Rosa Montero es de esa clase de personas que las miras y su vitalidad la envuelve alegrando su alrededor. Lo envidio mucho eso, créanme. Ese nervio, esa energía es algo que me parece un regalo maravilloso. Mantener una actitud viva y entusiasta es algo de lo que más me hubiera gustado disponer. Y bueno, no ando mal en cuestiones de curiosidad, pero Rosa sobrepasa a cualquiera.
Alguien que ha visitado Irak, China, Australia, el Polo Norte o el Sahara siempre tiene que tener cosas interesantes que contar. Y siendo mujer aún más. Así que allí que fui con mi libro por si luego me lo podía dedicar. Me hacía ilusión, que la persona que había vivido todo aquello me firmara el libro. Sentí como si pudiera saludar a Marco Polo o a David Attemborough.
Tras una interesantísima charla, no pude apenas cambiar unas pocas impresiones con ella. Me hubiera quedado horas escuchándola, pero probablemente ella me hubiera preguntado muchas cosas, porque es de una curiosidad infinita. Un placer leerla y escucharla.

No hay comentarios:
Publicar un comentario