Una señora va a sacar el pasaporte.
El funcionario en turno le pregunta:
- ¿Cuantos hijos tiene, señora?
- Diez.
- ¿Cómo se llaman?
- Bernardo, Bernardo, Bernardo, Bernardo, Bernardo, Bernardo, Bernardo, Bernardo, Bernardo y Bernardo.
- ¿Todos se llaman Bernardo? ¿Y cómo hace para llamarlos cuando, por ejemplo, están jugando todos afuera?
- Muy simple, grito Bernardo y todos entran.
- ¿Y si quiere que vayan a comer?
- Igual. Grito: ¡Bernardo a comer! y todos se sientan a comer.
- Pero si usted quiere hablar con uno en particular, ¿cómo lo hace?
- !Ah! En ese caso, lo llamo por su apellido.
lunes, 28 de abril de 2008
martes, 22 de abril de 2008
Morphine - Buena
El vídeo no es gran cosa pero la canción es buena buena buena good good good, tal y como Mr Mark Sandman, líder de Morphine, canta en la propia letra de la canción. Espero que os guste. Esta canción tiene unos 15 años, que es algo que hay que valorar. Aún así sigue pareciendo actual. Es una de mis grandes referencias musicales.
miércoles, 16 de abril de 2008
Golazo de fútbol sala
Vaya golazo de fútbol sala. No sé ni el nombre del jugador, ni el equipo ni el resultado, pero el gol es para enmarcarlo. Vale la pena verlo varias veces.
lunes, 14 de abril de 2008
Rumbo a primera
Poco mejor podríamos haber soñado los aficionados del Málaga CF que nos saliesen las cosas en la mañana del domingo. Otro pasito, aunque esta vez de gigante. Todavía falta, es cierto, pero ahora parece que el viento sopla fuerte y a favor. Ocho puntos sobre el ascenso.No fue un partido vistoso en general, y se vieron muchas cosas aún que mejorar. En frente el segundo mejor equipo a domicilio, con aspiraciones a subir a primera y por si fuera poco se adelantaron en el marcador. Anulado rápidamente -menos mal- por un magnífico gol de Baha tras gran pase de Rossato. Quizás el gol más importante del partido. Después los goles de Hidalgo y Gerardo pusieron distancia en el marcador. Todo fue una fiesta.
Foto tomada prestada del diario As en internet. Durante la celebración del tercer gol. Carpintero, Silva, Gerardo, Hélder Rosário y Jon Erice.
Foto tomada prestada del diario As en internet. Durante la celebración del tercer gol. Carpintero, Silva, Gerardo, Hélder Rosário y Jon Erice.
domingo, 6 de abril de 2008
Seis años
Seis años llevamos mi sufridora mujer y yo casados. Seis años se dicen en menos de un segundo pero en ellos nos han cabido besos y risas, caricias y sueños, proyectos cumplidos, viajes, regalos con el corazón, lágrimas de alegría, abrazos y suspiros, hemos aprendido a vivir, a vivir juntos, a vivir felizmente juntos y hemos regalado la vida a nuestra hija, nuestra Sofía, fruto de nuestro amor y portadora de nuestra alegría y ahora nuestro proyecto de vida incluye otra más. Más vida. Más felicidad y más caricias y besos y sueños y abrazos... y así que pasen cien años.viernes, 4 de abril de 2008
El limonchelo
Hace algún tiempo que ando con ganas de sentarme a escribirles una pequeña historia que me traje de Roma, espero les guste.
Disfrutábamos mi mujer Pepi y yo de unos románticos días en la ciudad eterna, nuestros días en Roma consistían en pasear ociosamente por sus calles, admirar su majestuosos monumentos... y prácticamente hicimos todo lo que se espera de un turista al uso en una ciudad como la capital italiana. Aquella noche era ya nuestra última noche en la ciudad y no queríamos despedirnos de ella sin tomar una copita de limonchelo -aun con embarazo de Pepi por medio-, así que decidimos comprar una botella, de manera que también pudiéramos llevarnos el sobrante del licor como souvenir de vuelta a casa.
Anochecía mientras caminábamos por las calles de la Ciudad del Vaticano en dirección a los quioscos que hay cerca de la Basílica, imaginando que sería fácil que los puestos estuviesen abiertos y quizás, con algo de fortuna, podríamos finalmente comprar nuestra deseada botella. Con esa intención nos dirigimos al único puesto que desde la distancia vimos abierto, pero lo estaban cerrando. Había que actuar rápido. Le dije a Pepi que me esperara sentada en un banco que había justo a la vera nuestra en ese momento y que yo iría a comprarla, a lo que ella añadió que le trajese un botellín de agua. Así apreté el paso hasta llegar al puestecillo donde me atendió milagrosamente en un inteligible italespaninglis el quiosquero y pude volver con una botella de litro de limonchelo en una mano y una botellita de agua en la otra, que al precio que me la cobraron debía ser bendita. Con una botella en cada mano volvía yo abstraído intentando calcular en pesetas, sin poder utilizar los dedos de las manos -que tenía ocupados-, lo que me había costado la dichosa botellita cuando, no sé cómo, tropecé de lleno con un abuelo vestido con sotana roja que bruscamente cayó al suelo, intenté primeramente evitarle la caída y seguidamente a levantarse pidiéndole perdón mientras él maldecía en arameo. Le siguió, al pobre hombre, una tos seca, profunda e incesante, que fue a más y el anciano con sotana empezó a ponerse blanco, asfixiado, y seguidamente morado, con una mano en su garganta y la otra en el pecho, desistí en mi intento de incorporarlo.
