jueves, 14 de marzo de 2013
miércoles, 13 de marzo de 2013
Octavos de la Champions League
El que maneja este blog hoy no tiene hueco en la cabeza para otra cosa:
Pd: Hoy me toca vivir un momento histórico.
Pd: Hoy me toca vivir un momento histórico.
lunes, 11 de marzo de 2013
Buenos días
Me encontré con este cartel en Internet y me encantó. Refleja perfectamente uno de los grandes principios básicos de la convivencia: la educación.
Y es que dar los buenos días y pedir las cosas por favor, así como dar las gracias cuando se precisa, no cuestan nada y ayuda mucho a mantener ese ambiente de cortesía y cordialidad tan necesario para contribuir a una buena convivencia.
Es lastimoso darse cuenta que al cabo de un día uno tropieza con mucha más gente maleducada que bien educada y la diferencia, la mayoría de las veces, es simplemente mantener las formas y el saber estar.
domingo, 10 de marzo de 2013
Perspectivas
Últimamente, aparque donde aparque, siempre me acuerdo de esta tira cómica. Cada vez que vuelvo al coche y me siento al volante encuentro que en el cristal hay un desagradable recuerdo turístico de un pajarraco. Lo de pajarraco lo digo por el tamaño. Entiéndanme, que no me gusta entrar en pormenores.
Es posible que si cuidara mejor donde aparco, al volver, no me encontraría con "regalos sorpresas". Si evitara estacionar bajo un árbol cargado de nidos es muy posible que mi visión a través del cristal fuese más limpia, aunque en mi descargo también puedo añadir que no está el tráfico como para ponerse quisquillosos a la hora de buscar aparcamiento.
Pd: Menos mal que estos días ha llovido bastante y he lavado el coche gratuitamente.
Pd: Menos mal que estos días ha llovido bastante y he lavado el coche gratuitamente.
jueves, 7 de marzo de 2013
El mal de Montano - Enrique Vila-Matas
El último libro que he terminado de leer ha sido El mal de Montano, del escritor catalán Enrique Vila-Matas. Libro por el que se le concedió el Premio Herralde de Novela en el año 2002.
Haciendo memoria creo recordar que es el cuarto libro de Vila-Matas que leo, después de Suicidios ejemplares, Bartleby y compañía y Una vida absolutamente maravillosa. El libro mantiene esa aire impreciso y brumoso que rodea el paisaje que emana de la pluma de Vila-Matas, especialmente de su estupendo Bartleby y compañía, que es quizás de entre los tres que he leído -ahora cuatro- el que más me ha gustado.
Uno de los sellos característicos en la literatura de Vila-Matas es la dificultad en definir su obra. La literatura de Vila-Matas es una aleación extraña entre novela, biografía, ensayo... incluso, en ocasiones, parece un texto sacado de un congreso literario. En cualquier caso la lectura es tremendamente atractiva. Leí una vez decir algo así como que sus libros eran el reflejo de un enfermo por la literatura, y bien pensado El mal de Montano no es otra cosa que eso mismo: una enfermedad literaria.
El libro me lo ha prestado Miguel, que también me prestó en su momento Bartleby y compañía, y aunque ya se lo he devuelto, supongo que en su cabeza rondaría la idea de que no se lo iba a devolver nunca, pues he tardado bastante en devolvérselo.
Uno de los sellos característicos en la literatura de Vila-Matas es la dificultad en definir su obra. La literatura de Vila-Matas es una aleación extraña entre novela, biografía, ensayo... incluso, en ocasiones, parece un texto sacado de un congreso literario. En cualquier caso la lectura es tremendamente atractiva. Leí una vez decir algo así como que sus libros eran el reflejo de un enfermo por la literatura, y bien pensado El mal de Montano no es otra cosa que eso mismo: una enfermedad literaria.
El libro me lo ha prestado Miguel, que también me prestó en su momento Bartleby y compañía, y aunque ya se lo he devuelto, supongo que en su cabeza rondaría la idea de que no se lo iba a devolver nunca, pues he tardado bastante en devolvérselo.
miércoles, 6 de marzo de 2013
domingo, 3 de marzo de 2013
Una Maes
Para un amante de la cerveza como yo, visitar Bélgica supone algo así como alcanzar un ocho mil para un alpinista. Afortunadamente conseguí hacer realidad mi ocho mil en agosto de 2011 -ahora lo tengo mucho más complicado- y les aseguro que no desaproveché la oportunidad para probar cervezas.
La cerveza que sostengo en la foto es una jarra de medio litro de cerveza belga Maes y la foto está tomada en una de las muchas terrazas que abarrotan las calles de alrededor de La Grand Place. No hay nada mejor para comenzar a leer la carta del menú que una buena cerveza.
No recuerdo mucho de aquella cerveza salvo lo que salta a la vista y que era suave. Debió gustarme mucho ya que me la pimplé en un abrir y cerrar de ojos y no tuve más remedio que pedir otra igual.
Si la encuentran, pídanla.
viernes, 1 de marzo de 2013
Una persona perfecta
Una verdad como un templo de grande:
Una persona perfecta
no fuma
no bebe
no llora
no falla
y
y
no existe.
jueves, 28 de febrero de 2013
martes, 26 de febrero de 2013
Lo que sé de los hombrecillos - Juan José Millás
Ya he escrito en este blog con anterioridad que suelo despertarme temprano, demasiado temprano, y también que con los años uno va poco a poco aprendiendo a conocerse a sí mismo, y en mi caso, una de las lecciones de vida que creo haber aprendido sobre mí mismo, es que, una vez despierto, en lugar de intentar inútilmente volver a conciliar el sueño, pues la amplia mayoría de las veces me resulta imposible, suelo optar por dos distintas posibilidades. La primera es directamente levantarme y largarme a desayunar a la calle. La segunda es permanecer en la cama, encender el ipad y leer algo. Los fines de semana generalmente opto por la primera opción, mientras que entre semana suelo decantarme por la segunda, aunque tampoco tengo una regla exacta al respecto.
