Un Pimiento
por Salva Moreno
viernes, 22 de mayo de 2026
Se gradúa Miguel
miércoles, 20 de mayo de 2026
La Ilíada
Hace muchos años, alguien que ya no recuerdo -a la que supongo que yo tendría en buena consideración- recomendó leer la Ilíada y la Odisea en la Edición Clásica de Gredos, con la que afirmaba que había leído los libros de Homero. Así que tomé nota, por si acaso.
Mi curiosidad por leer este clásico siempre había estado ahí, de manera que busqué esa edición con cubierta de cuero y con las páginas en lo que antes yo conocía como papel de biblia (desconozco si es un término extendido en el mundo editorial), pero ya estaba descatalogada, y los precios en librerías de viejo eran desorbitados, de manera que desistí de mi interés por esa edición. Además, la vista a mis cincuenta y tantos no es la misma, y cada vez voy buscando ediciones con la tipografía de un tamaño más generoso, que me resulten más sencillo leer. Aquella edición no lo era realmente.
Pero el tiempo pasó y como tantas veces ocurre en la vida, se presentó una segunda oportunidad. Una nueva y renovada edición de Gredos volvía a estar disponible, pero ésta más acorde en tamaño y especialmente asequible de precio. Así que me acerqué a Teseo, mi librería habitual, busqué el libro y tras leer el primer párrafo del primer canto, me decidí y me llevé los dos volúmenes. Los coloqué en una estantería de casa a que esperaran a que les llegara el momento.
Pasaron años, incluso una década, pero un buen día dije, se acerca el momento y coloqué la Ilíada en la mesita de noche, que es como estar en un aeropuerto antes de coger un avión. Puede haber retrasos, pero normalmente una vez allí, más pronto que tarde, se vuela.
Decidí saltar el prólogo, que en los libros clásicos cuentan más de lo que uno desea, suponiendo que sabemos lo que muchos no queremos saber. El tema de la traducción tampoco me interesaba mucho. Soy absolutamente ignorante en griego. Así que entré directamente al Canto I.
He de decir que a ratos se me hizo tedioso, y la forma repetitiva de nombrar a las personas (Aquiles, el de los pies ligeros) al principio me pareció cansina, pero al mismo tiempo, esa repetición salpicaba las frases de un espíritu poético.
Una particularidad que he disfrutado mucho son con las descripciones de la naturaleza humana, o de la exaltación de los valores y el honor y me asombró la crueldad sobre los vencidos. Y en especial me desconcertó la ausencia del caballo de Troya o no hallar el fin de Aquiles entre sus páginas.
domingo, 17 de mayo de 2026
Memorias de Adriano
Ya escribí por aquí que el libro de Marguerite Yourcenar, Memorias de Adriano, me encantó. Y si no lo escribí, no pasa nada, lo escribo ahora. Mi opinión de entonces, sigue ahora más vigente que nunca. El libro alrededor de la vida del Emperador Adriano dejó una huella inmensa en mí. Lo tengo en casa puesto en un lugar donde lo veo casi todos los días, y si bien la mayoría de las veces paso de largo sin hacerle caso, cuando me detengo y lo veo, no puedo evitar sentir una especie de bondad y agradecimiento sobre sus páginas. Y aunque no soy mucho de listas de gustos ni nada que conlleve comparaciones innecesarias y pérdida de tiempo. Podría afirmar sin despeinarme que este libro estaría entre mi top diez de mis libros favoritos. Ahí queda dicho.
Así que Pepi y yo, junto a una pareja amiga, nos plantamos en las butacas dispuestos a disfrutar de la obra. La verdad es que me gustó, y mucho. La interpretación de Lluís Homar es de la mejores que he visto en mi vida. Puso a todo el teatro en pie a aplaudirle, lo que se está convirtiendo en una costumbre, pero que no siempre es tan merecido como en este caso, al menos así lo pienso.
En el cartel publicitario aparecen un buen número de actores acompañando al actor principal, por lo que pensé que era una obra coral, aunque finalmente fue casi un monólogo de Homar con actores y bailarines de atrezzo. No es tal que así en realidad, pero casi.
