no se extendió el virus en las aulas, que a mí, siendo honesto, me sorprendió. Fue como una luz de esperanza.


domingo, 13 de septiembre de 2020

El candelabro enterrado - Stefan Zweig

Pocas cosas me ponen de tan buen humor como comenzar un libro, pero si el libro está firmado por  Stefan Zweig, el gozo está asegurado. El autor austriaco es para mí un ejemplo de maestría narrativa, ya lo he dicho antes y no me cansaré de repetirlo. Párrafo tras párrafo para enmarcar. Una delicia de lectura.

El candelabro enterrado fue publicado en 1937, cuando Europa era un campo de batalla, la locura se extendía día a día como ráfagas de metralleta, y Hitler ya había puesto en funcionamiento su maquinaria antisemita, los campos de concentración. Zweig que siempre se mostró muy pesimista ante la fatalidad judía, decidió escribir un libro con el que ofrecer una luz de esperanza, un punto de unión para su pueblo. La lástima fue que él no aguantó hasta el final.

El libro nos cuenta una epopeya histórica, una fábula tan antigua como los pasos de los hombres, un peregrinaje a través de la fe, el recorrido vital de un inocente niño hasta un resignado anciano. Una novela corta o un relato largo sobre el viaje de un objeto sagrado, la menorá, el candelabro de siete brazos del Templo de Salomón, que va cambiando de manos desde el inicio de la decadencia del Imperio Romano hasta un final rodeado de leyenda. Durante la búsqueda del candelabro, el destino se verá puesto en manos de un anciano que dudará sobre su capacidad, y necesitará de la perseverancia tanto como su sabiduría.


jueves, 10 de septiembre de 2020

El fin del verano

Poco a poco las vacaciones se estaban acercando a su fin pero aún teníamos algunas actividades pendientes por realizar que debido al confinamiento no habíamos podido llevar a cabo. Una de ellas era dar un paseo junto al mar, los cuatro, sin prisas, para terminar en un chiringuito regalándonos un buen homenaje de sardinas al espeto, que lo estábamos deseando, y eso que ya en casa también las cocinamos, aunque claro, no es lo mismo, no son al espeto al fuego de leña junto a la brisa marina, sino al horno, pero bueno, también terminamos chupándonos los dedos. 

Sofía tenía pendiente también un concierto de Aitana, que es su cantante favorita. El concierto, como casi todo en este año de Covid, había estado varias veces a punto de suspenderse pero finalmente se pudo realizar. Fue en Marbella, en el Starlite Festival, y se celebró al aire libre, con mascarillas y manteniendo las distancias de seguridad y todas las medidas que estaban contempladas para evitar al máximo los contagios. Mientras la madre y la hija asistían al concierto, Miguel y yo nos acercamos a comer a uno de los sitios favoritos de Miguel, el restaurante Bocaseca, que ponen unas costillas al estilo americano de rechupete. Luego bajamos a Puerto Banús para tomar un helado y contemplar los yates imponentes  atracados en el puerto. Nos despedimos del lujo de lo más elitista de Marbella y regresamos al Starlite para recogerlas tras el concierto.

El colofón tras la vacaciones fue el cumpleaños de mi padre. El abuelo Miguel para los niños. Ochenta años ya. El tiempo pasa para todos e incluso para él, aunque a veces no lo parezca. Recuerdo muy bien cuando cumplió los 40 años.

Llevaba mucho tiempo esperanzado en poder celebrar su cumpleaños y a todos nos rondaba el pesar de que, con este funesto virus, no fuese posible y que todas sus esperanzas e ilusiones cayeran en un pozo, pero se acercaba el día y al final sí fue posible. Algo más reducido, con menos pompa, pero se pudo. Que era lo importante. Felicidades papá.


viernes, 21 de agosto de 2020

Olvera

 Todos los años por agosto solemos juntarnos con unos amigos y realizamos juntos una escapada de un fin de semana a un hotel rural. En agosto los niños están de vacaciones y su madre también y yo también. A nuestros amigos les pasaba lo mismo. El dichoso coronavirus parecía habernos ofrecido un respiro para el verano y la idea de mantener la tradición, que pocos meses antes nos parecía algo imposible, fue poco a poco despejándose de inconvenientes y restricciones hasta que al final fue inesperadamente posible.

Allá por navidades, como un acto inequívoco de optimismo elegimos un hotel rural en una de esas localidades algo apartadas del turismo de multitudes. Olvera fue el sitio elegido. La sierra y sus atractivos culinarios tuvieron gran parte de culpa de la elección. La piscina y la situación del hotel dentro del pueblo, para no tener que coger mucho coche, se llevaba otra amplia parte de la elección, pero un nuevo dato había sido introducido forzosamente en la toma de decisiones de última hora. Un valor determinante que hace apenas unos meses ni existía en nuestras cabezas: la tasa de incidencia. Cuando reservamos el hotel no teníamos ni idea de la tasa que habría en Olvera en el momento de ir, era algo que tendríamos que consultar pocos días antes. Afortunadamente no existían apenas datos de coronavirus en Olvera. 

