lunes, 17 de mayo de 2010

Un final feliz

Aquí ando, delante de la pantalla y dándole a la tecla, con una sonrisa de oreja a oreja y con un güisqui de doce años con hielo disfrutando del momento, viviendo en primera persona un día de esos que se lleva uno para el recuerdo. Para mí se quedan esos momentos no ya de nerviosismo, sino de extrema angustia, de un descarnado sufrimiento a flor de piel, un verdadero sinvivir continuo que hicieron que los noventa minutos del partido del Málaga contra el Real Madrid me parecieran una eternidad. Un castigo.

Pero valió la pena. Sin duda. Sobretodo vivir, o mejor, sentir los indescriptibles instantes en los que compartí junto con mi hermano y los demás compañeros de carnet el irrepetible minuto en el que Alexis, malagueño y malaguista, consiguió el único tanto de la victoria del Valencia frente al Tenerife, y casi al mismo tiempo el árbitro pitó el ansiado final del partido en la Rosaleda. Estallamos de alegría, sumamos una alegría encima de otra, saltando en corro, con lágrimas en las mejillas, abrazándonos, soltando toda esa rabia contenida, liberando tanta tensión acumulada, en lo que fue un estado de felicidad pura. Porque después de todo es eso: cruda y simple felicidad. Felicidad por cumplir el sueño, por alcanzar el objetivo marcado, porque al fin y al cabo el éxito en nuestro caso no es otro que seguir sintiéndonos orgullosos de llevar esta camiseta.

Lo dicho: un orgullo.


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