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martes, 7 de abril de 2026

Días de celebraciones

Llevaba Pepi un tiempo con ganas de ir a comer a un restaurante de comida asiática que le habían recomendado por varios sitios, entre ellos nuestros hijos, el restaurante Misake Asian Fusion. Por una cosa o por otra, la posibilidad de ir, una y otra vez se fue estropeando. El Misake Asian Fusion es un restaurante con menú bufé de comida asiática, como se pude intuir en su nombre con facilidad. Pides lo que quieres y puedes repetir hasta no poder más. Algo así como la bebida recargable en algunas de las franquicias americanas de hamburguesas. El anticulto moderno al fitness vital. Comer hasta reventar y poco más.

Así que como era casi nuestro aniversario de boda. Quisimos celebrarlo con los niños y fuimos a rendir homenaje pleno al sentido de come hasta no poder más. Nuestra idea, más que comer hasta reventar era probar muchos platos, dejándonos llevar por la experiencia de nuestros hijos y sus parejas. Así que probamos muchísimos platos, aunque en poca cantidad. Probamos sushi de salmón y de atún, unos que llamaban nigiris, que son los enrollados. También sashimis -o algo similar- que es un plato de pescado crudo, cortado muy fino, que se toma con salsa de soja o wasabi. También un surtido variado de pan bao con cosas, y vieiras, y unas gambas rebozadas -tenían otro nombre, pero eran eso-,  y rollitos de primavera, y platos de fideos con pollo y ternera y yo incluso me pedí unos espárragos a la plancha. Me apetecía. Y volví a probar dos cervezas que hacía tiempo que no probaba. Las bebidas no estaban incluidas en el menú. Una era una Kirin Ichiban, que ya presenté aquí hace años y la otra era una Sapporo, que ya había probado antes pero que, según comprobé, aún no había presentado aquí. Cualquier día de estos.

Al día siguiente, el día seis de abril, ya sí que era nuestro aniversario, y aunque era lunes, decidimos que sería una buena idea ir a cenar -esta vez los dos solos-, a uno de nuestros clásicos en las celebraciones, Casa Roberto. Probablemente uno de los restaurantes que más años llevamos yendo juntos. Aún éramos dos tiernos novios y ya íbamos en fechas señaladas a celebrar algún acontecimiento compartido. Bien el día de los enamorados, bien nuestro aniversario o algún cumpleaños. No lo hacíamos muchas veces, claro, pues cuando eres joven la economía no está para muchos esplendores, aunque ahora tampoco está muy allá. 

Llevamos yendo al Restaurante Casa Roberto desde el milenio pasado, se puede decir así sin faltar a la verdad. Cuando entonces el restaurante lo regentaban los padres del actual propietario. Un negocio de padres a hijos. La esencia es la misma, han cambiado pequeños detalles, aparte de los precios, y hasta la moneda, pues pasó de pesetas a euros. En esta ocasión, de entre todas las veces que he ido, creo que es la primera vez que pedí pescado en el menú. Por las noches no llevo muy bien eso de comer carne, especialmente la carne roja, así que me decidí por un lenguado que tenía muy buena pinta y creo que finalmente acerté, porque estaba riquísimo. De entrada unos mejillones y de postre pedimos para compartir unos profiteroles. El postre favorito de Pepi en Casa Roberto. Es lo único que tenemos seguro antes de entrar. No puede faltar.

El año que viene haremos veinticinco años de casados. No es ninguna tontería. Cada día es más raro que las parejas aguanten tanto tiempo juntos. La vida es un inmenso conjunto de elecciones. A veces se acierta a la primera, a veces a la segunda y hay quien no acierta en toda su vida. Yo tuve la inmensa fortuna de acertar con mi santa en unos pocos minutos. Todavía mantenemos la curiosidad de ir a sitios nuevos, pero también volver a los sitios que nos llevan acompañando tantos años.


sábado, 14 de marzo de 2026

En primera línea

Hace ya bastantes años, cuando falleció mi abuela Anita (la madre de mi madre), estando en el duelo en el cementerio, mi tío Antonio (el hermano de mi madre) y mi madre tuvieron una conversación delante mía. Mi tío le decía a su hermana que ya no tenían padres, pues acababa de fallecer su madre, y su padre hacía unos años que había fallecido. Que ahora eran ellos lo que quedaban y los que estaban en primera línea de fuego. Aquella conversación me dio qué pensar. Es algo natural, lo sabemos todos, es la ley de la vida, pero es difícil de asimilar hasta que no te ves en ese lugar, incluso estando en ese lugar.

Van ya para catorce años que mi madre se nos fue. ¡Qué pronto se fue mi madre! Y la semana pasada, mi tío fue a acompañarla también demasiado pronto. Todavía me queda mi padre, que ya tiene ochenta y cinco años. Esta semana me ha tocado recordar esa frase. Eso de que ellos estaban ya en primera linea. Al no estar mi madre hace tiempo que se podría decir que ahora yo tengo un pie en primera línea, o incluso medio cuerpo.

Por eso cuando la siguiente semana tuve que hacerme una prueba de revisión de mi pasada operación de hernia de hiato,  que consistía en meterme un tubo -más bien un cable- por la nariz, hasta la boca del estómago, y mantenerlo puesto durante 24 horas, una ph-metría lo llaman. acudí al hospital hasta con ganas. Hay tantas desgracias alrededor, tantas malas noticias, que esto me pareció trivial y me convencí de que en realidad es mejor tomarse estas cosas con positividad y con un talante optimista. Luego es cierto que es bastante molesto y que masticar con un cable pasando por el fondo de la garganta es algo muy incómodo, pero bueno, hay que seguir tirando.

¿Qué es la vida si no eso? Un seguir tirando, un continuar, un paso siguiente, un poquito más. Nunca se sabe qué es lo que va a pasar al día siguiente. Una llamada de teléfono puede cambiarlo todo. Así es la vida, sólo se puede vivir en presente y el futuro es tan incierto e inalcanzable  como el pasado. Lo hecho, hecho está y el futuro está por llegar. No hay nada más acertado que centrarse en el presente, y más si estás en primera línea. Ya me entienden.


domingo, 15 de febrero de 2026

Menú en el Restaurante Matiz

Recibimos una invitación de parte de Pepe y Mamen para disfrutar de un menú degustación en el Restaurante Matiz, en Málaga. Uno de esos restaurantes que ofrecen menús que son casi creaciones artísticas. Me apetecía mucho la experiencia de un menú degustación, y así probar nuevos sabores, o debería decir, más bien, nuevas mezcla de sabores. La alta cocina, la nueva cocina, o la cocina creativa actual mantiene varias tendencias por donde creo que está creciendo en expectativas.

Uno de los puntos más importantes -para mí el que más- es el producto. Se busca una materia prima de primera calidad, y para ello, como parece lógico, se presta especial atención en aprovechar la materia prima de calidad cercana, aquella que tienes a mano y que es más fácil de llevar a la cocina, y por consiguiente de presentar en la mesa, de una manera más controlada, más fresca y también más barata. ya que la cercanía simplifica la logística de la distribución y el transporte.

