sábado, 23 de agosto de 2025

Atenas Día 1

Se estaba convirtiendo en una costumbre madrugar en Budapest.  Nuestro último día no iba a ser menos. A las 3:15 sonó el despertador, hicimos el checkout del hotel y pedimos un taxi que nos llevó al aeropuerto desde donde cogeríamos un avión de Ryanair que nos llevaría a Atenas, donde aterrizamos un par de horas después. Cogimos otro taxi que nos llevó cerca de nuestro alojamiento en el centro de Atenas.

Soltamos las maletas en una especie de trastero que tenía habilitado el apartamento mientras nos arreglaban la habitación y fuimos a desayunar a un sitio cercano que teníamos localizado, Victory. No estuvo nada mal.

Lo primero que fuimos a visitar, por cercanía, fue el Arco de Adriano. Desde que leí el libro de Marguerite Yourcenar de Memorias de Adriano, siento cierta atracción sobre la figura del emperador romano. Así que nos acercamos a ver el monumento. En realidad el Arco de Adriano, es un arco de triunfo, que hace las veces de puerta que da acceso al Templo de Zeus Olímpico. Es de mármol del Monte Pentélico, el mismo que se utilizó también en el Partenón. El Arco se construyó entre el 131 y el 132, y se supone que se realizó para la llegada de Adriano a la ciudad.

Adriano sentía fascinación por la cultura griega desde joven. Vivió allí en sus años formativos, antes de ser emperador.  Convirtió Atenas en un centro cultural y la benefició financiando grandes obras como la Biblioteca de Adriano, un acueducto y terminó el Templo de Zeus Olímpico, iniciado años atrás. Adriano está considerado uno de los emperadores buenos del Imperio Romano, se le llegó a conocer como el griego o como el restaurador. Por algo será.

Llegó la hora de comenzar a conocer Atenas y una buena manera -creo- es hacerlo empezando por el Museo de la Acrópolis, que además estaba a pocos metros de donde nos encontrábamos. Lo primero que quiero comentar del museo es que se construyó con las misma orientación y en las mismas medidas que el Partenón, lo que me parece una idea extraordinaria. Es considerado uno de los museos arqueológicos más importantes del mundo y yo no me lo quería perder. La parte superior es acristalada, para el aprovechamiento  de la luz natural, pero también para poder observar el Partenón desde el interior del museo.

El número de obras que muestra el Museo es enorme y podría escribir centenares de entradas sobre ellas, pero por ahora comentaré que sólo por contemplar cinco de las seis cariátides originales del Erecteion (la que falta está en el Museo Británico)  ya merece la pena pagar la entrada. Teniendo en cuenta que estamos hablando de obras esculpidas alrededor del 415 a.C, por ponernos en situación, es increíble comprobar el detalle de que cada una lleva el pelo trenzado de forma diferente, y que las rodillas de las cariátides está ligeramentes flexionadas aunque ocultas por los pliegues de los vestidos. Maravilla.

Además, dentro del museo está la galería del Partenón, donde se ha tratado de reproducir todas las proporciones y las medidas tanto del friso, las metopas, los frontones y las columnas. La colección es inmensa. Nosotros tardamos unas dos horas para recorrerlo y nos hubiera hecho falta darle cinco vueltas más, pero no disponíamos de tanto tiempo.

Abandonamos el museo y se nos abrió el apetito. Nos llegaban olores de especias, de carne guisada, a la brasa... decidimos dirigirnos en dirección al barrio Plaka, donde yo tenía echado el ojo a varios restaurantes. Plaka es uno de los corazones del centro turístico de Atenas, un barrio adoquinado, muy colorido y animado, que está a los pies de la ladera de la Acrópolis. El restaurante que elegimos fue Geros Tou Moria. Fue un acierto.

Pedimos varios platos variados para compartir. Como  entradas pedimos una ensalada griega que venía con tomate, pepino, cebolla, aceitunas y queso feta; también pedimos unos kolokithokeftedes, que son unos buñuelos de calabacín rallado, fritos, crujientes por fuera y jugosos por dentro. Me sorprendieron para bien.  Nos preguntaron si queríamos salsa tzatziki para acompañarlos, que es un aperitivo a base de yogur, pepino, ajo y hierbas frescas, y claro, dijimos que sí. También pedimos keftedes, que son unas albóndigas fritas especiadas, como las que hacemos aquí, pero sólo fritas, sin salsa. No podíamos irnos sin pedir moussaka, el plato quizás más representativo de la cocina griega, que suposo la moussaka más rica que he probado nunca. Y todo lo regué con una cerveza que me recomendaron que no tenía pinta de griega pero lo era: la cerveza Kaiser, una pilsner de 5,2% de alcohol. Muy buena.

Decidimos bajar la comida paseando por el barrio, haciéndonos fotos casi en cada esquina -para eso Pepi es profesional- y encaminándonos desde Plaka hacia Monastiraki, una de las zonas más comerciales de la capital griega. Allí pudimos ver lo que queda de la Biblioteca de Adriano. Contemplar el colosal tamaño de las columnas corintias de más de ocho metros de altura nos lleva a considerar la extraordinaria cantidad de rollos de papiros que se conservaban allí. Una pena. ¡Qué libros nos hemos perdido!

En cada calle de Monastiraki hay una tienda de souvenirs que vende camisetas con el lema de Sparta, camisas de lino azul y blancas, o esponjas naturales. Está llena de apartamentos turísticos y bonitos restaurantes donde los camareros apostados en la entrada te conminan a entrar a consumir en su restaurante.

Nos dirigimos hacia el Mercado Central pero cuando llegamos ya estaban cerrando muchos puestos. Decidimos continuar hacia la Plaza Kotziá, donde está el Ayuntamiento de Atenas. Regresamos de vuelta pero intentado no ir por las mismas calles. Nos encontramos con una Iglesia ortodoxa griega por la calle Aiolou. En la misma calle, un poco más adelante, estaba la Iglesia de Santa Irene, también ortodoxa, que está diseñada en una mezcla de estilo bizantino y con influencias neoclásicas. Me resultó muy bonita en su interior, a pesar de que era algo oscura. 

A dos calles, girando hacia Ermou, una de las calles más comerciales de la ciudad, hay otra iglesia bizantina, del s. XI, la Iglesia de Panagia Kapnikarea, una iglesia pequeña pero muy coqueta. Me gustan mucho los templos de estilo bizantino, con las ventanas con lóbulos separados con pequeñas columnas, cúpulas esféricas cuidadosamente pintadas al fresco o con mosaicos, donde el dorado es color principal. Es una de las iglesias más antiguas de la ciudad. En una de las esquinas de la plaza hay una pastelería, Attica Bakery, que tenía mucho trasiego. Vendían una especie de churros  rayados de apenas 5 ó 6 centímetros, pero no estaban huecos y parecían dulces. No pude resistir la curiosidad. Compramos no para cada uno para probarlos, porque allí no había mesas en las que sentarse a tomar algo.

Buscamos un sitio donde tomar un café y picar algo, y para descansar los pies. A pocos metros, girando la calle encontramos una plaza con una pastelería heladería, Zuccherino, con una terraza debajo de unos árboles frondosos. Los niños querían helados, Pepi y yo café con pastel. Todo muy rico. Pepi y yo pedimos una especie de tarta de hojaldre, pistachos y miel. Similar a una baklava pero sin llegar a serlo. El café con hielo buenísimo.

