sábado, 2 de mayo de 2026
La Verdad en el Teatro Cervantes
lunes, 13 de abril de 2026
Regresar a Cuenca
Hacía tiempo que teníamos previsto una escapada de fin de semana familiar a Cuenca, la ciudad donde nació Rosa, la mujer de mi padre. Fuimos a Cuenca para celebrar su fiesta de ochenta cumpleaños, rodeados de sus siete hijas y su hijo, el menor de todos, el último en llegar. En mi mente distraída y juguetona siempre que lo veo pienso que bien pudo ser el niño más buscado de España. Más buscado que Chencho, el niño perdido en el clásico del cine español, La gran familia.
Llegamos a Cuenca a eso de las 17:30 de la tarde. Tiempo justo para instalarnos en el Hotel Torremangana, tomar una cerveza en la terraza mientras recibíamos y conocíamos a algunos familiares de Rosa y seguidamente fuimos a dar una vuelta por la ciudad iluminada por la noche. Subimos dando un largo paseo junto al río Huécar, afluente del Júcar, en busca del Puente de San Pablo, construido en 1902, un puente de hierro y madera sobre el río Huécar, con vistas a las Casas Colgadas y con una caída vertiginosa bajo él. Yo casi ni me acerqué. Fue dar los primeros pasos, ver la luz por entre los listones de madera y escuchar su crujir y empezar a temblarme las piernas. Media vuelta y hasta pronto. Como estaba en el lado correcto del puente, giramos hacia la Plaza Mayor, frente a la Catedral gótica de Santa María y San Julián e iniciamos el camino de vuelta pero esta vez por los miradores que una parte ofrece hacia el otro lado del tajo.
Iniciamos nuestro recorrido hacia la Plaza de la Constitución y cruzamos hacia el Monasterio de Madres Benedictinas, cruzamos el Jardincillo de El Salvador, junto a la Iglesia de San Felipe Neri hacia la Plaza del Carmen desde donde ascendimos hasta los pies de Torre de Mangana, desde donde hay un mirador con vistas fabulosas hacia el oeste de la ciudad. A pocos pasos está la Iglesia del Convento de la Merced donde pudimos ver a un par de monjas, con el hábito religioso, de las que ya apenas se ven. Continuamos hacia la Plaza Mayor, esta vez de día, y entramos en la Catedral. Es la segunda vez que entro en la Catedral, porque Pepi y yo la visitamos por el verano de 2003 o 2004 si no recuerdo mal, en un viaje fabuloso e irrepetible que hicimos Pepi y yo por ciudades españolas. Rosa, una vez maqueada de la peluquería, se acercó a acompañarnos por nuestra visita.
Al acabar regresamos al puente de San Pablo, esta vez de día. Si queríamos disfrutar de las vistas desde el otro lado del puente, había que cruzarlo. Vi a niños cruzarlo dando brincos. Yo apenas podía despegar los pies del suelo. Mi hermano me sirvió de Lazarillo y dejó que yo le echara el brazo por encima de los hombros y muy despacio, sin salirnos de la imaginaria línea media, equidistante a las barandillas laterales, sin dejar de mirar al frente, lento como una tortuga reumática, conseguí cruzar el puente. Es la tercera vez que lo cruzo. Porque en mi vista anterior lo tuve que cruzar a la ida y a la vuelta. Por suerte, en esta ocasión sólo lo tuve que atravesar una vez. Más que suficiente. Al otro lado, cercano al Parador, estaban las letras de Cuenca, donde ahora viene siendo obligatorio hacerse una foto. Así que lo hicimos.
El Restaurante La Ceca, donde se celebraba el cumpleaños estaba a un paseo corto desde el Hotel. Primero con la cerveza de bienvenida y las presentaciones con la amplia familia de Rosa, seguidamente con la comida, donde, entre muchos platos, nos sirvieron como especialidad típica conquense oreja de cerdo con ajo y perejil, crujiente por fuera y tierna por dentro, que no a todos los de mi familia agradó. Hasta el momento de la tarta, que fue muy especial, e incluso disfrutamos de varias actuaciones musicales de nietos y amigos de la familia de Cuenca. Echamos la tarde y parte de la noche.
Para el último día teníamos previsto visitar el Museo Paleontológico, pero amaneció lloviendo, y nos quedaba un día largo de vuelta en la carretera. Así que tras desayunar decidimos bajar las maletas a la furgoneta y volver a casa. Seiscientos kilómetros por medio. No sé si podremos repetir un viaje así en nuestras vidas, porque cada vez es más complicado unir a tanta gente. Un viaje inolvidable.
sábado, 4 de abril de 2026
Una Semana Santa de Procesiones
La pasada escapada el fin de semana con los niños por pueblos costeros de Cádiz, significó un descanso necesario, una pausa de hidratación a mitad de camino entre las fiestas navideñas y el inicio del verano. Especialmente para mi mujer y los niños, porque ellos regresaron de nuestro tour por Cádiz y aún tenían por delante siete días sin trabajo, o sin universidad en el caso de Sofía o sin instituto en el caso de Miguel. Pero para mí significaba una bocanada de aire fresco, algo más que un respiro, pero al instante tenía que echar a andar, regresar a la rutina, porque el lunes yo estaba otra vez trabajando como un lunes de infantería, aunque con la esperanza puesta en los días festivos de jueves y viernes santo en mi próximo horizonte. Parece una tontería, pero los esperaba con tanta necesidad, como el sediento se acerca al oasis en mitad de una larga travesía por el desierto.
