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viernes, 3 de octubre de 2025

Las voces bajas - Manuel Rivas

Suelo tener cierta tendencia por los escritores que escriben poesía. Y no necesariamente para leer poesía. Quiero decir que si un autor publica una novela, y sé que ha escrito también, con anterioridad, poesía, es algo que suma, al menos más que si sé que ha escrito artículos de opinión en un periódico. También suma si conozco que es una persona viajera, o que ha vivido fuera de nuestro país, a ser posible en un país exótico. No por nada, sino porque imagino que su escritura está impregnada de sus vivencias y, en el caso de los viajes, me encanta que me cuenten singularidades o historias de sitios en los que nunca he estado y que con probabilidad tampoco voy a visitar.

Lo de que siento cierta proclividad por libros de autores que escriben poesía es porque pienso que los autores que escriben poesía tienen una sensibilidad especial, un ritmo cadencioso, y una atención sobre la elección de las palabras más de mi gusto. Evidentemente esto no es un dogma de fe. Hay mil excepciones y no es para nada vinculante. De hecho, uno de mis autores favoritos es Antonio Muñoz Molina y que yo sepa nunca ha publicado poesía.

Manuel Rivas es uno de esos novelistas que escriben poesía. En su caso se puede decir que es más un poeta que escribe novelas. De hecho es uno de los ejemplos claros de lo que digo de mi inclinación hacia los autores con inclinaciones poéticas. En sus novelas de alguna manera existe una musicalidad poética. Hay una búsqueda de inspiración poética en la formación de sus párrafos. Yo al menos lo siento así.

De Manuel Rivas leí ¿Qué me quieres amor? hace unos años y me encantó. Eran relatos o cuentos alrededor del amor.  En aquel momento pensé que lo siguiente que leyera de Manuel Rivas sería una novela. No fue así.

Las voces bajas es un libro escrito originalmente en gallego y posteriormente traducido al castellano por el autor, como casi toda su obra. Y es una especie de viaje sentimental por sus recuerdos. Su infancia y su juventud, sus sueños, sus primeras experiencias.

¿Es una autoficción? ¿es un libro de memorias? Qué libro no lo es en cierta parte. Es un libro con una gran balsa de nostalgia hacia la juventud, la adolescencia, o a las costumbres familiares tradicionales que le tocó vivir. Una especie de compendio de recuerdos que marcaron a una persona. Interesante. Los años formativos siempre lo son.


jueves, 5 de octubre de 2023

Silvia Pérez Cruz en el Teatro Cervantes II

Silvia Pérez Cruz tiene una mezcla perfecta entre desparpajo y timidez, da la sensación de sentirse muy segura pero al mismo tiempo indecisa. Es como una inocencia natural, casi ancestral, muy femenina y muy auténtica. Da gusto escucharla hablar y ya cantar no digamos.

Venía al Teatro Cervantes, el mismo recinto en el que yo la había visto mi única vez. Por eso el título de la entrada viene con la notación de segunda vez. Aquella vez fui acompañado de Pepi, pero en esta ocasión me acompañó mi amigo Rafa, que me comentó que quería ir a verla, y pudimos cuadrar finalmente.

Venía a presentar lo que ella denominó su disco más redondo. Toda la vida, un día. No sé si es su disco más redondo, si ella lo dice, lo será, pero es un disco muy peculiar, que narra una historia en varias partes. Ella lo explicó muy bien. Es un disco conceptual, porque todo va enredado, tiene una historia común, un hilo conductor, que es toda una vida. Un disco cíclico y redondo. Infinito. Ya en la misma portada de color amarillo anaranjado, tirando a gualda con un círculo rojo en el centro. Trata de explicar toda una vida, pasar por todas las edades y renacer. Porque sí. Está dividido en cinco movimientos: Infancia, Juventud, Madurez, Vejez y Renacimiento. 

Vino acompañada de tres músicos, quizás esta palabra debiera haberla escrito en mayúsculas, porque eso es lo que son tres músicos en mayúsculas. Al violín y mucho más Carlos Montfort, al violoncelo Marta Roma, y al contrabajo Bori Albero.

Comenzó recitando un verso de Salir distintos. Como una declaración de principios, y fue llevando aproximadamente el orden del disco. Saltó aquellas que por alguna razón que desconozco no tenía preparadas para formato de cuarteto, o simplemente por que no le apetecía. Antes de Mi última canción triste hizo un cambio e introdujo una canción de tránsito, porque venía contando su viaje durante la concepción del disco y entre risas dijo no sentirse preparada para cantar una canción tan triste, así que improvisó una canción que no estaba prevista. Era una canción brasileña -no me sé el título- que sirvió de puente emocional.

Cerró el círculo del concierto con Nombrar es imposible, que pertenece a lo que ella nombró como el quinto movimiento: renacimiento. Al acabar, con todo el teatro en pie, se llevó una grandísima ovación.

