sábado, 12 de junio de 2021

Pintar en el Carmen Thyssen

Casualmente me enteré que se iban a desarrollar unas jornadas de pintura al óleo en el Museo Carmen Thyssen de Málaga. Una especie de taller dirigido por Daniel Parra, que es un reconocido artista cordobés. La idea me encantó, pero no para mí, que soy un verdadero ignorante en cuanto a la pintura al óleo, sino para mi hija que aparte de tener una mano estupenda para el dibujo posee las ganas y el empuje de la juventud.

La jornada se iba a realizar en el mismo patio interior del Museo, que ya de por sí es un lujo. Se realizaría un lunes, que es cuando el museo está cerrado al público, que es otro privilegio. Constaría de dos bloques, una primera parte teórica en la cual se explica cómo se plantearía el ejercicio, y una segunda parte completamente práctica. En total un taller de 4 horas. Le consulté a la artista de la casa si le gustaría participar y dijo que sí, que le encantaría.

Unos días más tarde allí estaba yo, en la puerta de lo que una vez fue el Palacio de Villalón, un palacete renacentista del s. XVI, que hasta donde sé es apellido de familia de conquistadores, y en el interior del museo mi hija, mi pequeña Sofía, la razón de que se me caiga la baba tan a menudo. Así que durante cuatro horas me paseé sin prisas por Málaga, orgulloso y satisfecho, esperando el momento en el que mi hija saliera del Museo con un óleo bajo el brazo. Y aunque no era ningún tipo de robo ni la obra estaba firmada por ningún pintor renacentista, miré la pintura como si delante de mis ojos tuviera el mejor regalo posible, como si ya a los catorce años mi hija hubiera atravesado una meta que yo jamás soñé que cruzaría.

domingo, 6 de junio de 2021

María José Llergo en el Marenostrum

Una de las cosas que más he echado de menos durante el confinamiento es poder ir a un concierto. Soy un enfermizo adicto a la música, especialmente a la música en directo. Cualquiera que me conoce un poco, lo sabe. Escuchar música es sin lugar a dudas mi pasatiempo favorito. De hecho llamarlo pasatiempo es cometer una injusticia, porque no acudo a la música para pasar el tiempo, sino más bien, para aprovecharlo. 

Cada mañana de camino al trabajo, en un paseo de 15 minutos, escucho música en los airpods, día sí y día también y de regreso a casa exactamente lo mismo. En el trabajo, durante toda la jornada, siempre tengo música puesta. Es lo primero que enciendo y lo último que apago. En casa, como pueda, la música está puesta siempre, ya sea viendo un concierto en vídeo, escuchando un cd en el equipo de música o últimamente más a menudo escuchando en un altavoz portátil a través del móvil y Spotify. La cosas es estar escuchando música. No cocino si no tengo música puesta. En el coche más de lo mismo. Además, antes de acostarme también tengo la costumbre de escuchar música que me tranquilice. En definitiva la música es algo realmente importante en mi vida. Todo esto he podido mantenerlo más o menos en este tiempo de confinamiento, pero acudir a conciertos ha sido lo que no ha sido posible. Lo comprendo, nadie tiene la culpa, excepto el dichoso Covid, pero con o sin culpables, durante un buen tiempo nos hemos quedado sin música en directo.

Hemos pasado a ver conciertos en streaming o algunos grabados. Pero con la llegada del buen tiempo y coincidiendo con la bajada de los datos de contagios, por fin pude acudir a un concierto. Fue cerca de casa, en el Marenostrum y fue a María José Llergo. Sí, lo admito, alguna lagrimilla se asomó a mis párpados.


