miércoles, 20 de agosto de 2025

Budapest día 1

Una de las ciudades que Pepi ha tenido más ilusión de visitar desde siempre es Budapest. Desde que fuimos a Praga, allá por 2005, donde barajamos la posibilidad de hacer un recorrido conjunto que incluyera las tres capitales europeas: Viena - Praga - Budapest. Posibilidad que desestimamos con la intención de ir una a una, para diferenciarlas en el tiempo y que mantuviéramos una idea por separado de cada una. Desde aquel verano, cada año, siempre ha estado ahí, pendiente de hacerse, entre las posibilidades veraniegas. Pero los viajes que hacemos son un cúmulo de circunstancias particulares, que incluyen, especialmente vuelos económicos, pero también conciertos que queramos asistir y un sin fin de condicionantes que van variando con el tiempo.

En resumen, en el verano de 2005 fuimos a Praga y un par de años después a Viena y hemos tenido que esperar hasta 2025 para ir a Budapest. El asunto se ha ido retrasando, pero más vale tarde que nunca.

Aterrizamos toda la familia, es decir: Pepi, Sofía, Miguel y yo, en el aeropuerto internacional de Budapest Ferenc Liszt alrededor de las 9:20 de la mañana. Sí, ese día nos había tocado madrugar de lo lindo, pues nuestro vuelo de Ryanair despegaba de Málaga a las 6:00 de la mañana. Así que despertamos como a las 3:30. Hay que llegar al aeropuerto, soltar el coche y seguidamente embarcar. Sarna con gusto no pica, dicen. Una vez aterrizados en Budapest cogimos un taxi que nos llevó  directamente hasta nuestro hotel, habíamos elegido el Meininger Hotel, en el lado Pest de la ciudad, situado junto al enorme mercado del finales del siglo XIX, conocido como Great Market Hall. Como a esa hora nuestra habitación no estaba disponible, dejamos las maletas en una habitación que el hotel tenía habilitada junto a recepción y nos dispusimos a visitar el mercado y buscar cerca un sitio para desayunar.

El Mercado central de Budapest es el mercado cubierto más grande de Hungría y está justo frente al Puente de la Libertad, sobre el río Danubio, que divide a la ciudad en dos zonas, Pest, donde estábamos en ese momento y donde echaríamos el día entero, y Buda, en el lado oeste de la ciudad. El Mercado, digo, está en Pest, en un extremo desde donde comienza el centro de la ciudad, y es uno de los edificios más visitado turísticamente. 

En el mercado compramos un kifli, que es un pan con forma de medialuna, típico húngaro, y lo que ellos llaman una salchicha húngara, que para nosotros es un chorizo condimentado con pimentón. Compramos la versión picante, que es el que habíamos visto recomendado.

Probablemente la calle más comercial de Budapest es Váci utca, que inicia en la plaza Fovám (frente al mercado), y en esa misma calle, a pocos pasos desde la plaza, vimos una cafetería, Pesto, que parecía apropiada. Pedimos unos cafés y con el pan y el chorizo degustamos nuestro primer típico desayuno húngaro. Preguntamos antes si podíamos hacerlo y el hombre dijo que sin ningún problema.

Una vez completamente despiertos, regresamos hacia la plaza para visitar el Puente de la Libertad. La verdad es que el Danubio es un río impresionante. Para nosotros que no estamos acostumbrados a vivir de cerca un gran río, nos sorprende. Sobre el puente pasan tanto coches como tranvías y peatones. El puente es de acero y cuando pasaba el tranvía hacía vibrar el suelo, que provocaba en nosotros una sensación de inestabilidad, que nos hacía pararnos e incluso callarnos. Vamos que parecíamos unos completos pardillos cruzando un puente. 

En el puente hay un mirador desde donde nos hicimos infinidad de fotos con vistas a Budapest. El cielo estaba completamente limpio y el día era primoroso. La temperatura resultaba ideal a esa hora de la mañana.  En el puente encontramos una de las curiosas miniesculturas de metal que hay repartidas por la ciudad, Rey en una hamaca, que representa a Francisco José I, monarca húngaro y esposo de la emperatriz Sissi.