Tras el teatro, no muy lejos de allí, descubrimos, junto con nuestros amigos Sagri y Miguel, una pizzería, anunciada como Restaurante Bresca, donde comí unos ravioli de rabo al pesto rosso, que estuvieron fabulosos. Confieso que los pedí porque afirmaba estar cocinado a fuego lento con vino tinto Barolo (el favorito de Eddie Vedder, ahí saltó la chispa de mi decisión) servido en salsa especial de pesto rojo y almendra chili-limón. Rico, rico. Un descubrimiento. Volveremos.
domingo, 10 de mayo de 2026
Dos victorias de oro
El partido comenzó movidito. A los cinco minutos un codazo sobre Murillo en un corner fue penalti que el árbitro no vió pero el VAR lo avisó, y corrigió. Chupe es el encargado de lanzarlo y engaña al cancerbero. 0-1. En el minuto 20, tras una jugada embarullada Sergio Álvarez empata el partido 1-1. Diez minutos más tarde, en una contra y tras varios despejes, Corpas adelanta al Eibar. Habían dado la vuelta al resultado y el Málaga estaba sufriendo. Llegó el descanso y Funes quitó a Izán Merino con amarilla y puso a Ramón Enríquez.
El equipo salió con otro aire, y a los 10 minutos Larrubia en jugada personal estrelló el balón en el palo. La suerte, una vez más, nos era esquiva. Además Larrubia tuvo que ser sustituido, y entró Adrián Niño, en en la primera que tuvo, en posición casi acrobática y a pase medido de Chupe, alojó el balón en el fondo de la red. 2-2 y el partido estaba vivísimo.
Entró Brasanac por Chupe, en lo que fue un cambio discutido, y sin embargo, Brasanac a pase de Joaquín Muñoz, ajustó el balón al palo contrario del portero y anotó el 2-3. Quedaban quince minutos para el final, y cuando parecía que todo podía pasar, Adrián Niño en una gran jugada y un mejor disparo cruzado, anotó el definitivo 2-4. Partidazo.
Funes decidió arriesgar y en el descanso retiró a Galilea y dio entrada a Ramón Enríquez. Minutos después, Chupe, a pase de Ramón, con un soberbio disparo colocó el balón cruzado cerca del palo para empatar el partido, 1-1. Pero no fue hasta el minuto 86, cuando Joaquín engañó de disparo desde el borde del área al portero exmalaguista Rubén Yáñez -que se había pasado gran parte del partido perdiendo el tiempo- para anotar el resultado final de 2-1. Marcador justo.
Quedan tres jornadas por delante que significarán tres finales. Visitar Ceuta, recibir al líder, el Racing de Santander e ir a Zaragoza, que está luchando por no descender.
En esta jornada Las Palmas perdió escandalosamente contra el Andorra 5-1 y la adelantamos y como el Castellón empató también, y además el Burgos empató con el Almería y nos alejamos dos puntos de uno y nos acercamos dos al otro. Jornada casi perfecta.
Acabamos en cuarta posición, a cinco puntos del ascenso directo, quedando nueve puntos en juego, lo que lo hacía muy complicado, y dos puntos sobre el playoff, que lo hacía más factible pero esto es fútbol y nada es seguro, de hecho, si las matemáticas no lo desmienten, todo es posible.
viernes, 8 de mayo de 2026
La OFM 2025/26 - Programa 13
sábado, 2 de mayo de 2026
La Verdad en el Teatro Cervantes
viernes, 1 de mayo de 2026
Robert Jon & The Wreck en La Trinchera
Hace ya unos cuantos años, allá por 2018, fui a ver a la banda americana Robert Jon & The Wreck tocar en el Louie Louie de Estepona. Fue un concierto que me dejó muy buen sabor de boca y desde entonces los sigo regularmente, e incluso de vez en cuando vuelvo a sus discos para escucharlos y, en cierta forma, recordar aquel concierto.
La banda americana llegaron al Louie Louie de Estepona por primera vez, que yo sepa, en abril de 2015, repitieron un año después, en junio de 2016 y de nuevo en el siguiente septiembre de 2017. Pero yo no pude verlos hasta noviembre de 2018. De hecho, hasta poco antes de esa fecha ni siquiera sabía que existían.
Lo mismo me pasó cuando vinieron a Málaga en lugar de Estepona a finales de junio de 2024 a la Sala La Trinchera, presentando su álbum, Red Moon Rising. No pude ir tampoco. Desde entonces mantenía una espinita clavada con ellos porque cuando no pasaba una cosa, pasaba otra. Pero esta vez, en 2026, por fin, sí que pude ir a verlos.
En esta gira venían con un disco debajo del brazo, el Wreckage, Volumen 3, pero en realidad estaba recién salido, y el que más peso se suponía que tendría en el setlist sería su anterior disco Heartbreaks & Last Goodbyes. Aunque al final comenzaron con The Devil is your only friend, seguido de Blame it on the Whiskey, ambas del disco Glory Bound. Y antes de los bises, tocaron Cold Night, que es un temazo. Así que el disco que más pesó puede ser que sea su disco más reconocido, Glory Bound.