 

domingo, 23 de mayo de 2021

Finales felices

La vida da mil vueltas, lo que parece imposible se consigue, y lo que se insinúa cercano y sencillo se complica de tal manera que lo hace inalcanzable. Nada es permanente y lo que puede ser en muchos casos una desgracia o un revés, en realidad es lo que hace que esto que llamamos vida, tenga chispa. Nada está preestablecido, nada es seguro, lo que un día tienes se puede ir y lo que siempre anhelaste y se esfumó aparece cuando menos lo esperabas. Es el azar de la vida. La moneda que se cae y se pierde, alguien la encuentra. Una vez que la moneda es lanzada cualquier cosa puede ocurrir.

El caprichoso azar separó a mi hermano con su amor de juventud. Ella se marchó lejos y él la guardó en el cofre de bonitos recuerdos en una esquina del olvido. Los años pasaron, la vida subió y bajó pendientes, cada cual hizo su vida, a miles de km de distancia y un buen día, sin indicio ni sospecha, ese mismo azar que los apartó los volvió a unir.

En un día espectacularmente luminoso y en un entorno idílico mi hermano se unió en matrimonio con su primer amor. Hubo mil inconvenientes, mil piedras donde tropezar e incluso una pandemia con sus mascarillas por medio, pero el destino, a veces, ofrece finales felices.

viernes, 30 de abril de 2021

El otro nombre de Laura - Benjamin Black

Un día cierras un libro del que sabes que tiene continuación, y además, está en casa, justo al lado del que acabas de devolver a la estantería recién terminado, pero decides que entre uno y otro vas a mezclar lecturas. Soy así, me gusta dar distancia a los libros y a los escritores, si encima son una saga, incluso me gusta darles un poco más de tiempo. Son manías que uno se va imponiendo sin saber cómo y sin ningún porqué. Se deciden casi por una cuestión de gusto y, como suele ocurrir con las costumbres que no están escritas, se convierten en ley.

Así que un día cerré la última página del libro de El secreto de Christine de Benjamin Black, y pensé en dejar pasar algunas lecturas antes de regresar de nuevo a pasear detrás del solitario Quirke, el nostálgico forense dublinés protagonista de la serie de novelas negras. Pasa el tiempo, y regresas tras sus pasos, y cuando vengo al blog a escribir este pequeño comentario de la lectura resulta que han pasado más de seis años. El tiempo es una apisonadora.

Para Quirke apenas han pasado unas semanas, o tal vez algunos meses, la sensación que yo tenía es que podían haber pasado un par de años, puede que tres, pero la despiadada realidad es que han pasado más de seis. Me siento como si me hubieran soltado una violenta guantada. Uno va aplazando las cosas y luego pasa lo que pasa, la inquebrantable y consistente efectividad del paso del tiempo.

Sobre el libro han pasado más de seis años, pero cuando empecé a leerlo, daba la impresión de que fue no hace tanto que compartía con Quirke ese whisky, mientras los dos mirábamos a través de la ventana cómo una lluvia muda caía inclinada sobre las adoquinadas calles de Dublín.

domingo, 25 de abril de 2021

Sofía: Quince años

El 23 de abril es conocido por ser el día del libro, y aunque en casa procuramos ser buenos lectores, para nosotros esa fecha tan señalada lo que realmente celebramos es el cumpleaños de nuestra -ya no tan pequeña- Sofía. Este año cayó en viernes, de manera que aprovechamos para salir a una pizzería a almorzar, porque nuestra pequeña artista es una voraz consumidora de lasañas, y si a cualquier pizzería que vayamos la tienen en la carta, casi con total seguridad todos sabemos que es el plato que se va a pedir. En esta ocasión era seguro que estaba incluida en la carta porque fuimos a la pizzería Mona Lisa, una de sus pizzerías preferidas. A tiro fijo. 

En casa teníamos prevista una sorpresa para ella, pues le habíamos encargado una tarta de chocolate blanco, que es una de sus preferidas, y sin que lo esperara la sorprendimos con un par de velas sobre la tarta y bueno, algunos regalos también le cayeron. En un día así sabe que un libro lo tiene asegurado.

