sábado, 2 de septiembre de 2017

Día 1. Cáceres - Salamanca

Ya estábamos de vacaciones todos en casa desde hacía dos semanas. Durante todos estos días habíamos estado ultimando un viaje en coche por España. Cantabria y Asturias como destino principal, pero por el camino teníamos previsto salpicar unos cuantos destinos que complementaran el viaje. Ir adecuándose al itinerario sin forzarlo pero sin ceñirse a un plan preestablecido cabezonamente. Algo de improvisación siempre viene bien.

Madrugamos bastante para intentar llegar a Cáceres, nuestra primera parada (si parar a desayunar no la contamos) para visitar lo principal antes del mediodía. Y lo conseguimos.

Aparcamos en el parking Obispo Galarza, bajamos a pie hasta la Plaza Mayor, allí está estratégicamente situada la oficina de turismo, donde nos recomendaron que para el tiempo del que disponíamos realizáramos la visita en trenecito, que recorría lo principal del centro, pero había que esperar hasta después del almuerzo porque ya estaba completo hasta después de esa hora. Decidimos visitar el casco histórico a pie.  Llevábamos muchos kilómetros recorridos sentados en el coche, y nos vino bien.

Iniciamos la visita al centro de Cáceres, Patrimonio de la Humanidad, por el Arco de la Estrella en dirección a la Plaza de Santa María. La idea era no visitar interiores en Cáceres, o al menos, no muchos, porque era una visita de paso. Tanto Pepi como yo ya la habíamos visitado hace años y aunque nos apetecía recorrerla tampoco nos podíamos entretener en demasía porque el tiempo, a pesar de lo que afirmaba Einstein, no se estira.

La plaza de Santa María en conjunto es una preciosidad. Está realizada con robustos sillares de granito, con edificaciones de alturas y proporciones similares, lo que logra una estampa muy homogénea, casi como un castillo. Aún mantiene esa sobriedad del románico tardío o gótico inicial -aún no sé diferenciar bien los estilos- pero el Renacentismo ya amanece en sus fachadas. En la base de la Iglesia de Santa María, en la esquina junto a la torre del templo, hay una reseñable escultura de San Pedro de Alcántara. Todos quisimos fotografiarnos allí.

Continuamos nuestra visita por la Plaza de los Golfines hasta la Plaza de San Jorge, allí subimos los escalones de la entrada de la Iglesia de San Francisco Javier, y a media ascensión, bajo dos escaleras simétricas y en una coqueta hornacina, examinamos de cerca la imagen de San Jorge sobre su caballo derrotando al dragón. A partir de ahí nos dejamos llevar contemplando torres vestidas de yedra, balcones con blasones y nidos de cigüeñas hasta que desembocamos en la Plaza de las Veletas.

En la plaza está el Museo de Cáceres, y en su interior el Aljibe Musulmán, y también una exposición de escultura y pintura. Nos pareció interesante visitarla. A los niños les prepararon una especie de juego con el objetivo de buscar obras y pegar unas pegatinas en un folleto donde aparecían las obras, y lo cierto es que estuvieron más entretenidos de lo habitual.

Después deshicimos nuestros pasos hacia la Plaza Mayor pero tomando otros caminos. Tanto pasear nos había abierto el apetito y fuimos a almorzar a un restaurante de la Plaza San Juan. Unos ibéricos, una torta del casar  -a Sofía le encantó- , unas migas y un carne y un postre dieron buena cuenta de nuestro apetito.

Regresamos al coche y continuamos nuestro trayecto. Dos horas más tarde estábamos llegando a Salamanca. Aparcamos el coche, subimos las maletas a la habitación del hotel y salimos pitando en taxi hacia el Convento de las Dueñas, pues teníamos que entrar antes de que cerraran. Lo conseguimos.

Este convento también lo habíamos visitado Pepi  y yo, y nuestro recuerdo era tan bonito que quisimos compartirlo con los niños. Les encantó al principio, luego empezaron a cansarse de mi obstinación por ver cada capitel del claustro pentagonal. Las vistas de la Catedral desde el lado noreste del claustro son inigualables. Como premio, al salir, visitamos la tienda y compramos una caja de la especialidad de las monjas, los amarguillos. A Miguelito le encantó.

Justo al otro lado de la calle está el Convento dominico de San Esteban, que posee una de las portadas más espectaculares que yo haya contemplado. Es una fachada, pero en realidad es un gran retablo en piedra. Aún estaba abierto el Convento, nos pareció extraño, pero así era y pudimos entrar, incluso pudimos acceder al claustro y también sentarnos en el asiento del confesionario de Santa Teresa de Jesús o visitar la botica. El retablo mayor es simplemente espectacular.