Resultó que unos días antes de llegar nosotros se dieron un par de casos positivos en el pueblo. Lo que se venía llamando algo así como casos importados. Muchas actividades se paralizaron en el pueblo. Algunos restaurantes se vieron obligados a cerrar por indicaciones sanitarias y nosotros nos encontramos prácticamente solos en el hotel. Hubo algunas anulaciones de reservas de última hora. La tranquilidad que fuimos a buscar a Olvera nos abrió sus puertas y ventanas de par en par. 

Así que pudimos sacar zumito a nuestros días en Olvera. Los niños en la piscina, las mujeres en las hamacas y nosotros prolongando las siestas, las lecturas y repitiendo cervezas. Olvera la recordaré como un paréntesis de intranquilidad y desasosiego tan inesperado como necesario.


domingo, 16 de agosto de 2020

Una escapada a la Playa de Bolonia

Varias veces me había insinuado Pepi que le gustaría volver a ir a la Playa de Bolonia, pero ahora quería ir con los niños, que ellos no la conocían. Cualquiera que conozca a mi mujer sabe que le gusta más una playa que un sarao. Como sé lo convincente que puede llegar a ser, escudriñamos en el calendario un día de entre semana que no tuviéramos lío, y también que no hiciera mucho viento, porque aquella zona suele estar muy castigada por las vertiginosas inclinaciones de Eolo a jugar con sus vientos. Lo encontramos y coincidía que no hacía viento. O no mucho. No fue muy difícil porque todos estábamos de vacaciones.

Salimos temprano porque la idea era aprovechar el día de playa y porque hay casi dos horas de trayecto desde casa, además teníamos noticias de que como es un paraje natural protegido, una vez se llega al número máximo de coches se corta el acceso.

La principal peculiaridad de la Playa de Bolonia es una enorme duna arinada presidiendo casi 4km de arena fina y blanca para terminar en la Cala del Tesorillo. A una lado el Océano Atlántico, al otro un prado verde de pinos y resguardado y con unas vistas excepcionales los restos de la ciudad romana de Baelo Claudia. El entorno es verdaderamente sobrecogedor.

Pasamos la mañana subiendo a la duna, refrescándonos atlánticamente, haciendo fotos y con un poco de lectura. Almorzamos bastante cola porque iba por número y aunque quisimos llegar temprano, no lo hicimos tanto como hubiera sido necesario. No importó, la espera acrecentó nuestro apetito.

Yo tomé atún rojo y Pepi calamar a la plancha. De entrada ensaladilla rusa con pulpo y tortilla de camarones. Todo estuvo fabuloso. Sentados a la mesa, con un foro y un teatro romano a la espalda y con el Atlántico por delante nada puede salir mal.

Aún tuvimos tiempo de echar una siestita escuchando el romper de las olas. Llegamos a casa cerca de las once de la noche porque pillamos algo de retención a la salida, que fue el único borrón a una escapada fabulosa.


sábado, 15 de agosto de 2020

Woody Allen - A propósito de nada

Soy un grandísimo admirador de Woody Allen, tanto de su dilatada filmografía como de sus ocurrencias en general. Me gusta leer sus entrevistas y reír con las frases ingeniosas con las que nos obsequia. Hasta su humilde forma de recibir halagos me encantan. Cuando supe que publicaba una biografía no tuve dudas de que querría leerla, así que mi siempre atenta mujer me la regaló para mi cumpleaños y en los días de asueto que pude disfrutar junto a ella en Antequera comencé a leerla.

Woody nunca decepciona, el libro comienza desternillante, contándonos sus motivaciones, su manera de trabajar, cómo conoció a muchas de las personas más influyentes de su vida, así como inocentes  intimidades sobre algunas de sus relaciones de parejas, desde Louise Lasser pasando por Diane Keaton hasta Soon-Yi. Todo es divertido y ameno hasta que comienza a explicar como la desquiciada relación que mantuvo con Mia Farrow fue derivando en la obsesiva a la par que vengativa reacción de ésta a su desconcertante relación con Soon-Yi.

Está claro que Woody comenzó a escribir el libro con un ánimo, digamos divertido, pero todo se fue al carajo -según mi opinión- cuando escribe que Mia Farrow supo de su relación con Soon-Yi. Entonces Woody se pone serio, e intenta hacernos comprender que está libre de culpa y que todo es una invención de Mia por arruinarle la vida a él y a Soon-Yi y que si para ello tiene que pasar por encima de sus propios hijos, así lo hace. Cuesta creer que alguien pueda obrar así, pero...

