lunes, 30 de marzo de 2026

Rota, Chipiona y Sanlúcar

Despertamos pronto con la intención de aprovechar el día y poder ver muchas cosas, pero antes había que desayunar. A pocos metros del apartamento, en la Calle Ancha, estaba la churrería El Campana, donde pudimos tomar café, chocolate y churros y lo que nosotros conocemos como churros madrileños. Tenían de los dos tipos. Todo muy rico.

Tras reponer el depósito, decidimos ir a ver el Mercado de Abastos. Soy un gran aficionado de los mercados, especialmente en las ciudades costeras. De camino, en la Plaza de San Roque, donde está la Biblioteca Municipal, estaba el Templo de Nuestra Señora de los Desamparados, donde pudimos contemplar varias figuras expuestas preparadas para lucir en Semana Santa.

Subimos por la calle Trascuesta, de camino al Mercado de Abastos, entre cafeterías, fruterías y despachos de vinos puedes encontrar puestos vendiendo sacos de caracoles o cabrillas para cocinar en salsa, así como cajas con camarones dando sus últimos brincos. Se puede decir que más que producto fresquísimo vendían producto vivísimo. 

En el mercado descubres que lo que nosotros llamamos alcachofas allí son alcauciles. Que la ternera es retinta, el cerco ibérico y la moda es el queso payoyo, que se sirve fresco, curado, al pimentón, al romero y de mil formas más, pero lo que de verdad más llama la atención en el mercado son los famosos langostinos de Sanlúcar, que tienen una textura más tersa y un sabor intenso a mar. Visualmente son inconfundibles, con sus largos bigotes, su franjas atigradas y su característica cola azul tornasolada. Los que saben dicen que se ven a una legua. Yo la verdad no lo veo tan claro. Vimos peces espadas, vimos una urta enorme, posiblemente la más grande que he visto en mi vida, al menos que yo recuerde. 

Continuamos por la pronunciada Cuesta de Belén donde al inicio están ubicadas Las Covachas, un histórico resto gótico de lo que fue una lonja de mercaderes del siglo XV. Las covachas eran tiendas donde se vendían comestibles, legumbres, vinos... Me gusta evocar que allí se abastecían en última instancia los barcos que llegaban por el Guadalquivir con la intención de cruzar un inmenso océano, aún sin nombre, camino del sueño del Nuevo Mundo.

Seguimos junto a la Parroquia de Santa María de la O, a la que no accedimos porque solicitaban pagar para acceder a ella y no nos pareció un precio adecuado, ni tampoco nos queríamos entretener mucho. De manera que contemplamos el Reloj de Sol de su fachada y proseguimos hacia la Plaza de la Paz. Giramos por la calle Cárcel, hasta el Castillo de Santiago del siglo XV, hoy día museo militar y museo de trajes.

Justo al lado del Castillo están situadas las Bodegas Barbadillo, desde 1821. Probablemente el vino blanco que más consumimos en casa. Entramos para echar un vistazo. Decidimos descender una larga escalinata camino de vuelta al centro. Junto al Mirador del Castillo a una zona abalconada desde la que se tiene una estupenda vista panorámica de Sanlúcar. Nos acercamos al apartamento para coger el coche pues la idea era ir a visitar las ciudades de alrededor.

Nuestra primera visita era Rota, apenas a 30 minutos en coche desde Sanlúcar, por una autovía que rodea casi al completo la Base Naval Americana de Rota. Aparcamos el coche en el Puerto y comenzamos nuestra visita a la localidad frente al Faro, por el paseo marítimo, con la Playa de la Costilla a nuestra izquierda. Nos detuvimos a contemplar la estatua de la Libertad, en el que una mujer se libera de sus cadenas dejando al descubierto un pecho mientras el viento ondea su pelo y pone un pie en una barca llamada Libertad. Curiosa.

Giramos por el Arco de la Tintilla, una entrada por la muralla desde el paseo hacia los callejones empedrados del centro de Rota. Ascendimos hasta la Plaza de Bartolomé Pérez, destacado marinero roteño que participó en los dos primeros viajes de Cristóbal Colón hacia el Nuevo Mundo, y que fue no fue un simple tripulante, sino que realizó labores de cosmógrafo, midiendo y describiendo la nueva geografía, pero también sus conocimientos sirvieron para comprender la posición de las estrellas y facilitó el itinerario y la navegación de aquel viaje iniciático.

En la Plaza está la Parroquia de Nuestra Señora de la O y el Castillo de Luna, actual Palacio Municipal. Entramos a visitar los dos edificios. Los dos muy especiales. Las bóvedas góticas de la Parroquia, de arquitectura renacentista del siglo XVI, es realmente bella. El Castillo de Luna con un exterior de fortaleza no señala el interior palaciego, con arcos de medio punto, capiteles góticos con frescos de la cultura musulmana. Rodeamos el Castillo y nos dirigimos hacia la Plaza de España, que estaba en obras, y estaba muy afeada. Nos acercamos hacia el Mercado de La Merced, pero al ser sábado ya estaba todo cerrado. Llegamos a la Plaza Mirador de las Alemanas, con una balaustrada sobre la muralla, con vistas al puerto, donde pudimos divisar amarrados los buques de guerra americanos.

Cogimos el coche y nos dirigimos a Chipiona, que está a unos escasos 20 km. En menos de media hora estábamos aparcados cerca de la Parroquia de Nuestra Señora de la O de Chipiona, desde donde bajamos hacia la Playa Cruz del Mar. Me resultó curioso ver Los Corrales de pesca. La herencia cultural romana o árabe sigue muy presente.

