jueves, 21 de agosto de 2025

Budapest Día 2

Segundo día en Budapest. Nos dimos un poco de margen para descansar y programamos la alarma a las 7:30, aunque yo ya llevaba un buen rato despierto antes de esa hora. Mi ansiedad en los viajes esa así. La idea era ir a desayunar a algún sitio cerca del hotel, porque no teníamos incluido el desayuno. El día anterior frente al Smashy Burger vimos un par de cafeterías que parecían apropiadas. Nos decidimos por Kaffeine. Espresso Bar. A mí me gustó. Tomé un café muy bueno y una especie de bollo algo dulzón con unas lonchas de un tipo de salchichón típico de la zona, con algo de rúcula. Muy rico.

Para nuestro segundo día teníamos también un free tour reservado pero en esta ocasión por Buda. El itinerario comenzaba junto a la estación de metro Széll Kálmán, que estaba prácticamente en uno de los otros extremos de la ciudad. Así que cogimos un taxi que nos acercó hasta allí. Los taxis son relativamente económicos en Budapest, y además como somos 4, pues compensa. Nos dejó cerca del Museo de la Moneda y Banco Nacional, que si bien no teníamos intención de visitar interiormente, sí de verlo por su exterior que, tras una reciente remodelación, ha mantenido su estilo Art Nouveau. Junto al edificio pudimos ver una grandiosa estatua de un ciervo, símbolo de la ciudad.

Esperando el momento del inicio del recorrido, junto a nosotros pudimos ver a unas aves que no recordaba haber contemplado antes. Me encanta ver especies de aves que no haya visto antes. Parecían cuervos, pero de menor tamaño que los que yo he solido ver, y lucían dos colores, la parte de la cabeza y el babero, así como las alas eran negras, el resto gris. Pensé que podrían ser unas urracas. No lo tenía claro. Le hices unas fotos para luego mirarlo con más tranquilidad en las redes. Según creo eran cornejas cenicientas, que es de la familia de los córvidos. En algún sitio decían que era un cuervo encapuchado. Parece que la principal diferencia es el tamaño. Así que me inclinaría por la primera, la corneja cenicienta, que además cuadra mejor por el hábitat, que es más sencillo encontrarla en ciudades.

Aún teníamos algo de tiempo hasta el inicio del tour y entramos en el centro comercial Mammut, que estaba a pocos minutos del punto de encuentro, pues Miguel se había venido al viaje sin un cinturón, así que fuimos a buscarle uno, ya que estábamos allí. Fue algo rápido.

Iniciamos el recorrido hacia el Castillo de Buda, por Várfok, y accedimos en ascensión por la Puerta de Viena, uno de los accesos medievales al casco histórico, también conocida como puerta judía. Conectaba el Castillo de Buda con el camino que llevaba a Viena. Giramos hacia la derecha donde está el impresionante edifico de los Archivos Nacionales de Hungría. Seguidamente encontramos el Ayuntamiento y en frente la Iglesia de María Magdalena, cuya torre gótica se remonta al siglo XIII. La iglesia sufrió graves daños durante la II Guerra Mundial y lo que queda es lo poco que se conservó. Dentro del casco antiguo, que está amurallado, hay un buen número de edificios oficiales,  como la Embajada de Alemania o  el Archivo de Historia Militar, hoteles y restaurantes. La guía nos llevó por un camino ajardinado, a la sombra de cerezos, que aunque no estaban en flor, estaban preciosos, desde donde disfrutamos de unas vistas excelentes a la ciudad. Un lugar acogedor y romántico. El paseo era un lujo.

Giramos para encontrarnos con la Estatua ecuestre de Andras Hadik, un capitán imperial húngaro. Por lo visto entre los estudiantes existía la creencia de que si le tocas las partes nobles al caballo,  te traería suerte en los exámenes, y ahora, con el viento a favor de la tontería humana, casi cada turista que pasa,  repite las caricias y el caballo tiene los testículos brillantes como fruta madura. En fin.