Para los bises utilizó al público como coro y cantó Mañana y para terminar, tenía reservada una canción como una dama reserva unas gotas de perfume antes de besar a su amado. La música de Leonard Cohen y la letra de Federico García Lorca. La canción con la que me enamoré de la música de Silvia. Pequeño Vals Vienés es una obra de arte. Una obra maestra.


martes, 19 de septiembre de 2023

Muñoz Molina en Alhaurín de la Torre

Acudió Antonio Muñoz Molina a Alhaurín de la Torre a un encuentro literario organizado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de la localidad. Soy un gran admirador de los libros de Antonio, de su forma cercana de escribir y de sus maneras casi poéticas de expresarse, así como sus siempre interesantes columnas periodísticas. Lo sigo todo lo que puedo y desde hace muchos años y cada vez que viene a un radio próximo a ofrecer una charla, y me es posible, no dudo en asistir.

Esta ocasión (mi cuarta vez) la charla trataba sobre su nuevo libro: No te veré morir. Libro muy recomendable. El Académico de la Lengua contó muchas cosas, como sus rutinas de escritura, su manera de preparar un libro, sus inspiraciones y sus querencias de lecturas. También explicó que el título lo tomó prestado de un poema de Idea Vilariño sobre su turbulenta relación con Juan Carlos Onetti. Sólo conocer el poema ya fue regalo suficiente para que ir a Alhaurín valiera la pena.

Por si fuese poco, pude compartir unas pocas frases con Antonio, mientras me firmaba un par de libros.

Dejo el poema adjunto para que todos lo puedan disfrutar.

No te veré morir

Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.
Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volveré a tocarte.
No te veré morir.

(es una maravilla de poema).

domingo, 9 de abril de 2023

Charlas literarias

Soy asiduo seguidor de charlas literarias. Lo confieso. Me gustan. Siempre que tengo la oportunidad hago todo lo que puedo para acudir a alguna. Me aportan mucho. Por eso suelo estar atento a todas las charlas, o coloquios, o conversaciones alrededor de la literatura  y si el autor y/o el tema me gustan y las circunstancias cuadran. Allí que me planto.

He escrito que me aportan mucho, y así lo veo. Para comenzar, cada vez que salgo de una se han acrecentado mis ganas de leer, que es uno de mis mayores vicios en la vida y, por supuesto, siempre aprendo algo. No sales de una charla literaria sin haber aprendido algo. Si estas simples afirmaciones no fuesen suficiente,  Además, me parecen un plan estupendo para pasar una tarde. Luego, si voy acompañado, suele terciar una caña y alguna que otra vianda, que tampoco está mal. Y digamos, que la charla se extiende entre amigos con unas cervezas de por medio y con nuestros particulares puntos de vista.

En estos últimos años he podido asistir a bastantes charlas con autores. Así por encima recuerdo que pude asistir en el patio principal del Museo Carmen Thyssen a la charla de Enrique Vila-Matas presentando Esta bruma insensata. Anteriormente pude asistir a una charla suya en el Centro Cultural María Victoria Atencia.

En el Centro Cultural La Malagueta pude ver a Montero Glez, autor muy complicado de sacar de casa, como él mismo afirmó, que vino a presentar su último libro publicado, Carne de Sirena, que me leí febrilmente justo antes de la entrevista, pues quise asistir con la novela leída antes de acudir. En esa misma sala pude ver la cercana Esther García Llovet, que me sorprendió con la curiosidad de que su niñez estaba muy vinculada a Fuengirola. También en el mismo centro cultural pude saludar a Irene Vallejo, que me pareció la mujer más dulce del mundo y que ha escrito el ensayo más absolutamente bello que jamás he tenido entre mis manos, y eso que aún no lo he terminado, puesto que me estaba gustando tanto que he decidido reiniciarlo para poder disfrutarlo aún más.

Isaac Rosa en Fuengirola
En Málaga también, pero en La Térmica pude ver por primera vez a Antonio Muñoz Molina, uno de mis escritores favoritos. Luego he tenido la oportunidad de verlo en distintas ocasiones, otra vez en Málaga, pero en el Salón de Actos de Unicaja, en Marbella y en Alhaurín de la Torre. Tengo muy buen recuerdo de todas y no que canso de escucharlo. Incluso fui a ver la presentación de Por un túnel de silencio, de Arturo Muñoz, hijo del autor jienense. Muy interesante también. Libro muy recomendable, por cierto.

Otro de mis autores favoritos es el donostiarra Fernando Aramburu, con el que también he tenido la fortuna de poder repetir asistencia. Una primera vez en La Térmica, que fue una charla multitudinaria, tras el éxito de su novela Patria. A Aramburu podría escucharlo días. En La Térmica también tuve el gusto de escuchar, saludar e incluso la fortuna de que me firmase un par de novelas el autor irlandés John Banville.

En un ciclo en la Sala Unicaja de Conciertos María Cristina de Málaga también he tenido la oportunidad de disfrutar de una conversación entre la autora almeriense Aurora Luque, Premio Nacional de Poesía y Cristina Rosenvinge que fue un encanto de charla. Y en otra ocasión la conversación del Premio Nobel Mario Vargas Llosa y el escritor cubano Leonardo Padura, en el II Festival Literario de América y Europa, que se llamó Escribidores.

