jueves, 27 de junio de 2019

Eddie Vedder en Madrid

A la semana siguiente del Rock The Coast, tenía desde hacía tiempo una escapada rápida a Madrid junto a Francisco, mi acompañante de bolazos habitual, para ver a Eddie Vedder en su concierto en el Wizink Center. Así que cogimos el AVE tempranito el mismo día del concierto, con la idea de a ser posible hacer algo de turismo. 

Llegamos a Madrid, soltamos las mochilas en el hotel y nos fuimos directos a patear la ciudad. Primero fuimos a la Iglesia de San Antonio de los Alemanes, que tras varios intentos por fin pude contemplar. La bóveda es verdaderamente una joya. Una joya escondida en Madrid.

No muy lejos de allí estaba la bodega La Ardosa, que estaba hasta abarrotada. Nos hicimos un hueco como pudimos en la barra y nos pedimos un par de pinchos de su afamada tortilla de patatas, bien acompañadas con unas pintas. Fue una rica y refrescante parada. Continuamos nuestro caminar hasta el Wizink Center, donde habíamos quedado en un bar cercano al recinto con unos amigos que nos esperaban por allí.

Picamos algo y tomamos cerveza con un buen montón de conocidos alrededor de nuestra pasión por la música de Pearl Jam. El tiempo pasa volando y llegó la hora de entrar.

Primero tocó Glen Hansard, el montaje era sencillo. Glen y una guitarra. Estuvo sobresaliente, e incluso se atrevió a cantar a capella en un escenario tan enorme como el Wizink Center. Era mi segunda ocasión con Glen, y la verdad es que Glen nunca defrauda. El último disco es muy bueno, escúchenlo.

Después llegó Eddie Vedder acompañado de un cuarteto de cuerda en muchas de las canciones, en cambio las defendió en solitario. Los discos de Eddie en solitario me han acompañado horas y horas de mi vida. Verlas en directo fue algo muy especial. Ver Indifference, I am mine o Immortality fue increíble. Luego su canciones como Long nights, Far behind o Society tienen esa sensación especial de que es un privilegio poder escucharlas en directo. Un concierto estupendo. Irrepetible, aunque yo lo repetiría todos los años. Al final del concierto, para Rocking in the free world entraron todos, el cuarteto, Glen Hansard e incluso Javier Bardem, que es amigo de Eddie Vedder y andaba por el backstage.

Después del concierto nos quedamos un buen rato compartido lo vivido con los conocidos que teníamos repartidos por todo lo amplio del pabellón. 

Al día siguiente, aún nos dio tiempo de desayunar en el hotel y visitar el Museo Arqueológico, donde pudimos contemplar el original de la Dama de Elche, entre otra gran variedad de obras de gran importancia. Nos quedó tiempo justo para pasear por el centro de Madrid, comer en Terramundi y tirar para el AVE de vuelta a Málaga. Otra muesca más para guardar en la memoria.

domingo, 16 de junio de 2019

Rock The Coast 2019

Presentaron el Festival Rock The Coast 2019 y no me lo podía creer. Un festival de rock en Fuengirola. A un paseo andando desde casa, en el estupendo emplazamiento del Castillo de Sohail. Verano. Bandas de rock, durante dos días, una detrás de otra, un sin parar, y con lo agonías que yo soy en los conciertos. Si me lo cuentan no me lo creo. Tres escenarios en total. Dos escenarios en paralelo con el Mediterráneo de fondo, el tercero en el interior del Castillo Sohail. Parecía increíble pero era realidad.

Cuatro amigos nos juntamos para disfrutar del festival. El ambiente fue espectacular. La organización estupenda a pesar de ser la primera vez. El sonido brillante. Pude disfrutar de un buen número de bandas de rock que si no fuese por el festival, me temo, nunca hubiese visto.

Accedí nada más abrir las puertas para ver en directo la energía de Blaze Bayley, seguidamente el rock nórdico de una de las bandas que más ganas tenía de ver en el festival: Graveyard. Qué conciertazo se dieron. Al acabar subimos la cuesta para ver a unos Hitten que no conocía y que me dejaron buen sabor de boca en un sitio maravilloso como el interior del Castillo Sohail. Otra vez abajo pudimos disfrutar del incombustible U.D.O. y justo después a Tarja, que luce vozarrón. Siguieron UFO que sonó estupendamente y se ganó al público con su buen hacer y el plato fuerte de la primera jornada fue Scorpions, que hicieron honor a su larga carrera llena de hits que fueron sonando uno tras otro ante un público entregado. Justo después, en la recta final, Europe, que fue nuestra despedida de la jornada.

