Mostrando entradas con la etiqueta Letras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Letras. Mostrar todas las entradas

viernes, 29 de mayo de 2026

Jesús Carrasco presentando El detalle

A finales de abril Jesús Carrasco publicó en Seix Barral su última novela titulada, El detalle. Y apenas un mes después vino a presentarla al Centro Andaluz de las Letras de Málaga. Como soy un fiel lector del autor extremeño desde su primera novela, Intemperie, no quise perderme la cita. He ido leyendo todos sus libros uno detrás de otro: la ya mencionada Intemperie, La tierra que pisamos, Llévame a casa, que hasta la fecha, de sus publicaciones, creo que es mi novela favorita. Y también la novela justo anterior a la actual, Elogio de las manos. Todas me gustaron.

Puedo afirmar que Jesús Carrasco es el único autor del que he leído todos sus libros. Hay varios autores de los que he leído más, pero no toda su obra. Y es que con la vida tan ocupada, con el gran número de distracciones que tenemos y la ingente cantidad de libros que me interesan, es imposible leer todo lo que quisiera. 

Compré la novela casi en cuanto estuvo en la librerías y me la leí en un santiamén. Es una novela corta, quizás su novela más corta. Es sin duda la novela más divertida de Jesús Carrasco hasta la fecha, donde incluso hay un pequeño espacio para la crítica. Diría que El detalle es distinta a sus novelas anteriores. No hay un tema, digamos, triste o melancólico. Aunque algo de melancolía sí que se respira en esta, pero nada que ver con Llévame a casa o La tierra que pisamos, por ejemplo. 

La charla estuvo presentada por Cristina Consuegra y fue muy entretenida y diría que hasta divertida. Jesús Carrasco se ha tomado en serio eso del humor y no lo hace nada mal.

Pd: Al final de la charla pude pedirle que me dedicara la novela y confesarle que ya estoy esperando a que publique su siguiente novela, de la que me ha dicho que aún no tenía nada. Y que ahora estaba involucrado en la promoción de esta. Tocará esperar.


miércoles, 27 de mayo de 2026

Gigante en el Teatro Cervantes

Dice mi mujer que me apunto a un bombardeo y no le falta razón. Siempre estoy dispuesto para ir al cine,  o a un concierto, acudir a una exposición de pintura, ir al zoo, a salir a comer fuera, no digamos a viajar, o simplemente a pasear, o como esta ocasión para ir al teatro.

Me llamó mi amigo Miguel para decirme que tenía un par de entradas para la obra de teatro Gigante, que se representaba en el Teatro Cervantes y que se le había quedado una entrada libre, que si me apuntaba para ir con él. No dudé ni medio segundo. 

Ya conocía la obra Gigante en la que Josep Maria Pou interpretaba al famoso escritor británico, Roald Dahl. De hecho era una obra a la que quería ir y tenía echado el ojo hacía tiempo, pero depende de la fecha no siempre puedo comprar con antelación y tengo que ir esperando hasta el último momento. Esto es lo que pasó con esta obra. Así que cuando se me presentó la oportunidad no quise desperdiciarla.

La obra me encantó. Fue sorprendentemente divertida teniendo en cuenta que contaba uno de los momentos más comprometidos en la vida de Roald Dahl. Todos estuvieron magníficos y me fui con muy buen sabor de boca, especialmente porque después fuimos a cenar a una pizzería cerca de allí.


miércoles, 20 de mayo de 2026

La Ilíada

Hace muchos años, alguien que ya no recuerdo -a la que supongo que yo tendría en buena consideración- recomendó leer la Ilíada y la Odisea en la Edición Clásica de Gredos, con la que afirmaba que había leído los libros de Homero. Así que tomé nota, por si acaso.

Mi curiosidad por leer este clásico siempre había estado ahí, de manera que busqué esa edición con cubierta de cuero y con las páginas en lo que antes yo conocía como papel de biblia (desconozco si es un término extendido en el mundo editorial), pero ya estaba descatalogada, y los precios en librerías de viejo eran desorbitados, de manera que desistí de mi interés por esa edición. Además, la vista a mis cincuenta y tantos no es la misma, y cada vez voy buscando ediciones con la tipografía de un tamaño  más generoso, que me resulten más sencillo leer. Aquella edición no lo era realmente.