Manuel Vilas en Fuengirola
Algunas de aquellas charlas fueron en ese tiempo aciago de caras tapadas con mascarillas y muchas de las presentaciones de libros he tenido la fortuna de disfrutarlas cerca de casa, en la biblioteca Miguel de Cervantes de Fuengirola. Es una suerte que la biblioteca pueda acceder a autores como Jesús Carrasco al que comencé a seguir tras su primera novela Intemperie y que vino a presentar su maravilloso libro Volver a casa. Es de los pocos autores que, por ahora, he leído todas sus novelas. Lorenzo Silva mostró su extraordinaria capacidad de comunicación con la presentación del libro que traía en ese momento bajo el brazo, Castellano, aunque yo lo que he leído de él es de su serie de Bevilacqua y Chamorro.

Sergio del Molino vino también a Fuengirola presentando su último libro, Un tal González, pero yo acudí con su libro La piel, que me encantó. Algo similar me pasó con Javier Cercas que llegaba para hablar sobre El castillo de Barbazul y terminó hablando de muchas cosas menos casi de su último libro. 

Al final es una oportunidad de conocer a los autores con los que has pasado horas de lectura, o en algunos caso, como me ocurrió con Isaac Rosa, conocer autores a los que no he leído nada, o como me ocurrió con Manuel Vilas, que me leí el libro que llevaba bastante tiempo en la estantería. 


sábado, 24 de julio de 2021

Ismael Serrano - Ahora que la vida

Al mismo tiempo que  me traje en préstamo La vida a ratos de Juan José Millás, también me traje un pequeño y cuidado libro de poemas de Ismael Serrano - Ahora que la vida, donde el cantautor madrileño escribe sobre la belleza de lo cotidiano, de lo pequeño y tangible, pero también de los días de lluvia, las dudas, el amor o el día a día. 

Sus canciones me gustan, sus letras me interesan, ¿por qué no van a gustarme sus poemas? Sentía curiosidad. Lo he visto en directo y es buen orador e hilaba de una canción a otra con introducciones que a veces se veían muy estudiadas pero también muy acertadas.

El libro viene ordenado por fechas, desde el inicio hasta el final, desde sus primeros poemas, quizás más tiernos y directos, hasta que la vida, poco a poco, ha ido añadiendo arrugas a sus palabras. No todos los poemas me llegaron pero sí muchos de ellos. Quizás más culpa mía que de los poemas, porque soy un lector de poemas muy antojadizo, pues sólo los leo cuando me apetece leerlos, a veces pueden ser tres poemarios consecutivos y otras un para de poemas. Tengo que sentirme -digamos- con el espíritu dispuesto.  Y en esta ocasión, como era un libro prestado de biblioteca, los leí más atropelladamente de lo que ellos aconsejaban, no les dediqué el tiempo que merecían. Las prisas en la lectura no va con mi rumiante forma de leer.

miércoles, 4 de marzo de 2020

Luis García Montero y Quique García

Acudían de manera conjunta al MVA de Málaga en un encuentro de muy buen gusto, Luis García Montero -probablemente mi poeta vivo favorito- y Quique González, músico reconocido, amigos ambos desde hace años según fueron contando. Mi amigo Miguel, que se encargó de conseguir las entradas, no faltamos a la cita.

El hilo conductor era su larga amistad y las anécdotas de sus encuentros salpicados en los años. Entre ese diálogo Luis recitó algunos de sus poemas y Quique interpretó algunos de sus temas en acústico. Muchos de ellos nacieron como colaboraciones, otros eran la versión cantada de algún poema y otros eran poemas que se pensaron para ser cantados expresamente por Quique.

A veces introducían las canciones explicando qué o en qué momento se escribieron, el estado de ánimo, o la forma de crearse. Algo similar hizo Luis sobre sus poemas. Y también explicaron que, de alguna manera, ambos se sintieron inspirados el uno por el otro. 

Una conversación sobre encuentros casuales, sobre visitas de uno al otro y del otro a uno. Puntos de encuentros. A veces a solas, en bares, o en habitaciones de hotel, en ocasiones alrededor de partidos de fútbol. Muchas veces rodeados de amigos o en familia. Todo de muy buen gusto.

Al final pudimos saludarlos y decirles que, al menos en mi caso, siento admiración por sus trabajos.



martes, 21 de octubre de 2014

Wants - Philip Larkin

Hace tiempo que quería colgarles un poema, uno de esos poemas que llegan por la puerta pequeña, pero que con el roce del cariño se hacen asiduos y necesarios. Es un precioso poema del poeta británico Philip Larkin, que en realidad yo no he escogido, pero que ya me hubiera gustado. Me explico:

Fui al rastro en busca de libros abandonados a la suerte imprecisa de un comprador improbable, buscando algo que me tirara del flequillo y me obligara a abrir sus páginas. A veces ocurre como un flechazo, un amor a primera vista, otras, en cambio, sucede de manera lenta y perezosa. Aquel día era un sábado caluroso de junio, y entre ediciones viejas y maltratadas encontré un libro en aceptable estado de Philip Larkin, autor muy del agrado de mi buen amigo Miguel. El poemario estaba en inglés, en versión original, idioma con el que Miguel se acomoda muchísimo mejor que yo, de manera que decidí regalárselo, comprarlo para él, con una única sugerencia, que si le apetecía, podía traducir uno de los poemas, el que él eligiera, para que después yo pudiera publicarlo y engrandecer así este blog.