Nuestra intención no era cruzar el río, pero nos acercamos para ver el puente y la plaza. Nuestro recorrido continuaba por la popular Váci utca. En ella encontramos varias esculturas y edificios que nos encantaron. Yo me quise hacer una foto con El escritor pensativo, una escultura del escritor Gyula Krúdy, que pareciera que estaba esperando que alguien se sentara con él y le diera conversación, o le contara una historia, o simplemente se sentara a acompañarlo mientras confiaba que le llegara la inspiración. No he leído nada de él, pero sí de Sándor Márai, que lo consideraba un maestro.

Budapest es casi un museo al aire libre. Sus edificios y sus esculturas, son monumentos dignos de muchos museos. Buscar la estatua de Shakespeare, la de la Chica jugando con perro y una de las más fotografiadas, Little Princess, son una manera estupenda de ir conociendo la ciudad. Así fuimos posando con cada una de ellas para llevarnos un recuerdo en forma de fotografía.

Una de los lugares más bonitos de Budapest, a mi juicio, por su entorno, es la plaza ajardinada con la fuente de bronce de Niños echando agua, en la que se representa a un niño dando de beber a otro en una concha, en el mismo centro de la Plaza Vigadó, frente al sobrecogedor edificio romántico del Palacio de la Música. Maravilloso.

A la espalda está la Plaza Vörösmarty, una plaza peatonal donde encontramos un par de estatuas también muy queridas en la ciudad. Una estatua enorme de mármol de Carrara de un célebre poeta y dramaturgo húngaro que da nombre a la plaza, Mihály Vórösmarty, donde se representa al autor sentado, rodeado por figuras de campesinos, artesanos, madres y niños que representan el pueblo húngaro.  

A pocos metros hay una bella fuente de piedra con farola, decorada con cuatro leones. En esa plaza también está situada uno de los más famosos cafés de Budapest, el Café Gerbeaud, un lugar exquisito y preciosista, de precios elevados, al que sólo nos permitimos entrar -tras preguntar si se podía- a echar un vistazo.

Cruzamos el parque Erzsébet, donde estaba ubicada una enorme noria, junto al elegantísimo Hotel Kempinski, continuamos hacia la Basílica Catedral de San Esteban, un enorme edificio neoclásico del siglo XIX. Una vez allí nos dividimos, unos fuimos a por agua, otros a hacer cola para sacar el ticket de entrada que diera acceso a la base de la cúpula donde se suponían espléndidas vistas panorámicas sobre la ciudad. Las había. Doy fe.

Es una catedral relativamente moderna y se notaba, la estudiada luminosidad, los amplios espacios, las alturas desmedidas, todo de una elegancia imperial. En la base de la cúpula he de confesar que sentí algo de vértigo, y eso que no hacía prácticamente nada de viento. Las alturas me marean. Aún así es una visita que recomiendo mucho. Las vistas a la ciudad, de 360 grados, bien merecen la pena pagar su precio.

Rodeamos la basílica para llevarnos una idea completa y continuamos nuestra visita hacia la Avenida Andrássy, la principal calle señorial y palaciega con tiendas de lujo donde está situada la Ópera nacional, de fachada neorrenacentista que ha rivalizado en belleza y grandiosidad con la Ópera de Viena. Accedimos al hall para poder llevarnos una idea de su belleza interior, pero no la visitamos, teníamos que esperar demasiado y además el precio nos pareció algo excesivo. Gustav Mahler fue director artístico allí, al igual que Richard Strauss. La crème de la crème sinfónica ha pasado por las escalinatas que yo estaba pisando en ese momento. Sé que es una tontería, pero al recordarlo, miras a tu alrededor sintiendo una extraña admiración por un lugar, por el simple hecho de estar donde otras personas que admiras, sabes que han estado. Cosas mías.

Eran más de las dos y media de la tarde y el depósito ya empezaba a necesitar rellenado. Así que no muy lejos de allí, perpendicular a la avenida Andrássy, teníamos localizado un restaurante que nos habían recomendado: Restaurante Menza. Un restaurante de estilo retro donde servían goulash -estofado de ternera- y también Schnitzel -un filete empanado de cerdo- con patatas parsley -patatas cocidas salteadas con perejil, mantequilla y sal- que es lo que yo me pedí. Muy rico. Lo acompañé con una cerveza típica húngara: Borsodi, que no estuvo nada mal. Para el postre cruzamos la avenida Andrássy donde estaba una de las heladerías más famosas de Budapest, Hisztéria Cremeria, donde el helado de pistacho y el de chocolate eran la mayor recomendación. Los probamos.

