miércoles, 16 de noviembre de 2011

R. L. Stevenson - G. K. Chesterton

De vez en cuando me gusta colar entre mis lecturas alguna biografía, y ya llevaba un tiempo con ganas de leerme alguna sobre Robert Louis Stevenson. Me puse manos a la obra y buscando por Google encontré una biografía realizada por Gilbert Keith Chesterton, autor de múltiples biografías, ensayos, novelas y poemas del que nunca había leído nada. Sentí curiosidad por leer algo de Chesterton así que me decidí y de camino maté dos pajarracos de un tiro: leer a Chesterton y leer al mismo tiempo una biografía del inmortal autor edimburgués.

La biografía ha resultado ser menos biográfica de lo que yo en un principio esperaba. Es más bien un estudio centrado en la influencia de su trágica enfermedad, la tuberculosis, sobre su obra.

Chesterton nos cuenta que Stevenson sufrió una debilidad enfermiza desde muy joven, tanto que le impidió disfrutar de una infancia corriente, manteniéndolo largas temporadas en cama, encerrado en una habitación. Pero suele ocurrir que aquello que pudiera suponerle un futuro trauma fue, paradójicamente, lo que le salvó, porque lo que lo apartó del mundo exterior, lo acercó a los libros. Este dato, siempre según Chesterton, condicionó su personalidad. También afirma Chesterton que el novelista de extrañas poses, curiosos cortes de pelo y extravagantes vestimentas, fue un gran viajero, en parte para buscar alivio a su enfermedad en temperaturas más livianas, pero en parte, y no menos importante, para salir de aquel encierro, aquella cárcel que lo mantenía aislado, aquel asfixiante cautiverio de niebla. Stevenson, sin procurarlo, con la intención de liberarse de aquella infancia postrado en un cuarto, con la sola compañía de viejos volúmenes de batallas de guerras, inició una fuga de las galeras de su reducido encierro en busca de un cálido refugio, un hogar de libertad, una isla del tesoro.

Stevenson era un enamorado del teatro de marionetas infantil. Se dedicó sin disimulo en sus libros a los jóvenes, porque se dio cuenta que los muchachos estaban abandonando lo que él más había disfrutado, y probablemente, aquella gratuita dedicación, sin ser ciertamente consciente, significó también su felicidad.

Coincido, a pesar de mis pocas lecturas del autor escocés, en algunas sentencias de Chesterton sobre Stevenson, pero de todas, especialmente le doy la razón a aquellas que se ocupan en ensalzar la maravillosa virtud que poseía Stevenson para conseguir que parezca simple y fácil lo que en realidad es extremadamente difícil y complejo, en dibujar la precisa personalidad de una persona en un par de adjetivos y un sustantivo.

martes, 15 de noviembre de 2011

Días lluviosos

En ocasiones me encantan los días lluviosos. Todos, de vez en cuando, necesitamos alguna vez un día lluvioso. Asomarme a la ventana y ver la densa lluvia caer inclinada y lentamente me relaja. Suena absurdo pero es así. Otra cosa es el trastorno que provoca a la hora de salir, sobretodo si vas con niños, pero eso es otra historia bien diferente.

Les escribo sobre esos días en los que uno está en casa, y no le apetece salir a la calle, no tiene ningún plan ni encargo fuera de casa. Ocasiones en los que las zapatillas con calcetines de lana son el calzado para todo el día . Días en los que apetece más una sopa que un helado, un café más que una cerveza, algo de jazz más que de rock, un libro de Antón Chéjov antes que uno de Coetzee, en definitiva, un día lluvioso más que uno soleado...

domingo, 13 de noviembre de 2011

El montador

Estamos en tiempo de crisis y hay que apretarse el cinturón. Cada cual toma sus medidas, dependiendo de sus posibilidades y sus necesidades. Nosotros, en casa, también tomamos las nuestras, por eso nuestras últimas compras de hogar: una estantería para libros, que también hará las veces de zapatero, un sofá y un puf las hicimos en Ikea, donde nos ahorramos unos euros, pero tienen el inconveniente de que todo viene desmontado y hay que perder un buen tiempo trabajando para montarlas.

Me lo tomé como un pequeño reto personal. Dispuse todas las piezas ordenadamente por el salón. Preparé la caja de herramientas, y cuando tenía todo bien preparado para comenzar, me situé delante de la estantería donde tengo mis cds, y seleccioné un par de discos para acompañarme durante la faena.

