Dice mi mujer que me apunto a un bombardeo y no le falta razón. Siempre estoy dispuesto para ir al cine, o a un concierto, acudir a una exposición de pintura, ir al zoo, a salir a comer fuera, no digamos a viajar, o simplemente a pasear, o como esta ocasión para ir al teatro.
Me llamó mi amigo Miguel para decirme que tenía un par de entradas para la obra de teatro Gigante, que se representaba en el Teatro Cervantes y que se le había quedado una entrada libre, que si me apuntaba para ir con él. No dudé ni medio segundo.
Ya conocía la obra Gigante en la que Josep Maria Pou interpretaba al famoso escritor británico, Roald Dahl. De hecho era una obra a la que quería ir y tenía echado el ojo hacía tiempo, pero depende de la fecha no siempre puedo comprar con antelación y tengo que ir esperando hasta el último momento. Esto es lo que pasó con esta obra. Así que cuando se me presentó la oportunidad no quise desperdiciarla.
La obra me encantó. Fue sorprendentemente divertida teniendo en cuenta que contaba uno de los momentos más comprometidos en la vida de Roald Dahl. Todos estuvieron magníficos y me fui con muy buen sabor de boca, especialmente porque después fuimos a cenar a una pizzería cerca de allí.
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