sábado, 2 de mayo de 2026
La Verdad en el Teatro Cervantes
domingo, 22 de marzo de 2026
Un bebé perezoso y tímido
sábado, 14 de febrero de 2026
La OFM 2025/26 - Programa 07
Siempre he querido llevar a mi padre a un concierto de la Orquesta Filarmónica de Málaga. Pero no es tarea sencilla. Tienen que darse una serie de circunstancias. La primera es que la orquesta ofrezca un concierto, algo que ocurre aproximadamente una treintena de veces al año. La segunda que es que yo pueda asistir, y la otra es que mi padre también pueda.
Un día le pregunté si un día le apetecería ir a ver un concierto de la Orquesta Filarmónica de Málaga, y me dijo que sí, que no es que le gustara, es que le encantaría. Así que estuve atento. Y en cuanto pude encontrar un día en el que los astros se alinearon a nuestro favor, reservé un par de asientos en el patio de butacas. Centradas aunque algo cercanas.
Mi padre ha sido músico, saxofonista para más señas, y director de coral y también de banda de música. Esa ha sido su pasión. Una pasión que le ha llenado la vida. Siempre le ha gustado la música clásica, pero a sus ochenta y cinco años, ya no es tan sencillo para él ir a ver los conciertos.
El concierto tenía tres partes, una primera con Pablo Ferrández, solista de violonchelo, para interpretar el Concierto para violonchelo y orquesta en mi menor, Op 85, de Edward Elgar. Con cuatro movimientos.
En la segunda parte, The chairman dances (Foxtrot para orquesta) de John Adams. Y para acabar las Danzas sinfónicas de West Side Story por Leonard Bernstein. Dirigido y presentado todo por José María Moreno, director titular de la OFM. Pasó en un santiamén.
Luego, tras el concierto, fuimos a cenar juntos al Meson de Cervantes, donde yo había reservado mesa para los dos. Lo invité a todo. A las entradas, a la cena, al parking y al taxista. Él quiso pagar el café que tomamos antes del concierto.
Al regresar a Fuengirola, en la puerta de su casa, bajando del coche, me dio las gracias. En su forma de dar las gracias había un eco de gratitud y satisfacción. Yo regresaba en el coche a casa con un sentimiento de haber devuelto un grano de arena de la inmensidad de deuda que un hijo siempre le debe a un padre. Empezando por mi pasión por la música.
sábado, 7 de febrero de 2026
Juro no decir nunca la verdad - Javier Marías
Si han seguido este blog, aunque sea de manera ocasional, sabrán que soy un admirador de la pluma del autor madrileño Javier Marías. Lo soy desde que comencé a leerlo con Todas las almas, en una edición de El Círculo de Lectores que me pagaron mis padres, pero eso es otra historia.
Lo he seguido como escritor de novelas, como escritor de cuentos, como ensayista, como editor del Reino de Redonda, como traductor y, especialmente, como articulista. Esto es quizás lo más sencillo, pues sólo tenía que acercarme una vez a la semana a leer sus artículos en El País. Como a veces se me escapaban algunos artículos en uno de esos fines de semanas más agitados de la cuenta, he ido comprándome sus volúmenes de artículos y leyéndolos con una pausa temporal que se ha ido agrandando con el paso del tiempo. Cada vez la distancia de tiempo, entre lo escrito y cuando yo lo leía ha ido creciendo. El tiempo es lo que más nos aprieta.
Tras su fallecimiento en septiembre de 2022 fui postergando su lectura. No sé, no me sentía a gusto leyéndolo, me daba una pena leer a Marías sabiendo que muchas de las cosas que afirmaba no las vería continuar. Me entristecía leerlo. Es casi la primera vez que me pasaba algo así con un escritor. Una sensación tristemente novedosa para mí. Así sus libros, durante estos últimos años he mantenido sus libros en salmuera, en las estanterías más alejadas, apartándolos de la vista, hasta incluso algo escondidos. Me entristecía verlos porque me recordaban a él. Ojos que no ven, corazón que no siente.
No diré que me resultó fácil leerle, porque me detenía pensando en la pena que me daba que ya no pudiera continuar escribiendo, pero el placer de la lectura merecía la pena. Y aunque algunos de sus artículos -especialmente los políticos- quedaban algo fuera de lugar, son una interesante crónica de lo vivido en España.
Echando un vistazo rápido por este blog, he descubierto que hacía mucho que no publicaba una entrada de Javier Marías. Y es que sus últimos novelones están por ahí en alguna estantería esperando que le meta mano. Cualquier día de estos.
domingo, 1 de febrero de 2026
Mejor no decirlo
Cuando publicaron todas las obras de teatro que se representarían en Málaga, la que más atraía a Pepi era la comedia Mejor no decirlo, interpretada por la malagueña María Barranco e Imanol Arias, actores más que reconocidos en la gran y pequeña pantalla. Dirigida por Claudio Tolcachir y escrita por Salomé Lelouch.
