Finalmente para cenar regresamos a Monastiraki y cenamos en una terraza en una calle ambientadísima. El nombre del restaurante era Thanasis, pero en las servilletas ponía algo así: Μοναστηράκι, Mnaipaktaphe. No entiendo una papa. Sí que recuerdo que Pepi y yo compartimos un plato parecido al gyro que Miguel se pidió la noche anterior, pero servido en un plato. Pedí una cerveza BepΓina Lager (no sé si escribe así, pero no tengo en el teclado todos las letras griegas). Me supo a gloria. Sofía, que estrenó una camiseta que se acababa de comprar, se pidió pastitsio, que es el hermano de la moussaka, igual pero que sustituye la berenjena por macarrones. Terminamos con un helado de camino de regreso al hotel.
Un Pimiento
por Salva Moreno
domingo, 24 de agosto de 2025
Atenas Día 2
Finalmente para cenar regresamos a Monastiraki y cenamos en una terraza en una calle ambientadísima. El nombre del restaurante era Thanasis, pero en las servilletas ponía algo así: Μοναστηράκι, Mnaipaktaphe. No entiendo una papa. Sí que recuerdo que Pepi y yo compartimos un plato parecido al gyro que Miguel se pidió la noche anterior, pero servido en un plato. Pedí una cerveza BepΓina Lager (no sé si escribe así, pero no tengo en el teclado todos las letras griegas). Me supo a gloria. Sofía, que estrenó una camiseta que se acababa de comprar, se pidió pastitsio, que es el hermano de la moussaka, igual pero que sustituye la berenjena por macarrones. Terminamos con un helado de camino de regreso al hotel.
sábado, 23 de agosto de 2025
Atenas Día 1
Se estaba convirtiendo en una costumbre madrugar en Budapest. Nuestro último día no iba a ser menos. A las 3:15 sonó el despertador, hicimos el checkout del hotel y pedimos un taxi que nos llevó al aeropuerto desde donde cogeríamos un avión de Ryanair que nos llevaría a Atenas, donde aterrizamos un par de horas después. Cogimos otro taxi que nos llevó cerca de nuestro alojamiento en el centro de Atenas.
Soltamos las maletas en una especie de trastero que tenía habilitado el apartamento mientras nos arreglaban la habitación y fuimos a desayunar a un sitio cercano que teníamos localizado, Victory. No estuvo nada mal.
Adriano sentía fascinación por la cultura griega desde joven. Vivió allí en sus años formativos, antes de ser emperador. Convirtió Atenas en un centro cultural y la benefició financiando grandes obras como la Biblioteca de Adriano, un acueducto y terminó el Templo de Zeus Olímpico, iniciado años atrás. Adriano está considerado uno de los emperadores buenos del Imperio Romano, se le llegó a conocer como el griego o como el restaurador. Por algo será.
Además, dentro del museo está la galería del Partenón, donde se ha tratado de reproducir todas las proporciones y las medidas tanto del friso, las metopas, los frontones y las columnas. La colección es inmensa. Nosotros tardamos unas dos horas para recorrerlo y nos hubiera hecho falta darle cinco vueltas más, pero no disponíamos de tanto tiempo.
Abandonamos el museo y se nos abrió el apetito. Nos llegaban olores de especias, de carne guisada, a la brasa... decidimos dirigirnos en dirección al barrio Plaka, donde yo tenía echado el ojo a varios restaurantes. Plaka es uno de los corazones del centro turístico de Atenas, un barrio adoquinado, muy colorido y animado, que está a los pies de la ladera de la Acrópolis. El restaurante que elegimos fue Geros Tou Moria. Fue un acierto.
En cada calle de Monastiraki hay una tienda de souvenirs que vende camisetas con el lema de Sparta, camisas de lino azul y blancas, o esponjas naturales. Está llena de apartamentos turísticos y bonitos restaurantes donde los camareros apostados en la entrada te conminan a entrar a consumir en su restaurante.