El día siguiente, sábado, comenzamos viendo a Von Hertzen Brothers, que tuvieron que esforzarse de lo lindo para sacar al público de la lánguida hora de la siesta. Jinjer a base de energía activó el festival. Magnum fue el siguiente concierto que pudimos ver y para mí fue el más flojo de todos. Opeth ofreció un concierto maravilloso. ¡Qué grandes músicos son! Ascendieron el listón del festival a un nivel superior. Justo después tocó el que para muchos era el momento más esperado del festival. Rainbow, con el enorme Ritchie Blackmore a la guitarra. Fue conciertazo. Smoke on the Water fue probablemente el momento más celebrado del festival. Siguieron  The Darkness, que tenían el complicado papel de tocar después de Rainbow lo hicieron de forma sobresaliente, con energía a raudales. Despedimos el festival disfrutando de la entrega de Michael Monroe, que puede gustar más o menos pero nadie puede discutir que lo da todo sobre el escenario y no se deja nada atrás.

Al final de cada jornada de festival, visitamos Rigodón, nos tomamos un buen bocata y después un paseo hasta casa. Un festival irrepetible.  Y sí, tuve que pellizcarme, y en más de una ocasión.

miércoles, 29 de mayo de 2019

Hogjaw en el Louie Louie

Un martes en el Louie Louie Rock Bar de Estepona, alrededor de las once y media de la noche comenzó la banda de Arizona, Hogjaw, a soltar guitarrazos contundentes de souther rock. Se esperaba un buen concierto. Hay un buen feeling entre la sala y la banda. No es la primera vez que vienen y muy probablemente no será la última. Por ello no era difícil adivinar que sobre las tablas del Louie Louie se iba a dar una de esas noches de buen rock.

Comenzaron a saco con dos de sus grandes temas, Rollin' Thunder y Beast of Burden. En dos temas ya sabes de qué va a ir la cosa. Rock sólido y contundente,  con reefs que suenan a latigazos, de fondo un bajo grasiento y sobre todo una voz grave y profunda con ningún acercamientos a la guitonería. Southern hard rock de punta a punta.

Casi dos horas de concierto. Buenísimas guitarras y especialmente emocionante fue para mí, County Line, que es un temazo como pocos, seguida de Way Down Yonder que es otro de los temas sobresalientes de su discografía. Uno de los momentos que recordaré para siempre en esta sala.

El concierto fue desgranando uno a uno temas incluidos en su último disco en vivo, Up in Flames, que hace un repaso en directo a sus mejores temas. Entre sorbo de whisky y guitarrazos fue avanzando el concierto que nos dejó un enorme sabor de boca. Una de las bandas que si vuelven  cerca me tendrán el primero comprando la entrada. Lo pasé bomba.

Al final del concierto pude comprar el cd y que me lo firmaran. En casa a todo gas, suena divino.

sábado, 18 de mayo de 2019

Sophie Auster en el MVA

Una par de meses antes del concierto de Sophie Auster no la conocía, es decir, conocía su existencia pues soy seguidor de la obra de su padre y algo había escuchado, especialmente porque tiene el mismo nombre de mi hija, aunque no conocía que tuviera una faceta como artista musical. Pero como todo eso hoy tiene fácil arreglo, ya que uno entra en Spotify y en unos pocos clics ya tiene a su alcance lo que busca. Y eso hice, y me agradó lo que escuché. Así que junto con un par de amigos fuimos a ver el concierto.

Sophie Auster tiene una voz muy personal, con un registro grave, pero dulce, algo bastante inusual. El recinto era el MVA de Málaga, y se vendieron todas las entradas. Llegó acompañada de una banda muy completa con un bajista, un batería, un guitarra y un teclado. Ella puso su voz y un par los interpretó sola con una guitarra acústica.

La vi muy contenta y a gusto. Entonada. Con ganas de disfrutar del concierto. Yo me llevé muy buen sabor de boca y si tengo la oportunidad de volver a verla no lo dudaré. La recomiendo.

Al final del concierto tuve la suerte de poder saludarla y de que me firmara un cd. 

domingo, 12 de mayo de 2019

Fin de Semana en Chiclana

Todos los años escapamos con la familia de mi mujer un fin de semana a pasarlo juntos en un hotel de la costa chiclanera. De hecho normalmente siempre terminamos yendo al mismo hotel.

