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sábado, 23 de agosto de 2025

Atenas Día 1

Se estaba convirtiendo en una costumbre madrugar en Budapest.  Nuestro último día no iba a ser menos. A las 3:15 sonó el despertador, hicimos el checkout del hotel y pedimos un taxi que nos llevó al aeropuerto desde donde cogeríamos un avión de Ryanair que nos llevaría a Atenas, donde aterrizamos un par de horas después. Cogimos otro taxi que nos llevó cerca de nuestro alojamiento en el centro de Atenas.

Soltamos las maletas en una especie de trastero que tenía habilitado el apartamento mientras nos arreglaban la habitación y fuimos a desayunar a un sitio cercano que teníamos localizado, Victory. No estuvo nada mal.

Lo primero que fuimos a visitar, por cercanía, fue el Arco de Adriano. Desde que leí el libro de Marguerite Yourcenar de Memorias de Adriano, siento cierta atracción sobre la figura del emperador romano. Así que nos acercamos a ver el monumento. En realidad el Arco de Adriano, es un arco de triunfo, que hace las veces de puerta que da acceso al Templo de Zeus Olímpico. Es de mármol del Monte Pentélico, el mismo que se utilizó también en el Partenón. El Arco se construyó entre el 131 y el 132, y se supone que se realizó para la llegada de Adriano a la ciudad.

Adriano sentía fascinación por la cultura griega desde joven. Vivió allí en sus años formativos, antes de ser emperador.  Convirtió Atenas en un centro cultural y la benefició financiando grandes obras como la Biblioteca de Adriano, un acueducto y terminó el Templo de Zeus Olímpico, iniciado años atrás. Adriano está considerado uno de los emperadores buenos del Imperio Romano, se le llegó a conocer como el griego o como el restaurador. Por algo será.

Llegó la hora de comenzar a conocer Atenas y una buena manera -creo- es hacerlo empezando por el Museo de la Acrópolis, que además estaba a pocos metros de donde nos encontrábamos. Lo primero que quiero comentar del museo es que se construyó con las misma orientación y en las mismas medidas que el Partenón, lo que me parece una idea extraordinaria. Es considerado uno de los museos arqueológicos más importantes del mundo y yo no me lo quería perder. La parte superior es acristalada, para el aprovechamiento  de la luz natural, pero también para poder observar el Partenón desde el interior del museo.

El número de obras que muestra el Museo es enorme y podría escribir centenares de entradas sobre ellas, pero por ahora comentaré que sólo por contemplar cinco de las seis cariátides originales del Erecteion (la que falta está en el Museo Británico)  ya merece la pena pagar la entrada. Teniendo en cuenta que estamos hablando de obras esculpidas alrededor del 415 a.C, por ponernos en situación, es increíble comprobar el detalle de que cada una lleva el pelo trenzado de forma diferente, y que las rodillas de las cariátides está ligeramentes flexionadas aunque ocultas por los pliegues de los vestidos. Maravilla.

Además, dentro del museo está la galería del Partenón, donde se ha tratado de reproducir todas las proporciones y las medidas tanto del friso, las metopas, los frontones y las columnas. La colección es inmensa. Nosotros tardamos unas dos horas para recorrerlo y nos hubiera hecho falta darle cinco vueltas más, pero no disponíamos de tanto tiempo.

Abandonamos el museo y se nos abrió el apetito. Nos llegaban olores de especias, de carne guisada, a la brasa... decidimos dirigirnos en dirección al barrio Plaka, donde yo tenía echado el ojo a varios restaurantes. Plaka es uno de los corazones del centro turístico de Atenas, un barrio adoquinado, muy colorido y animado, que está a los pies de la ladera de la Acrópolis. El restaurante que elegimos fue Geros Tou Moria. Fue un acierto.

Pedimos varios platos variados para compartir. Como  entradas pedimos una ensalada griega que venía con tomate, pepino, cebolla, aceitunas y queso feta; también pedimos unos kolokithokeftedes, que son unos buñuelos de calabacín rallado, fritos, crujientes por fuera y jugosos por dentro. Me sorprendieron para bien.  Nos preguntaron si queríamos salsa tzatziki para acompañarlos, que es un aperitivo a base de yogur, pepino, ajo y hierbas frescas, y claro, dijimos que sí. También pedimos keftedes, que son unas albóndigas fritas especiadas, como las que hacemos aquí, pero sólo fritas, sin salsa. No podíamos irnos sin pedir moussaka, el plato quizás más representativo de la cocina griega, que suposo la moussaka más rica que he probado nunca. Y todo lo regué con una cerveza que me recomendaron que no tenía pinta de griega pero lo era: la cerveza Kaiser, una pilsner de 5,2% de alcohol. Muy buena.