El resto del tiempo decidimos dejarnos llevar, ir conociendo Atenas caminando, curioseando por las tiendas de souvenirs, eligiendo restaurantes, contemplando cuán parecidos y cuán distintos somos los mediterráneos. Todas las calles del centro estaban abarrotadas y todo el mundo aparentaba ir de un sitio a otro sin que el tiempo fuese importante. Nos abocamos a la Plaza Monastiraki, un lugar plagado de gentío, puestos callejeros, bares con terrazas, había muchísima vida en ese momento. En la plaza, escorada hacia un lado, hay otra Iglesia bizantina, también de confesión ortodoxa, Santa Iglesia de la Virgen María Pantanassa. La plaza Monastiraki recibe su nombre de ella. Durante siglos la iglesia fue denominaba Monasterio Grande, y de ahí se quedó el nombre. Tiene un campanario que no pega mucho, pero bueno, ahí está. Para entrar a la iglesia hay que bajar unos escalones y la base del campanario está unos cuantos escalones por encima del suelo de la plaza. No es que sea una iglesia bella tal cual, pues parece un collage desgarbado del paso de los siglos. El interior, a mi juicio, es más bonito que el exterior.

Durante el vagabundear por el centro de Atenas, comenzamos a ver puestos donde servían gyros, que son una carne asada de cordero o ternera, cortada en vertical en finas tiras, que se sirve en pan de pita con diversos ingredientes como cebolla, tomate y salsa tzatziki. Incluso en algunas ocasiones añadían patatas fritas dentro del cucurucho. Algo así como un kebab, pero con un estilo griego. Miguel, que no había tomado un pastel a media tarde,  no pudo resistirse y se pidió uno que todos probamos. 

Hay una calle que une directamente Monastiraki con la Plaza Mitropoleos, donde está la Catedral de la Anunciación de Santa María. Eran más de las nueve de la noche y claro, a esa hora estaba cerrada, pero la plaza estaba muy animada. Se nota que Grecia es un país mediterráneo. El clima lo es todo. En esa iglesia, me apuntó Pepi, que de estas cosas sabe, se casaron Sofía y Juan Carlos.

Llevábamos despiertos desde muy temprano cuando cogimos el taxi en Budapest. El día se nos estaba haciendo largo, decidimos retirarnos al apartamento que estaba apenas a diez minutos caminando. Despertar en Budapest y dormir en Atenas es algo que probablemente no vuelva a hacer en mi vida. O sí. Nunca se sabe.


viernes, 22 de agosto de 2025

Budapest Día 3

Llegó nuestro tercer día en Budapest y aunque había muchas cosas que habíamos visto, aún nos faltaban algunas de las que más ganas teníamos de ver. Una de ellas era visitar el interior del Parlamento. La mayoría de las entradas se venden por Internet, pero no lo habíamos hecho porque no teníamos muy claro en qué momento introducir la visita en nuestro viaje y además tuve dudas en la web de si los niños pagaban, de podíamos usar una especie de bono por familia que por la web no fui capaz de validar. 

Así que sin desayunar ni perezas adicionales, nos fuimos bien pronto para el Parlamento y nos dispusimos en cola para adquirir entradas. Hubo algo de nervios porque el número de entradas era limitado y había más gente de la esperada. Pienses lo que pienses hacer siempre hay alguien que piensa hacer igual que tú. Finalmente conseguimos entradas pero para la tarde, que es cuando mejor nos cuadraba. Porque las entradas van con horario de visita. 

Para desayunar nos decidimos por comprar unas cuantas cosas en un Spar muy cerca del Parlamento. Así desayunamos en un banco sentados con vistas al Parlamento. No todos los días se puede desayunar con esas vistas. Tras dejar todo tal y como lo encontramos, sin dejar un sólo mínimo papel por el suelo, nos dirigimos hacia la Plaza de la Libertad, y nos acercamos a ver con más detenimiento algunas de las esculturas que vimos el primer día con algo de distancia y rapidez. 

Continuamos pasando junto a la Ópera, pero desde la parte de atrás hacia delante, pues siempre la habíamos visto desde Andrássy. Bajamos un segundo para ver la estación y cruzamos en dirección al barrio judío donde nos habían dicho que era el mejor sitio para cambiar euros por moneda local. No era algo que necesitáramos pero me gusta ver los billetes de cada lugar. Es algo curioso y sirve para integrarte más en el día a día local. Tonterías mías. 

Nuestra siguiente parada era en la avenida Erzsébet, situado en la planta baja del hotel Anantara New York Palace. El New York Café es considerado por muchos la cafetería más bonita del mundo. No seré yo el que diga lo contrario. Hicimos cola para entrar, tampoco demasiada. Tengo asumido que es el precio que hay que pagar por viajar en agosto a sitios turísticos. El interior era majestuoso, esmeradamente aristocrático y señorial. Un lugar distinguido sin duda. Columnas salomónicas de mármol, doradas y brillantes lámparas de araña, altísimos techos con frescos de estilo renacentista. Había incluso un grupo de música tocando en directo. Un violinista, un pianista, un clarinetista e incluso un xilofonista cuando estuvimos nosotros. Los camareros claro está, con pajarita. Un sitio donde el lujo es plato diario. Apenas tomamos una bebida cada uno y se nos fue la cuenta a más de cuarenta euros.  Mi cerveza Staropramen checa costó unos ocho euros y fue lo más barato de la cuenta. El sitio es verdaderamente bello. Pagas la multa para poder decir que has estado, pero a esos precios volver es complicado. Las cámaras fotográficas echaban humo allí dentro.

Decidimos que quizás era buena idea caminar por Erzsébet hacia el río Danubio, pasando por la estación de ferrocarril y así cruzar el Puente Margarita, puente del siglo XIX que conecta la ciudad con la Isla Margarita. Así lo hicimos. Por el camino nos encontramos con la escultura dedicada al inspector Colombo y su sabueso. Curiosa.

La isla Margarita es un lugar de sosiego dentro de la ciudad, no hay tráfico, salvo coches de servicio público y son todos eléctricos, reduciendo así los ruidos. Se puede pasear en bicicleta por allí -había puestos de alquiler de bicis- pero sobre todo lo que se viene a hacer allí es pasear y descansar. Nos sentamos en un banco frente a una enorme fuente que lanzaba chorros al ritmo de la música. Fue una interesante forma de de distraerse durante el descanso. Había mucha gente descansando con los pies puestos dentro de la fuente. Si hubiéramos dispuesto de más tiempo nos hubiera encantado pasear por la isla que es casi como un bosque, casi como un jardín botánico, pero en los viajes, el tiempo suele escasear. 

En este parque volvimos a encontrarnos con nuestras amigas las cornejas cenicientas, que les quitaban el pan, nunca mejor dicho, a las palomas. Y también con unos jardines que me recordaron a los que encontré en Braga (Portugal), con unas flores que luego descubrí que se llaman Celosía plumosa, también conocida como cresta de gallo o plumerillo, de color rojo muy intenso. Es una flor de penacho que aflora entre julio y octubre. Un placer encontrarme con ellas.

En la isla cogimos un taxi que nos llevó hasta el interior del Castillo de Buda, frente al imponente edificio del los Archivos Nacionales de Hungría, cerca de un Bistro de comida húngara al que yo le había echado un ojo al menú: 21 Magyar Vendégló, en la calle Fortuna. Pedimos para picotear porque teníamos algo de prisa. La tabla  de distintos embutidos me gustó mucho. El gulash estuvo bien, pero no terminó de ganarme. El risotto de cerdo para chuparse los dedos.