Hubo un momento, mientras ensamblaba las últimas piezas del sofá, tumbado en el suelo boca arriba, viendo el trabajo casi terminado, mientras escuchaba el formidable Blue Train de John Coltrane, en el que me sentí verdaderamente satisfecho, orgulloso, del trabajo bien hecho. Así que, en realidad, disfruté del trabajo de montar los muebles.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Cerveza Brahma

Un buen anuncio fresquito de cervezas siempre sienta bien a la salud de este blog, así que no se anden con remilgos, ni con estrecheces, pongan el volumen, maximicen la pantalla y hagan el favor de darle al play.



Espero algún día probar esta cervecita y presentársela.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Ellen Page

La primera vez que vi a Ellen Page en la gran pantalla fue con la película Hard Candy, y la verdad fue que me sorprendió muy gratamente la película, así como su actuación. Luego vino Juno, que me pareció una muy buena película y otra gran actuación. Después he visto Origen y Gente Inteligente, en ambas interpretando papeles diametralmente opuestos y los dos muy bien llevados a cabo. Desde entonces la señorita Page se ha ganado mis respetos, y ver su nombre incluido en el reparto de una película es un atractivo añadido. Por si fuese poco, próximamente actuará en la nueva película de mi admiradísimo Mr Allen, Bop Decameron.

Definitivamente la señorita Page es otra de mis debilidades.


martes, 8 de noviembre de 2011

Estudio en escarlata - Arthur Conan Doyle

Arthur Conan Doyle fue un escritor prolífico. Escribió novelas de historia, de ciencia ficción, de misterio, de intriga, de terror..., pero es conocido mundialmente por la creación de uno de los personajes más célebres en la historia de la literatura: Sherlock Holmes.

La obra completa de las aventuras del excéntrico detective constan de cuatro novelas y nada menos que 57 relatos, todos estos vienen normalmente reunidos en cinco colecciones. Por orden cronológico, la primera de todas las obras, en la que se presenta por primera vez al observador Holmes, en voz de su coinquilino Watson, es Estudio en escarlata, que además es la primera de las cuatro novelas.

Hace un par semanas, curioseando por mi librería habitual, tropecé con una edición en dos volúmenes de las cuatro novelas de las aventuras de Holmes. Una coqueta edición, con un precio asequible. El primer volumen, que finalmente adquirí, contiene las novelas primera y cuarta, mientras que el segundo volumen incluye la segunda y la tercera. No me pregunten por qué se han distribuido así. A mí también me parece absurdo e inapropiado, pero supongo que existirá alguna causa que desconozco, aunque sospecho, que así lo recomienda.

Estudio en escarlata
me ha encantado y no ha hecho más que incrementar mi interés por la obra del autor escocés.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Ikeando

Cada persona tiene sus manías, sus rituales, sus querencias y sus propias contradicciones. Yo, como cualquier hijo de barrio, también tengo las mías. Una de mis inclinaciones más habituales es evitar las grandes superficies. No es que padezca ninguna extraña variación de agorafobia ni nada por el estilo, es simplemente que, como cantó Serrat, "prefiero los artesanos más que las factorías".

Es bien sencillo, prefiero la cercanía de la tienda pequeña, donde todo está bien colocadito, donde el vendedor conoce perfectamente lo que se tiene entre manos, y, sobretodo, prefiero la cercanía de trato que ofrece el pequeño comercio. Por eso si tengo que comprar un libro prefiero veinte veces más comprarlo en una pequeña librería que en un gran almacén, o si, por ejemplo, quiero tomar un café, difícilmente me verán hacerlo en la cafetería de un centro comercial, en cambio, será fácil que lo haga en cualquier bar de barrio. Soy así, es una tontería, pero cada cual tiene sus manías y además creo que es bueno que así sea.

A pesar de lo anterior, en ocasiones, me veo ante la imposibilidad de evitarlo y sólo queda apretar los dientes y esperar que no rechinen demasiado.

Todo esto lo escribo hoy lunes, después de que el sábado sin poder remediarlo estuve, junto a la señora, en busca de un sofá en Ikea. Como imaginarán al final no compramos ningún sofá, pero, en cambio, nos trajimos dos estanterías, de las cuales una tengo que ir a devolver, una silla para el ordenador, una pequeña lámpara de lectura portátil, un juego de dieciocho piezas de vajilla, seis vasos, cuatro bowls, varios juegos de perchas... y ningún sofá. Repito: NINGÚN SOFÁ.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Por las mañanas

- ¿Oye, qué es lo que haces tú por las mañanas antes de desayunar?
- Pues, normalmente, lo que suelo hacer por las mañanas es salir a la calle y resolver un cubo de Rubik con una mano, mientras con la otra pues hago malabarismos con otros dos cubos de Rubik. Todo, en menos de un minuto. ¿Y tú?
- Yo, bueno, mientras me tomo el café, contemplo la calle por la ventana unos cinco minutos.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Una Hoegaarden Wit Blanche

Hoy toca presentar otra cerveza, y de nuevo he decidido hacerlo con una de las cervezas que tuve el placer de conocer en mi viaje a Bélgica. La probé en mi primera noche en Bruselas, en un elegante restaurante italiano de dos plantas, situado en la misma plaza en la que también teníamos situado nuestro hotel. Nos sentamos en una mesa junto a una ventana alta, con bonitas vistas hacia la plaza.