Decidimos bajar la comida paseando por el barrio, haciéndonos fotos casi en cada esquina -para eso Pepi es profesional- y encaminándonos desde Plaka hacia Monastiraki, una de las zonas más comerciales de la capital griega. Allí pudimos ver lo que queda de la Biblioteca de Adriano. Contemplar el colosal tamaño de las columnas corintias de más de ocho metros de altura nos lleva a considerar la extraordinaria cantidad de rollos de papiros que se conservaban allí. Una pena. ¡Qué libros nos hemos perdido!

En cada calle de Monastiraki hay una tienda de souvenirs que vende camisetas con el lema de Sparta, camisas de lino azul y blancas, o esponjas naturales. Está llena de apartamentos turísticos y bonitos restaurantes donde los camareros apostados en la entrada te conminan a entrar a consumir en su restaurante.

Nos dirigimos hacia el Mercado Central pero cuando llegamos ya estaban cerrando muchos puestos. Decidimos continuar hacia la Plaza Kotziá, donde está el Ayuntamiento de Atenas. Regresamos de vuelta pero intentado no ir por las mismas calles. Nos encontramos con una Iglesia ortodoxa griega por la calle Aiolou. En la misma calle, un poco más adelante, estaba la Iglesia de Santa Irene, también ortodoxa, que está diseñada en una mezcla de estilo bizantino y con influencias neoclásicas. Me resultó muy bonita en su interior, a pesar de que era algo oscura. 

A dos calles, girando hacia Ermou, una de las calles más comerciales de la ciudad, hay otra iglesia bizantina, del s. XI, la Iglesia de Panagia Kapnikarea, una iglesia pequeña pero muy coqueta. Me gustan mucho los templos de estilo bizantino, con las ventanas con lóbulos separados con pequeñas columnas, cúpulas esféricas cuidadosamente pintadas al fresco o con mosaicos, donde el dorado es color principal. Es una de las iglesias más antiguas de la ciudad. En una de las esquinas de la plaza hay una pastelería, Attica Bakery, que tenía mucho trasiego. Vendían una especie de churros  rayados de apenas 5 ó 6 centímetros, pero no estaban huecos y parecían dulces. No pude resistir la curiosidad. Compramos no para cada uno para probarlos, porque allí no había mesas en las que sentarse a tomar algo.

Buscamos un sitio donde tomar un café y picar algo, y para descansar los pies. A pocos metros, girando la calle encontramos una plaza con una pastelería heladería, Zuccherino, con una terraza debajo de unos árboles frondosos. Los niños querían helados, Pepi y yo café con pastel. Todo muy rico. Pepi y yo pedimos una especie de tarta de hojaldre, pistachos y miel. Similar a una baklava pero sin llegar a serlo. El café con hielo buenísimo.

El resto del tiempo decidimos dejarnos llevar, ir conociendo Atenas caminando, curioseando por las tiendas de souvenirs, eligiendo restaurantes, contemplando cuán parecidos y cuán distintos somos los mediterráneos. Todas las calles del centro estaban abarrotadas y todo el mundo aparentaba ir de un sitio a otro sin que el tiempo fuese importante. Nos abocamos a la Plaza Monastiraki, un lugar plagado de gentío, puestos callejeros, bares con terrazas, había muchísima vida en ese momento. En la plaza, escorada hacia un lado, hay otra Iglesia bizantina, también de confesión ortodoxa, Santa Iglesia de la Virgen María Pantanassa. La plaza Monastiraki recibe su nombre de ella. Durante siglos la iglesia fue denominaba Monasterio Grande, y de ahí se quedó el nombre. Tiene un campanario que no pega mucho, pero bueno, ahí está. Para entrar a la iglesia hay que bajar unos escalones y la base del campanario está unos cuantos escalones por encima del suelo de la plaza. No es que sea una iglesia bella tal cual, pues parece un collage desgarbado del paso de los siglos. El interior, a mi juicio, es más bonito que el exterior.

Durante el vagabundear por el centro de Atenas, comenzamos a ver puestos donde servían gyros, que son una carne asada de cordero o ternera, cortada en vertical en finas tiras, que se sirve en pan de pita con diversos ingredientes como cebolla, tomate y salsa tzatziki. Incluso en algunas ocasiones añadían patatas fritas dentro del cucurucho. Algo así como un kebab, pero con un estilo griego. Miguel, que no había tomado un pastel a media tarde,  no pudo resistirse y se pidió uno que todos probamos. 

Hay una calle que une directamente Monastiraki con la Plaza Mitropoleos, donde está la Catedral de la Anunciación de Santa María. Eran más de las nueve de la noche y claro, a esa hora estaba cerrada, pero la plaza estaba muy animada. Se nota que Grecia es un país mediterráneo. El clima lo es todo. En esa iglesia, me apuntó Pepi, que de estas cosas sabe, se casaron Sofía y Juan Carlos.

