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lunes, 3 de marzo de 2025

Florencia y Pisa. Día 4

Último día en Florencia. Todo lo bueno se acaba. Mil cosas pendientes aún por ver, pero antes de comenzar una jornada intensa de patear la ciudad, fuimos a desayunar a una cafetería que habíamos visto en la otra esquina de la Chiesa di San Giovannino dei Padri Scolopi, a pocos metros del hotel. Todo estuvo bien, pero nos pareció algo cara. Es lo que tiene ir a desayunar a una cafetería cerca de la Piazza del Duomo, llamada Caffe' Firenze y que añade since 1922. Se veía venir, pero como a veces dice mi padre: por un gustazo, un trancazo.

Tras la clavada del desayuno fuimos al Mercato Centrale donde pudimos comprar algunos de los recuerdos que queríamos traer desde Florencia. Me encantan los mercados.  Trajimos imanes para todos, una sudadera para Sofía, una camiseta de la Fiorentina para Miguel, Pepi además se pilló un bolso que le gustó mucho y yo me traje un delantal. También trajimos unos cantucci, que son unas galletas de almendra típicas de la Toscana que habíamos probado en el hotel de Pisa donde nos pusieron una bolsita en la habitación como obsequio para poder degustarlas. Alrededor del mercado de Florencia hay montados muchos puestos que también venden de todo, hasta el punto en que parece más un bazar que un mercado.

Tras las compras en el mercado nuestra siguiente visita era la Basílica de San Lorenzo, pero en esta ocasión para ver lo que no pudimos ver el día anterior, como la Biblioteca Medicea Laurenciana, una de las bibliotecas más importantes  del mundo, especialmente por el valor de los manuscritos e incunables que conserva. La escalera del vestíbulo y la sala de lectura fueron diseñadas por Miguel Ángel. La sala de lectura es verdaderamente espectacular y el claustro no se queda atrás. Hay una vista estupenda desde el corredor exterior hacia la cúpula de Brunelleschi y el Campanile di Giotto. Aprovechamos el momento para hacernos unas fotos.

Continuamos nuestra visita por la Basílica, en la que dos jóvenes estudiantes de arte, que estaban aprendiendo español, nos mostraron el interior de la Basílica. La sacristía con las tumbas de Juliano y Lorenzo de Medici, con las esculturas de Michelangelo, el Día, la Noche, la Aurora y el Crepúsculo. También nos mostraron la cripta, donde está la tumba de Donatello. Me llamó la atención un fresco, el del Martirio del San Lorenzo, por Agnolo Bronzino (1569). Magnífico. Seguramente restaurado recientemente. Tenía un brillo y una viveza de colores especialmente llamativo. Una de las niñas pintadas en el fresco está mirando fijamente hacia el observador, es tan real que entran ganas de saludarla.

Tras la visita de la Basílica, antes de continuar visitando la ciudad, nos acercamos al hotel para dejar los regalos.  La siguiente parada prevista era el Ponte Vecchio, pero aún antes nos acercamos a la Piazza della Repubblica para contemplar con detenimiento el Arco di Trionfo y la Colonna dell'Abbondanza (columna de la abundancia) que originalmente estaba rematada por una estatua de Donatello hasta que cayó y fue reemplazada. Hoy día hay una réplica. Cuentan que la columna marcaba el centro exacto de la antigua ciudad romana de Florentia. En esta plaza, eminentemente comercial, están todas las marcas de ropa que mi presupuesto no me permite frecuentar.

A pocos metros de la plaza está la famosa Fontana del Porcellino, una fuente de bronce de un jabalí (la original la vimos el día anterior en la Galleria degli Uffizi). Es muy popular en Florencia, y hay una leyenda o tradición popular que si una vez frotado el hocico e introducido una moneda en la boca del jabalí,si al dejarla ésta cae por la rejilla de la pila, entonces volverás a Florencia. A mí me salió a la primera, a Pepi a la segunda. No sé si eso quiere decir que yo tengo más posibilidades de regresar que ella. Hay que añadir que el hocico brilla de lo pulido que está de las miles de monedas que frotan el morro del jabalí continuamente.

