viernes, 22 de mayo de 2026

Se gradúa Miguel

Miguel, mi niño pequeño, aquel al que recibí en brazos con minutos de vida, al que daba biberones por las noches, al que dormía sobre mi pecho, se gradúa en el Instituto. Siento como si la icónica escena de la película 2001: Una odisea en el espacio, donde un primate lanza un hueso al aire y pasa a ser una nave espacial. Millones de años de evolución en apenas unos segundos. Así de rápido, o algo parecido, ha pasado para mí el crecimiento de mi hijo. Un visto y no visto.

Así es la vida. Una cantidad de acontecimientos, uno detrás de otro, sin tiempo para asimilarlo, y cuando  te dispones a ello, inmediatamente el siguiente está llamándote por la espalda. No puedes evitarlo. Está justo ahí, y tienes que tomar decisiones ya. 

Muchas cosas las controlas, otras muchas no, y sabes que además no puedes controlarlas, y que incluso es bueno y aconsejable que no puedas controlarlas. El albedrío del azar de la vida siempre está vivo y despierto.

Un día estás comprando pañales a tu bebé y en un plis plas estás eligiendo un traje para la graduación de tu hombrecito. Hay una larga cadena de días y vida en medio, pero en tu cabeza, todo se comprime en un santiamén. Así, cuando en su graduación, lo llamaron para subir al escenario y le entregaron un diploma por buen expediente académico, y solicitaron a los padres que lo acompañásemos a la entrega. Un montón de recuerdos pasan por tu cabeza, pero sin duda el sentimiento que prevalece sobre lo demás, lo que hincha tu pecho, es el orgullo que sientes por él. Un sentimiento de orgullo conjunto. Una labor diaria, constante de unos padres intentando guiar una educación, una actitud, una manera de afrontar la vida, pero que al fin y al cabo es una labor esencialmente suya.  Sin nosotros, sin nuestra atención, sin ese coger de la mano, sin ese arropar, sin ese ejemplo también de su hermana, no sería posible. No de la misma manera. Pero, al mismo tiempo, nada de eso hubiera surtido efecto sin su voluntad, su esfuerzo y empeño, sin su impulso y sus ganas.  

Esto es solo el principio de algo que ya solo podrá hacer él.



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