Ir a un hotel en régimen de todo incluido significa, sobretodo, comer más de la cuenta, pero también descansar bajo cielos de azules inmaculados, leer junto a una piscina, charlar y disfrutar con los niños -sobrinos incluidos- y tener tiempo hasta para derrochar. Cada año el fin de semana en Chiclana supone para nosotros algo así como el pistoletazo de salida o arranque del verano. El inicio de un periodo que se estira hasta septiembre o casi hasta la feria de Fuengirola, allá por la segunda semana de octubre.

Lo que empezó siendo una excepción y algo puntual se ha convertido en costumbre y ahora está casi tan asimilado en nuestros veranos como la arena de playa o las sardinas en espeto. Los niños se lo pasan bomba, disfrutan de lo lindo, y los padres, que no deseamos otra cosa que contemplarlos con una sonrisa en la cara, también lo pasamos estupendamente.

El hotel está en primerísima línea de playa y siempre que puedo me regalo un largo paseo por la amplia orilla que la costa chiclanera posee. El Atlántico parece que es de un azul más salado que el Mediterráneo y el viento trae tantas buenas nuevas como tristes despedidas. Y tan pronto como llegamos toca el momento de partir. Hasta el próximo verano.


domingo, 5 de mayo de 2019

Bob Dylan en casa

Bob Dylan no vino a actuar al salón de mi casa, pero casi. Vino a mi localidad, a Fuengirola. Venía de  actuar el día antes en Sevilla y se fue desde aquí seguidamente a Murcia. No era mi primer concierto de Dylan. La vez anterior lo vi en la plaza de toros de Málaga, la Malagueta, un 17 de abril de 1999. Recuerdo aquel concierto como uno de los conciertos con mejor sonido. Sonaba perfecto. También es cierto que yo estaba perfectamente situado en el mismísimo centro de grada frente al escenario.

Este año tomé las mismas medidas, centrado y a media altura frente al escenario. Con una puntualidad de lanzamiento espacial, y con una rigurosidad obstinada en contra del uso de los móviles dio comienzo el concierto. El sonido fue excelente, pero al ser la distancia más lejana y sobretodo el público con menor educación, no fue igual, en cambio vi a Dylan en muchísimo más en forma, o inspirado de lo que imaginaba. La banda que le acompañó era verdaderamente brillante. Cogen uno de sus clásicos, el que sea, le dan la vuelta, lo adornan, lo pintan, le ponen calzos, lo envuelven y te lo ponen delante. No te das cuenta de cuál es hasta que empieza a cantar, y a veces, si no te sabes la letra, aún tardas hasta el estribillo. ¿Una genialidad? ¿aburrimiento? ¿ganas de llamar la atención? ¿un juego? Quizás un poco de todo, pero a mí me encanta.

Teniendo en cuenta que el concierto que vi en el milenio pasado y éste, son de la misma gira, Never Ending Tour, -el título no lleva a confusión- es más que probable que le ha
ya dado tiempo a aburrirse de sus propios temas y que haya decidido, como distracción o juego, vencer ese aburrimiento con una genialidad, que es retorcer las canciones hasta casi hacerlas irreconocibles. Además ahora también traía un premio Oscar en su baúl de viaje y lo colocó sobre el piano. Pero todo no fueron giros instrumentales ni simetrías rítmicas, también hubo momento para ejecuciones perfectas. La interpretación de Scarlet Town me la llevaré a la tumba.

No quisiera dejar de escribir esta entrada sin comentar que las introducciones de las canciones, sin el famoso one, two three de los baterías, son maravillosos. A veces comenzaba el banjo, otras una guitarra que parecía estar afinando, a veces notas de piano sueltas, una maravilla.

La canción estaba andando, ya estaba sonando, pero no había terminado de arrancar, no habían entrado todos los instrumentos, alguno salía otro entraba, hasta que poco a poco, fue creciendo tanto que ya estaba yendo sola en su camino. Casi como cuando un niño aprende a andar. No había apenas silencio entre canción y canción, porque a veces algún instrumento se quedaba colgando en el tema anterior.

Por si se lo preguntan: sí, volvería ir a ver a Dylan sin pensarlo.


viernes, 22 de marzo de 2019

Nikki Hill en El Tren, Granada


Anunció Nikki Hill gira por España y una de sus paradas era en Granada, en la sala El Tren. Un miércoles. A una hora y media en carretera. Complicado, pero por fin pude ver a Nikki Hill. Ya se me había escapado en giras anteriores y no quería que esta vez se me esfumara otra oportunidad.