Siempre es una satisfacción ver a alguien cumplir años, especialmente a los jóvenes. Por un lado hay una especie de sentimiento de deber cumplido, de ser partícipe, de estar ahí y poder disfrutarlo y por otro lado hay un tenue sinsabor de que todo va pasando, porque es ley de vida, los años van avanzando y aunque pasan para todos con la misma obstinada precisión, conforme uno va haciéndose mayor da la sensación de que va más rápido para unos que para otros. No tiene nada que ver con aquella relatividad del tiempo sobre la que basaba su teoría Albert Einstein pero así es, o al menos, así me lo parece y estoy seguro que en casi un abrir y cerrar de ojos ya estaré de nuevo celebrando el cumpleaños de mi niña. Crucemos los dedos.

miércoles, 7 de abril de 2021

Rafa Macarrón en el CAC Málaga

El mismo día que visitamos el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga para ver la exposición de Jules de Balincourt, también visitamos la exposición del autor madrileño Rafa Macarrón. La exposición fue bautizada con el nombre de Quince, porque ese es el número de obras mostradas, tanto dentro de las salas como en el exterior, porque en el mismo acceso al edificio del CAC Málaga, junto al río Guadalmedina, estaba expuesta una enorme y llamativa escultura de bronce en color negro titulada Perro I.

Quince puede parecer un número reducido para una exposición, pero la realidad es que dentro de cada obra de Rafa Macarrón existen muchas pequeñas obras, nunca mejor dicho en este caso, porque las obras de Rafa son en general de grandes dimensiones y abundante contenido, especialmente en un políptico formado por cincuenta dibujos individuales e independientes.

La obra que me encontré es la trabajo, según mi juicio, de un amante de los cómics, algo que se puede comprobar especialmente en el políptico, que parece la presentación en forma de orla de la ficha de todos y cada uno de los estrafalarios y  singulares seres que uno podría encontrarse en un lugar como la Cantina de Chalmun, aquel establecimiento ficticio de la saga de Star Wars localizado en el planeta Tatooine. Fotos de carnet de seres imaginarios, que parecen pertenecer a una misma especie a pesar de ser tan distintos entre sí, pero que Rafa les ha conferido una especie de inhumanidad común entre ellos.

Ver la obra de Rafa Macarrón requiere tiempo y ganas de jugar. Hay que dar un paso atrás y regresar a cuando nos tumbábamos en la cama, nos quitábamos los tenis sin desabrochar los cordones, usando la técnica innata de talón contra talón y disfrutar de lo que se ve, como antes disfrutábamos de un cómic. Pasar la página con los ojos bien abiertos y observar que en los dibujos uno puede apreciar influencias que a mí me parecen evidentes como la de Picasso -¡esas manos con dedos como panes!- y otras no tan evidentes como la de Basquiat.

En la exposición presentada en Málaga deja de lado los colores vivos y gritones que otras veces ha utilizado en sus obras y se decanta por blancos y negros y una reducida paleta de pasteles, así como múltiples técnicas y un amplio número de materiales.

domingo, 4 de abril de 2021

Jules de Balincourt en el CAC Málaga

Hacía tiempo que teníamos pendiente visitar el CAC de Málaga y poder contemplar con tranquilidad un par de exposiciones que teníamos ganas de ver. Una de ellas era  After the Gold Rush, del artista francés instalado en Brooklyn, New York, Jules de Balincourt.

A cualquiera que tenga un aceptable nivel de conocimiento musical el título de la exposición le trae al recuerdo el fabuloso disco y canción de mismo nombre publicado por Neil Young en 1970. Y, en mi caso, desde el mismo comienzo del recorrido ya llevaba metida en la cabeza las primeras notas de la canción. El recuerdo de mi primer concierto de Neil Young en Madrid 2016, que comenzó con tan maravillosa canción me acompañaba durante el recorrido. Si uno recuerda la portada del disco del autor de origen canadiense, puede fácilmente asociar que la portada del disco, que es una foto en una especie de negativo, tiene algo que ver con el juego de colores que respira la obra allí expuesta. ¿Influencia tal vez?

