Vinieron una pareja de amigos holandeses (Sylvia y Ernest) a pasar unos días en Fuengirola, y durante su estancia quedamos varias veces con ellos para echar el día o simplemente la tarde. El primer día que quedamos, lo hicimos para cenar y les ofrecimos que eligieran a dónde querían ir y eligieron Marbella. Así que allí fuimos a visitar su casco antiguo, a pasear un poco por el centro para dar un paseo relajado, deteniéndonos para verlos fotografiarse casi en cada esquina. Alucinando con la temperatura. Disfrutando con la arquitectura tradicional andaluza. Sorprendidos por lo tarde que la gente cena, y lo ambientado que está todo a las doce de la noche. Maravillados con todo lo que comían. Todo les parecía exquisito e incluso económico. Las flores, los olores, los balcones y las macetas. La carretera, de vuelta a Fuengirola, con su faro, y con la luna suspendida en la noche, les parecía espectacular. Y lo es. Todo lo que ellos ven que nosotros estamos acostumbrado a ver está ahí. Hasta la gente le parecía más sonriente.
Almorzamos en una típica taberna, que no conocíamos pero que con las críticas que vimos por Internet nos pareció adecuado: Taberna Pepe. Allí probaron por primera vez un flamenquín y gozaron con los torreznos. Los torreznos les fliparon. Tan sólo las patatas fritas las comían como si fuese caviar. Cerraban los ojos para comer una patata. Y ciertamente, los comprendo.
A la vuelta paramos en Málaga, para dar un paseo y tomar un café. Vaya ambientazo que derrochaba Málaga. ¡Qué bonita está Málaga! Sentarse en una terraza y charlar mientras ves el mundo pasar es de lo más entretenido que existe. ¡Vaya día quemamos!
Un par de días después nos acercamos por la tarde a Mijas, para disfrutar de sus vistas, y de la tranquilidad de un pueblo. Ver el atardecer sobre el Mar Mediterráneo es un lujo diario que no solemos disfrutar. Las estrechas calles encaladas de blanco, los balcones, el olor del jazmín... Cenamos en la plaza junto al Ayuntamiento. Pocas cosas más felices existen que cenar tranquilos junto a unos amigos.Todo esto que disfrutamos con la visita de nuestros amigos holandeses está a nuestro alcance casi a diario, pero en realidad no nos fijamos en ello hasta que otros lo hacen delante nuestra. Entonces nuestra perspectiva cambia. Bastaron unos pocos días de turismo provincial para que por fin, abriésemos los ojos. Así es la vida.