lunes, 22 de junio de 2026
¡Somos de primera! (otra vez)
lunes, 15 de junio de 2026
Yo solo quiero irme a Francia en el Soho
No había pasado un mes y regresamos al Teatro SoHo de Málaga, el teatro de Antonio Banderas, para ver una obra titulada Yo solo quiero irme a Francia, protagonizada en gran medida por la actriz sevillana María Galiana, reconocida para el gran público por su papel de Herminia López en la serie de televisión Cuéntame cómo pasó.
Un drama con toques de humor sobre un texto de Elisabeth Larena, que también dirige la obra. Completan el reparto Nieve de Medina, a la que todos recordamos en un estupendo papel en Los lunes al sol, Anna Mayo y Alicia Armenteros.
sábado, 13 de junio de 2026
Por el buen camino
jueves, 11 de junio de 2026
Días de abrir los ojos
Vinieron una pareja de amigos holandeses (Sylvia y Ernest) a pasar unos días en Fuengirola, y durante su estancia quedamos varias veces con ellos para echar el día o simplemente la tarde. El primer día que quedamos, lo hicimos para cenar y les ofrecimos que eligieran a dónde querían ir y eligieron Marbella. Así que allí fuimos a visitar su casco antiguo, a pasear un poco por el centro para dar un paseo relajado, deteniéndonos para verlos fotografiarse casi en cada esquina. Alucinando con la temperatura. Disfrutando con la arquitectura tradicional andaluza. Sorprendidos por lo tarde que la gente cena, y lo ambientado que está todo a las doce de la noche. Maravillados con todo lo que comían. Todo les parecía exquisito e incluso económico. Las flores, los olores, los balcones y las macetas. La carretera, de vuelta a Fuengirola, con su faro, y con la luna suspendida en la noche, les parecía espectacular. Y lo es. Todo lo que ellos ven que nosotros estamos acostumbrado a ver está ahí. Hasta la gente le parecía más sonriente.
Almorzamos en una típica taberna, que no conocíamos pero que con las críticas que vimos por Internet nos pareció adecuado: Taberna Pepe. Allí probaron por primera vez un flamenquín y gozaron con los torreznos. Los torreznos les fliparon. Tan sólo las patatas fritas las comían como si fuese caviar. Cerraban los ojos para comer una patata. Y ciertamente, los comprendo.
A la vuelta paramos en Málaga, para dar un paseo y tomar un café. Vaya ambientazo que derrochaba Málaga. ¡Qué bonita está Málaga! Sentarse en una terraza y charlar mientras ves el mundo pasar es de lo más entretenido que existe. ¡Vaya día quemamos!
Todo esto que disfrutamos con la visita de nuestros amigos holandeses está a nuestro alcance casi a diario, pero en realidad no nos fijamos en ello hasta que otros lo hacen delante nuestra. Entonces nuestra perspectiva cambia. Bastaron unos pocos días de turismo provincial para que por fin, abriésemos los ojos. Así es la vida.
martes, 2 de junio de 2026
Uni Boys en la Sala Core
Me comentó mi amigo Enrique que venían a la Sala Core -antigua Sala Velvet Club de Málaga- una banda americana llamada Uni Boys. No era un nombre muy prometedor, pero los busqué en Spotify y el sonido no me disgustó. Un power pop setentero nostálgico con algo de glam. Nada de letras profundas ni de ritmos complejos. Easy listening.
Sólo por ver las estrafalarias y descolocantes pintas del guitarra y cantante, Noah Nash, valía la pena ir a verlos. Se presentó sobre el escenario con una chaqueta de lino marrón, con una camisa de color claro con un pañuelo de lunares al cuello y un pantalón corto blanco, casi de tenista, con una guitarra creo que de marca Memphis -una especie de copia de las Gibson Les Paul- de color vainilla.
