sábado, 14 de septiembre de 2013

Los años compartidos

Hoy es el cumpleaños de mi santa. Y cada vez que llega esta fecha doy gracias a la vida por haberme dado la oportunidad de vivir a su lado bastante de sus cumpleaños, bastante más de la mitad. Durante todos estos años hemos enfocado nuestras vidas siempre juntos, hemos vivido casi inseparablemente cada una de nuestras experiencias, apoyándonos el uno en el otro, algunas mejores y otras peores, como la vida misma, hemos crecido compartiéndolas, y recorriendo ese camino hemos madurado juntos, nos hemos hecho adultos también juntos (ella, les aseguro, más que yo), con más alegrías que sinsabores.

Desde hace unos años tiramos esforzadamente hacia adelante de una familia, la nuestra, nosotros y nuestros niños, nuestros dos pequeñajos, y también lo hacemos de la mejor manera posible, ni mejor ni peor que los demás, pero al menos de la mejor manera que podemos, que es como todas y cada una de las experiencias que hemos vivido antes y que nos han hecho crecer como personas, compartiendo nuestro amor y obrando de la manera más natural, sencilla y honesta que hemos podido -sabido-.

Por eso los cumpleaños son siempre una causa de felicidad y de alegría para mí, porque son una manera de celebrar la dicha de nuestras vidas. Así que hoy estoy aquí, delante de esta pantalla, intentando explicar que en lugar de felicitar a mi mujer por su cumpleaños quisiera darle las gracias por los años compartidos. Un beso cielo.


viernes, 13 de septiembre de 2013

Los más felices en la derrota

Escribía ayer sobre las personas que habitan este mundo con la facciones agrias y la mirada torcida. Personas con el espíritu insípido y malhumorado, aquellas que nunca están felices ni contentas. Comentaba también que todos, de alguna manera, hemos compartido experiencias con personas así. Es inevitable. Todos hemos rozado sus vidas funestas, nos los hemos encontrado en la cola del cine o en la de la gasolinera, aunque difícilmente nos los cruzaremos en la entrada de un museo. Los museos son para deleite y disfrute.

Estas personas arrastran un halo de malvivir su existencia y se les distinguen por el penoso rastro de tristeza que van desprendiendo. Suelen ser tacaños y terriblemente misántropos, además de huraños y ariscos. En definitiva, una joya para adornar sus vidas. Si quieren entristecer sus días no hay nada como adoptar la amistad con alguno de ellos. Los definí en el título de la entrada como la zona oscura de la humanidad, aunque quizá exageraba algo con dicha generalidad, pero ¿qué generalidad no es del todo injusta?

En definitiva que al concluir la entrada, y después de leerla, me quedó la impresión de que era una entrada escrita quizás demasiado rápidamente, y que me dejé mucha tinta fuera del tintero, pues mi primera intención era contarles que hay personas que encuentran la belleza en cualquier lugar y otras, en cambio, no la ven aunque Miss Felicity les agarre del cuello. Pero uno se pone a escribir y el teclado lo tuerce el diablo.

Quería explicarles que el mundo está lleno de variedad, del encanto de la variedad y que igual que hay quien disfruta estirándose al despertar durante un buen rato, también hay quien necesita dar un salto al galope de los días. Hay quien medita cada decisión paciente y metódicamente y quien se arranca por bulerías a las primeras de cambio. Hay quien antes de un viaje planea cada giro en cada una de las visitas que realice y a quien le agrada perderse. Hay, también, a quien le gusta probar comidas nuevas, probar nuevos sabores y quien prefiere no salirse del mismo plato de todos los sábados. Hay gente espontanea y gente visceral. Hay y debe haber de todo en la viña del señor.

Pues la vida, señoras y señores, en mi opinión, es un poco así. Hay quien prefiere lanzarse a sentir la novedad de vivir y hay quien prefiere sentarse a ver qué pasa. ¿Qué es mejor? Pues supongo que depende de cada persona. Es una percepción intrínseca de cada uno. Cada cual ha de hacer, dentro de sus limitaciones, lo que más le apetezca, lo que más feliz le haga, o simplemente lo que más le haga sentir la experiencia de sentirse vivo.