Al final de la calle el tiempo se detiene, la belleza coge aire y asciende, es imposible no levantar la vista hacia la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, también conocida por Iglesia de Matías, con su torre  del siglo XV. En frente, la estatua barroca de la Santísima Trinidad erigida para conmemorar el fin de la epidemia de la peste. Algo más al fondo la Estatua Ecuestre de San Esteban I (1906), sobre un pedestal neorrománico con escenas de su vida  y los cuatro leones guardianes, todo ello enmarcado por el precioso Bastión de los Pescadores, que hace las veces de muralla, mirador y terraza con vistas panorámicas sobre el Danubio con el Parlamento al fondo. Es un sitio verdaderamente bello a pesar de que estaba abarrotado de turistas. Pero no es de extrañar que todo el mundo que vaya a Budapest pase por allí.

Podríamos pasar el día contemplando cada uno de los detalles del barrio, pero no siempre es posible, en ese momento no lo era, la visita continuaba. Tras unos minutos de descanso que la guía nos regaló y que todo el mundo utilizó para hacerse fotos, seguimos con el tour. Caminamos por calle empedradas en dirección sur, hacia el Palacio Presidencial.

Todo esta zona algún día será preciosa, pero a nosotros nos tocó visitarla en obras. Grúas, albañiles con chalecos y casos fluorescentes, vallas señalizadoras, andamiajes, zonas de apero y sobretodo un terrible rugir de martillazos y taladradoras. Un trasiego extraño que mezclaba empleados ajetreados con turistas ociosos. Apenas pudimos escuchar la explicación que la guía ofreció sobre la Fuente del Rey Matías y sobre la leyenda que en ella se cuenta. Aquí acabó la visita. 

Nos acercamos a una terraza mirador que presidía la Estatua del Príncipe Eugenio de Saboya, desde allí había unas vistas magníficas hacia el Danubio y especialmente hacia el Puente de las Cadenas, el más antiguo de los puentes que unen las dos partes de Buda y Pest. Descendimos por unas inmensas escaleras que bajaban directamente desde el Castillo a la rivera del Danubio y desde allí cruzamos hacia Pest por el Puente de las Cadenas. Me agradó mucho cruzar el Danubio a pie por el puente.

Nos dirigimos por Zrínyi, que es una larga calle peatonal muy animada, llena de restaurantes, frente a la fachada principal de la Basílica de San Esteban. Sabíamos que los restaurantes allí no iban a ser baratos, pero yo había leído buenas críticas de algunos de ellos. Nos decidimos por Iconic Gulyás Lángos. La terraza tenía buen ambiente, y una mesa en la terraza y algunos platos que estaban tomando algunos comensales nos terminaron de convencer. Nos sentamos en la terraza. Barato no fue, pero comimos muy bien. Pedimos un lángos clásico, para probarlo, yo no las tenía todas conmigo, porque había escuchado que era como un churro pero con forma de pizza. La verdad es que nos gustó, especialmente a Pepi. Yo me pedí un gulash, o estofado de carne ternera con pasta de queso cottage. ¡Riquísimo! En el interior había varios músicos tocando en directo. Nos repusimos de la caminata más que bien.

Decidimos que una buena forma de bajar la comilona era caminar toda la famosa avenida Andrássy. Y eso hicimos. Iniciamos la caminata frente a la basílica y comenzamos el recorrido desde el inicio. Pasamos de largo por la Ópera, donde estuvimos el día anterior, cruzamos el cruce de caminos, Oktogon, y bajamos a ver la parada de metro en Vörösmarty, que nos habían comentado que las estaciones de metros en Andrássy eran los más bonitos y continuamos nuestro recorrido hasta llegar a la Plaza de los Héroes, al final de la avenida. A la izquierda está el Museo de Bellas Artes de Budapest, un edificio de estilo neoclásico con una colección egipcia y una pinacoteca estupenda, pero no disponíamos de tanto tiempo. A la derecha el Museo de Arte Moderno. Sólo contemplar el friso neoclásico de vivos colores, algo atípico, es algo espectacular. Contemplar su fachada es una delicia. 