Llevábamos despiertos desde muy temprano cuando cogimos el taxi en Budapest. El día se nos estaba haciendo largo, decidimos retirarnos al apartamento que estaba apenas a diez minutos caminando. Despertar en Budapest y dormir en Atenas es algo que probablemente no vuelva a hacer en mi vida. O sí. Nunca se sabe.


lunes, 22 de noviembre de 2021

En DAK Burger por fin

Habíamos intentado ir a DAK Burger en más de una ocasión. Cuando no era porque uno de nosotros no podía era por el otro al que le era imposible, siempre había un partido de fútbol, o una actividad que impedía que pudiéramos ir a probar las suculentas hamburguesas. Se nos hizo complicado. En un par de ocasiones resultó que estaba lleno, o el horario que nos ofrecían no nos cuadraba, otra vez hacía mal tiempo, y alrededor de todo estaba la Covid y los confinamientos relativos a ella.  Pero finalmente, tras muchos intentos, pudimos ir.

No pude acabarme la hamburguesa, y es algo que me da mucho coraje, porque me gusta comerme lo que me pido. O las hacen más chicas -cosa que espero que no ocurra- o me pido una más pequeña, que es lo que debería hacer. Teniendo en cuenta que no soy muy partidario de las hamburguesas, y que no suelo pedirlas en carta casi nunca, la verdad es que tuve bastantes dificultades para elegir. De hecho creo que cada uno de los cuatro pidió una distinta. Y la verdad es que cualquiera de ellas me hubiera gustado.

No es barato, peor tampoco es caro, está muy cerca de tener un precio justo. Cuidan los ingredientes, se esfuerzan por ofrecer variedad y también un producto distinto. La variedad de salsas es sorprendente, y tienen cerveza propia y una grandísima variedad de marcas, un buen sito para degustar cervezas. Sin duda repetiremos.


domingo, 9 de diciembre de 2018

Dublín. Día 2

Me asomé por la amplia ventana de la habitación del hotel y todavía era noche cerrada. Llevaba con los ojos abiertos como platos más de una hora y aún quedaba otra hora larga antes de que sonara el despertador. En los viajes suelo despertarme pronto. Soy así. Supongo que son mis nerviosas ansias por descubrir ciudades y por aprovechar el tiempo.

Desayunamos el típico british breakfast en el hotel, abundante y reconfortante. De nuevo el autobús nos llevó al centro pero bajamos unas paradas antes porque quisimos comenzar nuestra visita desde otro sitio punto distinto de la ciudad.

Nuestra primera visita prevista era la iglesia de St. Joseph's. Llegamos pronto pero ya estaba abierta, junto a su jardín estaban preparando una especie de rastro benéfico, pero pudimos acceder sin ningún problema. Su exterior es imponente, piedra granítica de gris plomizo, a un costado de la fachada sobresale un robusto torreón que sirve de campanario. Ángulos rectos, esquinas engrosadas por pilastrones y cubiertas vertiginosas de pizarra a dos aguas. Templos religiosos casi como fortalezas de reyes. El interior es coqueto y acogedor con una envolvente luminosidad vidriada.

A pocos pasos de St. Joseph's Church está Blessington Park, pero como aún era temprano estaba cerrado.  Desde el exterior de la verja pudimos ver The Lodge, que es pequeña cabaña que hacía las veces de vivienda para el encargado de la antigua dársena que existía en ese lugar. Blessington Street es una calle típicamente irlandesa, con las fachadas de ladrillo visto, con amplias ventanas de palillería correderas en vertical con puertas de entradas de colores adornadas de dos pilares a sus lados y un arco de medio punto sobre ellas. La imagen que todos tenemos grabada en nuestra memoria visual de una típica vivienda irlandesa.

No muy lejos de allí está la hermosa Abadía Presbiteriana, que precisamente estaban restaurando la aguja de la torre del reloj. Junto a la Abadía, adosada a su izquierda, está el Museo de escritores dublineses. Todo permanecía aún cerrado. Cruzando la calle está el Parque conmemorativo a las personas que perdieron su vida en la causa Irlandesa, Garden of Remembrance.  Rodeamos el parque y en una corta y silenciosa caminata llegamos hasta la entrada del James Joyce Centre, un museo para promover la comprensión de la vida y la obra del famoso novelista irlandés. También permanecía aún cerrado. Pero no nos importó porque tampoco era nuestra intención visitarla. Aparte de no disponer de mucho tiempo, a los niños no creíamos que les iba a gustar, aunque tal vez sí, porque la visita se realiza en el interior de una antigua casa de estilo georgiano del siglo XVIII. 

Giramos en la esquina del Teatro Nacional, en el que por lo visto había una exposición de dinosaurios. Por detrás y al fondo se atisbaba el hospital Rotunda, donde nació Bono, cantante de U2. Bajamos por O'Connell Street, una de las calles más famosas de Dublín, hasta llegar a The Spire, considerado el monumento más alto del mundo con sus 120 metros de altura. Tendrán que estirar el cuello si lo quieren ver completo. Oficialmente es el Monumento a la Luz, pero todo el mundo lo conoce como The Spire (La Aguja).