La obra estuvo bien. Divertida. Tuvo algunos puntos cómicos que me arrancaron una carcajada, pero me dio la sensación de estar viendo un conjunto de sketches, no una historia lineal sobre un matrimonio. ¿Me lo pasé bien? Pues sí. ¿Estuvo bien interpretada? Pues también. ¿Qué falló entonces? Pues no sabría decir si el guión, la dirección o la adaptación. Pero mi impresión es que fue algo que estuvo bien, pero que como concepto general no fue un gran acierto. Percepciones personales, supongo. Además, otra apunte recurrente últimamente es que las obras a veces son cortas. Sobrepasó en poco la hora de representación. Algo justo, creo yo. No es necesario que una obra dure tres horas, ni siquiera dos, pero apenas una hora luce poco.
Con esta obra dimos por cerrado nuestra asistencia a la primera parte del festival de teatro del Teatro Cervantes. No ha estado nada mal. Ni más ni menos que a cinco obras de teatro en un mes. Como era sábado y Pepi yo fuimos solos al teatro, y la noche era estupenda, decidimos ir a picar algo. Y fuimos a La Gloria, una taberna al inicio de Calle Beatas, que tiene la curiosidad de que mantiene un trozo del antiguo muro de Málaga, fechado entre el siglo XII - XV. No todos los días se cena junto a un muro de tanta historia.miércoles, 14 de enero de 2026
Las lágrimas de San Lorenzo - Julio Llamazares
Tenía pendiente por leer este libro en una de las librerías de casa. Una portada preciosa, por cierto. Pero los libros van cayendo entre mis manos de una manera, digamos, inesperada, sin un orden predispuesto, aunque algo de orden procuro llevar. El asunto es que cuando leí a Julio Llamazares, lo hice con un libro prestado por mi amigo Miguel, Tanto pasión para nada. Un libro de relatos que me dejó muy buen recuerdo.
En realidad lo que me motivó leerla fue que supe que Julio Llamazares acudía a Málaga a presentar su última novela, El viaje de mi padre, y aproveché para leérmelo y así acercarme a su charla y si era posible que me lo dedicara.
Al final sí pude hacer asistir a la charla que fue muy entretenida, y al acabar la charla pude acercarme y contarle lo mucho que me gustó su novela y darle las gracias por el buen rato que me supuso su lectura.
Es una novela sobre el paso del tiempo, la memoria personal donde los recuerdos y la nostalgia caminan cogidas de la mano, y sobre la relación que un padre comparte con su hijo y con la nostalgia de lo que él fue, de la relación con sus padres y la que vive con su hijo. La fugacidad de la vida como lluvia de estrellas.
Una novela corta, apenas doscientas páginas y fácil de leer, que endulzó algunas tardes de otoño cual azúcar en café. Lo recomiendo.
A ver si ahora no tardo tanto en volver a leer al autor leonés.
lunes, 29 de diciembre de 2025
Al Teatro en familia
Ya he contado bastantes veces aquí que Pepi y yo somos bastante asiduos al teatro. Intentamos ir siempre que es posible, pero no siempre es fácil, pues cuadrar los horarios y obligaciones de toda la familia cada vez nos resulta más complicado. Además que hay que sumarle los precios, que no digo que el teatro sea caro, pero quieras que no supone un esfuerzo económico familiar.
Claro, esto lo complica todo. Y especialmente lo encarece. Como nos gustaría que nuestros hijos tuvieran afición por el teatro, nuestra idea era llevarlos a ver una función en el Teatro Cervantes, ya que Miguel decía que ya no lo recordaba. De manera que hicimos un esfuerzo por asistir a la obra solidaria que Dani Rovira iba a ofrecer para recaudar fondos a distintas asociaciones malagueñas. La obra era básicamente un monólogo sobre lo que a Dani Rovira le diera la gana y que tituló Vale la pena.
Sofía y Miguel conocían a Dani Rovira de haber visto algunas de sus películas, especialmente Ocho apellidos vascos y nos pareció que esta obra les podría gustar. Al final no era lo que esperábamos, pero lo importante era pasar un buen rato, y un buen rato pasamos.
Como la obra era un domingo por la mañana, aprovechamos tras el teatro -ya saben, los poyaques- para almorzar en La Mafia se sienta a la mesa, donde ninguno de los dos había estado antes. Seguidamente mientras mi mujer y mi hijos fueron de tiendas, aprovechando que la entrada es gratuita los domingos por la tarde, visité el Carmen Thyssen y dos de sus exposiciones temporales. Telúricos y primitivos y una de una selección de grabados del artista neerlandés Rembrandt. Hay mil detalles en cada grabado, pero debí traer una lupa para poder verla bien.