La situación empezó a tener mala pinta de verdad. Yo no sabía cómo reaccionar, pensé que darle agua sería buena idea, así abrí apresuradamente la botella, con la intención de ofrecerle beber, mientras veía venir corriendo a mi señora gritándome no sé qué, que no fui capaz de comprender. El quiosquero, ajeno a todo, pegó un cerrojazo al puesto que debió espantar a todas las palomas de la Basílica de San Pedro al mismo tiempo que mi corazón se aceleraba. Aquel cerrojazo me imaginaba yo, sonaría igual que el de mi celda en el Castillo Sant Angelo. Maldije, esta vez yo, mi suerte mientras miraba alrededor desesperadamente buscando ayuda. Me acordé del móvil. Lo busqué por todos los bolsillos hasta que di con él. Tembloroso lo abrí y sentí un sudor frío. ¿A quién vas a llamar?, estúpido, ¿y qué le vas a decir?, ¡y en italiano!. Volví mi mirada lentamente hacia el anciano que había dejado de hacer ruido, temiéndome lo peor. Mi preocupación era mayor por momentos pero el anciano, milagrosamente parecía haber recuperado algo de color y ese hombre, el que instantes antes estaba jadeante, medio moribundo tenía en la boca una media sonrisa que no logré a comprender hasta que vi en su mano derecha mi botella de litro de limonchelo completamente vacía. Busqué con la mirada la botella de agua en el suelo, que encontré junto al anciano. Completamente llena y cerrada.
El anciano con las mejillas enrojecidas me alzó la mano con la intención de que lo ayudara a levantarse. Hip, hip. Una vez de pie y recompuesto, se presentó amigablemente. Joseph era su nombre pero dijo que lo llamáramos Ratzi. Nos echó los brazos a Pepi y a mí por encima. Y dijo: conozco un sitio no muy lejos de aquí, hip, donde tienen el mejor limonchelo de toda Roma, hip. Hace mucho, hip que sólo bebo vino, hip.
Nos llevó a su coche, y le persuadí para que me dejara conducir, pues aunque Ratzi, como buen alemán -nos informó de camino al coche- toleraba bien el alcohol. Comprendió que no era plan de que le quitaran puntos.
Aparcamos el Papamóvil en la misma puerta de "El Cielo" que es como se llamaba el sitio, nos abrió la puerta un tal Pedro, un amiguete de Ratzi desde hace bastante tiempo -nos dijo-. Había un ambiente algo retro, una luz tenue, escasa, muchas velas y crucifijos, el tono de color de la pared era como el de toda la ciudad, un amarillo ocre, pintado hace mil años. Todo amenizado con una actuación en directo de un coro interprentando música gregoriana, que al principio me llamó la atención pero que, poco a poco, fue pareciéndome incluso adecuada, sobre todo con el profundo olor a incienso. Nada más sentarnos nos trajeron una birra que había ordenado Ratzi con sólo levantar un dedo, que resultó ser San Miguel y bien fría, que entró por mi gaznate, después de tantas emociones, como una verdadera bendición. Ratzi nos aclaró que en "El Cielo" aceptaban propinas, pero que a diferencia de en los demás sitios no se dan al terminar la cena sino que algo más tarde pasarían el cepillo, también sorprendía que los camareros vestían una sobria sotana, algunos negra, otros marrón castaño. Todo muy chic.
Lo estábamos pasando divino, la verdad, hasta que entró en el local un numeroso grupo de hijos de satanás que como no tenían reserva Pedro les hizo saber que tendrían que esperar mesa libre junto a la barra de la entrada. Comenzaron a protestar y a exigir mesa con un tono altivo, incluso amenazador pero fue aun peor cuando, sin venir a cuento, entre risitas, le tocaron el culo a María Magdalena que estaba sola en la barra, entonces Ratzi, que le pilló toda la escena de frente, se puso rápidamente en pie, se dirigió hacia él, -luego nos enteramos que se hacía llamar Diábolo- y le pidió que se arrepintiese pidiéndole perdón a María Magdalena. Se hizo un silencio sepulcral. Diábolo no sólo hizo caso omiso sino que le endiñó una directa al ojo derecho que se le quedó un poco perjudicado. En ese mismo instante todo cristo, a la vez, se pusieron en pie y empezaron a repartir hostias a cascoporro. Plaf, bum, zas.