Me gustó más la primera mitad del libro, y aunque estuvo bien saber por puño del artista todo aquello que fue comidilla de la prensa rosa durante un buen tiempo se me hizo tediosa la larga diatriba de juicios, acusaciones y amenazas.

Probablemente la culpa sea mía, porque yo esperaba un libro entretenido, divertido y ocurrente, pero lo cierto es que no es un guion de cine sino la biografía de un director de cine. Y su vida, por lo que se lee, ha sido sólo comedia.

domingo, 9 de agosto de 2020

León Benavente en el Marenostrum

Cuando parecía imposible acudir a conciertos tuve la oportunidad de asistir a uno y la aproveché. Y no fue ir a uno cualquiera. Hacía tiempo que tenía ganas de ver en directo a León Benavente y en la ocasión anterior que estuvieron de gira cerca no puede asistir, pero en esta segunda oportunidad, que parecía mucho más complicada, sí que pude.

Pasaban los días y la fecha se aproximaba. Todo apuntaba a que el concierto podría suspenderse en cualquier momento, de que mi gozo iba a caer en un pozo, pero siguieron pasando los días y finalmente sí se pudo realizar. Óscar y yo, que compramos las entradas con bastante antelación, acudimos ilusionados a la par que sorprendidos  y con muchas ganas de música en directo.

El Marenostrum Fuengirola adoptó todas las medidas que se podrían tomar. En lugar de asistir de pie, sentados y numerados. Reducción del aforo a menos de la mitad. Mantener todo el tiempo las mascarillas puestas. Separación con distancia social. Entrar y salir en orden. Todo muy controlado. Gel hidroalcóholico al acceder. La cerveza te la llevaban a tu mesa. Nada de levantarse. Y todo, por supuesto, al aire libre.

Comenzó el concierto poco después de la hora señalada y lo hicieron con una canción cuyo título parecía más una declaración de intenciones que otra cosa, Siempre hacia delante. El sonido era estupendo desde el mismo inicio. El bello entorno del interior del Castillo de Fuengirola, sobre la loma, presidiendo la entrada a la localidad es difícilmente superable. La noche estrellada y una brisa fresca fueron regalos añadidos a un evento inigualable.

La banda fue al grano, un tema tras otro sin muchas pausas, Cuatro monos, Amo, Como la piedra que flota, Mano de santo, Volando alto, o Ayer salí. Un repaso salpicado y centrado especialmente en sus dos últimos discos. Personalmente eché en falta Habitación 615, que es una de mis favoritas. No pudo ser.


martes, 21 de julio de 2020

Fin de curso y txuletón

Acabó el curso más extraño. El Covid lo transformó todo. Las desoladoras cifras de las gráficas de defunciones fueron derribando poco a poco nuestra forma de enfrentar el día a día. Nada se escapó de su depresiva influencia. La manera de relacionarnos sufrió un cambio absoluto. Cada pequeña cosa se vio alterada: la distancia social, la mascarilla, lavarse las manos, los geles hidroalcohólicos, la lista de la compra, los planes de futuro y nuestras pesadillas. Todo más distante, más higiénico, más triste.

Y el curso acabó. Intermitente y casi a empujones pero acabó. Nadie -o casi- repetiría por exigentes directrices desde arriba. Hubo quién se esforzó, hubo quién se echó a un lado y quién se exprimió más allá incluso de lo aconsejable. En casa hicimos lo que pudimos, y un poquito más y luego otro pequeño paso y casi al final, otro pequeño esfuerzo más. Acabó el curso y no podía más que estar orgulloso de todos en casa. Sacrificamos muchas cosas, cierto, pero estábamos juntos, sanos y sin apenas un rasguño, con algo de sobrepeso, pero bueno, se acabó y fuimos a celebrarlo.

La idea era encontrar a un lugar ventilado, sin mucha gente, en un día de poca afluencia  y sobre todo que se comiese bien. Un homenaje se llama ahora. El premio al esfuerzo lo llamaría yo. Un asador, buenas carnes y mucho apetito. Así fue.

viernes, 10 de julio de 2020

Un par de días en Antequera

Cada final del curso a los estudiantes de segundo de bachiller que han aprobado en junio les llega la hora de la selectividad y a mi mujer algunos años le toca ser correctora. Este año le tocó en Antequera y a mí, afortunadamente,  me tocó acompañarla. Estábamos de lleno en plena pandemia pero fui encantado de la vida. De manera que aprovechamos la circunstancia para visitar Antequera, pasar unos días solos y una vez allí degustar sus platos, de los que yo soy un enamorado, pues nunca está de más de tomar una porra antequerana, y menos en los días de sofocante calor que nos cayeron.