Un ejemplo claro de todo lo que les digo lo vivo cada fin de semana cuando voy al estadio de fútbol de La Rosaleda. Allí constato todo lo que les escribo arriba. Compruebo que hay aficionados que se pasan todo el partido insultando al árbitro, al entrenador o a los jugadores, del equipo rival o incluso a los de su propio equipo. Hay también aficionados que pasan todo el partido callados sin menear mínimamente una ceja, fumando cigarro tras cigarro y también los hay que celebran con entusiasmo cada detalle técnico de mérito. Pues la vida es un poco así. Hay quien ve la belleza por todos lados y los hay que no celebran el gol de su propio equipo vaya que se despeinen. Puede que todos, en su medida, sean felices tal cual, puede que cada uno en su fuero interno considere que su forma de interpretar las circunstancias es la mejor. Puede que sea algo natural y no aprendido, o puede que todo venga escrito desde el principio en el Ácido desoxirribonucleico. Puede. No lo sé.

Pero cuando  la conclusión del partido llega y veo las caras de todos ellos, nunca es más evidente la diferencia como cuando sus equipos pierden. Cuando salgo y observo la cara de muchos de ellos, comprendo que sólo aquellos que disfrutaban con exaltación ante cualquier detalle, aquellos que se abrazaron al primero que pasaba por allí cuando su equipo marcó un gol, esos son, en la mayoría de los casos, los que se toman la derrota como algo connatural con el fútbol, son, en realidad, por decirlo de alguna ineficaz manera, los más felices en la derrota. Y es que, si se piensa bien, ¿no es el fútbol un juego? ¿no es la vida, al fin y al cabo, una posibilidad de jugar que se nos ofrece? Piénsenlo.

Háganme caso, intenten dar un toque de humor a sus vidas y tiren los dados si desean jugar. Y si meten gol celebren con entusiasmo porque ya les tocará recoger la pelota del fondo de sus  redes.

Imaginen que comienza la segunda parte y aún hay tiempo para revertir el signo del partido. No esperen a disfrutar hasta después del pitido final, porque puede que el resultado no les convenga.



jueves, 12 de septiembre de 2013

La zona oscura de la humanidad

Hay personas que siempre están descontentas. No son felices con nada. Son así y no lo pueden remediar. Les viene incrustado en el ADN. No sé si viene de serie o se consigue como extra con el paso de los días, pero desde pitufos se les puede adivinar el futuro de mala pipa que se están labrando. Me he tropezado con muchos de ellos a lo largo de la vida, y la verdad es que he llegado a la conclusión de que es verdaderamente imposible mantener una relación de algún tipo con ellos. Ya sea como amigo, compañero de trabajo, pareja sentimental o vecino, uno siempre acaba hastiado de ellos hasta la médula.

Se les puede reconocer esperando en la cola de la carnicería, leyendo el periódico en una cafetería, o hablando por el teléfono mientras caminan por la calle. No es difícil acertar. Son personas que siempre parecen tener un dolor de muelas en la mirada, jamás dejan propinas porque el servicio siempre les pareció deficiente, la comida siempre está o fría o demasiado caliente y el café, en su opinión, siempre se los sirven distinto de lo que lo pidieron. Escucharles pedir las cosas por favor es una quimera y dar las gracias por algo es simplemente imposible, si acaso por educación, pero se les nota que les cuesta, les chirrían los dientes mientras las dan, la columna se les arruga, la vista se les oscurece y el volumen de voz decae hasta un nivel casi imperceptible. No parecen entusiasmarse ante ningún acontecimiento, las celebraciones les son indiferentes, los regalos son absurdos, y, según ellos, nadie hace nada nunca desinteresadamente.

Tienen los rasgos avinagrados, los gestos insulsos y apagados, como su manera de vestir,  y lo peor de todo es que parecen no darse cuenta de su mala pipa y malange. Si les ven sonreír, pueden sin ninguna duda, sospechar que algo les mueve, alguna razón oculta para nosotros, algo que les interese, porque, desde luego, su media sonrisa no es natural. Por la falta de costumbre se les nota que es forzada.

Este tipo de personas suelen además llevar siempre la razón y si se dan cuenta de una equivocación o error suyo, lo más normal es que no lo reconozcan. No tienen capacidad para el diálogo ni el razonamiento, mucho menos para el arrepentimiento, porque según ellos, las cosas son así y punto. Lo saben y no necesitan explicar más. Lo importante es su opinión, su punto de vista, y lo demás les importa poco, entre otras cosas porque según ellos no necesitan escuchar lo que vas a decir porque incluso antes de decirlo ya saben que estás equivocado. Si no les interesan agarran la puerta, dicen hasta luego y se van. Aunque a veces ni siquiera regalan un hasta luego, porque son más de decir adiós, porque hasta luego regala un color de esperanza sobre el futuro.