Volaron sillas, se empuñaron botellas rotas de cristal, aquello se convirtió durante unos instantes en un infierno. Pepi y yo aprovechamos la confusión general para intentar escaparnos hacia la cocina donde milagrosamente encontramos refugio. Cristales rotos, crujir de huesos, quejidos... cada vez quedaban menos en pie. La escena era dantesca. Los hijos de satanás recibieron lo que merecían. Los pusieron colorados y mirando hacia Belén, pobres angelitos parecían almas en pena. Se lió una buena ciertamente.
Ratzi se acercó hacia donde estábamos nosotros, abrió una despensa que había de camino y sacó una botella de limonchelo. Nos la ofreció guiñando con el ojo bueno y nos señaló con un movimiento de cabeza la salida de emergencia, al mismo tiempo que se escuchaban acercarse las sirenas de los coches de carabinieri. Id en paz, dijo. Nos apresuramos en salir, cruzamos la calle como si nada fuese con nosotros, giramos la esquina y suspiramos deseando a nuestro amigo lo mejor.
Desde entonces siempre que tomamos limonchelo brindamos por su salud.

Disfrutábamos mi mujer Pepi y yo de unos románticos días en la ciudad eterna, nuestros días en Roma consistían en pasear ociosamente por sus calles, admirar su majestuosos monumentos... y prácticamente hicimos todo lo que se espera de un turista al uso en una ciudad como la capital italiana. Aquella noche era ya nuestra última noche en la ciudad y no queríamos despedirnos de ella sin tomar una copita de limonchelo -aun con embarazo de Pepi por medio-, así que decidimos comprar una botella, de manera que también pudiéramos llevarnos el sobrante del licor como souvenir de vuelta a casa.
Anochecía mientras caminábamos por las calles de la Ciudad del Vaticano en dirección a los quioscos que hay cerca de la Basílica, imaginando que sería fácil que los puestos estuviesen abiertos y quizás, con algo de fortuna, podríamos finalmente comprar nuestra deseada botella. Con esa intención nos dirigimos al único puesto que desde la distancia vimos abierto, pero lo estaban cerrando. Había que actuar rápido. Le dije a Pepi que me esperara sentada en un banco que había justo a la vera nuestra en ese momento y que yo iría a comprarla, a lo que ella añadió que le trajese un botellín de agua. Así apreté el paso hasta llegar al puestecillo donde me atendió milagrosamente en un inteligible italespaninglis el quiosquero y pude volver con una botella de litro de limonchelo en una mano y una botellita de agua en la otra, que al precio que me la cobraron debía ser bendita. Con una botella en cada mano volvía yo abstraído intentando calcular en pesetas, sin poder utilizar los dedos de las manos -que tenía ocupados-, lo que me había costado la dichosa botellita cuando, no sé cómo, tropecé de lleno con un abuelo vestido con sotana roja que bruscamente cayó al suelo, intenté primeramente evitarle la caída y seguidamente a levantarse pidiéndole perdón mientras él maldecía en arameo. Le siguió, al pobre hombre, una tos seca, profunda e incesante, que fue a más y el anciano con sotana empezó a ponerse blanco, asfixiado, y seguidamente morado, con una mano en su garganta y la otra en el pecho, desistí en mi intento de incorporarlo.
La situación empezó a tener mala pinta de verdad. Yo no sabía cómo reaccionar, pensé que darle agua sería buena idea, así abrí apresuradamente la botella, con la intención de ofrecerle beber, mientras veía venir corriendo a mi señora gritándome no sé qué, que no fui capaz de comprender. El quiosquero, ajeno a todo, pegó un cerrojazo al puesto que debió espantar a todas las palomas de la Basílica de San Pedro al mismo tiempo que mi corazón se aceleraba. Aquel cerrojazo me imaginaba yo, sonaría igual que el de mi celda en el Castillo Sant Angelo. Maldije, esta vez yo, mi suerte mientras miraba alrededor desesperadamente buscando ayuda. Me acordé del móvil. Lo busqué por todos los bolsillos hasta que di con él. Tembloroso lo abrí y sentí un sudor frío. ¿A quién vas a llamar?, estúpido, ¿y qué le vas a decir?, ¡y en italiano!. Volví mi mirada lentamente hacia el anciano que había dejado de hacer ruido, temiéndome lo peor. Mi preocupación era mayor por momentos pero el anciano, milagrosamente parecía haber recuperado algo de color y ese hombre, el que instantes antes estaba jadeante, medio moribundo tenía en la boca una media sonrisa que no logré a comprender hasta que vi en su mano derecha mi botella de litro de limonchelo completamente vacía. Busqué con la mirada la botella de agua en el suelo, que encontré junto al anciano. Completamente llena y cerrada.
