Llevaba Pepi un tiempo con ganas de ir a comer a un restaurante de comida asiática que le habían recomendado por varios sitios, entre ellos nuestros hijos, el restaurante Misake Asian Fusion. Por una cosa o por otra, la posibilidad de ir, una y otra vez se fue estropeando. El Misake Asian Fusion es un restaurante con menú bufé de comida asiática, como se pude intuir en su nombre con facilidad. Pides lo que quieres y puedes repetir hasta no poder más. Algo así como la bebida recargable en algunas de las franquicias americanas de hamburguesas. El anticulto moderno al fitness vital. Comer hasta reventar y poco más.
Así que como era casi nuestro aniversario de boda. Quisimos celebrarlo con los niños y fuimos a rendir homenaje pleno al sentido de come hasta no poder más. Nuestra idea, más que comer hasta reventar era probar muchos platos, dejándonos llevar por la experiencia de nuestros hijos y sus parejas. Así que probamos muchísimos platos, aunque en poca cantidad. Probamos sushi de salmón y de atún, unos que llamaban nigiris, que son los enrollados. También sashimis -o algo similar- que es un plato de pescado crudo, cortado muy fino, que se toma con salsa de soja o wasabi. También un surtido variado de pan bao con cosas, y vieiras, y unas gambas rebozadas -tenían otro nombre, pero eran eso-, y rollitos de primavera, y platos de fideos con pollo y ternera y yo incluso me pedí unos espárragos a la plancha. Me apetecía. Y volví a probar dos cervezas que hacía tiempo que no probaba. Las bebidas no estaban incluidas en el menú. Una era una Kirin Ichiban, que ya presenté aquí hace años y la otra era una Sapporo, que ya había probado antes pero que, según comprobé, aún no había presentado aquí. Cualquier día de estos.Al día siguiente, el día seis de abril, ya sí que era nuestro aniversario, y aunque era lunes, decidimos que sería una buena idea ir a cenar -esta vez los dos solos-, a uno de nuestros clásicos en las celebraciones, Casa Roberto. Probablemente uno de los restaurantes que más años llevamos yendo juntos. Aún éramos dos tiernos novios y ya íbamos en fechas señaladas a celebrar algún acontecimiento compartido. Bien el día de los enamorados, bien nuestro aniversario o algún cumpleaños. No lo hacíamos muchas veces, claro, pues cuando eres joven la economía no está para muchos esplendores, aunque ahora tampoco está muy allá.
Llevamos yendo a Casa Roberto desde el milenio pasado, se puede decir así sin faltar a la verdad. Cuando entonces el restaurante lo regentaban los padres del actual propietario. Un negocio de padres a hijos. La esencia es la misma, han cambiado pequeños detalles, aparte de los precios, y hasta la moneda, pues pasó de pesetas a euros. En esta ocasión, de entre todas las veces que he ido, creo que es la primera vez que pedí pescado. Por las noches no llevo muy bien eso de comer carne, especialmente la carne roja, así que me decidí por un lenguado que tenía muy buena pinta y que finalmente acerté, porque estaba riquísimo. De entrada unos mejillones y de postre pedimos para compartir unos profiteroles. El postre favorito de Pepi en Casa Roberto. No puede faltar.El año que viene haremos veinticinco años de casados. No es ninguna tontería. Cada día es más raro que las parejas aguanten tanto tiempo juntos. La vida es un inmenso conjunto de elecciones. A veces se acierta a la primera, a veces a la segunda y hay quien no acierta en toda su vida. Yo tuve la inmensa fortuna de acertar con mi santa en unos pocos minutos. Todavía mantenemos la curiosidad de ir a sitios nuevos, pero también volver a los sitios que nos llevan acompañando tantos años.
No hay comentarios:
Publicar un comentario