Lo primero que llama la atención de la obra de Balincourt es su particular uso de los colores. Es sorprendente la saturada viveza de sus cuadros. Las atmósferas entre fantasiosas e irreales son su predilección. Los exteriores humanizados por edificaciones que se ven envueltas por la salvaje fuerza de una naturaleza arrolladora. El juego de contrastes entre los colores naturales de la realidad y como Jules lo muestran son el plato principal de su luminosa obra. Hay una especie de búsqueda utópica en su pintura.  Una lucha, o más bien, un enfrentamiento entre lo idílico y lo inquietante, entre el caos y la armonía. Algunas de las escenas propuestas en sus cuadros parecían vivir disfrutando de un mundo post apocalíptico, y todo envuelto en una luz crepuscular o abrasadora. 

Las personas representadas parecen ser figurantes de una comunidad frente a la naturaleza. Hay una especie de comunión espiritual en su obra. Nadie está haciendo nada más allá de ocio. Sentados alrededor de un fuego, paseando a pie o en barca, yendo y viniendo sin prisas, sosegados, pero el uso que Jules hace de los colores transmiten un desasosiego y una intranquilidad que es justamente el encuentro entre los extremos que el artista andaba buscando.

Una exposición diferente, que te va llevando a su terreno en cuanto uno permite que su desacostumbrada luz entre en nosotros.



domingo, 28 de marzo de 2021

Del Natural - W. G. Sebald

Hacía tiempo que me encontré en el rastro con el libro Del Natural,  pero en una edición en inglés, titulada After Nature de W.G. Sebald. No lo pensé mucho, me lo compré. El precio era irrisorio, me daba hasta pena dejarlo allí, estaba en muy buen estado y además es un libro que no me había leído aún. Lo solté en casa por alguna estantería y ahí estuvo acumulando polvo hasta que hace poco me lo crucé y decidí desempolvarlo. Me apetecía leer poesía.

Así que un tiempo después le pedí a un amigo que yo sabía que tenía el libro en castellano que me lo dejara. La idea era ir leyéndolo en inglés, intentar sacar el sentido y luego, leerlo en castellano, de manera que mejoraría mi inglés y me serviría para  comprender mejor la ardua tarea de la traducción.

 Me equivoqué. No aguanté mucho. La literatura de Sebald, que escribía en alemán, traducida al inglés para un lector que como yo, que se ve obligado a leer el idioma de Shakespeare con un diccionario al lado, me supuso una tarea ingente y lentísima. Lo cierto es que no duré muchas páginas así,  pronto comprendí que mi esfuerzo de traducción además de ingrato estaba siendo absolutamente inútil, de manera que terminé leyéndolo en la misma lengua que los políticos españoles están intentando mancillar a diario. Cada línea que yo había intentando traducir del inglés al español, se veía ninguneada por la traducción de Miguel Sáenz. Como era de esperar.

Los poemas de Sebald son irrepetibles e inclasificables. En este caso Sebald escribe un poema en prosa, dividido en tres partes. La primera es una breve biografía de un pintor alemán, Matthias Grünewald, la segunda narra las peripecias de G.W. Steller, un botánico en una expedición con Vitus Bering, y el tercero es un relato autobiográfico de Sebald visitando la pinacoteca de Múnich para contemplar el cuadro de Albretch Altdorfer, La batalla de Alejandro.


sábado, 27 de marzo de 2021

El fútbol en casa

En casa tenemos un hooligan del fútbol, un erudito, que se sabe el equipo, la posición, el nombre y el apellido, la edad y la altura de la mayoría de los jugadores de fútbol de Primera División y gran parte de los equipos que participan en la Champions League. Es un niño y tiene 12 años. Se llama Miguel  y su pasión absoluta es el fútbol, que últimamente comparte también con la PlayStation, aunque su juego favorito, o al menos con el que pasa más tiempo jugando en la pantalla también es de fútbol. Desde muy pequeño adquirió la insana costumbre de darle patadas a casi cualquier cosa que se encontrara por el suelo, fuera redonda o no, blanda o dura. Era así. Un impulso.