Además, también se busca la exclusividad con productos con denominación de origen. Ya no es solo la utilización de un Aceite de Oliva Virgen Extra, también se busca la diferenciación mediante, por ejemplo, aceites exclusivos de olivos centenarios de la Finca Tal o Cual. Lo que supone un salto distintivo.

En este menú que probamos pudimos observar, por ejemplo, que servían boquerones victorianos o quisquillas de La Caleta de Vélez, o la manteca colorá, que son de un particularidad local. Además la apuesta por el producto nacional de calidad también es una garantía segura (atún rojo, solomillo de ternera...).

Y para diferenciar los platos, creo yo, se suele buscar también el producto exótico, aquel que no encontramos fácilmente en el mercado, ni que preparemos de manera habitual en casa. De esta forma, la experiencia gastronómica tiene un matiz especial. Tomar polenta tostada al parmesano, hoja de shiso o trufa blanca. No es comida de diario. 

Así un plato de Vieira con salsa fresca de mango de La Axarquía y crujiente de papada ibérica lo tenía todo para ser un plato delicioso y casi exclusivo. Como así fue. 

Aparte de todo lo anterior, otra apuesta de la nueva cocina son las formas de preparación, el juego de la cocina, la marca personal del cocinero. Se busca la originalidad en el uso de los conocimientos gastronómicos. No es suficiente disponer una guarnición, hay que procurar ser jugones (por aplicar un término futbolístico) a la hora de combinar y de preparar los platos. Disponer verduras encurtidas, polvo de boletus o emulsión de trufa, son detalles que evidencian la disposición creativa en la cocina, y que sirven para apreciar el enfoque de la cocina de autor, su capacidad de investigación, su imaginación y diría casi que su espíritu aventurero.

El bocado de Milhoja de pasta brick, foie micuit, manzana verde, anguila y polvo de boletus es sencillamente un regalo de la vida.

Otro de los puntos fuertes de esta cocina es la presentación, o emplatado. Todos estamos ya acostumbrados a ver fotografías de platos que entran por el ojo con sólo mirarlos, en ocasiones antes de tener conocimiento de lo que es. Es un arte la presentación de los platos. Y como expresión artística, hay para todos los gustos. Guste más o menos, la voluntad y el esfuerzo, así como el conocimiento, a la hora de emplatar se nota y mucho al primer golpe de vista.

Si todo lo anterior va complementado con un servicio impecable, un sitio agradable y un maridaje acertado, la experiencia global es un premio para los sentidos. 

Evidentemente todo esto tiene un precio, y por muy ajustado que esté, no siempre podemos permitirnos el gasto. El precio me pareció comprensible, pues la calidad siempre hay que pagarla. A mí me encantó.

¡A ver si recibo otra invitación!


sábado, 7 de febrero de 2026

Juro no decir nunca la verdad - Javier Marías

Si han seguido este blog, aunque sea de manera ocasional, sabrán que soy un admirador de la pluma del autor madrileño Javier Marías. Lo soy desde que comencé a leerlo con Todas las almas, en una edición de El Círculo de Lectores que me pagaron mis padres, pero eso es otra historia.

Lo he seguido como escritor de novelas, como escritor de cuentos, como ensayista, como editor del Reino de Redonda, como traductor y, especialmente, como articulista. Esto es quizás lo más sencillo, pues sólo tenía que acercarme una vez a la semana a leer sus artículos en El País. Como a veces se me escapaban algunos artículos en uno de esos fines de semanas más agitados de la cuenta, he ido comprándome sus volúmenes de artículos y leyéndolos con una pausa temporal que se ha ido agrandando con el paso del tiempo. Cada vez la distancia de tiempo, entre lo escrito y cuando yo lo leía ha ido creciendo. El tiempo es lo que más nos aprieta.

Tras su fallecimiento en septiembre de 2022 fui postergando su lectura. No sé, no me sentía a gusto leyéndolo, me daba una pena leer a Marías sabiendo que muchas de las cosas que afirmaba no las vería continuar. Me entristecía leerlo. Es casi la primera vez que me pasaba algo así con un escritor. Una sensación tristemente novedosa para mí. Así sus libros, durante estos últimos años he mantenido sus libros en salmuera, en las estanterías más alejadas, apartándolos de la vista, hasta incluso algo escondidos. Me entristecía verlos porque me recordaban a él. Ojos que no ven, corazón que no siente.

El tiempo ha ido pasando, y bueno, te lo vas encontrando aquí y allí, en tus estanterías de libros, y te detienes sobre los lomos de algunos de sus libros leídos con una especie de bienestar interior, entre nostalgia y satisfacción. Hasta que un buen día piensas: estoy preparado, es un buen día para volver a leer a Marías, ya pasó el desapego, el duelo. Así que volví a leerle, y comencé por artículos publicados en 2015, que es por donde iba leyendo sus opiniones de prensa, ya que lo último que leí de artículos fue Tiempos ridículos, la anterior entrega de artículos. Así, especialmente los domingos por la mañana, con el café, como ya no tengo periódico, me abría su recopilación de artículos y me leía unos cuantos.

No diré que me resultó fácil leerle, porque me detenía pensando en la pena que me daba que ya no pudiera continuar escribiendo, pero el placer de la lectura merecía la pena. Y aunque algunos de sus artículos -especialmente los políticos- quedaban algo fuera de lugar, son una interesante crónica de lo vivido en España.

Echando un vistazo rápido por este blog, he descubierto que hacía mucho que no publicaba una entrada de Javier Marías. Y es que sus últimos novelones están por ahí en alguna estantería esperando que le meta mano. Cualquier día de estos.


viernes, 16 de enero de 2026

Blaubeeren

El Teatro Cervantes había programado para un lunes una obra de teatro con un título de origen germánico: Blaubeeren (Arándanos). Curioseamos mi mujer y yo sobre la sinopsis y nos atrajo: Un álbum de fotos de la Segunda Guerra Mundial había sido encontrado y puesto a disposición del Museo del Holocausto de los Estados Unidos. Las imágenes muestran el día a día del campo de concentración de Auschwitz. Ese álbum de fotos revelará nuevas sorpresas para las familias de los descendientes de los oficiales que administraban unos de los campos de concentración de más desgraciado y trágico pasado. 

Habíamos dejado en el aire la posibilidad de ir hasta el último momento, siempre prudentes por los inconvenientes que pueden surgir, aunque, en esta ocasión, pudimos escaparnos a verla. La idea era hacer algo rápido. Ir y volver, picar algo si se diera el caso tras la obra, pero Miguel, nuestro hijo, que tenía el día despejado decidió que quería acompañarnos. Sofía no pudo. Así que los tres nos plantamos en Málaga un lunes de enero.