Unas cuantas calles más adelante estaba la Casa del Terror, un museo en conmemoración de las víctimas de los gobiernos fascistas y comunistas, como fueron el nazismo y el posterior régimen soviético. Por lo visto en este edificio se realizaron torturas y ejecuciones. No quisimos entrar. Acabábamos de almorzar y no queríamos remover las tripas.

Para bajar la comida, dimos un largo paseo por dos largas calles, Nagymezö y Báthory para dirigirnos hacia la estrella de la corona, el Parlamento Húngaro, Patrimonio de la Humanidad. Un edificio absolutamente colosal, magnífico. Teníamos contratada un free tour guiado por el centro de la ciudad que comenzaba su recorrido muy cerca del Parlamento, junto la estación de metro, en Kossuth Lajos. Como llegamos con antelación nos dio tiempo a contemplar tranquilamente su esplendorosa fachada principal. ¡Qué preciosidad!

Tras una breve introducción histórico cultural húngara nos dirigimos hacia la Plaza de la Libertad, un parque ajardinado frente a la Embajada Norteamericana, donde hay colocadas un buen número de estatuas entre las que se encuentran las de Ronald Reagan y George Bush, y también la de la Rana Gustavo (estupendo guiño). En el otro extremo de la plaza hay un memorial a las víctimas del Holocausto, donde uno podía refrescarse con una fuente interactiva que allí estaba instalada.

Continuamos hacia el siguiente punto de interés, que era la Plaza frente a la Basílica de San Esteban, donde explicaron un poco sobre su historia y la importancia del edificio para la ciudad y sus ciudadanos. Seguidamente atravesamos el parque Erzsébet de nuevo, en dirección a la Plaza Városháza, donde habían montados puestos artesanales y donde recomendaron tomar una especie de postre típico, que apuntamos para otro momento. Llegamos al fin del circuito y nos despedimos frente a la Gran Sinagoga que ciertamente es un edificio algo particular, como nos explicó la guía, al tener estilo árabe, pero también bizantino y gótico, además de una vidriera en forma de rosetón, detalle principalmente cristiano. En fin, un pastiche arquitectónico religioso.

En el cruce entre Rákóczi y Károly entramos en una pastelería-panadería llamada Jó, para tomar un café y un tentempié y especialmente para descansar las piernas y vaciar las vejigas. La idea era pasear por el barrio cercano al hotel e ir descubriendo la zona, pero el día se nos estaba haciendo largo. Llevábamos muchas horas en pie y aunque el reloj sólo me marcaba 17 km caminados, había sido un día cargado de novedades.

Aún tuvimos tiempo y pasamos por una hamburguesería que era muy popular en Budapest, Smashy. No pillaba lejos del hotel. El menú era sencillo, no había que memorizar gran cosa. Una cheeseburger simple, con dos tipos de salsas a elegir. Un tipo de patatas fritas y nada más. En cuanto acababas de pedirla, la pagabas e inmediatamente te la daban para llevar. Cuando digo inmediatamente quiero decir eso, te dan el ticket y las hamburguesas en el mismo momento. Sólo había agua y Coca Cola. Rapidísimo. El ketchup y la mayonesa eran autoservicio. Así que en cinco minutos las compramos y fuimos para el hotel, que tenía una cocina común con mesas para servicio de los huéspedes. Allí cenamos. Ni tan mal.

Recogimos las maletas en recepción, nos dieron la habitación, nos acoplamos, ducha y a descansar. El viaje no había hecho más que comenzar.


domingo, 10 de agosto de 2025

Isco regresa a La Rosaleda

Qué sorpresa me llevé cuando se anunció que el Real Betis sería el rival del Málaga CF en el Trofeo Costa del Sol. Primero porque en esas fechas suelo estar hambriento de fútbol, tras una abstinencia veraniega donde sólo salen a la palestra de la prensa los insaciables representantes y las cantidades de millones que se van a pagar por tal o por cual jugador. Además, le tengo simpatía al Real Betis. Especialmente porque últimamente unos cuantos de sus jugadores son exmalaguistas, como son Diego Llorente, Pablo Fornals, su entrenador Manuel Pellegrini o el jugador emblema de Málaga, Francisco Román Alarcón Suárez, más conocido como Isco. Todos se llevaron una ovación del respetable.