Miguel me devolvió el poema traducido en pocos días, pero yo he atesorado esta traducción, egoístamente, durante unos meses antes de compartila. Hoy, cortés y orgullosamente, comparto el poema y la traducción.


Wants

Beyond all this, the wish to be alone:
However the sky grows dark with invitation-cards
However we follow the printed directions of sex
However the family is photographed under the flagstaff -
Beyond all this, the wish to be alone.

Beneath it all, desire of oblivion runs:
Despite the artful tensions of the calendar,
The life insurance, the tabled fertility rites,
The costly aversion of the eyes from death -
Beneath it all, desire of oblivion runs.

Philip Larkin



Deseos

Más allá de todo, el deseo de estar solo:
Aunque el cielo se nuble con invitaciones
Aunque sigamos los caminos cartografiados del sexo
Aunque la familia se retrate al pie de la bandera;
Más allá de todo, el deseo de estar solo.

Bajo todo esto, discurre el deseo de olvidar:
A pesar de las arteras tensiones del calendario,
Del seguro de vida, de los ritos de fertilidad establecidos,
De la costosa aversión de los ojos a la muerte;
Bajo todo esto, discurre el deseo de olvidar. 

Traducción por Miguel Simón

No me den las gracias a mí.

sábado, 14 de junio de 2014

Antología - José Hierro

Leer poesía se ha convertido en la mejor manera que tengo de alcanzar los dulces sueños, y no ha sido hasta hace relativamente poco tiempo cuando me he dado cuenta de ello. Llevo leyendo poesía desde muy temprana edad (en casa de mis padres abundan los libros de poesía) y sin embargo no ha sido hasta hace pocas fechas cuando he comenzado a conectar el hecho de que disfruto de dulces sueños cuando leo poesía. 

Prefiero pensar que este enlace deductivo no lo he llevado a cabo con anterioridad porque antes lo normal era caer en la golosa tibieza de los dulces sueños cada día, o mejor dicho, cada noche. Es desde hace un par de años aproximadamente que vengo sufriendo de una antojadiza y persistente cualidad para el insomnio.

Esta capacidad de mantenerme con los ojos cerrados pero con la mente despierta durante horas, produce a su vez una ansiedad por alcanzar el descanso apropiado que repercute directamente en mi organismo, presentándose en un reflujo gástrico amargo con sabor a derrota, amarga derrota. 

Al principio comencé a relacionar mi incapacidad por conciliar el sueño con la acumulación de zancadillas en lo que yo asumía como mi proyecto personal de una vida plena, o, al menos, del montón. Pero fui poco a poco intentando revertir este sentir vengativo de la vida hacia mí como una consecuencia lógica en la tortuosa corriente del río de la vida, que a veces da, a veces quita. Al mismo tiempo también pretendí relacionar el descanso físico con la falta de fatiga y por tanto, como resultado lógico, con la ausencia de sueño, pero resultó que en ocasiones los días más descansados dormía mejor y los más fatigosos pasaba la noche vuelta y vuelta, cual hamburguesa en la plancha de un chiringuito. Hasta que fortuitamente comprendí que mi insomnio respondía más a una tormenta interior que a cualquier causa exterior. Navegar en el violento temporal que se producía en mi cabeza era más pernicioso para mi descanso que cualquiera de los fastidios que el día cargaba sobre mi espalda. Para aliviar mi tempestad interior decidí pacificar mis costumbres, sanear mis actitudes y, lo más importante, blanquear cualquier pensamiento molesto y dañino de mi mente antes de dormir. En definitiva, aceptar la situación con sumisa humildad. Lo hecho, hecho está, lo pasado, pasado es, las cosas son como son y por muchas vueltas que uno le dé en la cabeza, no van a cambiar.

Para todo lo anterior la poesía es mi fórmula magistral. Mi última pócima ha sido José Hierro y les he seleccionado este poema. Que tengan dulces sueños.

El libro

Irás naciendo poco
a poco, día a día.
Como todas las cosas
que hablan hondo, será
tu palabra sencilla.

A veces no sabrán
qué dices. No te pidan
luz. Mejor en la sombra
amor se comunica.

Así, incansablemente,
hila que te hila.

José Hierro


sábado, 24 de mayo de 2014

Antología - Miguel Hernández

Devolví en la biblioteca cerca de casa el libro de Eliseo Diego y me traje uno de Miguel Hernández, de la misma colección de El País, la cual, poco a poco, me la voy leyendo entera. Me pareció una continuación adecuada, casi cuesta abajo. Cambiar el aire impreciso y nostálgico de los poemas de Eliseo por la  luminosidad apreciada y la libertad soñada de los versos de Hernández eran casi una oportunidad irrechazable.

De Miguel Hernández el que más o el que menos ha escuchado algunos poemas. Digo escuchado porque muchos de los poemas del autor alicantino son letras de canciones que hemos cantado. Joan Manuel Serrat  cantó un buen puñado de sus poemas. Además el cantautor catalán es el prologuista del libro.

He elegido un poema que ya conocía pero que hacía mucho que no leía. Es precioso.

Una querencia
 
Una querencia tengo por tu acento,
una apetencia por tu compañía
y una dolencia de melancolía
por la ausencia del aire de tu viento.
 
