sábado, 20 de agosto de 2022
Londres día 2
viernes, 19 de agosto de 2022
Londres día 1
jueves, 18 de agosto de 2022
Venecia día 3
En el autobús y en los transportes públicos italianos aún había que ponerse mascarillas. Nos resultaba raro ir todo el día sin ellas y luego ponérselo para los transportes. Ese día teníamos previsto visitar Basílica de San Marcos y, para llegar pronto, decidimos coger el vaporetto frente a la estación de tren. Llegamos a eso de las 10:30 y por la larga cola que encontramos comprobamos que no fuimos los únicos con la misma idea.
Estuvimos casi cuarenta minutos de cola para acceder, y Sofía estaba indignada, no tanto por la cola sino porque le hicieron comprarse un pañuelo para taparse antes de acceder a la Basílica. No querían que nadie eclipsara en belleza el interior del edificio y por eso a ella y a su madre le "aconsejaron" que se tapara.
Pudimos acceder a las terrazas, sí, la basílica tiene terrazas, una principal hacia la plaza y otra hacia el Palacio Ducal y el Adriático. En medio, omnipresente, los casi cien metros del Campanile. Allí Galileo Galilei (siempre me gustó este nombre) le enseñó al dux en el 1609 su telescopio. Bertini hizo un fresco de ello. La historia se ha detenido mucho entre estos canales.
Abandonamos la basílica con Stendhal siguiéndonos los pasos, y decidimos coger un vaporetto que nos llevara a otra basílica, en este caso a una mucho menos abarcadora, San Giorgio Maggiore, aunque para no sentirse envidiosa también tiene su campanile.
Regresamos en vaporetto, pero esta vez nos bajamos en la parada frente a la estación de ferrocarril, rodeando así Venecia. Subimos al Ponte degli Scalzi, donde es inevitable no parar a mirar el canal. La fachada de la Chiesa di Santa Maria di Nazareth estaba recién restaurada y aún mantenía andamiaje en su fachada lateral hacia la estación, que aunque le afeaba un poco no le restaba belleza para como admirar su belleza.
Eran casi las tres y ya iba tocando la hora de llenar el depósito. Observé a un par de gondoleros entrar en un bacaro que estaba abarrotado. Pregunté en un rústico italiano de principiantes si había mesa libre y nos dijeron que si esperábamos unos pocos minutos no habría problema.
Bacaro significa algo así como tasca, bar y suelen ser sitios donde es fácil encontrar lo que aquí llamamos pinchos o tapas y ellos llama cicchetti. Así que en el Bacaro de Cip & Ciop hicimos nuestra parada y posta. Como era de esperar comimos estupendamente y a un precio nada disparatado. Ya lo dijo Cervantes en boca de su hidalgo Don Quijote: allá donde fueres, haz lo que vieres.
Aún nos quedaban cosas por hacer esa tarde y fuimos a la Scuola Grande di San Rocco, no hacía falta ir corriendo pero tampoco entreteniéndonos porque había que estar antes de que cerraran. Llegamos justo a tiempo porque el último acceso era a las cinco. La fachada ya es imponente, el edificio es espectacular, la escalinata admirable pero la Sala Grande es directamente asombrosa. Comenzando por el suelo con mármoles de distintos colores formando representaciones geométricas, pasando por la iluminación de la sala con enormes candelabros y terminando por toda la decoración general con obras de Tintoretto. Si eres un amante de Tintoretto éste es el lugar. Yo me saturé, no podía pararme en los detalles, ir obra a obra, imposible, estaba preso del conjunto, cautivado por la visión general de la sala. No tenía tiempo ni ganas de saltar a las obras. Estaba detenido en la totalidad y con eso me sobraba.
Pasamos junto al campanile di San Polo y fuimos a despedirnos de Rialto, pasear junto al Gran Canal, estaban desmontaban los puestos de pescados del mercado junto al Campo Bella Vienna. Nos sentamos en un muelle a contemplar la elegante fachada de la Ca'd'Oro. Nos llegaban los olores a las especias del mercado. ¿Sería muy distinto el olor del mercado de cuando Marco Polo recorría la ruta de la Seda?