Ha habido muchos jugadores que me han levantado de mi asiento en La Rosaleda, pero pocos tantas veces como Isco. Es posible que ninguno más que él. No sólo por sus goles, que también, no sólo por sus pases, muchos de ellos maravillosos, sí especialmente porque me he puesto en pie a despedirlo multitud de veces cuando lo han cambiado. Disfruto mucho de Isco, especialmente de sus controles, son prácticamente magia. Es una delicia verlo jugar. Al menos a mí me lo parece.

Así que compré mi entrada porque era un partido que no me quería perder. La vuelta de Isco a La Rosaleda. Pero también de Pellegrini, que posiblemente es el entrenador que más me ha hecho disfrutar en el templo malaguista.

Había muchos alicientes. Mes y medio después de firmar un final irregular de temporada, en decimosexta posición, con 53 puntos, 8 puntos por encima del descenso. El Málaga regresaba a La Rosaleda. Miguel y yo pudimos ir a ver un partido de pretemporada en Marbella, contra el Almería, que nos dejó un muy buen sabor de boca, con una victoria por 2-1, donde vimos a Nelson Monte, que lo había fichado el Almería desde el Málaga.

En ese partido ya se nos habían ido además el extremo y delantero Antonio Cordero al Newcastle y Kevin Medina al Córdoba, pero regresaba Joaquín Muñoz que llegó libre desde el Huesca, el mediocampista Carlos Dotor cedido desde el Celta de Vigo, el delantero experimentado Eneko Jauregui libre desde el Racing de Ferrol y llegó traspasado Adrián Niño desde el Atlético de Madrid. El Málaga estaba pendiente ahora de fichar a un central, a ser posible experimentado en segunda división. Quedaban varios retoques pero básicamente el equipo estaba hecho.

El partido contra el Betis fue brillante. Teníamos dudas del once que dispusiera Pellegrini, pero puso a Isco titular. Un Mälaga excelso realizó una primera parte primorosa. David Larrubia dio un verdadero espectáculo de regates. 1-0 al descanso con gol con la izquierda de Larrubia a estupendo y medido pase de Carlos Dotor. En el descanso Sergio Pellicer, para dar oxígeno, dispuso cinco cambios. Pero lo que marcó el partido fue una acción fortuita, en la que Larrubia golpeó a Isco en el tobillo con tan mala suerte que lo lesionó y tuvo que retirarse del partido. Otra vez de pie aplaudiendo.

En la siguiente jugada, una cabalgada por banda de Larrubia, de manera individual, cruzó al segundo palo y anotó el 2-0. El partido era un disfrute. Dos minutos después Chupe ante la parsimonia de la defensa cruzó de fuerte disparo y anotó el 3-0.  En los 10 últimos minutos el Cucho Hernández anotó el gol verdiblanco dejando el marcador final en 3-1. 

El XXXV Trofeo Costa del Sol se quedó en casa. Pero nada de esto serviría si no tuviese continuidad en liga.


jueves, 7 de agosto de 2025

En Setenil de las Bodegas

Todos los veranos, desde hace ya muchos años, solemos irnos junto con una par de familias amigas a algún pueblo de la sierra de Cádiz, para desconectar del trabajo, del bullicio de los restaurantes masificados, del atasco tras atasco en el tráfico y del calor sofocante. Este año elegimos uno de los pueblos blancos de la Sierra de Cádiz: Setenil de las Bodegas. 

No era nuestra primera vez en Setenil de las Bodegas. Pepi y yo ya habíamos estado varias veces cuando ella estuvo destinada en Grazalema como profesora de idiomas. Pero ya hacía bastante tiempo, y nos apetecía.

Setenil tiene la curiosidad de tener algunas de sus calles del centro incrustado en la roca del tajo que se ha formado durante miles de años. No es que se haya excavado la roca, es que la roca ha ido erosionándose con el paso de los siglos, tal vez milenios, hasta quedar como la encontramos ahora mismo. Es algo muy curioso y especial para ver.

Aprovechando el tirón turístico de la localidad, muchas de esas cuevas se han convertido en restaurantes, y tiendas de comercio, de tal forma que el centro del pueblo, allí donde el tajo discurría más serpenteantemente, es ahora un entramado turístico popular.