Bajamos O'Connell hasta cruzarnos con el río Liffey, giramos por Bachelor's Walk, para caminar junto al río para cruzarlo por Ha'penny Bridge, donde inevitablemente nos hicimos unas fotos, al igual que en el pasadizo del Merchant's Arch, en el que imitamos una vieja foto que se hicieron U2 en sus comienzos. Fue gracioso. Nos acercamos a The Temple Bar, para contemplarlo a luz del día. Aún era pronto para tomarse una pinta, y además ya empezábamos a tener prisa porque habíamos quedado para realizar una visita guiada a pie desde la plaza junto al City Hall.

Llegamos con tiempo para identificarnos y comenzar la visita. Iniciamos nuestro paseo guiado por el centro de Dublín desde el Castillo, y allí, en mitad de la gran plaza, nuestro guía nos resumió en pocos minutos la historia más relevante de Irlanda y especialmente la de Dublín. Lo hizo de una manera amena y divertida, y creo que hasta los niños se enteraron bien. Visitamos el jardín que hace años era una laguna negra y que dio nombre a la ciudad. Admiramos el torreón medieval y nos explicó parte de su tremenda historia.

Rodeamos el castillo hasta pasar junto a la coloridas fachadas que dan al sur. El guía preguntó si alguno de nosotros había estado alguna vez en el Palacio da Pena, en Sintra. Los niños levantaron la mano orgullosos de conocer el sitio que se les mencionaba. Lo cierto es que hay cierto parecido y el guía nos explicó que no era simple casualidad, sino que el arquitecto había sido el mismo y gustaba de dejar su colorido sello, aunque este es un punto que aún no he podido confirmar.

Giramos bajo un puente por un camino peatonal, en cuya entrada había una placa en honor a Jonathan Swift señalando que una vivienda cercana, ya derruida, nació el gran escritor irlandés. Al final del camino, subiendo tramos de escaleras, y girando a la izquierda llegas a Christ Church, y en frente  Dublinia, con su curiosa unión, en forma de puente cubierto sobre la carretera. El conjunto es formidable.

A un lado de Christ Church hay unas marcas de dibujo sobre el piso de lo que fue una construcción vikinga. Los restos se encontraron en unas obras, se depositaron en otro lugar, y han querido dejar, para hacernos una idea, de lo que era un asentamiento vikingo. Curioso.

El guía por petición popular decidió que era el momento de hacer una parada de necesidad y nos llevó a un lugar no muy lejos de allí, en Temple Bar donde a un lado de la acera había un Gastrocafé,  donde al parecer servían buen café y buen té, y al otro lado un Pub, Badbobs, donde servían estupenda cerveza. Doy fe.

Continuamos nuestro redescubrir de Temple Bar camino de St. Andrew's Church, junto a la que está una de las más famosas esculturas de Dublín, si no la que más: Molly Malone. Nuestro guía nos contó varias de las leyendas que existen alrededor de la figura de tan afamado personaje y así dio por finalizada su visita, no sin antes ofrecernos varias recomendaciones de lugares "auténticos" para almorzar, pero aunque eran las tres de la tarde, aún no teníamos apetito y decidimos visitar la Catedral de San Patricio antes de que cerrase.

En un agradable pase de un cuarto de hora nos plantamos en el parque que hay localizado junto a Saint Patrick's Cathedral, en el que habían instalado una especie de pequeña exposición infantil alrededor del cuento de Jonathan Swift, Los viajes de Gulliver.

Hay mil leyendas alrededor de la creación de la catedral, y de su origen y de cómo San Patricio en un pozo que había situado allí mismo bautizaba a los paganos para convertirlos en cristianos. La historia como ocurre tantas veces está entre las tinieblas de la realidad, pero lo que sí parece cierto es que la actual catedral terminó su construcción en 1270. Ha llovido. Y más allí en Dublín.

La Catedral de San Patricio es bonita, distinta a lo que estamos acostumbrados. Para empezar a mí me llamó la atención el suelo, que es de coloridos mosaicos con decoraciones de símbolos celtas en muchos casos.

Una de las primeras cosas que te aprendes de la Catedral de Dublín es que existe una larga tradición musical en ella y que fue allí donde se presentó el Mesías de Handel por primera vez. El coro de la catedral es famoso y aún sigue cantando misa diaria. Cuando nosotros accedimos a la catedral estaban ensayando. También contemplamos el busto y el epitafio de Jonathan Swift que está enterrado allí. En el reducido cementerio que hay junto a los muros de la catedral se pueden ver lápidas con cruces celtas descubiertas en el siglo XIX.

