Era un secreto a voces. Sergio Pellicer tenía los días contados. Todos imaginábamos que si el Málaga pinchaba una vez más, iba a ser destituido. Justo o no iba a ser así. Los números, en esta ocasión, no estaban de su parte.
Tras el milagroso ascenso la temporada anterior en Tarragona (siempre agradecido y en mi corazón), el objetivo de la temporada era mantenerse en la categoría de plata -lo que ahora llaman La Liga Hypermotion-. Tras trece jornadas el Málaga cosechaba 15 puntos. Tan sólo 4 victorias, 3 empates y 6 derrotas. 16 goles a favor y 17 en contra. Pero lo peor no eran los números, era la sensación de que el equipo estaba atenazado y que jugaba encorsetado. El miedo a perder los tenía agarrotados. Un punto sobre el descenso. Y la siguiente jornada el rival era la Cultural Leonesa, en el Estadio Reino de León, que estaba por detrás, en los puestos de descenso. pero a un sólo punto de nosotros. Es decir, si nos ganaban, nos adelantaban. No se podía fallar. La silla de Pellicer dependía de ese partido.
El partido tenía miga. El Málaga comenzó mejor, teniendo la pelota, intentando encontrar huecos aunque a una velocidad demasiado lenta. Lobete en el minuto 2, en un estupendo disparo, tiró al larguero. ¡Vaya ocasión! La suerte no está de nuestro lado. A la media hora, tras robar el balón, un tiro de Rafa estuvo cerca de entrar pegado al palo, pero el portero, muy atento despejó a córner. En la contra siguiente la Cultural perdonó un gol franco, a los pocos minutos, en la siguiente contra anotaron. 1-0. Mal asunto. Así acabó la primera parte.
En la segunda mitad, no hubo reacción. Un Málaga sin ideas se fue apagando hasta que el árbitro señaló el fatídico desenlace con el pitido final, con expulsión de Murillo incluida. Era cuestión de horas que le movieran la silla a Pellicer. Así lo pensábamos todos. Acabó la jornada y no entramos en descenso. Situados al borde de las posiciones de descenso. Con los mismos puntos pero con un mejor golaverage.
Lo sustituía Juan Francisco Funes, entrenador del Atlético Malagueño las últimas temporadas. Su labor allí ha sido sobresaliente, pero ahora las cosas son distintas. Estreno en la Rosaleda. Allí que fuimos, de nuevo.
Domingo, nueve de la noche, fresquete del bueno, posibilidad de lluvia. El rival el Mirandés. Segundo por la cola, tres puntos menos que nosotros. Si no ganamos hoy la cosa se ponía fea de verdad. De lo que pasara en este partido, dependerán muchas de las cosas que nos esperan en el futuro.
El partido comienza algo loco, hasta que en el minuto 30, Adrián Niño anota un gol con un bonito y certero golpeo con la derecha tras un centro de Dotor por la derecha tras una contra. Dos minutos después en la lucha por un balón largo dividido que anda pillo Joaquín, asiste para que Adrián Niño empuje al fondo de la red. En dos minutos, dos goles. Las castañas que compramos antes del partido nos están sentado bien. Descanso y hora del bocata. Parece que el debut de Funes va por buen camino.
En la segunda parte parece que salimos dormidos. Einar Galilea mide mal en un corte y deja a Marí delante de Herrero, que finaliza perfectamente a la izquierda del cancerbero. 2-1 en el minuto 60. Comienzan los silbidos. Los nervios en la grada se traspasan al césped. Todo podía haber cambiado en el minuto 65, cuando Larrubia roba un balón, pasa a Niño que cede a Joaquín, que pica al otro palo sutilmente con la mala fortuna de que el balón se estrella contra el palo. ¡La mala suerte sigue presente!
Corría el minuto 78 cuando Petit remata un estupendo cabezazo delante de Einar. El 2-2 está servido. Einar queda marcado especialmente por el primer gol. El Mirandés parece más entero físicamente. Desaprovecharon una jugada clara para darle la vuelta al partido, pero una mano de Alberto Herrero salva de la catástrofe.
El fútbol a veces guarda sorpresas para el final y en la última jugada del partido, en un balón parado botado cerca del semicírculo central, el Málaga sube a los centrales a rematar. La defensa despeja, le cae a Lobete que le pega a puerta, pero el portero rechaza y Einar Galilea, en la posición de 9, rodeado de defensas, sutilmente, antes de que bote, y por debajo de las piernas de un jugador del Mirandés coloca el balón hacia el otro lado de la portería. 3-2 en el minuto 95. La alegría en la grada es inexplicable. Tres puntos importantísimos contra un rival directo.
Conseguimos distanciarnos un punto del descenso pero sobretodo avanzamos tres posiciones en la clasificación. Parece que Funes ha caído con buen pie. La semana próxima toca ir a Valladolid. Campo complicado. El Málaga es un sentimiento.

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