Pero el tiempo pasó y como tantas veces ocurre en la vida, se presentó una segunda oportunidad. Una nueva y renovada edición de Gredos volvía a estar disponible, pero ésta más acorde en tamaño y especialmente asequible de precio. Así que me acerqué a Teseo, mi librería habitual, busqué el libro y tras leer el primer párrafo del primer canto, me decidí y me llevé los dos volúmenes. Los coloqué en una estantería de casa a que esperaran a que les llegara el momento.

Pasaron años, incluso una década, pero un buen día dije, se acerca el momento y coloqué la Ilíada en la mesita de noche, que es como estar en un aeropuerto antes de coger un avión. Puede haber retrasos, pero normalmente una vez allí, más pronto que tarde, se vuela.

Decidí saltar el prólogo, que en los libros clásicos cuentan más de lo que uno desea, suponiendo que sabemos lo que muchos no queremos saber. El tema de la traducción tampoco me interesaba mucho. Soy absolutamente ignorante en griego. Así que entré directamente al Canto I.

He de decir que a ratos se me hizo tedioso, y la forma repetitiva de nombrar a las personas (Aquiles, el de los pies ligeros) al principio me pareció cansina, pero al mismo tiempo, esa repetición salpicaba las frases de un espíritu poético. 

Una particularidad que he disfrutado mucho son con las descripciones de la naturaleza humana, o de la exaltación de los valores y el honor y me asombró la crueldad sobre los vencidos. Y en especial me desconcertó la ausencia del caballo de Troya o no hallar el fin de Aquiles entre sus páginas.


domingo, 17 de mayo de 2026

Memorias de Adriano

Ya escribí por aquí que el libro de Marguerite Yourcenar, Memorias de Adriano, me encantó. Y si no lo escribí, no pasa nada, lo escribo ahora. Mi opinión de entonces, sigue ahora más vigente que nunca. El libro alrededor de la vida del Emperador Adriano dejó una huella inmensa en mí. Lo tengo en casa puesto en un lugar donde lo veo casi todos los días, y si bien la mayoría de las veces paso de largo sin hacerle caso, cuando me detengo y lo veo, no puedo evitar sentir una especie de bondad y agradecimiento sobre sus páginas. Y aunque no soy mucho de listas de gustos ni nada que conlleve comparaciones innecesarias y pérdida de tiempo. Podría afirmar sin despeinarme que este libro estaría entre mi top diez de mis libros favoritos. Ahí queda dicho.

Cuando supe que se presentaba una adaptación teatral en el Teatro SoHo de Málaga, titulada Memorias de Adriano, protagonizada por Lluís Homar, no quise perdérmela.  Y aunque he de confesar que el aire moderno de la adaptación de la novela no me atraía lo más mínimo. Ver al personaje de Adriano vestido con traje y corbata, era algo que no me seducía. De hecho, casi se puede afirmar que acudí al teatro con más rechazo que atracción.  Pero aún así quise acudir. Intento no criticar aquello de lo que no conozco.

Así que Pepi y yo, junto a una pareja amiga, nos plantamos en las butacas dispuestos a disfrutar de la obra. La verdad es que me gustó, y mucho. La interpretación de Lluís Homar es de la mejores que he visto en mi vida. Puso a todo el teatro en pie a aplaudirle, lo que se está convirtiendo en una costumbre, pero que no siempre es tan merecido como en este caso, al menos así lo pienso.

En el cartel publicitario aparecen un buen número de actores acompañando al actor principal, por lo que pensé que era una obra coral, aunque finalmente fue casi un monólogo de Homar con actores y bailarines de atrezzo. No es tal que así en realidad, pero casi. 

Tras el teatro, no muy lejos de allí, descubrimos, junto con nuestros amigos Sagri y Miguel, una pizzería, anunciada como Restaurante Bresca, donde comí unos ravioli de rabo al pesto rosso, que estuvieron fabulosos. Confieso que los pedí porque afirmaba estar cocinado a fuego lento con vino tinto Barolo (el favorito de Eddie Vedder, ahí saltó la chispa de mi decisión) servido en salsa especial de pesto rojo y almendra chili-limón. Rico, rico. Un descubrimiento. Volveremos.