Después paseamos por Málaga, tomamos café, y esperamos para ver el encendido anual de las luces navideñas en la Calle Larios. Tradición que no puede faltar. Así el día tuvo esa combinación de cultura, gastronomía y entretenimiento (algunos también practicaron las compras) que hace que el día fuera completo.
sábado, 27 de diciembre de 2025
Las Navidades son...
Las Navidades son probablemente el momento más familiar del año. En la cena de Nochebuena y la comida de Navidad las familias se sientan alrededor de las mesas atiborradas de chacinas contundentes, entrantes sofisticados, y en nuestra casa el plato con queso curado y jamón no pueden faltar. El olor embriagador del cordero asado, que es nuestro plato estrella navideño, se extiende por todas las habitaciones, donde los descorches de las botellas de vino, que se han ido atesorando durante el año, son un sonido recurrente. Al terminar semejante festín, aún quedan los dulces navideños y el turrón, dispuestos para prolongar la larga digestión que está por venir.
Días después llega el Fin de Año, que quizás es el momento por excelencia de la juventud y la fiesta. El día siguiente es Año Nuevo, un día de reposo, resaca y recuperación. Y sin tiempo casi para nada, llega el día de Reyes que es el día más anhelado por los niños, aunque al final todos pillamos algo.A mí me encantan las Navidades, desde niño. Supongo que a todos los niños les encantan. Días de vacaciones y comidas abundantes. El único inconveniente tal vez sea que el tiempo suele ser frío y lluvioso y salir a la calle a veces es imposible. Pero en la calidez interior de las viviendas, el tiempo es un refugio. Los adornos navideños le dan ese toque especial a cada hogar. Todo tiene un sentido familiar. Por eso la nostalgia me invade muy a menudo. Desde que mi madre no está, las navidades no son lo mismo. Y sé que ya nunca lo serán. Entiendo que no es algo personal, las navidades cambian el día que pierdes a un ser querido para todos y a partir de ese momento, simplemente cambia, son otra cosa, son distintas. Yo no soy el mismo desde entonces, pero especialmente en Navidad.
Echar de menos a las personas queridas en estas fechas es un sentimiento humano de nostalgia. Enfrentarse a ello es personal. Mi forma de recordarla es intentar hacer por mi familia lo mismo que ella hizo por la suya. Nunca es igual, pero lo intento.
domingo, 7 de diciembre de 2025
Una cría de gorila en el Bioparc Fuengirola
El pasado sábado 29 de noviembre, a la hora de comer, nació en el Bioparc de Fuengirola una cría de gorila de llanura, una especie en peligro crítico de extinción. Esto supone un hito en el programa europeo de conservación. Se trata del primer nacimiento de gorila en España y el segundo europeo del año. Una grandísima noticia.
Mis primeras impresiones es que Wefa se comporta como una madraza. Vive por y para su cría, está todo el rato pendiente, la tiene recogida en sus brazos exactamente igual que una madre entregada acurruca a su bebé. Pude verlo a menos de un metro de mí (con un cristal de seguridad) y la verdad es que es fascinante lo cerca que estamos de los gorilas en la evolución. Wefa es un madre atenta y no paraba de dedicarle caricias a su pequeño gorila.
Di una vuelta completa al Bioparc, como siempre hago, y claro me acerqué un rato a ver a los ajolotes, que son hipnóticos.
Pd: El nombre elegido para la cría, tras una votación online, es Ernie, en homenaje al icónico "espalda plateada", Ernest, que habitó Bioparc Fuengirola durante años, hasta que falleció en 2017, por causas naturales a los 45 años.
martes, 4 de noviembre de 2025
Kandace Springs en el Cervantes
Apenas unos días después de visitar el Teatro Cervantes en el concierto de la Filarmónica de Málaga, acudí de nuevo al mismo recinto para el Festival de Jazz, con la intención de ver la actuación de la cantante de Nashville, Kandace Springs.
El último disco publicado por Kandace Springs, Lady in satin (2025), rinde un homenaje al disco de mismo título de una de las grandes leyendas del jazz, la inigualable Billie Holiday. Lo primero que pensé al verlo, fue que hay que tener mucho talento y muchas agallas para publicar precisamente ese disco. Lady in Satin (1958) que fue el último disco que Billy Holiday publicó en vida y es, con probabilidad, uno de los discos más recordados de Lady Day.