Decidimos ir a uno de los pubs que el guía nos había recomendado, O'Neills, que estaba en la acera de en frente de la escultura de Molly Malone. Dimos un pequeño rodeo para llegar pues no queríamos volver por las calles que habíamos recorrido antes, la idea era ver cosas distintas-

O'Neills fue un acierto. Mucha variedad, buena cantidad y un precio adecuado. Era un self service, te ponías en cola, decías lo que querías, pagabas, esperaban que te lo diesen y te lo llevabas a tu mesa. Por suerte encontramos una mesa en una pequeña esquina con un ventanal que nos gustó mucho. Estaba abarrotado  y habían algún salón con grandes pantallas y aficionados viendo un partido de fútbol. Un local muy animado.

Una vez que habíamos repuesto energías con un merecido avituallamiento y descanso fuimos al National Museum of Ireland. Uno de mis objetivos principales de nuestra visita a Dublín. Como siempre me pasa necesitaría mucho más tiempo del que estuve, pero si algo es limitado e inescrutable en esta vida eso es el tiempo, y más si cabe en un viaje. Vimos obras maravillosas, el edificio es magnífico y la presentación de las obras me pareció estupenda. Un lugar para pasar días. Vimos obras de Signac, Monet, John Singer Sargent, Meissonier, Gainsborough,Tintoretto, Canaletto... y una obra que yo llevaba tiempo deseando contemplar, El prendimiento de Cristo de Caravaggio.  Una joya. Desafortunadamente no pudimos disfrutar de la obra de Velázquez, La cena de Emaús, porque estaba de préstamo. Una pena, pero en cambio sí pudimos disfrutar de estupendas obras de Goya o de una de las obras destacadas de la historia de Irlanda, Los esponsales de Strongbow de Maclise. La gran sala es simplemente fascinante.

Salimos del museo y fuimos a tomar un café, la noche era cerrada y el cielo plomizo parecía que en cualquier momento iba a descargar una tormenta sobre nosotros, pero no sucedió, por suerte para nosotros.

Ya iba siendo hora de ir retirándose al hotel pero aún tuvimos tiempo para acercarnos a Grafton Street, ver la placa que hay de Ulysses, pasar por delante de Lillie's, un famoso local nocturno dublinés, o escuchar un par de canciones de los músicos callejeros. Cogimos el autobús que nos llevó al hotel. Ya iba tocando descansar después de un día tan largo y así reponer energías para el día siguiente.


lunes, 9 de junio de 2014

La vida es...

Había pensado empezar esta entrada diciendo que a veces la felicidad se esconde en el fondo de una botella de cerveza, pero sopesando bien el verbo creo que quizás fuese mejor afirmar que la felicidad se muestra -que no se esconde- en el fondo de una botella de cerveza. Pero claro, con tal afirmación como comienzo de entrada, pueden ustedes llevarse la impresión de que hago apología del alcohol, o algo así, cuando en realidad yo no soy hoy en día (de otra época anterior no respondo) una persona que se pierda por las cantidades, si no más bien por las calidades. De todas formas, como a veces me cuesta tanto explicarme, y por tanto tengo que estar todo el rato dando vueltas a la misma idea, de un lado para otro, hasta intentar medianamente explicarme. Lo que yo realmente quería alcanzar a decir, si hubiese sido capaz de explicarme más allá de un comienzo de párrafo, era que: compartir unas cervezas, o un café, o un té o sencillamente un vaso de agua con unos amigos, es posiblemente una de las formas más simples de acercarse a la felicidad.

Seis personas en una terraza alrededor de una mesa, bajo el envoltorio perfecto de un cielo idílico, con un mar de fondo tiñendo el horizonte, compartiendo sus experiencias, sus recuerdos y sus deseos inmediatos, aliñando la conversación con manjares diversos, salados y dulces, es, bajo mi punto de vista, uno de los placeres más sencillos que existen. Pruébenlo, merece la pena.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Blanquiazul

La marca de cerveza argentina Quilmes ha realizado un anuncio publicitario solicitando a los argentinos que se enfunden las camisetas de los equipos argentinos, en lo que es una curiosa forma de reclamar lo autóctono -supongo que Quilmes está perdiendo ventas a nivel nacional con respecto a otras cervezas de importación-. El asunto es que Quilmes pretende que los argentinos se gasten la plata en las camisetas de sus clubes y especialmente en la de su selección, concretamente en la de Messi, (si yo fuese argentino antes me compraría la de Higuaín, que al menos jugó en su liga) sobre todo ahora que se acerca el Mundial, y de la misma manera esperará que los argentinos soplen Quilmes, asociando la idea de luchar por lo propio como una idea dirigir el consumo a su favor. En mi opinión la idea es bastante pícara, pero si he colgado este vídeo hoy aquí es porque aparece la camiseta del Málaga -ya saben, mi equipo- y me agrada que los argentinos vayan entendiendo que no son los únicos que visten de blanquiazul.