Nos quedaba poco tiempo por Venecia. Era nuestro último día. No me había ido aún y ya quería volver. Hay tantas cosas que ver, hay tanto por descubrir. Nos fuimos yendo entre satisfechos y tristes hacia la estación de autobuses en Piazzale Roma. Desde el Ponte della Costituzione nos despedimos con los pies destrozados de Venecia, aunque en mi caso, algo de ella se vino conmigo.
Nos despedimos de Venecia desde Mestre, pues teníamos que hacer las maletas que mañana cogíamos el vuelo de vuelta. Oh, espera, de vuelta no, que el viaje continuaba.
Ciao Venezia.
miércoles, 17 de agosto de 2022
Venecia día 2
Cuando uno viaja y tiene la ilusión por ver cosas nuevas, de almacenar recuerdos y descubrir una ciudad, la pereza no es buena compañera. De manera que, para ser consecuentes con nuestra forma de pensar, despertamos pronto, desayunamos en el hotel y nos dispusimos a patear las calle de Venecia. La idea era hacer cosas distintas al día anterior, y trazar itinerarios distintos, que si bien se cruzaría con el de la jornada anterior, intentamos no solaparlo.
La salida desde Mestre en autobús hasta Piazzale Roma era siempre idéntica, una vez en Venecia, cuando ponías el pie fuera del autobús, ahí es donde comenzábamos a evitar itinerarios repetidos.
El paseo por la dársena pasando por delante de la Chiesa Santa Maria del Rosario, iglesia del siglo XVIII a la cual pudimos acceder, fue una estupenda manera de comenzar el día. Llegamos a la Basílica di Santa Maria della Salute y disfrutamos de uno de los paseos más bellos de Venecia. Todas las pequeñas calles de los alrededores de la Basílica está llena de hoteles, restaurantes y galerías de arte de esas que tienen precios a los que todos no podemos llegar. No muy lejos de allí está el Museo de Arte de la Galería Peggy Guggenheim. Me hubiera encantado visitarla pero no disponíamos de tanto tiempo a pesar de que aún no habían dado las diez de la mañana.
Justo en el Campo de la Caritá, en la fachada de la Accademia di Belle Arti, comenzaba una visita guiada que teníamos reservada desde meses atrás. Desde allí comenzó el tour. Cruzamos el Puente de la Academia donde es inevitable no detenerse a admirar las vistas, aunque no pudimos entretenernos mucho porque teníamos que avanzar con el guía, que nos llevó al Conservatorio de Música de Venecia. Comentó orgulloso, porque era actualmente estudiante del conservatorio, muchos de los aspectos significativos del edificio, especialmente aquellos que ocurrieron en los años en los que los bailes de carnaval se realizaban en los salones del edificio histórico del conservatorio. Existe una amplia rumorología histórica sobre ajustes de cuentas por dinero, poder y ataques de cuernos en las salidas y entradas de los bailes de máscaras. El ser humano no ha cambiado tanto con el paso de los siglos, las maneras tal vez sí.
Ese mismo mes comenzaba la 79 Biennale di Venezia, una muestra internacional de cine, y la visita se orientó mucho hacia las artes escénicas, y el recorrido continuó hasta el Teatro La Fenice, famoso mundialmente por haber estrenado muchas de las más famosas óperas italianas como Rigoletto o La Traviata, además de que ahí da comienzo la serie policiaca del inspector Guido Brunetti, de Donna Leon.
En la Calle de la Canonica, es decir, en la izquierda de la fachada principal de la Basílica de San Marcos, nos sentamos a descansar y a tomar un refresco que extinguiera nuestra sed en un local que se llama Ai Do Leoni. Una birra para mí, un típico Spritz para Pepi, refrescos para los niños y unas tapas, que allí se conocen como cicchetti, que son aperitivos o tentempiés. Todo muy necesario para el calor que estaba cayendo sobre nosotros.