De manera que allí me presenté acompañado de mi amigo Miguel, que se apunta a un bombardeo con la misma facilidad que yo. Kandace Springs inició su concierto ante un precioso piano Steinway & Sons ébano de cola, con su tema We'll find a way de su disco Run your race (2024). El sonido fue perfecto desde el primer minuto. La pianista y cantante llegaba acompañada de Camille Gainer a la batería y Caylen Bryant al contrabajo y a los coros. No hacía falta más para sonar divinamente. Continuaron con otra canción propia, Soul Eyes, de su disco de mismo nombre (2016).
Poco a poco fueron cayendo algunos clásicos, como Killing me softly with his song o Devil may care, que fue una de las canciones elegidas por Diana Krall en el primero de los conciertos del Starlite que asistí, allá por 2022. La versión de Pearls, la canción de Sade, fue especialmente elegante. Todas estas incluidas en su disco The women who raised me (2020).Para el encarar la parte final del concierto interpretó una canción muy emotiva, dedicada a su padre, Place to hide. Una canción preciosa. No faltó la versión de un tema tan especial como I put a spell on you.
Dejó casi para el final una versión de una de mis canciones favoritas de Billie Holiday, You don't know what love is. ¡Tremenda! Y para terminar se despidió con uno de los temas más grandes de la música: At last, el tema más conocido de Etta James.
Fue un concierto inolvidable. Al final me quedé al merch y a darle personalmente las gracias por el estupendo concierto que nos regalaron.
sábado, 25 de octubre de 2025
Perderse - Annie Ernaux
jueves, 16 de octubre de 2025
Le Mépris
Fue acabar la jarana continua de los días de feria y me apunté junto a un amigo para ver una película al 31 Festival de Cine Francés de Málaga. De entre las películas programadas, y las fechas libres que disponíamos, nos decidimos por una película de Jean-Luc Godard, Le Mépris (1963), El desprecio fue como tradujeron el título en España. Protagonizada por una treméndamente sexi Brigitte Bardot y Michel Piccoli.
Un dramaturgo (Michel Piccoli) recibe la oferta por una buena cantidad de dinero de reescribir algunas escenas para La Odisea, una película que se va a rodar bajo la dirección del director Fritz Lang (Fritz Lang) en Capri. Un altanero y vanidoso productor norteamericano (Jack Palance) se cruza entre la relación del dramaturgo y su mujer (Brigitte Bardot).
Una película melancólica y hermosa. Una relación autodestructiva, en un marco de belleza natural. Muy sugerente y provocadora, a ratos soñadora. Muy en la línea del cine de la Nouvelle Vague.
lunes, 13 de octubre de 2025
Distintas formas de vivir la Feria
No me considero una persona amante de la feria. Nunca me he vestido de corto, ni de campero. Aprendí a bailar sevillanas y en su momento las bailé, aunque hace años que ya no sé. Lo cierto es que cada vez trasnocho menos y tengo limitado el consumo de alcohol. Ya saben, razones de salud. La responsabilidad de ser padre también tiene sus obligaciones. Pero desde que tengo uso de razón, no ha habido un año en el que no haya ido a pasear la feria. Ha habido años que he ido todos los días, sobre todo cuando era joven, ya con los horarios laborales sólo suelo ir los festivos y las noches previas a festivos. Puede que algún día suelto, pero pocos.
Mi hijo, Miguel, nació un siete de octubre, festividad de la Virgen del Rosario, patrona de nuestra localidad y primer día de la semana de feria. Fue escuchar que comenzaba la feria y ya Miguel se asomó a vivirla. Así fue. Con unos pocos días de vida lo llevamos, en su carrito, a dar un paseo corto a la feria. ¡Y bien que abría los ojos! Al año siguiente, cuando cumplía un año, ya vivía su segundo año en la feria de Fuengirola. No todo el mundo lo entiende.
De eso hacen bastantes años y mis hijos se hacen mayores, y yo, quiera o no, les sigo el paso al mismo ritmo. Son ya mayores y salen por ahí con sus amigos, y mi Pepi y yo ya no tenemos que ir a pasearlos a la feria. Ya se pasean ellos solitos. Un poco de ayuda económica nunca les viene mal, eso sí.
Vivimos la feria ahora, a nuestros cincuenta y tantos, de una forma menos intensa, más sosegada, menos trasnochadora y en general más sana. Es otra forma de vivir la feria. No es peor, tampoco mejor, distinta. Pero una de las cosas que no ha cambiado en absoluto es nuestra anual costumbre de comer un plato de callos en la semana de feria.
domingo, 21 de septiembre de 2025
Unicaja Campeón de la Intercontinental (2)
Hace unos meses el Unicaja conquistó el prestigioso título de la Liga de Campeones de Baloncesto 2025, en Atenas contra el Galatasaray. Éste título le abrió la puerta para la disputa de la Copa Intercontinental de Baloncesto, título del que era el actual campeón, pues la temporada pasada por estas fechas estaban levantando el título.