Abandonamos tan ilustre lugar y nos sentamos a descansar y estirar las piernas en un banco de piedra junto a unos cipreses de la Plaza del Concilio de Trento. Algún amarguillo cayó en ese descanso. Retomamos fuerzas y nos dirigimos a la Catedral de Salamanca.

En las escaleras de entrada de la Catedral una actriz muy bien caracterizada estaba interpretando una obra de teatro clásico, creo que La Celestina, apenas pude escuchar unas pocas frases cuando comenzó a caminar hacia otra parte de la ciudad, que le servía de escenario.

A esa hora del día ya habíamos cumplido con creces todo lo que nos habíamos propuesto visitar en nuestra primera jornada del viaje. Todavía nos dio tiempo a rodear la Catedral, acercarnos a la Universidad, encontrar la rana más famosa de Salamanca, y fotografiarnos junto a la estatua de Fray Luis de León mientras el anochecer caía sobre nosotros.  Por la calle Mayor llegamos hasta la Plaza Mayor, corazón de Salamanca. De noche la plaza iluminada con infinidad de luces nos obsequiaba con una postal verdaderamente hermosa. De ahí nos fuimos a picar algo en una de las calles perpendiculares a la Calle Mayor. Después volvimos a la concurrida Plaza Mayor que bien merecía una segunda visita nocturna. Cogimos un taxi que nos llevara al hotel, donde por fin pudimos descansar de un día tan completo.

jueves, 31 de agosto de 2017

Ben Harper en Marbella

Una de las agradables sorpresas del verano -otra más- fue la visita de Ben Harper al festival Starlite de Marbella. Un evento que no tenía intención dejar pasar. 

Allá por 2010 en el Hard Rock Calling celebrado en Hyde Park de Londres pude ver por primera vez a Ben Harper. En aquella ocasión venía acompañado con su banda Relentless7 y llegaba defendiendo en directo su recién editado álbum White lies for dark times. Guardo grandes recuerdos de aquella fecha.  En realidad a aquel festival fui para poder ver a Pearl Jam. ¡Qué gran recuerdo! Qué maravilloso Red Mosquito interpretaron juntos Pearl Jam y Ben Harper. Y además fue en la mismísima fecha de mi cumpleaños. Antes de la actuación de Pearl Jam, Eddie Vedder se unió a Ben Harper and Relentless7 e interpretaron el tema que compartieron Bowie y Queen, Under Pressure. ¡Fue un momento irrepetible!

Pero a Marbella Ben Harper vino sin banda, solo con sus guitarras y su silla. Un concierto imprevisible, porque tampoco venía para presentar ningún disco especialmente. Tan solamente su sobria discografía en el bolsillo y algunas versiones preparadas.

Lo primero que hizo Ben Harper al subir al escenario fue pedir perdón por el presidente que su país había dado al mundo. Explicó que se sentía tremendamente avergonzado. A partir de ahí todo fue un concierto maravilloso, con un Ben Harper muy inspirado, de muy buen humor y entregado. Los regaló algunos temas clásicos que todos esperábamos como Diamonds on the inside, Another lonely day, With my own two hands, Amen Omen, o Welcome to the cruel world. Además interpretó algunos de mis temas favoritos como Excuse me Mr, Call it what it is o la siempre dulce cover del Sexual healing de Marvin Gaye.

Por si fuese poco, con la excusa del concierto me reencontré con amigos con los que por la distancia no siempre es fácil quedar.


miércoles, 30 de agosto de 2017

El Sunset Limited - Cormac McCarthy

Hace tiempo que no escribo sobre nada sobre lo que leo, y aunque es cierto que cada vez la vida -y mis circunstancias-  me van dejando menos tiempo para leer, igualmente intento dejar un hueco en el día para leer.

Cormac McCarthy es uno de esos escritores que tienen un sello especial, distinto. Éste libro es un buen ejemplo de ello.

No sabría decir si es una novela perfectamente adaptable a teatro, o si es una obra de teatro perfectamente considerable como novela. En cualquier caso, da igual. Es una obra fabulosa, sobre un tema escabroso, pero mirándolo de cara, sin tapujos ni remiendos. 