No muy lejos de allí está la Chiesa di San Zaccaria, una iglesia gótica con un fabuloso retablo de Bellini. Una iglesia muy colorida. Regresamos al paseo junto al Grand Canal donde a pocos metros está la Chiesa della Pietà, en el sestiere di Castello, donde, según leímos, Vivaldi -nacido en Venecia- estrenó Las Cuatro Estaciones, que compuso para el conjunto musical femenino de dicha iglesia, donde era maestro de violín. Muy cerca de allí, pocos metros avanzando junto al Adriático, y en la misma acera, vivió Francesco Petrarca, considerado como el precursor del humanismo, donde además acogió a Giovanni Boccaccio. Pensar que a pocos pasos vivieron tres figuras tan importantes, te hace comprender la importancia de la Ciudad Ducal.
Dejamos el Gran Canal y nos acercamos a ver la fachada de la Chiesa di San Giorgio dei Greci desde uno de los puentes, porque la fachada da a un canal en lugar de a una plaza, como viene siendo lo habitual. Yo tenía apuntado como una fachada interesante, la de la Chiesa de San Francesco della Vigna y aunque Sofía y Miguel ya iban teniendo más ganas de sentarse que de andar, los convencí para acercarnos prometiéndoles que seguidamente íbamos a ir a un restaurante a comer.
De camino en busca del restaurante tropezamos con la Chiesa di San Lorenzo, que tiene un toque extraño al ser de ladrillo visto. En Venecia si te pierdes, ganas, y aunque no nos perdimos, sí que dimos algún rodeo innecesario, y en esos rodeos siempre nos valió la pena. Finalmente encontramos un restaurante en el Campo Santi Filippo e Giacomo. Ristorante Convivio. Comimos estupendamente, allí me tomé una birra Castello y unos espaguettis al nero, riquísimos. Todos salimos contentos. El servicio fue estupendo. Ni caro ni barato para ser Venecia.
Nuestra siguiente parada perseguida era el Puente Rialto, pero de camino pasamos a ver la Chiesa di San Zulian, que encontramos abierta. Cualquier Iglesia tiene cinco siglos en sus cúpulas y diez en sus cimientos. Cualquier Iglesia tiene magníficas pinturas en su interior, esculturas fabulosas y está decorada con belleza. Necesitaría una vida para poder disfrutar de los detalles de las iglesias venecianas.
Pero como todo no puede ser arte, paramos en una Pasticceria Storica junto a la Chiesa San Salvador y probamos unos cannoli di crema. Estaban riquísimos o como dicen los venecianos: questo è delizioso!.
Il ponte di Rialto es uno de los cuatro puentes que cruzan el Gran Canal de Venecia. El puente de Rialto es el más famoso de la ciudad. Como todo en Venecia, también tiene cinco siglos encima. No es posible imaginar la cantidad de historias que debe haber bajo sus arcos de medio punto. La curiosidad del puente es que es casi un mercadillo en sí, pues tiene tiendas en toda su longitud. Nos tiramos un buen rato en el puente. Mirando hacia un lado, luego hacia el otro, las fotos, las fotos laterales, pero una de las fotos que yo más ganas tenía de hacer estaba todavía por hacerse.
El paseo en góndola es algo único. No sé, puedes irte de Venecia sin pasear en góndola, no pasa nada, pero te quedará eso, habrás estado en Venecia y no habrás paseado en góndola. Nuestro gondolero nos regaló una canción silbada.
Tras una ducha y arreglarnos un poco, salimos a cenar algo por Mestre. Nuestro hotel estaba perfectamente situado en la Piazza Erminio Ferretto y alrededor había muchos sitios de restauración. Elegimos una mesa en la terraza de la Osteria del Lupo Nero y la verdad es que comimos estupendamente y más económico de lo que nos hubiera supuesto cenar en Venecia. Todo sea dicho. La cerveza fría, las piernas estiradas, la noche fresca y el día aprovechado. Un placer.
martes, 16 de agosto de 2022
Venecia día 1
Siempre que comienzo un viaje lo hago ilusionado. Amo viajar, adoro conocer ciudades, amo hasta los aeropuertos, los veo como la antesala de un futuro maravilloso, lo habré dicho antes porque he escrito mucho en este blog y sé que a veces me repito, pero así lo siento. Montarme en un avión es el preámbulo de vivir en mayúsculas.