El caso es que otra vez viajó a Singapur, en esta ocasión como favorito, puesto que era el actual campeón. El cartel de favorito es algo que a veces pesa, no es fácil lidiar con la obligatoriedad de no fallar.Un equipo libio fue su primer rival. El Al Ahli Tripoli, al que venció 61-73 con relativa solvencia. El siguiente rival del grupo fue el equipo japonés Utsonomiya Brex, al que se ganó con un marcador contundente de 68 - 97. Acabó primero del grupo de tres equipos, siendo el equipo de toda la competición, con mejor balance defensivo. En la final se enfrentaría al mismo rival al que venció en la intercontinental del curso anterior, el G League United norteamericano, que también había vencido sus dos partidos del grupo.
Para alcanzar el título el Unicaja tuvo que remontar los 12 puntos a los que se fue el equipo americano en el segundo cuarto, con un soberbio tercer cuarto, 23 - 5, hasta llegar a un resultado final de 71 - 61.
El jugador del partido, a mi juicio, fue Kendrick Perry, que realizó un tercer cuarto prácticamente perfecto, pero el MVP del torneo se lo dieron a Kalinoski. ¡Enhorabuena!- Copa del Rey 2023/24
- Supercopa Endesa 2024
- Liga de Campeones 2024
- Liga de Campeones 2025
- Copa Intercontinental 2023/24
- Copa Intercontinental 2024/25
sábado, 23 de agosto de 2025
Atenas Día 1
Se estaba convirtiendo en una costumbre madrugar en Budapest. Nuestro último día no iba a ser menos. A las 3:15 sonó el despertador, hicimos el checkout del hotel y pedimos un taxi que nos llevó al aeropuerto desde donde cogeríamos un avión de Ryanair que nos llevaría a Atenas, donde aterrizamos un par de horas después. Cogimos otro taxi que nos llevó cerca de nuestro alojamiento en el centro de Atenas.
Soltamos las maletas en una especie de trastero que tenía habilitado el apartamento mientras nos arreglaban la habitación y fuimos a desayunar a un sitio cercano que teníamos localizado, Victory. No estuvo nada mal.
Adriano sentía fascinación por la cultura griega desde joven. Vivió allí en sus años formativos, antes de ser emperador. Convirtió Atenas en un centro cultural y la benefició financiando grandes obras como la Biblioteca de Adriano, un acueducto y terminó el Templo de Zeus Olímpico, iniciado años atrás. Adriano está considerado uno de los emperadores buenos del Imperio Romano, se le llegó a conocer como el griego o como el restaurador. Por algo será.
Además, dentro del museo está la galería del Partenón, donde se ha tratado de reproducir todas las proporciones y las medidas tanto del friso, las metopas, los frontones y las columnas. La colección es inmensa. Nosotros tardamos unas dos horas para recorrerlo y nos hubiera hecho falta darle cinco vueltas más, pero no disponíamos de tanto tiempo.
Abandonamos el museo y se nos abrió el apetito. Nos llegaban olores de especias, de carne guisada, a la brasa... decidimos dirigirnos en dirección al barrio Plaka, donde yo tenía echado el ojo a varios restaurantes. Plaka es uno de los corazones del centro turístico de Atenas, un barrio adoquinado, muy colorido y animado, que está a los pies de la ladera de la Acrópolis. El restaurante que elegimos fue Geros Tou Moria. Fue un acierto.
En cada calle de Monastiraki hay una tienda de souvenirs que vende camisetas con el lema de Sparta, camisas de lino azul y blancas, o esponjas naturales. Está llena de apartamentos turísticos y bonitos restaurantes donde los camareros apostados en la entrada te conminan a entrar a consumir en su restaurante.
Buscamos un sitio donde tomar un café y picar algo, y para descansar los pies. A pocos metros, girando la calle encontramos una plaza con una pastelería heladería, Zuccherino, con una terraza debajo de unos árboles frondosos. Los niños querían helados, Pepi y yo café con pastel. Todo muy rico. Pepi y yo pedimos una especie de tarta de hojaldre, pistachos y miel. Similar a una baklava pero sin llegar a serlo. El café con hielo buenísimo.