Buscamos un sitio donde tomar un café y picar algo, y para descansar los pies. A pocos metros, girando la calle encontramos una plaza con una pastelería heladería, Zuccherino, con una terraza debajo de unos árboles frondosos. Los niños querían helados, Pepi y yo café con pastel. Todo muy rico. Pepi y yo pedimos una especie de tarta de hojaldre, pistachos y miel. Similar a una baklava pero sin llegar a serlo. El café con hielo buenísimo.
El resto del tiempo decidimos dejarnos llevar, ir conociendo Atenas caminando, curioseando por las tiendas de souvenirs, eligiendo restaurantes, contemplando cuán parecidos y cuán distintos somos los mediterráneos. Todas las calles del centro estaban abarrotadas y todo el mundo aparentaba ir de un sitio a otro sin que el tiempo fuese importante. Nos abocamos a la Plaza Monastiraki, un lugar plagado de gentío, puestos callejeros, bares con terrazas, había muchísima vida en ese momento. En la plaza, escorada hacia un lado, hay otra Iglesia bizantina, también de confesión ortodoxa, Santa Iglesia de la Virgen María Pantanassa. La plaza Monastiraki recibe su nombre de ella. Durante siglos la iglesia fue denominaba Monasterio Grande, y de ahí se quedó el nombre. Tiene un campanario que no pega mucho, pero bueno, ahí está. Para entrar a la iglesia hay que bajar unos escalones y la base del campanario está unos cuantos escalones por encima del suelo de la plaza. No es que sea una iglesia bella tal cual, pues parece un collage desgarbado del paso de los siglos. El interior, a mi juicio, es más bonito que el exterior.
Durante el vagabundear por el centro de Atenas, comenzamos a ver puestos donde servían gyros, que son una carne asada de cordero o ternera, cortada en vertical en finas tiras, que se sirve en pan de pita con diversos ingredientes como cebolla, tomate y salsa tzatziki. Incluso en algunas ocasiones añadían patatas fritas dentro del cucurucho. Algo así como un kebab, pero con un estilo griego. Miguel, que no había tomado un pastel a media tarde, no pudo resistirse y se pidió uno que todos probamos.
Llevábamos despiertos desde muy temprano cuando cogimos el taxi en Budapest. El día se nos estaba haciendo largo, decidimos retirarnos al apartamento que estaba apenas a diez minutos caminando. Despertar en Budapest y dormir en Atenas es algo que probablemente no vuelva a hacer en mi vida. O sí. Nunca se sabe.
viernes, 22 de agosto de 2025
Budapest Día 3
Llegó nuestro tercer día en Budapest y aunque había muchas cosas que habíamos visto, aún nos faltaban algunas de las que más ganas teníamos de ver. Una de ellas era visitar el interior del Parlamento. La mayoría de las entradas se venden por Internet, pero no lo habíamos hecho porque no teníamos muy claro en qué momento introducir la visita en nuestro viaje y además tuve dudas en la web de si los niños pagaban, de podíamos usar una especie de bono por familia que por la web no fui capaz de validar.
Para desayunar nos decidimos por comprar unas cuantas cosas en un Spar muy cerca del Parlamento. Así desayunamos en un banco sentados con vistas al Parlamento. No todos los días se puede desayunar con esas vistas. Tras dejar todo tal y como lo encontramos, sin dejar un sólo mínimo papel por el suelo, nos dirigimos hacia la Plaza de la Libertad, y nos acercamos a ver con más detenimiento algunas de las esculturas que vimos el primer día con algo de distancia y rapidez.
Continuamos pasando junto a la Ópera, pero desde la parte de atrás hacia delante, pues siempre la habíamos visto desde Andrássy. Bajamos un segundo para ver la estación y cruzamos en dirección al barrio judío donde nos habían dicho que era el mejor sitio para cambiar euros por moneda local. No era algo que necesitáramos pero me gusta ver los billetes de cada lugar. Es algo curioso y sirve para integrarte más en el día a día local. Tonterías mías.