Es una obra de Moisés Kaufman y Amanda Gronich. Adaptada y dirigida por Sergio Peris-Mencheta, con la participación de Clara Alvarado, Víctor Clavijo, Eric de Loizaga, Nacho López, Irene Maquieira, Javier Tolosa, María Pascual y Paloma Porcel. Ninguno de ellos era conocido para mí, aunque no es de extrañar porque soy bastante vago con los nombres de las personas, quizás más fácilmente me quedo con las caras.

Fue una obra con una adaptación moderna, actual, que se me hizo muy amena. Proyecciones de las fotografías sobre grandes paneles del atrezzo de la obra. Música en directo acompañando melódicamente algunos de los momentos más trascendentes de la obra. Fue una especie de teatralización de un documental, que perseguía despertar la sensibilidad de algo tan devastador y atroz como lo ocurrido. Algo tan increíble que parece irreal.

Nos gustó a los tres. Recomendamos verla.


sábado, 1 de noviembre de 2025

La filarmónica

Si hay algo que me caracteriza, que llevo conmigo desde mis primeros recuerdos, es que soy un gran aficionado a la música. Y cuando digo grande, digo grande de verdad. Amo la música. Podría pasarme el día entero escuchando música. De hecho, en realidad, es lo que hago habitualmente. No hay nada prácticamente que no haga al mismo tiempo que escucho música.

Camino cada día para ir al trabajo escuchando música en los auriculares. Lo primero que hago en el trabajo, al encender el ordenador, es poner música. Toda la mañana escuchando música y de vuelta a casa, de nuevo caminando, los auriculares siempre con música. En casa, casi todo lo hago con música. Cocinar siempre lo hago con música. A la hora de acostarme para dormir, nada me tranquiliza mejor como la música.

Todo el que me conoce sabe que me apunto a un concierto casi sin dudarlo. Amo la música. Y mientras más música escuchas, más cosas te gustan, más conoces y más te queda por escuchar.

Hacía mucho tiempo que no iba a ver a la Orquesta Sinfónica de Málaga, y en el tercer concierto de la temporada de la Sinfónica, tenía programado para octubre un concierto que unía a Jean Sibelius y su obra más célebre, Finlandia, Op. 26, un himno nacional; Joseph Haydn con un concierto de trompeta y orquesta con un afamado trompetista invitado, Ole Edward Antonsen; otro concierto para trompeta, de Giuseppe Tartini; y para acabar la obra Peer Gynt del compositor noruego de Edvard Grieg.

Acudí junto a mi amigo Miguel y compramos entradas en Paraíso, que también se conoce como Gallinero. Desde allí se obtiene una visión conjunta del concierto. Y bueno, también porque son las entradas más baratas y no quería gastar mucho dinero. Fue una maravilla de concierto. Tengo que ir a más conciertos de la Orquesta Sinfónica de Málaga.

Tras el concierto, claro está, no desaprovechamos la oportunidad de irnos juntos a cenar. Fuimos a una de nuestras pizzerías favoritas de Málaga, la pizzería Vittoria.


Pd: Hubo un director invitado, el también noruego Rune Bergmann, director de la Filarmónica de Calgary en Canadá. 

domingo, 24 de agosto de 2025

Atenas Día 2

Nuestro segundo día en Atenas nos permitimos descansar algo más y no madrugamos tanto. Eso sí, hacer turismo tampoco es de holgazanes. A las 8:30 ya estábamos en la calle buscando un buen sitio donde tomar el desayuno. Encontramos un sitio en la calle Sellei, Diogenes Food Hall, a pocos metros del hotel. Fueron algo lentos y se equivocaron en algún pedido, pero tomé un bocadillo de queso con aceitunas que me gustó mucho.

Teníamos reservado un freetour por el centro de Atenas que partía desde la Plaza Kapnikareas, en el barrio de Monastiraki, donde está la iglesia bizantina (s. XI). Como estaba abierta y llegamos antes de tiempo entramos a visitarla. Es bonita también interiormente aunque me pareció algo sobrecargada.

Seguidamente nos acercamos a la Plaza Monastiraki, que es desde donde salen muchos de los trenes que comunican la ciudad de Atenas, y entramos a otra iglesia bizantina a la que también realizamos una visita breve. Hay que tener en cuenta que estos templos bizantinos suelen ser pequeños y se ven en unos pocos minutos, porque enseguida ya hay alguien detrás tuya pidiéndote avanzar. 

Cruzamos la plaza, hacia donde está la Mezquita Tzistarakis, actualmente un museo de arte popular. A pocos pasos pudimos ver la parte lateral, que mejor está conservada, de la Biblioteca de Adriano (año 132). ¡Qué tamaño más colosal! Continuamos hasta el Ágora romana, lugar donde estaba el mercado y área de reunión de la ciudad, allí se encuentra la Puerta de Atenea Arqueguétida. La diosa Atenea era la protectora de la antigua ciudad de Atenas y también el origen del nombre de la ciudad. Rodeamos el Ágora por el exterior hasta encontrar la Mezquita  Fetiyé, un edificio  otomano, que anteriormente fue basílica bizantina.

Junto a ella está la Torre de los vientos, antigua torre octogonal que era una especie de estación meteorológica antigua, donde había un reloj de sol en cada una de las caras del octógono, una veleta en lo alto y un reloj de agua en el interior. Una altura de 12 m y un diámetro de 8 m. Se cree que fue construida en el siglo I a.C y ha tenido muchos usos durante su larguísima historia. Es una edificación sencillamente bella.

Pasear por Plaka es un placer de los sentidos. Las buganvillas cuelgan sobre nuestras cabezas a ambos lados de las calles formando un túnel floreado de colores diversos. En las puertas de las casas y en las terrazas de los restaurantes hay sillas con las patas y el respaldo de madera y el asiento de cestería de enea, y en muchas de ellas un gato recostado, que son parte del patrimonio cultural de Grecia. 

Casi que escondida entre jardines de casones solariegos y restaurantes en el barrio de Plaka está la iglesia bizantina más antigua que se conserva en Atenas, la Iglesia de San Nicholas Rangavas, del s. XI. Tiene una curiosa arquitectura que mezcla ladrillos de barro, sillería  y piedras. Las ventanas típicas del medievo bizantino están divididas con ladrillos haciendo las veces de pilares. Muy curiosa.

Abandonamos Plaka para conocer el Palacio Záppeion, edificio que sirvió de residencia de los Juegos Olímpicos de 1896. Hoy día sirve como sala de exposiciones. El patio interior circular es muy bello. El palacio está en el interior de los Jardines Nacionales. Un pulmón dentro de la ciudad. Un lugar de esparcimiento donde yo sería feliz paseando. Hay desordenados senderos interiores que te llevan a fuentes o estatuas a lo largo del camino, también hay partes del sendero que están apergoladas para los días de sol. La Fuente Zappeion, de doble planta hexagonal es digna de visitar. Como curiosidad en el parque vimos varias tortugas de tierra que van paseando en libertad.

En una esquina del parque está la Plaza de la Constitución o Plaza Syntagma, donde está el parlamento de Grecia, antiguo Palacio Real. Allí se realiza el cambio de guardia de los Evzones, que son los guardias presidenciales. Todo ello delante de la tumba del soldado desconocido. Pero como íbamos con el guía, no nos detuvimos y continuamos hacia la Catedral de la Anunciación de Santa María, donde habíamos acabado la noche anterior. Ahí acabó el tour.