Paciencia necesita mi tormento,
urgencia de tu garza galanía,
tu clemencia solar mi helado día,
tu asistencia la herida en que lo cuento.
 
¡Ay querencia, dolencia y apetencia!:
tus sustanciales besos, mi sustento,
me faltan y me muero sobre mayo.
 
Quiero que vengas, flor desde tu ausencia,
a serenar la sien del pensamiento
que desahoga en mí su eterno rayo.
 
     Miguel Hernández

martes, 29 de abril de 2014

Antología poética - Eliseo Diego

Eliseo Diego tenía una poesía enraizada en lo cotidiano. Amante de las pequeñas cosas y de los paseos diarios, el poeta cubano desplegaba su sencillez en pequeños versos, donde su amor por lo cercano y natural asomaba por la ventada de sus poemas. Creo que no inventaría mucho si imagino que Eliseo Diego debía ser un hombre apacible y familiar, al menos ese es el carácter que me he ido leyendo entre sus verbos. 

Hay entre las páginas de este libro frases contundentes y absolutas, casi existenciales (Leer es como vivir: corre uno el peligro de llegar al fin y no enterarse) pero sin embargo podría decirse que su poesía está anclada en la realidad sin disfraces: en una casa abandonada, en los andares de un niño, o el nombre de las cosas. Pero sus poemas, sus versos, sus palabras, en definitiva, dibujan bastante bien cuando hablan de sinceridades pero, además, saben sonreír con soltura cuando se trata de excentricidades. No sé si me explico.

Quizás unos ejemplos expliquen adecuadamente todo lo que yo no.

Fantasmagorías

Desde muy joven -lo confieso- me han gustado los fantasmas.
Me apasionaban las historias de sus desventuras.

Hoy - lo confieso-, aproximándose la hora de convertirme en uno,
ya no me gustan tanto.


La página en blanco

Me da terror este papel en blanco
tendido frente a mí como el vacío
por el que iré bajando línea a línea
descolgándome a pulso pozo adentro
sin saber dónde voy ni cómo subo
trepando atrás palabra tras palabra
que apenas sé qué son sino son sólo
fragmentos de mí mismo mal atados
para bajar a tientas por la sima
que es el papel en blanco de aquí afuera
poco a poco tornándose otra cosa
mientras más crece la presencia oscura
de estas líneas si frágiles tan mías
que robándole el ser en mí lo vuelven
y la transformación en acabándose
no es ya el papel ni yo el que he sido.

     Eliseo Diego

viernes, 25 de abril de 2014

Despistes y franquezas - Mario Benedetti

Dijo Mario Benedetti en el prólogo que este libro lo sentía como un signo de libertad creadora, donde rompía sus moldes heredados y que esto fue posible una vez que había asimilado los vaivenes y los desajustes del exilio. También afirmó haberlo escrito disfrutando más que ningún otro de sus libros.

Cuando uno lee Despistes y Franquezas comprende inmediatamente lo que Benedetti quería decir en el prólogo. Le salió un libro que era algo así como un conglomerado compacto a la vez que moldeable, donde había colocado relatos, poemas, pequeños episodios biográficos, algunas bromas y alguna tristeza, pero en general un cajón desastre donde todo ha tenido su espacio para coexistir. Uno de esos libros que solo te dejan publicar -supongo- cuando ya se tiene cierto caché y prestigio a las espaldas.

Decía Benedetti que ese espacio en el que todo tenía cabida le había liberado, le había permitido desplegarse según el apetito de su imaginación, y que así fue escribiendo según le fuese saliendo, sin cortapisas ni límites, salvo el que él se marcara -si es que se los marcaba-.

Éste es por tanto un libro de madurez, donde se nota que la libertad imaginativa despliega su bandera en cada página, y también es un libro donde quizás disfrutamos del Benedetti más dicharachero, incluso humorístico y es que hay unos cuantos relatos que me hicieron reír a carcajadas.

He buscado por la red si sería posible encontrar alguno de estos relatos y encontré Truth on the rocks, que es, en mi opinión, uno de los mejores. Les enlazo el archivo, que se puede leer online y que no tiene desperdicio. Viene en dos idiomas, y aunque el título está en inglés no viene en la lengua de Shakespeare. Una de las lenguas no la reconozco (parece ser húngaro, polaco, checo o algo así, pero no me hagan caso) y el otro es la lengua que tan bien dominaba Don Mario.

Disfrútenlo: Truth on the rocks

viernes, 28 de marzo de 2014

Antología - Vicente Aleixandre

Continuando con mis lecturas de poemas en esta ocasión elegí, en la estantería de poesía de la biblioteca, al premio Nobel de Literatura español Vicente Aleixandre. Ya había leído algunos poemas suyos en alguna que otra antología poética, y por supuesto también en Internet, pero todo siempre resultó muy azaroso y desperdigado, por eso esta lectura de una antología personal la acogí como el paso necesario para adentrarme, de una vez por todas, en el surrealista mundo del poeta sevillano.

