viernes, 6 de octubre de 2017

Día 9. Cervatos - Frómista - Villalcázar de Sirga - Madrid

Para este día nuestra primera visita programada era ir a un bosque de secuoyas cerca de Cabezón de la Sal y seguidamente visitar uno de esos pueblos cántabros con encanto, Bárcena Mayor, y después parar en Poblado Cervatos, pero el tiempo daba lluvias, y no nos parecía una buena idea meternos en carretera de montaña cuando las predicciones meteorológicas daban agua, además eran visitas de exteriores y no creímos que fuera lo idóneo, de manera que cambiamos de ruta y nos dirigimos directamente hacia Poblado Cervatos donde se encuentra la Colegiata de San Pedro. De esa manera recortábamos una hora de carretera y dejábamos de lado un buen puñado de curvas.

Aparcamos en la misma puerta de la Colegiata, en una pequeña explanada de empedrado. No había nadie aparte de nosotros en los alrededores, ni que anduviera por allí, pero una mujer muy amable guardaba pacientemente la puerta de la Colegiata. Lo primero que llama la atención es lo accesible que está. No hay que desviarse casi de la autovía en cinco minutos te plantas allí.

La Colegiata de San Pedro es pequeña, muy pequeña, pero tiene un encanto especial. Ofreció sus primeros pasos como monasterio s.XII y después se convirtió en Colegiata. Respira románico por los cuatro costados. No tiene mucho de nada, pero tiene de todo: pequeñas y estrechas ventanas románicas de arco, una torre de planta cuadrada con su campanario, un ábside semicircular lateral, la cubierta a dos aguas, una portada con arcos concéntricos, un reducido coro, frisos de motivos vegetales, esculturas e incluso tumbas bajo las losas de piedra del piso han sido encontradas recientemente, porque por tener -según parece- también tenía un pozo. Pero de todo, por lo que es más conocida, es por sus canecillos de temática erótica. Hay muchos y en muy buen estado. La visita fue corta, pero interesante. Al salir nos cayeron unas gotas.

La siguiente parada estaba a apenas una hora en carretera, ya en Palencia, dejando Cantabria y entrando en Castilla y León, y no era nuestra primera visita a San Martín de Frómista, pero la vez anterior no pudimos visitar su interior porque no nos cuadró el horario. Nuestra intención en este segundo intento era conseguirlo, y lo hicimos. De San Martín de Frómista no voy a hablar mucho, pues ya lo hice en la visita anterior, pero solamente quisiera comentar que su interior no desmerece de ninguna manera su extraordinaria presencia exterior. Una visita muy recomendada.

Ahora llovía más y como era pronto aún para almorzar entramos en la Venta Boffard, a la que ya le habíamos echado el ojo la vez anterior y picamos un poco de queso con unos refrescos. ¡Nos encanta el queso! Fue un agradable descanso.

La siguiente parada estaba un poco hacia atrás, no mucho, pero era necesario, porque todos estábamos locos por volver al Mesón los Templarios en Villalcázar de Sirga. Por eso hicimos reserva de mesa un par de meses antes y si todo iba bien ese día tomaríamos lechazo al horno y morcilla palentina. Y así hicimos. Una buena pitanza nos regalamos. Es siempre un placer comer lechazo, y si lo haces en un sitio donde conocen todos los secretos de cocinarlo, no hay más que hablar. No habíamos salido del restaurante y ya estaba uno deseando volver.

Ya se acabaron las visitas. Por delante tres horas de carretera hasta Madrid. Aparcar el coche en el parking del hotel, y descansar, pero dio la casualidad que esa misma noche el Real Madrid jugaba en casa contra el Valencia, en el Bernabéu. Nuestro hotel estaba a pocos pasos del Bernabéu. Era partido grande y Miguelito estaba como loco por ver el partido.

Habíamos sufrido muchas caravanas de acceso a Madrid, el tráfico era exagerado y nos retrasó, pero llegamos a tiempo de soltar las maletas en la habitación y Miguelito y yo nos acercamos al estadio a ver si teníamos suerte y podíamos encontrar entradas. Encontramos un par de entradas de las buenas, un buen dinero nos costaron, aunque eso sí, estábamos bien cerca del césped. Más tarde nos dijo nuestro primo Dani y tito Chiqui que nos habían visto en la tele. Miguel tenía la cara iluminada, estaba emocionado. Casi no se lo creía. Fue un partido estupendo, con goles, ocasiones, buen juego y mejor ambiente (2-2).

Regresamos paseando al hotel. ¡Qué contento iba! Pepi y Sofía habían salido a comer por los alrededores del hotel, pero cuando regresamos a la habitación estaban esperándonos. Miguelito se durmió casi en un suspiro. Bueno, en realidad todos lo hicimos, estábamos exhaustos. Vaya día más intenso para todos.

El viaje acabó el día siguiente. La mañana despertó con lluvia abundante, daban tormenta en Madrid y un temporal se acercaba a Andalucía. Dudamos incluso aplazar nuestro regreso, pero al día siguiente el tiempo no mejoraba. Así que después de desayunar nos metimos en el coche y nos tragamos unos cientos de kilómetros lloviendo hasta regresar a casa. Paramos lo justo para almorzar, tomar un café y aliviar las vejigas. Se hizo larga la vuelta, la verdad, el cansancio se va a cumulando, pero lo cierto es que todos estábamos deseando llegar a casa. Afortunadamente todo fue bien y esa noche descansamos en casa, con un montón de vivencias que serán en el futuro recuerdos de nuestras vidas.





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