Teníamos tiempo y decidimos entrar para verla por dentro. La verdad es que me gustó más por dentro. Es de estilo grecobizantino y neoclásico. Es luminosa, está decorada con elegancia en tonos azules y dorados. Con arcos de medio punto alrededor de una cúpula esférica.

Pepi había venido al viaje con algo de lumbago, la semana antes de iniciarlo tuvo una crisis, aunque parecía que se estaba encontrando bien, incluso que estaba mejorando. Decidimos que era un buen momento de subir a ver la Acrópolis, así que cogimos un taxi que nos llevó a la puerta de los tickets. Una vez con los tickets sacados comenzamos nuestra visita contemplando el Odeón de Herodes Ático, un teatro de piedra restaurado, del año 161 donde hoy día aún se organizan conciertos y espectáculos. Es de un tamaño espectacular.

El recorrido te hace pasar entre el Templo de Atenea Niké, a la derecha y el Pedestal de Agripa, a la izquierda. Se supone que el pedestal formaba parte de la base de una cuadriga de bronce en tamaño natural. Se cree que en la época romana sirvió de base a una estatua de Marco Antonio. Siguiendo la ascensión por la escalinata por el Propileos, que es la entrada principal de la Acrópolis, construida en el 432 a.C, con columnas dóricas, de fuste estriado.

Una vez que traspasas el Propileo ya solo tienes ojos para el Partenón, que atrapa tu mirada y no te suelta. Es de un tamaño tan colosal, que parece imposible que se pudiera construir hace 2400 años. Piensas en bueyes tirando de carros cargando con los densos y pesados bloques de mármol desde las canteras del Pentélico, a unos 16 km de distancia. Elevarlas hasta la colina de la Acrópolis, con carros y poleas y un esfuerzo humano titánico para una vez sobre la colina, tallar y pulir, in situ, el mármol para colocarlas tambor sobre tambor. Ocho columnas en cada fachada, y diecisiete en cada lado, un total de 46 columnas de casi once metros de altura. Cada fuste con sus tambores, sus veinte acanaladuras o estrías. Todo con una ligera curvatura para evitar la ilusión óptica de concavidad y dar la sensación de estabilidad. El dórico en su máximo esplendor. 

Imaginar todo ese esfuerzo conjunto, todo el sudor derramado, para honrar a la diosa Atenea, diosa protectora de la ciudad, para celebrar la resistencia helena frente la expansión de los persas. El triunfo griego en las Guerras Médicas. La victoria en la Batalla de Maratón, el posterior éxito en Termópilas, en Salamina,... para finalmente conservar la independencia y permitir el posterior desarrollo de la democracia y la filosofía que tanta influencia han tenido en la civilización occidental posterior. Imaginar a Platón pasear por la Acrópolis junto a su admirado Sócrates, o a Aristóteles sentado conversando con su pupilo Alejandro Magno son imágenes imposibles que fueron reales. Historia de los lugares.

Nos acercamos al mirador en la parte oriental de la Acrópolis, presidido por una gigantesca bandera griega. El sol caía bien espeso. Las vistas a la ciudad son formidables. No hay fin en el infinito de la ciudad.  Casi cuatro millones de personas a nuestros pies. Una ciudad inmensa. 

Antes de despedirnos de la Acrópolis nos aproximamos al Erecteón, y comprobamos que es quizás uno de los monumentos arquitectónicos griegos más bellos. La tribuna de las Cariátides, en la fachada sur, tiene mucha culpa de ello.

Descendimos en busca de un restaurante donde asimilar todo lo visto y a ocultarnos del sol que llevaba toda la mañana azotando sobre nosotros. Rodeamos la colina hasta el barrio de Monastiraki y en el Restaurante Dia Tafta tomamos asiento. Eran más de las cuatro de la tarde. La Acrópolis nos había hecho perder la noción del tiempo. Quisimos probar, como aperitivo, unas Dolmades, que son hojas de parra rellenas con arroz y carne picada que venía acompañada con tzatziki. También un saganaki, que es un queso frito que se sirve caliente, repetimos moussaka y de postre pedimos yogur griego que lo servían con miel. Riquísimo.

Por encima de Monastiraki, al norte, está el bohemio barrio de Psyri. Anteriormente un barrio industrial, hoy día se ha reconvertido en un colorido epicentro moderno de la ciudad, famoso por su vida nocturna. Allí está Little Kook, una cafetería bastante famosa por su decoración exageradamente kitsch. El barrio estaba bastante animado, pero la sensación era que lo estaría mucho más horas más tarde. Decidimos dar una vuelta por las tiendas de souvenirs, para comprar algún recuerdo, y regresar al hotel, ducharnos, descansar algo y salir a cenar tranquilamente.


Finalmente para cenar regresamos a Monastiraki y cenamos en una terraza en una calle ambientadísima. El nombre del restaurante era Thanasis, pero en las servilletas ponía algo así: Μοναστηράκι, Mnaipaktaphe. No entiendo una papa. Sí que recuerdo que Pepi y yo compartimos un plato parecido al gyro que Miguel se pidió la noche anterior, pero servido en un plato. Pedí una cerveza BepΓina Lager (no sé si escribe así, pero no tengo en el teclado todos las letras griegas). Me supo a gloria. Sofía, que estrenó una camiseta que se acababa de comprar, se pidió pastitsio, que es el hermano de la moussaka, igual pero que sustituye la berenjena por macarrones. Terminamos con un helado de camino de regreso al hotel.

lunes, 7 de abril de 2025

Escapada rural a Pinseque

Dicen que el roce hace el cariño y creo que es así a pies juntillas. Ese roce se puede hacer día a día en el trabajo con un compañero, en el ascensor con un vecino, o como el caso que me ha tocado a mí: por redes sociales. Así es. Un foro en español de mi banda de rock favorita, Pearl Jam, donde entrabas a hablar de música, y a comentar giras, conciertos discos,... poco a poco vas conociendo a las personas que están detrás de las palabras. Un día coincides en un concierto de una gira, otro día en tal otra gira, y lo que empezó como una curiosidad va, con el paso de los años, y miles de palabras escritas en un teclado, ya sea de un ordenador o un móvil, en un foro o en un grupo de whatsapp creando conexiones, vínculos. La música y las palabras siempre pueden unir a las personas.

De manera que esa amistad en la red, ese nexo virtual, va creando nudos de cercanía, lazos acompasados por conciertos y música compartida. Festivales de común confluencia, reuniones de primeras filas. Recomendaciones musicales que dicen más de lo que suena. Así, coincidiendo en gustos musicales va uno mimando una relación sin más ambición que la de compartir el tiempo -quizás lo más importante que tenemos-  con la solidaridad del que siente de manera similar al otro. Coincidencias del primer mundo.