Pd: Tuve la mala suerte que justo a la persona que estaba a mi izquierda, una señora mayor, le sonara en tres ocasiones el teléfono. ¡Qué vergüenza! Si no sabes silenciarlo es muy sencillo dejar el teléfono en casa. Cada vez que el teléfono sonaba -y no estaba el sonido bajo- me sacaba totalmente de la obra. Una lástima.


jueves, 30 de abril de 2026

Gravedad cero - Woody Allen

Ya he contado más de una vez por este blog caprichoso y personal, que soy un asiduo seguidor de las películas de Woody Allen, y que también soy lector de todo lo que publica aparte del cine. Digo lo que publica porque a veces son guiones, otras veces son cuentos o relatos, o incluso series. En cualquier caso, suelo estar atento a todo lo que lleva su firma porque, a mi juicio, es uno de los grandes.

Este Gravedad Cero reúne diecinueve narraciones. El escenario principal es Nueva York, pero a partir de ahí, todo puede ser posible. Puedes reencarnarte en una langosta, ser dueño de un caballo que pinta cuadros, o simplemente enamorarte de una joven mientras paseas por Central Park. El punto común de todos estos relatos son el ocurrente humor del longevo autor norteamericano. 

Me reí a carcajadas mientras lo leía. El cuento titulado Park Avenue, piso alto, urge vender fue directamente desternillante. Lo leí dos veces de lo que me reí. Pero de todos los relatos, mi favorito fue el último y más extenso, Crecer en Manhattan, con enormes tintes autobiográficos.

Muchas de estas piezas fueron publicadas con anterioridad para la revista The New Yorker, pero el resto se han publicado en este libro por primera vez. Yo no había leído ninguna de ellas, pero si no se ha leído nada del autor neoyorquino es una estupenda toma de contacto, aunque yo siempre recomiendo sus películas.

Quisiera destacar la traducción, porque hay muchos de los apuntes de Allen que son de un carácter local o al menos nacional. Muchos guiños a la actualidad y si no te dan una pincelada que te oriente, algunas bromas no son fáciles de pillar. Woody Allen es una persona observadora, y siempre está atento a advertir los dobles sentidos de las frases, pareciera que camina avizor y acechante a pillar algún agudo detalle que los demás hemos obviado. Lo recomiendo.


domingo, 22 de febrero de 2026

El libro de las ilusiones - Paul Auster

Es curiosa la forma que tenemos las personas de reaccionar de distinta manera a estímulos similares en distintos momentos. Hace pocas publicaciones comenté en este blog que cuando supe la aciaga noticia del fallecimiento de Javier Marías, necesité apartarme de sus escritos. Tuvo que pasar un tiempo, más allá de tres años, hasta que me sintiera preparado para volverle a leer. Es como si quisiera apartarme, alejarme, de un dolor para el que todavía no estaba preparado. Retomé su obra de la manera que me pareció que me dañaría menos, o al menos la que pensé que me apetecía más, es decir, sus artículos. Y todavía no contemplo leer una de sus novelas, aunque sé que si la vida me regala tiempo suficiente, llegará el momento.

En cambio, con el caso de Paul Auster mi reacción fue distinta. Cuando falleció, mi primera respuesta fue pensar que tendría que volverle a leer. Que quería volverle a leer. Casi en total contraposición con lo que me ocurrió con Javier Marías. 

Aunque no están muy separadas las fechas de fallecimiento de ambos. Poco más de un año y medio. Y que si bien Paul Auster falleció con 77 años y Marías con 70. La muerte de Auster la vi venir, entraba dentro de las posibilidades. Ya había sabido que estaba sufriendo un cáncer de pulmón -se había hecho público por las cuentas de Instagram de la mujer, Siri Hustvedt, y la de la hija de ambos, Sophie Auster- y si bien, la esperanza es lo último que se pierde, ya estaba la parca en el horizonte. En cambio la muerte de Javier Marías esa sí que no la vi venir. Fue una desagradable sorpresa. 