En esos días de ojos abiertos anticipados, cuando enciendo el ipad, suelo comenzar leyendo las principales noticias del día, también consulto el tiempo, echo un vistazo a las novedades del Málaga CF y seguidamente abro un ebook -o libro electrónico-. Algo cortito siempre porque no me gusta este formato para libros de muchas páginas. El libro que he ido leyendo en estas mañanas a contra tiempo ha sido Lo que sé de los hombrecillos de Juan José Millás. Una novela corta e imaginativa, con bastante humor en sus páginas, pero que, en mi opinión, resulta demasiado simple para lo que supongo que Millás pretendía. Me suele gustar Millás, especialmente sus artículos y su simpática ironía retorcida y ácida. Me gusta su particular forma de entender las frases, su mirada atenta a los detalles y su parcialidad a la hora de decir las cosas, aunque no las diga, pero sin embargo con sus novelas no estoy teniendo suerte. Tendré que seguir intentándolo.
Pd: Vale, sí, reconozco que en ocasiones caigo en la tentación de intentar volver a dormir, pero en pocos minutos compruebo lo infructuoso y absurdo de mi decisión y una vez admitida mi incapacidad para reconciliar el sueño, paso a cualquiera de las dos posibilidades anteriores. Y es que uno cree conocerse mejor de lo que verdaderamente se conoce.
domingo, 24 de febrero de 2013
La vida en un punto silla
Hace muchos años cuando yo estudiaba en la universidad, asistiendo a clases de Ampliación de Cálculo Matemático, aprendí el Teorema del Punto de Silla de Montar. Así a primera vista parecía una tontería, pero bien visto aquella clase de matemáticas no fue simplemente una clase de matemáticas sino propiamente una lección de vida. Me explico.
Ahora imaginen esa misma parábola invertida, es decir, su punto más alto es el vértice y está abierta hacia abajo. En este caso, el punto del vértice está en la parte más alta de la gráfica, es el punto superior, pero, por contra, la sensación de inestabilidad es máxima. La tendencia a caerse es extrema. Es claramente el punto más inestable de la representación. Está a nada de caerse hacia un lado. De manera que estar situado en el vértice inferior de una gráfica es estable y estar en el vértice superior es justamente lo contrario, lo más inestable posible. Pero, ¿y si les digo que los dos puntos son el mismo?
Veamos. Introduciendo otro eje, es decir, convirtiendo nuestra gráfica en una representación de tres dimensiones, la cosa cambia sensiblemente. El punto silla de montar, o punto de silla, es aquel punto que en dos ejes es el vértice superior, pero en los otros dos es el inferior. Es decir, es al mismo tiempo el punto más elevado de una parábola y el más bajo de otra. Es un punto en el que coinciden los dos vértices de dos parábolas. Vamos, que es el punto más estable de una parábola y el más inestable de la otra, pero sin embargo es el mismo punto. Es un extremo máximo y mínimo al mismo tiempo. ¿Es un punto equilibrado o inestable? Ni una cosa ni la otra, es más bien un punto de inflexión. Es un punto como la vida misma.
La vida es casi como un punto silla de montar. Uno cree estar situado en lo más estable y equilibrado de su existencia. Uno piensa que su felicidad es duradera, pero nada más lejos de la realidad. La vida es la mayor demostración de azar y fragilidad que existe, pues demuestra una vez tras otra, que en un abrir y cerrar de ojos, aquella aparente estabilidad no era más que una manera simple de mirar las cosas, y sólo es necesario mirar hacia el rededor para darse cuenta que lo que en principio era una plácida estancia se puede convertir en una montaña rusa de sorpresas. De igual manera el punto de silla de montar demuestra que aunque uno se sienta en lo más bajo y profundo del abismo de la vida, sólo hace falta abrir la mente para comprender que ese mismo instante de la vida puede que sea el punto más alto desde otra perspectiva (coordenada), pero no sólo eso, sino que el punto silla demuestra que por muy alto que uno crea encontrarse, siempre, dependiendo de por donde se mire uno debe comprender, del mismo modo, que está en el punto más bajo de otra parábola (vida). Es como una especia de representación gráfica de la relatividad.
Por eso cuando crean que su vida es un jardín de flores no olviden que, en un instante, todo aquello puede estar situado al mismo tiempo en lo más crudo y vacío desde otra perspectiva, o que por muy bajo que anden, sólo es necesario abrir un poco la mente para darse cuenta que están en lo más alto de otra parte de su existencia. Y que puede, según se desarrollen los acontecimientos, que los mejores momentos puedan verse como los peores y viceversa. Es cuestión de comprender que verdaderamente cualquier momento de la vida es un punto de inflexión para el resto de la vida, y que eso ocurre a diario, casi se puede decir que cada minuto.
Personalmente esta teoría matemática me sirve para relativizar cualquier extremo, tanto máximo como mínimo, pues todo, en cualquier momento, es un punto de inflexión y por tanto puede cambiar, para bien o para mal hacia cualquier sentido. Piénsenlo.
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