Con el paso de los años, a veces, incluso, conseguimos sacar un fin de semana para juntarnos y echar unas risas. Pepi y yo volamos a Valencia, donde nos recogió en coche un amigo valenciano, con el que fuimos a Pinseque, cerca de Zaragoza. Este año, una madrileña, un uruguayo, una granaina, un vasco, un valenciano, un burgalés, una wisconsinesa, junto con estos dos malagueños y un par de alegres canes nos reunimos en una casa rural. Echar unas risas, compartir unos chuletones, disfrutar de la compañía. No hace falta mucho más para ser felices.

viernes, 7 de febrero de 2025

Grease. El musical.

Uno de los regalos que recibimos mi mujer y yo para los Reyes fueron un par de entradas del musical de Grease. Dos entradas con una situación perfecta en cuarta fila en el patio de butacas del Teatro del SoHo.  Nos hizo ilusión aunque yo mantenía ciertas reservas de llegar recuperado a la fecha de la bora, porque aún estaba convaleciente de la operación y digamos que no estaba seguro de que llegada la fecha me encontraba bien. No habían pasado diez días desde la operación, aún mantenía los puntos en la barriga y ya me veía en la sala de un teatro disfrutando de un musical.  

¿A quién no le gusta la película Grease? Seguro que hay alguien, la verdad. Hay gente para todo y en realidad es bueno que haya gente para todo y con todo tipo de gustos. No seré yo el que critique los gustos y disgustos de nadie siempre que se realicen de manera respetuosa. Pero a Pepi y a mí es una peli que nos gustaba, y habíamos comentado ir a ver el musical, pero lo fuimos dejando, así que cuando vimos el regalo nos hizo ilusión. ¡En mi trabajo me escuchan!

Una vez que se apagaron las luces y comenzó la magia del teatro te olvidas de todo. No hay nada aparte de unos actores y un espectador, salvo, algún que otro móvil sonando porque su despistado dueño no ha hecho caso a todos y cada uno de los avisos que dan para recordar apagar los teléfonos. En fin, cosas del directo. Mientras contemplaba lo ágiles que son los actores, lo estupendamente bien que cantan, lo extremadamente ligeros que se muestran al saltar y con la alegría y especial destreza que realizan todas y cada un de sus actuaciones, se te viene un poco el mundo abajo. Al menos a mí me pasó.

Empiezas a darte cuenta -aunque ya hace tiempo que lo sabes- que  no eres un joven que tiene la misma capacidad que los que tienes delante. Ese despliegue de energía te supera. Sabes que un tiempo en tu vida pudiste hacer algo así, aunque no lo hicieras, pero podría haber sido posible, pero ahora, ya, es imposible.

Lo sé, sí, tengo 51 años y me tendría que haber dado cuenta antes. De acuerdo, tienen razón, pero en mi descargo diré que me miro poco en el espejo, y todavía ando por el mundo sin tener una presencia exacta de mi envejecimiento. Aunque suene ingenuo, a veces tengo la sensación de que sigo creyendo que podría hacer cualquier cosa, y que tengo suficientes energías para todo pero la realidad es que no. La vida, la realidad, te da un guantazo de vez en cuando y te recuerda que aunque aún eres muy capaz de muchas cosas, ya hay una lista negra de cosas de la que hace tiempo que no eres capaz. Hice lo que pude, lo que quise o lo que me dejaron. Déjenme que crea que no soy lo que soy, ya me daré la hostia.

Pero al acabar me puse en pie a aplaudir a los artistas del musical. ¡Divina juventud!


jueves, 30 de enero de 2025

Me trastearon

Me operaron, o como he querido poner en el título de la entrada, me trastearon. Me cambiaron tres bujías, apretaron ocho tuercas, sustituyeron cuatro manguitos, engrasaron el conjunto y listo. Cosquillitas. ITV superada.

Llevaba esperando el sello de la ITV desde hace años. Primero tuve que pasar cuatro veces por el chamuscador de entrada, luego unas cuantas revisiones preparatorias hasta que por fin me llamaron para el gran día. Me dijeron que sería un proceso largo, pero ni en mis peores presagios pensé que tanto. Años pasando por el chamuscador, retrasos incluidos, y seguidamente sus consiguientes atragantadas recuperaciones. Así una detrás de otra.

Avisado estaba pues me dijeron que echara paciencia, que me quedaba un largo trayecto de recuperación. No sé yo. Hay cosas para las que no tengo paciencia ninguna, y quizás con la que menos sea conmigo mismo. A ver qué tal esta vez.

La suerte que tengo es que me acompañaba la mejor enfermera, nadie me cuida mejor que ella. Yo me dediqué simplemente a dormir, a leer, a ver películas y de vez en cuando a eructar -los gases eran importante sacarlos-. Ella se ocupó del resto, es decir, de todo.

Encontrar la posición adecuada en el sofá dependía del tiempo que llevara sentado, pasado unos minutos cualquier posición molestaba. Encima tuve que ver todas las películas sin palomitas, porque durante un buen tiempo he subsistido a base de liquidito y puré. ¿Qué le vamos a hacer?

La cosa es que tras la inspección yo me encontraba peor que antes, aunque me aseguraron que todo había ido bien, y que era normal el malestar inicial, que poco a poco iba a ir notando mejoría. No sé, por ahora, no lo veo, pero como los mecánicos están hartos a encontrarse trastos como yo, pues supongo que llevarán razón, así que a hacerles caso y a tirar de optimismo y, por hacerlo más ligero le añado algo de guasa.  

No se preocupen por mí que bicho malo... ya saben.

Pd: He puesto una foto de paciente poser, para la tranquilidad de mis millones de fans... (jajajaj). Por cierto, tuve una habitación con vistas.

domingo, 29 de diciembre de 2024

Los deseos de Año Nuevo

Llegado el final del año, antes de recomenzar la cuenta de nuevo, es tiempo de hacer balance. Todos -o casi todos- echamos la vista atrás de los últimos doce meses y nos proponemos cambios para mejorar nuestras vidas: hacer más deporte, comer más sano, enfadarnos menos, tal vez leer más. Cada uno tiene sus propósitos personales y activa sus retos de cambio. 

En este ánimo de mejora caben millones de intenciones. Cada cual tendrá su propio plan, o interés personal en alcanzar tal o cual meta. Lo objetivos son tan infinitos como los pensamientos de una persona. Normalmente este deseo se diluye en el empeño de los primeros días, en el mejor de casos se sostiene unos cuantos meses y posiblemente pasado un año volvamos a encontrarnos con el mismo objetivo de mejora. Somos así, un poco sísifos en la vida.

Como cada hijo de barrio yo no soy distinto a los demás. Mis propósitos también han sido mundanales e incluso frívolos. Que si perder peso, ponerme algo más en forma, aprovechar mi tiempo libre y cosas así. Estas ilusiones se van agotando con los años y la vida te va quitando el antifaz con el que la mayoría de las veces miramos hacia nuestro futuro.