La isla Margarita es un lugar de sosiego dentro de la ciudad, no hay tráfico, salvo coches de servicio público y son todos eléctricos, reduciendo así los ruidos. Se puede pasear en bicicleta por allí -había puestos de alquiler de bicis- pero sobre todo lo que se viene a hacer allí es pasear y descansar. Nos sentamos en un banco frente a una enorme fuente que lanzaba chorros al ritmo de la música. Fue una interesante forma de de distraerse durante el descanso. Había mucha gente descansando con los pies puestos dentro de la fuente. Si hubiéramos dispuesto de más tiempo nos hubiera encantado pasear por la isla que es casi como un bosque, casi como un jardín botánico, pero en los viajes, el tiempo suele escasear.
En la isla cogimos un taxi que nos llevó hasta el interior del Castillo de Buda, frente al imponente edificio del los Archivos Nacionales de Hungría, cerca de un Bistro de comida húngara al que yo le había echado un ojo al menú: 21 Magyar Vendégló, en la calle Fortuna. Pedimos para picotear porque teníamos algo de prisa. La tabla de distintos embutidos me gustó mucho. El gulash estuvo bien, pero no terminó de ganarme. El risotto de cerdo para chuparse los dedos.
Es una iglesia realmente bella, con un interior casi tan bello como el exterior. De estilo gótico de arcos apuntados, vidrieras estilizadas con detalles geométricos y floridos, pero también con algún detalle barroco. Aquí se coronan los reyes húngaros.
Abandonamos el Castillo bajando por la escalinata que es algo así como salir de un cuento de hadas. Decidimos ir bajando perdiéndonos por las plazas y las fuentes que Buda esconde en la ladera del castillo. En la Plaza Corvin, frente al Museo de las Artes Populares Húngaras, está la estupenda fuente escultural con la figura de un cazador magiar que está bebiendo de un cuerno. Descansamos unos minutos para seguidamente comprarnos un helado de yogur antes de cruzar nuevamente el Széchenyi Lánchíd (Puente de las Cadenas), que por alguna razón que desconocíamos, estaba cortado al tráfico y pudimos cruzar a pie por el asfalto.
Tocaba ir acercándonos al hotel, poco a poco. Terminar de ir dando un último vistazo a la ciudad. Camino a la plaza de la Basílica tropezamos con la estatua del Policía Barrigón, que como tenía una cara simpática nos detuvimos a hacernos una foto con él. Nos acercamos por Erzsébet Park, dijimos hasta luego a la noria, y a la fuente que representa a Danubio, según la antigua Grecia, una divinidad. Budapest había agotado nuestras energías.
Yo quería haber visitado el Museo Nacional Húngaro, pero los horarios con cierre temprano de los museos me impiden hacer todo lo que quiero. Una pena. Así es la vida. Había que llegar al hotel y preparar las maletas porque a la mañana siguiente bien temprano teníamos que tirar para el aeropuerto.
Siempre que dejo una ciudad, me invade una nostalgia de algo por venir. ¿volveré a pasar por tus calles? ¿me dará la vida esa oportunidad? Lo desconozco, el futuro es ese desconocido viento que a veces sopla a tu favor pero que a veces en tu contra. ¿quién sabe? Hasta pronto Budapest.
jueves, 21 de agosto de 2025
Budapest Día 2
Segundo día en Budapest. Nos dimos un poco de margen para descansar y programamos la alarma a las 7:30, aunque yo ya llevaba un buen rato despierto antes de esa hora. Mi ansiedad en los viajes esa así. La idea era ir a desayunar a algún sitio cerca del hotel, porque no teníamos incluido el desayuno. El día anterior frente al Smashy Burger vimos un par de cafeterías que parecían apropiadas. Nos decidimos por Kaffeine. Espresso Bar. A mí me gustó. Tomé un café muy bueno y una especie de bollo algo dulzón con unas lonchas de un tipo de salchichón típico de la zona, con algo de rúcula. Muy rico.
Aún teníamos algo de tiempo hasta el inicio del tour y entramos en el centro comercial Mammut, que estaba a pocos minutos del punto de encuentro, pues Miguel se había venido al viaje sin un cinturón, así que fuimos a buscarle uno, ya que estábamos allí. Fue algo rápido.