Del Ponte Vecchio hay que decir que no parece un puente, es más bien una calle que atraviesa el río Arno. Una calle abarrotada de turistas y tiendas. Paseamos por el puente mirando hacia arriba al Corridoio Vasariano, que es un corredor, o pasillo de aproximadamente 800m, que une el Palazzo Pitti (residencia de los Médici) con el Palazzo Vecchio (lugar de trabajo de los Médici). Habíamos podido visitarlo el día anterior, pero la entrada nos pareció cara y lo dejamos para otra ocasión. Tuvimos que estar atentos para encontrar un hueco para hacernos las fotos al río Arno desde el Ponte Vecchio.

Desde el Ponte Vecchio hasta el Palazzo Pitti no había pérdida. Sólo había de seguir recto. Una vez en la entrada, como no disponíamos de todo el tiempo del mundo, tuvimos que tomar decisiones aunque fueran dolorosas.  El cielo se había abierto a pesar de que se predecían ligeros chubascos y nos pareció acertado aprovechar la bonanza climática y nos animamos por visitar el Giardino di Boboli que tiene fama mundial de jardín renacentista y dejamos la visita al Palazzo para otra ocasión (nunca se sabe). 

Paseamos el Giardino di Boboli prácticamente entero. La visita es libre -no gratuita-, cada cual elige su recorrido, pero comienza junto al obelisco y la Fontana del Carciofo (s. XVII). En ese momento me acordé del estupendo libro de María Belmonte,  El murmullo del agua, de lo que ella comentaba sobre dejarse llevar, de buscar el sol o la sombra según apetezca, de olvidarse del reloj y disfrutar de los sentidos. Así hicimos. Paseamos sin rumbo fijo.

Por el jardín hay distribuidas estatuas de diversos estilos. La más famosa es la Fontana del Nettuno, pero una de las que más me llamó la atención fue una escultura de bronce, moderna, Tindaro screpolato. Un busto con rasgos griegos, de tamaño enorme, agrietado. Me gustó mucho. También me agradó la escultura de Pegasus, el caballo alado.

Pero no todo son esculturas por los jardines donde paseaban los Médicis, también hay grutas y casi que se puede afirmar que es un jardín botánico. Siempre que acudo a un jardín me pesa enormemente no tener suficientes conocimientos en cuestiones de botánica. Me encantaría reconocer los árboles, pero como urbanita que soy, poco puedo distinguir más allá de un limonero y un ciprés. Una pena. 

Rodeamos el Forte di Belvedere hasta la Villa Bardini, ubicada en la colina de Oltrarno, desde donde hay una estupendas vistas panorámicas de la ciudad de Florencia. Los jardines de la villa son también de varios estilos, tiene de especial que es tanto un jardín como un bosque un huerto con frutales. Y, aunque nosotros no pudimos disfrutarlo porque en febrero no florece, posee un espléndida pérgola de glicina. El cielo comenzó a oscurecerse y nos temíamos lo peor.

Descendimos colina abajo en busca de la casa de Galileo Galilei, que está casi a los pies de Oltrarno, aunque no es visitable, pero sirvió como curiosidad para completar nuestro recorrido por la vida del tan eminente figura del renacimiento. Eran más de las tres de la tarde y habíamos dado una buena caminata. Había que reponer fuerzas y para ello cruzamos el río Arno por el Ponte Vecchio dirección Osteria de'Cicalini. En una de las perpendiculares  que unen la Piazza della Signoria y la Piazza del Duomo. Era una recomendación del hotel, y habíamos curioseado por Internet y nos pareció un buen lugar para despedirnos de Florencia. Me pedí un risotto de champiñones y trufa que era una barbaridad. Pepi se pidió unos pici senesi al cacio e pepe. Todo estupendo.