Así que el lunes madrugué, y fui a trabajar, y el resto de la familia se quedó en la cama, recuperándose, a pesar de que el que había estado conduciendo era yo, pero no me desanimó, al contrario, me sentí eufórico con la proximidad de los días de fiesta, tan exultante me sentía ante la perspectiva de una semana de trabajo de tres días, que le propuse a Pepi ir a ver la Semana Santa de Málaga.
Llevo tiempo escuchándola decir, como una queja crónica, que casi no ha ido en su vida a las procesiones malagueñas. Y tiene razón. De niña sus padres no la llevaron, y siendo novios fuimos poco, algo, pero poco. Lo confieso, no soy nada semanasantero, no siento ese fervor religioso, ese acto de fe incuestionable, es simplemente un hueco que no se he rellenado. Por lo que no soy la persona idónea, ni aconsejable para ir de lazarillo, pero aún así me ofrecí con mis mejores intenciones a acompañarla a ir a la Semana Santa de Málaga. Creo que nunca en mi vida vi tan nítida la expresión de incredulidad en la cara de Pepi.
Tiramos relativamente pronto para Málaga y aparcamos el coche, con muchísima suerte, junto a la biblioteca de Málaga, cerca del Metro Universidad, cuando ya parecía imposible aparcar. Había tal desbarajuste en el aparcamiento, que Pepi pensó que no podríamos salir nunca de aquella madeja de coches. Desde allí tomamos el metro camino del centro. Tuvimos que esperar que pasaran varios metros hasta que finalmente pudimos hacernos sitio en uno. La Semana Santa la comenzamos como sardinas en lata.
Eran más de las doce de la noche, bajamos la calle Larios que ya estaba recogida, y fuimos al metro, donde la cola no era kilométrica pero casi. Al menos iba rápida. Ya sólo quedaba deshacer nuestro recorrido hasta casa.
miércoles, 1 de abril de 2026
Barbate, Zahara de los Atunes y Tarifa
El domingo tocaba volver. Un par de días de escapada para desconectar y regresar a casa para continuar con la rutina, pero con las baterías algo recargadas. Desayunamos en el mismo bar del día anterior, El Campana. Nos había gustado y al estar cerca del apartamento era bastante conveniente. Nos despedimos de la propietaria del apartamento, entregamos las llaves y fuimos camino a Barbate, nuestra primera parada programada.
Recorrimos el paseo marítimo prácticamente entero y regresamos hacia donde teníamos aparcado el coche, aunque por otro camino, que era más corto y más bonito. Cerca de donde aparcamos le habíamos echado el ojo a un bar, Tapería Hostal Barbate, donde servían el atún de distintas formas y a mí me apetecía mucho. Barbate, tradicionalmente, es sinónimo de atún. La verdad es que todo lo que pedimos estaba riquísimo. Tomamos sólo unas tapas de entrada, pues habíamos reservado mesa en una arrocería en Zahara de los Atunes.
La carretera desde Barbate hasta Zahara de los Atunes es una de las carreteras con las vistas más bellas que he circulado en mi vida. Tras los casi doce kilómetros que separan una de la otra, dan ganas de encontrarse una rotonda y volverse para recorrerla de nuevo. Preciosa.
Si la playa de Barbate es buena, la de Zahara de los Atunes no tiene nada que envidiarle salvo que Zahara es más turístico y todo estaba algo subido de precio. También notamos que hacía más viento, pero pudo ser pura casualidad. Barbate es más pueblo costero, mientras que Zahara es casi una expansión turística algo apartada y fantasmal. Casi un apéndice semilujoso solo para el verano.
Continuamos nuestro pausado regreso parando en Tarifa, que está desde Zahara de los Atunes a unos 45 minutos en coche. Aparcamos en el puerto, frente al Castillo de Guzmán el Bueno. Cruzamos en dirección al Paseo de la Alameda, con el Teatro Municipal al fondo, y giramos hacia el Mercado Municipal y la Calle Colón por donde comenzamos a dejarnos llevar por sus callejuelas encaladas de blanco, con geranios y buganvillas trepadoras de vivos colores en las fachadas de las viviendas. El cielo limpio de nubes acentuaba el contraste de colores.
Abandonamos el centro de Tarifa bajo el arco de piedra en medio de las torres almenadas de la Puerta de Jerez, y bajamos en dirección a la playa. Una playa amplia donde normalmente el viento sacude fuerte pero que en esa tarde apenas movía una brizna de hierba. Buscamos una terraza donde tomar un helado, y en mi caso un café, porque por delante, de vuelta a casa, quedaban casi dos horas de carretera. Poca cosa.
martes, 31 de marzo de 2026
Rota, Chipiona y Sanlúcar
Aunque era sábado despertamos pronto con la intención de aprovechar el día y poder ver muchas cosas, pero antes había que desayunar. A pocos pasos del apartamento, en la Calle Ancha, estaba la churrería El Campana, donde pudimos tomar café, chocolate y churros y lo que nosotros conocemos como churros madrileños. Como tenían de los dos tipos aprovechamos para pedir de los dos. Todo muy rico.