Rodeamos el Castillo de Chipiona, que estaba bastante mal conservado, daba la impresión de abandono, y continuamos por la línea de costa donde fuimos encontrándonos con miradores y balcones dedicados a poetas, plazas en primera línea acantilada de costa. El sol comenzaba a apretar y las calles fueron vaciándose. El faro de Chipiona se erguía orgulloso en un saliente de costa, donde comienza un largo tramo de costa de playa que no tiene nada que envidiar a otras playas con más nombre.

La Costa de la Luz en ese medio día de marzo exhibía una temperatura plenamente veraniega. Pepi tenía interés por ver el Santuario de Nuestra Señora de Regla, una iglesia gótica junto al mar. El paseo era largo, pero nos acercamos a contemplarlo. Es curioso y hasta anormal contemplar una arquitectura gótica con un fondo marino. 

Tras una caminata llegamos a un restaurante que yo había visto recomendado por Internet, Kilómetro Cero. Pedimos de entrada un plato de queso curado, Sofía siempre está contenta si pedimos queso de entrada, y más este que estaba riquísimo. Pedimos también una ensaladilla rusa de pulpo y gambas en tempura que estaba simplemente espectacular. De las mejores que me he tomado en mi vida. Riquísima. Una hamburguesa de buey con queso cheddar y cebolla caramelizada y continuamos a una vermutería, abacería que presumía de tener las mejores tapas. Gastrotasca Sin Bulli donde pedí una recomendación de la carta, que era una tosta de lomo de atún y aguacate. Muy rico.

Lo siguiente que hicimos fue ir a tomar un helado. Bajamos al paseo marítimo y en una heladería artesana cayeron los helados, aunque yo me decidí por un café, que me iba a tocar conducir de vuelta a Sanlúcar. Fuimos de camino al coche y nos detuvimos frente la casa natal de Rocío Jurado y seguidamente quisimos ver el monumento de la ciudad a su vecina más ilustre. El monumento está en una rotonda. No me pareció que estuviera bien hecho, la verdad. El parecido era una casualidad. Al menos antes de llegar a la rotonda, en un seto de un jardín mantenían recortado su nombre, que me pareció más acertado que la escultura del monumento. 

Para terminar de visitar Chipiona nos acercamos al Cementerio Municipal para ver el Mausoleo de Rocío Jurado. La escultura allí era mucho más veraz a la de la rotonda. Pepi recordó que su madre había estado allí, y la entristeció el recuerdo. Cogimos el coche y mientras algunos jóvenes se daban una buena siesta, yo conduje hasta Sanlúcar. En apenas media hora estábamos en el apartamento, donde estuvimos un rato retozando, leyendo y básicamente descansando.

Bajamos de nuevo a pie a la playa de Sanlúcar, queríamos volver a contemplar su maravilloso atardecer. Al día siguiente no íbamos a poder, y había que aprovechar. Nunca se sabe cuándo es la siguiente vez en hacer algo. Después de las cien fotos de rigor jugueteando con el astro que ilumina nuestros días, regresamos a la Plaza del Cabildo y en La Gitana nos tomamos unas cuantas tapas entre las que no faltaron unas papas aliñás, unos langostinos sanluqueños y las tortillitas de camarones.

Escuchamos tambores procesionales y decidimos acercarnos a ver pasar la procesión por la Calle Ancha, junto a la calle Capillita, y cuando la procesión pasó regresamos para tomar asiento en la terraza de Barbiana, otra tasca ubicada en la Plaza del Cabildo, y allí pedimos algunas raciones para terminar de cenar. A mí se me habían antojado comer unos mejillones que vi que tenían una pinta estupenda. No estuvieron nada mal. Para terminar de despedir el día en condiciones nos en Helados Toni unos helados riquísimos. Al terminar nos fuimos despidiendo de la Plaza del Cabildo y también de Sanlúcar.


domingo, 29 de marzo de 2026

Llegada a Sanlúcar de Barrameda

Hace ya tres años -¡cómo pasa el tiempo!- Pepi y yo hicimos una escapada de fin de semana con la intención de visitar algunos de los pueblos de Cádiz que aún no conocíamos. Reservamos un hotel en Jerez de la Frontera y desde allí visitamos Sanlúcar de Barrameda y El Puerto de Santa María que eran dos de los pueblos que no habíamos visitado nunca. 

En esta ocasión decidimos ir a conocer otros pueblos de los alrededores y para ello nos establecimos en Sanlúcar de Barrameda. Quisimos ir con nuestros hijos y reservamos un apartamento situado en el mismo centro de Sanlúcar, en la Calle Santo Domingo, delante de la Parroquia de Santo Domingo, en la prolongación de la Calle Ancha. A tres pasos de todo. La idea era irnos el viernes lo antes posible, para aprovechar el día, pero Miguel tenía un examen, así que en cuanto lo terminó pudimos salir para allá, y como no salimos temprano tuvimos que parar por el camino para comer.