El sonido no fue malo, como supuse cuando vi la batería desplazada a la izquierda, y se les vio contentos y pasando un buen rato. Tocaron un concierto del tirón, sin bises, pero con un buen número de canciones. Nosotros también echamos un buen rato.
viernes, 29 de mayo de 2026
Jesús Carrasco presentando El detalle
A finales de abril Jesús Carrasco publicó en Seix Barral su última novela titulada, El detalle. Y apenas un mes después vino a presentarla al Centro Andaluz de las Letras de Málaga. Como soy un fiel lector del autor extremeño desde su primera novela, Intemperie, no quise perderme la cita. He ido leyendo todos sus libros uno detrás de otro: la ya mencionada Intemperie, La tierra que pisamos, Llévame a casa, que hasta la fecha, de sus publicaciones, creo que es mi novela favorita. Y también la novela justo anterior a la actual, Elogio de las manos. Todas me gustaron.
Puedo afirmar que Jesús Carrasco es el único autor del que he leído todos sus libros. Hay varios autores de los que he leído más, pero no toda su obra. Y es que con la vida tan ocupada, con el gran número de distracciones que tenemos y la ingente cantidad de libros que me interesan, es imposible leer todo lo que quisiera.Compré la novela casi en cuanto estuvo en la librerías y me la leí en un santiamén. Es una novela corta, quizás su novela más corta. Es sin duda la novela más divertida de Jesús Carrasco hasta la fecha, donde incluso hay un pequeño espacio para la crítica. Diría que El detalle es distinta a sus novelas anteriores. No hay un tema, digamos, triste o melancólico. Aunque algo de melancolía sí que se respira en esta, pero nada que ver con Llévame a casa o La tierra que pisamos, por ejemplo.
La charla estuvo presentada por Cristina Consuegra y fue muy entretenida y diría que hasta divertida. Jesús Carrasco se ha tomado en serio eso del humor y no lo hace nada mal.
Pd: Al final de la charla pude pedirle que me dedicara la novela y confesarle que ya estoy esperando a que publique su siguiente novela, de la que me ha dicho que aún no tenía nada. Y que ahora estaba involucrado en la promoción de esta. Tocará esperar.
miércoles, 27 de mayo de 2026
Gigante en el Teatro Cervantes
Dice mi mujer que me apunto a un bombardeo y no le falta razón. Siempre estoy dispuesto para ir al cine, o a un concierto, acudir a una exposición de pintura, ir al zoo, a salir a comer fuera, no digamos a viajar, o simplemente a pasear, o como esta ocasión para ir al teatro.
Me llamó mi amigo Miguel para decirme que tenía un par de entradas para la obra de teatro Gigante, que se representaba en el Teatro Cervantes y que se le había quedado una entrada libre, que si me apuntaba para ir con él. No dudé ni medio segundo.
Ya conocía la obra Gigante en la que Josep Maria Pou interpretaba al famoso escritor británico, Roald Dahl. De hecho era una obra a la que quería ir y tenía echado el ojo hacía tiempo, pero depende de la fecha no siempre puedo comprar con antelación y tengo que ir esperando hasta el último momento. Esto es lo que pasó con esta obra. Así que cuando se me presentó la oportunidad no quise desperdiciarla.
La obra me encantó. Fue sorprendentemente divertida teniendo en cuenta que contaba uno de los momentos más comprometidos en la vida de Roald Dahl. Todos estuvieron magníficos y me fui con muy buen sabor de boca, especialmente porque después fuimos a cenar a una pizzería cerca de allí.
viernes, 22 de mayo de 2026
Se gradúa Miguel
miércoles, 20 de mayo de 2026
La Ilíada
Hace muchos años, alguien que ya no recuerdo -a la que supongo que yo tendría en buena consideración- recomendó leer la Ilíada y la Odisea en la Edición Clásica de Gredos, con la que afirmaba que había leído los libros de Homero. Así que tomé nota, por si acaso.
Mi curiosidad por leer este clásico siempre había estado ahí, de manera que busqué esa edición con cubierta de cuero y con las páginas en lo que antes yo conocía como papel de biblia (desconozco si es un término extendido en el mundo editorial), pero ya estaba descatalogada, y los precios en librerías de viejo eran desorbitados, de manera que desistí de mi interés por esa edición. Además, la vista a mis cincuenta y tantos no es la misma, y cada vez voy buscando ediciones con la tipografía de un tamaño más generoso, que me resulten más sencillo leer. Aquella edición no lo era realmente.