Tras reponer el depósito, decidimos ir a ver el Mercado de Abastos. Ya he confesado en este blog que soy un gran aficionado a visitar los mercados, especialmente en las ciudades costeras. De camino, en la Plaza de San Roque, donde está la Biblioteca Municipal, estaba el Templo de Nuestra Señora de los Desamparados; estaba abierto, pues estaban terminando de preparar las imágenes antes de su procesión de Semana Santa. En el interior el olor a flores era denso e intenso. Ante mis ojos, hasta el último pormenor estaba espléndidamente preparado. El fervor religioso por las imágenes lleva a la obsesión detallista.
Subimos por la calle Trascuesta, junto al Mercado de Abastos, entre cafeterías, fruterías y despachos de vinos, puedes encontrar puestos vendiendo sacos de caracoles o cabrillas para cocinar en salsa, así como cubetas de corcho con camarones dando sus últimos brincos. Se puede decir que más que producto fresquísimo vendían producto vivísimo.
Una vez en el interior del mercado descubres que lo que nosotros llamamos alcachofas allí son alcauciles. Que la ternera es retinta, el cerco ibérico y la moda es el queso payoyo, que se sirve fresco, curado, al pimentón, al romero y de mil formas más, pero lo que de verdad más llama la atención en el mercado son los famosos langostinos de Sanlúcar, que tienen una textura más tersa y un sabor intenso a mar. Visualmente son inconfundibles, con sus largos bigotes, su franjas atigradas y su característica cola azul tornasolada. Los que saben dicen que se ven a una legua. Yo la verdad no lo veo tan claro. Vimos cabezas de peces espadas, vimos una urta enorme pescada al anzuelo, posiblemente la más grande que he visto en mi vida, al menos que yo recuerde.
Seguimos junto a la Parroquia de Santa María de la O, a la que no accedimos porque solicitaban pagar para acceder a ella y nos pareció un precio inadecuado, y tampoco nos queríamos entretener mucho. De manera que contemplamos el reloj de sol de su fachada y proseguimos hacia la Plaza de la Paz, giramos por la calle Cárcel, hasta el Castillo de Santiago del siglo XV, hoy día museo militar y museo del traje.
En la Plaza está la Parroquia de Nuestra Señora de la O y el Castillo de Luna, actual Palacio Municipal. Entramos a visitar los dos edificios. Los dos muy especiales. Las bóvedas góticas de la Parroquia, de arquitectura renacentista del siglo XVI, son realmente bellas. El Castillo de Luna con un exterior de fortaleza no señala el interior palaciego, con arcos de medio punto, capiteles góticos con frescos de la cultura musulmana.
Rodeamos el Castillo y nos dirigimos hacia la Plaza de España, que estaba en obras, y estaba muy afeada. Continuamos hacia el Mercado de La Merced, pero al ser sábado ya estaba todo cerrado. Llegamos a la Plaza Mirador de las Alemanas, con una balaustrada sobre la muralla, con vistas al puerto, donde pudimos divisar amarrados los buques de guerra americanos.
Cogimos el coche y nos dirigimos a nuestra siguiente parada: Chipiona, que está a unos escasos 20 km. En menos de media hora estábamos aparcados cerca de la Parroquia de Nuestra Señora de la O de Chipiona, desde donde bajamos hacia la Playa Cruz del Mar. Me resultó curioso ver Los Corrales de pesca. La herencia cultural romana o árabe sigue muy presente.
Rodeamos el Castillo de Chipiona, que estaba bastante mal conservado, y daba la impresión de abandono, y continuamos por la línea de costa donde fuimos encontrándonos con miradores y balcones dedicados a poetas, plazas en primera línea acantilada de costa. El sol comenzaba a apretar y las calles fueron vaciándose. El faro de Chipiona se erguía orgulloso en un saliente de costa, donde comienza un largo tramo de costa de playa que no tiene nada que envidiar a otras playas con más nombre.
Tras una caminata de vuelta al centro, llegamos a un restaurante que yo había visto recomendado por Internet, Kilómetro Cero. Pedimos de entrada un plato de queso curado -Sofía siempre está contenta si pedimos queso de entrada- que estaba riquísimo. Pedimos también una ensaladilla rusa de pulpo y gambas en tempura que estaba simplemente espectacular. De las mejores que me he tomado en mi vida. Riquísima. Una hamburguesa de buey con queso cheddar y cebolla caramelizada. Pedimos la cuenta y nos acercamos a una vermutería - abacería que presumía de tener las mejores tapas. Gastrotasca Sin Bulli donde pedí una recomendación de la carta, que era una tosta de lomo de atún y aguacate. Deliciosa.
Lo siguiente que hicimos fue ir a tomar un helado. Bajamos al paseo marítimo y en una heladería artesana cayeron los helados, aunque yo me decidí por un café, que me iba a tocar conducir de vuelta a Sanlúcar. Fuimos de camino al coche y nos detuvimos frente la casa natal de Rocío Jurado y seguidamente quisimos ver el monumento de la ciudad a su vecina más ilustre. El monumento está en una rotonda. No me pareció que la escultura se ajustara a la realidad, la verdad. El parecido era una casualidad. Al menos antes de llegar a la rotonda, en un seto de un jardín mantenían recortado su nombre, que me pareció más acertado que la escultura del monumento.