Cada año vamos perdiendo a familiares, amigos y conocidos que por una causa u otra dejan de estar entre nosotros. Es así. La causa normalmente es injusta, una enfermedad larga, o repentina, un accidente. Hay mil razones y todas al final llegan a la misma triste y definitiva conclusión: la muerte. No se puede pasar por la vida un cierto tiempo sin que la fría mano de la Parca pase cerca de ti. Tarde o temprano alguien cercano a ti, es alcanzado por ella, y quieras o no, algún día te señalará el reloj recordándote que ya es hora.

¿Qué podemos hacer entonces? La respuesta es simple: nada. Todo tiene solución excepto la muerte se suele decir. Por eso llegado el momento de pedir un deseo, pidamos lo que pidamos para alcanzar la meta por imposible que parezca, lo fundamental y estrictamente necesario es estar vivos.

Así que como en la base de todo lo que deseamos está mantenernos vivos. Mi propósito de año nuevo últimamente es seguir con vida, y a ser posible ser feliz. Yo y todos los que amo a mi alrededor. Es un propósito simple, pueden incluso afirmar que tonto, pero me río yo de aquel que sea capaz de cumplir sus aspiraciones de año nuevo sin este primer logro conseguido. Yo desde luego no lo quiero para mí.


sábado, 8 de junio de 2024

Se gradúa Sofía

Todo llega a su fin. De alguna manera esto es siempre así. Una verdad irrefutable. Tienes ante ti un largo camino, una nueva experiencia, un objetivo, algo nuevo por iniciar.  Comienzas a dar tus primeros pasos y casi sin darte cuenta, un día sigue a otro día, y un mes a otro, y la vida va rodando su recorrido cíclico año tras año. Anti ti una larguísima escalera, a veces con peldaños altos, a veces más llevaderos, con algunos rellanos y barandillas, al final, tú has de subir la escalera. Puede que llueva, o que esté resbaladizo. Puede tener más o menos tramos, pero nadie los subirá por ti. Cada uno tendrá que hacer su esfuerzo. Es un esfuerzo personal. Unos lo harán más rápido, otros más despacio. Otros irán mirando el paisaje que les rodea y otros sólo mirarán los escalones. Mientras más alto, más esfuerzo. Hay quien se detiene a mitad de camino o simplemente decide no ascender. 

Mi hija, mi primogénita, Sofía, comenzaba su etapa estudiantil en secundaria, y seguidamente el bachillerato. Los seis cursos en el mismo centro. Seis años después llegó a lo alto de su escalera. La subió de un tirón, sin detenerse, nunca un paso atrás. Ningún tropezón. Incluso diría que disfrutando del ascenso. Le espera otra escalera, pues esta vida está llena de puertas y detrás de cada puerta hay más y más peldaños. La vida consiste en eso. 

Estoy muy orgulloso de ella. Mi misión ha sido estar ahí, servirle de barandilla, de punto de apoyo, pero la escalera la ha subido ella sola. Enhorabuena Sofía. Fue un placer verte subir escalones con tanta facilidad. Tu esfuerzo ha merecido la pena. Expediente con Matrícula de Honor no es cosa baladí.


(Miguel, Pepi, Sofía, abuelo Miguel, un servidor, abuelo Felipe)

Pd: Ve preparando calzado cómodo que viene la universidad.

miércoles, 21 de febrero de 2024

Jay-Jay Johanson en Málaga

Me enamoré perdidamente de una canción. Me pasa a menudo. Me engancho a una melodía y ya no hay manera de sacármela de la cabeza. Haga lo que haga, está ahí, presente. En esta ocasión además era una canción extraña para mí. Quiero decir que se salía bastante del tipo de canción que habitualmente me hace cerrar los ojos y soñar. Normalmente esto lo consigue una canción de rock, con grandes voces, y guitarras contundentes y frecuentemente con rotundos y virtuosos solos de guitarras. Así me ha pasado multitud de veces. Desde la rebelde Cult Personality de los americanos Living Colour hasta el Walk On de la banda sueca Graveyard.  Uno tiene sus gustos y por mucho que quiera no puede esquivarlos. Las cosas son como son. Es simple.

Pero últimamente estoy observando que mis gustos, aunque siguen paseando alrededor del rock, se ven de vez en cuando distraídos por otros tipos de estilos. Y a pesar de que siempre he estado muy a favor de escuchar nuevas músicas y abrirme a estilos distintos, el tipo de canción que me atrapaba por los cuatro costados siempre eran del mismo palo. Pero esta tendencia o querencia ha ido cambiando últimamente, no es nada ni buscado ni premeditado, simplemente ocurre. Recientemente quedé prendado del candoroso tema de Lana del Rey, Margaret, y anteriormente por la tremenda maravilla que es El Manantial de Los Planetas. No puedo escuchar estas canciones sin sentir una emoción sobrecogedora.

La última canción que me tenía agarrado de un lazo, como un dueño pasea a su perro, fue la canción Smoke de Jay-Jay Johanson. Una canción con una base casi funky, con un toque jazz y una voz casi susurrada. No sé qué pasó, no lo sé. No puedo explicarlo. Sencillamente ocurrió, me encanta. 

Una canción te lleva a un disco y a un cantante, y esto a su vez, a veces, a otros muchos. Para mi sorpresa mientras yo estaba envuelto en el cálido humo de la canción,  anunciaron un concierto de Jay-Jay Johanson en Málaga. No podía faltar.

Esperé un tiempo por si alguien se quería apuntar conmigo, pero como nadie estaba por la labor, y a mí no me gusta convencer a nadie, ni estar en un concierto que a mí me emociona mirando el reloj, así que me dediqué a ir mirando día a día la web de venta de las entradas, para así comprobar que aún quedaban entradas a la venta en la web, y cuando ya quedaban pocas, no quise esperar más. Me decidí finalmente a ir solo. Compré una entrada suelta que había en una esquina de la primera fila. Como un niño con zapatos nuevos me planté en Málaga. 

Paseé por el centro de Málaga, con los auriculares puestos, la canción me llevaba, me guiaba. La gente iba andando de aquí para allá, yo flotaba frente a construcciones de otras civilizaciones como La Alcazaba o el Teatro Romano. Me senté a disfrutar de las vistas. Saber que en unos minutos podría escuchar al intérprete sobre un escenario tocar la canción, me tenía sobrecogido de emoción. 


lunes, 22 de enero de 2024

Colomares - Revello de Toro

Basta que una cosa sea accesible para que pierda interés. No digo que siempre sea así, pero muchas veces lo es. Al menos a mí me pasa.

Cerca de casa, en la localidad vecina de Benalmádena, está el Castillo Monumento de Colomares, tan cerca, tan fácil de visitar, que siempre vamos postergando la visita para otro día. Es como si lo cercano pudiera esperar indefinidamente. Siempre se encuentra algo mejor que hacer, algo más "especial" para visitar, si un día que no tengamos nada que hacer nos acercamos, cualquier día de estos lo visitamos... y casi sin darte cuenta van pasando los días, los meses y también los años. 