Salimos en dirección hacia El Bastión de los Pescadores, que si bien el día anterior lo habíamos visitado, no pudimos detenernos todo lo que quisimos. Las vistas fabulosas. Entramos -ahora sí- a visitar la Iglesia de San Matías. A Pepi y a Sofía les apremiaron a ponerse una especie tela de fieltro para que se taparan los hombros descubiertos para acceder al interior de la Iglesia. Miguel y yo nos divertimos anotándoles que no iban cristianamente adecentadas.

Es una iglesia realmente bella, con un interior casi tan bello como el exterior. De estilo gótico de arcos apuntados, vidrieras estilizadas con detalles geométricos y floridos, pero también con algún detalle barroco. Aquí se coronan los reyes húngaros.

Abandonamos el Castillo bajando por la escalinata que es algo así como salir de un cuento de hadas. Decidimos ir bajando perdiéndonos por las plazas y las fuentes que Buda esconde en la ladera del castillo. En la Plaza Corvin, frente al Museo de las Artes Populares Húngaras, está la estupenda fuente escultural con la figura de un cazador magiar que está bebiendo de un cuerno. Descansamos unos minutos para seguidamente comprarnos un helado de yogur antes de cruzar nuevamente el  Széchenyi Lánchíd (Puente de las Cadenas), que por alguna razón que desconocíamos, estaba cortado al tráfico y pudimos cruzar a pie por el asfalto.

En media hora teníamos cita para visitar el interior del Parlamento. Así que buscamos una calle con una acera en sombra por la que caminar y hacia allí que nos dirigimos. El Parlamento es espectacular por fuera, pero no lo es menos por dentro. Es enorme, inmenso, colosal. Con unas escalinatas inmensas con alfombras rojas y una decoración de joyero gótico. Es un edificio, según nos explicaron, en uso hoy día, donde se reúnen los diputados del parlamento húngaro. Pudimos contemplar la Santa Corona de Hungría. El edificio me impresionó, la corona no tanto. Me sorprendió ver una especie de cenicero de latón dorado especial para los puros, algo así como un reposa-puros o guarda-puros, pues al parecer las sesiones eran muy largas y los diputados eran muy aficionados a los habanos. Si se hartaban de escuchar la oratoria, salían a continuar fumando sus habanos. Había una numeración en cada hueco, para que no hubiera forma de equivocarse. Muy curioso.

Me hizo gracia al comprobar que la escultura ecuestre de Ferenc Rákóczi II -héroe nacional, líder de la guerra de independencia húngara contra el dominio de los Habsburgo-, colocada en el jardín algo escorado, frente a la fachada del parlamento, había usado la cola del caballo, alargándola, hasta tocar el suelo, como tercer apoyo de la escultura, pues el caballo mantiene en una cabriola las manos delanteras elevadas. 

Tocaba ir acercándonos al hotel, poco a poco. Terminar de ir dando un último vistazo a la ciudad. Camino a la plaza de la Basílica tropezamos con la estatua del Policía Barrigón, que como tenía una cara simpática nos detuvimos a hacernos una foto con él. Nos acercamos por Erzsébet Park, dijimos hasta luego a la noria, y a la fuente que representa a Danubio, según la antigua Grecia, una divinidad. Budapest había agotado nuestras energías. 

Yo quería haber visitado el Museo Nacional Húngaro, pero los horarios con cierre temprano de los museos me impiden hacer todo lo que quiero. Una pena. Así es la vida. Había que llegar al hotel y preparar las maletas porque a la mañana siguiente bien temprano teníamos que tirar para el aeropuerto.

Siempre que dejo una ciudad, me invade una nostalgia de algo por venir. ¿volveré a pasar por tus calles? ¿me dará la vida esa oportunidad? Lo desconozco, el futuro es ese desconocido viento que a veces sopla a tu favor pero que a veces en tu contra. ¿quién sabe? Hasta pronto Budapest.


jueves, 21 de agosto de 2025

Budapest Día 2

Segundo día en Budapest. Nos dimos un poco de margen para descansar y programamos la alarma a las 7:30, aunque yo ya llevaba un buen rato despierto antes de esa hora. Mi ansiedad en los viajes esa así. La idea era ir a desayunar a algún sitio cerca del hotel, porque no teníamos incluido el desayuno. El día anterior frente al Smashy Burger vimos un par de cafeterías que parecían apropiadas. Nos decidimos por Kaffeine. Espresso Bar. A mí me gustó. Tomé un café muy bueno y una especie de bollo algo dulzón con unas lonchas de un tipo de salchichón típico de la zona, con algo de rúcula. Muy rico.

Para nuestro segundo día teníamos también un free tour reservado pero en esta ocasión por Buda. El itinerario comenzaba junto a la estación de metro Széll Kálmán, que estaba prácticamente en uno de los otros extremos de la ciudad. Así que cogimos un taxi que nos acercó hasta allí. Los taxis son relativamente económicos en Budapest, y además como somos 4, pues compensa. Nos dejó cerca del Museo de la Moneda y Banco Nacional, que si bien no teníamos intención de visitar interiormente, sí de verlo por su exterior que, tras una reciente remodelación, ha mantenido su estilo Art Nouveau. Junto al edificio pudimos ver una grandiosa estatua de un ciervo, símbolo de la ciudad.

Esperando el momento del inicio del recorrido, junto a nosotros pudimos ver a unas aves que no recordaba haber contemplado antes. Me encanta ver especies de aves que no haya visto antes. Parecían cuervos, pero de menor tamaño que los que yo he solido ver, y lucían dos colores, la parte de la cabeza y el babero, así como las alas eran negras, el resto gris. Pensé que podrían ser unas urracas. No lo tenía claro. Le hices unas fotos para luego mirarlo con más tranquilidad en las redes. Según creo eran cornejas cenicientas, que es de la familia de los córvidos. En algún sitio decían que era un cuervo encapuchado. Parece que la principal diferencia es el tamaño. Así que me inclinaría por la primera, la corneja cenicienta, que además cuadra mejor por el hábitat, que es más sencillo encontrarla en ciudades.

Aún teníamos algo de tiempo hasta el inicio del tour y entramos en el centro comercial Mammut, que estaba a pocos minutos del punto de encuentro, pues Miguel se había venido al viaje sin un cinturón, así que fuimos a buscarle uno, ya que estábamos allí. Fue algo rápido.

Iniciamos el recorrido hacia el Castillo de Buda, por Várfok, y accedimos en ascensión por la Puerta de Viena, uno de los accesos medievales al casco histórico, también conocida como puerta judía. Conectaba el Castillo de Buda con el camino que llevaba a Viena. Giramos hacia la derecha donde está el impresionante edifico de los Archivos Nacionales de Hungría. Seguidamente encontramos el Ayuntamiento y en frente la Iglesia de María Magdalena, cuya torre gótica se remonta al siglo XIII. La iglesia sufrió graves daños durante la II Guerra Mundial y lo que queda es lo poco que se conservó. Dentro del casco antiguo, que está amurallado, hay un buen número de edificios oficiales,  como la Embajada de Alemania o  el Archivo de Historia Militar, hoteles y restaurantes. La guía nos llevó por un camino ajardinado, a la sombra de cerezos, que aunque no estaban en flor, estaban preciosos, desde donde disfrutamos de unas vistas excelentes a la ciudad. Un lugar acogedor y romántico. El paseo era un lujo.