La banda mantenía casi plenamente su formación desde aquel ya lejano concierto en Estepona de 2018, tan sólo el teclado era una cara nueva. Jake Abernathi es el encargado ahora sustituyendo a Steve Maggiora. Warren Murrel sigue al bajo y Andrew Spantman a la batería, y la guitarra sigue a las manos de Henry James Scheneekluth. ¡Y vaya manos!
La verdad es que lo pasamos fenomenal. Música y amiguetes. No hace falta mucho más. Francisco, Óscar y Enrique fuimos al final juntos al concierto.
jueves, 30 de abril de 2026
Gravedad cero - Woody Allen
Ya he contado más de una vez por este blog caprichoso y personal, que soy un asiduo seguidor de las películas de Woody Allen, y que también soy lector de todo lo que publica aparte del cine. Digo lo que publica porque a veces son guiones, otras veces son cuentos o relatos, o incluso series. En cualquier caso, suelo estar atento a todo lo que lleva su firma porque, a mi juicio, es uno de los grandes.
Me reí a carcajadas mientras lo leía. El cuento titulado Park Avenue, piso alto, urge vender fue directamente desternillante. Lo leí dos veces de lo que me reí. Pero de todos los relatos, mi favorito fue el último y más extenso, Crecer en Manhattan, con enormes tintes autobiográficos.
Muchas de estas piezas fueron publicadas con anterioridad para la revista The New Yorker, pero el resto se han publicado en este libro por primera vez. Yo no había leído ninguna de ellas, pero si no se ha leído nada del autor neoyorquino es una estupenda toma de contacto, aunque yo siempre recomiendo sus películas.
Quisiera destacar la traducción, porque hay muchos de los apuntes de Allen que son de un carácter local o al menos nacional. Muchos guiños a la actualidad y si no te dan una pincelada que te oriente, algunas bromas no son fáciles de pillar. Woody Allen es una persona observadora, y siempre está atento a advertir los dobles sentidos de las frases, pareciera que camina avizor y acechante a pillar algún agudo detalle que los demás hemos obviado. Lo recomiendo.
martes, 28 de abril de 2026
Los recibimientos
Jornada 33, tocaba partido internacional, pues nos desplazábamos al Encamp, donde juega como local el FC Andorra, que venía de golear a la Cultural Leonesa por 0-4. Nos recibían colocados en la media tabla, lo que a mi parecer hace que estos equipos despreocupados sean muy peligrosos, aunque también algo inconstantes o impredecibles. Y más teniendo en cuenta que era una jornada entre semana, con lo que se suponía que habría un buen puñado de cambios en el once titular, como así fue. Además, por si no fuese suficiente, llovía. En cambio, en la mitad de la primera parte, cuando el partido estaba más dormido, en un saque de esquina, Murillo remató solo, con el pie a la red. 0-1. Al borde del descanso, penalti claro sobre Joaquín, al que pisaron en el gemelo, que como Chupe estaba en el banquillo, Eneko Jauregi se encargó de tirarlo y marcar. 0-2. Descanso. Todo parecía bien encarrilado.
lunes, 13 de abril de 2026
Regresar a Cuenca
Hacía tiempo que teníamos previsto una escapada de fin de semana familiar a Cuenca, la ciudad donde nació Rosa, la mujer de mi padre. Fuimos a Cuenca para celebrar su fiesta de ochenta cumpleaños, rodeados de sus siete hijas y su hijo, el menor de todos, el último en llegar. En mi mente distraída y juguetona siempre que lo veo pienso que bien pudo ser el niño más buscado de España. Más buscado que Chencho, el niño perdido en el clásico del cine español, La gran familia.
Llegamos a Cuenca a eso de las 17:30 de la tarde. Tiempo justo para instalarnos en el Hotel Torremangana, tomar una cerveza en la terraza mientras recibíamos y conocíamos a algunos familiares de Rosa y seguidamente fuimos a dar una vuelta por la ciudad iluminada por la noche. Subimos dando un largo paseo junto al río Huécar, afluente del Júcar, en busca del Puente de San Pablo, construido en 1902, un puente de hierro y madera sobre el río Huécar, con vistas a las Casas Colgadas y con una caída vertiginosa bajo él. Yo casi ni me acerqué. Fue dar los primeros pasos, ver la luz por entre los listones de madera y escuchar su crujir y empezar a temblarme las piernas. Media vuelta y hasta pronto. Como estaba en el lado correcto del puente, giramos hacia la Plaza Mayor, frente a la Catedral gótica de Santa María y San Julián e iniciamos el camino de vuelta pero esta vez por los miradores que una parte ofrece hacia el otro lado del tajo.