Tocaba ir despidiéndonos de la ciudad de los talentos, pero Pepi no se quiso marchar sin tomar un último helado en Gelatarium, que es una heladería que nos pillaba de camino a hotel. Recogimos nuestras maletas, y nos dirigimos a pie hacia la Stazione Ferroviaria Santa María Novella, donde tomaríamos el tren en dirección a Pisa.

No tuvimos mucho tiempo en Pisa. Cogimos un taxi de la estación hasta el hotel. Soltamos el equipaje en la habitación y salimos para cenar algo, pero antes pasamos por la Piazza dei Miracoli. ¡Qué maravilla! Esta vez sin riesgo de lluvias. Otra vez casi la plaza para nosotros. Cenamos en la Trattoria Toscana. Pepi se pidió pizza y yo unos pappardelle que estaban para chuparse los dedos. De postre un tiramisú.

El viaje llegaba a su fin. Quedaba regresar al hotel, decirle adiós, o mejor un hasta luego a la preciosísima Piazza dei Miracoli. Ducharnos y descansar pues a la mañana siguiente tocaba madrugar, aunque antes disfrutamos de nuevo de un estupendo desayuno en el hotel y seguidamente pedimos un taxi que nos llevara al aeropuerto, donde cogimos un avión que nos trajo de vuelta a casa. Un viaje que seguro que permanecerá por siempre en nuestra memoria. ¡Gracias vida!


jueves, 14 de noviembre de 2024

En noviembre

En noviembre disfruto de los mejores amaneceres. No digo que yo tenga exclusividad y que los míos sean mejores que los del resto, no, digo que en noviembre, de entre todos los meses del año, es el mes en el que los amaneceres me parecen mejores. Son insuperables. Hay días en los que me dejan absolutamente boquiabierto. Es imposible no quedar fascinado. 

El ritual matutino durante todo el año es prácticamente siempre es el mismo. Entorno a las ocho menos cuarto de la mañana salgo por el portal y encamino mi recorrido hacia el trabajo con el fresco otoñal terminando de espabilarme. En el primer tramo, antes de girar a la izquierda y dejar atrás el edificio residencial, ando colocándome los airpods para escuchar una de las listas de canciones personalizadas que tengo guardadas en Spotify, y así comenzar para encarar el día. Entonces, al girar la esquina que da a la avenida principal, que lleva directamente a mi trabajo, el amanecer, aún sabiendo que está esperándome, me sorprende. 

Existe un suave inclinación en la avenida que hace que la vista sea algo elevada, lo que facilita la amplitud de la panorámica. Las circunstancias hacen que en algunos días de noviembre, sobre esa hora, el amanecer está en su punto álgido. Si está nublado, la filtración de los primeros rayos engrandecen la estampa. Lo vívido de los contrastes ensalzan aún más el espectáculo de luz. Es posible que la dirección de la calle permite tener una vista privilegiada, y que por muy bien que yo trate de hacer la foto, créanme, no le hace justicia. La realidad siempre supera la ficción, pero si hablamos de un amanecer, es que ni se acerca.



viernes, 24 de mayo de 2024

El Boquetillo Art Neighborhood

Hay una sección en este blog que tengo un tanto olvidada (en realidad hay más de una). La titulé Arte Callejero, y en ella iba a dar cabida a cualquier representación artística callejera que me llamase la atención. Valía casi cualquier cosa que sea considerada arte y no esté encerrada en un museo. Desde un contenedor de vidrio que alguien decoró de manera preciosista, hasta alguien cantando en la calle, o bien un amuleto africano que me atrajese en el rastro y especialmente, lo que venía rellenando estas páginas virtuales, los graffitis que tanto nos rodean.