Giramos para encontrarnos con la Estatua ecuestre de Andras Hadik, un capitán imperial húngaro. Por lo visto entre los estudiantes existía la creencia de que si le tocas las partes nobles al caballo,  te traería suerte en los exámenes, y ahora, con el viento a favor de la tontería humana, casi cada turista que pasa,  repite las caricias y el caballo tiene los testículos brillantes como fruta madura. En fin.

Al final de la calle el tiempo se detiene, la belleza coge aire y asciende, es imposible no levantar la vista hacia la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, también conocida por Iglesia de Matías, con su torre  del siglo XV. En frente, la estatua barroca de la Santísima Trinidad erigida para conmemorar el fin de la epidemia de la peste. Algo más al fondo la Estatua Ecuestre de San Esteban I (1906), sobre un pedestal neorrománico con escenas de su vida  y los cuatro leones guardianes, todo ello enmarcado por el precioso Bastión de los Pescadores, que hace las veces de muralla, mirador y terraza con vistas panorámicas sobre el Danubio con el Parlamento al fondo. Es un sitio verdaderamente bello a pesar de que estaba abarrotado de turistas. Pero no es de extrañar que todo el mundo que vaya a Budapest pase por allí.

Podríamos pasar el día contemplando cada uno de los detalles del barrio, pero no siempre es posible, en ese momento no lo era, la visita continuaba. Tras unos minutos de descanso que la guía nos regaló y que todo el mundo utilizó para hacerse fotos, seguimos con el tour. Caminamos por calle empedradas en dirección sur, hacia el Palacio Presidencial.

Todo esta zona algún día será preciosa, pero a nosotros nos tocó visitarla en obras. Grúas, albañiles con chalecos y casos fluorescentes, vallas señalizadoras, andamiajes, zonas de apero y sobretodo un terrible rugir de martillazos y taladradoras. Un trasiego extraño que mezclaba empleados ajetreados con turistas ociosos. Apenas pudimos escuchar la explicación que la guía ofreció sobre la Fuente del Rey Matías y sobre la leyenda que en ella se cuenta. Aquí acabó la visita. 

Nos acercamos a una terraza mirador que presidía la Estatua del Príncipe Eugenio de Saboya, desde allí había unas vistas magníficas hacia el Danubio y especialmente hacia el Puente de las Cadenas, el más antiguo de los puentes que unen las dos partes de Buda y Pest. Descendimos por unas inmensas escaleras que bajaban directamente desde el Castillo a la rivera del Danubio y desde allí cruzamos hacia Pest por el Puente de las Cadenas. Me agradó mucho cruzar el Danubio a pie por el puente.

Nos dirigimos por Zrínyi, que es una larga calle peatonal muy animada, llena de restaurantes, frente a la fachada principal de la Basílica de San Esteban. Sabíamos que los restaurantes allí no iban a ser baratos, pero yo había leído buenas críticas de algunos de ellos. Nos decidimos por Iconic Gulyás Lángos. La terraza tenía buen ambiente, y una mesa en la terraza y algunos platos que estaban tomando algunos comensales nos terminaron de convencer. Nos sentamos en la terraza. Barato no fue, pero comimos muy bien. Pedimos un lángos clásico, para probarlo, yo no las tenía todas conmigo, porque había escuchado que era como un churro pero con forma de pizza. La verdad es que nos gustó, especialmente a Pepi. Yo me pedí un gulash, o estofado de carne ternera con pasta de queso cottage. ¡Riquísimo! En el interior había varios músicos tocando en directo. Nos repusimos de la caminata más que bien.

Decidimos que una buena forma de bajar la comilona era caminar toda la famosa avenida Andrássy. Y eso hicimos. Iniciamos la caminata frente a la basílica y comenzamos el recorrido desde el inicio. Pasamos de largo por la Ópera, donde estuvimos el día anterior, cruzamos el cruce de caminos, Oktogon, y bajamos a ver la parada de metro en Vörösmarty, que nos habían comentado que las estaciones de metros en Andrássy eran los más bonitos y continuamos nuestro recorrido hasta llegar a la Plaza de los Héroes, al final de la avenida. A la izquierda está el Museo de Bellas Artes de Budapest, un edificio de estilo neoclásico con una colección egipcia y una pinacoteca estupenda, pero no disponíamos de tanto tiempo. A la derecha el Museo de Arte Moderno. Sólo contemplar el friso neoclásico de vivos colores, algo atípico, es algo espectacular. Contemplar su fachada es una delicia. 

Gran parte de la Plaza de los Héroes permanecía vallada porque estaban montando un escenario para un concierto que iban a dar próximamente y la afeó bastante. Al otro lado del lago, del que todos hemos visto fotografías de gente patinando sobre la lámina de agua congelada, está el Castillo de Vajdahunyad (qué trabajito lleva escribir estos palabros). El castillo tiene un aire mágico, como de cuento de hadas, con una arquitectura típica húngara y su torre de piedra junto al foso, abrigada de hiedra, es una estampa bellísima. Intramuros, frente al Castillo está la Capilla Jaki, de estilo románico, junto a un monasterio que sirvió como antigua abadía benedictina. Es sencilla y a la vez imponente. El entorno es precioso, un bosque de árboles de una elegancia extraordinaria. Al fondo incluso se veía un gran globo aerostático, que ascendía al calentarse el aire, pero que estaba bien sujeto con una larga cadena que impedía que ascendiese más de la cuenta.

Junto a la Capilla vimos una escultura dedicada al autor del Gesta Hungarorum, que es algo así como una crónica sobre la historia de Hungría, al que se suele denominar como Magister P, o simplemente Anonymous. La escultura posee un toque siniestro y lúgubre. A mí no sé por qué me recordaba a la Inquisición, que provocaba el terror allá por donde fuese. Por si acaso, abandonamos el recinto en dirección al Balneario Széchenyi, que no quedaba lejos de allí. 

Nuestra idea no era darnos un baño caliente porque era una experiencia que en agosto no nos apetecía, pero quisimos acercarnos para verlo de primera mano. Posiblemente es una de las atracciones más famosas de Budapest, y lo cierto es que no me llevé ninguna sorpresa, encontré lo que esperaba: un lugar icónico, el balneario más grande de Europa, bello y concurrido. 

Decidimos regresar al centro pero no nos apetecía realizar el mismo trayecto otra vez, y no era cuestión de fatigarnos los pies porque sí, así que llamamos un Uber vía app, que vino en forma de Tesla (en realidad lo pedimos así). Mi primera ocasión montándome en un Tesla. Me resultó curioso ver cómo el navegador de la pantalla simulaba hasta a la gente que caminaba por la acera. Nos llevó de nuevo hasta el inicio de la Avenida Andrássy, donde la guía nos había recomendado probar los Chimney Cake, un pastel típico húngaro de masa dulce en forma de espiral cilíndrica con la superficie caramelizada con un toque de canela o chocolate. A Pepi le encantó.

Tras tan dulce parada decidimos continuar nuestro descubrimiento de Budapest dejándonos perder por las calles del barrio judío y conocer de primera mano los Ruin Bars, que son unas cervecerías o bares de estilo vintage que se han montado en edificios abandonados, de varias plantas de altura, algunos de ellos en ruinas. Hay muchos de ellos. Buscamos un sitio que se llama Street Food Karaván, que es como una parcela donde se han montado un buen número de quioscos de comida rápida y típica, donde puedes comprar comidas de muchos tipos y después sentarte a comer en unas mesas de madera que hay por el centro. Es curioso, pero nosotros no teníamos nada de hambre.