Pero el tiempo pasó y como tantas veces ocurre en la vida, se presentó una segunda oportunidad. Una nueva y renovada edición de Gredos volvía a estar disponible, pero ésta más acorde en tamaño y especialmente asequible de precio. Así que me acerqué a Teseo, mi librería habitual, busqué el libro y tras leer el primer párrafo del primer canto, me decidí y me llevé los dos volúmenes. Los coloqué en una estantería de casa a que esperaran a que les llegara el momento.
Pasaron años, incluso una década, pero un buen día dije, se acerca el momento y coloqué la Ilíada en la mesita de noche, que es como estar en un aeropuerto antes de coger un avión. Puede haber retrasos, pero normalmente una vez allí, más pronto que tarde, se vuela.
Decidí saltar el prólogo, que en los libros clásicos cuentan más de lo que uno desea, suponiendo que sabemos lo que muchos no queremos saber. El tema de la traducción tampoco me interesaba mucho. Soy absolutamente ignorante en griego. Así que entré directamente al Canto I.
He de decir que a ratos se me hizo tedioso, y la forma repetitiva de nombrar a las personas (Aquiles, el de los pies ligeros) al principio me pareció cansina, pero al mismo tiempo, esa repetición salpicaba las frases de un espíritu poético.
Una particularidad que he disfrutado mucho son con las descripciones de la naturaleza humana, o de la exaltación de los valores y el honor y me asombró la crueldad sobre los vencidos. Y en especial me desconcertó la ausencia del caballo de Troya o no hallar el fin de Aquiles entre sus páginas.
domingo, 17 de mayo de 2026
Memorias de Adriano
Ya escribí por aquí que el libro de Marguerite Yourcenar, Memorias de Adriano, me encantó. Y si no lo escribí, no pasa nada, lo escribo ahora. Mi opinión de entonces, sigue ahora más vigente que nunca. El libro alrededor de la vida del Emperador Adriano dejó una huella inmensa en mí. Lo tengo en casa puesto en un lugar donde lo veo casi todos los días, y si bien la mayoría de las veces paso de largo sin hacerle caso, cuando me detengo y lo veo, no puedo evitar sentir una especie de bondad y agradecimiento sobre sus páginas. Y aunque no soy mucho de listas de gustos ni nada que conlleve comparaciones innecesarias y pérdida de tiempo. Podría afirmar sin despeinarme que este libro estaría entre mi top diez de mis libros favoritos. Ahí queda dicho.
Así que Pepi y yo, junto a una pareja amiga, nos plantamos en las butacas dispuestos a disfrutar de la obra. La verdad es que me gustó, y mucho. La interpretación de Lluís Homar es de la mejores que he visto en mi vida. Puso a todo el teatro en pie a aplaudirle, lo que se está convirtiendo en una costumbre, pero que no siempre es tan merecido como en este caso, al menos así lo pienso.
En el cartel publicitario aparecen un buen número de actores acompañando al actor principal, por lo que pensé que era una obra coral, aunque finalmente fue casi un monólogo de Homar con actores y bailarines de atrezzo. No es tal que así en realidad, pero casi.
Tras el teatro, no muy lejos de allí, descubrimos, junto con nuestros amigos Sagri y Miguel, una pizzería, anunciada como Restaurante Bresca, donde comí unos ravioli de rabo al pesto rosso, que estuvieron fabulosos. Confieso que los pedí porque afirmaba estar cocinado a fuego lento con vino tinto Barolo (el favorito de Eddie Vedder, ahí saltó la chispa de mi decisión) servido en salsa especial de pesto rojo y almendra chili-limón. Rico, rico. Un descubrimiento. Volveremos.
domingo, 10 de mayo de 2026
Dos victorias de oro
El partido comenzó movidito. A los cinco minutos un codazo sobre Murillo en un corner fue penalti que el árbitro no vió pero el VAR lo avisó, y corrigió. Chupe es el encargado de lanzarlo y engaña al cancerbero. 0-1. En el minuto 20, tras una jugada embarullada Sergio Álvarez empata el partido 1-1. Diez minutos más tarde, en una contra y tras varios despejes, Corpas adelanta al Eibar. Habían dado la vuelta al resultado y el Málaga estaba sufriendo. Llegó el descanso y Funes quitó a Izán Merino con amarilla y puso a Ramón Enríquez.