Uno de los viajes que he cogido con más ganas ha sido el viaje a Venecia. Siempre quise ir a Venecia, siempre me atrajo Venecia, la vi en cientos de películas, la recorrí en decenas de novelas, escuché mil personas hablar de ella, y la tenía pendiente. Siempre fuimos colando viajes por medio y ya últimamente el maldito covid lo retrasó todo, pero llegó mi momento de ajustar cuentas con Venecia, y créanme si les digo que me encantó. Por algo es uno de los destinos más populares del mundo.
Volamos la familia al completo en un vuelo directo desde Málaga -contemplar Venecia desde la ventanilla del avión ya es un placer-, en la salida del aeropuerto cogimos un taxi que nos llevó al hotel situado en Mestre, donde los hoteles son bastante más económicos que en la propia Venecia, y una vez hecho el registro de entrada, sin perder tiempo, cogimos un autobús que va directo desde Mestre hasta Piazzale Roma por el Puente de la Libertad, que cruza en una rigurosa línea recta sobre el Mar Adriático.
El centro histórico de Venecia está declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Y como todos sabrán, no hay un solo coche circulando por Venecia, que es una ciudad totalmente peatonal y aparte de a pie, solamente se puede uno desplazar por vaporettos a motor o en góndolas a remo.
El primer canal que cruzamos fue el Ponte di Papadopoli y tardamos tres calles en tomarnos nuestro primer gelato italiano, en la esquina de la calle Tintoretto con Castel forte San Rocco. Riquísimo. A los niños les impactó ver que en la heladería tenían un helado llamado Málaga. Eran más de las siete de la tarde y a esas horas en Venecia en agosto están casi todas la visitas cerradas, pero pudimos pasear agradablemente contemplando maravillas casi a cada paso.
Desde allí fuimos a la Chiesa de San Pantaleón, en el Dorsoduro, uno de los sestieri de Venecia, donde pudimos acceder y disfrutar de sus fabulosos techos. Verdaderamente impresionantes. No muy lejos de allí, cruzando un canal está el Campo Santa Margherita, o Plaza de Santa Margherita, le echamos un ojo a un Ristorante que previamente habíamos investigado por Internet y llegamos a reservar mesa para más tarde. Continuamos nuestro recorrido de descubrimiento por el Ponte dei Pugni, hasta el Campo San Barnaba , donde hay una iglesia que ahora es el Museo de Leonardo da Vinci en Venezia. Cada esquina posee un encanto nuevo, un placer por descubrir, y en cuanto giras a la siguiente esquina te encuentras con deleite otra hermosa sorpresa. Es una explosión de belleza.
A pocos pasos al otro lado del puente, está el Campo Santo Stefano, con el monumento a Tommaseo. Las fachadas con balconadas de ventanales venecianas son maravillosas. Continuamos hacia la Calle Larga XXII Marzo, atravesando el Campiello Santa María Zobenigo, donde está la iglesia de magnífica fachada barroca Santa Maria del Giglio. Nos acercamos al Hotel Bel Sito, frente a la fachada barroca, donde Cees Nooteboom se hospedó años atrás y en su libro sobre Venecia aseguró que desde la cama de su habitación disfrutaba de una vista parcial de la fachada.
Se han escrito miles de páginas sobre la Piazza San Marco, sobre el Campanile, el Palazzo Ducale y la Basílica, incluso del Caffé Florian, de manera que poco puedo yo aportar que no se haya dicho ya salvo exponer mi deseo de que cada piedra, cada teja, cada marco de ventana se mantenga tal y como está miles de años.
Se nos hizo de noche en la Piazza. La idea desde el principio era poder ver el atardecer allí. Contemplar como la tarde se ocultaba tras la silueta de San Giorgio Maggiore. Ver el lento declinar de nuestro primer día en Venecia y así lo hicimos. Nunca tienes ganas de salir de San Marcos, uno quisiera quedarse allí siempre, pero habíamos reservado mesa a las 22:00 para cenar y nuestros pies también pedían algo de descanso.
domingo, 31 de julio de 2022
Diana Krall en el Starlite
Pocos días después del concierto de Pearl Jam en el Ziggo Dome de Ámsterdam tenía un concierto de Diana Krall en el auditorio del Starlite de Marbella. No sé si decir que fueron la noche y el día, pero sí que fueron dos conciertos diametralmente opuestos, aunque bien pensado, no tanto.