Por cierto yo sí revoloteo la camiseta del Málaga y también beso el escudo, y es imperdonable que Willy Caballero no vaya con la selección argentina, y ya puestos, si me regalaran una camiseta argentina que fuera la de Willy o la de Demichelis. Gracias.

domingo, 28 de octubre de 2012

Con buen humor

No me busquen en la foto porque no aparezco, pero les aseguro que sólo me faltó la cerveza; bueno, en realidad me faltaron la cerveza y las ganas de cachondeo.


domingo, 8 de abril de 2012

Bilbao

Una vez que el día anterior ya habíamos conocido San Sebastián, el resto de nuestra estancia en el País Vasco lo habíamos pensado dedicar a Bilbao y este primer día, como se preveía que iba a ser un día lluvioso, decidimos ir de museos, pero antes de nada había que tomar fuerzas y desayunar. Fuimos al mismo sitio del día anterior pero estaba cerrado ya que era festivo, pero en la calle de atrás encontramos otra cafetería abierta. Después de haber engrasado adecuadamente los motores nos dirigimos al museo quizás más famoso de Bilbao: el Museo Guggenheim, obra del famoso y reconocido arquitecto canadiense Frank Gehry.

Al salir del museo cruzamos desde la Alameda Recalde, donde estaba situada la cafetería, hacia la Iglesia de San José, pero justo en la esquina anterior nos detuvimos delante de la fachada estilo modernista de la Casa Montero, conocida en Bilbao como la Casa Gaudí, por la similitud con el peculiar estilo del arquitecto catalán. Al fondo de la calle Iparraguirre se veía la extraordinaria vista de Puppy, la gigantesca escultura floral en forma de perro. En Bilbao se suele decir que lo verdaderamente importante del Guggenheim es el perro, que el museo es su caseta. Rodeamos el Guggenheim antes de entrar porque todo indicaba que iba a llover y entonces sí que nos tendríamos que parapetar dentro del museo. Contemplamos las otras dos esculturas exteriores al museo: Mamá, una enorme araña de acero de diez metros de altura y El gran árbol y el ojo, un deslumbrante escultura de acero inoxidable, que parece un arroyo vertical de burbujas.

Comenzó a caer ese suave sirimiri tan habitual por allí y huimos hacia el interior del museo. El edificio es espectacular por fuera pero por dentro no lo es menos. Vale la pena entrar sólo por ver el edificio, porque lo que son las obras expuestas en el interior, pues qué quieren que les diga. Alguna me gustó, sí, pero la mayoría no merecen, en mi opinión, la pérdida de tiempo. Salimos del Guggenheim y en una típica tienda de artículos de regalos propios de la región compramos algunos regalos para los niños y los abuelos, y para no andar todo el día cargando con ellos, nos acercamos al hotel a soltarlos.

Salimos del hotel hacia la Plaza Vizcaya, donde se encuentra el Edificio de la Alhóndiga y el edificio con las oficinas del Gobierno Vasco, conocida como la Casa de Cristal, luego cruzamos por la Plaza Indautxu y desde allí nos adentramos a la Calle del Licenciado Poza, donde al fondo se podía ver el escudo del Athletic colocado en un lateral del Estadio de San Mamés. La calle está abarrotada de bares de pintxos, además de camisetas rojiblancas, pues esa misma noche se disputaba el partido de vuelta entre el Athletic de Bilbao y el Schalke 04 de Raúl en partido de cuartos de final de la UEFA. Aunque faltaba mucho para la hora del partido ya había un verdadero ambientazo y nos acogieron estupendamente, incluso nos echaron unas bufandas por encima y un peluche del león. ¡Qué bien lo pasamos!. Fuimos de local en local tomando pintxos hasta que no pudimos más.

Abandonamos aquellas calles tan concurridas y nos apartamos a lugares más tranquilos, menos ajetreados cruzando por la Plaza Campuzano hacia el Museo de Bellas Artes de Bilbao, que presentaba una magnífica exposición temporal de Anselmo Guinea que me encantó. Luego, en la exposición permanente disfrutamos de un buen número de cuadros maravillosos, de los que destacaré un retrato de Miguel de Unamuno realizado por Sorolla, un par de retratos de Raimundo Madrazo, algún que otro Zuloaga y un precioso paisaje nublado de Carlos de Haes. También admiré con gran agrado las esculturas de Quintín de la Torre repartidas por las diferentes salas. Un museo maravilloso y una visita muy recomendable.

Salimos del museo con ganas de sentarnos y junto al Parque de Doña Casilda vimos una cafetería pastelería, Cafetería Toledo, donde pedimos un café y un pastel de acompañamiento, yo, para ser consecuente con la semana, me pedí una torrija. ¡Muy rica! Giramos hacia la Gran Vía, cruzamos primero Moyúa, luego atravesamos Abando, el Puente del Arenal, dejando a la derecha el Teatro Arriaga, hasta llegar al casco antiguo, donde nos dejamos llevar por entre sus decoradas calles y atractivas tiendas de souvenirs.