El equipo salió con otro aire, y a los 10 minutos Larrubia en jugada personal estrelló el balón en el palo. La suerte, una vez más, nos era esquiva. Además Larrubia tuvo que ser sustituido, y entró Adrián Niño, en en la primera que tuvo, en posición casi acrobática y a pase medido de Chupe, alojó el balón en el fondo de la red. 2-2 y el partido estaba vivísimo.
Entró Brasanac por Chupe, en lo que fue un cambio discutido, y sin embargo, Brasanac a pase de Joaquín Muñoz, ajustó el balón al palo contrario del portero y anotó el 2-3. Quedaban quince minutos para el final, y cuando parecía que todo podía pasar, Adrián Niño en una gran jugada y un mejor disparo cruzado, anotó el definitivo 2-4. Partidazo.
Funes decidió arriesgar y en el descanso retiró a Galilea y dio entrada a Ramón Enríquez. Minutos después, Chupe, a pase de Ramón, con un soberbio disparo colocó el balón cruzado cerca del palo para empatar el partido, 1-1. Pero no fue hasta el minuto 86, cuando Joaquín engañó de disparo desde el borde del área al portero exmalaguista Rubén Yáñez -que se había pasado gran parte del partido perdiendo el tiempo- para anotar el resultado final de 2-1. Marcador justo.
Quedan tres jornadas por delante que significarán tres finales. Visitar Ceuta, recibir al líder, el Racing de Santander e ir a Zaragoza, que está luchando por no descender.
En esta jornada Las Palmas perdió escandalosamente contra el Andorra 5-1 y la adelantamos y como el Castellón empató también, y además el Burgos empató con el Almería y nos alejamos dos puntos de uno y nos acercamos dos al otro. Jornada casi perfecta.
Acabamos en cuarta posición, a cinco puntos del ascenso directo, quedando nueve puntos en juego, lo que lo hacía muy complicado, y dos puntos sobre el playoff, que lo hacía más factible pero esto es fútbol y nada es seguro, de hecho, si las matemáticas no lo desmienten, todo es posible.
viernes, 8 de mayo de 2026
La OFM 2025/26 - Programa 13
sábado, 2 de mayo de 2026
La Verdad en el Teatro Cervantes
viernes, 1 de mayo de 2026
Robert Jon & The Wreck en La Trinchera
Hace ya unos cuantos años, allá por 2018, fui a ver a la banda americana Robert Jon & The Wreck tocar en el Louie Louie de Estepona. Fue un concierto que me dejó muy buen sabor de boca y desde entonces los sigo regularmente, e incluso de vez en cuando vuelvo a sus discos para escucharlos y, en cierta forma, recordar aquel concierto.
La banda americana llegaron al Louie Louie de Estepona por primera vez, que yo sepa, en abril de 2015, repitieron un año después, en junio de 2016 y de nuevo en el siguiente septiembre de 2017. Pero yo no pude verlos hasta noviembre de 2018. De hecho, hasta poco antes de esa fecha ni siquiera sabía que existían.
Lo mismo me pasó cuando vinieron a Málaga en lugar de Estepona a finales de junio de 2024 a la Sala La Trinchera, presentando su álbum, Red Moon Rising. No pude ir tampoco. Desde entonces mantenía una espinita clavada con ellos porque cuando no pasaba una cosa, pasaba otra. Pero esta vez, en 2026, por fin, sí que pude ir a verlos.
En esta gira venían con un disco debajo del brazo, el Wreckage, Volumen 3, pero en realidad estaba recién salido, y el que más peso se suponía que tendría en el setlist sería su anterior disco Heartbreaks & Last Goodbyes. Aunque al final comenzaron con The Devil is your only friend, seguido de Blame it on the Whiskey, ambas del disco Glory Bound. Y antes de los bises, tocaron Cold Night, que es un temazo. Así que el disco que más pesó puede ser que sea su disco más reconocido, Glory Bound.