Nos detuvimos en el Restaurante Los Corzos, que es una venta de carretera que está a la altura de Alcalá de los Gazules, donde disponen en el menú unos platos que se llamaban algo así como superescalope con cuatro quesos gratinados. Sofía vio lo de los cuatro quesos y Miguel vio lo de super y eso pidieron. Pepi dijo que compartiría esos dos platos con ellos. No les agradó la idea porque decían que tenían hambre. Yo me pedí una carrillada, que estuvo muy bien. El superescalope era realmente de tamaño super y nos sobró uno completamente entero y parte del otro. Una barbaridad de tamaño. La cosa es que preguntamos a quien nos tomó nota si eran muy grandes, y nos dijeron que bueno, que normal, grandecito. Encima nos informaron que el cachopo era aún más grande. Imagino que por allí deben de ir a comer hombres de neandertal después de dos semanas sin poder cazar. Tomé un café y continuamos el camino. Yo conduciendo y el resto se regaló una siesta de una hora

Tras aparcar -tuvimos suerte y aparcamos casi en la misma puerta- y dejar las maletas en nuestro apartamento, nos dispusimos a descubrirle  Sanlúcar a nuestros hijos. Lo primero era visitar la Plaza del Cabildo, que estaba muy cerca de nuestro alojamiento y nos pareció el mejor punto de partida para conocer la ciudad.  De camino a la Plaza entramos a ver la Parroquia de Santo Domingo, del siglo XVI, muy cerca de nuestro apartamento y que encontramos abierta en estos días previos a Semana Santa. La Plaza del Cabildo tiene siempre mucha vida. A esa hora de la tarde la mayoría de la gente estaba en lo que ahora se conoce de lleno en el tardeo, que es alargar la comida, en las terrazas, tomando gintonics hasta el anochecer.

Decidimos bajar toda la Avenida Calzada Duquesa Isabel, paseando por su albero, hasta la playa, para disfrutar del atardecer sanluqueño. Desde allí la puesta de sol es ciertamente bella. El sol desaparece en una anaranjada la línea oceánica de fondo, con el verdor del Parque Nacional de Doñana a la derecha. Es una visión preciosísima.  Los niños hicieron un número infinito de fotos.

Paseamos lo que aquí llamaríamos el paseo marítimo pero que allí es la calle Bajo de Guía. Mientras caía la noche deshicimos nuestros pasos para ir a cenar a la Plaza del Cabildo, donde está Casa Balbino, una taberna típica sanluqueña, donde nuestros niños probaron sus famosas tortillitas de camarones. Una de las maravillas de la vida. Me gustaron también mucho los rollitos de berenjenas con langostinos. Como siempre, todo muy rico. Hasta la manzanilla que me bebí -ahora que no tenía que conducir- , me sentó de maravilla.

De postre tomamos un helado de camino de vuelta al apartamento. El día había sido largo y el día siguiente lo sería aún más.


domingo, 22 de marzo de 2026

Un bebé perezoso y tímido

En cuanto supe que había nacido una cría de perezoso de dos dedos en el Bioparc de Fuengirola quise ir a visitarla, pero finalmente tuve que ir retrasando la visita por una razón u otra, hasta que ya bien entrado en marzo pude ir. Primero visité a Ernie -la cría gorila que nació recientemente-  que aunque se notaba que había crecido aún seguía siendo un bebé precioso.Pero lo más fascinante es la manera que tiene la madre de tratarlo, es exactamente igual que cualquier madre cuida a su bebé. El instinto maternal es algo tan natural como el masticar.

Contemplé a las tortugas gigantes de las Galápagos, que estaban comiendo y más activas de lo habitual. No sé qué edad aproximada tienen, pero algunas suelen llegar a los 150 años. Las que hay en el Bioparc son bastante grandes, así que imagino que tienen buena edad. A ver si algún día lo pregunto a alguno de los cuidadores.

Los Dragones de Komodo también estaban muy activos. Igual estaban esperando que les pusieran la comida. No los he visto nunca alimentarse, pero bueno, como son el lagarto más grande del mundo supongo que son de buen comer.

El leopardo de Sri Lanka en cambio estaba retozón, no movía un párpado, parecía que estaba en los más dulces de los sueños. ¡Qué animal tan bonito!

Después de pasar a contemplar a los Axolotes, a Doris y a Nemos, me acerqué a ver a las nutrias gigantes, que siempre son muy escurridizas, y que poco a poco parece que por fin se van separando de sus crías. Y ya fui a buscar a la cría de perezoso.

No hubo manera de poder verla. Me dijo la cuidadora que desde que tiene la cría baja menos de la copa de los árboles y que es difícil verla de lejos. También me contó que aunque la viéramos, la cría está tan aferrada a la madre, y tiene tantos pelos que es complicado distinguirla aún estando cerca. Que más que perezoso se podría decir que es tímido.

Como pasé un buen rato en el aviario, esperando a ver si podía ver a la madre y a la cría, pude ver muchas curiosidades. Pude ver al padre, que disfrutaba de una reconfortante siesta, y también a una bonita pareja de Socayos Rojos, también conocidos como titís cobrizos. Según contó la cuidadora son altamente sociables, y lo que yo creí que eran una pareja de enamorados, nos informó que eran un padre y su hijo. Me encantó ver cómo se enredaban la cola.

lunes, 16 de marzo de 2026

Todo es posible

Acabo de comprobar que la última vez que hablé por aquí del Málaga fue justo después de la victoria  (2-1) en casa contra un ordenado y experimentado AD Ceuta. Un resultado justo y ajustado, tras remontar un gol visitante en los primerísimos minutos. 

El siguiente partido era un comprometido Córdoba CF - Málaga CF. El campo a rebosar. El equipo local venía de tres victorias consecutivas y cinco partidos sin perder. Estaban en racha, pero la racha que traía el Málaga era mejor aún: cuatro victorias consecutivas y siete partidos sin perder en Liga. Dos de las mejores rachas del momento en la Liga Hypermotion. Ambos empatados a 32 puntos. Partidazo.

