Los anuncios de cervezas suelen ser buenos. En ocasiones, muy buenos. Alguna que otra vez, excelentes. Ésta es una de ellas.
Sólo para valientes...

En mi opinión, Stefan Zweig es el escritor de entre todos los escritores que he leído que mejor sabe describir los sentimientos humanos. Es evidente que poseía un ojo observador agudo y un don y saber hacer a partir del cual conseguía, párrafo a párrafo, hacernos sentir exactamente lo que él deseaba que sintiésemos. Poseía una amplia paleta de colores para dibujar los contrastes de la personalidad, así como de los estados de ánimo de sus personajes, dando un brillo a sus libros que pocos pueden alcanzar. Era un verdadero maestro.
Ayer, en La Rosaleda, en un partido épico vimos un poco de todo lo que escribo antes en un solo partido. Después de que al Málaga no le pitaran un penalti claro, de que el equipo de enfrente, el Getafe, aliado con la diosa Fortuna hiciera un gol sorprendente, y que más tarde volviera a adelantarse con un gol ayudado con la mano, que el árbitro, desacertado, no vio, o al menos no pitó y validó. Después de todo esto, a tres minutos del final, el Málaga, el equipo de mis amores, consiguió empatar el partido para que cuatro minutos después en una fabulosa chilena, estéticamente perfecta, La Bestia Baptista -que además celebraba justamente ese día su treinta cumpleaños y que esta misma semana había sido padre- perforara la portería del Getafe consiguiendo un auténtico go-la-zo. Darle la vuelta al injusto resultado, en los minutos de descuento, y de esa manera, supuso un auténtico éxtasis de alegría.
Disculpen si en los próximos días ven que ocurren cosas raras en este blog, porque estoy haciendo algunas pruebas, pequeños cambios sin importancia que todavía no sé si llevaré a cabo en este blog o en el de sofiaylaluna, aunque puede que quizás finalmente no los lleve a cabo en ninguno de los dos, o en los dos. Nunca se sabe.
De Mario Benedetti siempre había leído poesía, hasta que la última vez por fin me atreví con una novela, La tregua, y me convenció de veras. Entonces, consecuentemente escribí en este blog que intentaría acercarme más a la obra en prosa del autor uruguayo, ya que era un lujo injustificable no haberme acercado antes a ella. De manera que el último libro de Benedetti que me he echado a los ojos ha sido un libro de ensayo: Vivir adrede.
El sábado pasado cuando volví al cuarto y vi el ordenador apagado, lo primero que se me vino a la cabeza es ese niño de poco menos de tres años que va y viene por la casa, inventando qué hacer que justamente no se deba hacer. Así, mis primeras sospechas de lo ocurrido iban dirigidas al chiquitín de la casa que ya ha demostrado con anterioridad cierta tendencia a tocar el botón de on/off con su atractiva lucecita parpadeante roja. Pero le pregunté varias veces, insistentemente, si había tocado el botón lo que negó tajantemente de manera que deseché la posibilidad.