El caso es que decidí leer una novela de Paul Auster y elegí El libro de las ilusiones (2002). Mi amigo Miguel me había comentado que le había gustado mucho esa novela y que siempre la recomendaba. Así que como era una de las novelas de Paul Auster que tenía por casa, comencé a leerla. El inicio no fue del todo ilusionante. La historia me parecía muy triste para mis ánimos y tampoco es que fuera demasiado atractiva, pero Auster tiene una especie de brillo o frescura en su escritura que te va atrapando con una naturalidad casi de oleaje. De la misma manera que cuando tienes los pies en la arena de la orilla, y las olas poco a poco va hundiendo tus pies en la arena, de la misma manera la escritura de Paul Auster te va atrapando.

No pretendo en este blog destripar historias, ni novelas, si no contar lo que me parecieron. Me pareció que el libro comienza de una manera muy triste, y que poco a poco, incluso de una manera sorpresiva e inexplicable, el protagonista, David Zimmer encuentra la ilusión  de continuar en el descubrimiento de una persona. Y eso lo cambia todo.

Sigo pensado que el libro que más de gusta de los que he leído de Paul Auster es El Palacio de la Luna. Y este Libro de las ilusiones no llega a ese nivel -siempre hablando a mi juicio- pero le sigue a una corta distancia.

Espero no tardar mucho en leerme otra novela suya, pero eso es algo que nunca se sabe.


sábado, 7 de febrero de 2026

Juro no decir nunca la verdad - Javier Marías

Si han seguido este blog, aunque sea de manera ocasional, sabrán que soy un admirador de la pluma del autor madrileño Javier Marías. Lo soy desde que comencé a leerlo con Todas las almas, en una edición de El Círculo de Lectores que me pagaron mis padres, pero eso es otra historia.

Lo he seguido como escritor de novelas, como escritor de cuentos, como ensayista, como editor del Reino de Redonda, como traductor y, especialmente, como articulista. Esto es quizás lo más sencillo, pues sólo tenía que acercarme una vez a la semana a leer sus artículos en El País. Como a veces se me escapaban algunos artículos en uno de esos fines de semanas más agitados de la cuenta, he ido comprándome sus volúmenes de artículos y leyéndolos con una pausa temporal que se ha ido agrandando con el paso del tiempo. Cada vez la distancia de tiempo, entre lo escrito y cuando yo lo leía ha ido creciendo. El tiempo es lo que más nos aprieta.

Tras su fallecimiento en septiembre de 2022 fui postergando su lectura. No sé, no me sentía a gusto leyéndolo, me daba una pena leer a Marías sabiendo que muchas de las cosas que afirmaba no las vería continuar. Me entristecía leerlo. Es casi la primera vez que me pasaba algo así con un escritor. Una sensación tristemente novedosa para mí. Así sus libros, durante estos últimos años he mantenido sus libros en salmuera, en las estanterías más alejadas, apartándolos de la vista, hasta incluso algo escondidos. Me entristecía verlos porque me recordaban a él. Ojos que no ven, corazón que no siente.

El tiempo ha ido pasando, y bueno, te lo vas encontrando aquí y allí, en tus estanterías de libros, y te detienes sobre los lomos de algunos de sus libros leídos con una especie de bienestar interior, entre nostalgia y satisfacción. Hasta que un buen día piensas: estoy preparado, es un buen día para volver a leer a Marías, ya pasó el desapego, el duelo. Así que volví a leerle, y comencé por artículos publicados en 2015, que es por donde iba leyendo sus opiniones de prensa, ya que lo último que leí de artículos fue Tiempos ridículos, la anterior entrega de artículos. Así, especialmente los domingos por la mañana, con el café, como ya no tengo periódico, me abría su recopilación de artículos y me leía unos cuantos.

No diré que me resultó fácil leerle, porque me detenía pensando en la pena que me daba que ya no pudiera continuar escribiendo, pero el placer de la lectura merecía la pena. Y aunque algunos de sus artículos -especialmente los políticos- quedaban algo fuera de lugar, son una interesante crónica de lo vivido en España.

