miércoles, 20 de mayo de 2026

La Ilíada

Hace muchos años, alguien -al que supongo que yo tendría en consideración- recomendó leer la Ilíada y la Odisea en la Edición Clásica de Gredos, con la que esa persona había leído los libros de Homero, y supongo que le satisfizo la experiencia.

Mi curiosidad por leerla este clásico siempre había estado ahí, de manera que busqué esa edición con cubierta de cuero y con las páginas en lo que antes yo conocía como papel de biblia (desconozco si es un término extendido en el mundo editorial), pero ya estaba descatalogada, y los precios en librerías de viejo eran desorbitados, de manera que desistí de mi interés por esa edición. Además la vista a mis cincuenta y tantos no es la misma y cada vez voy buscando ediciones con la tipografía con un tamaño  generoso que me resulten más sencillo leer. Aquella edición no lo era realmente.

Pero el tiempo pasó y como tantas veces ocurre en la vida, se anunció una segunda oportunidad. Una nueva y renovada edición de Gredos volvía a estar disponible, pero esta más acorde en tamaño y especialmente asequible de precio. Así que me acerqué a Teseo, mi librería habitual, busqué el libro y tras leer el primer párrafo del primer canto me decidí y me llevé los dos volúmenes. Los coloqué en una estantería de casa a que esperaran a que les llegara el momento.

Pasaron años, incluso una década, pero un buen día dije, se acerca el momento y coloqué la Ilíada en la mesita de noche, que es como estar en un aeropuerto antes de coger un avión. Puede haber retrasos, pero normalmente se vuela.

Decidí saltar el prólogo, que en los libros clásicos cuentan más de lo que uno desea, suponiendo que sabemos lo que muchos no queremos saber. El tema de la traducción tampoco me interesaba mucho. Soy absolutamente ignorante en griego. Así que entré directamente al Canto I.

He de decir que a ratos se me hizo tedioso, y la forma repetitiva de nombrar a las personas (Aquiles, el de los pies ligeros) al principio me pareció cansina, pero al mismo tiempo, esa repetición salpicaba las frases de un espíritu poético. 

He disfrutado mucho también con la descripciones de la naturaleza humana, o de la exaltación de los valores y el honor y me asombró la crueldad sobre los vencidos. Y en especial me desconcertó la ausencia del caballo de Troya o no hallar el fin de Aquiles entre sus páginas.


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