Era un niño muy nervioso e inquieto y como se ponía muy pesado con querer salir de casa para ir a jugar al parque, terminamos por apuntarlo a la escuela municipal de fútbol. A que desfogara. Allí destacaba por sus ganas de jugar y bueno, también por meter goles. Tenía algunos amigos del colegio que estaban federados en equipos de fútbol de la localidad y como otra vez se puso muy pesado, lo llevamos a las pruebas para jugar federado, pero no lo cogieron. No había pasado un minuto y ya dijo que el año que viene lo volvemos a intentar.

Siguió jugando en la escuelita y al acabar la temporada insistió para  hacer las pruebas y esta vez sí que lo seleccionaron. ¡Qué contento estaba! Desde entonces llevamos muchos años ya recorriendo los campos de fútbol de la provincia. Los niños mandan. Las pretemporadas, los entrenamientos, llueve o truene, los partidos de liga, los torneos, el frío y el calor sofocante. Comprar botas cada dos por tres. Los cardenales.  Primero con el Fútbol 7 y después con el fútbol 11. Verlo crecer rodeado de compañeros, haciendo equipo, disfrutando, es de una felicidad absoluta.

La decisión que tomamos, o más bien que él tomó con su insistencia cuando aún era un renacuajo, ahora en tiempos de Covid creo que fue un acierto. El fútbol le ha permitido correr, jugar, relacionarse en una época en la que la distancia social ha incrementado la dificultad en la comunicación de los niños. También tiene aspectos negativos, claro está, como todo, pero hoy voy a mirar para otro lado.


sábado, 13 de marzo de 2021

Ojos de agua - Domingo Villar

Suelo elegir los libros que leo influenciado por la publicidad que me llega directa o indirectamente de la editorial. También están las reseñas de prensa, que suelo consultarlas casi justo antes de comprar un libro, para terminar de decidir. Por otra parte, en muchas ocasiones las elecciones son consecuencias de mis vagabundeos por las librerías, yendo y viniendo, curioseando y leyendo las sinopsis, picando de aquí y de allí, pero sin duda las mejores de mis lecturas suelen llegar por el boca a boca. Los libros que van recomendando los lectores tienen un crecer lento pero eficiente, van abriendo poso en cada lector a pico y pala. Cuando una persona que conoces, con la que tienes gustos comunes, con la que has intercambiado lecturas y horizontes literarios cree que un libro te puede gustar, porque te conoce, y sabe de tus gustos, la más de las veces te está haciendo un regalo estupendo, porque muy probablemente el libro será un compañero de vida.

Esto pasó con el libro que viene a ocupar esta entrada, que además de ser una recomendación fue un regalo de un amigo. Ya me había hablado de que estaba enfrascado en novela negra, y que había un autor gallego llamado Domingo Villar que tenía por ahí publicadas una serie policiaca que le estaba enganchando mucho. Como aún él estaba inmerso en el libro, le comenté algo así como ya me contarás si me lo recomiendas cuando lo termines. El caso es que, pasado un tiempo, no sólo me lo recomendó sino que además me lo regaló. Desde aquí le doy de nuevo las gracias que ya le di en persona. 

No voy a destripar nada de la historia, estén tranquilos. Sólo quería contarles que en el caso de este magnífica libro, Ojos de agua, mi mujer, que es también una gran lectora de novela negra,  lo leyó antes que yo, y también le encantó.