El resto del tiempo decidimos dejarnos llevar, ir conociendo Atenas caminando, curioseando por las tiendas de souvenirs, eligiendo restaurantes, contemplando cuán parecidos y cuán distintos somos los mediterráneos. Todas las calles del centro estaban abarrotadas y todo el mundo aparentaba ir de un sitio a otro sin que el tiempo fuese importante. Nos abocamos a la Plaza Monastiraki, un lugar plagado de gentío, puestos callejeros, bares con terrazas, había muchísima vida en ese momento. En la plaza, escorada hacia un lado, hay otra Iglesia bizantina, también de confesión ortodoxa, Santa Iglesia de la Virgen María Pantanassa. La plaza Monastiraki recibe su nombre de ella. Durante siglos la iglesia fue denominaba Monasterio Grande, y de ahí se quedó el nombre. Tiene un campanario que no pega mucho, pero bueno, ahí está. Para entrar a la iglesia hay que bajar unos escalones y la base del campanario está unos cuantos escalones por encima del suelo de la plaza. No es que sea una iglesia bella tal cual, pues parece un collage desgarbado del paso de los siglos. El interior, a mi juicio, es más bonito que el exterior.
Durante el vagabundear por el centro de Atenas, comenzamos a ver puestos donde servían gyros, que son una carne asada de cordero o ternera, cortada en vertical en finas tiras, que se sirve en pan de pita con diversos ingredientes como cebolla, tomate y salsa tzatziki. Incluso en algunas ocasiones añadían patatas fritas dentro del cucurucho. Algo así como un kebab, pero con un estilo griego. Miguel, que no había tomado un pastel a media tarde, no pudo resistirse y se pidió uno que todos probamos.
Llevábamos despiertos desde muy temprano cuando cogimos el taxi en Budapest. El día se nos estaba haciendo largo, decidimos retirarnos al apartamento que estaba apenas a diez minutos caminando. Despertar en Budapest y dormir en Atenas es algo que probablemente no vuelva a hacer en mi vida. O sí. Nunca se sabe.
viernes, 22 de agosto de 2025
Budapest Día 3
Llegó nuestro tercer día en Budapest y aunque había muchas cosas que habíamos visto, aún nos faltaban algunas de las que más ganas teníamos de ver. Una de ellas era visitar el interior del Parlamento. La mayoría de las entradas se venden por Internet, pero no lo habíamos hecho porque no teníamos muy claro en qué momento introducir la visita en nuestro viaje y además tuve dudas en la web de si los niños pagaban, de podíamos usar una especie de bono por familia que por la web no fui capaz de validar.
Para desayunar nos decidimos por comprar unas cuantas cosas en un Spar muy cerca del Parlamento. Así desayunamos en un banco sentados con vistas al Parlamento. No todos los días se puede desayunar con esas vistas. Tras dejar todo tal y como lo encontramos, sin dejar un sólo mínimo papel por el suelo, nos dirigimos hacia la Plaza de la Libertad, y nos acercamos a ver con más detenimiento algunas de las esculturas que vimos el primer día con algo de distancia y rapidez.
Continuamos pasando junto a la Ópera, pero desde la parte de atrás hacia delante, pues siempre la habíamos visto desde Andrássy. Bajamos un segundo para ver la estación y cruzamos en dirección al barrio judío donde nos habían dicho que era el mejor sitio para cambiar euros por moneda local. No era algo que necesitáramos pero me gusta ver los billetes de cada lugar. Es algo curioso y sirve para integrarte más en el día a día local. Tonterías mías.
La isla Margarita es un lugar de sosiego dentro de la ciudad, no hay tráfico, salvo coches de servicio público y son todos eléctricos, reduciendo así los ruidos. Se puede pasear en bicicleta por allí -había puestos de alquiler de bicis- pero sobre todo lo que se viene a hacer allí es pasear y descansar. Nos sentamos en un banco frente a una enorme fuente que lanzaba chorros al ritmo de la música. Fue una interesante forma de de distraerse durante el descanso. Había mucha gente descansando con los pies puestos dentro de la fuente. Si hubiéramos dispuesto de más tiempo nos hubiera encantado pasear por la isla que es casi como un bosque, casi como un jardín botánico, pero en los viajes, el tiempo suele escasear.
En la isla cogimos un taxi que nos llevó hasta el interior del Castillo de Buda, frente al imponente edificio del los Archivos Nacionales de Hungría, cerca de un Bistro de comida húngara al que yo le había echado un ojo al menú: 21 Magyar Vendégló, en la calle Fortuna. Pedimos para picotear porque teníamos algo de prisa. La tabla de distintos embutidos me gustó mucho. El gulash estuvo bien, pero no terminó de ganarme. El risotto de cerdo para chuparse los dedos.
Es una iglesia realmente bella, con un interior casi tan bello como el exterior. De estilo gótico de arcos apuntados, vidrieras estilizadas con detalles geométricos y floridos, pero también con algún detalle barroco. Aquí se coronan los reyes húngaros.