El anciano con las mejillas enrojecidas me alzó la mano con la intención de que lo ayudara a levantarse. Hip, hip. Una vez de pie y recompuesto, se presentó amigablemente. Joseph era su nombre pero dijo que lo llamáramos Ratzi. Nos echó los brazos a Pepi y a mí por encima. Y dijo: conozco un sitio no muy lejos de aquí, hip, donde tienen el mejor limonchelo de toda Roma, hip. Hace mucho, hip que sólo bebo vino, hip.
Nos llevó a su coche, y le persuadí para que me dejara conducir, pues aunque Ratzi, como buen alemán -nos informó de camino al coche- toleraba bien el alcohol. Comprendió que no era plan de que le quitaran puntos.
Aparcamos el Papamóvil en la misma puerta de "El Cielo" que es como se llamaba el sitio, nos abrió la puerta un tal Pedro, un amiguete de Ratzi desde hace bastante tiempo -nos dijo-. Había un ambiente algo retro, una luz tenue, escasa, muchas velas y crucifijos, el tono de color de la pared era como el de toda la ciudad, un amarillo ocre, pintado hace mil años. Todo amenizado con una actuación en directo de un coro interprentando música gregoriana, que al principio me llamó la atención pero que, poco a poco, fue pareciéndome incluso adecuada, sobre todo con el profundo olor a incienso. Nada más sentarnos nos trajeron una birra que había ordenado Ratzi con sólo levantar un dedo, que resultó ser San Miguel y bien fría, que entró por mi gaznate, después de tantas emociones, como una verdadera bendición. Ratzi nos aclaró que en "El Cielo" aceptaban propinas, pero que a diferencia de en los demás sitios no se dan al terminar la cena sino que algo más tarde pasarían el cepillo, también sorprendía que los camareros vestían una sobria sotana, algunos negra, otros marrón castaño. Todo muy chic.
Lo estábamos pasando divino, la verdad, hasta que entró en el local un numeroso grupo de hijos de satanás que como no tenían reserva Pedro les hizo saber que tendrían que esperar mesa libre junto a la barra de la entrada. Comenzaron a protestar y a exigir mesa con un tono altivo, incluso amenazador pero fue aun peor cuando, sin venir a cuento, entre risitas, le tocaron el culo a María Magdalena que estaba sola en la barra, entonces Ratzi, que le pilló toda la escena de frente, se puso rápidamente en pie, se dirigió hacia él, -luego nos enteramos que se hacía llamar Diábolo- y le pidió que se arrepintiese pidiéndole perdón a María Magdalena. Se hizo un silencio sepulcral. Diábolo no sólo hizo caso omiso sino que le endiñó una directa al ojo derecho que se le quedó un poco perjudicado. En ese mismo instante todo cristo, a la vez, se pusieron en pie y empezaron a repartir hostias a cascoporro. Plaf, bum, zas.
Volaron sillas, se empuñaron botellas rotas de cristal, aquello se convirtió durante unos instantes en un infierno. Pepi y yo aprovechamos la confusión general para intentar escaparnos hacia la cocina donde milagrosamente encontramos refugio. Cristales rotos, crujir de huesos, quejidos... cada vez quedaban menos en pie. La escena era dantesca. Los hijos de satanás recibieron lo que merecían. Los pusieron colorados y mirando hacia Belén, pobres angelitos parecían almas en pena. Se lió una buena ciertamente.
Ratzi se acercó hacia donde estábamos nosotros, abrió una despensa que había de camino y sacó una botella de limonchelo. Nos la ofreció guiñando con el ojo bueno y nos señaló con un movimiento de cabeza la salida de emergencia, al mismo tiempo que se escuchaban acercarse las sirenas de los coches de carabinieri. Id en paz, dijo. Nos apresuramos en salir, cruzamos la calle como si nada fuese con nosotros, giramos la esquina y suspiramos deseando a nuestro amigo lo mejor.
Desde entonces siempre que tomamos limonchelo brindamos por su salud.

jueves, 20 de marzo de 2008
El día del padre y el santo de mi Pepi

Ayer celebré mi segundo día del padre aunque el de este año es realmente el primero en el que Sofía me da las felicidades, me dijo "Felicidades papito" y se me inundó la cara de alegría.
Me regaló el aclamado disco que ya recomendé con anterioridad en este blog de Nick Cave & the Bad Seeds - Dig, Lazarus dig. Lo recomendé con la clara intención de evitar regalos no deseados. Ejem. También me regaló el libro de Philip Roth - Elegía, que espero leer pronto, adelantándolo a los que están en espera a ser leídos, porque llevo ya bastante tiempo deseando cruzarme, en mi butaca de lectura con él.