La banda mantenía casi plenamente su formación desde aquel ya lejano concierto en Estepona de 2018, tan sólo el teclado era una cara nueva. Jake Abernathi es el encargado ahora sustituyendo a Steve Maggiora. Warren Murrel sigue al bajo y Andrew Spantman a la batería, y la guitarra sigue a las manos de Henry James Scheneekluth. ¡Y vaya manos!
La verdad es que lo pasamos fenomenal. Música y amiguetes. No hace falta mucho más. Francisco, Óscar y Enrique fuimos al final juntos al concierto.
jueves, 30 de abril de 2026
Gravedad cero - Woody Allen
Ya he contado más de una vez por este blog caprichoso y personal, que soy un asiduo seguidor de las películas de Woody Allen, y que también soy lector de todo lo que publica aparte del cine. Digo lo que publica porque a veces son guiones, otras veces son cuentos o relatos, o incluso series. En cualquier caso, suelo estar atento a todo lo que lleva su firma porque, a mi juicio, es uno de los grandes.
Me reí a carcajadas mientras lo leía. El cuento titulado Park Avenue, piso alto, urge vender fue directamente desternillante. Lo leí dos veces de lo que me reí. Pero de todos los relatos, mi favorito fue el último y más extenso, Crecer en Manhattan, con enormes tintes autobiográficos.
Muchas de estas piezas fueron publicadas con anterioridad para la revista The New Yorker, pero el resto se han publicado en este libro por primera vez. Yo no había leído ninguna de ellas, pero si no se ha leído nada del autor neoyorquino es una estupenda toma de contacto, aunque yo siempre recomiendo sus películas.
Quisiera destacar la traducción, porque hay muchos de los apuntes de Allen que son de un carácter local o al menos nacional. Muchos guiños a la actualidad y si no te dan una pincelada que te oriente, algunas bromas no son fáciles de pillar. Woody Allen es una persona observadora, y siempre está atento a advertir los dobles sentidos de las frases, pareciera que camina avizor y acechante a pillar algún agudo detalle que los demás hemos obviado. Lo recomiendo.
martes, 28 de abril de 2026
Los recibimientos
Jornada 33, tocaba partido internacional, pues nos desplazábamos al Encamp, donde juega como local el FC Andorra, que venía de golear a la Cultural Leonesa por 0-4. Nos recibían colocados en la media tabla, lo que a mi parecer hace que estos equipos despreocupados sean muy peligrosos, aunque también algo inconstantes o impredecibles. Y más teniendo en cuenta que era una jornada entre semana, con lo que se suponía que habría un buen puñado de cambios en el once titular, como así fue. Además, por si no fuese suficiente, llovía. En cambio, en la mitad de la primera parte, cuando el partido estaba más dormido, en un saque de esquina, Murillo remató solo, con el pie a la red. 0-1. Al borde del descanso, penalti claro sobre Joaquín, al que pisaron en el gemelo, que como Chupe estaba en el banquillo, Eneko Jauregi se encargó de tirarlo y marcar. 0-2. Descanso. Todo parecía bien encarrilado.
lunes, 13 de abril de 2026
Regresar a Cuenca
Hacía tiempo que teníamos previsto una escapada de fin de semana familiar a Cuenca, la ciudad donde nació Rosa, la mujer de mi padre. Fuimos a Cuenca para celebrar su fiesta de ochenta cumpleaños, rodeados de sus siete hijas y su hijo, el menor de todos, el último en llegar. En mi mente distraída y juguetona siempre que lo veo pienso que bien pudo ser el niño más buscado de España. Más buscado que Chencho, el niño perdido en el clásico del cine español, La gran familia.