Mis días de Setenil de las Bodegas no tenían doblez, eran repetitivos y simples. Recién iniciadas mis vacaciones, me deshice poco a poco del nerviosismo apresurado de los últimos días de trabajo, en el que la premura de cumplir los plazos estipulados, había ensanchado mis nervios de tal manera que me encontré como si tuviera el pensar algodonado, como si un mínimo raciocinio hubiese pasado a un estado permanente, aunque al fin resultara transitorio, de alelamiento general. A base de refrescar la cabeza en la piscina y de lubricar el gaznate con cerveza fresca, fui recuperando el pulso sosegado y lánguido de mis vacaciones.

Y así, casi como todos los veranos, una vez más, comprobé de primera mano que no existe mejor medicina que comer sano, dormir suficiente y disfrutar de una buena compañía. 

domingo, 3 de agosto de 2025

Rufus T. Firefly en la Finca El Portón

Comencé mis vacaciones un viernes, el 1 de agosto. Siempre está bien iniciar las vacaciones, pero un viernes, es algo distinto. Empiezas la semana sabiendo que es corta, y cuando se acerca el fin de la semana y el cansancio asoma, ya estás de fin de semana, y encima, después tienes  las vacaciones. Lo malo era que al final las vacaciones me iba a tocar regresar un lunes, pero eso ya es otra historia que estaba por llegar.

Nada más comenzar mis vacaciones tenía pillada hace tiempo una entrada para ver a Rufus T. Firefly. Desde que acabó el concierto de la banda de Aranjuez en La Trinchera había estado atento a nuevos conciertos por la zona, pero las veces que vinieron lo hicieron en festivales. No es que no me gusteç ir a los festivales, al contrario, es un momento estupendo para conocer nuevas bandas. Pero ir sin compañía a festivales es algo triste, y no encuentro fácilmente acompañantes de festivales. Además, prefiero ver a las bandas que me gustan más en conciertos propios, y si es posible en sitios cuanto más íntimos mejor. Pero créanme que no es fácil.

La Finca El Portón es un lugar maravilloso para verlos en directo. Es un anfiteatro al aire libre rodeado de vegetación y posee una leve inclinación y según el horario, puede coincidir con el atardecer tras el escenario. Una preciosidad. Es uno de mis sitios favoritos para ver conciertos. Acudí solo al concierto, pero luego supe que un amiguete iba a ir y bueno, luego allí me encontré con mi prima Ana, un viejo amigo, Gago, y saludé a unos cuantos conocidos.  En realidad en un concierto nunca estás solo.

Iniciaron el concierto con sus temas El coro del amanecer, La plaza y Camina a través del fuego, los tres extraídos de su último disco, Todas las cosas buenas, publicado en abril de este año. Comenzaron poco antes de las 21:30 y pudimos contemplar tras de ellos el atardecer. Precioso.

El inicio de Polvo de Diamantes sonó muy groovy -disculpen el anglicismo- con un inicio de guitarra rasgado y con un sentido rítmico contagioso. Casi enfermizo. Continuaron con una canción, Ceci n'est pas une pipe, que canta Julia extraída de su último disco.

Un momento especial del concierto fue cuando tocaron Reverso, que fue una canción que les encargaron para una exposición en el Museo del Prado, y precisamente la persona que se los encargó, un tal Miguel Ángel, estaba en entre los asistentes. A él fue dedicada la canción. Sonó muy bien. 

Trueno azul la alargaron, haciéndolo algo más ochentera y la unieron con Dron sobrevolando Castilla-La Mancha. Justo después dieron las gracias al técnico de sonido, Juanra, que esa noche hacía su último bolo con la banda, tras 9 años juntos de gira. Seguidamente tocaron Canción de paz, una de mis canciones favoritas del disco. Terminaron el set principal con El principio de todo. ¡El inicio es brutal!

Abandonaron el escenario y comenzó a sonar de fondo Planet Caravan, de Black Sabbath, en claro homenaje a Ozzy Osborne, recientemente fallecido. ¡Qué temazo! La dejaron entera. Me pareció un precioso detalle.

Reaparecieron en el escenario con unos de sus mejores temas en directo, Sé donde van los patos cuando se congela el lago. Continuaron con Río Wolf, que tiene uno de los mejores finales de canción de la historia de la música, en especial en directo. Acabaron el concierto con Nebulosa Jade, que es un final estupendo.



Pd: Me quedé con las ganas de escuchar su nueva canción Premios de la música independiente. Tendré que volver a verlos.