Para esa noche habíamos reservado a través de la guía del tour de esa misma mañana un viaje en barco nocturno por el Danubio. Ella lo había recomendado y nosotros teníamos la intención de hacerlo, así que nos dejamos aconsejar. Como el barco salía desde el otro extremo de la ciudad, llamamos un Uber que nos llevó hasta el punto del puerto desde donde salía el barco. Llegamos pronto, pero nos vino bien porque luego no había asiento para todo el mundo en el barco y pudimos coger un buen sitio para disfrutar de las vistas durante el trayecto.

Budapest es una ciudad imperial, preciosa, verdaderamente bella, pero de noche lo es aún más.  Navegar por el Danubio, contemplando a izquierda y derecha los edificios del Parlamento y la Basílica, o el Bastión de los pescadores y el Castillo de Buda, todos ellos excelentemente iluminados, es un sueño de fulgor y encanto. El edificio del Parlamento, iluminado con brillantes focos dorados y su simétrico reflejo amarillento de la luz en el agua del Danubio producen un efecto casi radiante, como una corona de gloria, una aureola irradiando resplandor y belleza. Algo imposible de describir en un texto.

Descendimos de la travesía en barco todavía deslumbrados por la belleza imperecedera de lo que acabábamos de admirar, comenzamos a caminar y en cuanto comprobamos que había casi una hora de camino llamamos a un Uber que nos llevó de vuelta al hotel donde descansamos con la mente todavía abotargada por lo vivido. 



miércoles, 20 de agosto de 2025

Budapest Día 1

Una de las ciudades que Pepi ha tenido más ilusión de visitar desde siempre es Budapest. Desde que fuimos a Praga, allá por 2005, donde barajamos la posibilidad de hacer un recorrido conjunto que incluyera las tres capitales europeas: Viena - Praga - Budapest. Posibilidad que desestimamos con la intención de ir una a una, para diferenciarlas en el tiempo y que mantuviéramos una idea por separado de cada una. Desde aquel verano, cada año, siempre ha estado ahí, pendiente de hacerse, entre las posibilidades veraniegas. Pero los viajes que hacemos son un cúmulo de circunstancias particulares, que incluyen, especialmente vuelos económicos, pero también conciertos que queramos asistir y un sin fin de condicionantes que van variando con el tiempo.

En resumen, en el verano de 2005 fuimos a Praga y un par de años después a Viena y hemos tenido que esperar hasta 2025 para ir a Budapest. El asunto se ha ido retrasando, pero más vale tarde que nunca.

Aterrizamos toda la familia, es decir: Pepi, Sofía, Miguel y yo, en el aeropuerto internacional de Budapest Ferenc Liszt alrededor de las 9:20 de la mañana. Sí, ese día nos había tocado madrugar de lo lindo, pues nuestro vuelo de Ryanair despegaba de Málaga a las 6:00 de la mañana. Así que despertamos como a las 3:30. Hay que llegar al aeropuerto, soltar el coche y seguidamente embarcar. Sarna con gusto no pica, dicen. Una vez aterrizados en Budapest cogimos un taxi que nos llevó  directamente hasta nuestro hotel, habíamos elegido el Meininger Hotel, en el lado Pest de la ciudad, situado junto al enorme mercado del finales del siglo XIX, conocido como Great Market Hall. Como a esa hora nuestra habitación no estaba disponible, dejamos las maletas en una habitación que el hotel tenía habilitada junto a recepción y nos dispusimos a visitar el mercado y buscar cerca un sitio para desayunar.

El Mercado central de Budapest es el mercado cubierto más grande de Hungría y está justo frente al Puente de la Libertad, sobre el río Danubio, que divide a la ciudad en dos zonas, Pest, donde estábamos en ese momento y donde echaríamos el día entero, y Buda, en el lado oeste de la ciudad. El Mercado, digo, está en Pest, en un extremo desde donde comienza el centro de la ciudad, y es uno de los edificios más visitado turísticamente. 

En el mercado compramos un kifli, que es un pan con forma de medialuna, típico húngaro, y lo que ellos llaman una salchicha húngara, que para nosotros es un chorizo condimentado con pimentón. Compramos la versión picante, que es el que habíamos visto recomendado.

Probablemente la calle más comercial de Budapest es Váci utca, que inicia en la plaza Fovám (frente al mercado), y en esa misma calle, a pocos pasos desde la plaza, vimos una cafetería, Pesto, que parecía apropiada. Pedimos unos cafés y con el pan y el chorizo degustamos nuestro primer típico desayuno húngaro. Preguntamos antes si podíamos hacerlo y el hombre dijo que sin ningún problema.

Una vez completamente despiertos, regresamos hacia la plaza para visitar el Puente de la Libertad. La verdad es que el Danubio es un río impresionante. Para nosotros que no estamos acostumbrados a vivir de cerca un gran río, nos sorprende. Sobre el puente pasan tanto coches como tranvías y peatones. El puente es de acero y cuando pasaba el tranvía hacía vibrar el suelo, que provocaba en nosotros una sensación de inestabilidad, que nos hacía pararnos e incluso callarnos. Vamos que parecíamos unos completos pardillos cruzando un puente. 

En el puente hay un mirador desde donde nos hicimos infinidad de fotos con vistas a Budapest. El cielo estaba completamente limpio y el día era primoroso. La temperatura resultaba ideal a esa hora de la mañana.  En el puente encontramos una de las curiosas miniesculturas de metal que hay repartidas por la ciudad, Rey en una hamaca, que representa a Francisco José I, monarca húngaro y esposo de la emperatriz Sissi.

Nuestra intención no era cruzar el río, pero nos acercamos para ver el puente y la plaza. Nuestro recorrido continuaba por la popular Váci utca. En ella encontramos varias esculturas y edificios que nos encantaron. Yo me quise hacer una foto con El escritor pensativo, una escultura del escritor Gyula Krúdy, que pareciera que estaba esperando que alguien se sentara con él y le diera conversación, o le contara una historia, o simplemente se sentara a acompañarlo mientras confiaba que le llegara la inspiración. No he leído nada de él, pero sí de Sándor Márai, que lo consideraba un maestro.

Budapest es casi un museo al aire libre. Sus edificios y sus esculturas, son monumentos dignos de muchos museos. Buscar la estatua de Shakespeare, la de la Chica jugando con perro y una de las más fotografiadas, Little Princess, son una manera estupenda de ir conociendo la ciudad. Así fuimos posando con cada una de ellas para llevarnos un recuerdo en forma de fotografía.

Una de los lugares más bonitos de Budapest, a mi juicio, por su entorno, es la plaza ajardinada con la fuente de bronce de Niños echando agua, en la que se representa a un niño dando de beber a otro en una concha, en el mismo centro de la Plaza Vigadó, frente al sobrecogedor edificio romántico del Palacio de la Música. Maravilloso.

A la espalda está la Plaza Vörösmarty, una plaza peatonal donde encontramos un par de estatuas también muy queridas en la ciudad. Una estatua enorme de mármol de Carrara de un célebre poeta y dramaturgo húngaro que da nombre a la plaza, Mihály Vórösmarty, donde se representa al autor sentado, rodeado por figuras de campesinos, artesanos, madres y niños que representan el pueblo húngaro.  