Cualquiera puede pensar que la voz potente y ronca de Eddie Vedder y la voz dulce y aterciopelada de Diana Krall son absolutamente distintas. Es cierto, son muy distintas. Pero ambos tienen, a mi parecer, algo similar, los dos cantan con mucho sentimiento. Son dos cantantes desde el corazón. Y ahora que lo pienso los dos cantan mucho con los ojos cerrados. Quizás Diana algo menos porque tiene que estar pendiente de tocar las teclas del piano. Tal vez sea necesario cerrar los ojos y no ver lo que hay fuera y así escuchar lo que hay dentro.
Además interpretó una versión de Bob Dylan, Simple twist of fate, con lo que puedo decir que he escuchado la canción de Dylan cantada por Diana Krall pero también por el propio Dylan. ¡Qué bien la cantó!
He de añadir que así, con tan buen gusto y deleite, comencé mis vacaciones.
martes, 26 de julio de 2022
Pearl Jam en Ámsterdam
Soy un fiel seguidor de la banda de rock americana Pearl Jam, se podría decir que soy un fan, aunque generalmente suelo intentar huir de los extremos y los desaforos hay que reconocer las cosas y sí, vale, se puede afirmar que en el caso de Pearl Jam soy un seguidor apasionado de la banda de Seattle, un hooligan, un fanático.
Los conocí desde su primer single en un programa de la MTV, un programa llamado Headbangers Ball, y desde entonces cada vez que han sacado un disco mi pasión por la banda de Seattle ha ido creciendo.
Uno de los sueños que siempre he querido vivir era seguirlos de gira, porque si sus discos me apasionan, sus directos son un escalón superior, el máximo musical a mi juicio. De hecho, suelo escuchar más sus directos que sus discos de estudio. El caso es que venían de gira por Europa, y la oportunidad de verlos dos veces, en una misma ciudad, era lo que más quería y este año tenía la posibilidad a tiro.
Repetir concierto en una ciudad puede sonar como una tontería si no conoces la forma de proceder de la banda en ese tipo de circunstancias, porque Pearl Jam, cuando repite concierto en una misma ciudad, lleva años cambiando mucho el set y así tener repetir las mínimas canciones. Aunque a veces han tocado un par de conciertos sin repetir ninguna canción, no es lo habitual. Suelen repetir alguna, pero pocas, dos o tres canciones, no más. Con lo que el atractivo de verles dos fechas seguidas va más allá de verlos dos veces, porque probablemente logres ver más canciones distintas y con la comodidad de no tener que ir con la mochila recorriendo ciudades aparte del gasto económico que ello supone.
La primera vez que vi a Pearl Jam fue en Madrid en 2006, al año siguiente también en Madrid, en el Festimad. En 2009 aproveché la gira de Pearl Jam para ir a verlos en Rotterdam y así viajar por Holanda con Pepi. En 2010 mi cuñado Francisco y yo nos dimos una escapada exprés para verlos en el inmenso Hyde Park de Londres, que además coincidió con el día de mi cumpleaños. Tuve que esperar ocho años más para volver a verlos, entonces los vi por partida doble porque acudí a Barcelona y seguidamente, pocos días después, a Lisboa. Verlos en Barcelona fue posible gracias a una escapada con Pepi y a Lisboa con la familia. Este año la idea era acudir a los dos conciertos consecutivos que daban en Ámsterdam. Aprovechar y quedar con buenos amigos que he ido conociendo durante estos años en el mundillo de Pearl Jam y que mantenemos contacto diario gracias a las redes sociales y grupos de WhatsApp.