Llegamos a Cuenca a eso de las 17:30 de la tarde. Tiempo justo para instalarnos en el Hotel Torremangana, tomar una cerveza en la terraza mientras recibíamos y conocíamos a algunos familiares de Rosa y seguidamente fuimos a dar una vuelta por la ciudad iluminada por la noche. Subimos dando un largo paseo junto al río Huécar, afluente del Júcar, en busca del Puente de San Pablo, construido en 1902, un puente de hierro y madera sobre el río Huécar, con vistas a las Casas Colgadas y con una caída vertiginosa bajo él. Yo casi ni me acerqué. Fue dar los primeros pasos, ver la luz por entre los listones de madera y escuchar su crujir y empezar a temblarme las piernas. Media vuelta y hasta pronto. Como estaba en el lado correcto del puente, giramos hacia la Plaza Mayor, frente a la Catedral gótica de Santa María y San Julián e iniciamos el camino de vuelta pero esta vez por los miradores que una parte ofrece hacia el otro lado del tajo.
Iniciamos nuestro recorrido hacia la Plaza de la Constitución y cruzamos hacia el Monasterio de Madres Benedictinas, cruzamos el Jardincillo de El Salvador, junto a la Iglesia de San Felipe Neri hacia la Plaza del Carmen desde donde ascendimos hasta los pies de Torre de Mangana, desde donde hay un mirador con vistas fabulosas hacia el oeste de la ciudad. A pocos pasos está la Iglesia del Convento de la Merced donde pudimos ver a un par de monjas, con el hábito religioso, de las que ya apenas se ven. Continuamos hacia la Plaza Mayor, esta vez de día, y entramos en la Catedral. Es la segunda vez que entro en la Catedral, porque Pepi y yo la visitamos por el verano de 2003 o 2004 si no recuerdo mal, en un viaje fabuloso e irrepetible que hicimos Pepi y yo por ciudades españolas. Rosa, una vez maqueada de la peluquería, se acercó a acompañarnos por nuestra visita.
Al acabar regresamos al puente de San Pablo, esta vez de día. Si queríamos disfrutar de las vistas desde el otro lado del puente, había que cruzarlo. Vi a niños cruzarlo dando brincos. Yo apenas podía despegar los pies del suelo. Mi hermano me sirvió de Lazarillo y dejó que yo le echara el brazo por encima de los hombros y muy despacio, sin salirnos de la imaginaria línea media, equidistante a las barandillas laterales, sin dejar de mirar al frente, lento como una tortuga reumática, conseguí cruzar el puente. Es la tercera vez que lo cruzo. Porque en mi vista anterior lo tuve que cruzar a la ida y a la vuelta. Por suerte, en esta ocasión sólo lo tuve que atravesar una vez. Más que suficiente. Al otro lado, cercano al Parador, estaban las letras de Cuenca, donde ahora viene siendo obligatorio hacerse una foto. Así que lo hicimos.
El Restaurante La Ceca, donde se celebraba el cumpleaños estaba a un paseo corto desde el Hotel. Primero con la cerveza de bienvenida y las presentaciones con la amplia familia de Rosa, seguidamente con la comida, donde, entre muchos platos, nos sirvieron como especialidad típica conquense oreja de cerdo con ajo y perejil, crujiente por fuera y tierna por dentro, que no a todos los de mi familia agradó. Hasta el momento de la tarta, que fue muy especial, e incluso disfrutamos de varias actuaciones musicales de nietos y amigos de la familia de Cuenca. Echamos la tarde y parte de la noche.
Para el último día teníamos previsto visitar el Museo Paleontológico, pero amaneció lloviendo, y nos quedaba un día largo de vuelta en la carretera. Así que tras desayunar decidimos bajar las maletas a la furgoneta y volver a casa. Seiscientos kilómetros por medio. No sé si podremos repetir un viaje así en nuestras vidas, porque cada vez es más complicado unir a tanta gente. Un viaje inolvidable.
martes, 7 de abril de 2026
Días de celebraciones
Llevaba Pepi un tiempo con ganas de ir a comer a un restaurante de comida asiática que le habían recomendado por varios sitios, entre ellos nuestros hijos, el restaurante Misake Asian Fusion. Por una cosa o por otra, la posibilidad de ir, una y otra vez se fue estropeando. El Misake Asian Fusion es un restaurante con menú bufé de comida asiática, como se pude intuir en su nombre con facilidad. Pides lo que quieres y puedes repetir hasta no poder más. Algo así como la bebida recargable en algunas de las franquicias americanas de hamburguesas. El anticulto moderno al fitness vital. Comer hasta reventar y poco más.