Dos voces, dos pensamientos que están totalmente enfrentados, que difieren enormemente en sus planteamientos,  pero que son capaces de sentarse uno frente al otro, sin necesidad de llegar a ningún punto en común, ni de buscar ninguna salida, simplemente comprenderse, entender las causas y los fines. Un libro tremendamente vivo, hoy y en los próximos siglos. Muy recomendable.

martes, 15 de agosto de 2017

En las Alpujarras granadinas

Hacía ya bastantes años que no visitaba Las Alpujarras. Unos meses antes unos amigos nos comentaron la posibilidad de visitarla juntos, y a todos nos pareció una estupenda idea, aunque lo cierto es que no nos venía muy bien porque estábamos algo apretados tanto de agenda como de economía, pero hicimos un esfuerzo y nos regalamos una escapada de dos noches. Nos alojamos en la Villa Turística de Bubión, en unos apartamentos de dos plantas bastante acogedores situados en la parte alta de la villa.

Para llegar a Bubión hay que atravesar una buena cantidad de precipicios y muchísimas curvas, pero bien merece la pena. Es increíble lo cercano que tenemos de casa unas montañas tan abruptas y llenas de vegetación. Si no fuera por las edificaciones típicas de los pueblos blancos, tan similares a las que tenemos cerca de nuestra localidad, parecería que estuviéramos visitando un país extranjero.

Estas escapadas son necesarias, casi que diría que obligatorias. O deberían serlo. Respirar el aire puro de la sierra, alejarse de la cotidiana costumbre de las facilidades de las tecnologías, disfrutar relajadamente de las páginas de un libro escuchando de fondo el susurro de la brisa en la copa de los árboles, con el acompañamiento del rumor de las fuentes o el suave discurrir de la corriente del río, y si a todo lo anterior, además, lo aderezamos con compañía agradable y estupendas viandas y alguna siesta. Poco queda por añadir.

Nada más llegar a Bubión, una vez aparcado y dejado el equipaje en la villa, fuimos a almorzar. De regreso en una pequeña tienda donde vendían jarapas y vestimenta diversa realizada con lana, así como multitud de artículos naturales, encontré casi en una esquina en el suelo, junto con un montón de libros, Al sur de Granada de Gerald Brenan. Me hice con ella. Fue una de esas alegrías tontas de la vida.

El segundo día decidimos visitar Capileira y nos acercamos a pie. Lo cierto es que están muy cerca los dos pueblos. En apenas media hora se realiza el trayecto, aunque nosotros tardamos un poco más porque fuimos asomándonos a los miradores y porque éramos seis adultos y cinco niños, y quieras o no te entretienes. Entretenerse era en realidad parte del encanto. En Capileira, mientras los demás descansaban tomando un refresco, Sofía y yo decidimos -o más bien Sofía me convenció- realizar la ruta de las 12 fuentes. No la hicimos completa, pero casi. Echamos un buen rato juntos.

Todo los recuerdos de estos días son agradables salvo un par. El primero fue el susto que nos dio Pepi al resvalar por las escaleras, que aunque no le sucedió nada grave, se hizo un moratón en el trasero del tamaño de un generoso chuletón de buey. Luego yo, para no ser menos, también me caí caminando por el arcén de la carretera de camino de vuelta de Capileira. Metí la pata donde no debía, nunca mejor dicho, y caí doblándome la muñeca y me hice varios rasguños, pero poca cosa. Aquí seguimos ofreciendo batalla.

domingo, 13 de agosto de 2017

James Rhodes en el Teatro Cervantes

Vino James Rhodes al Teatro de Cervantes de Málaga a tocar el piano. Soy un amante de la música de piano.  A menudo en casa me pongo música de piano y desde que tengo Spotify más aún. Así que en cuanto vi la posibilidad de asistir al concierto no dudé. Me pillaba en vacaciones y aunque al día siguiente habría que madrugar, no importaba. Mi amigo Miguel también se apuntó.

Teníamos una ubicación ideal. Lo suficientemente cerca para comprobar su intensa capacidad de abstracción y lo suficientemente descentrados para poder ver esa concentración tomar forma en sus virtuosas manos. Rhodes fue intercalando piezas de Chopin, Bach (incluida su Chacona), e incluso Puccini.

Entre canción y canción Rhodes se levantaba de su taburete, con su ya clásica camiseta negra de Bach, cogía un micrófono que tenía apoyado en el suelo junto al piano, y nos introducía la siguiente pieza. Te contaba  a grandes trazos qué motivó al autor a escribir la obra, bajo qué circunstancias, o qué suponía aquella obra en el momento en el que se escribió. A cada obra una pequeña introducción. Muy ameno.