Para que algo me parezca que sea artístico simplemente ha de parecérmela a mí. Sé que no me he explicado muy bien, pero con ello quiero decir que es sencillo, es la gran ventaja de que este sea un blog personal en el cual yo quito y pongo cuánto me va en gana. Estas son las normas y si no les gustan -parafraseando a Groucho- tengo otras.

En esta entrada de blog coloco una foto de un barrio de Fuengirola, El Boquetillo, que está viendo remozado sus calles con arte urbano. Un espacio público refrescado con murales de tamaño monumental y que en conjunto queda estupendo, al menos desde mi punto de vista. En este barrio cambiaba yo las estampas de fútbol en mis primaveras escolares. Por el camino desde el colegio a mi casa cruzaba estas calles cada día, cargando a mi espaldas con una mochila llena de libros y libretas, con un futuro inesperado e ilusionante al que me he ido acercando hasta actualidad de estos días. 



domingo, 14 de enero de 2024

El farolero

A veces te encaprichas con la cosa más inesperada. Al menos a mí me pasa. Así me ocurrió un húmedo sábado de enero cuando decidí ir al rastro, bien temprano, en busca de libros de ocasión; libros de segunda mano con los que abaratar mis lecturas. Es un paseo de un par de kilómetros, lo suficiente para estirar las piernas y respirar aire limpio.

A un rastro se acude sin lista de la compra, a ver qué te encuentras. La sorpresa a la vuelta de la esquina. Es imposible saber qué es lo que el azar te va poner por delante. El libro que te puede tener ocupado la próxima semana puede estar esperándote... o no, porque fácilmente puedo regresar a casa con las manos vacías, y es que tienen que darse bastantes situaciones para que finalmente me decida a comprar. Por supuesto, tiene que ser que me interese, que esté medianamente bien cuidado, que no lo tenga ya (mi vaga memoria me suele fallar aquí) y que el precio sea adecuado. Esto depende de muchas circunstancias entre las que se incluyen las anteriores.

De manera que vas al rastro en busca de algún libro pero de pronto, sobre un tapete de terciopelo verde, hay una figura de broce representando un farolero que llama tu atención. Lo primero que te atrae es su pose. Está frente a una farola, con el brazo extendido, pareciera que está encendiendo la farola con la ayuda de un chuzo. El farolero va tocado por un elegante sombrero y una bufanda anudada al cuello, y desprende un perfume al aceite de las novelas de Charles Dickens. Puedes imagina una oscura y neblinosa noche en una calle londinense, cuando aún no existía la iluminación eléctrica. No sé por qué es, pero lo asocio antes a un farolero dickensiano que a un sereno galdosiano. Tampoco es importante. 

Posee algo atractivo, una ligereza estética casi de bailarina de Monet. El tamaño me parece el adecuado, no es ni demasiado grande ni demasiado pequeño y para autoconvencerme de la compra pienso que iría estupendo en la estantería de libros del dormitorio. Lo cojo entre mis manos, como pesando su valor. El vendedor me dice que es de cobre y que tiene en algún sitio un imán para comprobarlo. Le digo que no hace falta. No es su material lo que me atrae. Le pregunto si tiene algún dato de donde procede y me dice que no, que lo desconoce.

El resto lo pueden imaginar.


sábado, 31 de marzo de 2018

El fetiche

Algunos sábados por la mañana cuando no tengo que realizar ninguna tarea ineludible suelo escaparme al rastro. Me gusta pasear por las mañanas, dar una vuelta cuando el sol aún no pellizca con tanta maldad. Pasear sin ningún rumbo fijo ni ningún objetivo previsto. Contemplando los puestos simplemente por el placer de pasear y la posibilidad de encontrar algo interesante. Libros y música es casi todo lo que acaparan mis adquisiciones en el rastro. Más de la mitad de los cds y los libros que atesoro los he comprado de segunda mano y a un precio irrisorio.