Giramos para encontrarnos con la Estatua ecuestre de Andras Hadik, un capitán imperial húngaro. Por lo visto entre los estudiantes existía la creencia de que si le tocas las partes nobles al caballo, te traería suerte en los exámenes, y ahora, con el viento a favor de la tontería humana, casi cada turista que pasa, repite las caricias y el caballo tiene los testículos brillantes como fruta madura. En fin.
Todo esta zona algún día será preciosa, pero a nosotros nos tocó visitarla en obras. Grúas, albañiles con chalecos y casos fluorescentes, vallas señalizadoras, andamiajes, zonas de apero y sobretodo un terrible rugir de martillazos y taladradoras. Un trasiego extraño que mezclaba empleados ajetreados con turistas ociosos. Apenas pudimos escuchar la explicación que la guía ofreció sobre la Fuente del Rey Matías y sobre la leyenda que en ella se cuenta. Aquí acabó la visita.
Decidimos que una buena forma de bajar la comilona era caminar toda la famosa avenida Andrássy. Y eso hicimos. Iniciamos la caminata frente a la basílica y comenzamos el recorrido desde el inicio. Pasamos de largo por la Ópera, donde estuvimos el día anterior, cruzamos el cruce de caminos, Oktogon, y bajamos a ver la parada de metro en Vörösmarty, que nos habían comentado que las estaciones de metros en Andrássy eran los más bonitos y continuamos nuestro recorrido hasta llegar a la Plaza de los Héroes, al final de la avenida. A la izquierda está el Museo de Bellas Artes de Budapest, un edificio de estilo neoclásico con una colección egipcia y una pinacoteca estupenda, pero no disponíamos de tanto tiempo. A la derecha el Museo de Arte Moderno. Sólo contemplar el friso neoclásico de vivos colores, algo atípico, es algo espectacular. Contemplar su fachada es una delicia.
Nuestra idea no era darnos un baño caliente porque era una experiencia que en agosto no nos apetecía, pero quisimos acercarnos para verlo de primera mano. Posiblemente es una de las atracciones más famosas de Budapest, y lo cierto es que no me llevé ninguna sorpresa, encontré lo que esperaba: un lugar icónico, el balneario más grande de Europa, bello y concurrido.
Tras tan dulce parada decidimos continuar nuestro descubrimiento de Budapest dejándonos perder por las calles del barrio judío y conocer de primera mano los Ruin Bars, que son unas cervecerías o bares de estilo vintage que se han montado en edificios abandonados, de varias plantas de altura, algunos de ellos en ruinas. Hay muchos de ellos. Buscamos un sitio que se llama Street Food Karaván, que es como una parcela donde se han montado un buen número de quioscos de comida rápida y típica, donde puedes comprar comidas de muchos tipos y después sentarte a comer en unas mesas de madera que hay por el centro. Es curioso, pero nosotros no teníamos nada de hambre.
Para esa noche habíamos reservado a través de la guía del tour de esa misma mañana un viaje en barco nocturno por el Danubio. Ella lo había recomendado y nosotros teníamos la intención de hacerlo, así que nos dejamos aconsejar. Como el barco salía desde el otro extremo de la ciudad, llamamos un Uber que nos llevó hasta el punto del puerto desde donde salía el barco. Llegamos pronto, pero nos vino bien porque luego no había asiento para todo el mundo en el barco y pudimos coger un buen sitio para disfrutar de las vistas durante el trayecto.
Budapest es una ciudad imperial, preciosa, verdaderamente bella, pero de noche lo es aún más. Navegar por el Danubio, contemplando a izquierda y derecha los edificios del Parlamento y la Basílica, o el Bastión de los pescadores y el Castillo de Buda, todos ellos excelentemente iluminados, es un sueño de fulgor y encanto. El edificio del Parlamento, iluminado con brillantes focos dorados y su simétrico reflejo amarillento de la luz en el agua del Danubio producen un efecto casi radiante, como una corona de gloria, una aureola irradiando resplandor y belleza. Algo imposible de describir en un texto.
