Vi la posibilidad de asistir al cuarto programa de la temporada de la Orquesta Filarmónica de Málaga y me puse a investigar sobre lo que iban a interpretar.
La primera parte recaía en el compositor israelí Avner Dorman y su composición Frozen in time, dividida en tres movimientos, en las que según parece el compositor se inspiró en la evolución geogénica del planeta. Es una especie de narración musical de la formación de los continentes, desde la prehistoria hasta nuestros días. Me pierdo un poco en esto de la teoría de la inspiración, pero siento curiosidad. Siempre es interesante comprender lo que puede inspirar a las personas. Aunque lo realmente importante siempre es el resultado musical final.
En la segunda parte interpretaban la Sinfonía nº 3, con órgano y piano de Camille Saint-Saëns, dedicada a su amigo y mentor Franz Liszt, con el formato tradicional de cuatro movimientos. Lo que escuché me pareció muy elegante y romántica, con bastante influencias de Beethoven. Me pareció que era un programa más que atractivo. En el órgano contó con la participación de Antonio del Pino. El tercer movimiento es soñador y enérgico. Me gustó especialmente.
Como director, en esta ocasión se contaba, por primera vez, con la colaboración del director neerlandés Conrad Van Alphen, director titular y director artístico de la Orquesta Sinfonia Rotterdam.


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