Los poemas de Aleixandre son para mi gusto demasiado largos. No suelo encontrarme cómodo entre poemas extensos, quizás puedan tacharme de holgazán, lo entendería, pero es así como sucede, no llego a disfrutar de un poema que se alarga más allá de unos cuantos  versos. En poemas de larga distancia me pierdo (supongo que será un problema de concentración). El caso es que la gran mayoría de los poemas de Aleixandre son, para mi gusto, inacabables. Y aunque algunos de ellos eran buenos, la mayoría me resultaron demasiado, cómo decir, demasiado esotéricos e inasibles. El surrealismo tan personal del autor tal vez está demasiado apartado de mi mente disciplinada, y muchos de sus poemas caminaban a un paso distinto del mío. Ellos galopaban y yo trotaba.

Pero en algunas ocasiones sus verbos y mis tiempos coincidieron. Este poema es uno de ellos:
 
El sueño

Hay momentos de soledad
en que el corazón reconoce, atónito, que no ama.
Acabamos de incorporarnos, cansados: el día oscuro.
Alguien duerme, inocente, todavía sobre ese lecho.
Pero quizá nosotros dormimos… Ah, no: nos movemos.
Y estamos tristes, callados. La lluvia, allí insiste.
Mañana de bruma lenta, impiadosa. ¡Cuán solos!
Miramos por los cristales. Las ropas, caídas;
el aire, pesado; el agua, sonando. Y el cuarto,
helado en este duro invierno que, fuera, es distinto.

Así te quedas callado, tu rostro en tu palma.
Tu codo sobre la mesa. La silla, en silencio.
Y sólo suena el pausado respiro de alguien,
de aquella que allí, serena, bellísima, duerme
y sueña que no la quieres, y tú eres su sueño.

Vicente Aleixandre

domingo, 16 de febrero de 2014

Antología - Jaime Gil de Biedma

Devolví a la biblioteca la Antología de Blas de Otero, satisfecho por la lectura de sus poemas y me traje para continuar con la misma colección de El País la Antología de Jaime Gil de Biedma, del que ya había leído antes algunos que otros poemas. De hecho en este blog ya he publicado anteriormente un par de ellos que ahora enlazo: Del hombre afortunado y No volveré a ser joven. Los dos magníficos e incluidos también en esta antología.

El poema que he seleccionado para la entrada de hoy es uno de tantos poemas extraordinarios que parió Jaime Gil de Biedma, que aunque no fue un poeta muy prolífico, sí alcanzó, en mi opinión, una excelencia que no todos los poetas han podido conseguir. Espero que les guste.
 
Happy ending

Aunque la noche, conmigo,
no la duermas,
sólo el azar nos dirá
si es definitivo.

Que aunque el gusto nunca más
vuelve a ser el mismo,
en la vida los olvidos
no suelen durar.

Jaime Gil de Biedma

jueves, 6 de febrero de 2014

La flecha - José Emilio Pacheco

El pasado 26 de enero falleció el poeta José Emilio Pacheco, pero no me enteré hasta un par de días después. Aquel día en el que me enteré además no escribí en el blog, y las ganas de escribir algo sobre él se fueron poco a poco extinguiendo. Pero al finalizar el día, tumbado en la cama, consultando la prensa en el ipad mientras conciliaba el sueño, me crucé de nuevo con la amarga noticia y me volqué a leer algunos de sus poemas. En este blog colgué hace poco más de cuatro años un poema suyo. Ahora lo releo, tanto tiempo después y me parece que eleva su sentido más completamente. No sé, quizás son cosas mías.

Hoy quería recordar al poeta de la mejor manera posible, compartiendo uno de sus poemas. Espero les acierte.

La Flecha

No importa que la flecha no alcance el blanco
Mejor así
No capturar ninguna presa
No hacerle daño a nadie
pues lo importante
es el vuelo la trayectoria el impulso
el tramo de aire recorrido en su ascenso
la oscuridad que desaloja al clavarse
vibrante
en la extensión de la nada


martes, 21 de enero de 2014

Antología - Blas de Otero

Regresé a la biblioteca para devolver la antología poética de Alejandra Pizarnik y me traje la de Blas de Otero. Compréndanme, me crié en una casa de dos plantas, y cada vez que subía a la planta de arriba para cualquier cosa, al bajar debía aprovechar el viaje si no quería pasar los días subiendo y bajando escaleras. Esa circunstancia personal de mi juventud me llevó a querer aprovechar al máximo aquellas subidas y bajadas y como extensión de aquello siempre intento no malgastar mis idas y venidas.

Ya ven que me invento ridículas excusas con tal de traerme un libro de la biblioteca. En cualquier caso, y sea cual fuere la razón, me traje la antología poética de Blas de Otero y una vez leída debo decir que dejando de lado una buena cantidad de poemas religiosos -asunto que no me entra bien por el gaznate-, el resto me agradó bastante.  Entre el poemario hay un buen puñado de poemas que ensancharon mi minutos de lectura, como por ejemplo el poema que les coloco a continuación.


En el principio

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

     Blas de Otero

viernes, 10 de enero de 2014

Antología - Alejandra Pizarnik

Me acerqué a la biblioteca a devolver el libro de Rosa Montero con la intención de no traerme ninguno, pues entre los que compré en el rastro y los que me cayeron como regalos de Reyes, que fueron cuatro, tengo bastantes lecturas pendientes por delante. Pero justo cuando estaba a punto de salir pasé por delante de la zona reservada a la poesía, y mis pies echaron freno sólo para echar un vistazo y ya me fue imposible remediar el no traerme un libro de poemas.