Descendimos de la travesía en barco todavía deslumbrados por la belleza imperecedera de lo que acabábamos de admirar, comenzamos a caminar y en cuanto comprobamos que había casi una hora de camino llamamos a un Uber que nos llevó de vuelta al hotel donde descansamos con la mente todavía abotargada por lo vivido.
miércoles, 20 de agosto de 2025
Budapest Día 1
Una de las ciudades que Pepi ha tenido más ilusión de visitar desde siempre es Budapest. Desde que fuimos a Praga, allá por 2005, donde barajamos la posibilidad de hacer un recorrido conjunto que incluyera las tres capitales europeas: Viena - Praga - Budapest. Posibilidad que desestimamos con la intención de ir una a una, para diferenciarlas en el tiempo y que mantuviéramos una idea por separado de cada una. Desde aquel verano, cada año, siempre ha estado ahí, pendiente de hacerse, entre las posibilidades veraniegas. Pero los viajes que hacemos son un cúmulo de circunstancias particulares, que incluyen, especialmente vuelos económicos, pero también conciertos que queramos asistir y un sin fin de condicionantes que van variando con el tiempo.
En resumen, en el verano de 2005 fuimos a Praga y un par de años después a Viena y hemos tenido que esperar hasta 2025 para ir a Budapest. El asunto se ha ido retrasando, pero más vale tarde que nunca.
El Mercado central de Budapest es el mercado cubierto más grande de Hungría y está justo frente al Puente de la Libertad, sobre el río Danubio, que divide a la ciudad en dos zonas, Pest, donde estábamos en ese momento y donde echaríamos el día entero, y Buda, en el lado oeste de la ciudad. El Mercado, digo, está en Pest, en un extremo desde donde comienza el centro de la ciudad, y es uno de los edificios más visitado turísticamente.
En el mercado compramos un kifli, que es un pan con forma de medialuna, típico húngaro, y lo que ellos llaman una salchicha húngara, que para nosotros es un chorizo condimentado con pimentón. Compramos la versión picante, que es el que habíamos visto recomendado.
Probablemente la calle más comercial de Budapest es Váci utca, que inicia en la plaza Fovám (frente al mercado), y en esa misma calle, a pocos pasos desde la plaza, vimos una cafetería, Pesto, que parecía apropiada. Pedimos unos cafés y con el pan y el chorizo degustamos nuestro primer típico desayuno húngaro. Preguntamos antes si podíamos hacerlo y el hombre dijo que sin ningún problema.
Una vez completamente despiertos, regresamos hacia la plaza para visitar el Puente de la Libertad. La verdad es que el Danubio es un río impresionante. Para nosotros que no estamos acostumbrados a vivir de cerca un gran río, nos sorprende. Sobre el puente pasan tanto coches como tranvías y peatones. El puente es de acero y cuando pasaba el tranvía hacía vibrar el suelo, que provocaba en nosotros una sensación de inestabilidad, que nos hacía pararnos e incluso callarnos. Vamos que parecíamos unos completos pardillos cruzando un puente.
En el puente hay un mirador desde donde nos hicimos infinidad de fotos con vistas a Budapest. El cielo estaba completamente limpio y el día era primoroso. La temperatura resultaba ideal a esa hora de la mañana. En el puente encontramos una de las curiosas miniesculturas de metal que hay repartidas por la ciudad, Rey en una hamaca, que representa a Francisco José I, monarca húngaro y esposo de la emperatriz Sissi.
Budapest es casi un museo al aire libre. Sus edificios y sus esculturas, son monumentos dignos de muchos museos. Buscar la estatua de Shakespeare, la de la Chica jugando con perro y una de las más fotografiadas, Little Princess, son una manera estupenda de ir conociendo la ciudad. Así fuimos posando con cada una de ellas para llevarnos un recuerdo en forma de fotografía.
Una de los lugares más bonitos de Budapest, a mi juicio, por su entorno, es la plaza ajardinada con la fuente de bronce de Niños echando agua, en la que se representa a un niño dando de beber a otro en una concha, en el mismo centro de la Plaza Vigadó, frente al sobrecogedor edificio romántico del Palacio de la Música. Maravilloso.