Echando un vistazo rápido por este blog, he descubierto que hacía mucho que no publicaba una entrada de Javier Marías. Y es que sus últimos novelones están por ahí en alguna estantería esperando que le meta mano. Cualquier día de estos.


viernes, 30 de enero de 2026

Estampas bostonianas y otros viajes - Rosa Montero

Rosa Montero es de esa clase de personas que las miras y su vitalidad la envuelve alegrando su alrededor. Lo envidio mucho eso, créanme. Ese nervio, esa energía es algo que me parece un regalo maravilloso. Mantener una actitud viva y entusiasta es algo de lo que más me hubiera gustado disponer. Y bueno, no ando mal en cuestiones de curiosidad, pero Rosa sobrepasa a cualquiera.

Vino a la Biblioteca Miguel de Cervantes de Fuengirola a ofrecer una charla sobre su obra, y no quise perdérmela. De ella comenté en este blog un libro que leí hace tiempo, pero del que tengo un grato recuerdo, La ridícula idea de no volver a verte. Un libro que he recomendado varias veces. Si todavía no lo han leído, siempre es buen momento.

Decía que Rosa es ese tipo de escritora inclasificable, que no sólo es que toque muchos palos, como puede ser novela, cuento, ensayo o literatura juvenil, sino que también ha sido una periodista de entrevistas fabulosas. Ha entrevistado a todo quisque, y a todo aquel que ni te imaginas. Pero a mí me atrajo mucho su curiosidad, su manera de enfrentar la vida. Cuando tuve en mis manos Estampas bostonianas y otros viajes, no pude parar de leer.

Alguien que ha visitado Irak, China, Australia, el Polo Norte o el Sahara siempre tiene que tener cosas interesantes que contar. Y siendo mujer aún más. Así que allí que fui con mi libro por si luego me lo podía dedicar. Me hacía ilusión, que la persona que había vivido todo aquello me firmara el libro. Sentí como si pudiera saludar a Marco Polo o a David Attemborough. 

Tras una interesantísima charla, no pude apenas cambiar unas pocas impresiones con ella. Me hubiera quedado horas escuchándola, pero probablemente ella me hubiera preguntado muchas cosas, porque es de una curiosidad infinita. Un placer leerla y escucharla.


lunes, 26 de enero de 2026

La Música

Cuando programaron en el Festival de Teatro la obra La Música, basada en un texto teatral de Marguerite Duras, adaptada y dirigida por Magüi Mira (la misma de La Barraca), con Ana Duato (Mercedes en la serie Cuéntame cómo pasó) y el actor argentino Darío Grandinetti (protagonista en la serie Hierro), tuvimos claro mi santa y yo que queríamos ir a verla, pero aún así aguantamos sin comprar entradas, porque como la obra se representaba un fin de semana y nosotros tenemos los partidos de Liga de Miguel y los del Málaga, pues decidimos esperar hasta más cercana a la fecha para ver a cuál de las dos representaciones podríamos ir. A veces ocurre que no podemos asistir a ninguna.

Pero hubo suerte. El partido del  Málaga se jugaba en casa contra el Burgos y lo pusieron un viernes, así que Miguel, como tenía entrenamiento no podría ir a ver el partido, por lo que dejamos nuestros carnets de abonados a Sofía para que fuera con Ignacio, y bueno, el Málaga ganó 3-0 y todos contentos aunque a ellos les pilló algo de lluvia.

El partido de Miguel era el sábado de manera que nos quedaba el domingo liberado para ir al teatro, y eso hicimos. Ya ven que no siempre es fácil. 

Ana Duato y Darío Grandinetti son dos grandes actores y la obra se desarrolla con una íntima naturalidad cotidiana. Un matrimonio roto, en el que hubo amor y amargura, felicidad e infierno, pero que tras una dolorosa separación tienen un obligado reencuentro. Todo es absolutamente creíble, que es lo que lo hace mágico.

