domingo, 15 de febrero de 2026

Menú en el Restaurante Matiz

Recibimos una invitación de parte de Pepe y Mamen para disfrutar de un menú degustación en el Restaurante Matiz, en Málaga. Uno de esos restaurantes que ofrecen menús que son casi creaciones artísticas. Me apetecía mucho la experiencia de un menú degustación, y así probar nuevos sabores, o debería decir, más bien, nuevas mezcla de sabores. La alta cocina, la nueva cocina, o la cocina creativa actual mantiene varias tendencias por donde creo que está creciendo en expectativas.

Uno de los puntos más importantes -para mí el que más- es el producto. Se busca una materia prima de primera calidad, y para ello, como parece lógico, se presta especial atención en aprovechar la materia prima de calidad cercana, aquella que tienes a mano y que es más fácil de llevar a la cocina, y por consiguiente de presentar en la mesa, de una manera más controlada, más fresca y también más barata. ya que la cercanía simplifica la logística de la distribución y el transporte.

Además, también se busca la exclusividad con productos con denominación de origen. Ya no es solo la utilización de un Aceite de Oliva Virgen Extra, también se busca la diferenciación mediante, por ejemplo, aceites exclusivos de olivos centenarios de la Finca Tal o Cual. Lo que supone un salto distintivo.

En este menú que probamos pudimos observar, por ejemplo, que servían boquerones victorianos o quisquillas de La Caleta de Vélez, o la manteca colorá, que son de un particularidad local. Además la apuesta por el producto nacional de calidad también es una garantía segura (atún rojo, solomillo de ternera...).

Y para diferenciar los platos, creo yo, se suele buscar también el producto exótico, aquel que no encontramos fácilmente en el mercado, ni que preparemos de manera habitual en casa. De esta forma, la experiencia gastronómica tiene un matiz especial. Tomar polenta tostada al parmesano, hoja de shiso o trufa blanca. No es comida de diario. 

Así un plato de Vieira con salsa fresca de mango de La Axarquía y crujiente de papada ibérica lo tenía todo para ser un plato delicioso y casi exclusivo. Como así fue. 

Aparte de todo lo anterior, otra apuesta de la nueva cocina son las formas de preparación, el juego de la cocina, la marca personal del cocinero. Se busca la originalidad en el uso de los conocimientos gastronómicos. No es suficiente disponer una guarnición, hay que procurar ser jugones (por aplicar un término futbolístico) a la hora de combinar y de preparar los platos. Disponer verduras encurtidas, polvo de boletus o emulsión de trufa, son detalles que evidencian la disposición creativa en la cocina, y que sirven para apreciar el enfoque de la cocina de autor, su capacidad de investigación, su imaginación y diría casi que su espíritu aventurero.

El bocado de Milhoja de pasta brick, foie micuit, manzana verde, anguila y polvo de boletus es sencillamente un regalo de la vida.

Otro de los puntos fuertes de esta cocina es la presentación, o emplatado. Todos estamos ya acostumbrados a ver fotografías de platos que entran por el ojo con sólo mirarlos, en ocasiones antes de tener conocimiento de lo que es. Es un arte la presentación de los platos. Y como expresión artística, hay para todos los gustos. Guste más o menos, la voluntad y el esfuerzo, así como el conocimiento, a la hora de emplatar se nota y mucho al primer golpe de vista.

Si todo lo anterior va complementado con un servicio impecable, un sitio agradable y un maridaje acertado, la experiencia global es un premio para los sentidos. 

Evidentemente todo esto tiene un precio, y por muy ajustado que esté, no siempre podemos permitirnos el gasto. El precio me pareció comprensible, pues la calidad siempre hay que pagarla. A mí me encantó.

¡A ver si recibo otra invitación!


sábado, 14 de febrero de 2026

La OFM 2025/26 - Programa 07

Siempre he querido llevar a mi padre a un concierto de la Orquesta Filarmónica de Málaga. Pero no es tarea sencilla. Tienen que darse una serie de circunstancias. La primera es que la orquesta ofrezca un concierto, algo que ocurre aproximadamente una treintena de veces al año. La segunda que es que yo pueda asistir, y la otra es que mi padre también pueda. 