Para terminar de visitar Chipiona nos acercamos al Cementerio Municipal para ver el Mausoleo de Rocío Jurado. La escultura allí era mucho más veraz a la de la rotonda. Pepi recordó que su madre, bastante aficionada de Rocío Jurado, había estado allí, y la entristeció el recuerdo. Cogimos el coche y mientras algunos jóvenes se daban una buena siesta, yo conduje hasta Sanlúcar. En apenas media hora estábamos en el apartamento, donde estuvimos un rato retozando, leyendo y básicamente descansando.
Escuchamos tambores procesionales y decidimos acercarnos a ver pasar la procesión por la Calle Ancha, junto a la calle Capillita, y cuando la procesión pasó regresamos a la Plaza del Cabildo para tomar asiento en la terraza de Barbiana, otro bar de la plaza, y allí pedimos algunas raciones para terminar de cenar. A mí se me habían antojado comer unos mejillones que vi que tenían una pinta estupenda. No estuvieron nada mal. Para terminar de despedir el día en condiciones disfrutamos de unos helados en Helados Toni. Riquísimos. Al terminar nos fuimos despidiendo de la Plaza del Cabildo y también de Sanlúcar.
domingo, 29 de marzo de 2026
Llegada a Sanlúcar de Barrameda
Hace ya tres años -¡cómo pasa el tiempo!- Pepi y yo hicimos una escapada de fin de semana con la intención de visitar algunos de los pueblos de Cádiz que aún no conocíamos. Reservamos un hotel en Jerez de la Frontera y desde allí visitamos Sanlúcar de Barrameda y El Puerto de Santa María que eran dos de los pueblos que no habíamos visitado nunca.
En esta ocasión decidimos ir a conocer otros pueblos de los alrededores y para ello nos establecimos en Sanlúcar de Barrameda. Quisimos ir con nuestros hijos y reservamos un apartamento situado en el mismo centro de Sanlúcar, en la Calle Santo Domingo, delante de la Parroquia de Santo Domingo, en la prolongación de la Calle Ancha. A tres pasos de todo. La idea era irnos el viernes lo antes posible, para aprovechar el día, pero Miguel tenía un examen, así que en cuanto lo terminó pudimos salir para allá, y como no salimos temprano tuvimos que parar por el camino para comer.
Nos detuvimos en el Restaurante Los Corzos, que es una venta de carretera que está a la altura de Alcalá de los Gazules, donde disponen en el menú unos platos que se llamaban algo así como superescalope con cuatro quesos gratinados. Sofía vio lo de los cuatro quesos y Miguel vio lo de super y eso pidieron. Pepi dijo que compartiría esos dos platos con ellos. No les agradó la idea porque decían que tenían hambre. Yo me pedí una carrillada, que estuvo muy bien. El superescalope era realmente de tamaño super y nos sobró uno completamente entero y parte del otro. Una barbaridad de tamaño. La cosa es que preguntamos a quien nos tomó nota si eran muy grandes, y nos dijeron que bueno, que normal, grandecito. Encima nos informaron que el cachopo era aún más grande. Imagino que por allí deben de ir a comer hombres de neandertal después de dos semanas sin poder cazar. Tomé un café y continuamos el camino. Yo conduciendo y el resto se regaló una siesta de una hora
Decidimos bajar toda la Avenida Calzada Duquesa Isabel, paseando por su albero, hasta la playa, para disfrutar del atardecer sanluqueño. Desde allí la puesta de sol es ciertamente bella. El sol desaparece en una anaranjada la línea oceánica de fondo, con el verdor del Parque Nacional de Doñana a la derecha. Es una visión preciosísima. Los niños hicieron un número infinito de fotos.
De postre tomamos un helado de camino de vuelta al apartamento. El día había sido largo y el día siguiente lo sería aún más.
domingo, 15 de febrero de 2026
Menú en el Restaurante Matiz
Recibimos una invitación de parte de Pepe y Mamen para disfrutar de un menú degustación en el Restaurante Matiz, en Málaga. Uno de esos restaurantes que ofrecen menús que son casi creaciones artísticas. Me apetecía mucho la experiencia de un menú degustación, y así probar nuevos sabores, o debería decir, más bien, nuevas mezcla de sabores. La alta cocina, la nueva cocina, o la cocina creativa actual mantiene varias tendencias por donde creo que está creciendo en expectativas.
Uno de los puntos más importantes -para mí el que más- es el producto. Se busca una materia prima de primera calidad, y para ello, como parece lógico, se presta especial atención en aprovechar la materia prima de calidad cercana, aquella que tienes a mano y que es más fácil de llevar a la cocina, y por consiguiente de presentar en la mesa, de una manera más controlada, más fresca y también más barata. ya que la cercanía simplifica la logística de la distribución y el transporte.
Además, también se busca la exclusividad con productos con denominación de origen. Ya no es solo la utilización de un Aceite de Oliva Virgen Extra, también se busca la diferenciación mediante, por ejemplo, aceites exclusivos de olivos centenarios de la Finca Tal o Cual. Lo que supone un salto distintivo.