Abandonamos el Castillo bajando por la escalinata que es algo así como salir de un cuento de hadas. Decidimos ir bajando perdiéndonos por las plazas y las fuentes que Buda esconde en la ladera del castillo. En la Plaza Corvin, frente al Museo de las Artes Populares Húngaras, está la estupenda fuente escultural con la figura de un cazador magiar que está bebiendo de un cuerno. Descansamos unos minutos para seguidamente comprarnos un helado de yogur antes de cruzar nuevamente el Széchenyi Lánchíd (Puente de las Cadenas), que por alguna razón que desconocíamos, estaba cortado al tráfico y pudimos cruzar a pie por el asfalto.
Tocaba ir acercándonos al hotel, poco a poco. Terminar de ir dando un último vistazo a la ciudad. Camino a la plaza de la Basílica tropezamos con la estatua del Policía Barrigón, que como tenía una cara simpática nos detuvimos a hacernos una foto con él. Nos acercamos por Erzsébet Park, dijimos hasta luego a la noria, y a la fuente que representa a Danubio, según la antigua Grecia, una divinidad. Budapest había agotado nuestras energías.
Yo quería haber visitado el Museo Nacional Húngaro, pero los horarios con cierre temprano de los museos me impiden hacer todo lo que quiero. Una pena. Así es la vida. Había que llegar al hotel y preparar las maletas porque a la mañana siguiente bien temprano teníamos que tirar para el aeropuerto.
Siempre que dejo una ciudad, me invade una nostalgia de algo por venir. ¿volveré a pasar por tus calles? ¿me dará la vida esa oportunidad? Lo desconozco, el futuro es ese desconocido viento que a veces sopla a tu favor pero que a veces en tu contra. ¿quién sabe? Hasta pronto Budapest.
miércoles, 20 de agosto de 2025
Budapest Día 1
Una de las ciudades que Pepi ha tenido más ilusión de visitar desde siempre es Budapest. Desde que fuimos a Praga, allá por 2005, donde barajamos la posibilidad de hacer un recorrido conjunto que incluyera las tres capitales europeas: Viena - Praga - Budapest. Posibilidad que desestimamos con la intención de ir una a una, para diferenciarlas en el tiempo y que mantuviéramos una idea por separado de cada una. Desde aquel verano, cada año, siempre ha estado ahí, pendiente de hacerse, entre las posibilidades veraniegas. Pero los viajes que hacemos son un cúmulo de circunstancias particulares, que incluyen, especialmente vuelos económicos, pero también conciertos que queramos asistir y un sin fin de condicionantes que van variando con el tiempo.
En resumen, en el verano de 2005 fuimos a Praga y un par de años después a Viena y hemos tenido que esperar hasta 2025 para ir a Budapest. El asunto se ha ido retrasando, pero más vale tarde que nunca.
El Mercado central de Budapest es el mercado cubierto más grande de Hungría y está justo frente al Puente de la Libertad, sobre el río Danubio, que divide a la ciudad en dos zonas, Pest, donde estábamos en ese momento y donde echaríamos el día entero, y Buda, en el lado oeste de la ciudad. El Mercado, digo, está en Pest, en un extremo desde donde comienza el centro de la ciudad, y es uno de los edificios más visitado turísticamente.
En el mercado compramos un kifli, que es un pan con forma de medialuna, típico húngaro, y lo que ellos llaman una salchicha húngara, que para nosotros es un chorizo condimentado con pimentón. Compramos la versión picante, que es el que habíamos visto recomendado.
Probablemente la calle más comercial de Budapest es Váci utca, que inicia en la plaza Fovám (frente al mercado), y en esa misma calle, a pocos pasos desde la plaza, vimos una cafetería, Pesto, que parecía apropiada. Pedimos unos cafés y con el pan y el chorizo degustamos nuestro primer típico desayuno húngaro. Preguntamos antes si podíamos hacerlo y el hombre dijo que sin ningún problema.
Una vez completamente despiertos, regresamos hacia la plaza para visitar el Puente de la Libertad. La verdad es que el Danubio es un río impresionante. Para nosotros que no estamos acostumbrados a vivir de cerca un gran río, nos sorprende. Sobre el puente pasan tanto coches como tranvías y peatones. El puente es de acero y cuando pasaba el tranvía hacía vibrar el suelo, que provocaba en nosotros una sensación de inestabilidad, que nos hacía pararnos e incluso callarnos. Vamos que parecíamos unos completos pardillos cruzando un puente.
En el puente hay un mirador desde donde nos hicimos infinidad de fotos con vistas a Budapest. El cielo estaba completamente limpio y el día era primoroso. La temperatura resultaba ideal a esa hora de la mañana. En el puente encontramos una de las curiosas miniesculturas de metal que hay repartidas por la ciudad, Rey en una hamaca, que representa a Francisco José I, monarca húngaro y esposo de la emperatriz Sissi.