A pocos metros hay una bella fuente de piedra con farola, decorada con cuatro leones. En esa plaza también está situada uno de los más famosos cafés de Budapest, el Café Gerbeaud, un lugar exquisito y preciosista, de precios elevados, al que sólo nos permitimos entrar -tras preguntar si se podía- a echar un vistazo.

Cruzamos el parque Erzsébet, donde estaba ubicada una enorme noria, junto al elegantísimo Hotel Kempinski, continuamos hacia la Basílica Catedral de San Esteban, un enorme edificio neoclásico del siglo XIX. Una vez allí nos dividimos, unos fuimos a por agua, otros a hacer cola para sacar el ticket de entrada que diera acceso a la base de la cúpula donde se suponían espléndidas vistas panorámicas sobre la ciudad. Las había. Doy fe.

Es una catedral relativamente moderna y se notaba, la estudiada luminosidad, los amplios espacios, las alturas desmedidas, todo de una elegancia imperial. En la base de la cúpula he de confesar que sentí algo de vértigo, y eso que no hacía prácticamente nada de viento. Las alturas me marean. Aún así es una visita que recomiendo mucho. Las vistas a la ciudad, de 360 grados, bien merecen la pena pagar su precio.

Rodeamos la basílica para llevarnos una idea completa y continuamos nuestra visita hacia la Avenida Andrássy, la principal calle señorial y palaciega con tiendas de lujo donde está situada la Ópera nacional, de fachada neorrenacentista que ha rivalizado en belleza y grandiosidad con la Ópera de Viena. Accedimos al hall para poder llevarnos una idea de su belleza interior, pero no la visitamos, teníamos que esperar demasiado y además el precio nos pareció algo excesivo. Gustav Mahler fue director artístico allí, al igual que Richard Strauss. La crème de la crème sinfónica ha pasado por las escalinatas que yo estaba pisando en ese momento. Sé que es una tontería, pero al recordarlo, miras a tu alrededor sintiendo una extraña admiración por un lugar, por el simple hecho de estar donde otras personas que admiras, sabes que han estado. Cosas mías.

Eran más de las dos y media de la tarde y el depósito ya empezaba a necesitar rellenado. Así que no muy lejos de allí, perpendicular a la avenida Andrássy, teníamos localizado un restaurante que nos habían recomendado: Restaurante Menza. Un restaurante de estilo retro donde servían goulash -estofado de ternera- y también Schnitzel -un filete empanado de cerdo- con patatas parsley -patatas cocidas salteadas con perejil, mantequilla y sal- que es lo que yo me pedí. Muy rico. Lo acompañé con una cerveza típica húngara: Borsodi, que no estuvo nada mal. Para el postre cruzamos la avenida Andrássy donde estaba una de las heladerías más famosas de Budapest, Hisztéria Cremeria, donde el helado de pistacho y el de chocolate eran la mayor recomendación. Los probamos.

Unas cuantas calles más adelante estaba la Casa del Terror, un museo en conmemoración de las víctimas de los gobiernos fascistas y comunistas, como fueron el nazismo y el posterior régimen soviético. Por lo visto en este edificio se realizaron torturas y ejecuciones. No quisimos entrar. Acabábamos de almorzar y no queríamos remover las tripas.

Para bajar la comida, dimos un largo paseo por dos largas calles, Nagymezö y Báthory para dirigirnos hacia la estrella de la corona, el Parlamento Húngaro, Patrimonio de la Humanidad. Un edificio absolutamente colosal, magnífico. Teníamos contratada un free tour guiado por el centro de la ciudad que comenzaba su recorrido muy cerca del Parlamento, junto la estación de metro, en Kossuth Lajos. Como llegamos con antelación nos dio tiempo a contemplar tranquilamente su esplendorosa fachada principal. ¡Qué preciosidad!

Tras una breve introducción histórico cultural húngara nos dirigimos hacia la Plaza de la Libertad, un parque ajardinado frente a la Embajada Norteamericana, donde hay colocadas un buen número de estatuas entre las que se encuentran las de Ronald Reagan y George Bush, y también la de la Rana Gustavo (estupendo guiño). En el otro extremo de la plaza hay un memorial a las víctimas del Holocausto, donde uno podía refrescarse con una fuente interactiva que allí estaba instalada.

Continuamos hacia el siguiente punto de interés, que era la Plaza frente a la Basílica de San Esteban, donde explicaron un poco sobre su historia y la importancia del edificio para la ciudad y sus ciudadanos. Seguidamente atravesamos el parque Erzsébet de nuevo, en dirección a la Plaza Városháza, donde habían montados puestos artesanales y donde recomendaron tomar una especie de postre típico, que apuntamos para otro momento. Llegamos al fin del circuito y nos despedimos frente a la Gran Sinagoga que ciertamente es un edificio algo particular, como nos explicó la guía, al tener estilo árabe, pero también bizantino y gótico, además de una vidriera en forma de rosetón, detalle principalmente cristiano. En fin, un pastiche arquitectónico religioso.

En el cruce entre Rákóczi y Károly entramos en una pastelería-panadería llamada Jó, para tomar un café y un tentempié y especialmente para descansar las piernas y vaciar las vejigas. La idea era pasear por el barrio cercano al hotel e ir descubriendo la zona, pero el día se nos estaba haciendo largo. Llevábamos muchas horas en pie y aunque el reloj sólo me marcaba 17 km caminados, había sido un día cargado de novedades.

Aún tuvimos tiempo y pasamos por una hamburguesería que era muy popular en Budapest, Smashy. No pillaba lejos del hotel. El menú era sencillo, no había que memorizar gran cosa. Una cheeseburger simple, con dos tipos de salsas a elegir. Un tipo de patatas fritas y nada más. En cuanto acababas de pedirla, la pagabas e inmediatamente te la daban para llevar. Cuando digo inmediatamente quiero decir eso, te dan el ticket y las hamburguesas en el mismo momento. Sólo había agua y Coca Cola. Rapidísimo. El ketchup y la mayonesa eran autoservicio. Así que en cinco minutos las compramos y fuimos para el hotel, que tenía una cocina común con mesas para servicio de los huéspedes. Allí cenamos. Ni tan mal.

Recogimos las maletas en recepción, nos dieron la habitación, nos acoplamos, ducha y a descansar. El viaje no había hecho más que comenzar.


domingo, 10 de agosto de 2025

Isco regresa a La Rosaleda

Qué sorpresa me llevé cuando se anunció que el Real Betis sería el rival del Málaga CF en el Trofeo Costa del Sol. Primero porque en esas fechas suelo estar hambriento de fútbol, tras una abstinencia veraniega donde sólo salen a la palestra de la prensa los insaciables representantes y las cantidades de millones que se van a pagar por tal o por cual jugador. Además, le tengo simpatía al Real Betis. Especialmente porque últimamente unos cuantos de sus jugadores son exmalaguistas, como son Diego Llorente, Pablo Fornals, su entrenador Manuel Pellegrini o el jugador emblema de Málaga, Francisco Román Alarcón Suárez, más conocido como Isco. Todos se llevaron una ovación del respetable.

Ha habido muchos jugadores que me han levantado de mi asiento en La Rosaleda, pero pocos tantas veces como Isco. Es posible que ninguno más que él. No sólo por sus goles, que también, no sólo por sus pases, muchos de ellos maravillosos, sí especialmente porque me he puesto en pie a despedirlo multitud de veces cuando lo han cambiado. Disfruto mucho de Isco, especialmente de sus controles, son prácticamente magia. Es una delicia verlo jugar. Al menos a mí me lo parece.