Un día le pregunté si un día le apetecería ir a ver un concierto de la Orquesta Filarmónica de Málaga, y me dijo que sí, que no es que le gustara,  es que le encantaría. Así que estuve atento. Y en cuanto pude encontrar un día en el que los astros se alinearon a nuestro favor, reservé un par de asientos en el patio de butacas. Centradas aunque algo cercanas.

Mi padre ha sido músico, saxofonista para más señas, y director de coral y también de banda de música. Esa ha sido su pasión. Una pasión que le ha llenado la vida. Siempre le ha gustado la música clásica, pero a sus ochenta y cinco años, ya no es tan sencillo para él ir a ver los conciertos.

Cuando le dije que reservara la fecha y que ya tenía las entradas me pareció que se iluminaban los ojillos. Llegó el día y lo recogí en la puerta de su casa, y aunque estaba chispeando, no puso ninguna pega. Parecía ir encantado. Aparcamos en un parking cercano a la Plaza de la Merced, a pocos pasos del Teatro Cervantes. En Málaga hacía mejor tiempo que en Fuengirola. De camino al teatro, aún con su bastón, parecía que iba más ligero de lo habitual. Habitaba en sus ojos un brillo especial. Caminaba mirando de un lado para otro, como agitado, nervioso. Señalándome los cambios que había en todo lo que veía. Entre ilusionado y nostálgico. Una vez dentro del teatro, cogió su programa a la entrada y se sentó en su butaca. Sobre esas tablas -decía- he estado yo. 

El concierto tenía tres partes, una primera con Pablo Ferrández, solista de violonchelo, para interpretar el Concierto para violonchelo y orquesta en mi menor, Op 85, de Edward Elgar. Con cuatro movimientos.

En la segunda parte, The chairman dances (Foxtrot para orquesta) de John Adams. Y para acabar las Danzas sinfónicas de West Side Story por Leonard Bernstein. Dirigido y presentado todo por José María Moreno, director titular de la OFM. Pasó en un santiamén.

Luego, tras el concierto, fuimos a cenar juntos al Meson de Cervantes, donde yo había reservado mesa para los dos. Lo invité a todo. A las entradas, a la cena, al parking y al taxista. Él quiso pagar el café que tomamos antes del concierto.

Al regresar a Fuengirola, en la puerta de su casa, bajando del coche, me dio las gracias. En su forma de dar las gracias había un eco de gratitud y satisfacción. Yo regresaba en el coche a casa con un sentimiento de haber devuelto un grano de arena de la inmensidad de deuda que un hijo siempre le debe a un padre. Empezando por mi pasión por la música.


sábado, 7 de febrero de 2026

Juro no decir nunca la verdad - Javier Marías

Si han seguido este blog, aunque sea de manera ocasional, sabrán que soy un admirador de la pluma del autor madrileño Javier Marías. Lo soy desde que comencé a leerlo con Todas las almas, en una edición de El Círculo de Lectores que me pagaron mis padres, pero eso es otra historia.

Lo he seguido como escritor de novelas, como escritor de cuentos, como ensayista, como editor del Reino de Redonda, como traductor y, especialmente, como articulista. Esto es quizás lo más sencillo, pues sólo tenía que acercarme una vez a la semana a leer sus artículos en El País. Como a veces se me escapaban algunos artículos en uno de esos fines de semanas más agitados de la cuenta, he ido comprándome sus volúmenes de artículos y leyéndolos con una pausa temporal que se ha ido agrandando con el paso del tiempo. Cada vez la distancia de tiempo, entre lo escrito y cuando yo lo leía ha ido creciendo. El tiempo es lo que más nos aprieta.

Tras su fallecimiento en septiembre de 2022 fui postergando su lectura. No sé, no me sentía a gusto leyéndolo, me daba una pena leer a Marías sabiendo que muchas de las cosas que afirmaba no las vería continuar. Me entristecía leerlo. Es casi la primera vez que me pasaba algo así con un escritor. Una sensación tristemente novedosa para mí. Así sus libros, durante estos últimos años he mantenido sus libros en salmuera, en las estanterías más alejadas, apartándolos de la vista, hasta incluso algo escondidos. Me entristecía verlos porque me recordaban a él. Ojos que no ven, corazón que no siente.