Iniciamos nuestro recorrido hacia la Plaza de la Constitución y cruzamos hacia el Monasterio de Madres Benedictinas, cruzamos el Jardincillo de El Salvador, junto a la Iglesia de San Felipe Neri hacia la Plaza del Carmen desde donde ascendimos hasta los pies de Torre de Mangana, desde donde hay un mirador con vistas fabulosas hacia el oeste de la ciudad. A pocos pasos está la Iglesia del Convento de la Merced donde pudimos ver a un par de monjas, con el hábito religioso, de las que ya apenas se ven. Continuamos hacia la Plaza Mayor, esta vez de día, y entramos en la Catedral. Es la segunda vez que entro en la Catedral, porque Pepi y yo la visitamos por el verano de 2003 o 2004 si no recuerdo mal, en un viaje fabuloso e irrepetible que hicimos Pepi y yo por ciudades españolas. Rosa, una vez maqueada de la peluquería, se acercó a acompañarnos por nuestra visita.
Al acabar regresamos al puente de San Pablo, esta vez de día. Si queríamos disfrutar de las vistas desde el otro lado del puente, había que cruzarlo. Vi a niños cruzarlo dando brincos. Yo apenas podía despegar los pies del suelo. Mi hermano me sirvió de Lazarillo y dejó que yo le echara el brazo por encima de los hombros y muy despacio, sin salirnos de la imaginaria línea media, equidistante a las barandillas laterales, sin dejar de mirar al frente, lento como una tortuga reumática, conseguí cruzar el puente. Es la tercera vez que lo cruzo. Porque en mi vista anterior lo tuve que cruzar a la ida y a la vuelta. Por suerte, en esta ocasión sólo lo tuve que atravesar una vez. Más que suficiente. Al otro lado, cercano al Parador, estaban las letras de Cuenca, donde ahora viene siendo obligatorio hacerse una foto. Así que lo hicimos.
El Restaurante La Ceca, donde se celebraba el cumpleaños estaba a un paseo corto desde el Hotel. Primero con la cerveza de bienvenida y las presentaciones con la amplia familia de Rosa, seguidamente con la comida, donde, entre muchos platos, nos sirvieron como especialidad típica conquense oreja de cerdo con ajo y perejil, crujiente por fuera y tierna por dentro, que no a todos los de mi familia agradó. Hasta el momento de la tarta, que fue muy especial, e incluso disfrutamos de varias actuaciones musicales de nietos y amigos de la familia de Cuenca. Echamos la tarde y parte de la noche.
Para el último día teníamos previsto visitar el Museo Paleontológico, pero amaneció lloviendo, y nos quedaba un día largo de vuelta en la carretera. Así que tras desayunar decidimos bajar las maletas a la furgoneta y volver a casa. Seiscientos kilómetros por medio. No sé si podremos repetir un viaje así en nuestras vidas, porque cada vez es más complicado unir a tanta gente. Un viaje inolvidable.
martes, 7 de abril de 2026
Días de celebraciones
Llevaba Pepi un tiempo con ganas de ir a comer a un restaurante de comida asiática que le habían recomendado por varios sitios, entre ellos nuestros hijos, el restaurante Misake Asian Fusion. Por una cosa o por otra, la posibilidad de ir, una y otra vez se fue estropeando. El Misake Asian Fusion es un restaurante con menú bufé de comida asiática, como se pude intuir en su nombre con facilidad. Pides lo que quieres y puedes repetir hasta no poder más. Algo así como la bebida recargable en algunas de las franquicias americanas de hamburguesas. El anticulto moderno al fitness vital. Comer hasta reventar y poco más.
Al día siguiente, el día seis de abril, ya sí que era nuestro aniversario, y aunque era lunes, decidimos que sería una buena idea ir a cenar -esta vez los dos solos-, a uno de nuestros clásicos en las celebraciones, Casa Roberto. Probablemente uno de los restaurantes que más años llevamos yendo juntos. Aún éramos dos tiernos novios y ya íbamos en fechas señaladas a celebrar algún acontecimiento compartido. Bien el día de los enamorados, bien nuestro aniversario o algún cumpleaños. No lo hacíamos muchas veces, claro, pues cuando eres joven la economía no está para muchos esplendores, aunque ahora tampoco está muy allá.
El año que viene haremos veinticinco años de casados. No es ninguna tontería. Cada día es más raro que las parejas aguanten tanto tiempo juntos. La vida es un inmenso conjunto de elecciones. A veces se acierta a la primera, a veces a la segunda y hay quien no acierta en toda su vida. Yo tuve la inmensa fortuna de acertar con mi santa en unos pocos minutos. Todavía mantenemos la curiosidad de ir a sitios nuevos, pero también volver a los sitios que nos llevan acompañando tantos años.