Pero ocurrió que un día nublado de enero, por fin, lo visitamos. El Castillo Monumento de Colomares es un pastiche de estilos que parece estar escondido entre varias urbanizaciones con cuestas y curvas. Y aunque su tamaño es importante, no se ve casi hasta que estás delante. El mudéjar, el gótico, elementos del románico en conjunto crean un decorado efectista, ideal para los tiempos tan fotogénicos que nos rodean. En cada esquina teníamos que ir parando para que los niños se hicieran una foto, aquí y allá, para subir a sus estados de Instagram. El conjunto es heterogéneo pero no está falto de encanto. Fue una visita curiosa.

Algo similar nos estaba pasando con el Museo Revello de Toro. Mi mujer y yo sí lo visitamos creo que por 2013, pero los niños no. Siempre hay algo "mejor" que hacer. Así que tras las vacaciones decidimos matar dos pájaros de un tiro. Primero el Castillo de Colomares y seguidamente el Museo Revello de Toro. Es un Museo algo escondido. Está en el centro histórico, a pocos pasos de la Catedral de Málaga, en lo que fue la vivienda de Pedro de Mena, un famoso escultor  barroco de Granada, que vivió allí durante casi treinta años. Una de sus obras más reconocidas es la sillería del coro de la Catedral.

Félix Revello de Toro es un pintor español, un artista alrededor de la mujer, de la mujer como género femenino. Pocos han plasmado la belleza, la mirada, la feminidad de una manera tan sugerente y tan personal. Sus cuadros son una invitación a detenerse, a observar, a descubrir que hay mucho más de lo que se ve. Puedo decir sin miedo a pillarme los dedos que Revello de Toro es uno de mis pintores favoritos. Casi cualquier cuadro suyo tendría cabida para colgar en mi casa. Quizás la limitación más repetida sería que no tengo paredes suficientes amplias para alojar algunos de los tamaños de sus cuadros. Recomiendo mucho la visita.

martes, 26 de diciembre de 2023

Las navidades sin ellas

Las Navidades no son lo mismo desde que mi madre ya no está con nosotros. De eso hacen ya muchos años. Siempre intento sobreponerme al vacío, dar un paso adelante en la continuidad de unas de las celebraciones que siempre he disfrutado. Pero ella se fue precisamente un día de Navidad y quieras o no, la tristeza de sus últimos días viene a mi memoria. Aún así hay que seguir tirando, y a ella, que le entusiasmaba tanto estas fechas, le molestaría verme triste. 

Este año falta también mi suegra que falleció recientemente y son las primeras navidades sin ella, las primeras vacaciones navideñas de mi mujer sin su madre y también  las primeras vacaciones navideñas de mis hijos sin abuelas. Nada va a poder sustituirlas, ni nada nos las van a devolver. No hay nada que hacer. Lo único verdaderamente posible, es mirar hacia delante, estar orgullosos de ellas y recordarlas con cariño y alegría, porque ellas es lo que hubieran querido.

Se dice mucho eso de que hay que seguir adelante, y se dice de manera casi tan repetida que parece como algo sin sentido, pero es al contrario, es de una absoluta certeza, no hay otro camino. Es la ley de la vida. Hoy faltan ellas, otro días faltaremos nosotros y así va la rueda de la vida. Lo importante es vivir el presente con felicidad.

Todo esto es muy sencillo escribirlo y pensarlo pero mucho más complicado llevarlo a cabo. Hay que ir empezando con aceptar con normalidad las cosas como son. Hay que continuar con la monotonía de los días de la manera más sencilla posible, continuar. Acostumbrarse a vivir sin ellas y tirar para delante. Por eso hicimos la cena de noche buena en casa, con los abuelos, inevitablemente acordándonos de ellas, pero al mismo tiempo aprendiendo a seguir sin ellas. Aunque mientras mi cabeza siga funcionando de una manera más o menos normal, ellas seguirán estando ahí todas las navidades.



lunes, 27 de noviembre de 2023

Jean Echenoz - Relámpagos

Jean Echenoz es uno de esos autores que tienen una mano para el rigor y otra para la belleza. Es de esos escritores que utilizan el adjetivo como un francotirador. Si no es necesario gastar una bala no se gasta, pero si se pulsa el gatillo, el acierto será certero. No es autor de largos discursos ni de novelas con tramas de extensiones epopéyicas. Al contrario, cuando reparte cartas en esto de la literatura, suele esconder bajo la manga ese dicho, tan común como acertado, de que lo breve si bueno, dos veces bueno.

Sus novelas suelen ser cortas, son casi relatos largos y le suelen colocar la etiqueta de escritor elegante, y de frecuentar el humor y practicarlo fuera de lugar. Hay cierta verdad en esas afirmaciones pero hay más que todo esto entre las líneas del autor francés. Hay sencillez pero también atención a los detalles.

El libro que nos trae entre manos, Relámpagos, es una biografía ficcionada de Nikola Tesla, aunque afirmar que es una biografía es una osadía -casi una mentira- porque no es realmente una biografía, pero sí que se repasa su vida. Es más bien un primer borrador, un esquema estiloso puesto en limpio con aparente sencillez alrededor del genial ingeniero Nikola Tesla. Digo aparente porque estoy convencido que detrás de la limpieza de sus textos hay horas y horas de reflexión a la hora de tachar.

No hay ninguna ambición técnica, no se explican los inventos, ni las circunstancias que lo trajeron a su cabeza, ni siquiera hay detalle en la forma de llevarlos a cabo, pero sí está la melancolía de las horas de soledad, del sentimiento de buscar el fin sin tener en cuenta las consecuencias. Es muy recomendable. Yo lo disfruté mucho.

Acabo de recordar que ya había escrito mis impresiones de una de sus novelas. Lo hice hace casi diez años. En aquella ocasión fue 14. Un libro sobre la Gran Guerra. Recuerdo que fue una maravilla de libro que años más tarde me trajo a éste. ¡Cómo pasa el tiempo!

Me gustaría señalar que no suelo elegir las novelas por sus portadas, que incluso lo rehúyo. Hubo un tiempo en el que uno era joven y cometió esos errores. Es cierto también que las buenas ediciones te atraen, y que es imposible no sentirse cautivado por algo que consideras bello. En esta ocasión, fue inevitable sentirme hechizado por la foto elegida para la portada. Es fascinantemente atrayente.


miércoles, 22 de noviembre de 2023

Martín Caparrós en Málaga

Martín Caparrós es el ejemplo de periodista vocacional. Antes de cumplir la mayoría de edad ya estaba colaborando con periódicos de su ciudad natal en Buenos Aires. A muy tierna edad se vio exiliado en París y también en Madrid durante la dictadura militar Argentina. Trabajó como traductor, colaborador en el diario El País. Con el regreso de la democracia a Argentina retornó a Buenos Aires para trabajar y para escribir. Se ha pasado la mayor parte de su vida recorriendo el mundo. Es ensayista, cronista, novelistas y columnista en periódicos como el New York Times. Una vida más que aprovechada.