El tiempo ha ido pasando, y bueno, te lo vas encontrando aquí y allí, en tus estanterías de libros, y te detienes sobre los lomos de algunos de sus libros leídos con una especie de bienestar interior, entre nostalgia y satisfacción. Hasta que un buen día piensas: estoy preparado, es un buen día para volver a leer a Marías, ya pasó el desapego, el duelo. Así que volví a leerle, y comencé por artículos publicados en 2015, que es por donde iba leyendo sus opiniones de prensa, ya que lo último que leí de artículos fue Tiempos ridículos, la anterior entrega de artículos. Así, especialmente los domingos por la mañana, con el café, como ya no tengo periódico, me abría su recopilación de artículos y me leía unos cuantos.

No diré que me resultó fácil leerle, porque me detenía pensando en la pena que me daba que ya no pudiera continuar escribiendo, pero el placer de la lectura merecía la pena. Y aunque algunos de sus artículos -especialmente los políticos- quedaban algo fuera de lugar, son una interesante crónica de lo vivido en España.

Echando un vistazo rápido por este blog, he descubierto que hacía mucho que no publicaba una entrada de Javier Marías. Y es que sus últimos novelones están por ahí en alguna estantería esperando que le meta mano. Cualquier día de estos.


domingo, 1 de febrero de 2026

Mejor no decirlo

Cuando publicaron todas las obras de teatro que se representarían en Málaga, la que más atraía a Pepi era la comedia Mejor no decirlo, interpretada por la malagueña María Barranco e Imanol Arias, actores más que reconocidos en la gran y pequeña pantalla. Dirigida por Claudio Tolcachir y escrita por Salomé Lelouch.

Exactamente igual que Pepi debió pensar media Málaga, porque en apenas unos días colgaron el cartel de todo vendido. Por suerte pude hacerme con un par de entradas en platea, en uno de los balcones junto al patio de butacas, que no estuvieron mal, pero sigo pensando que me gusta más el patio de butacas. No sólo es que son más céntricas, sino que también son más cómodas.

La obra estuvo bien. Divertida. Tuvo algunos puntos cómicos que me arrancaron una carcajada, pero me dio la sensación de estar viendo un conjunto de sketches, no una historia lineal sobre un matrimonio. ¿Me lo pasé bien? Pues sí. ¿Estuvo bien interpretada? Pues también. ¿Qué falló entonces? Pues no sabría decir si el guión, la dirección o la adaptación. Pero mi impresión es que fue algo que estuvo bien, pero que como concepto general no fue un gran acierto. Percepciones personales, supongo. Además, otra apunte recurrente últimamente es que las obras a veces son cortas. Sobrepasó en poco la hora de representación. Algo justo, creo yo. No es necesario que una obra dure tres horas, ni siquiera dos, pero apenas una hora luce poco.

Con esta obra dimos por cerrado nuestra asistencia a la primera parte del festival de teatro del Teatro Cervantes. No ha estado nada mal. Ni más ni menos que a cinco obras de teatro en un mes. Como era sábado y Pepi yo fuimos solos al teatro, y la noche era estupenda, decidimos ir a picar algo. Y fuimos a La Gloria, una taberna al inicio de Calle Beatas, que tiene la curiosidad de que mantiene un trozo del antiguo muro de Málaga, fechado entre el siglo XII - XV. No todos los días se cena junto a un muro de tanta historia.


viernes, 30 de enero de 2026

Estampas bostonianas y otros viajes - Rosa Montero

Rosa Montero es de esa clase de personas que las miras y su vitalidad la envuelve alegrando su alrededor. Lo envidio mucho eso, créanme. Ese nervio, esa energía es algo que me parece un regalo maravilloso. Mantener una actitud viva y entusiasta es algo de lo que más me hubiera gustado disponer. Y bueno, no ando mal en cuestiones de curiosidad, pero Rosa sobrepasa a cualquiera.

Vino a la Biblioteca Miguel de Cervantes de Fuengirola a ofrecer una charla sobre su obra, y no quise perdérmela. De ella comenté en este blog un libro que leí hace tiempo, pero del que tengo un grato recuerdo, La ridícula idea de no volver a verte. Un libro que he recomendado varias veces. Si todavía no lo han leído, siempre es buen momento.