Visitamos la Catedral de Santiago y nos situamos justo en frente para ver los distintos pasos de procesiones de la Semana Santa. Estuvimos en tan privilegiada situación hasta que nuestros pies pidieron descanso y nos dirigimos a la Plaza Nueva, donde por segunda noche visitamos un par de locales para saborear sus pinchos. Fuimos al Gure Toki, donde probamos por primera vez las guindillas fritas y después recaímos en Víctor Montes, donde volví a abusar del txangurro y es que por muy Semana Santa que fuese yo soy un pecador. Después volvimos al hotel donde por fin pudimos descansar y yo terminé de ver el emocionante partido del Athletic de Bilbao contra el Schalke 04.

lunes, 12 de marzo de 2012

A pesar de todo

Este blog está a favor de aquellas personas que saben tomarse las cosas como vienen, sobretodo cuando vienen mal. Este blog también aplaude a todos aquellos que distan mucho de encontrarse en su mejor situación, pero que a pesar de ella y de todos los problemas colaterales que las acompañan, saben sobreponerse. Personas que a pesar de tener el viento en contra miran hacia delante, que ponen al mal tiempo buena cara. Ese tipo de personas que pasan momentos malos, como todos, pero que extraordinariamente dan un paso hacia adelante, sacan la cabeza, levantan la mano y dicen aquí estoy.

En este blog se le da la mano a todo el mundo, o a casi, pero sobretodo se le abraza a aquel que te devuelve el abrazo, personas que piensan en positivo, que tienen esa capacidad, yo diría que casi innata, para arrimar el hombro, personas a las que cuando dices hasta luego realmente deseas que sea un hasta pronto. En este blog se saluda a aquellas personas que sonríen a la vida, que saben que por encima de las nubes grises existe un brillante sol, que hasta la malahierba más putrefacta de la humanidad tiene buenas raíces.

En este blog se ama y admira, en definitiva, a las personas que saben sacarle el rico zumito a la vida... a pesar de todo.

viernes, 24 de febrero de 2012

El igualismo

Hace bastante tiempo que no cuelgo un anuncio de esos que no se ven por aquí, y que, sin ser excelentes, sí merecen echarles un trago, especialmente si es de cerveza. Espero les sepa refrescante.



Hay que reconocerle a Quilmes que se curran los anuncios.

lunes, 13 de febrero de 2012

El hueso roto

Ocurrió en una agradable mañana de principios del diciembre pasado. El Sol lucía esplendoroso en un cielo limpio y cristalino. Una suave brisa mecía delicadamente las hojas de las copas de los árboles. Un día perfecto, en definitiva, para ir a una plaza y tomar asiento en una terraza desde donde, siempre que fuese posible, tuviéramos buenas vistas al parque donde los niños pudieran jugar y desfogarse. No tuvimos que pensarlo mucho y media hora más tarde ya habíamos tomado asiento. Se nos acercó un camarero que profesionalmente aguardó para tomarnos nota. Una Coca-Cola light, dos zumos de melocotón, si pueden ser del tiempo y con dos pajitas, mejor, y una cerveza bien fría, por favor. El camarero no tomó nota porque no le hacía falta, pero además porque llevaba el brazo derecho en cabestrillo. La muñeca abierta de llevar la bandeja demasiado cargada tantas veces, pensé.

Mientras el camarero fue a por las bebidas mi santa fue al baño con Miguelito, pues le habían vuelto a entrar esas ganas espontaneas e inmediatas de ir al baño. Sofía los acompañó para intentar evitar interrupciones posteriores. Al volver el camarero con las bebidas, le pregunté qué era lo que le había ocurrido en la mano. Me contó que fue un accidente casero, que había resbalado en el baño, y que en la caída, al apoyar mal, se había fracturado uno de los huesos de la mano, un hueso metacarpiano. En ese preciso momento, mientras el camarero me contaba cómo sucedió el accidente, volvieron del baño mi mujer y los pequeñajos con las vejigas vacías a la par que sedientos.

Pedimos un par de raciones de pescado frito, una ensalada y unas coquinas, y cuando el camarero se fue a realizar el pedido a la cocina, mi Santa que había estado con el oído enganchado en la conversación que manteníamos el camarero y yo, preguntó, justo después de irse el camarero, ¿Qué dice, que se ha roto el brazo tocando el piano?

No pude evitar soltar dos sonoras carcajadas. Menos mal que no tenía la cerveza en la boca pues la hubiera espurreado entera.