En este menú que probamos pudimos observar, por ejemplo, que servían boquerones victorianos o quisquillas de La Caleta de Vélez, o la manteca colorá, que son de un particularidad local. Además la apuesta por el producto nacional de calidad también es una garantía segura (atún rojo, solomillo de ternera...).
Así un plato de Vieira con salsa fresca de mango de La Axarquía y crujiente de papada ibérica lo tenía todo para ser un plato delicioso y casi exclusivo. Como así fue.
Aparte de todo lo anterior, otra apuesta de la nueva cocina son las formas de preparación, el juego de la cocina, la marca personal del cocinero. Se busca la originalidad en el uso de los conocimientos gastronómicos. No es suficiente disponer una guarnición, hay que procurar ser jugones (por aplicar un término futbolístico) a la hora de combinar y de preparar los platos. Disponer verduras encurtidas, polvo de boletus o emulsión de trufa, son detalles que evidencian la disposición creativa en la cocina, y que sirven para apreciar el enfoque de la cocina de autor, su capacidad de investigación, su imaginación y diría casi que su espíritu aventurero.
Otro de los puntos fuertes de esta cocina es la presentación, o emplatado. Todos estamos ya acostumbrados a ver fotografías de platos que entran por el ojo con sólo mirarlos, en ocasiones antes de tener conocimiento de lo que es. Es un arte la presentación de los platos. Y como expresión artística, hay para todos los gustos. Guste más o menos, la voluntad y el esfuerzo, así como el conocimiento, a la hora de emplatar se nota y mucho al primer golpe de vista.
Si todo lo anterior va complementado con un servicio impecable, un sitio agradable y un maridaje acertado, la experiencia global es un premio para los sentidos.
Evidentemente todo esto tiene un precio, y por muy ajustado que esté, no siempre podemos permitirnos el gasto. El precio me pareció comprensible, pues la calidad siempre hay que pagarla. A mí me encantó.
¡A ver si recibo otra invitación!
viernes, 30 de enero de 2026
Estampas bostonianas y otros viajes - Rosa Montero
Rosa Montero es de esa clase de personas que las miras y su vitalidad la envuelve alegrando su alrededor. Lo envidio mucho eso, créanme. Ese nervio, esa energía es algo que me parece un regalo maravilloso. Mantener una actitud viva y entusiasta es algo de lo que más me hubiera gustado disponer. Y bueno, no ando mal en cuestiones de curiosidad, pero Rosa sobrepasa a cualquiera.
Alguien que ha visitado Irak, China, Australia, el Polo Norte o el Sahara siempre tiene que tener cosas interesantes que contar. Y siendo mujer aún más. Así que allí que fui con mi libro por si luego me lo podía dedicar. Me hacía ilusión, que la persona que había vivido todo aquello me firmara el libro. Sentí como si pudiera saludar a Marco Polo o a David Attemborough.
Tras una interesantísima charla, no pude apenas cambiar unas pocas impresiones con ella. Me hubiera quedado horas escuchándola, pero probablemente ella me hubiera preguntado muchas cosas, porque es de una curiosidad infinita. Un placer leerla y escucharla.
miércoles, 21 de enero de 2026
La Barraca
Apenas unos días después de ver la obra de teatro Las amargas lágrimas de Petra von Kant, regresamos Pepi y yo nuevamente al Teatro Cervantes para ver La Barraca, una de las obras notables del autor valenciano Vicente Blasco Ibáñez, adaptada al teatro por Marta Torres (menuda responsabilidad) y dirigida por Magüi Mira, con Daniel Albaladejo, que realizó una interpretación soberbia, Antonio Hortelano, Jorge Mayor, Antonio Sansano, Patricia Ross, Claudia Taboada, Elena Alférez y Jaime Riba. La composición musical fue a cargo de Santi Martínez.
Es curioso que las grandes obras son imperecederas, entre otras cosas, porque abarcan temas comunes y casi atemporales. La lucha por la justicia social, la hostilidad sobre el forastero, el odio, la venganza, el rencor no son sentimientos de clase, o de épocas, son sentimientos humanos, que son inherentes a nosotros. Por eso, salvando las distancias de un entorno rural del siglo XIX a la actualidad, las cosas han cambiado, pero en esencia, no tanto.
Me gustó todo. La escenografía al completo, con el vestuario, la iluminación, la atmósfera, la forma de transformar el espacio de una manera artística, casi como un baile. La simbología de la arena, el polvo... en general todo me pareció de un buen gusto y un acierto completo. Muy recomendable.
sábado, 27 de diciembre de 2025
Las Navidades son...
Las Navidades son probablemente el momento más familiar del año. En la cena de Nochebuena y la comida de Navidad las familias se sientan alrededor de las mesas atiborradas de chacinas contundentes, entrantes sofisticados, y en nuestra casa el plato con queso curado y jamón no pueden faltar. El olor embriagador del cordero asado, que es nuestro plato estrella navideño, se extiende por todas las habitaciones, donde los descorches de las botellas de vino, que se han ido atesorando durante el año, son un sonido recurrente. Al terminar semejante festín, aún quedan los dulces navideños y el turrón, dispuestos para prolongar la larga digestión que está por venir.