A la espalda está la Plaza Vörösmarty, una plaza peatonal donde encontramos un par de estatuas también muy queridas en la ciudad. Una estatua enorme de mármol de Carrara de un célebre poeta y dramaturgo húngaro que da nombre a la plaza, Mihály Vórösmarty, donde se representa al autor sentado, rodeado por figuras de campesinos, artesanos, madres y niños que representan el pueblo húngaro.
A pocos metros hay una bella fuente de piedra con farola, decorada con cuatro leones. En esa plaza también está situada uno de los más famosos cafés de Budapest, el Café Gerbeaud, un lugar exquisito y preciosista, de precios elevados, al que sólo nos permitimos entrar -tras preguntar si se podía- a echar un vistazo.
Es una catedral relativamente moderna y se notaba, la estudiada luminosidad, los amplios espacios, las alturas desmedidas, todo de una elegancia imperial. En la base de la cúpula he de confesar que sentí algo de vértigo, y eso que no hacía prácticamente nada de viento. Las alturas me marean. Aún así es una visita que recomiendo mucho. Las vistas a la ciudad, de 360 grados, bien merecen la pena pagar su precio.
Unas cuantas calles más adelante estaba la Casa del Terror, un museo en conmemoración de las víctimas de los gobiernos fascistas y comunistas, como fueron el nazismo y el posterior régimen soviético. Por lo visto en este edificio se realizaron torturas y ejecuciones. No quisimos entrar. Acabábamos de almorzar y no queríamos remover las tripas.
Tras una breve introducción histórico cultural húngara nos dirigimos hacia la Plaza de la Libertad, un parque ajardinado frente a la Embajada Norteamericana, donde hay colocadas un buen número de estatuas entre las que se encuentran las de Ronald Reagan y George Bush, y también la de la Rana Gustavo (estupendo guiño). En el otro extremo de la plaza hay un memorial a las víctimas del Holocausto, donde uno podía refrescarse con una fuente interactiva que allí estaba instalada.
Continuamos hacia el siguiente punto de interés, que era la Plaza frente a la Basílica de San Esteban, donde explicaron un poco sobre su historia y la importancia del edificio para la ciudad y sus ciudadanos. Seguidamente atravesamos el parque Erzsébet de nuevo, en dirección a la Plaza Városháza, donde habían montados puestos artesanales y donde recomendaron tomar una especie de postre típico, que apuntamos para otro momento. Llegamos al fin del circuito y nos despedimos frente a la Gran Sinagoga que ciertamente es un edificio algo particular, como nos explicó la guía, al tener estilo árabe, pero también bizantino y gótico, además de una vidriera en forma de rosetón, detalle principalmente cristiano. En fin, un pastiche arquitectónico religioso.
En el cruce entre Rákóczi y Károly entramos en una pastelería-panadería llamada Jó, para tomar un café y un tentempié y especialmente para descansar las piernas y vaciar las vejigas. La idea era pasear por el barrio cercano al hotel e ir descubriendo la zona, pero el día se nos estaba haciendo largo. Llevábamos muchas horas en pie y aunque el reloj sólo me marcaba 17 km caminados, había sido un día cargado de novedades.
Aún tuvimos tiempo y pasamos por una hamburguesería que era muy popular en Budapest, Smashy. No pillaba lejos del hotel. El menú era sencillo, no había que memorizar gran cosa. Una cheeseburger simple, con dos tipos de salsas a elegir. Un tipo de patatas fritas y nada más. En cuanto acababas de pedirla, la pagabas e inmediatamente te la daban para llevar. Cuando digo inmediatamente quiero decir eso, te dan el ticket y las hamburguesas en el mismo momento. Sólo había agua y Coca Cola. Rapidísimo. El ketchup y la mayonesa eran autoservicio. Así que en cinco minutos las compramos y fuimos para el hotel, que tenía una cocina común con mesas para servicio de los huéspedes. Allí cenamos. Ni tan mal.