Encuentras algo que te interesa, compruebas que esté en buen estado, y si el precio te parece adecuado te lo llevas a casa. Así he descubierto grandes grupos de música -hoy Spotify me ahorra muchas sorpresas desagradables- y también he descubierto a un buen número de autores. Les aseguro que compensa con creces. Si se tercia también cae una cervecita o un café con churros, depende de la hora. Pero rara vez cae algo distinto a música y libros. Pero hace unas semanas encontré un figura que llamó mi atención. Un hombre estaba tallando figuras de madera, elefantes, jirafas y en un lado del puesto tenía una figura de un hombre sentado tapándose los oídos. Me gustó. Flechazo a primera vista.

Le pregunté si la figura estaba también a la venta y me dijo que sí. También me contó que la había hecho él y que era algo más cara porque era buena madera de ébano. No sé si es cierto, soy un verdadero ignorante en clases de madera, pero es cierto que tenía mejor presencia que las otras, parecía más lisa y más oscura. El caso es que me la compré. Es como un fetiche africano que ahora tengo en la estantería junto a la mesa de noche y es al que a veces le pido que el silencio que tanto añoro llegue a mí.

PD: Por ahora no parece que mis plegarias tengan mucho efecto, la verdad, y empiezo a sospechar que como tiene los oídos tapados igual no me escucha.


domingo, 13 de marzo de 2016

Arte callejero 36

Venía pensando que hace mucho tiempo que no les pongo unas de esas pequeñas obras de arte que una mano inspirada va dejando por las calles. Un graffiti de esos que sirven para conseguir que una triste pared de los suburbios de un barrio periférico, o un contenedor de basuras tras una esquina abandonada, o una escalera sin uso parezcan algo mejor de lo que podrían ser. Mejorar, porque el arte puede mejorar las cosas. La música, un poema, la arquitectura, la pintura, la escultura, cualquier representación artística por pequeña e insignificante que sea o parezca, puede no tener ningún sentido práctico, pero seamos conscientes o no, mejoran este mundo, de alguna manera casi mágica.


jueves, 3 de diciembre de 2015

Arte callejero 35


Muchas veces cuando estoy delante de una obra de arte me pregunto qué es lo que realmente pretendía el artista representar con el cuadro, qué se dejó fuera, qué ocultó, qué no incluyó del cuadro, qué se le escapó o dejó escapar. En ocasiones es fácil de deducir o están implícitas las respuestas, pero en la mayoría de las ocasiones hay que tirar de imaginación, pues el artista pinta en un atelier o directamente en un exterior pero o bien no pinta lo que tiene delante, o bien lo acota. A mí, por simple divertimento, me gusta imaginarme qué hay detrás de un cuadro. Este graffiti me facilitó el ejercicio.


lunes, 10 de agosto de 2015

Arte callejero 34

Tengo el calendario tan cargado y cansado que cuando por fin regreso a casa al final del día no me queda ningún tipo de ánimo para sentarme a escribir en el blog. Además el calor tan sofocante y asfixiante que está haciendo este verano me impide verdaderamente alentrar en este cuarto en el que estoy ahora escribiendo esta entrada, porque es tal vez el cuarto más caluroso de la casa, o al menos, el único que no tiene aire acondicionado.

Pero ahora estoy de vacaciones y me es posible aprovechar esas primeras horas de la mañana, cuando aún el sol no ha comenzado a derretir la atmósfera y todavía se puede abrir la ventana y respirar algo de fresco incluso.

No se preocupen si no les presto toda la atención que suelo en los próximos días, pero tengo tantos proyectos por realizar, tantas ganas de exprimir el tiempo vacacional que me temo que no sé si podré entresacarlo para dedicarlo al blog. Aún así hoy les dedico una pizca.