Días después llega el Fin de Año, que quizás es el momento por excelencia de la juventud y la fiesta. El día siguiente es Año Nuevo, un día de reposo, resaca y recuperación. Y sin tiempo casi para nada, llega el día de Reyes que es el día más anhelado por los niños, aunque al final todos pillamos algo.A mí me encantan las Navidades, desde niño. Supongo que a todos los niños les encantan. Días de vacaciones y comidas abundantes. El único inconveniente tal vez sea que el tiempo suele ser frío y lluvioso y salir a la calle a veces es imposible. Pero en la calidez interior de las viviendas, el tiempo es un refugio. Los adornos navideños le dan ese toque especial a cada hogar. Todo tiene un sentido familiar. Por eso la nostalgia me invade muy a menudo. Desde que mi madre no está, las navidades no son lo mismo. Y sé que ya nunca lo serán. Entiendo que no es algo personal, las navidades cambian el día que pierdes a un ser querido para todos y a partir de ese momento, simplemente cambia, son otra cosa, son distintas. Yo no soy el mismo desde entonces, pero especialmente en Navidad.
Echar de menos a las personas queridas en estas fechas es un sentimiento humano de nostalgia. Enfrentarse a ello es personal. Mi forma de recordarla es intentar hacer por mi familia lo mismo que ella hizo por la suya. Nunca es igual, pero lo intento.
domingo, 7 de diciembre de 2025
Una cría de gorila en el Bioparc Fuengirola
El pasado sábado 29 de noviembre, a la hora de comer, nació en el Bioparc de Fuengirola una cría de gorila de llanura, una especie en peligro crítico de extinción. Esto supone un hito en el programa europeo de conservación. Se trata del primer nacimiento de gorila en España y el segundo europeo del año. Una grandísima noticia.
Mis primeras impresiones es que Wefa se comporta como una madraza. Vive por y para su cría, está todo el rato pendiente, la tiene recogida en sus brazos exactamente igual que una madre entregada acurruca a su bebé. Pude verlo a menos de un metro de mí (con un cristal de seguridad) y la verdad es que es fascinante lo cerca que estamos de los gorilas en la evolución. Wefa es un madre atenta y no paraba de dedicarle caricias a su pequeño gorila.
Di una vuelta completa al Bioparc, como siempre hago, y claro me acerqué un rato a ver a los ajolotes, que son hipnóticos.
Pd: El nombre elegido para la cría, tras una votación online, es Ernie, en homenaje al icónico "espalda plateada", Ernest, que habitó Bioparc Fuengirola durante años, hasta que falleció en 2017, por causas naturales a los 45 años.
jueves, 16 de octubre de 2025
Le Mépris
Fue acabar la jarana continua de los días de feria y me apunté junto a un amigo para ver una película al 31 Festival de Cine Francés de Málaga. De entre las películas programadas, y las fechas libres que disponíamos, nos decidimos por una película de Jean-Luc Godard, Le Mépris (1963), El desprecio fue como tradujeron el título en España. Protagonizada por una treméndamente sexi Brigitte Bardot y Michel Piccoli.
Un dramaturgo (Michel Piccoli) recibe la oferta por una buena cantidad de dinero de reescribir algunas escenas para La Odisea, una película que se va a rodar bajo la dirección del director Fritz Lang (Fritz Lang) en Capri. Un altanero y vanidoso productor norteamericano (Jack Palance) se cruza entre la relación del dramaturgo y su mujer (Brigitte Bardot).
Una película melancólica y hermosa. Una relación autodestructiva, en un marco de belleza natural. Muy sugerente y provocadora, a ratos soñadora. Muy en la línea del cine de la Nouvelle Vague.
lunes, 13 de octubre de 2025
Distintas formas de vivir la Feria
No me considero una persona amante de la feria. Nunca me he vestido de corto, ni de campero. Aprendí a bailar sevillanas y en su momento las bailé, aunque hace años que ya no sé. Lo cierto es que cada vez trasnocho menos y tengo limitado el consumo de alcohol. Ya saben, razones de salud. La responsabilidad de ser padre también tiene sus obligaciones. Pero desde que tengo uso de razón, no ha habido un año en el que no haya ido a pasear la feria. Ha habido años que he ido todos los días, sobre todo cuando era joven, ya con los horarios laborales sólo suelo ir los festivos y las noches previas a festivos. Puede que algún día suelto, pero pocos.
Mi hijo, Miguel, nació un siete de octubre, festividad de la Virgen del Rosario, patrona de nuestra localidad y primer día de la semana de feria. Fue escuchar que comenzaba la feria y ya Miguel se asomó a vivirla. Así fue. Con unos pocos días de vida lo llevamos, en su carrito, a dar un paseo corto a la feria. ¡Y bien que abría los ojos! Al año siguiente, cuando cumplía un año, ya vivía su segundo año en la feria de Fuengirola. No todo el mundo lo entiende.
De eso hacen bastantes años y mis hijos se hacen mayores, y yo, quiera o no, les sigo el paso al mismo ritmo. Son ya mayores y salen por ahí con sus amigos, y mi Pepi y yo ya no tenemos que ir a pasearlos a la feria. Ya se pasean ellos solitos. Un poco de ayuda económica nunca les viene mal, eso sí.