Llegué a Ámsterdam el mismo día del concierto, quedé con unos amigos cerca del recinto donde también había pillado el hotel. Compartía una habitación de hotel con un amigo y fuimos para el recinto sin mucha fe de que el concierto fuese a darse porque los conciertos de las fechas justo anteriores habían sido suspendidos por el mal estado de la voz de Eddie Vedder, el cantante. Ya iba con el cuerpo hecho, pero aun así, cuando confirmaron que el concierto se suspendía, me llevé un buen chasco y las perspectivas del ver el siguiente tampoco es que fueran halagüeñas. El primero de los dos conciertos se suspendió, el siguiente era la noche siguiente, sin un día de descanso.
Allí estábamos un buen montón de amigos, contentos de vernos pero fastidiados por la suspensión. Ya saben que la esperanza es lo último que se pierde, o eso dicen, y bueno, nosotros manteníamos la esperanza, pero por si acaso, mientras, aprovechamos para hacer algo distinto y nos fuimos a una sala de karaoke y allí nos desahogamos cantando a gritos canciones de Pearl Jam y tomando alguna cerveza.
Al día siguiente todos estábamos esperanzados pero algo desolados. Algunos quisimos aprovechar la mañana libre para ir a visitar el estadio del Ajax de Ámsterdam, que estaba justo al lado del Ziggo Dome, el recinto del concierto y no fue hasta después de comer que supimos que iba a ocurrir, que el concierto tenía luz verde. ¡Qué subidón!
Al día siguiente, quedé con unos buenos amigos holandeses, Ernest y Sylvia, me enseñaron la ciudad, paseamos por el centro y fuimos a comer juntos, después de comer ellos se ofrecieron a acercarme al aeropuerto de Schiphol desde donde inicié mi regreso de vuelta a Málaga.
Me quedé con las ganas de ver dos conciertos ya que solamente pudimos ver uno, pero el que vimos fue un concierto muy especial.
sábado, 23 de julio de 2022
Hull - Cádiz
El periodo que abarca desde el final de la temporada hasta el comienzo de la siguiente, es lo que todos conocemos como las vacaciones pero en el mundo del fútbol se inicia el mercado de fichajes. El pistoletazo de salida al juego de despachos. Ese tiempo en el que reinan los representantes y los agentes. Los jugadores se van de vacaciones, a veces más merecidas que otras, pero si, por diversas razones, tienen que acudir al mercado en busca de un cambio de aires, están en el escaparate futbolístico y les tocará descansar con el móvil en el bolsillo del bañador.
Los tiempos cambian. El arcaico fax ha dejado de echar humo, ahora las llamadas telefónicas se disparan. La maquinaria del mercado veraniego pulsa el botón de start y la rueda comienza a girar. Todos los equipos buscan jugadores y/o entrenadores para volver a ilusionar la pasión de los aficionados. Cada cual busca la mejor taquilla donde colocar sus botas. El anual cambio de cromos comienza. Los pasillos se inundan de ofertas, el objetivo sigue siendo el de siempre: un equipo mejor, mayor proyección, un estilo de juego que se adecúe a la forma de jugar del representado, pero en el fondo, salvo rarísimas excepciones, lo importante se mide en números. Las cuentas bancarias ansían los ingresos. En los contratos se rascan bonus y pluses y se ajusta tirando todo lo posible pero con el cuidado suficiente para que el trabajo de una operación no se rompa.
Los equipos se crean a antojo de directores deportivos, con el visto bueno del entrenador y bajo el marco económico de cada caso particular. Luego la temporada, semana a semana, pondrá a cada uno en su sitio. Pero antes, hay un tiempo para corregir, evaluar, observar virtudes, puntos fuertes y comprobar debilidades. Hay un tiempo de meter el bisturí para arreglar una herida. Un tiempo para los últimos retoques y se conoce como pretemporada. Los partidos amistosos y los torneos de verano.
El Málaga CF decidió no irse muy lejos a hacer la pretemporada, y fijó dos partidos en Marbella. El primero contra el equipo británico Hull City y otro contra el Cádiz.