Rafa y yo fuimos a Granada, directos a la sala. Salí del trabajo, me recogió en la puerta y nos fuimos sin perder el tiempo. Vimos un conciertazo. Tienen una banda estupenda. Nikki tiene una voz que me encanta y lleva siempre un ritmo tan contagioso que desde el primer tema ya no puedes parar. Matt, su marido, toca la guitarra de forma desenfadada, como si hiciera algo simple y sencillo y hace que suene tan natural que te crees que lo que hace lo puede hacer cualquiera, pero todos sabemos que no. Laura Chávez es una verdadera superclass tocando la guitarra. Entra y sale de la canción casi sin darte cuenta, pero cuando se va la echas de menos. Es tan precisa que asusta. Nick Gaitan es de esos bajistas que hacen su trabajo, están ahí, con su bajo colgado hasta la tirantez, con los ojos cerrados, sintiendo el ritmo, algo suciete de sonido, pero queda estupendo y parece que disfruta tanto o más que los que estamos abajo en el piso gozando de su música. Marty Dodson es puro nervio, es de esos baterías que sabes que lo pones a tocar con quien sea y va a sacar buena nota. Tenía un toque jazz, y bluegrass. Muy cálido. Lo mirabas y parecía que estaba concentrado llevando la respiración. Muy top. Pero lo mejor de todo, sin duda, es el conjunto, que es espectacular.

Una de esas bandas que piensas que estás obligado a ir siempre que vengan. Que te has de apuntar casi como un pecado no ir a verlos. Y además los discos a mi juicio son cada vez mejores. Aparte de que cada vez que tocan una versión, la mejoran. ¡Muy muy muy recomendable!

domingo, 10 de marzo de 2019

Lord Bishop Rocks en el Louie Louie

Lord Bishop Rocks es una fuerza de la naturaleza. Así, sin tonterías. Para que se hagan una idea Lord Bishop es un negro de potente voz profunda, de casi dos metros de altura, que cuando agarra una guitarra entre sus enormes manos parece un juguete apunto de romperse, en cambio lo que realmente consigue es arrancar enérgicos riffs de rock punk n' funk.

Todo es grandilocuente en Lord Bishop Rocks, su puesta en escena también lo es. Luce una barba teñida de rosa, el pelo rapado lo lleva tapado con un pañuelo cual pirata y sobre el pañuelo va tocado con un sombrero  púrpura, al cuello lleva atado un largo y sedoso pañuelo de flores. Camiseta de Kiss y chaqueta de solapa.

Después de tan extravagante conjunto Lord Bishop se sube al escenario con un vaso de whisky en la mano, y tras una pomposa presentación al micro por el bajista -que tenía acento argentino-, agarra la guitarra, se coloca delante del micrófono y ya no hay nada que reprocharle. Una guitarra como un navajas, riffs al más estilo Prince, solos cual Hendrix y una voz como si John Lee Hooker le hubiera prestado la garganta. Entre trago largo y trago largo de whisky Lord Bishop Rocks fue entremetiendo temas suyos y versiones de sus bandas favoritas y así fue avanzando el concierto hasta las dos horas de duración.

Durante el concierto pidió que le acercaran un disco para promocionarlo y una vez lo hubo mostrado al público me lo ofreció desde el escenario ya que yo estaba en la primera fila. Me lo regaló. Luego en la zona donde venden el merch le compré otro y ya me lo firmó. Conciertazo.


domingo, 3 de marzo de 2019

Un día en Gibraltar

Hace tiempo que teníamos en la cabeza realizar una escapada de ida y vuelta en un día a Gibraltar, pero entre que el calendario está siempre saturado de actividades y que la climatología es a veces caprichosa, lo cierto es que por una razón o por otra al final siempre íbamos postergando la excursión. Pero llegó el día en el que el calendario parecía estar despejado de acontecimientos y obligaciones ineludibles y el cielo completamente despejado.

Madrugamos con la intención de llegar a Gibraltar pronto, para evitar atascos y también para aprovechar el día, porque el centro, las tiendas y la actividad comercial en Gibraltar y la vida en general no va mucho más allá de las 19:00, en muchos casos de las 17:00. 

Accedimos a Gibraltar cruzando la verja fronteriza directamente en coche. Dejamos el coche en un parking y realizamos el paseo completo por la Calle Real o Main Street, frente al City Hall o Ayuntamiento, donde contemplamos el cambio de guardia. También nos hicimos las típicas fotos con las anacrónicas cabinas telefónicas rojas. Al final de la calle compramos un billete que nos permitía subir en teleférico a la cima del peñón y desde allí obtuvimos estupendas vistas hacia Algeciras. También pudimos ver de cerca e incluso fotografiarnos con los famosos monos de Gibraltar, tan ladrones como resabidos.  Incluso realizamos el recorrido por las cuevas y bajamos dando un largo rodeo por todo el parque natural de Gibraltar. Además yo tomé los típicos "fish & chips", que estaban realmente ricos y para terminar de gastar las libras que nos habían dado de cambio compramos algo de chocolate tax free antes de regresar de vuelta.