Vivimos la feria ahora, a nuestros cincuenta y tantos, de una forma menos intensa, más sosegada, menos trasnochadora y en general más sana. Es otra forma de vivir la feria. No es peor, tampoco mejor, distinta. Pero una de las cosas que no ha cambiado en absoluto es nuestra anual costumbre de comer un plato de callos en la semana de feria.
domingo, 21 de septiembre de 2025
Unicaja Campeón de la Intercontinental (2)
Hace unos meses el Unicaja conquistó el prestigioso título de la Liga de Campeones de Baloncesto 2025, en Atenas contra el Galatasaray. Éste título le abrió la puerta para la disputa de la Copa Intercontinental de Baloncesto, título del que era el actual campeón, pues la temporada pasada por estas fechas estaban levantando el título.
El caso es que otra vez viajó a Singapur, en esta ocasión como favorito, puesto que era el actual campeón. El cartel de favorito es algo que a veces pesa, no es fácil lidiar con la obligatoriedad de no fallar.Un equipo libio fue su primer rival. El Al Ahli Tripoli, al que venció 61-73 con relativa solvencia. El siguiente rival del grupo fue el equipo japonés Utsonomiya Brex, al que se ganó con un marcador contundente de 68 - 97. Acabó primero del grupo de tres equipos, siendo el equipo de toda la competición, con mejor balance defensivo. En la final se enfrentaría al mismo rival al que venció en la intercontinental del curso anterior, el G League United norteamericano, que también había vencido sus dos partidos del grupo.
Para alcanzar el título el Unicaja tuvo que remontar los 12 puntos a los que se fue el equipo americano en el segundo cuarto, con un soberbio tercer cuarto, 23 - 5, hasta llegar a un resultado final de 71 - 61.
El jugador del partido, a mi juicio, fue Kendrick Perry, que realizó un tercer cuarto prácticamente perfecto, pero el MVP del torneo se lo dieron a Kalinoski. ¡Enhorabuena!- Copa del Rey 2023/24
- Supercopa Endesa 2024
- Liga de Campeones 2024
- Liga de Campeones 2025
- Copa Intercontinental 2023/24
- Copa Intercontinental 2024/25
domingo, 10 de agosto de 2025
Isco regresa a La Rosaleda
Qué sorpresa me llevé cuando se anunció que el Real Betis sería el rival del Málaga CF en el Trofeo Costa del Sol. Primero porque en esas fechas suelo estar hambriento de fútbol, tras una abstinencia veraniega donde sólo salen a la palestra de la prensa los insaciables representantes y las cantidades de millones que se van a pagar por tal o por cual jugador. Además, le tengo simpatía al Real Betis. Especialmente porque últimamente unos cuantos de sus jugadores son exmalaguistas, como son Diego Llorente, Pablo Fornals, su entrenador Manuel Pellegrini o el jugador emblema de Málaga, Francisco Román Alarcón Suárez, más conocido como Isco. Todos se llevaron una ovación del respetable.
Así que compré mi entrada porque era un partido que no me quería perder. La vuelta de Isco a La Rosaleda. Pero también de Pellegrini, que posiblemente es el entrenador que más me ha hecho disfrutar en el templo malaguista.
Había muchos alicientes. Mes y medio después de firmar un final irregular de temporada, en decimosexta posición, con 53 puntos, 8 puntos por encima del descenso. El Málaga regresaba a La Rosaleda. Miguel y yo pudimos ir a ver un partido de pretemporada en Marbella, contra el Almería, que nos dejó un muy buen sabor de boca, con una victoria por 2-1, donde vimos a Nelson Monte, que lo había fichado el Almería desde el Málaga.
En ese partido ya se nos habían ido además el extremo y delantero Antonio Cordero al Newcastle y Kevin Medina al Córdoba, pero regresaba Joaquín Muñoz que llegó libre desde el Huesca, el mediocampista Carlos Dotor cedido desde el Celta de Vigo, el delantero experimentado Eneko Jauregui libre desde el Racing de Ferrol y llegó traspasado Adrián Niño desde el Atlético de Madrid. El Málaga estaba pendiente ahora de fichar a un central, a ser posible experimentado en segunda división. Quedaban varios retoques pero básicamente el equipo estaba hecho.
En la siguiente jugada, una cabalgada por banda de Larrubia, de manera individual, cruzó al segundo palo y anotó el 2-0. El partido era un disfrute. Dos minutos después Chupe ante la parsimonia de la defensa cruzó de fuerte disparo y anotó el 3-0. En los 10 últimos minutos el Cucho Hernández anotó el gol verdiblanco dejando el marcador final en 3-1.
El XXXV Trofeo Costa del Sol se quedó en casa. Pero nada de esto serviría si no tuviese continuidad en liga.
viernes, 18 de julio de 2025
Intercambio '25
En esta ocasión ellos marcharon primero. Célia, Alicia, Florent, Magali y Olivier los esperaban allí. Los recogieron en el aeropuerto de Orly, y seguidamente tiraron para Rouen, donde la familia francesa tiene su vivienda. Siempre les tienen preparados un montón de actividades. En esta ocasión visitaron París -algo que no les importa visitar-, hacerse fotos con la Torre Eiffel nunca está de más y como el acuario que está bastante cercano también lo visitaron.