El primer día tuve que hacer un ida y vuelta a casa por asuntos del trabajo pero el siguiente pude pasarlo de pleno en el hotel y en la piscina. Y una vez que Pepi terminaba su jornada paseábamos, pero sobre todo descansábamos. Necesitábamos un poco de calma y sosiego para romper con la rutina del confinamiento. Un descanso algo más espiritual que físico. Más necesario para la mente que para el cuerpo.

Un par de horas tumbado al sol junto a la piscina en mitad de la sierra con un buen libro entre las manos bastaron para cargar la batería. Pero todo llega a su fin. Unas cosas antes que otras.  Tocaba regresar y volver a la rutina infinita de los geles de mano, la mascarilla y la limpieza e higiene llevadas a límites antes insospechados para mí. Hay que aprender a tomarse las cosas como vienen, a habituarse a rituales específicos de limpieza y a la hostil y fría distancia social. No queda otra.

Últimamente veo menos la tele, y menos aún los telediarios, pero beso y abrazo más a mi niños. 


sábado, 20 de junio de 2020

Los detectives salvajes - Roberto Bolaño

Para mucha gente Los detectives salvajes es la gran obra de Roberto Bolaño, para otros muchos es la novela inacabada 2666. Cuestión de gustos. El autor chileno es uno de los pocos elegidos que ha conseguido poner de acuerdo a crítica y público, la lástima es que lo consiguió demasiado tarde, aunque tal vez lo que ocurrió en realidad fue que él nos dejó demasiado pronto. Por ahora sólo he leído una de las dos y poco puedo añadir al respecto.

Personalmente y teniendo en cuenta que  hasta la fecha sólo he leído cuatro libros de Bolaño, me inclino por sus cuentos. Putas asesinas dejó un buen recuerdo en mí y creo que cuando vuelva por los caminos literarios de Bolaño lo haré por ellos, pues creo que por casa hace tiempo que atesoro algún libro de cuentos suyo. No quiere decir esto que no me gustara Los detectives salvajes, pero sí que en ocasiones se me hizo pesado, es cierto que es probable que sea debido más a mi mente distraída e inconstante que por culpa del autor. Hay novelas que en cierto momento no tienen buen acceso al hall de mis gustos. Igual que a veces no me apetece tomarme nada dulce al despertar, son cosas que pasan. Igual que antes, es cuestión de gustos.

Lo que sí es muy de mi agrado es la portada elegida por Anagrama para la novela. Una reproducción de una pintura de Jack Vettriano, que últimamente está siendo elegido en bastantes ocasiones como portada de libros. Desconozco hasta qué punto Bolaño estuvo involucrado en la elección de la portada, igual simplemente dio el visto bueno, pero en mi opinión fue una elección perfecta.


viernes, 19 de junio de 2020

Por fin en Málaga

La desescalada se ha ido realizando poco a poco, primero por tramos horarios y distancias, abriendo y expandiendo cada tramo horario incluso más allá de lo esperado. Todos estábamos locos por poder dar un paseo, poder bajar andando al centro, estirar las piernas más allá de las paredes de una vivienda, especialmente los niños que no salían ni a tirar la basura, ni a hacer ningún tipo de compra. A veces eran ellos los que más pena me daban, pero luego comprendes que peor aún era para nuestros mayores, que se encontraron  de un día para otro confinados a un callejón sin salida, donde la oscuridad no ofrece apenas esperanzas.

Pero hay que tirar hacia delante, hay que mirar al horizonte con la confianza de que todo esto pasará, porque todo pasa, o esa es la ilusión que abrazamos.

Al final nos abrieron las puertas, nos solicitaron con prudencia mantener distancia social, usar mascarillas en sitios cerrados, extremar las precauciones con nuestros mayores y respetar las normas con responsabilidad. Encontrar mascarillas no fue sencillo y guantes tampoco. Poco a poco se fue informando que con un cuidado lavado de manos los guantes no eran tan necesarios en la vida cotidiana. Tuvimos que usar las mascarillas más a menudo de la que todos hubiéramos deseado pero poco a poco se pudo abrir un poco la mano con las restricciones.

Primero fueron los paseos por el barrio, después Miguel y la patineta, luego la bicicleta, ver el amanecer en la playa, cientos de videollamadas, deportes dentro de casa, mucho parchís, series de tv, teletrabajo, pero el tiempo vuela. Aniversarios, cumpleaños, felicitaciones en casa, más videollamadas.

 Pero un buen día, aprovechamos una de las más holgadas aperturas de puertas para visitar Málaga. La capital. Fuimos un miércoles, para evitar cualquier tipo de aglomeraciones. Paseamos por el centro histórico, por la preciosa la calle Larios, pasamos por la plaza de la Merced, el Teatro Romano, la Alcazaba e incluso picamos algo para cenar en la terraza de Casa Lola y para acabar el día, un helado en Casa Mira. Nos pareció casi como hacer un viaje extraordinario. Mirábamos con avaricia monumental, como si quisiéramos retener cada detalle de la jornada porque no sabíamos cuando podríamos volver.