Así que compré mi entrada porque era un partido que no me quería perder. La vuelta de Isco a La Rosaleda. Pero también de Pellegrini, que posiblemente es el entrenador que más me ha hecho disfrutar en el templo malaguista.

Había muchos alicientes. Mes y medio después de firmar un final irregular de temporada, en decimosexta posición, con 53 puntos, 8 puntos por encima del descenso. El Málaga regresaba a La Rosaleda. Miguel y yo pudimos ir a ver un partido de pretemporada en Marbella, contra el Almería, que nos dejó un muy buen sabor de boca, con una victoria por 2-1, donde vimos a Nelson Monte, que lo había fichado el Almería desde el Málaga.

En ese partido ya se nos habían ido además el extremo y delantero Antonio Cordero al Newcastle y Kevin Medina al Córdoba, pero regresaba Joaquín Muñoz que llegó libre desde el Huesca, el mediocampista Carlos Dotor cedido desde el Celta de Vigo, el delantero experimentado Eneko Jauregui libre desde el Racing de Ferrol y llegó traspasado Adrián Niño desde el Atlético de Madrid. El Málaga estaba pendiente ahora de fichar a un central, a ser posible experimentado en segunda división. Quedaban varios retoques pero básicamente el equipo estaba hecho.

El partido contra el Betis fue brillante. Teníamos dudas del once que dispusiera Pellegrini, pero puso a Isco titular. Un Mälaga excelso realizó una primera parte primorosa. David Larrubia dio un verdadero espectáculo de regates. 1-0 al descanso con gol con la izquierda de Larrubia a estupendo y medido pase de Carlos Dotor. En el descanso Sergio Pellicer, para dar oxígeno, dispuso cinco cambios. Pero lo que marcó el partido fue una acción fortuita, en la que Larrubia golpeó a Isco en el tobillo con tan mala suerte que lo lesionó y tuvo que retirarse del partido. Otra vez de pie aplaudiendo.

En la siguiente jugada, una cabalgada por banda de Larrubia, de manera individual, cruzó al segundo palo y anotó el 2-0. El partido era un disfrute. Dos minutos después Chupe ante la parsimonia de la defensa cruzó de fuerte disparo y anotó el 3-0.  En los 10 últimos minutos el Cucho Hernández anotó el gol verdiblanco dejando el marcador final en 3-1. 

El XXXV Trofeo Costa del Sol se quedó en casa. Pero nada de esto serviría si no tuviese continuidad en liga.


jueves, 7 de agosto de 2025

En Setenil de las Bodegas

Todos los veranos, desde hace ya muchos años, solemos irnos junto con una par de familias amigas a algún pueblo de la sierra de Cádiz, para desconectar del trabajo, del bullicio de los restaurantes masificados, del atasco tras atasco en el tráfico y del calor sofocante. Este año elegimos uno de los pueblos blancos de la Sierra de Cádiz: Setenil de las Bodegas. 

No era nuestra primera vez en Setenil de las Bodegas. Pepi y yo ya habíamos estado varias veces cuando ella estuvo destinada en Grazalema como profesora de idiomas. Pero ya hacía bastante tiempo, y nos apetecía.

Setenil tiene la curiosidad de tener algunas de sus calles del centro incrustado en la roca del tajo que se ha formado durante miles de años. No es que se haya excavado la roca, es que la roca ha ido erosionándose con el paso de los siglos, tal vez milenios, hasta quedar como la encontramos ahora mismo. Es algo muy curioso y especial para ver.

Aprovechando el tirón turístico de la localidad, muchas de esas cuevas se han convertido en restaurantes, y tiendas de comercio, de tal forma que el centro del pueblo, allí donde el tajo discurría más serpenteantemente, es ahora un entramado turístico popular.

Mis días de Setenil de las Bodegas no tenían doblez, eran repetitivos y simples. Recién iniciadas mis vacaciones, me deshice poco a poco del nerviosismo apresurado de los últimos días de trabajo, en el que la premura de cumplir los plazos estipulados, había ensanchado mis nervios de tal manera que me encontré como si tuviera el pensar algodonado, como si un mínimo raciocinio hubiese pasado a un estado permanente, aunque al fin resultara transitorio, de alelamiento general. A base de refrescar la cabeza en la piscina y de lubricar el gaznate con cerveza fresca, fui recuperando el pulso sosegado y lánguido de mis vacaciones.

Y así, casi como todos los veranos, una vez más, comprobé de primera mano que no existe mejor medicina que comer sano, dormir suficiente y disfrutar de una buena compañía. 

domingo, 3 de agosto de 2025

Rufus T. Firefly en la Finca El Portón

Comencé mis vacaciones un viernes, el 1 de agosto. Siempre está bien iniciar las vacaciones, pero un viernes, es algo distinto. Empiezas la semana sabiendo que es corta, y cuando se acerca el fin de la semana y el cansancio asoma, ya estás de fin de semana, y encima, después tienes  las vacaciones. Lo malo era que al final las vacaciones me iba a tocar regresar un lunes, pero eso ya es otra historia que estaba por llegar.

Nada más comenzar mis vacaciones tenía pillada hace tiempo una entrada para ver a Rufus T. Firefly. Desde que acabó el concierto de la banda de Aranjuez en La Trinchera había estado atento a nuevos conciertos por la zona, pero las veces que vinieron lo hicieron en festivales. No es que no me gusteç ir a los festivales, al contrario, es un momento estupendo para conocer nuevas bandas. Pero ir sin compañía a festivales es algo triste, y no encuentro fácilmente acompañantes de festivales. Además, prefiero ver a las bandas que me gustan más en conciertos propios, y si es posible en sitios cuanto más íntimos mejor. Pero créanme que no es fácil.

La Finca El Portón es un lugar maravilloso para verlos en directo. Es un anfiteatro al aire libre rodeado de vegetación y posee una leve inclinación y según el horario, puede coincidir con el atardecer tras el escenario. Una preciosidad. Es uno de mis sitios favoritos para ver conciertos. Acudí solo al concierto, pero luego supe que un amiguete iba a ir y bueno, luego allí me encontré con mi prima Ana, un viejo amigo, Gago, y saludé a unos cuantos conocidos.  En realidad en un concierto nunca estás solo.

Iniciaron el concierto con sus temas El coro del amanecer, La plaza y Camina a través del fuego, los tres extraídos de su último disco, Todas las cosas buenas, publicado en abril de este año. Comenzaron poco antes de las 21:30 y pudimos contemplar tras de ellos el atardecer. Precioso.

El inicio de Polvo de Diamantes sonó muy groovy -disculpen el anglicismo- con un inicio de guitarra rasgado y con un sentido rítmico contagioso. Casi enfermizo. Continuaron con una canción, Ceci n'est pas une pipe, que canta Julia extraída de su último disco.

Un momento especial del concierto fue cuando tocaron Reverso, que fue una canción que les encargaron para una exposición en el Museo del Prado, y precisamente la persona que se los encargó, un tal Miguel Ángel, estaba en entre los asistentes. A él fue dedicada la canción. Sonó muy bien. 

Trueno azul la alargaron, haciéndolo algo más ochentera y la unieron con Dron sobrevolando Castilla-La Mancha. Justo después dieron las gracias al técnico de sonido, Juanra, que esa noche hacía su último bolo con la banda, tras 9 años juntos de gira. Seguidamente tocaron Canción de paz, una de mis canciones favoritas del disco. Terminaron el set principal con El principio de todo. ¡El inicio es brutal!