Decía que Rosa es ese tipo de escritora inclasificable, que no sólo es que toque muchos palos, como puede ser novela, cuento, ensayo o literatura juvenil, sino que también ha sido una periodista de entrevistas fabulosas. Ha entrevistado a todo quisque, y a todo aquel que ni te imaginas. Pero a mí me atrajo mucho su curiosidad, su manera de enfrentar la vida. Cuando tuve en mis manos Estampas bostonianas y otros viajes, no pude parar de leer.

Alguien que ha visitado Irak, China, Australia, el Polo Norte o el Sahara siempre tiene que tener cosas interesantes que contar. Y siendo mujer aún más. Así que allí que fui con mi libro por si luego me lo podía dedicar. Me hacía ilusión, que la persona que había vivido todo aquello me firmara el libro. Sentí como si pudiera saludar a Marco Polo o a David Attemborough. 

Tras una interesantísima charla, no pude apenas cambiar unas pocas impresiones con ella. Me hubiera quedado horas escuchándola, pero probablemente ella me hubiera preguntado muchas cosas, porque es de una curiosidad infinita. Un placer leerla y escucharla.


martes, 27 de enero de 2026

André Rieu en el Martín Carpena

Había escuchado que el director de orquesta nacido en Maastricht, André Rieu, venía con su Johann Strauss Orkest al Martín Carpena de Málaga a ofrecer un par de conciertos. Se lo dije a mi hermano porque él fue el que me había hablado del director neerlandés. Me dijo que lo había visto ya en un par de ocasiones y que aunque le gustaba mucho, en esta ocasión no iba a asistir. Por curiosidad consulté los precios, y ahí acabó toda mi curiosidad. Pasó el tiempo y como regalo de Reyes, Mamen y Pepe nos regalaron a Pepi y a mí dos entradas para ir junto con ellos a ver el concierto del lunes. Oye, me hizo ilusión.

Ocho mil butacas de aforo y los precios no eran nada baratos. Lleno absoluto. Definir el espectáculo es complicado. Por un lado es un triunfo del marketing, porque que la gente pague una buena cantidad de dinero para escuchar un concierto de música clásica, en los tiempos que corren, me parece algo sorprendente.

Pero claro, hay trampa, no es "sólo" un concierto de música clásica. Para empezar viene acompañado de una pantalla enorme que cubre todo el escenario en su parte posterior, y la usan muy bien, todo hay que decirlo, para ambientar visualmente cada tema de una forma distinta, con unas visuales de gran calidad y apropiadas. Durante la representación hay canciones como Delilah de Tom Jones, o la Marcha Radetzky, donde el director  pide que el público se anime a tocar las palmas al ritmo de Strauss.

El espectáculo es una celebración a la altura de Disney, donde las intérpretes iban vestidas con vestidos de princesas de enorme colorido, mucha peluquería y sobre todo mucho, mucho humor en la actuación, a veces, incluso, creo que le quita protagonismo a la música. A veces creo que el papel divertido y jovial del concierto rebaja la calidad de su música, pero esto es una percepción personal.

Si a todo esto le sumamos que al final de fiesta se unieron Los del Río, para interpretar la Bamba y La Macarena, ya entienden que es más un show de espectáculo alrededor de un acontecimiento musical que un concierto propiamente dicho. Eso sí, fue largo y se fue casi a las tres horas. Hubo incluso confeti de fin de fiesta. El público -creo- se fue contentísimo en general, pero a mí me pareció un pastiche clásico con hechuras recaudatorias. Es una experiencia de la que estoy contento, porque ya lo he visto, y de hecho me dejé llevar y toqué las palmas, e incluso meneé el cucú como buen hijo de vecino, lo que haga falta por la diversión, pero si esperan que afloje de mi bolsillo para volver a verlo, espérenme mejor sentados.


lunes, 26 de enero de 2026

La Música

Cuando programaron en el Festival de Teatro la obra La Música, basada en un texto teatral de Marguerite Duras, adaptada y dirigida por Magüi Mira (la misma de La Barraca), con Ana Duato (Mercedes en la serie Cuéntame cómo pasó) y el actor argentino Darío Grandinetti (protagonista en la serie Hierro), tuvimos claro mi santa y yo que queríamos ir a verla, pero aún así aguantamos sin comprar entradas, porque como la obra se representaba un fin de semana y nosotros tenemos los partidos de Liga de Miguel y los del Málaga, pues decidimos esperar hasta más cercana a la fecha para ver a cuál de las dos representaciones podríamos ir. A veces ocurre que no podemos asistir a ninguna.