Como sorpresa final Sofía me trajo otro libro. Éste con una clara referencia al día del padre: 1000 Razones para ser el mejor padre. Donde hay 1000 citas recopiladas por Rebecca Hall de 1000 razones... bueno el título lo dice todo. De vez en cuando colocaré alguna que venga a cuento. Hoy dejo escrita la primera, que no está nada mal.
Me regaló el aclamado disco que ya recomendé con anterioridad en este blog de Nick Cave & the Bad Seeds - Dig, Lazarus dig. Lo recomendé con la clara intención de evitar regalos no deseados. Ejem. También me regaló el libro de Philip Roth - Elegía, que espero leer pronto, adelantándolo a los que están en espera a ser leídos, porque llevo ya bastante tiempo deseando cruzarme, en mi butaca de lectura con él.
Como sorpresa final Sofía me trajo otro libro. Éste con una clara referencia al día del padre: 1000 Razones para ser el mejor padre. Donde hay 1000 citas recopiladas por Rebecca Hall de 1000 razones... bueno el título lo dice todo. De vez en cuando colocaré alguna que venga a cuento. Hoy dejo escrita la primera, que no está nada mal.
Desde el principio comprendiste
que un hijo no es una posesión, sino un regalo.
que un hijo no es una posesión, sino un regalo.
El mismo día del padre se celebra el día de San José con lo que hay que felicitar a medio mundo, entre ellos, mi mujer, mi madre, mi suegra, mi hermano, una cuñada, un cuñado y mi jefe. Repartir muchos regalos pero yo a mi mujer le regalé el libro de Federico Moccia - Perdona si te llamo amor, además de una chaqueta gabardina que eligió ella, por supuesto. El libro me pareció acertado pues está desarrollado en Roma, del que recién hemos vuelto y podrá pasear por las páginas y doblar las esquinas (de las páginas) para revivir el viaje durante la lectura.
¡¡Feliz día a todos los padres y a los que celebren su onomástica el día de San José!!
¡¡Feliz día a todos los padres y a los que celebren su onomástica el día de San José!!
sábado, 15 de marzo de 2008
Roma - Parte septima
Salimos de la Trattoria con renovados ánimos para caminar durante la tarde. Lo primero que visitamos, casi de casualidad, fue la Piazza del Parlamento y su majestuoso edificio, aunque nuestro primer destino de la tarde era la Iglesia de San Luis de los Franceses, muy cerca de la Piazza Navona. Destacan en su dorado interior tres obras de Caravaggio sobre el evangelista San Mateo.Nuestra siguiente visita programada era la Catedral de Roma, pero antes nos fotografiamos ante la famosa estatua del Pasquino, que resultó ser más una curiosidad que otra cosa.
San Giovanni Laterano o también conocida como San Juan de Letrán está un poco alejada del centro, pero bien comunicada. Llegamos en autobús hasta la parte posterior de la Archibasílica, la rodeamos hasta su maravillosa fachada, que la coronan distintas estatuas, siendo la del centro la de Cristo. Visitamos bajo pago de entrada en el cuidado claustro. Disfrutamos de un bonito paseo dentro de él. Nos fuimos boquiabiertos de allí y pudimos admirar el obelisco más alto del mundo, o eso dicen. También cerca de esta basílica está el edificio que alberga la Escalera Santa, una escalera cuyos escalones, traídos de Tierra Santa, son según la tradición los mismos que subió Cristo en el palacio de Pilato. No se permite subirlos de pie. Los devotos los suben de rodillas. Nosotros, claro está, no la subimos.Tomamos el metro en dirección a la Piazza Barberini, para poder ver la Fontana del Tritone y seguidamente pasear por Via del Tritone, donde paramos a tomar un chocolate con pasteles, hacia Via del Corso. Paseamos dejándonos llevar por el momento, curioseando en librerías, tiendas de ropa o música disfrutando de la musicalidad del acento italiano y observando cuán parecidos somos los españoles con ellos.
Una vez en el hotel nos duchamos y nos pusimos guapos para ir seguidamente a cenar a una pizzería trattoria con horno de leña, a la que habíamos echado el ojo la noche anterior, que estaba cerca del hotel, en el Trastevere, donde tampoco comimos nada mal. De entrada pan de ajo, luego Pepi se pidió spaguetti frutti di mare y yo unos spaguetti carbonara muy sabrosos, y encima unos postres para terminar de rematar el irrepetible día.viernes, 14 de marzo de 2008
Roma - parte sexta
Sábado, 1 de Marzo 2008
Empezamos el sábado dando un paseo hasta la Basílica de Santa Maria in Trastevere, muy cerca de nuestro hotel. En la cúpula del ábside se puede admirar un mosaico de la Coronación de Virgen. Es posiblemente el mosaico más bonito que jamás he visto, o al menos que yo recuerde. El único problema es que hay que pagar para que se enciendan los focos que la iluminan. También destaca el bello techo de madera.