Y no olviden que hoy es lunes y que la vida es maravillosa.

lunes, 8 de junio de 2015

Arte callejero 33

Cuentan que en Londres hay un taxista que pasea sus noches en busca de justicia y que su ley viene oculta tras un amor prohibido, turbio y sin remedio. Cuentan también que ese taxista vaga las noches bajo la luces de las farolas, ocultando su mirada tras el espejo retrovisor de su negro destino, que escupe la fatigosa rabia interior en acelerones de válvulas infernales y que, si es preciso, está dispuesto a quemar la piel y rajar los nervios a cualquiera que intente tocar los labios de su amor rizado. Aseguran que deambula enfrentando miradas, que amenaza mostrando los dientes y que cualquier día salpicará de sangre y rabia la Redchurch Street de Londres, porque allí, apoyada en una puerta blanca, alejada de su sueño, se expone la luz cegadora de su desdicha.


jueves, 14 de mayo de 2015

Arte callejero 32

Saber encontrar los momentos de felicidad depende más de nuestra exigencia que de nuestras posibilidades. Si somos muy restrictivos y exigentes a la hora de encontrar la felicidad, más complicado lo tendremos, y conforme más exigentes nos volvamos, más difícil resultará.

Por ejemplo, a veces, uno piensa: ¡qué daría yo por estar ahora mismo en una playa del Caribe, con todo incluido, tumbado en una hamaca, a la sombra de un cocotero, con los ojos cerrados mientras escucho las olas del mar! Y lo decimos, sabiendo que es muy complicado por muchas razones (la distancia, el tiempo, el dinero,...), y sin embargo, si nos conformáramos con ir a la playa de nuestra localidad en el fin de semana, tumbado sobre una toalla en la arena, bajo la sombra de una sombrilla, también podríamos cerrar los ojos y escuchar las olas del mar, y tal vez, incluso, pudiésemos tomar un buen espeto de sardinas con una cerveza helada en el chiringuito que, en realidad, puede que sea mejor que el bufé todo incluido del hotel.

Ya ven que es sencillo. A mi juicio todo depende de nuestras exigencias. Mientras más exigentes, menos felices, mientras menos exigentes, más felices. No es una ciencia exacta, pero casi. Por eso hay personas que sólo son felices un mes al año, o ni eso, y otras que son felices a diario. Saber disfrutar de las cosas sencillas es una garantía de calidad. Ustedes deciden. Yo lo intento cada día.



domingo, 15 de marzo de 2015

Arte callejero 31

Los que de vez en cuando se dejan caer por este blog ya sabrán que soy aficionado al arte en general, y que de vez en cuando suelo colocar una entrada relativa al tema. En muchas ocasiones ese arte llega presentado como una interpretación al aire libre, o en un lienzo,  en una máscara africana, como una canción, un poema o sobre el inmenso lienzo de una pared de un edificio. Los graffitis, según mi criterio, pueden mejorar una ciudad, o un barrio, o incluso la esquina de un parque. La idea es proporcionar algo distinto. A veces ese algo distinto es una idea original, o a veces inesperada, o simplemente dar luz y color a un entorno gris y nublado.

La semana pasada bajando al centro desde el colegio de mis niños corté camino por el Boquetillo y me encontré con un inmenso graffiti que ocupa dos amplias fachadas. El graffiti mejora claramente la vista y además encaja perfectamente con el espíritu del barrio, muy afín al mar, pues el Boquetillo tradicionalmente ha sido un barrio de pescadores.

Esa misma tarde tuve la oportunidad de llevar a mi chico a jugar un partido de fútbol en el estadio Elola y desde las gradas se pueden ver los graffitis perfectamente. Un verdadero viento fresco marino para los ojos.


domingo, 9 de noviembre de 2014

El muro de Berlín

El muro de Berlín era un muro de vergüenza. Un muro que separaba una ciudad en dos ciudades. Una frontera cruel e inhumana. Un paréntesis de ignorancia en la línea de la historia, una derrota del razonamiento y el entendimiento. El producto consecuente del ladrillo pesado y hueco en el cerebro de los dirigentes. El símbolo del desacuerdo, del necio odio y de la expansiva incapacidad de dirigentes con voluntades obcecadas, que alinearon la barbarie de sus ineptas ideas dividiendo una ciudad. 