Medida la primera mitad, un balón dividido lo corrió Larrubia, que estuvo listísimo además de rapidísimo, encaró al portero marcando por el palo corto y adelantando al Málaga (0-1) . En la segunda parte el Málaga se  cerró bien atrás y en una contra marcó el 0-2, que fue anulado por un ajustadísimo fuera de juego de Chupe. El Córdoba lo intentó pero no consiguió igualar el partido. Así que se rompió la racha del Córdoba, pero la del Málaga siguió sumando. Cinco victorias consecutivas. ¿Quién me lo hubiera dicho al principio de temporada? Funes le ha dado la vuelta al completo al equipo. Sin ningún fichaje. El Málaga acabó la jornada en puestos de playoff, algo que no ocurría desde la jornada 3, tras el buen inicio de liga, que fue un visto y no visto.

Tras la victoria en el Nuevo Arcángel de Córdoba tocaba recibir al siempre incómodo Burgos CF, que resultó ser uno de los partidos más tranquilos en La Rosaleda hace tiempo. Victoria por 3-0, con un golazo poco después de la media hora de Larrubia que se deshizo de dos marcadores y cruzó con poco ángulo al palo largo de potente disparo.  Cinco minutos después Chupe de estupendo cabezazo colocado tras centro maravilloso de Puga aumentó la diferencia, 2-0. Hubo un tramo de juego en el que el Burgos tuvo varias oportunidades pero casi al final, un tanto de Adrián Niño sentenció la victoria. Seis victorias consecutivas y el siguiente partido era contra el colista el Mirandés, que venía de siete partidos sin conocer la victoria. Todo parecía indicar que íbamos a alargar la racha.

Pues cuando en el fútbol todo parece evidente, y favorable para un resultado, lo más probable, es que haya una sorpresa con así fue. El partido se jugó un lunes. El Mirandés se adelantó al borde de la media hora, el Málaga CF empató el partido con gol de Aaron Ochoa en el minuto 60, y con el Málaga volcado, buscando otra victoria, en uno de los pocos córners locales el árbitro pitó un más que riguroso penalti en contra. Un pena (2-1) y se rompió la racha de los de Funes.

El siguiente partido era en casa contra la CyD Leonesa, también caminaban desesperados en puestos de descenso, el Málaga, aunque había bajado posiciones aún se mantenían inmersos en puestos de Playoff. ¿Habremos aprendido la lección? Pues sí, pero no.

Apenas inquietamos la portería rival en la primera media hora y fue en una contra. Pasada la media hora, un potente y ajustado tiro desde lejos de Iván Calero, exmalaguista, entró con la sensación de que Alfonso Herrero podía haber hecho algo más (0-1). Una primera parte para olvidar. Poco parece que hayamos aprendido.

La segunda parte fue otra cosa, otro ritmo, más ganas. Badía, el cancerbero visitante ganándose el MVP del partido. Una parada tras otra. Hasta que pasada la media hora de la segunda parte, tras un pase atrás de Chupe, en el otro lado de la portería, Larrubia consigue anotar el empate (1-1). El empate parecía inamovible hasta que en el minuto 94, en la prolongación del tiempo añadido, Larrubia, de jugada excepcional anotó un golazo de los que ya de por sí te levantan del asiento, pero que, encima, en ese minuto y para darle la vuelta a un marcador adverso (2-1), provocan que el estadio entero fuese una fiesta. Ganar en el último minuto siempre deja un regusto especial.

Siguiente partido, otro partido contra uno de los equipos de la parte baja de la clasificación. Otra vez un lunes. Mal asunto. Visitamos Anoeta, jugábamos contra el Sanse, el filial de la Real Sociedad, jugándose la vida. Comenzamos marcando pronto, otro gol de Larrubia, de cabeza en esta ocasión, a centro de Joaquín Muñoz,  pero poco duró la alegría porque diez minutos después nos empataron de un rechace de un mal despeje de Alfonso Herrero. El resultado al descanso hablaba de la igualdad del partido (1-1). En la segunda parte, en un saque de córner, el Sanse dio la vuelta al resultado, tras un cabezazo de Ochieng (2-1). Hubo polémica en el partido que no nos benefició, pero quejarse ya sirve de poco.

El siguiente partido, en casa, recibíamos al Albacete BP. Jugamos un partido serio, con muchos remates, y merecimos ganar, como así fue, por un corto 1-0, con gol de Joaquín en el primer tercio de la segunda parte, tras un pase atrás de Rafita, que subió la banda sorprendiendo. Un resultado corto pero justo.

Ahora tocaba visitar el Nuevo Los Cármenes de Granada. Veníamos de perder las dos últimas visitas con equipos que estaban en la tabla baja de la clasificación. Si pretendemos luchar por el ascenso, hay que cortar esa hemorragia fuera de casa. El Granada venía de perder en Ceuta, y estaba sólo tres puntos por encima del descenso. Nosotros estábamos quintos, inmersos de lleno por la lucha por el ascenso. 

Debido a la cercanía con Málaga se podía ver muchísimas camisetas malaguistas entre el público. El desplazamiento de seguidores malaguistas fue masivo. Un partido muy entretenido con muchas ocasiones por ambos lados, incluso un penalti desaprovechado por Chupe que lo lanzó al larguero en la primera parte. Al final del partido, en una contra, Larrubia tras una larga carrera anotó tras recoger un rechace del portero a un tiro suyo (0-1). Un resultado justo creo yo teniendo en cuenta que anotamos un gol y desperdiciamos un penalti. Por fin una victoria fuera de casa.

Ahora venían dos partidos en casa, lo que suponía una estupenda oportunidad para intentar sumar puntos y afianzar los puestos de la lucha por el ascenso. 

El primer partido de los dos encuentros era contra el Valladolid, que también llegaba al borde del descenso, era el equipo situado justo sobre los puestos que marcan el descenso. Mal asunto. 

