El verano es tiempo de lectura. Al menos eso es lo que yo creo. Prácticamente toda mi vida he tenido mis vacaciones en verano. Cuando era estudiante porque, si hacías bien los deberes hasta junio, durante el verano quedabas liberado de tareas estudiantiles, y algo similar me lleva ocurriendo toda mi vida laboral, en las que suelo tener vacaciones en el mes de agosto, y como durante las vacaciones uno intenta hacer aquello de lo que disfruta, leer ha supuesto uno de mis pasatiempos veraniegos por excelencia desde mi niñez.
Tener vacaciones en agosto es algo que, como ya he comentado en este blog, tiene sus ventajas y, claro está, también sus desventajas. Una de sus ventajas es poder leer tumbado al fresco de un sombrilla en la playa, que siempre es un lujoso placer. Previendo los continuados días de asueto, conforme se va acercando el verano, voy seleccionando en casa libros de bolsillo, porque no me gusta llevar ediciones buenas a la playa.
Uno de los libros que elegí para leer este verano era La sangre de los libros de Santiago Posteguillo. Una rara avis dentro de la extensa bibliografía del superventas valenciano.
Un libro que nos revela curiosas historias detrás de los libros y los ilustres autores de la gran literatura. Anécdotas personales, curiosidades singulares, rumores alrededor de los libros o de las circunstancias que envolvieron sus historias. Un libro obligado para curiosos literarios. A mí me ha gustado, quizás porque soy un poco curioso por la relación de los autores con sus libros. Es un libro que se lee con facilidad, porque avanza con capítulos cortos, con pequeñas historias, casi que contadas como cuentos, en los que Posteguillo despliega con saber hacer parte de su amor por los libros y sus autores.
Una lectura muy recomendable para ratitos de ocio.
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