Quiso volver varias veces, muy agradecido, a interpretar bises. Después del concierto se sentó en una mesa a firmar sus libros. A mí me firmó el segundo, el primero lo dejé en el coche, pensando que no saldría a firmar. Me hubierta gustado que me firmara su Instrumental, pero bueno, otra vez será.

Después del concierto Miguel y yo fuimos a cenar, a darnos un pequeño homenaje. A añadir placeres.


domingo, 30 de julio de 2017

The Pretenders en Marbella

Apenas una semana después de disfrutar del concierto de Sting en Fuengirola, acudí al festival Starlite de Marbella, junto con mi amigo Miguel, para ver The Pretenders. Un cita que no podía dejar pasar.

La banda británica liderada por Chrissie Hynde siempre hizo música de mi agrado. He de reconocer que tenía ciertas dudas sobre el estado de la voz de Chrissie Hynde, pero desde el primer tema todas las dudas se esfumaron.  Chrissie tiene un pasado de excesos importante, pero también de superación, no en vano ahí está. Carácter nunca le ha faltado.

Lo primero que me llamó la atención del concierto fue la insistencia que pusieron en que no se se hiciera uso de los móviles durante la actuación. Lo dijeron por megafonía, colocaron carteles, e incluso proyectaron un texto en las pantallas junto al escenario advirtiendo la prohibición de la utilización de los móviles. En realidad, en practicamente todos los conciertos te advierten que está prohibido grabar y hacer fotografías, pero aquí lo remarcaron con insistencia.

El concierto comenzó. Chrissie salió con su habitual actitud rockera: baqueros ajustados, botas, cinturón negro, chaqueta roja y camiseta de Elvis. Toda una declaración de intenciones. Venía a dar guerra. Y la dio.

Chrissie comenzó la actuación más pendiente de que no se utilizasen los móviles que de otra cosa. Señalaba a quien veía usando un móvil para que se lo hicieran guardar, o en caso de negarse a abandonar el recinto. La jefa no quería ver a nadie "texting" mientras ella cantaba. Si quieres rock aquí estamos, si quieres text, get out! Esas son mis reglas. Lo dejó claro. Y ganó.

A partir de ahí todo fue sobre la seda. Una gran banda, defendiendo buenos temas, perfectamente trabajados, con ganas de agradar, y un público que había venido a lo que se viene a un concierto: ¡a disfrutar de la música en directo!

El repertorio fue completísimo: Don't get me wrong, Kid, Hymn to her, Let's get lost, Brass in pocket, Back on the Chain Gang, I'll stand by you... y muchas más. Creo que todos nos fuimos contentos, incluidos todos los de la banda.

viernes, 21 de julio de 2017

Sting en Fuengirola

Fue una sorpresa. No hubo ni rumores ni nadie lo esperaba. De repente lees en la prensa que Sting tocará en Fuengirola, donde presentará su último lanzamiento 57th & 9th. Algo que unas horas antes me hubiera parecido inverosimil, inesperadamente va tomando cuerpo poco a poco en mi cabeza. Se anunciaron además que también visitaban nuestra localidad Jamie Cullum, Michael Nyman o los Beach Boys, entre otros. Demasiados conciertos para tan poco tiempo. Hay que elegir. Mi economía no estira para tanto.

El elegido fue Sting. A Jamie Cullum ya lo había visto en dos ocasiones -ambas muy satisfactorias- y a Nyman también en una ocasión. Pero el elegido fue Sting. No iba a ser, a priori, su mejor gira, pero siempre quise ver a Sting.

El concierto me gustó mucho, si acaso, por ponerle una pega, es que fue justito de tiempo. Un par de canciones más en el bis, y ya todos hubiésemos salido plenamente satisfechos.

Las entradas que compramos resultaron estupendas. Centradas a más no poder en la única grada que colocaron expresamente para los conciertos de verano. Detrás del escenario el mar y la noche estrellada. El ambiente era estupendo y la puesta en escena no defraudó.

Antes de Sting tocó Ara Malikian, que te deja cansado de verlo corretear de un lado para otro del escenario con el violín entre las manos. Da miedo imaginar que se caiga en uno de sus acrobáticos saltos y rompa el violín.