Abandonaron el escenario y comenzó a sonar de fondo Planet Caravan, de Black Sabbath, en claro homenaje a Ozzy Osborne, recientemente fallecido. ¡Qué temazo! La dejaron entera. Me pareció un precioso detalle.

Reaparecieron en el escenario con unos de sus mejores temas en directo, Sé donde van los patos cuando se congela el lago. Continuaron con Río Wolf, que tiene uno de los mejores finales de canción de la historia de la música, en especial en directo. Acabaron el concierto con Nebulosa Jade, que es un final estupendo.



Pd: Me quedé con las ganas de escuchar su nueva canción Premios de la música independiente. Tendré que volver a verlos.

miércoles, 30 de julio de 2025

Prodigy en el Marenostrum

Un día después de ver a Lionel Richie en el Marenostrum de Fuengirola fui a ver a The Prodigy. Único concierto en Andalucía. La antítesis uno del otro. El de Lionel Richie fue un concierto de canciones de amor, con letras llena de te quieros, baladas y melodías al piano. En general muchas canciones para bailar abrazados. The Prodigy, música para saltar y yo diría que alejados, mucho bitch y más aún motherfuckers. Músicas para distintos momentos.

La mayor diferencia se vio en el público. Dos ambientes completamente distintos. En el primero la edad media superaba -diría- mi edad. Se podía ver a tres generaciones compartiendo recinto. Algunas abuelas con sus hijas y sus nietas. La gente vestida de gala, casi como si fuesen a una comunión. Muchos vestidos largos para ellas y mucha camisa de marca para ellos. Muchas señoras -me pareció- pasaron la tarde en la peluquería. Un suave olor a lavanda y jazmín se desplegaba por la grada. En cambio, con The Prodigy, mucho público masculino con y sin camiseta y con bermudas, muchos parecían que venían directamente de la playa. Algunos pelos de colores, y mucha gente joven. Me sorprendió que hubiera tanta gente joven. El cartel agotado. 18000 personas en total. El olor era un extraño cruce entre polvo levantado del suelo por los saltos, sudor y marihuana. He de decir que me siento a gusto en los dos ambientes.  Sin problemas. Vivir y dejar vivir. Yo voy a lo que voy. A escuchar música en directo.

Sin Keith Flint, The Prodigy no son lo mismo. La temprana muerte del de Essex a los 45 años dejó al mundo del rock electrónico sin una de sus piezas sobresalientes. Aún así Liam Howlett sigue a los teclados y Maxim Reality sigue poseyendo una voz contundente y vigorosa. 

El concierto empezó a saco. Comenzaron con Voodoo People y Omen. La fiesta estaba servida. Firestarter fue muy celebrada, como Poison y Breath, con la que acabaron el set. Smack my bitch up fue el inicio de los bises y fue una absoluta locura. ¡No había manera de no contagiarse de la locura colectiva! Fue un concierto intenso pero algo corto. Una hora y cuarto más o menos.

Al acabar hubo un curioso espectáculo con 150 drones sobre la playa del castillo. No hizo viento y finalmente se pudo llevar a cabo. Estuvo curioso. Supuso mi primer espectáculo de drones.

Pd: Llegué al concierto algo justo, pues regresaba desde Marbella de ver el segundo partido de pretemporada del Málaga CF, contra el Almería. Ganamos 2-1. Fue acabar el partido volando, llegar a casa, cambiarme y Pepi me acercó al recinto. El estrés de espectáculos. Problemas del primer mundo.

martes, 29 de julio de 2025

Lionel Richie en el Marenostrum

Uno de los vinilos que más quemé en casa de mis padre fue el Back to front de Lionel Richie. No fue el que más porque el Bad y el Thriller de Michael Jackson se llevaron la palma seguro. Pero éste de Lionel Richie y el Greatest Hits de Leonard Cohen copaban mis horas de nostalgia y no anduvieron muy lejos.

A las letras de esos discos les debo mucho del inglés que he aprendido en mi vida. Recuerdo ponerme con los auriculares a escuchar los discos, con las letras y con el diccionario al lado. Si el disco venía acompañado con las letras era un plus importante a la hora de comprarlo.

En aquellos años las canciones de Lionel Richie me parecían el sumun del romanticismo. Me sabía sus letras de pe a pa. No sabría decir la de veces que escuché ese disco, pero muchísimas. No teníamos muchas otras posibilidades. Aún no existía Internet, ni Spotify y aparte de la radio, casi no existía otra forma de escuchar música si no te dejabas tu dinero comprando un cd,  vinilo o un casete. Hablamos de finales de los ochenta y primero de los noventa.

Si querías profundizar en la discografía de un cantante o una banda, era prácticamente imposible hacerlo si no aflojabas la cartera. En la radio sonaba el single que estuviera en ese momento y como mucho uno de sus temas clásicos. En aquellos momentos hubiera vendido todos mis discos por ir a verlo en concierto, pero no vino.

Muchos años después, en 2015, Lionel Richie vino a cantar al Starlite de Marbella. Los precios en Marbella son una cosa loca. Sencillamente prohibitivos. Imposible.

Ocho años más tarde regresó al Starlite pero otra vez con altos precios, y aunque más de una vez he pagado esos precios por conciertos, pocos días después de Lionel Richie venía también al Starlite de Marbella, Norah Jones. Tuve que elegir. Y en ese momento yo estaba perdidamente enamorado de la voz de la cantante estadounidense. Además ese verano lo llevaba cargado de conciertos y actividades. Para empezar pocos días antes celebré mi 50 cumpleaños. Así que otra vez lo dejé pasar.

Pero este año no sólo vino, si no que vino al Marenostrum de Fuengirola. Más cerca imposible. Lo estuvimos valorando y como parecía que no se iba a llenar, decidimos esperar por si encontrábamos algunas entradas bajadas de precio en reventa. Eran más de 100€ por cabeza y todo lo que pudiéramos bajar de ese precio bienvenido fuese. Pero sorpresas te da la vida, pocos días antes del concierto me ofrecieron un par de entradas gratuitas.  Vaya alegría. ¡Gracias Rafa! Por fin se hizo posible.

He de decir que Lionel Richie, con sus recién cumplidos 76 años, se mantenía en forma y aunque la voz no estará en su mejor momento, yo le pondría un notable sin problemas. Su concierto supuso una especie de celebración nostálgica. 

Comenzó -como no podía ser de otra forma- con su enorme éxito Hello, que enganchó al público desde el mismo inicio. Canciones como Easy, Penny Lover, Stuck on you, Three times a lady o Truly fueron completando el setlist con un sonido estupendo.

Una de las canciones que más íntimamente está ligada a mi vida es su tema a dúo con Diana Ross. Endless love, que fue el tema que Pepi y yo bailamos en nuestra boda. Siempre hemos asegurado que es nuestra canción. Fue un poco decepcionante porque no la cantó entera, ya que vino sin Diana Ross ni nadie que la sustituyese. Aún así fue un momento mágico para nosotros.

Dancing on the ceiling nos hizo bailar con un moderno y acertado espectáculo de luces que lo acompañó durante todo el concierto. No me lo esperaba. Say you, Say me sonó de maravilla. We are the world fue un estupendo fin de fiesta y así terminó el concierto. Pero quedaba una sorpresa más. El de Alabama todavía regresó en el bis para cantar All night long, uno de sus temas más reconocidos que supuso una acertada despedida de concierto. Creo que todo el mundo salió muy contento del concierto.