Cuando mi mujer se lo acabó casi que tuvimos que salir corriendo a comprar la segunda entrega de la serie donde se describen los quehaceres, enredos y sinsabores de Leo Caldas acompañado de su fiel y brusco amigo Rafael Estévez, para resolver los casos que se le presentan muy a su pesar. La primera novela, que es la única que he leído por ahora. Muy, muy recomendable.

sábado, 6 de marzo de 2021

Salida del baile de máscaras - Raimundo de Madrazo y Garreta

Uno de mis cuadros favoritos del Museo Carmen Thyssen de Málaga es la obra de Raimundo de Madrazo y Garreta, Salida del baile de máscaras, un coqueto óleo sobre tabla fechado en 1885. El cuadro es sencillamente maravilloso. La obra está en la colección del Carmen Thyssen-Bornemisza desde que lo adquirió en julio de 1992, en una galería de Nueva York, de una colección privada de Connecticut. El título original era en francés Bal Masqué (Baile de máscaras). En realidad es un cuadro atípico dentro de su obra, porque Raimundo de Madrazo se podría etiquetar casi como un pintor de retratos, especialmente de la aristocracia y la alta sociedad de París, que era su clientela habitual.

 

Siempre que visito un museo voy eligiendo mentalmente cuál sería el cuadro que elegiría si pudiera descolgar uno y llevármelo a casa. Es un juego tonto y caprichoso, casi una forma de soñar despierto, que además de entretenerme, me hace observar las obras con más detenimiento, porque colgar un cuadro en las paredes del piso es cosa seria. En el Carmen Thyssen probablemente saldría con éste debajo del brazo en cada visita, pero como por ahora no parece viable tal posibilidad, en una de mis primeras visitas me lo compré en forma de postal que aunque sé que no es lo mismo, al menos no tuve que salir a la carrera del museo. Me enamoré de él desde la primera vez que lo vi. Fue un flechazo a primera vista.

Decía que es un cuadro relativamente atípico dentro de la obra de Raimundo porque es posible que su obra más conocida, y la que más ha llegado hasta el público actual son los múltiples y variados retratos de su recurrente modelo Aline Masson. Seguro que han visto alguno. La gran mayoría de ellos son interiores donde la sensual joven exhibe con despreocupación sus momentos de ocio cotidiano, dejando así de lado los grandes temas de la historia clásica, como son los de temática mitológica y religiosa. Dentro del imaginario pictórico de finales del siglo XIX, la belleza física femenina era uno de los géneros que más éxito tenían entre los coleccionistas de arte. Se representaba el encanto y la gracia de las mujeres jóvenes,  como homenaje genérico de la belleza física femenina. Se buscaba especialmente  la emoción o el deleite estético. Los bailes de máscaras fueron casi un género.

¿Pero quién era en realidad Aline Masson? Poco he podido averiguar sobre ella salvo que parece ser que la hija del conserje de la residencia parisina de los marqueses de Casa Riera, muy cercana a la calle donde el pintor pagaba un alquiler para su atelier. Que la relación que tuvieron, ya fuera como amantes o pintor modelo duró más allá de 20 años. Si mantuvieron una relación sentimental, lo desconozco, aunque me inclino a pensar que sí. Porque contemplando los cuadros quien no se ha enamorado un poco de esta joven bella, de sensual figura y sonrisa espontánea.

Pongámonos en antecedentes. Hagamos un resumen rapidito. Raimundo nació casualmente en Roma el 24 de julio de 1841, en una familia de buena cuna. Eso que salió ganando. Desde pequeño tuvo muy buena mano con el pincel y la fortuna de convivir con los mejores pintores de su época a su alrededor.  Fue a las mejores Academias de Bellas Artes y en 1862 se trasladó a vivir y trabajar a París, donde se relacionó con la aristocracia artística y los exclusivos marchantes de arte. En 1966 conoció a Mariano Fortuny con el que hizo gran amistad y que poco después se casó con su hermana Cecilia. En 1874 Raimundo se casó con su propia prima Eugenia, un año después tuvieron un hijo, Federico Carlos, más conocido por Cocó, y la mujer falleció pocos días después por complicaciones con el parto. Su cuñado Mariano Fortuny había fallecido recientemente, por una hemorragia de una úlcera estomacal. Y estos son los antecedentes. Aproximadamente un año después comenzó a pintar cuadros con modelos. Uno de los primeros lienzos en los que aparece su modelo predilecta, Aline Masson, está fechado en torno a 1875 cuando aún era casi una adolescente. Nuestro cuadro, Salida del baile de máscaras, está fechado 10 años después.