Recogimos las maletas en recepción, nos dieron la habitación, nos acoplamos, ducha y a descansar. El viaje no había hecho más que comenzar.
domingo, 10 de agosto de 2025
Isco regresa a La Rosaleda
Qué sorpresa me llevé cuando se anunció que el Real Betis sería el rival del Málaga CF en el Trofeo Costa del Sol. Primero porque en esas fechas suelo estar hambriento de fútbol, tras una abstinencia veraniega donde sólo salen a la palestra de la prensa los insaciables representantes y las cantidades de millones que se van a pagar por tal o por cual jugador. Además, le tengo simpatía al Real Betis. Especialmente porque últimamente unos cuantos de sus jugadores son exmalaguistas, como son Diego Llorente, Pablo Fornals, su entrenador Manuel Pellegrini o el jugador emblema de Málaga, Francisco Román Alarcón Suárez, más conocido como Isco. Todos se llevaron una ovación del respetable.
Así que compré mi entrada porque era un partido que no me quería perder. La vuelta de Isco a La Rosaleda. Pero también de Pellegrini, que posiblemente es el entrenador que más me ha hecho disfrutar en el templo malaguista.
Había muchos alicientes. Mes y medio después de firmar un final irregular de temporada, en decimosexta posición, con 53 puntos, 8 puntos por encima del descenso. El Málaga regresaba a La Rosaleda. Miguel y yo pudimos ir a ver un partido de pretemporada en Marbella, contra el Almería, que nos dejó un muy buen sabor de boca, con una victoria por 2-1, donde vimos a Nelson Monte, que lo había fichado el Almería desde el Málaga.
En ese partido ya se nos habían ido además el extremo y delantero Antonio Cordero al Newcastle y Kevin Medina al Córdoba, pero regresaba Joaquín Muñoz que llegó libre desde el Huesca, el mediocampista Carlos Dotor cedido desde el Celta de Vigo, el delantero experimentado Eneko Jauregui libre desde el Racing de Ferrol y llegó traspasado Adrián Niño desde el Atlético de Madrid. El Málaga estaba pendiente ahora de fichar a un central, a ser posible experimentado en segunda división. Quedaban varios retoques pero básicamente el equipo estaba hecho.
En la siguiente jugada, una cabalgada por banda de Larrubia, de manera individual, cruzó al segundo palo y anotó el 2-0. El partido era un disfrute. Dos minutos después Chupe ante la parsimonia de la defensa cruzó de fuerte disparo y anotó el 3-0. En los 10 últimos minutos el Cucho Hernández anotó el gol verdiblanco dejando el marcador final en 3-1.
El XXXV Trofeo Costa del Sol se quedó en casa. Pero nada de esto serviría si no tuviese continuidad en liga.
jueves, 7 de agosto de 2025
En Setenil de las Bodegas
Todos los veranos, desde hace ya muchos años, solemos irnos junto con una par de familias amigas a algún pueblo de la sierra de Cádiz, para desconectar del trabajo, del bullicio de los restaurantes masificados, del atasco tras atasco en el tráfico y del calor sofocante. Este año elegimos uno de los pueblos blancos de la Sierra de Cádiz: Setenil de las Bodegas.
No era nuestra primera vez en Setenil de las Bodegas. Pepi y yo ya habíamos estado varias veces cuando ella estuvo destinada en Grazalema como profesora de idiomas. Pero ya hacía bastante tiempo, y nos apetecía.
Aprovechando el tirón turístico de la localidad, muchas de esas cuevas se han convertido en restaurantes, y tiendas de comercio, de tal forma que el centro del pueblo, allí donde el tajo discurría más serpenteantemente, es ahora un entramado turístico popular.
Mis días de Setenil de las Bodegas no tenían doblez, eran repetitivos y simples. Recién iniciadas mis vacaciones, me deshice poco a poco del nerviosismo apresurado de los últimos días de trabajo, en el que la premura de cumplir los plazos estipulados, había ensanchado mis nervios de tal manera que me encontré como si tuviera el pensar algodonado, como si un mínimo raciocinio hubiese pasado a un estado permanente, aunque al fin resultara transitorio, de alelamiento general. A base de refrescar la cabeza en la piscina y de lubricar el gaznate con cerveza fresca, fui recuperando el pulso sosegado y lánguido de mis vacaciones.
Y así, casi como todos los veranos, una vez más, comprobé de primera mano que no existe mejor medicina que comer sano, dormir suficiente y disfrutar de una buena compañía.