Budapest es casi un museo al aire libre. Sus edificios y sus esculturas, son monumentos dignos de muchos museos. Buscar la estatua de Shakespeare, la de la Chica jugando con perro y una de las más fotografiadas, Little Princess, son una manera estupenda de ir conociendo la ciudad. Así fuimos posando con cada una de ellas para llevarnos un recuerdo en forma de fotografía.
Una de los lugares más bonitos de Budapest, a mi juicio, por su entorno, es la plaza ajardinada con la fuente de bronce de Niños echando agua, en la que se representa a un niño dando de beber a otro en una concha, en el mismo centro de la Plaza Vigadó, frente al sobrecogedor edificio romántico del Palacio de la Música. Maravilloso.
A la espalda está la Plaza Vörösmarty, una plaza peatonal donde encontramos un par de estatuas también muy queridas en la ciudad. Una estatua enorme de mármol de Carrara de un célebre poeta y dramaturgo húngaro que da nombre a la plaza, Mihály Vórösmarty, donde se representa al autor sentado, rodeado por figuras de campesinos, artesanos, madres y niños que representan el pueblo húngaro.
A pocos metros hay una bella fuente de piedra con farola, decorada con cuatro leones. En esa plaza también está situada uno de los más famosos cafés de Budapest, el Café Gerbeaud, un lugar exquisito y preciosista, de precios elevados, al que sólo nos permitimos entrar -tras preguntar si se podía- a echar un vistazo.
Es una catedral relativamente moderna y se notaba, la estudiada luminosidad, los amplios espacios, las alturas desmedidas, todo de una elegancia imperial. En la base de la cúpula he de confesar que sentí algo de vértigo, y eso que no hacía prácticamente nada de viento. Las alturas me marean. Aún así es una visita que recomiendo mucho. Las vistas a la ciudad, de 360 grados, bien merecen la pena pagar su precio.
Unas cuantas calles más adelante estaba la Casa del Terror, un museo en conmemoración de las víctimas de los gobiernos fascistas y comunistas, como fueron el nazismo y el posterior régimen soviético. Por lo visto en este edificio se realizaron torturas y ejecuciones. No quisimos entrar. Acabábamos de almorzar y no queríamos remover las tripas.
Tras una breve introducción histórico cultural húngara nos dirigimos hacia la Plaza de la Libertad, un parque ajardinado frente a la Embajada Norteamericana, donde hay colocadas un buen número de estatuas entre las que se encuentran las de Ronald Reagan y George Bush, y también la de la Rana Gustavo (estupendo guiño). En el otro extremo de la plaza hay un memorial a las víctimas del Holocausto, donde uno podía refrescarse con una fuente interactiva que allí estaba instalada.
Continuamos hacia el siguiente punto de interés, que era la Plaza frente a la Basílica de San Esteban, donde explicaron un poco sobre su historia y la importancia del edificio para la ciudad y sus ciudadanos. Seguidamente atravesamos el parque Erzsébet de nuevo, en dirección a la Plaza Városháza, donde habían montados puestos artesanales y donde recomendaron tomar una especie de postre típico, que apuntamos para otro momento. Llegamos al fin del circuito y nos despedimos frente a la Gran Sinagoga que ciertamente es un edificio algo particular, como nos explicó la guía, al tener estilo árabe, pero también bizantino y gótico, además de una vidriera en forma de rosetón, detalle principalmente cristiano. En fin, un pastiche arquitectónico religioso.
En el cruce entre Rákóczi y Károly entramos en una pastelería-panadería llamada Jó, para tomar un café y un tentempié y especialmente para descansar las piernas y vaciar las vejigas. La idea era pasear por el barrio cercano al hotel e ir descubriendo la zona, pero el día se nos estaba haciendo largo. Llevábamos muchas horas en pie y aunque el reloj sólo me marcaba 17 km caminados, había sido un día cargado de novedades.
Aún tuvimos tiempo y pasamos por una hamburguesería que era muy popular en Budapest, Smashy. No pillaba lejos del hotel. El menú era sencillo, no había que memorizar gran cosa. Una cheeseburger simple, con dos tipos de salsas a elegir. Un tipo de patatas fritas y nada más. En cuanto acababas de pedirla, la pagabas e inmediatamente te la daban para llevar. Cuando digo inmediatamente quiero decir eso, te dan el ticket y las hamburguesas en el mismo momento. Sólo había agua y Coca Cola. Rapidísimo. El ketchup y la mayonesa eran autoservicio. Así que en cinco minutos las compramos y fuimos para el hotel, que tenía una cocina común con mesas para servicio de los huéspedes. Allí cenamos. Ni tan mal.
Recogimos las maletas en recepción, nos dieron la habitación, nos acoplamos, ducha y a descansar. El viaje no había hecho más que comenzar.















