Cuando hace unos años leí a Santiago Lorenzo por primera vez con su novela Los asquerosos me lo pasé muy bien. Mucho. Hacía tiempo que no me reía tanto leyendo. El humor es una de las más espléndidas y eficaces medicinas que conozco. Al menos a mí me sienta muy bien, e imagino, que como a mí, a la mayoría de las personas también, aunque sé que no todo lo que me gusta a mí le gusta al resto de los mortales, ni que lo que me sienta bien a mí, por obligación, provoca lo mismo en los demás. Pero hay cosas, no todas, que sí, que tengo en convergencia con el resto de mis congéneres. El humor -creo- es una de ellas.
Un buen día conoce a María. Una mujer soñada para Benito, alejada de sus inventivas experiencias de de imaginaciones y proyectos en el aire. María es una mujer de carne y hueso. Todo encaja. Él está tremendamente loco por ella, ella está tremenda y alocadamente por él. Se desean, se necesitan, se aman... pero hay un pero y no es la falta de ganas. Ese pero de Benito, sin ser un defecto de María, ni una deficiencia, ni tara ni fallo, lo cambiará todo. Un pero en forma de inconveniente que alterará todos los acontecimientos convergentes en esta historia de unión tragicómica. Yo me lo pasé genial. Si quieren pasarlo bien, léanlo.
Este es un libro que me he leído casi en su totalidad en la playa junto al mar. No es mal asunto.
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