Con la estrechez de su raciocinio escindieron despiadadamente la precaria vida de una ciudad derrotada y humillada. Proyectaron cobardemente una ruptura indecente, seccionando así la vida de sus habitantes. Separaron familias enteras, rompieron lazos de amistad, quebraron sentimientos, compromisos, afinidades y cortaron el cordón umbilical que unía mediante la concordia, el entendimiento y el amor a cientos de miles de personas. 

Con ese muro de vergüenza dilapidaron sueños, promesas, proyectos, el futuro, y lo que era aún peor, el presente de muchísimas vidas. Descompusieron la epidermis de una ciudad justo cuando cicatrizaba y se rehacía de su propia humillación. 

En las navidades de 2006 visité Berlín, y pude comprobar con mis propios ojos aquel muro frío e hiriente. Tan solo quedaban pequeños tramos de muros, intermitentes recuerdos de su indecencia. Aquellos voluminosos escombros, aquellas barreras verticales producían inquietud cuando uno se situaba ante ellos. Sólo pensar que aquel muro imposibilitaba contemplar completamente aquel paisaje producía aturdimiento. Aquel muro gris y opresivo era el abandonado despojo de un pasado turbio y deshonroso. 

Estos días se celebran 25 años del fin aquella indecente barbarie. Éste vídeo es un bonito homenaje.


jueves, 6 de noviembre de 2014

Arte callejero 30

El amor puede surgir de las más inesperadas maneras. Escondido desde detrás de una mirada o tras las primeras palabras de un saludo. Puede estar oculto, latente, en una relación de amistad mantenida desde mucho tiempo atrás, y sin embargo, como un chispazo, en cualquier momento, puede surgir la llama del amor. Y una vez prendida hay que saber mantenerla, avivarla y no permitir que se apague y extinga, para conseguirlo hay que permanecer atento y mostrar interés en la perduración de la llama.
El amor no entiende de edades, ni de culturas, ni de bellezas ni de razón. Es tan irracional y caprichoso como la ocurrencia más ingeniosa y perspicaz que sea capaz de crear un genial graffitero. ¿o no?


jueves, 11 de septiembre de 2014

Arte callejero 29

Un edificio en los suburbios de una populosa ciudad, una desolada pared en un bloque de viviendas, un inmenso cerramiento que ocupa toda una fachada, sin ventanas ni molduras, ningún detalle embellecedor, nada, tan sólo un monocromático aburrir sin mirar, un auténtico ahuyentador de contemplaciones. La ausencia total de atención.

Todo este aburrido sinsentido fue suplantado, un buen día, por una mente brillante, aquella que imaginó atravesar la plana y anodina superficie por una imagen vidriada de un mar de olas triangulares, montañas diagonales y paralelográmicas, donde un sol esquinado está apunto de recibir como ofrenda, de manos de una sirena, en un día de nubes doradas, la llave de la luz, la luz que florece atraída por todas las miradas que por su alrededor concurren. Un milagro de belleza.

Un fuerte aplauso a estos artistas callejeros.


sábado, 23 de agosto de 2014

Arte callejero 28

Hay una gran variedad de elementos urbanos o mobiliarios urbanos - llámenlo como quieran- que invaden nuestras aceras y que claramente estarían mucho mejor con una buena mano de graffiti. ¿No opinan lo mismo?