Empezamos el sábado dando un paseo hasta la Basílica de Santa Maria in Trastevere, muy cerca de nuestro hotel. En la cúpula del ábside se puede admirar un mosaico de la Coronación de Virgen. Es posiblemente el mosaico más bonito que jamás he visto, o al menos que yo recuerde. El único problema es que hay que pagar para que se enciendan los focos que la iluminan. También destaca el bello techo de madera.Chispeaba un poco cuando salimos de la Basílica, pero nada nos detuvo en nuestro camino a la Basílica de Santa Cecilia en Trastevere. Llegamos tras un bonito paseo entre pequeñas callejuelas con encantadores rincones. Lo que más llama la atención es que la Basílica tiene un patio delante de la fachada, además de un campanario del siglo XII, aunque lo que realmente atrae al turista a este sagrado lugar es una escultura barroca de El martirio de Santa Cecilia. En ella la Santa aparece decapitada, algo poco usual.
Seguimos calle abajo por lo que es conocido como la Florencia de Roma, entre bonitos caserones y altos árboles buscando el curso del río Tíber. Cruzamos el río por el Ponte Palatino y nos hicimos unas fotos junto a los milagrosamente bien conservados templos del Forum Boarium, especialmente el circular dedicado a Hércules. También hicimos algunas fotos de La Fontana dei Tritoni. Desde allí pudimos ver la cola de gente para hacerse la foto en Santa Maria in Cosmedin.
Santa María in Cosmedin es conocida, como todo el mundo sabe, por la Bocca della Verità. Famosa por la película de Vacaciones en Roma, donde según cuenta la tradición aquella persona que introduzca la mano en la Bocca y sea un mentiroso será mordido. En fin, que el lugar estaba lleno de japoneses, Pepi y Yo. Hicimos más cola que en ningún sitio para tener la perseguida foto. La iglesia además posee un elegante campanario románico y aunque es bastante sobria y libre de adornos tiene un encanto difícil de explicar. Allí mismo compramos los llaveros que nos llevamos de souvenir.
Continuamos nuestro paseo por la ciudad eterna junto al río hasta la Isola Tiberina, cruzamos el puente Fabricio -el más antiguo de Roma desde el 62 a.C.- para entrar en la isla. Volvimos sobre nuestros pasos y seguimos el curso del río hasta Campo de Fiori, donde curioseamos en el animado mercado, donde se venden cantidad de especies, frutas, verduras... alrededor de la estatua encapuchada en el centro que nos recuerda que allí se quemaban a los herejes en la hoguera.
Como ya era la hora de almorzar fuimos en busca de una tratoria que nos habían recomendado que estaba ubicada en Via dei Prefetti. Pasamos de nuevo por Piazza Navona hasta llegar a la Tratoria da Ugo e Maria. Gran recomendación. Nuestra mejor comida en Roma. Auténtica comida casera.
Seguimos calle abajo por lo que es conocido como la Florencia de Roma, entre bonitos caserones y altos árboles buscando el curso del río Tíber. Cruzamos el río por el Ponte Palatino y nos hicimos unas fotos junto a los milagrosamente bien conservados templos del Forum Boarium, especialmente el circular dedicado a Hércules. También hicimos algunas fotos de La Fontana dei Tritoni. Desde allí pudimos ver la cola de gente para hacerse la foto en Santa Maria in Cosmedin.Santa María in Cosmedin es conocida, como todo el mundo sabe, por la Bocca della Verità. Famosa por la película de Vacaciones en Roma, donde según cuenta la tradición aquella persona que introduzca la mano en la Bocca y sea un mentiroso será mordido. En fin, que el lugar estaba lleno de japoneses, Pepi y Yo. Hicimos más cola que en ningún sitio para tener la perseguida foto. La iglesia además posee un elegante campanario románico y aunque es bastante sobria y libre de adornos tiene un encanto difícil de explicar. Allí mismo compramos los llaveros que nos llevamos de souvenir.
Continuamos nuestro paseo por la ciudad eterna junto al río hasta la Isola Tiberina, cruzamos el puente Fabricio -el más antiguo de Roma desde el 62 a.C.- para entrar en la isla. Volvimos sobre nuestros pasos y seguimos el curso del río hasta Campo de Fiori, donde curioseamos en el animado mercado, donde se venden cantidad de especies, frutas, verduras... alrededor de la estatua encapuchada en el centro que nos recuerda que allí se quemaban a los herejes en la hoguera.Como ya era la hora de almorzar fuimos en busca de una tratoria que nos habían recomendado que estaba ubicada en Via dei Prefetti. Pasamos de nuevo por Piazza Navona hasta llegar a la Tratoria da Ugo e Maria. Gran recomendación. Nuestra mejor comida en Roma. Auténtica comida casera.
lunes, 10 de marzo de 2008
Roma - Parte quinta

Cuando salimos del McDonald's, bastante más descansados, ya había dejado de llover, por lo que volvimos a la Piazza di Spagna. Dimos una vuelta por toda ella. Subimos y bajamos los famosos escalones buscando un bonito ángulo para retratarnos como los dos típicos turistas que verdaderamente éramos. Luego a los pies de la escalinata nos hicimos arriesgadas fotografías en la Fontana della Barcaccia, obra del padre del más famoso de los Bernini. Y sentimos el orgullo de tener una Plaza tan bella con el nombre de nuestro país en una ciudad como Roma.
