sábado, 27 de septiembre de 2025

En el Biopark con Miguel

Ya hace unos meses comenté por este blog que me encanta la naturaleza y especialmente los animales, casi que se podría afirmar que amo todos los seres vivos en general. El ser humano es quizás el que encuentro más desagradable en particular. También comenté que para los Reyes Magos me regalaron un pase anual del Biopark de Fuengirola, de manera que cada vez que tengo ocasión, si se cuadran los astros del calendario, del trabajo, del tiempo y de un buen número de dioses griegos y alguno romano, voy a visitar a mis amigos los animales del Biopark. En esta ocasión me acompañó mi hijo Miguel, que visitó el parque muchos años atrás y prácticamente no se acordaba. Pagamos su entrada y visitamos juntos el zoo.

Uno de los animales más complicado de ver en el zoo es el Perezoso, exactamente el está en el parque es el Perezoso de dos dedos de Linneo, el más grande de los perezosos, puede llegar a pesar más de 11 kg, y según dicen se pasa el día durmiendo, entre 15 y 20 horas diarias, que es casi una hibernación, aunque no lo es, es más bien un ajuste metabólico de bajo consumo. No posee un alto grado de amenaza de extinción, pero como está perdiendo el hábitat paulatinamente, el Amazonas, hay una cierta preocupación por su supervivencia. Suele ser complicado de ver porque baja poco cerca del suelo, y por si fuese poco, además es un animal nocturno. Ya ven que verlo no es trabajo sencillo, ni siquiera en el Biopark.

En el Biopark hay un pareja de Perezosos de dos dedos de Linneo, un macho y una hembra, y hay cierta esperanza en que en el futuro consigan aumentar la familia. En el mundo existen dos tipos de perezosos, de dos y de tres dedos, luego hay seis especies de perezosos. Cuatro de estas especies tiene tres dedos y dos especies dos dedos.

En esta ocasión pude ver los dos Perezosos del Biopark y además desde bastante cerca. Habrían bajado por algo de comer que les ponen. A pesar de que son animales que se desplazan a velocidad lenta, colgados boca abajo de ramas, no estuvieron mucho tiempo cerca. Son animales fascinantes, casi extraterrestres, su cara parecía estar sonriendo y tienen un pelaje muy tupido. Me encantó verlos.

No muy lejos de allí nos acercamos a ver al Potamoquero Rojo, pues me había enterado de que un par de nuevas crías habían nacido recientemente. En realidad nacieron cuatro, pero sólo dos sobrevivieron. Algo por lo visto muy normal en la vida salvaje.

Los rayones, que así se llaman a las recién nacidas de este jabalí africano, poseen unas rayas, o manchas de color blanquecino, que irán perdiendo con el tiempo, y que le sirven para camuflarse durante sus primero meses. 

Fue muy gracioso ver a las crías corretear alrededor de la madre todo el rato, moviéndose sin parar, y pude comprobar lo directo que es el instinto animal. En cuanto la madre se tumbó, se puso de medio lado para que las crías pudieran mamar, a una de ellas le faltó tiempo para acercarse a su madre y aprovechar el momento. Fue un momento precioso.

¡A Miguel le gustó mucho el Biopark! Le sorprendió lo grande que era y de lo poco que se acordaba.

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