domingo, 29 de marzo de 2026

Llegada a Sanlúcar de Barrameda

Hace ya tres años -¡cómo pasa el tiempo!- Pepi y yo hicimos una escapada de fin de semana con la intención de visitar algunos de los pueblos de Cádiz que aún no conocíamos. Reservamos un hotel en Jerez de la Frontera y desde allí visitamos Sanlúcar de Barrameda y El Puerto de Santa María que eran dos de los pueblos que no habíamos visitado nunca. 

En esta ocasión decidimos ir a conocer otros pueblos de los alrededores y para ello nos establecimos en Sanlúcar de Barrameda. Quisimos ir con nuestros hijos y reservamos un apartamento situado en el mismo centro de Sanlúcar, en la Calle Santo Domingo, delante de la Parroquia de Santo Domingo, en la prolongación de la Calle Ancha. A tres pasos de todo. La idea era irnos el viernes lo antes posible, para aprovechar el día, pero Miguel tenía un examen, así que en cuanto lo terminó pudimos salir para allá, y como no salimos temprano tuvimos que parar por el camino para comer.

Nos detuvimos en el Restaurante Los Corzos, que es una venta de carretera que está a la altura de Alcalá de los Gazules, donde disponen en el menú unos platos que se llamaban algo así como superescalope con cuatro quesos gratinados. Sofía vio lo de los cuatro quesos y Miguel vio lo de super y eso pidieron. Pepi dijo que compartiría esos dos platos con ellos. No les agradó la idea porque decían que tenían hambre. Yo me pedí una carrillada, que estuvo muy bien. El superescalope era realmente de tamaño super y nos sobró uno completamente entero y parte del otro. Una barbaridad de tamaño. La cosa es que preguntamos a quien nos tomó nota si eran muy grandes, y nos dijeron que bueno, que normal, grandecito. Encima nos informaron que el cachopo era aún más grande. Imagino que por allí deben de ir a comer hombres de neandertal después de dos semanas sin poder cazar. Tomé un café y continuamos el camino. Yo conduciendo y el resto se regaló una siesta de una hora

Tras aparcar -tuvimos suerte y aparcamos casi en la misma puerta- y dejar las maletas en nuestro apartamento, nos dispusimos a descubrirle  Sanlúcar a nuestros hijos. Lo primero era visitar la Plaza del Cabildo, que estaba muy cerca de nuestro alojamiento y nos pareció el mejor punto de partida para conocer la ciudad.  De camino a la Plaza entramos a ver la Parroquia de Santo Domingo, del siglo XVI, muy cerca de nuestro apartamento y que encontramos abierta en estos días previos a Semana Santa. La Plaza del Cabildo tiene siempre mucha vida. A esa hora de la tarde la mayoría de la gente estaba en lo que ahora se conoce de lleno en el tardeo, que es alargar la comida, en las terrazas, tomando gintonics hasta el anochecer.

Decidimos bajar toda la Avenida Calzada Duquesa Isabel, paseando por su albero, hasta la playa, para disfrutar del atardecer sanluqueño. Desde allí la puesta de sol es ciertamente bella. El sol desaparece en una anaranjada la línea oceánica de fondo, con el verdor del Parque Nacional de Doñana a la derecha. Es una visión preciosísima.  Los niños hicieron un número infinito de fotos.

Paseamos lo que aquí llamaríamos el paseo marítimo pero que allí es la calle Bajo de Guía. Mientras caía la noche deshicimos nuestros pasos para ir a cenar a la Plaza del Cabildo, donde está Casa Balbino, una taberna típica sanluqueña, donde nuestros niños probaron sus famosas tortillitas de camarones. Una de las maravillas de la vida. Me gustaron también mucho los rollitos de berenjenas con langostinos. Como siempre, todo muy rico. Hasta la manzanilla que me bebí -ahora que no tenía que conducir- , me sentó de maravilla.

De postre tomamos un helado de camino de vuelta al apartamento. El día había sido largo y el día siguiente lo sería aún más.


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