Pero hubo suerte. El partido del  Málaga se jugaba en casa contra el Burgos y lo pusieron un viernes, así que Miguel, como tenía entrenamiento no podría ir a ver el partido, por lo que dejamos nuestros carnets de abonados a Sofía para que fuera con Ignacio, y bueno, el Málaga ganó 3-0 y todos contentos aunque a ellos les pilló algo de lluvia.

El partido de Miguel era el sábado de manera que nos quedaba el domingo liberado para ir al teatro, y eso hicimos. Ya ven que no siempre es fácil. 

Ana Duato y Darío Grandinetti son dos grandes actores y la obra se desarrolla con una íntima naturalidad cotidiana. Un matrimonio roto, en el que hubo amor y amargura, felicidad e infierno, pero que tras una dolorosa separación tienen un obligado reencuentro. Todo es absolutamente creíble, que es lo que lo hace mágico.

Me gustó aunque fue un pelín corta, aproximadamente una hora. Supongo que el texto es el texto y si lo quieres respetar, no se puede ir mucho más allá de lo que hay.


miércoles, 21 de enero de 2026

La Barraca

Apenas unos días después de ver la obra de teatro Las amargas lágrimas de Petra von  Kant, regresamos Pepi y yo nuevamente al Teatro Cervantes para ver La Barraca, una de las obras notables del autor valenciano Vicente Blasco Ibáñez, adaptada al teatro por Marta Torres (menuda responsabilidad) y dirigida por Magüi Mira, con Daniel Albaladejo, que realizó una interpretación soberbia, Antonio Hortelano, Jorge Mayor, Antonio Sansano, Patricia Ross, Claudia Taboada, Elena Alférez y Jaime Riba. La composición musical fue a cargo de Santi Martínez.

La obra sabía de qué iba pero no recordaba exactamente el desenlace. Nunca leí la novela (quizás ya ha llegado el momento de hacerlo), pero alguna adaptación televisiva habría visto porque fui recordando cosas de la trama conforme iba avanzando. En cualquier caso me encantó. 

Es curioso que las grandes obras son imperecederas, entre otras cosas, porque abarcan temas comunes y casi atemporales. La lucha por la justicia social, la hostilidad sobre el forastero, el odio, la venganza, el rencor no son sentimientos de clase, o de épocas, son sentimientos humanos, que son inherentes a nosotros. Por eso, salvando las distancias de un entorno rural del siglo XIX a la actualidad, las cosas han cambiado, pero en esencia, no tanto.

Me gustó todo. La escenografía al completo, con el vestuario, la iluminación, la atmósfera, la forma de transformar el espacio de una manera artística, casi como un baile. La simbología de la arena, el polvo... en general todo me pareció de un buen gusto y un acierto completo. Muy recomendable.


domingo, 18 de enero de 2026

Las amargas lágrimas de Petra Von Kant

Unos días después de que Miguel, Pepi y yo fuésemos al Teatro Cervantes de Málaga a ver la obra Blaubeeren, regresamos al mismo recinto con nuestros amigos Ana y Óscar, para ver la obra de teatro Las amargas lágrimas de Petra Von Kant, de Rainer Werner Fassbinder, que la estrenó en teatro en el año 1971 y al año siguiente la llevó al cine, y que ahora versiona y dirige Rakel Camacho.

La obra es un melodrama de modernidad alemana de los setenta, en el que se habla de la soledad, el desamor, la dominación y, ahora, todo ello ha sido adaptado a la actualidad. 

Una exitosa diseñadora internacional, Petra von Kant, interpretada por Ana Torrent, acaba de separarse de su segundo marido y vive con Marlene, que es su chica para todo, secretaria, amante y en ocasiones también esclava. Cuando una de sus mejores amigas le presenta a Karin, una joven extrovertida de orígenes humildes, Petra se enamora locamente de ella y la atrae prometiéndole convertirla en modelo internacional. En ese momento comienza una tormentosa relación, que hará que Petra viva una parte de una relación sentimental que nunca le había tocado vivir.