Pd: Esta fue casi la primera ocasión que el coche nuevo salió de Fuengirola.


domingo, 19 de abril de 2020

Covid times

Todos mirábamos a los telediarios con recelo, las noticias no auguraban nada bueno. Un nuevo virus iba creciendo y propagándose a un ritmo de vértigo entre la sociedad mundial. Los hospitales comenzaron a saturarse. El número de fallecidos iba creciendo exponencialmente en las gráficas de los periódicos y lo peor era que todos sospechábamos que la curva ascendente probablemente lo fuera aún más acusada de lo que los datos reflejaban. Madrid y Barcelona especialmente comenzaron a sufrir lo más crudo de la epidemia en España. El virus seguía propagándose. No había mascarillas aún en las farmacias. Ni alcohol. Muchos perdieron sus trabajos, otros tuvimos la fortuna de poder seguir teletrabajando. Llegó el estado de alarma, y los aplausos en los balcones. Nos acostábamos pero no había manera de cerrar los ojos y dormir. La incertidumbre, la preocupación, la falta de perspectiva nos agarraban de los párpados.

Nadie podía imaginar algo así sólo unos pocos meses antes, pero pasado un tiempo te das cuenta que todo lo que venía después era triste y predecible. La vergüenza política mirando sus votos en cada toma de decisión, la falta de coherencia y determinación, la escasez de rigor crítico. Una sociedad egoísta, con nula empatía y una completa falta de humanidad. Tirar la piedra y esconder la mano. Primero yo y después que se apañe el resto.

Así seguimos y parece que va para largo. Habrá que tener tanta paciencia como precaución. Aprender a vivir sin muchas cosas y a convivir con algunas otras. Es lo que hay. Sólo queda esperar que no se alargue mucho y que afecte lo menos posible.

Mucha suerte a todos.



viernes, 27 de marzo de 2020

Instantáneas - Claudio Magris

Me gusta tener siempre a mano libros de lecturas cortas. Libros de recorridos breves, para leer cuando no hay mucho tiempo, algo que desafortunadamente cada día es más común. Libros de cuentos, relatos, artículos o como en este caso, instantáneas, fotografías temporales de pequeñas historias que el autor italiano Claudio Magris ha ido escribiendo y finalmente ha recopilado y dado cobijo en este libro.
Magris seduce con su mirada a veces melancólica, a veces irónica pero sobre todo crítica. Posee un humor singular que despliega sin pudor en estas instantáneas, o textos en miniaturas, en las que el autor triestino se sitúa como observador de una vida a veces plácida, a veces monótona, pero siempre curiosa.
He disfrutado especialmente de sus retratos, de las pinceladas de personajes o situaciones en el primer contacto con el texto, como aquellos bocetos iniciales de un retratista que desde el inicio ya poseen las características principales, lo que se parece oculto y casi insignificante pero que son desde el inicio la columna vertebral del lienzo. Uno se sienta a leer y se siente algo así como si pudiera ver el personaje a través del perfil difuminado e indefinido detrás de un cristal translúcido, algo que puede parecer innecesario pero que, en un sólo gesto, es detalle esencial en la historia.

Así que si tienen ganas de pasear, sentarse en un banco y poder ver historias desde cerca. Abran la primera página.

jueves, 12 de marzo de 2020

Una familia malaguista

La afición por una vez está unida con la plantilla y el entrenador, y al mismo tiempo en contra contra los propietarios de la entidad. Uno se pregunta qué comenzó a torcerse, qué sucedió para que aquel sueño de noches europeas derivase en el peligroso vértigo de la desaparición. Una situación indeseable en una categoría, la segunda división, donde conseguir un solo punto cuesta sangre, sudor y lágrimas.

Estaba empezando el final decisivo de la temporada, donde los partidos se viven con todos los sentidos puestos en el terreno de juego pero el oído, un poco también en el resultado de otros campos. Y es que en la jornada 31, el Málaga estaba peligrosamente situado en la tabla clasificatoria. Lesiones, amonestados, y especialmente los problemas económicos a los que una engañosa directiva ineficaz  y ruin ha llevado al club de mi corazón.

El partido era vital, en casa contra el Zaragoza, uno de los serios aspirantes a ascender una temporada más. El Zaragoza metido de lleno en fase de ascenso, peleando mano a mano con el Cádiz y el Huesca por dos de las plazas de ascenso directo a la categoría de oro. El Málaga intentando ampliar la exigua diferencia con los puestos de descenso al hoyo que supone la segunda división B.