Ha pasado casi dos meses de aquello y hemos vuelto a la plaza pero ni el camarero, ni el bar estaban abierto, por lo visto -nos enteramos después- es otro de los muchos bares que esta maldita crisis se ha llevado por delante.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Cerveza Brahma

Un buen anuncio fresquito de cervezas siempre sienta bien a la salud de este blog, así que no se anden con remilgos, ni con estrecheces, pongan el volumen, maximicen la pantalla y hagan el favor de darle al play.



Espero algún día probar esta cervecita y presentársela.

martes, 25 de octubre de 2011

Carlton Draught

Ya escribí en este blog hace bien poco que los anuncios de cervezas son en muchas ocasiones, en mi opinión, lo mejor de lo mejor...



En cuanto me cruce con una de estas cervezas en una estantería, me hago con una y se la presento. Mientras tanto espero que hayan disfrutado del original y rítmico anuncio.

sábado, 15 de octubre de 2011

Los chicos malos

Los anuncios de cervezas suelen ser buenos. En ocasiones, muy buenos. Alguna que otra vez, excelentes. Ésta es una de ellas.



Sólo para valientes...

domingo, 9 de octubre de 2011

Mentes privilegiadas

Siempre pensé que en este mundo hay gente muy lista, tremendamente inteligente, que tienen la suerte de tener una mente clara y precisa, diligente , observadora, y que sabe en cada momento cuales son sus preferencias, y lo que es más difícil, conocen cuales son las preferencia de los demás. Son mentes privilegiadas y todos sabemos que son los que gobernarán este mundo, y si no están convencidos, miren la foto. ¿O es que me equivoco?


miércoles, 17 de agosto de 2011

¡Ya estoy de vuelta!

¡Ya estoy de vuelta! No se asusten ni se preocupen más, que no me olvidé de ustedes y que ya vuelvo a manejar este blog. Aterricé esta mañana después de pasar seis días de descanso y turismo -junto con mi señora y sin los niños- por el país de los Gofres, de la cerveza y de las patatas fritas. ¿Ya acertaron de qué país acabo de volver? ¡¡Exacto, de Bélgica!! Así que en los próximos días preparensen para un resumen de los mejores y más memorables momentos de nuestro viaje por Flandes.

Además he ampliado largamente, como pueden suponer, el archivo de cervezas para presentarles en la categoría de este blog: Una cerveza y Salva.

viernes, 1 de julio de 2011

Tres cervezas, por favor

Este pasado fin de semana, en uno de esos ociosos momentos tumbado en la arena de la playa, me pasaron una revista de esas que vienen como suplementos dominicales, con la que decidí matar el tiempo. Mujer hoy se llamaba el suplemento. La portada era una foto en blanco y negro de la cara de Natalie Portman, que ya de por sí era suficiente reclamo para hojearla, sin embargo, lo que más atrajo mi atención fue un artículo en la sección titulada Cuerpo y alma.

El artículo se titulaba Dos cervezas, por favor y contenía sentencias tan contundentes como: "La tripa cervecera no existe", o "beber cerveza reduce el riesgo de diabetes e hipertensión", la dosis perfecta afirmaba el artículo eran "dos cervezas para la mujer y tres para el hombre". Diarias. Ojo. Además, por si esto no fuese suficiente para haberse ganado ya el mayor premio de periodismo-científico, aún afirmaba que "la cerveza es una bebida rica en vitaminas, minerales, proteínas y aminoácidos" y que además de todos estos beneficios también "estimula el metabolismo, fortalece los huesos y reduce el riesgo cardiovascular".

Y todo esto venía firmado por el Colegio Oficial de Médicos de Asturias, que en mi opinión es una de las mayores y más fiables entidades médicas del planeta tierra, si no la que más. Ya saben, pidan cerveza, por su salud.

jueves, 9 de junio de 2011

Mediterráneamente 2011

Como cada año por estas fechas... Mediterráneamente...

domingo, 8 de mayo de 2011

Hillary Clinton cervecera

La cerveza es una bebida relacionada históricamente con la celebración, con el buen rollito, con el descanso, aunque también se utiliza para unir propósitos, o como colofón al buen fin de un trabajo o simplemente por el placer de saborear una buena bebida bien fresca.

Aquí hemos pillado a Hillary Clinton haciendo campaña de la mejor manera, una vez repuesta de su malos tragos matrimoniales. Parece que no le afectaron mucho... ¿sera una más de las provechosas propiedades de la cerveza?


jueves, 4 de noviembre de 2010

Woody Allen cervecero

El maestro también se tomó una Beck's un buen día de rodaje y unpimiento lo caza para el blog. Je, je...

jueves, 15 de julio de 2010

Klose, Luca Toni y Ribery cerveceros

Tras los maravillosos momentos futbolísticos que hemos vivido recientemente, atrapo a tres futbolistas cerveceros de una tacada. Klose, Luca Toni y Ribery. Un alemán, un italiano y un francés beben celebrando una Bundesliga con el Bayern de Munich.