No había leído nunca nada de Annie Ernaux. No conocía nada de ella, ni había escuchado hablar de ella. Había visto su nombre alguna vez, pero hay tantas distracciones en la vida, que no había siquiera tenido un libro suyo entre mis manos. Un buen día de 2022 ganó el Premio Nobel de Literatura y su popularidad se disparó. Empecé a saber de ella y mi interés fue creciendo.
No existen muchas escritoras ganadoras del premio Nobel, pero lo poco que he leído de ellas (Wisława Szymborska, Svetlana Aleksiévich) me ha gustado mucho. Así que pensé que podría ser un acierto seguro. De manera que, pocas semanas después de aquel premio, en una de mis visitas a las librerías, me compré este libro de la autora francesa, de bellísima y sugerente portada, que ha estado dando vueltas por casa hasta que finalmente, unos años más tarde, me decidí a leerlo.
Perderse (Se perdre, 2001) es un libro que cuenta de forma autobiográfica, en forma de diario, la relación sentimental que mantuvo en secreto durante varios años con un diplomático ruso. Es un libro tremendamente íntimo, desgarradoramente sincero. Uno de los libros con un nivel de confesión más manifiesto que he leído jamás. No hay reservas ni nada que ocultar. Sin censuras de ningún tipo. Los sentimientos de la autora están muy por encima sus relaciones sexuales, pero puede palparse el sexo como fin del deseo. El lector no encontrará rodeos en los pensamientos de la autora. Lo que piensa lo escribe. Avasallador.
Es un libro de una libertad tan diáfana, tan maduro, que parece irreal. Mis aplausos.
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