En esta ocasión me traje una antología editada por El País sobre la obra de Alejandra Pizarnik. ¿Qué decir de la autora argentina que no se haya escrito ya? Personalmente creo que los poemas de Pizarnik son en general demasiado tristes para mi gusto. La muerte, el suicidio, la nada, la soledad como castigo son algunos de los temas recurrentes que Pizarnik abraza. Sus poemas son tristes y dolorosos y creo que lo que ahora necesito en mi vida es tal vez un poco de sincera alegría.

Quizás por eso sus poemas cayeron en mí como un postre en mal estado y los leí por encima, casi de puntillas, para que no se me agarraran al trapecio de mis sentimientos, aunque alguno lo logró.

Mendiga Voz

Y aún me atrevo a amar
el sonido de la luz en una hora muerta,
el color del tiempo en un muro abandonado.

En mi mirada lo he perdido todo.
Es tan lejos pedir. Tan cerca saber que no hay.

            Alejandra Pizarnik

sábado, 28 de diciembre de 2013

Aire libre - Blas de Otero

Hoy he querido festejar mi afortunado y fortuito encuentro con la poesía de Blas de Otero, escribiéndole este poema. Puede que parezca exceso de arrogancia o inmodestia colocar un poema mío junto a otro del poeta vasco, pero en realidad, como salgo maltrecho con la comparación, es casi un sonrrojante acto de agradecimiento.

Pueden leer el mío y olvidarlo, y deben leer el de Blas de Otero y amarlo.


Nuevos horizontes

Sin  buscarlo, sino tropezando,
el nombre de un poeta cayó entre mis ojos.
Un poeta nuevo, desconocido para mí,
ya fallecido pero nunca olvidado.

Alegría por encontrar a Blas de Otero
pero simultáneamente
tristeza por perder sus días.

Buceo en sus palabras,
menudas, delgadas y sinceras,
nado por el oleaje de sus versos,
sobre las brisas de sus esquinas
y me ahogo en sus poemas.

Resplandezco ilusionado por sus nuevos horizontes,
antiguos paisajes ya mil veces visitados,
sin embargo, encuentro un poema vivo,
cercano y mundano,
escrito a ras de tierra,
una poesía que habla de mí.

          Salvador Moreno Bonilla



Aire libre

Si algo me gusta, es vivir.
Ver mi cuerpo en la calle,
hablar contigo como un camarada,
mirar escaparates
 y, sobre todo, sonreír de lejos
a los árboles...

También me gustan los camiones grises
y muchísimo más los elefantes.
Besar tus pechos,
echarme en tu regazo y despeinarte,
tragar agua de mar como cerveza
amarga, espumeante.

Todo lo que sea salir
de casa, estornudar de tarde en tarde,
escupir contra el cielo de los tundras
y las medallas de los similares,
salir
de esta espaciosa y triste cárcel,
aligerar los ríos y los soles,
salir, salir al aire libre, al aire.

          Blas de Otero

sábado, 7 de septiembre de 2013

Wisława Szymborska - Posibilidades

Ayer por la mañana estuve en la consulta del médico (algo rutinario, no se preocupen) y como suelo hacer cuando sé que voy a pasar un tiempo en una sala de espera, me llevé un libro para entretener la espera. Así que entré en la sala y le dije a la enfermera que ya estaba allí, a pesar de que aún quedaban más de diez minutos para que llegara mi hora, a lo que me contestó que me sentara en la sala que ya me llamarían. Me acomodé lo mejor que pude en uno de esos asientos tan asépticos e insípidos que pueblan las salas de espera y abrí el libro por el separador de páginas. Una novela sobre robos de arte suprematista.

Pocos minutos después una amable y sonriente anciana se me acercó y me preguntó si estaba libre el asiento de al lado. Su expresión era agradable y simpática, tenía el pelo bien peinado aunque le parte de atrás estaba aún algo aplastada por la almohada. Llevaba los labios pintados y se podía apreciar en su sonrisa que no tenía buen pulso y que seguramente por eso el carmín se le había escapado del perfil de sus delgados labios. Me había hablado en castellano correctamente aunque con un muy acusado acento nórdico. Dudé si sería de ascendencia nórdica o centro europea, quizás alemana -pensé-, o quizás polaca. Le indiqué que el asiento estaba libre, que sí, que podía ocuparlo. Se sentó pero enseguida se levantó y fue a hablar con la enfermera, y mientras yo la observaba le encontré un enorme parecido con la poetisa Wisława Szymborska. Fue pensar en la posibilidad de que fuera polaca cuando me llegó la imagen. Evidentemente era un parecido porque la ganadora del premio Nobel falleció no hace mucho, pero la delicadeza de sus movimientos, la tranquilidad de su mirada, la humildad de sus gestos me dio a pensar que quizás esa mujer, con la edad que se le presuponía, habría sobrevivido al holocausto. Quizás no -pensé-, tal vez es norteamericana y vivió ajena a toda aquella barbarie. Mejor para ella.