En el auditorio del Museo Picasso de Málaga se había programado una conversación entre Martín Caparrós y María del Mar Peregrín alrededor de su libro: El mundo entonces. Desconocía todo del libro a presentar, pero su libro de crónica, Una luna (2009), me había pellizcado fuerte cuando lo leí. Un libro duro. Muy duro. Seco, cortante, doloroso. Recuerdo avanzar las páginas esperando hallar algo de luz, pero, en cambio, vas encontrando una y otra vez el germen de la violencia, de la avaricia, de la ignominia, de la explotación. La maldad natural, el ser humano en su envoltura más repulsiva, el hombre como lobo. Relatos tan increíbles que parecen irreales, pero comprendes que no es ficción, es la realidad que mantenemos apartada del mundo occidental, del primer mundo, pero que está muy latente al pasar una frontera o a la vuelta de la esquina.

No es un libro que yo suela recomendar, porque tras leerlo algo cambia dentro de uno y probablemente algo de mi ingenuidad se perdió en el camino de sus capítulos. La inocencia humana es agredida entre sus páginas múltiples veces. La honradez aparece pisoteada, los derechos se muestran arrancados de las páginas de las vidas de muchas personas. Parece imposible lo que lees, aunque es crónica social. No terminas de creértelo, pero es así. No todos los niños viajan a Disney.

Tras la charla, de la que se habló más del futuro que nos espera que del libro que venía a presentar, me acerqué para estrecharle la mano a alguien que ha arriesgado mucho por dar voz a los desheredados del presente, a esa clase B de la humanidad. Cuando le puse el libro que traía por delante para que me lo dedicase, torció el gesto, como si mil recuerdos que pretendiera olvidar volvieran a su memoria. Me dijo: un libro duro. Mucho -le contesté-. Intercambiamos asombros y vergüenzas de sus historias y me llevé el libro dedicado.

Al llegar a casa, coloqué el libro en una estantería alta de casa, algo apartado, retirado de la vista diaria. Es un tremendo orgullo tener un libro suyo firmado, pero mientras espero que las hojas verdes de mi ingenuidad renazcan, no me acercaré a él. Por sana precaución para mi descanso interior.

Nota: Miguel Simón fue quien me acompañó. Creo que él estaba tan interesado como yo en asistir.

martes, 28 de marzo de 2023

Otra vida en el SoHo

Acudimos al moderno Teatro Soho del centro de Málaga para disfrutar de la obra de teatro Otra vida, protagonizada por Beatriz Carvajal, Juan Gea, Beatriz Arjona y Juan Fernández. Acudimos a ver la obra  Pepi y yo junto con mi hermano y Anita, que nunca habían estado en este teatro, y esa fue una de las razones por la que les regalamos la entrada como regalo de reyes. Llega un momento en el que prefieres regalar cosas para hacer antes que cosas para tener. Al menos es como yo lo veo. Y así lo hicimos.

La protagonista cumple 70 años y decide cambiar de vida, todos a su alrededor pretender convencerla de que ya es mayor, y ella aún quiere volar con espíritu joven, y está convencida de que le queda mucho por vivir. Quiere probar cosas nuevas y se siente con energías para embarcarse en nuevos proyectos y para ello pretende convencer a varios amigos.

Una comedia divertida con un toque sentimental, que nos hace reflexionar sobre el carpe diem y no dejar las cosas para más adelante, al mismo tiempo que sirve para saber darse cuenta de que nunca es tarde para nuevas aventuras. Muy divertida aunque con su pizca de drama.

Luego fuimos a comer baos, gyozas, ramen fríos y calientes, unas costillas y para acabar mochis. Todo muy bueno.

miércoles, 23 de febrero de 2022

Mark Lanegan, descanse en paz

Un 22 de febrero se nos fue Mark Lanegan. Un tweet en su cuenta nos heló el corazón. Una mañana de un martes. Cincuenta y siete años. En su casa de Killarney, en Irlanda. Poco más se sabe, poco más que ya importe.

Tuve la suerte de verle en directo, de poder estrechar su mano, de intercambiar unas pocas palabras con él, además de arrancarle una sonrisa tras el concierto. Eso fue lo poco que yo le di, por lo mucho que él me regaló.

De entre todos mis recuerdos sobresale el Bleeding Muddy Water en el Gran Teatro de Elche. Fue una experiencia casi mística. La sala estaba casi en completa oscuridad cuando la canción comenzó con su ritmo contundente y persistente, la voz áspera y tenebrosa del cantante más turbio y sombrío que haya dado la música, recitaba un sortilegio, una súplica, un ruego. El hechizo comenzó. Nos envolvió bajo su manto cálido de profundo eco. La música continuaba con su ensalmo, su voz desplegaba un rumor en la sala, nadie era indiferente a lo que estaba ocurriendo. Hubo una especie de alboroto, todos nos acomodamos en nuestras butacas, inquietos, algo estaba ocurriendo, algo se agitaba entre nosotros y nos rodeaba, nos cubría, entraba en nuestros cuerpos y nos elevaba. Flotábamos. La embriaguez de la música nos había inyectado el veneno de la emoción. Seducidos de excitación, continuamos hasta que la música cesó, entonces todos despertamos y rompimos a aplaudir. Lanegan sonrió, nos había infectado con su música de por vida. Y lo sabía.

Tras el concierto, con unas cervezas de por medio con los amigos, comentamos que conociendo parte de su pasado era un milagro que estuviera vivo. Poder verlo en directo fue una de las suertes de la vida. Ahora ya no está, pero me queda el consuelo de que siempre nos quedará su voz.

sábado, 25 de septiembre de 2021

La noche de los libros

A veces en Málaga se anuncian actividades que verdaderamente merecen la pena, al menos para mí. Recientemente, en La Térmica, se presentaron los autores que vendrían a la sexta edición de La noche de los libros, el festival literario más importante de la provincia. Hace unos años, en otra edición anterior, pude estar presente en la charla de Fernando Aramburu presentando su fabuloso libro Patria. En esta ocasión los escritores intervinientes que a mí me interesaban y que coincidía que podía acudir eran Fernando Savater y John Banville.

El filósofo Fernando Savater mantuvo un divertido e interesante diálogo con Alejandro Simón Partal sobre los grandes temas de la vida y la literatura, aunque, como muchos de los asistentes esperábamos, luego acabaran hablando un poco de todo. Poco después pude disfrutar del diálogo entre Enrique Juncosa y John Banville,  que es uno de los escritores vivos que más admiro.

Todo estaba previsto que se celebrara en el amplio auditorio Edgar Neville de la Térmica, pero como llovía se cambió de ubicación y finalmente se llevó a cabo en una reducida sala donde sólo unos pocos afortunados pudimos acceder a tan distendida charla. Tuvimos que usar auriculares para escuchar una traducción simultánea de la conversación, aunque yo más o menos lo entendía, me mantuve con un auricular puesto un buen rato. Al final de la charla, incluso, tuve la fortuna de poder intercambiar unas pocas palabras con el autor irlandés, que me dedicó un libro que ahora guardo como si de una joya se tratase.