martes, 27 de enero de 2026

André Rieu en el Martín Carpena

Había escuchado que el director de orquesta nacido en Maastricht, André Rieu, venía con su Johann Strauss Orkest al Martín Carpena de Málaga a ofrecer un par de conciertos. Se lo dije a mi hermano porque él fue el que me había hablado del director neerlandés. Me dijo que lo había visto ya en un par de ocasiones y que aunque le gustaba mucho, en esta ocasión no iba a asistir. Por curiosidad consulté los precios, y ahí acabó toda mi curiosidad. Pasó el tiempo y como regalo de Reyes, Mamen y Pepe nos regalaron a Pepi y a mí dos entradas para ir junto con ellos a ver el concierto del lunes. Oye, me hizo ilusión.

Ocho mil butacas de aforo y los precios no eran nada baratos. Lleno absoluto. Definir el espectáculo es complicado. Por un lado es un triunfo del marketing, porque que la gente pague una buena cantidad de dinero para escuchar un concierto de música clásica, en los tiempos que corren, me parece algo sorprendente.

Pero claro, hay trampa, no es "sólo" un concierto de música clásica. Para empezar viene acompañado de una pantalla enorme que cubre todo el escenario en su parte posterior, y la usan muy bien, todo hay que decirlo, para ambientar visualmente cada tema de una forma distinta, con unas visuales de gran calidad y apropiadas. Durante la representación hay canciones como Delilah de Tom Jones, o la Marcha Radetzky, donde el director  pide que el público se anime a tocar las palmas al ritmo de Strauss.

El espectáculo es una celebración a la altura de Disney, donde las intérpretes iban vestidas con vestidos de princesas de enorme colorido, mucha peluquería y sobre todo mucho, mucho humor en la actuación, a veces, incluso, creo que le quita protagonismo a la música. A veces creo que el papel divertido y jovial del concierto rebaja la calidad de su música, pero esto es una percepción personal.

Si a todo esto le sumamos que al final de fiesta se unieron Los del Río, para interpretar la Bamba y La Macarena, ya entienden que es más un show de espectáculo alrededor de un acontecimiento musical que un concierto propiamente dicho. Eso sí, fue largo y se fue casi a las tres horas. Hubo incluso confeti de fin de fiesta. El público -creo- se fue contentísimo en general, pero a mí me pareció un pastiche clásico con hechuras recaudatorias. Es una experiencia de la que estoy contento, porque ya lo he visto, y de hecho me dejé llevar y toqué las palmas, e incluso meneé el cucú como buen hijo de vecino, lo que haga falta por la diversión, pero si esperan que afloje de mi bolsillo para volver a verlo, espérenme mejor sentados.


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