Sting salió puntual -no esperaba menos de un británico-. Consultando los setlist de conciertos anteriores puedes comprobar que conforme ha ido avanzando la gira, el repertorio ha ido dejando atrás las canciones del nuevo disco y ha ido añadiendo los grandes clásicos que Sting y The Police atesoran en sus álbunes. Sting aún mantiene aún ágil sus cuerdas vocales.

El comienzo fue animado, con Synchronisity II, If I ever lose my faith in you y Spirits in a material world. Su tema ya clásico, English man in New York, me dejó algo descolocado, la cambiaron demasiado para mi gusto. Luego todo fue sobre ruedas hasta Shape of my heart, que fue uno de los momentos del concierto. Muy bien interpretada. Sólo esta canción ya valía la entrada. Me emocionó.  Sting siguió visitando sus discos, saltando de uno a otro a lo largo de toda su carrera, hasta acabar con Roxanne. Todos esperábamos que regresara al bis, faltaba el que es su gran éxito. Regresó e interpretó Every breath you take, pero para mi gusto el colofón llegó con Fragile, con Sting solo en el escenario, guitarra en mano. Una maravilla.

El setlist resultante fue muy equilibrado, incluso hubo tiempo para que su hijo, que le servía de coros durante el concierto, rindiera homenaje a David Bowie, con una estupenda y personal interprestación de Ashes to ashes. Se despidió y eché en falta uno de mis temas favoritos: Mad about you. Lástima. Otra vez será.


viernes, 16 de junio de 2017

M.C. Escher en Madrid

El día anterior había asistido al concierto de los Guns N' Roses en el Calderón. Seguía en Madrid con mi cuñado Francisco y no teníamos que coger el AVE hasta primera hora de la tarde. La idea era pasear por la capital, comprar unos regalos a la familia y poco más, pero si era posible, en ese poco más, visitar el Palacio de Gaviria, en la Calle del Arenal, junto a la Sala Joy Eslava.

El atractivo no era tanto visitar el Palacio de Gaviria en sí como disfrutar de la exposición sobre M.C. Escher que allí se exponía. Soy admirador del artista holandés desde hace muchos años. Desde pequeñito. Mi hermano solía comprar todos los meses la revista Muy Interesante y yo me la devoraba vorazmente. Ahí lo descubrí, en un artículo sobre geometría y las matemáticas. Algo así era. No recuerdo bien.

La exposición resultó ser estupenda. Muchas obras de muy buena calidad, muy bien expuestas, adecuadamente documentadas y explicadas, en un entorno precioso, y además como era lunes por la mañana la disfrutamos casi en solitario, sin prisas ni interrupciones.

Lo cierto es que practicamente todas sus obras me agradaron. Las hay que me gustan más y otras que menos, lógicamente, pero casi todas me atraen. Los grabados son maravillosos. Desde sus obras iniciales y de pequeño formato hasta las últimas. Su minuciosidad, su enrevesadas perspectivas, la imaginativa selección de la naturaleza, la creatividad geométrica, en general, todos sus obras tienen esa chispa distintiva que lo hace especial. Las obras realizadas para encuadernar libros, las que hizo de su viaje a Italia. Las estampas nocturnas son verdaderamentes extraordinarias. Una maravilla de exposición. Y por si fuese poco estaba muy bien montada en todos los aspectos. Incluso tenían espacios visuales interactivos muy amenos y divertidos. 


Pd: Incluso los precios de la tienda me parecieron adecuados.



sábado, 10 de junio de 2017

Segundas oportunidades

Hay ilusiones que se escapan, propósitos que se vuelven imposibles, proyectos inaccesibles y no siempre es culpa nuestra. Vinieron los Guns N' Roses a tocar a Sevilla, con los Faith No More y con Soundgarden. No recuerdo bien la razón ahora, pero no pude ir. Algo importante sucedería, imagino.

En aquellos años seguramente yo estaba volcado de lleno con los álbumes Angel Dust y Use Your Illusion, el I y el II. El Superunknown estaba a punto de caer. Por la razón que fuera no pude asistir al concierto y siempre me quedó una espinita por ello. Tengo amigos que fueron y siempre que lo nombran el pellizco aprieta.

Slash y Axl comenzaron a torcer su amistad y la separación fue un hecho. Poco después Mike Patton decidió involucrarse en nuevos proyectos. Y Soundgarden también puso un punto y seguido en su carrera poco después. Recientemente ese punto y seguido se ha convertido desgraciadamente en punto y final.

