En cuanto supe que había nacido una cría de perezoso de dos dedos en el Bioparc de Fuengirola quise ir a visitarla, pero finalmente tuve que ir retrasando la visita por una razón u otra, hasta que ya bien entrado en marzo pude ir. Primero visité a Ernie -la cría gorila que nació recientemente- que aunque se notaba que había crecido aún seguía siendo un bebé precioso.Pero lo más fascinante es la manera que tiene la madre de tratarlo, es exactamente igual que cualquier madre cuida a su bebé. El instinto maternal es algo tan natural como el masticar.
Contemplé a las tortugas gigantes de las Galápagos, que estaban comiendo y más activas de lo habitual. No sé qué edad aproximada tienen, pero algunas suelen llegar a los 150 años. Las que hay en el Bioparc son bastante grandes, así que imagino que tienen buena edad. A ver si algún día lo pregunto a alguno de los cuidadores.
Los Dragones de Komodo también estaban muy activos. Igual estaban esperando que les pusieran la comida. No los he visto nunca alimentarse, pero bueno, como son el lagarto más grande del mundo supongo que son de buen comer.
El leopardo de Sri Lanka en cambio estaba retozón, no movía un párpado, parecía que estaba en los más dulces de los sueños. ¡Qué animal tan bonito!
Después de pasar a contemplar a los Axolotes, a Doris y a Nemos, me acerqué a ver a las nutrias gigantes, que siempre son muy escurridizas, y que poco a poco parece que por fin se van separando de sus crías. Y ya fui a buscar a la cría de perezoso.
No hubo manera de poder verla. Me dijo la cuidadora que desde que tiene la cría baja menos de la copa de los árboles y que es difícil verla de lejos. También me contó que aunque la viéramos, la cría está tan aferrada a la madre, y tiene tantos pelos que es complicado distinguirla aún estando cerca. Que más que perezoso se podría decir que es tímido.
Como pasé un buen rato en el aviario, esperando a ver si podía ver a la madre y a la cría, pude ver muchas curiosidades. Pude ver al padre, que disfrutaba de una reconfortante siesta, y también a una bonita pareja de Socayos Rojos, también conocidos como titís cobrizos. Según contó la cuidadora son altamente sociables, y lo que yo creí que eran una pareja de enamorados, nos informó que eran un padre y su hijo. Me encantó ver cómo se enredaban la cola.


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