El partido comenzó loco. Penalti a los diez minutos a favor del Málaga. Bien buscado por Chupe, que esta vez así anotó, lanzándolo por el medio y a media altura. ¡Qué poco me gustan los penaltis lanzados así. Apenas tres minutos después Dotor anotó el segundo, 2-0, tras caerle un rechace de un tiro de Larrubia. Ni quince minutos y el partido estaba muy bien encarrilado. ¿Tranquilidad por una vez? Nadie se lo creía. Y hacíamos bien. Justo antes de acabar la primera parte, el Valladolid recortó el resultado con un gol de jugada individual de Peter Federico, 2-1.

 Todos preocupados porque el resultado es engañoso, pero nada más comenzar la segunda parte, en una jugada a balón parado, Chupe caza una pelota y con un sutil toque y anota el gol que debería habernos dado la tranquilidad, 3-1. Todo parecía que estaba controlado pero Víctor García vio una roja por una patada innecesaria y a destiempo. Cinco minutos después en una acción desafortunada, a balón parado, Chupe anota en propia. Lo que no hacen los rivales, lo hacemos nosotros, 3-2. Con uno menos y con media hora por delante. Se veía venir. En el descuento, otra vez a balón parado, un remate de Latasa, anota el empate que fue el resultado final, 3-3. Salíamos del estadio con la sensación de haber perdido dos puntos. Mal asunto.

Siguiente partido era contra otro equipo en posiciones de descenso, el Huesca. Estos partidos son los peores. Da la sensación de que el ambiente cree que el partido está ganado con solo mirar la clasificación. La primera lección del fútbol debería ser, desconfiad de la tabla clasificatoria.

Domingo, 18:30 de una tarde primaveral. Comienza el partido y a la media hora de partid, un balón parado en contra, y en el talón de aquiles del equipo, Murillo comete un penalti por llegar tarde, 0-1. ¡Cómo me imaginaba yo este plan! Por suerte, apenas diez minutos después, en una jugada por banda izquierda de Joaquín, que cambia a Larrubia, que sólo tiene que cambiar el balón ajustándolo al otro palo, 1-1. Último minuto de la primera parte. Otro penalti tonto, cometido sobre Adrián Niño, similar al anterior, pero esta vez a favor. Lo marca Niño, 2-1. Bueno pues por suerte hemos dado la vuelta al marcador. A ver si no nos confiamos y lo estropeamos.

Comienza la segunda parte y anota Joaquín Muñoz, 3-1 y media hora por delante. ¿Tendremos tranquilidad por una santa vez? Los que conocemos al Málaga CF sabemos que todo es posible. La tarde va avanzando con más o menos tranquilidad hasta que en el minuto 90, tras una jugada de broma, de rebotes, malos despejes y mucha mala suerte, anota el Huesca, 3-2. Ya sabía yo que esto no podía acabar tranquilamente. Mal asunto. En la grada todos nos acordamos de los dos puntos perdidos la semana anterior.

El Huesca se vuelca a marcar el empate y en una contra en el minuto 93, Chupe, de volea, tras hacerse con un rechace, marca lo que se suponía el gol de la tranquilidad, 4-2. Pero el Málaga no da descanso y sólo un minuto después, en un córner, otra vez a balón parado, el Huesca anota de cabeza, 4-3. No hay descanso posible hasta que en el minuto 98, Chupete anota el definitivo 5-3. Vaya partido más loco.

El fútbol es así. Lo he dicho muchas veces. Dentro de un terreno de juego, mientras no se haya pitado el final, todo es posible. 

sábado, 14 de marzo de 2026

En primera línea

Hace ya bastantes años, cuando falleció mi abuela Anita (la madre de mi madre), estando en el duelo en el cementerio, mi tío Antonio (el hermano de mi madre) y mi madre tuvieron una conversación delante mía. Mi tío le decía a su hermana que ya no tenían padres, pues acababa de fallecer su madre, y su padre hacía unos años que había fallecido. Que ahora eran ellos lo que quedaban y los que estaban en primera línea de fuego. Aquella conversación me dio qué pensar. Es algo natural, lo sabemos todos, es la ley de la vida, pero es difícil de asimilar hasta que no te ves en ese lugar, incluso estando en ese lugar.

Van ya para catorce años que mi madre se nos fue. ¡Qué pronto se fue mi madre! Y la semana pasada, mi tío fue a acompañarla también demasiado pronto. Todavía me queda mi padre, que ya tiene ochenta y cinco años. Esta semana me ha tocado recordar esa frase. Eso de que ellos estaban ya en primera linea. Al no estar mi madre hace tiempo que se podría decir que ahora yo tengo un pie en primera línea, o incluso medio cuerpo.

Por eso cuando la siguiente semana tuve que hacerme una prueba de revisión de mi pasada operación de hernia de hiato,  que consistía en meterme un tubo -más bien un cable- por la nariz, hasta la boca del estómago, y mantenerlo puesto durante 24 horas, una ph-metría lo llaman. acudí al hospital hasta con ganas. Hay tantas desgracias alrededor, tantas malas noticias, que esto me pareció trivial y me convencí de que en realidad es mejor tomarse estas cosas con positividad y con un talante optimista. Luego es cierto que es bastante molesto y que masticar con un cable pasando por el fondo de la garganta es algo muy incómodo, pero bueno, hay que seguir tirando.