Las actrices intervinientes en la obra son la madrileña Ana Torrent. Todos recordamos sus papeles en Cría cuervos (1975) o Tesis (1996), con la que fue nominada a los Goya. La acompañan Rebeca Matellán, Maribel Vitar, Julia Monje y María Luisa San José. Personalmente, he de confesar, no enganché mucho con la obra. Me pareció demasiado alocada y absurda por momentos. Me gustaría ver la película para poder opinar sobre si es algo de la adaptación o del "original". No quita que las actrices estuvieron estupendas y que las aplaudí un buen rato al finalizar la obra.


viernes, 16 de enero de 2026

Blaubeeren

El Teatro Cervantes había programado para un lunes una obra de teatro con un título de origen germánico: Blaubeeren (Arándanos). Curioseamos mi mujer y yo sobre la sinopsis y nos atrajo: Un álbum de fotos de la Segunda Guerra Mundial había sido encontrado y puesto a disposición del Museo del Holocausto de los Estados Unidos. Las imágenes muestran el día a día del campo de concentración de Auschwitz. Ese álbum de fotos revelará nuevas sorpresas para las familias de los descendientes de los oficiales que administraban unos de los campos de concentración de más desgraciado y trágico pasado. 

Habíamos dejado en el aire la posibilidad de ir hasta el último momento, siempre prudentes por los inconvenientes que pueden surgir, aunque, en esta ocasión, pudimos escaparnos a verla. La idea era hacer algo rápido. Ir y volver, picar algo si se diera el caso tras la obra, pero Miguel, nuestro hijo, que tenía el día despejado decidió que quería acompañarnos. Sofía no pudo. Así que los tres nos plantamos en Málaga un lunes de enero.

Es una obra de Moisés Kaufman y Amanda Gronich. Adaptada y dirigida por Sergio Peris-Mencheta, con la participación de Clara Alvarado, Víctor Clavijo, Eric de Loizaga, Nacho López, Irene Maquieira, Javier Tolosa, María Pascual y Paloma Porcel. Ninguno de ellos era conocido para mí, aunque no es de extrañar porque soy bastante vago con los nombres de las personas, quizás más fácilmente me quedo con las caras.

Fue una obra con una adaptación moderna, actual, que se me hizo muy amena. Proyecciones de las fotografías sobre grandes paneles del atrezzo de la obra. Música en directo acompañando melódicamente algunos de los momentos más trascendentes de la obra. Fue una especie de teatralización de un documental, que perseguía despertar la sensibilidad de algo tan devastador y atroz como lo ocurrido. Algo tan increíble que parece irreal.

Nos gustó a los tres. Recomendamos verla.


miércoles, 14 de enero de 2026

Las lágrimas de San Lorenzo - Julio Llamazares

Tenía pendiente por leer este libro en una de las librerías de casa. Una portada preciosa, por cierto. Pero los libros van cayendo entre mis manos de una manera, digamos, inesperada, sin un orden predispuesto, aunque algo de orden procuro llevar. El asunto es que cuando leí a Julio Llamazares, lo hice con un libro prestado por mi amigo Miguel, Tanto pasión para nada. Un libro de relatos que me dejó muy buen recuerdo.

Desde aquella lectura me propuse leer una novela suya, pero en aquel momento no tenía ninguna, y pasó un tiempo hasta que compré ésta de Las Lágrimas de San Lorenzo, y todavía he tardé unos años en escogerla de la estantería y leerla.

En realidad lo que me motivó leerla fue que supe que Julio Llamazares acudía a Málaga a presentar su última novela, El viaje de mi padre, y aproveché para leérmelo y así acercarme a su charla y si era posible que me lo dedicara.

Al final sí pude hacer asistir a la charla que fue muy entretenida, y al acabar la charla pude acercarme y contarle lo mucho que me gustó su novela y darle las gracias por el buen rato que me supuso su lectura.

Es una novela sobre el paso del tiempo, la memoria personal donde los recuerdos y la nostalgia caminan cogidas de la mano, y sobre la relación que un padre comparte con su hijo  y con la nostalgia de lo que él fue, de la relación con sus padres y la que vive con su hijo. La fugacidad de la vida como lluvia de estrellas. 

Una novela corta, apenas doscientas páginas y fácil de leer, que endulzó algunas tardes de otoño cual azúcar en café. Lo recomiendo.

A ver si ahora no tardo tanto en volver a leer al autor leonés.