Minutos después la enfermera me llamó y entré en la consulta. Al salir de mi consulta, en la sala de espera, aún estaba allí, distrayendo el tiempo observando sus anillos, pensando en vete a saber qué, quizás en las personas que se los regalaron. ¿Quién sabe? Volví a casa. Por el camino había parado a comprar el pan para el desayuno. Encendí el ordenador y leí este poema que ahora comparto.

Posibilidades

Prefiero el cine.
Prefiero los gatos.
Prefiero los robles a orillas del Warta.
Prefiero Dickens a Dostoievski.
Prefiero que me guste la gente
a amar a la humanidad.
Prefiero tener a la mano hilo y aguja.
Prefiero no afirmar
que la razón es la culpable de todo.
Prefiero las excepciones.
Prefiero salir antes.
Prefiero hablar de otra cosa con los médicos.
Prefiero las viejas ilustraciones a rayas.
Prefiero lo ridículo de escribir poemas
a lo ridículo de no escribirlos.
Prefiero en el amor los aniversarios no exactos
que se celebran todos los días.
Prefiero a los moralistas
que no me prometen nada.
Prefiero la bondad astuta que la demasiado crédula.
Prefiero la tierra vestida de civil.
Prefiero los países conquistados a los conquistadores.
Prefiero tener reservas.
Prefiero el infierno del caos al infierno del orden.
Prefiero los cuentos de Grimm a las primeras planas del periódico.
Prefiero las hojas sin flores a la flor sin hojas.
Prefiero los perros con la cola sin cortar.
Prefiero los ojos claros porque los tengo oscuros.
Prefiero los cajones.
Prefiero muchas cosas que aquí no he mencionado
a muchas otras tampoco mencionadas.
Prefiero el cero solo
al que hace cola en una cifra.
Prefiero el tiempo insectil al estelar.
Prefiero tocar madera.
Prefiero no preguntar cuánto me queda y cuándo.
Prefiero tomar en cuenta incluso la posibilidad
de que el ser tiene su razón.

De “Gente en el puente, ” 1986

miércoles, 14 de agosto de 2013

Completamente viernes - Luis García Montero

Por una de esas inexplicables e incoherentes circunstancias de la vida, siempre he relacionado la poesía con los días tristes y nublados. Una noche solitaria, con la lluvia salpicando el cristal de la ventana tras golpear el alféizar, era sinónimo de lectura de poemas. No sé qué propiciaba la relación pero era así, era una inclinación natural, una predisposición propia. Sin embargo, creo que fue Juan Ramón Jiménez, con su Platero de color de miel, el que me deslumbró con el brillo soleado de su poesía. El sol protagonista de los paseos juveniles de Platero alumbró un nuevo horario para mis lecturas poéticas y desde entonces tengo la sensación de que la poesía dejó las noches de mis días para habitar mis atardeceres somnolientos, pues últimamente la lectura de poemas me acompaña justo antes de la siesta, si es que no me la roba.

Como viene siendo habitual últimamente cuando leo poesía, el ladrón de mis siestas ha sido el poeta granadino Luis García Montero, cuyo poemario, Completamente Viernes, me ha atrapado con la cercanía de sus rimas ausentes, con la ternura de sus dobleces y la sinceridad de sus sentimientos. Aquí un ejemplo:
Resumen

No existe libertad que no conozca,
ni humillación o miedo
a los que no me haya doblegado.
Por eso sé de amor,
por eso no medito el cuerpo que te doy,
por eso cuido tanto las cosas que te digo.
 Luis García Montero

domingo, 4 de agosto de 2013

Into my own - Robert Frost

Les dejo aquí un precioso poema de Robert Frost, considerado como uno de los fundadores de la poesía moderna norteamericana. Un poema que se ha cruzado muy adecuadamente con un libro de Hemingway que estoy leyendo. Espero que les guste.
Into my own
One of my wishes is that those dark trees,
so old and firm they scarcely show the breeze,
were not, as ‘twere, the merest mask of gloom,
but stretched away unto the edge of doom.

I should not be withheld but that some day

into their vastness I should steal away,
fearless of ever finding open land,
or highway where the slow wheel pours the sand.

I do not see why I should e’er turn back,

or those should not set forth upon my track
to overtake me, who should miss me here

and long to know if still I held them dear.

They would not find me changed from him they knew—
only more sure of all I thought was true.

Y para poder entenderlo mejor, por si acaso, porque algunas palabras y especialmente algunas contracciones, me han costado, le dejo también una traducción al castellano:

Hacia a mí mismo

Uno de mis deseos es que aquellos árboles oscuros,
tan viejos y firmes que la brisa apenas los penetra,
no fuesen la máscara de una penumbra discreta,
estiradas sombras, lejos al borde del destino.

No he de ser retenido, pero en ese algún día,
en su inmensidad debería escabullirme,
intrépido, buscando incesante la tierra abierta,
o el sendero donde la rueda lenta vierte arena.

No veo por qué yo debería volver,
o por qué los otros mis pasos deben rastrear
para alcanzarme, pues deberían extrañarme,

sabiendo largo tiempo que todavía los amo.

No me encontrarían distinto del que supieron contemplar,

sólo más seguro de que aquello que pensaba era verdad.
Robert Frost (1874 - 1963)