¿Qué es la vida si no eso? Un seguir tirando, un continuar, un paso siguiente, un poquito más. Nunca se sabe qué es lo que va a pasar al día siguiente. Una llamada de teléfono puede cambiarlo todo. Así es la vida, sólo se puede vivir en presente y el futuro es tan incierto e inalcanzable  como el pasado. Lo hecho, hecho está y el futuro está por llegar. No hay nada más acertado que centrarse en el presente, y más si estás en primera línea. Ya me entienden.


domingo, 22 de febrero de 2026

El libro de las ilusiones - Paul Auster

Es curiosa la forma que tenemos las personas de reaccionar de distinta manera a estímulos similares en distintos momentos. Hace pocas publicaciones comenté en este blog que cuando supe la aciaga noticia del fallecimiento de Javier Marías, necesité apartarme de sus escritos. Tuvo que pasar un tiempo, más allá de tres años, hasta que me sintiera preparado para volverle a leer. Es como si quisiera apartarme, alejarme, de un dolor para el que todavía no estaba preparado. Retomé su obra de la manera que me pareció que me dañaría menos, o al menos la que pensé que me apetecía más, es decir, sus artículos. Y todavía no contemplo leer una de sus novelas, aunque sé que si la vida me regala tiempo suficiente, llegará el momento.

En cambio, con el caso de Paul Auster mi reacción fue distinta. Cuando falleció, mi primera respuesta fue pensar que tendría que volverle a leer. Que quería volverle a leer. Casi en total contraposición con lo que me ocurrió con Javier Marías. 

Aunque no están muy separadas las fechas de fallecimiento de ambos. Poco más de un año y medio. Y que si bien Paul Auster falleció con 77 años y Marías con 70. La muerte de Auster la vi venir, entraba dentro de las posibilidades. Ya había sabido que estaba sufriendo un cáncer de pulmón -se había hecho público por las cuentas de Instagram de la mujer, Siri Hustvedt, y la de la hija de ambos, Sophie Auster- y si bien, la esperanza es lo último que se pierde, ya estaba la parca en el horizonte. En cambio la muerte de Javier Marías esa sí que no la vi venir. Fue una desagradable sorpresa. 

El caso es que decidí leer una novela de Paul Auster y elegí El libro de las ilusiones (2002). Mi amigo Miguel me había comentado que le había gustado mucho esa novela y que siempre la recomendaba. Así que como era una de las novelas de Paul Auster que tenía por casa, comencé a leerla. El inicio no fue del todo ilusionante. La historia me parecía muy triste para mis ánimos y tampoco es que fuera demasiado atractiva, pero Auster tiene una especie de brillo o frescura en su escritura que te va atrapando con una naturalidad casi de oleaje. De la misma manera que cuando tienes los pies en la arena de la orilla, y las olas poco a poco va hundiendo tus pies en la arena, de la misma manera la escritura de Paul Auster te va atrapando.

No pretendo en este blog destripar historias, ni novelas, si no contar lo que me parecieron. Me pareció que el libro comienza de una manera muy triste, y que poco a poco, incluso de una manera sorpresiva e inexplicable, el protagonista, David Zimmer encuentra la ilusión  de continuar en el descubrimiento de una persona. Y eso lo cambia todo.

Sigo pensado que el libro que más de gusta de los que he leído de Paul Auster es El Palacio de la Luna. Y este Libro de las ilusiones no llega a ese nivel -siempre hablando a mi juicio- pero le sigue a una corta distancia.

Espero no tardar mucho en leerme otra novela suya, pero eso es algo que nunca se sabe.


domingo, 15 de febrero de 2026

Menú en el Restaurante Matiz

Recibimos una invitación de parte de Pepe y Mamen para disfrutar de un menú degustación en el Restaurante Matiz, en Málaga. Uno de esos restaurantes que ofrecen menús que son casi creaciones artísticas. Me apetecía mucho la experiencia de un menú degustación, y así probar nuevos sabores, o debería decir, más bien, nuevas mezcla de sabores. La alta cocina, la nueva cocina, o la cocina creativa actual mantiene varias tendencias por donde creo que está creciendo en expectativas.

Uno de los puntos más importantes -para mí el que más- es el producto. Se busca una materia prima de primera calidad, y para ello, como parece lógico, se presta especial atención en aprovechar la materia prima de calidad cercana, aquella que tienes a mano y que es más fácil de llevar a la cocina, y por consiguiente de presentar en la mesa, de una manera más controlada, más fresca y también más barata. ya que la cercanía simplifica la logística de la distribución y el transporte.

Además, también se busca la exclusividad con productos con denominación de origen. Ya no es solo la utilización de un Aceite de Oliva Virgen Extra, también se busca la diferenciación mediante, por ejemplo, aceites exclusivos de olivos centenarios de la Finca Tal o Cual. Lo que supone un salto distintivo.

En este menú que probamos pudimos observar, por ejemplo, que servían boquerones victorianos o quisquillas de La Caleta de Vélez, o la manteca colorá, que son de un particularidad local. Además la apuesta por el producto nacional de calidad también es una garantía segura (atún rojo, solomillo de ternera...).

Y para diferenciar los platos, creo yo, se suele buscar también el producto exótico, aquel que no encontramos fácilmente en el mercado, ni que preparemos de manera habitual en casa. De esta forma, la experiencia gastronómica tiene un matiz especial. Tomar polenta tostada al parmesano, hoja de shiso o trufa blanca. No es comida de diario. 

Así un plato de Vieira con salsa fresca de mango de La Axarquía y crujiente de papada ibérica lo tenía todo para ser un plato delicioso y casi exclusivo. Como así fue. 

Aparte de todo lo anterior, otra apuesta de la nueva cocina son las formas de preparación, el juego de la cocina, la marca personal del cocinero. Se busca la originalidad en el uso de los conocimientos gastronómicos. No es suficiente disponer una guarnición, hay que procurar ser jugones (por aplicar un término futbolístico) a la hora de combinar y de preparar los platos. Disponer verduras encurtidas, polvo de boletus o emulsión de trufa, son detalles que evidencian la disposición creativa en la cocina, y que sirven para apreciar el enfoque de la cocina de autor, su capacidad de investigación, su imaginación y diría casi que su espíritu aventurero.