Bajamos por la carísima Via di Condotti, admirando los escaparates. Todas las "marcas" están allí. Al final giramos a Via del Corso hacia la Piazza del Popolo, donde escogimos cuidadosamente un apartado banco donde descansar y poder disfrutar de las distracciones de la animada plaza. Después de tomar fuerza visitamos Santa María del Popolo y pasamos junto al obelisco egipcio dedicado a Ramses II que tenía como antigua ubicación el Circo Máximo y volvimos la vista atrás para desde otro ángulo admirar las iglesas gemelas que parecen hacer de portico de entrada a la Via del Corso.
Una vez dentro de la Chiesa Santa María del Popolo, en la capilla Chigi, Pepi me hizo saber que dentro de ella transcurre una escena del libro de Ángeles y Demonios de Dan Brown. ¡Qué culta es mi mujer! Antes de irnos, disfrutamos de la contemplación de varios cuadros de Caravaggio. Desde la escalinata que da acceso a la iglesia decidimos tomarnos un café en una cafetería que estaba justo en la otra esquina de la plaza. Nos tomamos los cafés más caros de nuestra vida. Yo me tomé un cappuccino de 5.50 € y Pepi un cappuccino descaffeinato de 8.00 €. Impresionante. Creo que nos costó más barato almorzar en el McDonalds.
Una vez psicológicamente repuestos del asalto, bajamos por Via del Corso hasta la Piazza Colonna y seguidamente el Palazzo Chigi. Desde allí volvimos a pasar junto a la Fontana di Trevi y terminamos en la puerta del Quirinale. Paseamos por los alrededores de la Fontana di Trevi buscando unos souvenirs. Tomamos un microbús de línea que resultó ser eléctrico, supongo que por aquello de la contaminación dentro del centro de Roma. Nos dio un buen paseo por Roma hasta dejarnos en la Piazza Argentina. Desde donde tomamos el tranvía dirección al hotel. Donde hicimos un alto antes de irnos a cenar.
Volvimos para cenar en la misma pizzeria-tratoria de la noche anterior, en el Trastevere. En la Via San Francesco a Ripa. Esta vez me pedí unos espagueti carbonara, que estaban exquisitos. ¡Mamma mia!
Bajamos por la carísima Via di Condotti, admirando los escaparates. Todas las "marcas" están allí. Al final giramos a Via del Corso hacia la Piazza del Popolo, donde escogimos cuidadosamente un apartado banco donde descansar y poder disfrutar de las distracciones de la animada plaza. Después de tomar fuerza visitamos Santa María del Popolo y pasamos junto al obelisco egipcio dedicado a Ramses II que tenía como antigua ubicación el Circo Máximo y volvimos la vista atrás para desde otro ángulo admirar las iglesas gemelas que parecen hacer de portico de entrada a la Via del Corso.
Una vez dentro de la Chiesa Santa María del Popolo, en la capilla Chigi, Pepi me hizo saber que dentro de ella transcurre una escena del libro de Ángeles y Demonios de Dan Brown. ¡Qué culta es mi mujer! Antes de irnos, disfrutamos de la contemplación de varios cuadros de Caravaggio. Desde la escalinata que da acceso a la iglesia decidimos tomarnos un café en una cafetería que estaba justo en la otra esquina de la plaza. Nos tomamos los cafés más caros de nuestra vida. Yo me tomé un cappuccino de 5.50 € y Pepi un cappuccino descaffeinato de 8.00 €. Impresionante. Creo que nos costó más barato almorzar en el McDonalds.Una vez psicológicamente repuestos del asalto, bajamos por Via del Corso hasta la Piazza Colonna y seguidamente el Palazzo Chigi. Desde allí volvimos a pasar junto a la Fontana di Trevi y terminamos en la puerta del Quirinale. Paseamos por los alrededores de la Fontana di Trevi buscando unos souvenirs. Tomamos un microbús de línea que resultó ser eléctrico, supongo que por aquello de la contaminación dentro del centro de Roma. Nos dio un buen paseo por Roma hasta dejarnos en la Piazza Argentina. Desde donde tomamos el tranvía dirección al hotel. Donde hicimos un alto antes de irnos a cenar.