Durante su estancia en Rouen, se daba la casualidad de que el Tour de France, pasaba por allí, así que fueron a verlo pasar. Llevaron hasta una pancarta, y gracias a él Sofía consiguió una camiseta.
Una semana pasa volando, y como a veces no sólo vuela el tiempo, así regresaron Sofía y Miguel acompañados de Alicia, Florent -que venía a nuestra casa por primera vez- y Magali, que quiso venir a acompañarlos.
Los recibimos en el aeropuerto pero como todos juntos somos siete, Pepi y Magali fueron en tren mientras yo llevé los niños a casa y seguidamente fui a recogerlas a la estación. Como llegaron prácticamente a la hora de la cena, decidimos ir a la pizzería cerca de casa. También se unió a nosotros Claudia -la novia de Miguel-.
El primer día era viernes y claro, me toca trabajar, así que bajaron a tomar churros cerca de mi trabajo y así pude unirme a ellos. Miguel tampoco pudo venir porque ya se unió al campus de fútbol donde trabaja como monitos. Luego siguieron hacia el castillo de Fuengirola, por el paseo marítimo e incluso fueron al centro comercial. A la vuelta en casa, Pepi preparó una arroz estupendo. Después de la comida llevamos a Magali al aeropuerto donde regresaría a París y nosotros fuimos con los niños a la playa.
Al día siguiente, sábado, Alicia, Florent, Miguel y Claudia, Sofía e Ignacio junto con Pepi fueron al Parque Acuático. Echaron todo el día. Incluso comieron allí, porque Pepi preparó unos bocadillos estupendos de tortilla de patatas. La cena la hicimo picando en casa porque ya venían muertos de cansancio.
El lunes, después de un fin de semana tan intenso, durmieron hasta tarde, Pepi no quiso despertarlos porque no tenían prisa. Comieron en casa y por la tarde fueron a la playa a echar la tarde y hasta la noche porque pidieron pizza a la playa y allí cenaron. Hizo un día de playa estupendo.
La playa cansa mucho. Doy fe. Es curioso, no haces otra cosa que estar tumbado y darte un remojón pero cuando llegas a casa el sol te ha cargado de energía, pero al mismo tiempo te ha dejado tieso. Así que por la mañana descansaron, comimos en casa y por la tarde fuimos de paseo turístico a Málaga. Se apuntaron Ignacio y Claudia y ya éramos un grupo de ocho. Paseamos por el centro, dimos unas cuantas vueltas por Málaga, enseñándoles la zona más monumental y cenamos en Casa Lola que es un sitio que gusta mucho a Pepi, porque a ella lo que más le gusta es picar.
El último día de su estancia en casa volvimos a una de las cosas que más ha gustado a Alicia, los churros con chocolate. A mí me tocó trabajar y a Miguel también en el campus, y Sofía alguna clase en casa. Almorzamos en casa y justo después tiramos para el aeropuerto. Fueron unos días intensos y lo pasamos genial. Yo creo que ellos también, es una experiencia que imagino que nunca olvidarán.
miércoles, 4 de junio de 2025
Mi Selectividad
Hace muchos, muchos años en una galaxia no muy lejana yo hice en Málaga mis exámenes de selectividad. No recuerdo bien pero creo que fue en la actual Facultad de Filología Hispánicas. En ese momento aún no tenía claro lo que quería cursar en la universidad. No he tenido yo una vocación sobresaliente en mi vida. Quizás la música, y puede que mi curiosidad por la biología o los animales, pero también se me daban relativamente bien los idiomas o las matemáticas. A mi madre le hubiera gustado que yo estudiara medicina, y quizás no se me hubiera dado mal, pero no me atraía nada eso de trabajar en un hospital. Me parecía un trabajo triste y depresivo.
Finalmente no sé muy bien por qué me apunte en Ingeniería Técnica Industrial, quizás tenía un nombre rimbombante y llamativo, quizás me pareció que eso de las estructuras sonaba bien. Siempre tuve buena visión en 3D, y eso de construir me atraía, al menos así fue con los Lego. La realidad es que no era yo muy consciente de dónde me metía. Me gustaba, pero no me encantaba, la verdad. Acabé la carrera pero antes de terminarla ya estaba trabajando en un Estudio de Arquitectura, donde el trabajo me gustaba más de lo suponía por que le veíamos en la carrera. Así que no me quejo.
De eso, digo, hace muchos, muchos años. La temible Selectividad de entonces ahora se llama PAU (Prueba de Acceso a la Universidad), aunque en estos últimos años ya le han cambiado el nombre en varias ocasiones, EBAU o EvAU. Para mí, en cualquier caso, siempre será la Selectividad.
Así que yo la llevo, y me voy a trabajar, pero al acabar mi trabajo regreso con ella y pasamos la tarde como si estuviéramos de viaje, hacemos turismo, paseamos, incluso vamos a cenar y al día siguiente será igual. Un par de días no nos lo quita nadie. Esos días aún no le han sido entregados los exámenes de los alumnos, que además serán de otra localidad, y poco puede hacer.
De manera que la PAU me recompensa ahora por los malos ratos que me hizo pasar cuando me tocó. Nunca se sabe lo que te espera a la vuelta de la esquina. Este año le tocó Marbella, y allí que nos fuimos de turismo.
.jpeg)