Al día siguiente, el día seis de abril, ya sí que era nuestro aniversario, y aunque era lunes, decidimos que sería una buena idea ir a cenar -esta vez los dos solos-, a uno de nuestros clásicos en las celebraciones, Casa Roberto. Probablemente uno de los restaurantes que más años llevamos yendo juntos. Aún éramos dos tiernos novios y ya íbamos en fechas señaladas a celebrar algún acontecimiento compartido. Bien el día de los enamorados, bien nuestro aniversario o algún cumpleaños. No lo hacíamos muchas veces, claro, pues cuando eres joven la economía no está para muchos esplendores, aunque ahora tampoco está muy allá.
El año que viene haremos veinticinco años de casados. No es ninguna tontería. Cada día es más raro que las parejas aguanten tanto tiempo juntos. La vida es un inmenso conjunto de elecciones. A veces se acierta a la primera, a veces a la segunda y hay quien no acierta en toda su vida. Yo tuve la inmensa fortuna de acertar con mi santa en unos pocos minutos. Todavía mantenemos la curiosidad de ir a sitios nuevos, pero también volver a los sitios que nos llevan acompañando tantos años.
sábado, 4 de abril de 2026
Una Semana Santa de Procesiones
La pasada escapada el fin de semana con los niños por pueblos costeros de Cádiz, significó un descanso necesario, una pausa de hidratación a mitad de camino entre las fiestas navideñas y el inicio del verano. Especialmente para mi mujer y los niños, porque ellos regresaron de nuestro tour por Cádiz y aún tenían por delante siete días sin trabajo, o sin universidad en el caso de Sofía o sin instituto en el caso de Miguel. Pero para mí significaba una bocanada de aire fresco, algo más que un respiro, pero al instante tenía que echar a andar, regresar a la rutina, porque el lunes yo estaba otra vez trabajando como un lunes de infantería, aunque con la esperanza puesta en los días festivos de jueves y viernes santo en mi próximo horizonte. Parece una tontería, pero los esperaba con tanta necesidad, como el sediento se acerca al oasis en mitad de una larga travesía por el desierto.
Así que el lunes madrugué, y fui a trabajar, y el resto de la familia se quedó en la cama, recuperándose, a pesar de que el que había estado conduciendo era yo, pero no me desanimó, al contrario, me sentí eufórico con la proximidad de los días de fiesta, tan exultante me sentía ante la perspectiva de una semana de trabajo de tres días, que le propuse a Pepi ir a ver la Semana Santa de Málaga.
Llevo tiempo escuchándola decir, como una queja crónica, que casi no ha ido en su vida a las procesiones malagueñas. Y tiene razón. De niña sus padres no la llevaron, y siendo novios fuimos poco, algo, pero poco. Lo confieso, no soy nada semanasantero, no siento ese fervor religioso, ese acto de fe incuestionable, es simplemente un hueco que no se he rellenado. Por lo que no soy la persona idónea, ni aconsejable para ir de lazarillo, pero aún así me ofrecí con mis mejores intenciones a acompañarla a ir a la Semana Santa de Málaga. Creo que nunca en mi vida vi tan nítida la expresión de incredulidad en la cara de Pepi.
Tiramos relativamente pronto para Málaga y aparcamos el coche, con muchísima suerte, junto a la biblioteca de Málaga, cerca del Metro Universidad, cuando ya parecía imposible aparcar. Había tal desbarajuste en el aparcamiento, que Pepi pensó que no podríamos salir nunca de aquella madeja de coches. Desde allí tomamos el metro camino del centro. Tuvimos que esperar que pasaran varios metros hasta que finalmente pudimos hacernos sitio en uno. La Semana Santa la comenzamos como sardinas en lata.
Eran más de las doce de la noche, bajamos la calle Larios que ya estaba recogida, y fuimos al metro, donde la cola no era kilométrica pero casi. Al menos iba rápida. Ya sólo quedaba deshacer nuestro recorrido hasta casa.