¿No me digan que no conocen a más de uno?


miércoles, 11 de septiembre de 2013

New York

Desde hace ya once años esta fecha se me ha quedado grabada en la memoria como una de las fechas más sobrecogedoras que he vivido. 




martes, 10 de septiembre de 2013

Concatenando lecturas

A la hora de leer, o mejor dicho, a la hora de elegir mis lecturas, me gusta seguir un orden, como una especie de protocolo autoimpuesto de lectura. Me gusta leer alternando novedades de autores en castellano con novedades de autores extranjeros (traducidos, claro -no me queda otro remedio-), pero no me gusta encadenar dos novedades consecutivas y entre medio me gusta leer algún clásico, alguno de esos libros que son referencias de la literatura, libros que después están merecidamente referenciados, lo que conocemos todos como los grandes títulos de la gran literatura mundial. Pero claro, como no todo es novela, entre medio suelo insertar lecturas más ligeras, o mejor dicho menos extensas, como son los cuentos o relatos, por eso suelo tener siempre en casa varios libros de cuentos que voy leyendo poco a poco, saltando de autores; de esta forma es posible que en ocasiones lleve empezados más de cinco o seis libros de cuentos al mismo tiempo. Pero también me gusta leer poesía, y como a menudo surgen uno de esos momentos en los que uno siente estar más predispuesto para leer poemas que otros, para esos momentos, es casi necesario tener algún libro de poemas a mano. Últimamente los poemarios de Luis García Montero son los que más manoseo. Pero no satisfecho con esta variedad también me gusta leer artículos de opinión variados, y también me gusta llevarlo a cabo saltando de unos autores a otros. Además, aparte de todo lo anterior, siento predilección por los libros de viajes, los libros biográficos de viajes son mis favoritos. Cualquier viaje en el que la incertidumbre del destino por llegar sea un misterio es una lectura maravillosa.

Luego siempre quedan huecos para seguir los blogs de algunos autores, algunas bitácoras personales, blogs de opinión, la prensa, deportiva o no, las ediciones de bolsillo para las salas de espera, un libro menudo en el coche, otro cargado en el móvil y por supuesto también en la librería del ipad, y, por si no fuese suficiente, confieso que leo los ingredientes de los alimentos y hasta los ignorados términos y condiciones de uso.

Vamos que si tuviera delante mía a David Beckham sin camiseta me quedaría leyéndolo.


Pd: Por encima aun de todo esta especie de ritual previo a la lectura, como gran norma principal, al final siempre termino leyendo lo que me viene en gana. Sin más.

lunes, 9 de septiembre de 2013

De atrás hacia delante

La vida está medianamente dirigida lo parezca o no, y no quiero decir con ello que yo crea que el destino está marcado o prefijado, ni mucho menos, más bien quiero decir que los inicios, los principios de la vida son similares y que el final, la conclusión de esta vida es inevitable y segura, probablemente lo único seguro cuando se nace sea que se va a morir. Es el precio a pagar, el trance por pasar, pero me pregunto si no sería mejor la vida tal y como la imagina Quino:



domingo, 8 de septiembre de 2013

Una Duvel

Les he contado varias veces en este blog que hace un par de veranos estuve junto con mi señora en Lovaina o Leuven -como la nombran allá en flandes- y les conté que visité su Universidad fundada en 1425 y su esplendorosa biblioteca, y que me quedé encantado con el maravilloso edificio del Ayuntamiento, verdaderamente admirable -en serio, no pasen cerca sin ir a contemplarlo-. Y también me hice fotos en la Grote Markt, y junto a la estatua de Eramos de Rotterdam y paseé por sus calles intrincadas y finalmente paramos a descansar en la Oude Markt, o Plaza Vieja, en una terraza preciosa donde disfrutamos del extraordinario ambiente universitario que se respiraba. Y como no podía ser de otra forma me pedí un par de cervezas belgas, la primera fue una Keizersberg Blond (que ya presenté en el blog), y la segunda fue una Duvel, que es una estupenda cerveza que me ayudó a acompañar un plato típico de la región.

La cerveza Duvel es un clásico dentro de las cervezas belgas de alta fermentación y está en casi todas las cartas de cervezas. Se sirve en vaso ancho con mucha curva, donde la espuma se mantiene prolongadamente, la espuma es además de un blanco níveo, muy menuda, persistente y abundante. El sabor es rico y suave, aunque el 8.5 % de alcohol se hace notar en el paladar desde el primer sorbo. Desde aquel día la cerveza Duvel, con botellín de corta estatura pero de curvas irresistibles, merodea por mi frigorífico más que de vez en cuando. Pídanse una Duvel y den un gusto al paladar.