De entre todas las cervezas que ofrecía la carta, elegí, un poco a voleo, una que no había probado antes y que cumplía con el único requisito autoimpuesto de no tener un alto porcentaje de alcohol -afortunadamente en casi todas las cartas de cervezas de Bélgica indican, junto al precio, el grado de alcohol- porque como cada día a la hora de cenar ya iba bastante cargadito. Al final me decanté por una Hoegaarden Wit Blanche.

Es una cerveza belga con sólo un 4'9 % del volumen en alcohol. Según parece es una cerveza producida desde 1445 en la localidad del mismo nombre.

Viene presentada en una botella de color cobrizo bastante oscuro, que impide sospechar de antemano el color de la cerveza antes de servirla, lo que hace que sea más sorprendente aún al tirarla sobre su típico vaso hexagonal.

Es una cerveza suave, muy refrescante, con un color amarillo claro y turbio, a la par que brillante, tirando a limón, con una espuma muy menuda pero al mismo tiempo abundante. Al acercar la nariz a la cerveza recién tirada posee un toque a naranja que no fui capaz de apreciar después en el paladar, pero que me sorprendió.

Fue, si no recuerdo mal, la cerveza belga que más gustó a mi señora, y a mí, acostumbrado a acudir a las cervezas para sofocar calores, también me dejó buen recuerdo.

Es una lástima que en la foto que cuelgo no se aprecie bien el color de la cerveza. ¡Estas cámaras compactas!

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Thailife

No me considero un hombre de lágrima fácil, pero este anuncio me arrancó alguna que otra. El anuncio es tailandés, o eso supongo, pero viene subtitulado en inglés, aunque les aseguro que con la música y las excelentes interpretaciones de los protagonistas del anuncio se entiende suficientemente bien.



Este anuncio pellizca intensamente los sentimientos. Especialmente a los padres.

martes, 1 de noviembre de 2011

El Alquimista - Paulo Coelho

Comenzaré diciendo que éste es un libro que nunca deseé leer, pero que a pesar de ello, leí.

Si no recuerdo mal, todo comenzó hace algún tiempo, cuando leí durante varios meses los artículos de Coelho en la prensa. Al principio los leía con curiosidad, más tarde la curiosidad se tornó en poca cosa, quizás en un profundo aburrimiento y así, desinteresado, dejé de leer sus artículos. Y es que los artículos de este hombre me parecieron, ¿cómo decirlo?, quizá demasiado místicos para mis terrenales neuronas.

Años más tarde me surgió la fugaz posibilidad de una escapada a Tánger y conversando con alguien que había leído el libro, dijo que creía recordar que gran parte de la historia del libro se desarrollaba en la ciudad marroquí de Tánger, de manera que, aunque sin mucho convencimiento, se lo pedí prestado.

El tiempo pasó, y el posible viaje se esfumó, pero al libro no le ocurrió lo mismo y continuaba en la estantería del despacho de casa. Así pasaron los meses, adornando la habitación con su tapa dura, pero como no me gusta dilatar el tiempo de lectura de los libros cuando son prestados, me puse en ello, y aquí estoy.

El libro trata sobre un sueño, sobre un viaje y sobre señales en el camino, pero también sobre el entusiasmo en la vida, de la búsqueda de un tesoro, del amor y de la búsqueda de la propia Leyenda Personal. Y el resumen del libro bien podría ser: Sigue el camino de tus sueños.

Un libro de esos que dicen que nos hablan a nosotros mismos y que aunque no lo son, dan la sensación de que uno está leyendo un libro de autoayuda, o bien, viendo un anuncio de mimosín lamiendo un yogur con muesli. Sinceramente, mucho tiene que cambiar la cosa para que vuelva a leer un libro de Paulo Coelho.

Pd: Ya he tenido demasiado buen rollo, Epi y Blas, y Bambi paseando por el jardín de Wendy y Peter Pan, para bastante tiempo.