Me gustó aunque fue un pelín corta, aproximadamente una hora. Supongo que el texto es el texto y si lo quieres respetar, no se puede ir mucho más allá de lo que hay.


miércoles, 21 de enero de 2026

La Barraca

Apenas unos días después de ver la obra de teatro Las amargas lágrimas de Petra von  Kant, regresamos Pepi y yo nuevamente al Teatro Cervantes para ver La Barraca, una de las obras notables del autor valenciano Vicente Blasco Ibáñez, adaptada al teatro por Marta Torres (menuda responsabilidad) y dirigida por Magüi Mira, con Daniel Albaladejo, que realizó una interpretación soberbia, Antonio Hortelano, Jorge Mayor, Antonio Sansano, Patricia Ross, Claudia Taboada, Elena Alférez y Jaime Riba. La composición musical fue a cargo de Santi Martínez.

La obra sabía de qué iba pero no recordaba exactamente el desenlace. Nunca leí la novela (quizás ya ha llegado el momento de hacerlo), pero alguna adaptación televisiva habría visto porque fui recordando cosas de la trama conforme iba avanzando. En cualquier caso me encantó. 

Es curioso que las grandes obras son imperecederas, entre otras cosas, porque abarcan temas comunes y casi atemporales. La lucha por la justicia social, la hostilidad sobre el forastero, el odio, la venganza, el rencor no son sentimientos de clase, o de épocas, son sentimientos humanos, que son inherentes a nosotros. Por eso, salvando las distancias de un entorno rural del siglo XIX a la actualidad, las cosas han cambiado, pero en esencia, no tanto.

Me gustó todo. La escenografía al completo, con el vestuario, la iluminación, la atmósfera, la forma de transformar el espacio de una manera artística, casi como un baile. La simbología de la arena, el polvo... en general todo me pareció de un buen gusto y un acierto completo. Muy recomendable.


miércoles, 14 de enero de 2026

Las lágrimas de San Lorenzo - Julio Llamazares

Tenía pendiente por leer este libro en una de las librerías de casa. Una portada preciosa, por cierto. Pero los libros van cayendo entre mis manos de una manera, digamos, inesperada, sin un orden predispuesto, aunque algo de orden procuro llevar. El asunto es que cuando leí a Julio Llamazares, lo hice con un libro prestado por mi amigo Miguel, Tanto pasión para nada. Un libro de relatos que me dejó muy buen recuerdo.

Desde aquella lectura me propuse leer una novela suya, pero en aquel momento no tenía ninguna, y pasó un tiempo hasta que compré ésta de Las Lágrimas de San Lorenzo, y todavía he tardé unos años en escogerla de la estantería y leerla.

En realidad lo que me motivó leerla fue que supe que Julio Llamazares acudía a Málaga a presentar su última novela, El viaje de mi padre, y aproveché para leérmelo y así acercarme a su charla y si era posible que me lo dedicara.

Al final sí pude hacer asistir a la charla que fue muy entretenida, y al acabar la charla pude acercarme y contarle lo mucho que me gustó su novela y darle las gracias por el buen rato que me supuso su lectura.

Es una novela sobre el paso del tiempo, la memoria personal donde los recuerdos y la nostalgia caminan cogidas de la mano, y sobre la relación que un padre comparte con su hijo  y con la nostalgia de lo que él fue, de la relación con sus padres y la que vive con su hijo. La fugacidad de la vida como lluvia de estrellas. 

Una novela corta, apenas doscientas páginas y fácil de leer, que endulzó algunas tardes de otoño cual azúcar en café. Lo recomiendo.

A ver si ahora no tardo tanto en volver a leer al autor leonés.


sábado, 25 de octubre de 2025

Perderse - Annie Ernaux

No había leído nunca nada de Annie Ernaux. No conocía nada de ella, ni había escuchado hablar de ella. Había visto su nombre alguna vez, pero hay tantas distracciones en la vida, que no había siquiera tenido un libro suyo entre mis manos. Un buen día de 2022 ganó el Premio Nobel de Literatura y su popularidad se disparó. Empecé a saber de ella y mi interés fue creciendo. 