Gran parte de la Plaza de los Héroes permanecía vallada porque estaban montando un escenario para un concierto que iban a dar próximamente y la afeó bastante. Al otro lado del lago, del que todos hemos visto fotografías de gente patinando sobre la lámina de agua congelada, está el Castillo de Vajdahunyad (qué trabajito lleva escribir estos palabros). El castillo tiene un aire mágico, como de cuento de hadas, con una arquitectura típica húngara y su torre de piedra junto al foso, abrigada de hiedra, es una estampa bellísima. Intramuros, frente al Castillo está la Capilla Jaki, de estilo románico, junto a un monasterio que sirvió como antigua abadía benedictina. Es sencilla y a la vez imponente. El entorno es precioso, un bosque de árboles de una elegancia extraordinaria. Al fondo incluso se veía un gran globo aerostático, que ascendía al calentarse el aire, pero que estaba bien sujeto con una larga cadena que impedía que ascendiese más de la cuenta.

Junto a la Capilla vimos una escultura dedicada al autor del Gesta Hungarorum, que es algo así como una crónica sobre la historia de Hungría, al que se suele denominar como Magister P, o simplemente Anonymous. La escultura posee un toque siniestro y lúgubre. A mí no sé por qué me recordaba a la Inquisición, que provocaba el terror allá por donde fuese. Por si acaso, abandonamos el recinto en dirección al Balneario Széchenyi, que no quedaba lejos de allí. 

Nuestra idea no era darnos un baño caliente porque era una experiencia que en agosto no nos apetecía, pero quisimos acercarnos para verlo de primera mano. Posiblemente es una de las atracciones más famosas de Budapest, y lo cierto es que no me llevé ninguna sorpresa, encontré lo que esperaba: un lugar icónico, el balneario más grande de Europa, bello y concurrido. 

Decidimos regresar al centro pero no nos apetecía realizar el mismo trayecto otra vez, y no era cuestión de fatigarnos los pies porque sí, así que llamamos un Uber vía app, que vino en forma de Tesla (en realidad lo pedimos así). Mi primera ocasión montándome en un Tesla. Me resultó curioso ver cómo el navegador de la pantalla simulaba hasta a la gente que caminaba por la acera. Nos llevó de nuevo hasta el inicio de la Avenida Andrássy, donde la guía nos había recomendado probar los Chimney Cake, un pastel típico húngaro de masa dulce en forma de espiral cilíndrica con la superficie caramelizada con un toque de canela o chocolate. A Pepi le encantó.

Tras tan dulce parada decidimos continuar nuestro descubrimiento de Budapest dejándonos perder por las calles del barrio judío y conocer de primera mano los Ruin Bars, que son unas cervecerías o bares de estilo vintage que se han montado en edificios abandonados, de varias plantas de altura, algunos de ellos en ruinas. Hay muchos de ellos. Buscamos un sitio que se llama Street Food Karaván, que es como una parcela donde se han montado un buen número de quioscos de comida rápida y típica, donde puedes comprar comidas de muchos tipos y después sentarte a comer en unas mesas de madera que hay por el centro. Es curioso, pero nosotros no teníamos nada de hambre.

Para esa noche habíamos reservado a través de la guía del tour de esa misma mañana un viaje en barco nocturno por el Danubio. Ella lo había recomendado y nosotros teníamos la intención de hacerlo, así que nos dejamos aconsejar. Como el barco salía desde el otro extremo de la ciudad, llamamos un Uber que nos llevó hasta el punto del puerto desde donde salía el barco. Llegamos pronto, pero nos vino bien porque luego no había asiento para todo el mundo en el barco y pudimos coger un buen sitio para disfrutar de las vistas durante el trayecto.

Budapest es una ciudad imperial, preciosa, verdaderamente bella, pero de noche lo es aún más.  Navegar por el Danubio, contemplando a izquierda y derecha los edificios del Parlamento y la Basílica, o el Bastión de los pescadores y el Castillo de Buda, todos ellos excelentemente iluminados, es un sueño de fulgor y encanto. El edificio del Parlamento, iluminado con brillantes focos dorados y su simétrico reflejo amarillento de la luz en el agua del Danubio producen un efecto casi radiante, como una corona de gloria, una aureola irradiando resplandor y belleza. Algo imposible de describir en un texto.

Descendimos de la travesía en barco todavía deslumbrados por la belleza imperecedera de lo que acabábamos de admirar, comenzamos a caminar y en cuanto comprobamos que había casi una hora de camino llamamos a un Uber que nos llevó de vuelta al hotel donde descansamos con la mente todavía abotargada por lo vivido. 



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