El bocado de Milhoja de pasta brick, foie micuit, manzana verde, anguila y polvo de boletus es sencillamente un regalo de la vida.

Otro de los puntos fuertes de esta cocina es la presentación, o emplatado. Todos estamos ya acostumbrados a ver fotografías de platos que entran por el ojo con sólo mirarlos, en ocasiones antes de tener conocimiento de lo que es. Es un arte la presentación de los platos. Y como expresión artística, hay para todos los gustos. Guste más o menos, la voluntad y el esfuerzo, así como el conocimiento, a la hora de emplatar se nota y mucho al primer golpe de vista.

Si todo lo anterior va complementado con un servicio impecable, un sitio agradable y un maridaje acertado, la experiencia global es un premio para los sentidos. 

Evidentemente todo esto tiene un precio, y por muy ajustado que esté, no siempre podemos permitirnos el gasto. El precio me pareció comprensible, pues la calidad siempre hay que pagarla. A mí me encantó.

¡A ver si recibo otra invitación!


sábado, 14 de febrero de 2026

La OFM 2025/26 - Programa 07

Siempre he querido llevar a mi padre a un concierto de la Orquesta Filarmónica de Málaga. Pero no es tarea sencilla. Tienen que darse una serie de circunstancias. La primera es que la orquesta ofrezca un concierto, algo que ocurre aproximadamente una treintena de veces al año. La segunda que es que yo pueda asistir, y la otra es que mi padre también pueda. 

Un día le pregunté si un día le apetecería ir a ver un concierto de la Orquesta Filarmónica de Málaga, y me dijo que sí, que no es que le gustara,  es que le encantaría. Así que estuve atento. Y en cuanto pude encontrar un día en el que los astros se alinearon a nuestro favor, reservé un par de asientos en el patio de butacas. Centradas aunque algo cercanas.

Mi padre ha sido músico, saxofonista para más señas, y director de coral y también de banda de música. Esa ha sido su pasión. Una pasión que le ha llenado la vida. Siempre le ha gustado la música clásica, pero a sus ochenta y cinco años, ya no es tan sencillo para él ir a ver los conciertos.

Cuando le dije que reservara la fecha y que ya tenía las entradas me pareció que se iluminaban los ojillos. Llegó el día y lo recogí en la puerta de su casa, y aunque estaba chispeando, no puso ninguna pega. Parecía ir encantado. Aparcamos en un parking cercano a la Plaza de la Merced, a pocos pasos del Teatro Cervantes. En Málaga hacía mejor tiempo que en Fuengirola. De camino al teatro, aún con su bastón, parecía que iba más ligero de lo habitual. Habitaba en sus ojos un brillo especial. Caminaba mirando de un lado para otro, como agitado, nervioso. Señalándome los cambios que había en todo lo que veía. Entre ilusionado y nostálgico. Una vez dentro del teatro, cogió su programa a la entrada y se sentó en su butaca. Sobre esas tablas -decía- he estado yo. 

El concierto tenía tres partes, una primera con Pablo Ferrández, solista de violonchelo, para interpretar el Concierto para violonchelo y orquesta en mi menor, Op 85, de Edward Elgar. Con cuatro movimientos.

En la segunda parte, The chairman dances (Foxtrot para orquesta) de John Adams. Y para acabar las Danzas sinfónicas de West Side Story por Leonard Bernstein. Dirigido y presentado todo por José María Moreno, director titular de la OFM. Pasó en un santiamén.

Luego, tras el concierto, fuimos a cenar juntos al Meson de Cervantes, donde yo había reservado mesa para los dos. Lo invité a todo. A las entradas, a la cena, al parking y al taxista. Él quiso pagar el café que tomamos antes del concierto.

Al regresar a Fuengirola, en la puerta de su casa, bajando del coche, me dio las gracias. En su forma de dar las gracias había un eco de gratitud y satisfacción. Yo regresaba en el coche a casa con un sentimiento de haber devuelto un grano de arena de la inmensidad de deuda que un hijo siempre le debe a un padre. Empezando por mi pasión por la música.


sábado, 7 de febrero de 2026

Juro no decir nunca la verdad - Javier Marías

Si han seguido este blog, aunque sea de manera ocasional, sabrán que soy un admirador de la pluma del autor madrileño Javier Marías. Lo soy desde que comencé a leerlo con Todas las almas, en una edición de El Círculo de Lectores que me pagaron mis padres, pero eso es otra historia.

Lo he seguido como escritor de novelas, como escritor de cuentos, como ensayista, como editor del Reino de Redonda, como traductor y, especialmente, como articulista. Esto es quizás lo más sencillo, pues sólo tenía que acercarme una vez a la semana a leer sus artículos en El País. Como a veces se me escapaban algunos artículos en uno de esos fines de semanas más agitados de la cuenta, he ido comprándome sus volúmenes de artículos y leyéndolos con una pausa temporal que se ha ido agrandando con el paso del tiempo. Cada vez la distancia de tiempo, entre lo escrito y cuando yo lo leía ha ido creciendo. El tiempo es lo que más nos aprieta.

Tras su fallecimiento en septiembre de 2022 fui postergando su lectura. No sé, no me sentía a gusto leyéndolo, me daba una pena leer a Marías sabiendo que muchas de las cosas que afirmaba no las vería continuar. Me entristecía leerlo. Es casi la primera vez que me pasaba algo así con un escritor. Una sensación tristemente novedosa para mí. Así sus libros, durante estos últimos años he mantenido sus libros en salmuera, en las estanterías más alejadas, apartándolos de la vista, hasta incluso algo escondidos. Me entristecía verlos porque me recordaban a él. Ojos que no ven, corazón que no siente.