Volvimos para cenar en la misma pizzeria-tratoria de la noche anterior, en el Trastevere. En la Via San Francesco a Ripa. Esta vez me pedí unos espagueti carbonara, que estaban exquisitos. ¡Mamma mia!
sábado, 8 de marzo de 2008
Roma - Parte cuarta
Viernes, 29 de febrero 2008
El viernes nos levantamos algo más tarde que el día anterior y repetimos el desayuno hipercalórico. El día estaba algo más nublado pero no parecía que fuese a llover. Cogimos junto al hotel el autobús de la línea 3 que nos llevaría hasta la mismísima puerta del Colosseum. Como habíamos sacado la Roma Pass el primer día en el aeropuerto, no pagamos entrada ni hicimos colas, que sí había. La Roma Pass es muy recomendable, pues cuesta 20 € por persona y además de incluir transportes tiene descuento en muchos sitios de interés. El Coliseo "gratis". El Coliseo es la primera de las 7 nuevas maravillas del mundo que visito. Espero verlas todas algún día. ¿Quién sabe? En el maravilloso Coliseo nos hicimos las típicas fotos y grabamos un poco con el vídeo.
A la salida admiramos el Arco del Triunfo de Constantino I El Grande y paseamos por el Foro. Todo esto con la guía en la mano e imaginando con los ojos abiertos cómo sería pasear en toga y con sandalias acompañado por Marco Antonio y Bruto, escuchándolos hablar de conspiración contra Julio César, para luego tomarme un vino de un sestercio junto a Plutarco y aprender de sus labios aquello de: "La mente no es un vaso para llenar, sino una lámpara para encender", dándome cuenta de cuanto de lo que hoy somos nació allí.
Desde el foro subimos hasta el Campidoglio, que es el nombre de una de las siete colinas de Roma. En la piazza del Campidoglio, reformada por Miguel Ángel, está la reproducción de la estatua ecuestre de Marco Aurelio. Después de descansar en los escalones de entrada a los museos capitolinos bajamos por la escalera Cordonata, que permitía el acceso a la plaza sin desmontar. Giramos a la derecha hacia el Monumento a Víctor Manuel II , desde donde tuvimos unas excelentes panorámicas de la Plaza Venecia. El tiempo seguía empeorando y nos temíamos lo peor. Cogimos un autobús y después un metro hasta la Plaza de España donde estaba lloviendo. Decidimos aprovechar el mal tiempo para ir a comer, por el camino le compramos un paraguas a un chino, tras regatear el precio -hay cosas que nunca cambian- por 3 euros. Vimos un Mc Donald's y me tomé por primera vez unas patatas Vertigo, con una sorprendente forma de espiral, y una hamburguesa tirolesa, acompañado todo por una birra.
El viernes nos levantamos algo más tarde que el día anterior y repetimos el desayuno hipercalórico. El día estaba algo más nublado pero no parecía que fuese a llover. Cogimos junto al hotel el autobús de la línea 3 que nos llevaría hasta la mismísima puerta del Colosseum. Como habíamos sacado la Roma Pass el primer día en el aeropuerto, no pagamos entrada ni hicimos colas, que sí había. La Roma Pass es muy recomendable, pues cuesta 20 € por persona y además de incluir transportes tiene descuento en muchos sitios de interés. El Coliseo "gratis". El Coliseo es la primera de las 7 nuevas maravillas del mundo que visito. Espero verlas todas algún día. ¿Quién sabe? En el maravilloso Coliseo nos hicimos las típicas fotos y grabamos un poco con el vídeo.
A la salida admiramos el Arco del Triunfo de Constantino I El Grande y paseamos por el Foro. Todo esto con la guía en la mano e imaginando con los ojos abiertos cómo sería pasear en toga y con sandalias acompañado por Marco Antonio y Bruto, escuchándolos hablar de conspiración contra Julio César, para luego tomarme un vino de un sestercio junto a Plutarco y aprender de sus labios aquello de: "La mente no es un vaso para llenar, sino una lámpara para encender", dándome cuenta de cuanto de lo que hoy somos nació allí.
Desde el foro subimos hasta el Campidoglio, que es el nombre de una de las siete colinas de Roma. En la piazza del Campidoglio, reformada por Miguel Ángel, está la reproducción de la estatua ecuestre de Marco Aurelio. Después de descansar en los escalones de entrada a los museos capitolinos bajamos por la escalera Cordonata, que permitía el acceso a la plaza sin desmontar. Giramos a la derecha hacia el Monumento a Víctor Manuel II , desde donde tuvimos unas excelentes panorámicas de la Plaza Venecia. El tiempo seguía empeorando y nos temíamos lo peor. Cogimos un autobús y después un metro hasta la Plaza de España donde estaba lloviendo. Decidimos aprovechar el mal tiempo para ir a comer, por el camino le compramos un paraguas a un chino, tras regatear el precio -hay cosas que nunca cambian- por 3 euros. Vimos un Mc Donald's y me tomé por primera vez unas patatas Vertigo, con una sorprendente forma de espiral, y una hamburguesa tirolesa, acompañado todo por una birra.
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