En el óleo se representan a un hombre acompañado de una joven que parecen abandonar la Sala de Fiestas Valentino, junto al Hôtel du Nord de París, donde se celebra un baile de máscaras. El hombre, elegantemente ataviado parece indicarle a la joven si desea subir a un coche de caballo pues la joven del antifaz verde, a juego con su calzado, aparenta, por la posición de los pies, que le dolieran, como sería normal después de haber pasado la noche bailando.

Además del coche de caballos y del cochero están el portero de la sala y una serie de personajes que completan la escena. Parece que hay un par de señoritas bastante animadas, pues están levantándose las faldas mientras alzan una pierna, suponemos al son de una copla, o eso me gusta imaginar a mí, también hay un hombre aparentemente vestido de uniforme, tal vez espadachín, con anchos pantalones blancos y holgada chaqueta azul con hombreras a juego con un casco dorado adornado con una voluminosa pluma roja.

Antes de escribir esta entrada de blog decidí darme una vuelta por Internet, averiguar cuatro cosas del cuadro, más que nada para no parecer un paleto integral, cosa que por otro lado nunca creo que consigo. Entre unos cuantos datos que ya he comentado antes, una de las afirmaciones que más me han interesado es que según José Luis Díez, existe cierto parecido con el galán tocado con sombrero de copa que invita a la joven a compartir asiento de coche de caballos con el autor del cuadro, y lo cierto, si comparamos el rostro del hombre del cuadro con el retrato que Federico Madrazo, que fue pintor de cámara de la Reina Isabel II, y grandísimo retratista romántico además de padre de Raimundo de Madrazo, tiene pinta que sí. La siguiente relación sugerida que me surge es: ¿Será la joven que le acompaña Aline Masson? Yo me atrevería a afirmar que sí, pero la verdad es que no puedo estar seguro.

Aline Masson solía posar con postura elegante, algo frívola, en situaciones a veces infantil, a veces maliciosa, muchas ocasiones vestida para el carnaval y siempre de manera idealizada. Este cuadro tiene ese ambiente noctámbulo y mundano que parece encajar con la temática de la que tanto gustaba al artista envolver en los cuadros a Aline.

Pero posiblemente el verdadero protagonista del cuadro, y lo que lo hace realmente sobresaliente es su luz. La incandescencia de los farolillos de gas, la claridad apagada que se deja entrever en la tasca de vinos junto al cartel luminoso del Hotel du Nord y especialmente la atrayente luminosidad que recorta el perfil de la pareja a la salida del baile de máscaras. La luz en varias intensidades y de distintos y singulares orígenes  es la particular maravilla del cuadro. El reflejo en el charco, la delicada luz en el lomo del caballo, o el ángulo de las distintas sombras de cada personaje podrían mantenernos ocupados durante un buen rato.

Dentro del cuadro cada figura, cada detalle, nada parece al azar, todo tiene su importancia, nada sobra  y lo que los une a todos es la luz, esa maravilla de luz. Fíjense bien. Tanto en el reflejo como en la sombra. El conjunto es una maravilla. Uno puede sentir que está en esa noche, y que en breves minutos estará en un carruaje acompañado de una bella joven camino del descanso en la noche.

Una fotografía de Raimundo de Madrazo y Aline Masson