De manera que mi padre, mi hermano, mi niño y yo, juntos, abonados todos del club desde hace años, no quisimos perdernos tan trascendental partido, y más teniendo en cuenta que el horario acompañaba. Acompañamos el día de partido con una comida en un restaurante.

El partido fue muy emocionante, el Málaga dispuso de sobradas ocasiones para marcar. Hasta en dos ocasiones el balón salió rozando el palo por el exterior y al menos una buena intervención del cancerbero del equipo maño, incluso el VAR nos anuló un gol -correctamente- por fuera de juego, pero al final no se aprovecharon las ocasiones y como suele ocurrir en el fútbol, cuando un equipo no remata al final, muere. En esta vez en el minuto 85, en una contra, con un mal despeje y un rebote. Pero el fútbol es así.

Pd: Este partido resultó ser el último partido con público en la temporada, pues días después el Covid-19 comenzó a extender su manto negro por el planeta. Finalmente el Málaga con mucho esfuerzo y nervios se salvó. Se interrumpió la temporada y se retomó a puerta cerrada. Así que no nos quedó otra que animar desde el sofá de casa.

Todo parece indicar que el club sigue de lleno en problemas económicos, de hecho está intervenido por un administrador judicial y por supuesto la temporada regresará a puerta cerrada. 


miércoles, 4 de marzo de 2020

Luis García Montero y Quique García

Acudían de manera conjunta al MVA de Málaga en un encuentro de muy buen gusto, Luis García Montero -probablemente mi poeta vivo favorito- y Quique González, músico reconocido, amigos ambos desde hace años según fueron contando. Mi amigo Miguel, que se encargó de conseguir las entradas, no faltamos a la cita.

El hilo conductor era su larga amistad y las anécdotas de sus encuentros salpicados en los años. Entre ese diálogo Luis recitó algunos de sus poemas y Quique interpretó algunos de sus temas en acústico. Muchos de ellos nacieron como colaboraciones, otros eran la versión cantada de algún poema y otros eran poemas que se pensaron para ser cantados expresamente por Quique.

A veces introducían las canciones explicando qué o en qué momento se escribieron, el estado de ánimo, o la forma de crearse. Algo similar hizo Luis sobre sus poemas. Y también explicaron que, de alguna manera, ambos se sintieron inspirados el uno por el otro. 

Una conversación sobre encuentros casuales, sobre visitas de uno al otro y del otro a uno. Puntos de encuentros. A veces a solas, en bares, o en habitaciones de hotel, en ocasiones alrededor de partidos de fútbol. Muchas veces rodeados de amigos o en familia. Todo de muy buen gusto.

Al final pudimos saludarlos y decirles que, al menos en mi caso, siento admiración por sus trabajos.



sábado, 29 de febrero de 2020

Pan con aceite

Una tradición andaluza arraigada es desayunar en el día de la comunidad, el día de Andalucía, pan con aceite. Los olivares son estampado frecuente en los paisajes andaluces y la aceituna es el acompañamiento idóneo de la primera cerveza. El aceite es, sin duda, el ingrediente principal de la cocina española.

Hacía tiempo que les había hablado a los niños de llevarlos a un lugar en el pueblo de Mijas que fue aljibe musulmán, con bóveda de cañón, luego almacén, y más tarde tablado flamenco y actualmente es bar donde se puede desayunar. Además sirven distintos tipos de aceites especiados que le dan un toque más original.

Aprovechamos la visita a Mijas para pasear por sus atractivas callejuelas. Recordamos con nostalgia eventos que ellos habían vivido de pequeños y ya no se acordaban. Sofía recordaba algunas cosas, Miguel apenas nada. Decía que sí, pero no se le veía muy convencido.  En el parque infantil junto a la Iglesia de la Inmaculada había jugado cien veces y cien veces se había caído, pero nunca se rompió un hueso ni hubo que ponerle una escayola como la que tenía ahora. Cosas del fútbol. Prácticamente rodeamos el pueblo entero y en el mirador con un cielo despejado y cristalino pasamos un buen rato localizando puntos geográficos que conocemos. Qué pequeño y ridículo se ve todo desde cierta distancia.





domingo, 23 de febrero de 2020

Supersuckers en el Louie Louie

Días después del distendido concierto de Alejandro Pelayo en el MVA, llegó el concierto de los eléctricos Supersuckers en el más que nunca abarrotado Louie Louie de Estepona. Mi buen amigo Óscar y yo llegamos con tiempo porque no teníamos entradas y teníamos dudas de que no se colgara el sold out.

No iba a ser la primera vez que yo veía a Supersuckers, pocos meses ante, en la sala París 15 de Málaga fueron teloneros de la banda australiana Airbourne. Buen concierto ofrecieron aquel día.