Pd: Esta fue la cerveza que traje de regalo a mis familiares.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Wisława Szymborska - Posibilidades

Ayer por la mañana estuve en la consulta del médico (algo rutinario, no se preocupen) y como suelo hacer cuando sé que voy a pasar un tiempo en una sala de espera, me llevé un libro para entretener la espera. Así que entré en la sala y le dije a la enfermera que ya estaba allí, a pesar de que aún quedaban más de diez minutos para que llegara mi hora, a lo que me contestó que me sentara en la sala que ya me llamarían. Me acomodé lo mejor que pude en uno de esos asientos tan asépticos e insípidos que pueblan las salas de espera y abrí el libro por el separador de páginas. Una novela sobre robos de arte suprematista.

Pocos minutos después una amable y sonriente anciana se me acercó y me preguntó si estaba libre el asiento de al lado. Su expresión era agradable y simpática, tenía el pelo bien peinado aunque le parte de atrás estaba aún algo aplastada por la almohada. Llevaba los labios pintados y se podía apreciar en su sonrisa que no tenía buen pulso y que seguramente por eso el carmín se le había escapado del perfil de sus delgados labios. Me había hablado en castellano correctamente aunque con un muy acusado acento nórdico. Dudé si sería de ascendencia nórdica o centro europea, quizás alemana -pensé-, o quizás polaca. Le indiqué que el asiento estaba libre, que sí, que podía ocuparlo. Se sentó pero enseguida se levantó y fue a hablar con la enfermera, y mientras yo la observaba le encontré un enorme parecido con la poetisa Wisława Szymborska. Fue pensar en la posibilidad de que fuera polaca cuando me llegó la imagen. Evidentemente era un parecido porque la ganadora del premio Nobel falleció no hace mucho, pero la delicadeza de sus movimientos, la tranquilidad de su mirada, la humildad de sus gestos me dio a pensar que quizás esa mujer, con la edad que se le presuponía, habría sobrevivido al holocausto. Quizás no -pensé-, tal vez es norteamericana y vivió ajena a toda aquella barbarie. Mejor para ella.

Minutos después la enfermera me llamó y entré en la consulta. Al salir de mi consulta, en la sala de espera, aún estaba allí, distrayendo el tiempo observando sus anillos, pensando en vete a saber qué, quizás en las personas que se los regalaron. ¿Quién sabe? Volví a casa. Por el camino había parado a comprar el pan para el desayuno. Encendí el ordenador y leí este poema que ahora comparto.

Posibilidades

Prefiero el cine.
Prefiero los gatos.
Prefiero los robles a orillas del Warta.
Prefiero Dickens a Dostoievski.
Prefiero que me guste la gente
a amar a la humanidad.
Prefiero tener a la mano hilo y aguja.
Prefiero no afirmar
que la razón es la culpable de todo.
Prefiero las excepciones.
Prefiero salir antes.
Prefiero hablar de otra cosa con los médicos.
Prefiero las viejas ilustraciones a rayas.
Prefiero lo ridículo de escribir poemas
a lo ridículo de no escribirlos.
Prefiero en el amor los aniversarios no exactos
que se celebran todos los días.
Prefiero a los moralistas
que no me prometen nada.
Prefiero la bondad astuta que la demasiado crédula.
Prefiero la tierra vestida de civil.
Prefiero los países conquistados a los conquistadores.
Prefiero tener reservas.
Prefiero el infierno del caos al infierno del orden.
Prefiero los cuentos de Grimm a las primeras planas del periódico.
Prefiero las hojas sin flores a la flor sin hojas.
Prefiero los perros con la cola sin cortar.
Prefiero los ojos claros porque los tengo oscuros.
Prefiero los cajones.
Prefiero muchas cosas que aquí no he mencionado
a muchas otras tampoco mencionadas.
Prefiero el cero solo
al que hace cola en una cifra.
Prefiero el tiempo insectil al estelar.
Prefiero tocar madera.
Prefiero no preguntar cuánto me queda y cuándo.
Prefiero tomar en cuenta incluso la posibilidad
de que el ser tiene su razón.

De “Gente en el puente, ” 1986

jueves, 5 de septiembre de 2013

Arte callejero 18

Hay pintadas que solamente tienen sentido cuando llega la noche y la luces de las farolas proyectan sombras sobre los muros de la ciudad, entonces las sombras y las pintadas iluminan el sentido verdadero de las cosas. Esta pintada es un ejemplo de lo que les digo.



martes, 3 de septiembre de 2013

Marilyn Monroe 9

Estamos en septiembre una vez más, y como cada mes este blog necesita de su porción de belleza, y no existe nadie mejor que la reina Monroe para ofrecerles una buena dosis de cautivadora sonrisa.


Desde hoy he decidido que las entradas de Marilyn Monroe poseerán su propia etiqueta. Es estrictamente justo y necesario.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Lunes

Quieren saber qué he sentido esta misma mañana...