El tiempo ha ido pasando, y bueno, te lo vas encontrando aquí y allí, en tus estanterías de libros, y te detienes sobre los lomos de algunos de sus libros leídos con una especie de bienestar interior, entre nostalgia y satisfacción. Hasta que un buen día piensas: estoy preparado, es un buen día para volver a leer a Marías, ya pasó el desapego, el duelo. Así que volví a leerle, y comencé por artículos publicados en 2015, que es por donde iba leyendo sus opiniones de prensa, ya que lo último que leí de artículos fue Tiempos ridículos, la anterior entrega de artículos. Así, especialmente los domingos por la mañana, con el café, como ya no tengo periódico, me abría su recopilación de artículos y me leía unos cuantos.

No diré que me resultó fácil leerle, porque me detenía pensando en la pena que me daba que ya no pudiera continuar escribiendo, pero el placer de la lectura merecía la pena. Y aunque algunos de sus artículos -especialmente los políticos- quedaban algo fuera de lugar, son una interesante crónica de lo vivido en España.

Echando un vistazo rápido por este blog, he descubierto que hacía mucho que no publicaba una entrada de Javier Marías. Y es que sus últimos novelones están por ahí en alguna estantería esperando que le meta mano. Cualquier día de estos.


domingo, 1 de febrero de 2026

Mejor no decirlo

Cuando publicaron todas las obras de teatro que se representarían en Málaga, la que más atraía a Pepi era la comedia Mejor no decirlo, interpretada por la malagueña María Barranco e Imanol Arias, actores más que reconocidos en la gran y pequeña pantalla. Dirigida por Claudio Tolcachir y escrita por Salomé Lelouch.

Exactamente igual que Pepi debió pensar media Málaga, porque en apenas unos días colgaron el cartel de todo vendido. Por suerte pude hacerme con un par de entradas en platea, en uno de los balcones junto al patio de butacas, que no estuvieron mal, pero sigo pensando que me gusta más el patio de butacas. No sólo es que son más céntricas, sino que también son más cómodas.

La obra estuvo bien. Divertida. Tuvo algunos puntos cómicos que me arrancaron una carcajada, pero me dio la sensación de estar viendo un conjunto de sketches, no una historia lineal sobre un matrimonio. ¿Me lo pasé bien? Pues sí. ¿Estuvo bien interpretada? Pues también. ¿Qué falló entonces? Pues no sabría decir si el guión, la dirección o la adaptación. Pero mi impresión es que fue algo que estuvo bien, pero que como concepto general no fue un gran acierto. Percepciones personales, supongo. Además, otra apunte recurrente últimamente es que las obras a veces son cortas. Sobrepasó en poco la hora de representación. Algo justo, creo yo. No es necesario que una obra dure tres horas, ni siquiera dos, pero apenas una hora luce poco.

Con esta obra dimos por cerrado nuestra asistencia a la primera parte del festival de teatro del Teatro Cervantes. No ha estado nada mal. Ni más ni menos que a cinco obras de teatro en un mes. Como era sábado y Pepi yo fuimos solos al teatro, y la noche era estupenda, decidimos ir a picar algo. Y fuimos a La Gloria, una taberna al inicio de Calle Beatas, que tiene la curiosidad de que mantiene un trozo del antiguo muro de Málaga, fechado entre el siglo XII - XV. No todos los días se cena junto a un muro de tanta historia.


viernes, 30 de enero de 2026

Estampas bostonianas y otros viajes - Rosa Montero

Rosa Montero es de esa clase de personas que las miras y su vitalidad la envuelve alegrando su alrededor. Lo envidio mucho eso, créanme. Ese nervio, esa energía es algo que me parece un regalo maravilloso. Mantener una actitud viva y entusiasta es algo de lo que más me hubiera gustado disponer. Y bueno, no ando mal en cuestiones de curiosidad, pero Rosa sobrepasa a cualquiera.

Vino a la Biblioteca Miguel de Cervantes de Fuengirola a ofrecer una charla sobre su obra, y no quise perdérmela. De ella comenté en este blog un libro que leí hace tiempo, pero del que tengo un grato recuerdo, La ridícula idea de no volver a verte. Un libro que he recomendado varias veces. Si todavía no lo han leído, siempre es buen momento.

Decía que Rosa es ese tipo de escritora inclasificable, que no sólo es que toque muchos palos, como puede ser novela, cuento, ensayo o literatura juvenil, sino que también ha sido una periodista de entrevistas fabulosas. Ha entrevistado a todo quisque, y a todo aquel que ni te imaginas. Pero a mí me atrajo mucho su curiosidad, su manera de enfrentar la vida. Cuando tuve en mis manos Estampas bostonianas y otros viajes, no pude parar de leer.

Alguien que ha visitado Irak, China, Australia, el Polo Norte o el Sahara siempre tiene que tener cosas interesantes que contar. Y siendo mujer aún más. Así que allí que fui con mi libro por si luego me lo podía dedicar. Me hacía ilusión, que la persona que había vivido todo aquello me firmara el libro. Sentí como si pudiera saludar a Marco Polo o a David Attemborough. 

Tras una interesantísima charla, no pude apenas cambiar unas pocas impresiones con ella. Me hubiera quedado horas escuchándola, pero probablemente ella me hubiera preguntado muchas cosas, porque es de una curiosidad infinita. Un placer leerla y escucharla.