Nada más llegar descubrimos a Eddie Spaguetti, bajista y cantante de Supersuckers, en la puerta de local, cerveza en mano, charlando agradablemente con algunos de los que acudían al concierto. Entramos a pillar unas cervezas y estaban sonando una banda residente tocando una versión de Sweet Child O'Mine de los Guns N' Roses y subido al escenario y a la voz cantante estaba Metal Marty, el guitarrista de Supersuckers. Lo estaba gozando, se le notaba. Aún interpretó otra canción que le dedicó a Eddie Spaguetti, que ya estaba acodado en la barra junto a Chango, el batería.

El concierto comenzó a filo de la media noche con la grabación de Eruption de Van Halen. Un par de notas de bajo, un riff seco de guitarra, un saludo con la mano cornuda y seguidamente algunos de sus temas más emblemáticos de la banda: The Evil Powers of Rock N' Roll, Rock-n-Roll Records (Ain't Sellin' This Year) y Get The Hell. Sin duda comenzaron con energía. El sonido al principio no fue bueno, pero poco a poco el técnico lo fue mejorando. Tampoco ayudaba que a Metal Marty le dio por empezar cantando en los coros más fuerte que Eddie, y que además lo hacía como si le hubieran inyectado la rabia pocos minutos antes. 

Eddie estuvo muy simpático con su español mexicanizado, ¿verdad pendejos? y antes de los bises preguntaron por alguna petición. Grité Goin' Back to Tucson y justo después, ¡la tocaron!¡Vaya alegría! Es un tema que siempre me ha gustado. Cayeron temas como All of the Time, Dead Inside, Pretty Fucked Up , ¿como no? Born with a Tail para finalizar. 

También interpretaron versiones de Dead Boys, Michael Monroe o Thin Lizzy. No llegó a hora y media pero fue muy intenso.

Después del concierto, en la firma de discos, pudimos saludarlos, ofrecerles nuestros respetos y aún pudimos charlar algo con ellos. Fueron muy agradable con todos.

sábado, 15 de febrero de 2020

Alejandro Pelayo en el MVA

Tocaba Alejandro Pelayo en el MVA de Málaga y yo estaba loco por acudir a la cita. Era jueves y tuve ciertas dificultades. Ya había visto a Alejandro en tres ocasiones anteriores y las tres como componente de Marlango pero nunca en solitario. En esta ocasión, aunque acudía a presentar su último trabajo en solitario (La memoria de la nieve), compareció acompañado de una excelente violonchelista. Un dúo de instrumentos que a mi juicio combinan a la perfección.

Si aman un Steinway & Sons bien tocado, con pausa y sentimiento, con la lejanía como fondo de cuadro y la cercanía del aroma de un café, seguro que les habría gustado. A mí me fascinó.

Alejandro vuelca su personalidad en su forma de tocar. Un buen pianista derrama verdaderamente sobre las teclas del piano su forma de sentir, y eso aparece cuando ha aprendido a quitarse todo el abrigo de los músicos que ama y ha amado y los ha dejado colgados en el perchero de la habitación al entrar.  La música que ha amado, con la que ha aprendido, con la que ha ido creciendo como pianista lo habrán acompañado todo el camino hasta ese momento, sí, se ha incluso filtrado a través de su piel, y es cierto que queda algo de ellos dentro, pero sobre todo, la esencia, lo que sobresale, es la propia esencia de cada pianista. Se nota.

Una breve introducción a cada tema, explicando bajo qué circunstancias se crearon, agrandaban el efecto de la música en nosotros. Lo amplificaba. El músico explica sus miedos, sus querencias, sus ambientes y si lo explica bien, es muy posible que tengamos toda la estampa completa. Un lujo  poder asistir a conciertos como el suyo.

sábado, 11 de enero de 2020

Las decisiones imprevistas

Uno puede estar plácidamente sentado en el sofá con una novela entre las manos y sin sospecharlo, al mismo tiempo, el mundo está confabulando contra él. Aunque esta afirmación grandilocuente pueda parecer un poco exagerada, a veces lo parece.

Habíamos decidido cambiar los neumáticos al coche para ir a Carmona en fin de año, pues estaban algo gastados y más pronto que tarde había que cambiarlos, porque el de dibujo de las dos ruedas trasera no coincidía y ya sabíamos que no iban a pasar la ITV, así que nos pareció una buena ocasión. El mecánico del garaje nos comentó que uno de los amortiguadores estaba roto y el otro muy debilitado, de manera que cambiamos los dos.

Un par de semanas antes de ir a Carmona, el coche no arrancó. Ni a la primera, ni a la segunda ni a la de treinta. No era la batería, o eso nos dijeron. Llamada a la grúa y coche al garaje, pero una vez allí, como el niño que hace una trastada en el colegio y llega a casa con su mejor cara de niño bueno, el coche en el garaje arrancó perfectamente. ¿Qué pasó? ¿se arregló solo? No había manera de averiguarlo.