sábado, 26 de julio de 2014

Arte callejero 28

Las pintadas a gran escala suelen impresionar por su tamaño y también por las posibilidades que su amplia extensión proporcionan. Una pintada en una pared que ocupe todo un lado de un edificio, o de varias fachadas, ofrecen, evidentemente, más posibilidades de expresión que una puerta, por poner un ejemplo. Las posibilidades imaginativas de un graffitero pueden hacernos jugar, en ocasiones, con el entorno, hasta el punto de integrarse o incluso modificarlo y hacernos ver que se muestra más de lo que en realidad hay, y que lo que vemos es otra cosa distinta a la realidad original.  Un buen trampantojo puede engañarnos hasta el punto de no saber identificar ni diferenciar lo real con lo imaginario. Lo pintado con lo auténtico. No sé si me explico.


jueves, 26 de junio de 2014

Arte callejero 27

El mundial de fútbol se está jugando en estos días en Brasil, y hay en sus calles un cierto malestar por el despilfarro incontrolado en la construcción de inmensos estadios de fútbol. Quizás organizar un mundial de fútbol hace mucho bien para un país, puede, no lo sé, pero me parece a mí que una vez más vuelve a ocurrir lo de siempre, que para que unos pocos privilegiados puedan llenarse los bolsillos, la gran mayoría tendrá que apretarse el cinturón, o lo que es peor, cerrar sus estómagos.  Esta pintada en las calles de Brasil refleja algo de lo que les digo.


lunes, 26 de mayo de 2014

Arte callejero 26

Estamos de lleno en el tiempo primaveral, el verano está a la vuelta de la esquina y una cerveza casi helada sólo puede ser igualada en deseo por un buen chapuzón. Este grafitti representa bien claro el inigualable momento en el que uno se zambulle en el agua y se despega del calor.


viernes, 11 de abril de 2014

Arte callejero 25

Estas últimas semanas hemos pasado una mala racha en casa. Primero fui yo con una fiebre que me golpeó en el pecho y la garganta de mala manera, luego le tocó a mi santa, la misma fiebre, sólo que a ella se le presentó aún con más placas de pus en la garganta y también la dejó con un mal cuerpo tremendo. A los pocos días fue el chico de la casa, Miguelito, que comenzó con dolor de barriga y siguió con vómitos. Hoy,  la que está siendo atacada por fuerzas desconocidas es Sofía, que ha tenido los mismos síntomas que Miguel, durante la noche comenzó con dolor de barriga y seguidamente vómitos. La pobre ha echado todo lo que tenía y un poco más.

Por eso hoy me he acordado de una pintada que una vez me encontré por la red, y como en este blog, de vez en cuando me gusta colgar una pintada callejera, más que nada para sacar a este blog a la calle, ¿o sería mejor decir incluir las calles en este blog? En cualquier caso, la pintada me parece oportuna.



miércoles, 5 de marzo de 2014

Arte callejero 24

La semana pasada visité la Alhambra con la familia. La primera idea era ir y venir en el mismo día. Llegar, ver la Alhambra y volver después del café para casa. Total, está a un salto. Pero comienza uno a barajar otras posibilidades y al final se enreda todo de tal forma que lo que era algo puntual y económico, al final se roca en algo distinto, normalmente no tan económico ni puntual. El caso es que finalmente, ya que estábamos allí, decidimos pasar una noche en un hotel y así poder tomar unas tapas por el centro y visitar alguna que otra plaza del centro. Vivir la vida, en definitiva.

Pero hoy no estoy aquí para hablarles del viaje (no dispongo hoy de tanto tiempo como para eso) sino para contarles que me traje, entre otras cosas, la foto de una pintada situada junto a la entrada de nuestro hotel, por cierto, nuestro hotel en Granada figura en el libro Guinness de los records como el hotel más estrecho del mundo, pero eso es otra historia. La pintada, en mi opinión, mejoraba la calle.

Coloco una segunda foto para poder ver mejor el detalle de lo escrito, porque como sé que este blog lo visitan muchos miopes, pues eso, que les echo una mano, y por si acaso hay algún despistao, les cuento lo que está dicho en la pintada: "Cansao de no encontrar respuesta, decidí cambiar mis preguntas".