Cuando me llegaron los primeros rumores de que quizás hubiera gira de reunión de Guns N' Roses (Not in this lifetime Tour!) me prometí que en esta ocasión no podía faltar. No siempre hay una segunda oportunidad. Finalmente se hizo realidad. Hubo reunión y fui a verlos al Vicente Calderón, junto con mi cuñado Francisco y un par de amigos. Para colmo de telonero actuó Mark Lanegan, que me encanta, aunque el sonido en su caso dejó que desear. Como primeros teloneros también estuvieron Tyler Bryan and The Shakedown.

Lo cierto es que disfrutamos del concierto de lo lindo. Guns N' Roses tiene grandísimos temas que son ya clásicos del rock. Axl aún mantiene el timbre y Slash soporta el peso de gran parte del show más que brillantemente. Duff es esencia de rock, Fortus estuvo tremendo, como Dizzy y Frank Ferrer. Incluso Melissa encajó perfectamente. Un set brillante. Una noche para el recuerdo.



lunes, 5 de junio de 2017

Aprendiendo de la experiencia

Nos montamos en el coche mi niño y yo para ir hacia la Rosaleda. Partido grande. El Barcelona venía a nuestro campo con la liga en juego, en su habitual mano a mano con el Real Madrid. El Málaga en cambio estaba en la cuerda floja. Teníamos nuevo entrenador, pero de los últimos cuatro partidos habíamos perdido los dos partidos de casa y habíamos empatado contra el Leganés, aunque la jornada anterior habíamos ganado un partido decisivo en Gijón, 0-1.

El Barcelona llegaba y todo hacía presagiar una nueva derrota. Mi hijo me decía, como justificándose, que era muy probable que el Málaga perdiera e incluso que el Barcelona nos goleara. Yo le dije que sí, que era probable, pero que bueno, en el fútbol cada partido hay que jugarlo, que cada equipo juega a ganar y que nunca se sabe. Él me escuchaba, pero seguía con la misma cantinela: ya papá, pero el Málaga no está muy bien y el Barcelona tiene a Messi, y a Luis Suárez, Neymar, Iniesta, y a un montón de jugadores buenísimos. Lo veía imposible. Yo le insistía que sí, pero que seguro que jugaban con once, y que yo ya había visto ganar al Málaga 5-1 al Barcelona, y que tuviera fe. Me miró sorprendido, como si yo le estuviera engañando. Le expliqué que todo puede pasar, que es posible que perdamos pero que seguro que los jugadores lo iban a dar todo para ganar primero, y si no para no perder, y que lucharían incansablemente para evitar una goleada. Me miraba y callaba, no estaba muy convencido con lo que yo le contaba.

Comenzó el partido. Kameni salvó la primera del Barcelona a Luis Suárez. En el minuto 30 Sandro marcó en una contra a su ex-equipo. Neymar se expulsó en una niñería absurda en la segunda parte. Y al borde del final Jony marcó el segundo. Miguelito no se lo creía. El Málaga estaba derrotando al Barcelona. No cabía en sí de sorpresa. Finalizó el partido con salto de alegría.

Después de aquel día siempre me dice muy convencido que cualquiera puede ganar, por difícil que parezca. Y es que nada como el fútbol para aprender de la experiencia.


sábado, 20 de mayo de 2017

La comunión del microbio

No soy persona muy religiosa. Pero sí intento ser muy respetuoso con la de los demás, a pesar de los tiempos que corren, que no son fáciles. El asunto es que a Miguelito, mi chico, le "tocaba" hacer la comunión. Y digo le tocaba porque es algo en lo que la madre ha puesto cierto empeño, y él también, todo sea dicho. No sé si por las ganas de fiesta, por la posibilidad de los regalos, o por la inercia de las circuntancias sociales y familiares, pero así se hizo.

Lo cierto es que no me opuse, más o menos se puede decir que dejé hacer. No estoy para luchar contra la marea. Yo también hice la comunión y no por ello dejé de ser crítico. Como todo en esta vida, una comunión religiosa tiene cosas buenas y malas, pros y contras como se suele decir ahora. Normalmente intento enfocarme en el lado positivo de las cosas. Reunirse con familiares que no vemos muy a menudo,  disfrutar viendo a los pequeños jugando con sus amigos, la ilusión y los nervios de la madre, la ayuda en todo lo posible de su hermana Sofía o comprobar que la gente que te quiere arrima el hombro en lo que puede es una sensación reconfortante.

Afortunadamente ya todo pasó, y todo salió según lo deseado. Aún hay por la casa pequeños testidos del día, y la calma parece regresar poco a poco, o eso espero. ¡Felicidades microbio!