Un par de días después todo parecía ir funcionando bien, algo puntual pensamos, pero de buenas a primeras, cuando más falta te hace, el coche no arranca. Muerto. Llamada a la grúa y al concesionario. Es bajarlo de la grúa y el coche arranca perfectamente. ¿Es posible? ¿se está el coche riendo de nosotros?

No nos atrevíamos a ir con él a Carmona. Nuestra cuñada nos dejó su segundo coche y con él fuimos a pasar el fin de año. Con un coche que arranca cuando quiere no te atreves a ir a ningún sitio. Había que tomar una decisión. El coche tenía cerca de doce años.

Muy dolorosamente tuvimos que deshacernos del coche. Un cambio de coche tiene una parte ilusionante pero también de melancólica despedida -aparte del tropiezo económico que supone-. El coche nuevo seguro que iba a ser más interactivo y estaría adornado con más pijaditas y comodidades, pero uno, después de tantos años, estaba ya hecho a su vehículo, ha compartido miles de kilómetros, lo ha apagado y arrancado en miles de ocasiones, ha vivido, en definitiva, miles de experiencias con él. Me ha llevado siempre a dondequiera que el volante haya girado. Pero bueno, a todos nos llega la hora. Me reconforta imaginar que es posible que ahora esté por rústicas carreteras de un país africano, reciclando su vida, haciendo felices a otros muchos, que incluso lo laven un poco más de lo que lo hacíamos nosotros. Adieu mon ami.

(Cuando nos llevó a Lastres)

jueves, 2 de enero de 2020

Fin de año en Carmona

Todos los años para celebrar el fin de ciclo anual hacemos alguna escapada especial. Romper la rutina aunque sólo sean un par de días. Unos años lo hacemos con la familia otro con los amigos. Así vamos alternando, para disfrutar de la compañía de todos un poco. Este año tocaba con la familia de Pepi y fuimos a pasar los últimos días del año a Carmona, población que no está muy alejada de Sevilla, de esta manera pudimos incluir algo de turismo y cultura en medio de la fiesta del exceso por antonomasia.

Precisamente este año yo no podía acercarme al alcohol, porque pocos días antes me habían realizado una pequeña intervención en el aparato digestivo, y no estaba listo para ello. Tampoco me importó mucho, porque lo cierto es que cada día estoy más concienciado a evitar el consumo alcohólico, aunque tampoco me hagáis mucho caso. 

Así pasamos dos noches en un hotel céntrico de la localidad sevillana. Perfecto para poder salir a pasear por el centro del pueblo y disfrutar de su estupenda oferta gastronómica así como de sus atracciones turísticas. Realizamos una visita turística organizada, donde nos llevaron a ver gran parte de patrimonio arquitectónico. Visitamos parte de la muralla que rodea la ciudad, la Puerta de Córdoba y de la Sevilla y nos explicaron lo importante que alcanzó a ser la población en una época ya lejana, pero no tanto.

Es bonita Carmona. Es pequeña y coqueta, y aún así contiene edificios de gran valor. Sólo hace falta estirar un poco el cuello y contemplar las torres de una localidad para imaginar la importancia en otra época. Fue población importante en la Hispania del Imperio Romano, bajo el mando de Julio César, fue capital de los reinos Taifas y reconquistada y convertida en residencia de rey. Hoy en día el Alcázar del Rey Don Pedro se ha convertido en un Parador Nacional. Lo visitamos.

La fiesta de fin de año tuvo su salón de baile, su photocall, su música en directo y su barra libre. La comida fue sofisticada pero no como fin, sino como envoltorio. El agua estaba fresca.

Al día siguiente, en la para mí no resacosa mañana del primer día del año,  fuimos a visitar Sevilla. Las calles de la mañana sevillana tenían algo de dejadez y abandono, con más presencia de día después que de día presente. Aún se podían ver los reflejos del confeti sobre el adoquín, restos de cristales rotos, paquetes de tabaco arrugados y un hiriente e intenso olor a amoniaco con la intención de disimular los restos de orines del exceso de las bebidas.

Casi todos los locales estaban cerrados, pero los pocos que abrieron sus cocinas habían tenido la precaución de solicitar reserva. Nosotros no. Paseamos la tarde con un cielo prístino como acompañante silencioso.

Regresamos a Carmona al final de la tarde, ya con noche cerrada. Cenamos en un restaurante en la misma esquina del hotel y a la mañana siguiente, tras un pequeño paseo por el centro, regresamos al hogar dulce hogar, pero antes todavía pudimos hacer una parada en la Venta El Túnel y zamparnos un arroz. Ah, y devolvimos el coche a mi cuñada que nos lo había prestado, pero eso es otra historia.