Es una visita recomendable porque es original e irrepetible, bastante completa pero algo cara, porque todo allí es bastante más caro que lo es en España.

La única pega del día fue que la pobre Pepi se cayó y se hizo bastante en la mano al caer. Por suerte nada que necesitara intervención médica. Aunque el móvil necesitó pasar por el garaje. ¡Qué susto nos dimos con su caída!

sábado, 23 de febrero de 2019

Egon Soda en el MVA

Tan sólo dos días después de ver a Travers Brothership en Estepona tenía marcado en el calendario otro concierto, en esta ocasión en la Sala María Victoria Atencia de Málaga, en plena calle Ollerías. Había visitado el MVA (como se le suele conocer popularmente) con anterioridad, pero no en un concierto, sino en presentaciones de libros y conferencias.

La cita era para disfrutar en directo de Egon Soda, una banda muy complicada de ver en directo, pues cada uno de los componentes tienen proyectos en paralelo que dificulta las posibilidades de unión de todos. Había que aprovechar la oportunidad.

No soy aficionado en general de la música española, y me pesa porque me gustaría. Una de las principales razones de esta apátrida peculiaridad de mis gustos es, entre otras cosas, porque las letras en castellano me suelen parecer tontas en la gran mayoría de las veces, pretenciosas en otras muchas y rara vez pongo el sello de aprobado a las letras en castellano. Egon Soda se lleva el aprobado con nota en la portada del disco.

No debe ser sencillo alcanzar el equilibrio musical entre tantas batutas. Conseguir que la música de uno, la letra de otro, los arreglos, las adaptaciones encajen en una sola línea musical tiene mérito siempre, pero en el caso de Egon Soda todo parece haberse llevado a fin con simpleza y saber hacer, o esa es la sensación que te queda después de haber escuchado el concierto. Igual les ha resultado de una complejidad extraordinaria. No lo sé.

La voz de Ricky Faulkner es para mí uno más de los puntos fundamentales de Egon Soda. Es a la vez gruesa y dulce, cálida y vigorosa. Me encanta.

viernes, 22 de febrero de 2019

Travers Brothership en el Louie Louie

Desde la lejana North Carolina y con más de la mitad de la gira europea avanzada, Travers Brothership llegaron a Estepona, Málaga, a la ya clásica sala Louie Louie Rock Bar, con la intención presentar su disco Let The World Decide. Todo lo que yo había escuchado por Spotify y YouTube me había gustado. Era miércoles y aunque siempre hay complicaciones para un concierto entre semana, se pudo hacer.

Llegamos pronto a la sala, quizás demasiado pronto, gracias a ello pudimos ver la parte final de las pruebas de sonido. Los músicos y el encargado del sonido parecían muy exigentes pero al final se les vio muy satisfechos. El batería de la banda, y voz ocasional, Eric Travers, incluso se mostró muy satisfecho y afirmó en voz alta que era el mejor sonido de la gira. ¡The best fucking sound in the whole tour! Su hermano gemelo, guitarra y cantante principal, Kyle Travers parecía muy concentrado en la afinación. Aparte de ellos dos la banda se completa con Josh Clark al bajo y voces y Ian McIsaac a los teclados.

Todo parecía presagiar que íbamos a ver a una banda enchufada y así fue. Kyle es un virtuoso de la guitarra eléctrica y vino a demostrarlo. Lo consiguió. La armonía de las tres voces la hacen estupendamente. Les auguro un estupendo futuro. Su sonido es muy personal, creando una mezcla de  rock, soul, funk muy cálida y poseen momentos que me recordaron al enorme Frank Zappa. En los bises, tras más de una hora y media larga de concierto, Kyle dejó caer la guitarra tras un enorme solo de guitarra, como colofón, acoplando las vibraciones al estruendo final, y la cabeza de la Stratocaster se quebró. ¡Una lástima!

Al finalizar el show tuve la ocasión de poder charlar con ellos brevemente y de que me firmaran el cd. Fue un gran show. ¡Una lástima! Si tienen la fortuna de poder ir a uno de sus conciertos, yo no la dejaría pasar.