16 de julio Málaga 1 - Hull 3
23 de julio Málaga 0 - Cádiz 2
Como las dimensiones de los campos no son muy grandes y estábamos bien situados, Miguel consiguió que algunos jugadores le firmaran la camiseta. Se vino con la firma de casi toda la plantilla y una foto con muchos de ellos. Estaba contentísimo. Además nos acompañaron varios amigos suyos. A la madre no le gustó tanto como a él los garabatos pintados en la camiseta.
Pd: Unos días después por fin pudo el Málaga CF ganar un partido contra el Xerez, aunque en el descanso iba perdiendo.
Aaron Goldberg Trio & Michael Mayo
En Alhaurín de la Torre hay un auditorio al aire libre en la finca de El Portón, y en las noches de julio, desde hace 25 años, el Ayuntamiento organiza un festival de jazz. La pandemia echó abajo las dos últimas ediciones, una cancelada y otra con restricciones. Mi habitual compañero jazzístico, Miguel, me preguntó si me apetecía acompañarlo a ver la actuación del pianista Aaron Goldberg Trío junto con Michael Mayo. Abriendo la velada tocaba la elegante y joven voz de Belle McNulty que me agradó enormemente.
Aaron Goldberg es un pianista soberbio de Massachusetts, que habla español estupendamente pues había dado un par de seminarios en Alhaurín con anterioridad. Vino acompañado de un batería de eterna sonrisa, Kyle Poole -¿por qué sonríen tanto los baterías?- y un melancólico contrabajista australiano que presentó como su vecino, rival de tenis además de su "profesor" de vinos y francés, Matt Penman.
Michael Mayo es un cantante de magnífica voz, también americano, y verlos juntos era una oportunidad inédita que disfrutamos todos los que estuvimos presentes. Es un verdadero placer ver cómo alguien domina tanto la voz como las manos del pianista dominan el instrumento.
viernes, 22 de julio de 2022
Sole Giménez en los Baños del Carmen
Hace poco que se vienen celebrando conciertos en el maravilloso entorno de El Balneario de los Baños del Carmen de Málaga. Un lugar maravilloso, donde el Mediterráneo acaricia con suavidad el litoral malagueño. Estos conciertos se llevan a cabo en la terraza del Balneario, donde montan un pequeño escenario de espaldas a mar, para un número muy limitado de asistentes, todos sentados en sillones o butacas, y se suelen hacer coincidir en tiempo con el atardecer, por eso llevan el nombre de Atardeceres Larios, por eso y porque Larios patrocina y organiza estos conciertos. Las vistas son magníficas, y no quería pasar la oportunidad.
Tuve que tirar un poco de Pepi para convencerla porque le cuesta a veces apuntarse a eventos, aunque en esta ocasión le importó menos porque eso de ver un concierto sentada le agrada más. La cantante valenciana, acompañada de dos guitarristas acústicos quiso dedicar el concierto a la mujer compositora y reivindicó su papel e interpretó canciones compuestas por mujeres, a veces cantadas por ellas, otras no.
Entre las autoras elegidas una es la poetisa Gabriela Mistral, a la que otorgaron el premio Nobel de Literatura y sigue siendo la única autora en lengua castellana que lo ha ganado. Sole adaptó un poema de la autora chilena, La Noche, y le puso música. Así comenzó el concierto. Siguieron canciones de Mari Trini, Natalia Lafourcade o María Grever, entre otras, pero también, ¿cómo no?, de Presuntos Implicados.
viernes, 15 de julio de 2022
Rosalía en el Marenostrum
Como ya era oficial que tanto Pepi, como Sofía y por último Miguel estaban de lleno en las vacaciones -a mí aún me quedaban unas semanas- fuimos el domingo a celebrarlo juntos.
Esa misma semana, el jueves, vino Rosalía a cantar a Fuengirola, al Marenostrum. Hacía meses habíamos comprado dos entradas, en principio para Pepi y para mí, que la vimos años atrás en Córdoba, y nos dejó un grato recuerdo. Pero Miguel no había asistido nunca a un concierto multitudinario y tenía ganas, y la madre le cedió su entrada. Fue su primer concierto. Pepi acompañó a Sofía a su primer concierto, que fue de Aitana, su cantante favorita, y Miguel vino conmigo a su primer concierto, Rosalía.