No existen muchas escritoras ganadoras del premio Nobel, pero lo poco que he leído de ellas (Wisława Szymborska, Svetlana Aleksiévich) me ha gustado mucho. Así que pensé que podría ser un acierto seguro. De manera que, pocas semanas después de aquel premio, en una de mis visitas a las librerías, me compré este libro de la autora francesa, de bellísima y sugerente portada, que ha estado dando vueltas por casa hasta que finalmente, unos años más tarde, me decidí a leerlo.

No es que yo sea una persona muy tentona para comenzar a leer un libro. Al contrario. Es muy normal que lleve varios libros empezados a la vez, porque a veces me cuesta no asomarme a curiosear en un libro aunque esté dentro de otro. En casa tengo una amplia biblioteca. Calculo que tendré aproximadamente unos mil libros por leer. Sí, por leer. Los libros que voy leyendo, los voy colocando en el fondo de las estanterías. Así que los que tengo a la vista suelen ser los libros por leer. ¿Es una barbaridad? Es posible, a veces lo pienso, pero a mí tranquiliza saber que pase lo que pase tengo libros de sobra para leer. Manías mías. Es muy normal que me compre un libro y lo lea cuatro años después. Por lo que muchos de mis libros son de segunda mano. No me mato por las novedades. Depende, claro.

Perderse (Se perdre, 2001) es un libro que cuenta de forma autobiográfica, en forma de diario, la relación sentimental que mantuvo en secreto durante varios años con un diplomático ruso. Es un libro tremendamente  íntimo, desgarradoramente sincero. Uno de los libros con un nivel de confesión más manifiesto que he leído jamás. No hay reservas ni nada que ocultar. Sin censuras de ningún tipo. Los sentimientos de la autora están muy por encima sus relaciones sexuales, pero puede palparse el sexo como fin del deseo. El lector no encontrará rodeos en los pensamientos de la autora. Lo que piensa lo escribe. Avasallador. 

Es un libro de una libertad tan diáfana, tan maduro, que parece irreal. Mis aplausos.

jueves, 16 de octubre de 2025

Le Mépris

Fue acabar la jarana continua de los días de feria y me apunté junto a un amigo para ver una película al 31 Festival de Cine Francés de Málaga. De entre las películas programadas, y las fechas libres que disponíamos, nos decidimos por una película de Jean-Luc Godard, Le Mépris (1963), El desprecio fue como tradujeron el título en España. Protagonizada por una treméndamente sexi Brigitte Bardot y Michel Piccoli. 

Es una película que no había visto, y es una de esas películas que has escuchado mil veces hablar de ellas, pero que por una razón u otra no he podido ver. Lo tenía todo para gustarme. A este tipo de cine le llaman ahora algo así como metacine.

Un dramaturgo (Michel Piccoli) recibe la oferta por una buena cantidad de dinero de reescribir algunas escenas para La Odisea, una película que se va a rodar bajo la dirección del director Fritz Lang (Fritz Lang) en Capri. Un altanero y vanidoso productor norteamericano (Jack Palance) se cruza entre la relación del dramaturgo y su mujer (Brigitte Bardot).

Una película melancólica y hermosa. Una relación autodestructiva, en un marco de belleza natural. Muy sugerente y provocadora, a ratos soñadora. Muy en la línea del cine de la Nouvelle Vague.


viernes, 3 de octubre de 2025

Las voces bajas - Manuel Rivas

Suelo tener cierta tendencia por los escritores que escriben poesía. Y no necesariamente para leer poesía. Quiero decir que si un autor publica una novela, y sé que ha escrito también, con anterioridad, poesía, es algo que suma, al menos más que si sé que ha escrito artículos de opinión en un periódico. También suma si conozco que es una persona viajera, o que ha vivido fuera de nuestro país, a ser posible en un país exótico. No por nada, sino porque imagino que su escritura está impregnada de sus vivencias y, en el caso de los viajes, me encanta que me cuenten singularidades o historias de sitios en los que nunca he estado y que con probabilidad tampoco voy a visitar.

Lo de que siento cierta proclividad por libros de autores que escriben poesía es porque pienso que los autores que escriben poesía tienen una sensibilidad especial, un ritmo cadencioso, y una atención sobre la elección de las palabras más de mi gusto. Evidentemente esto no es un dogma de fe. Hay mil excepciones y no es para nada vinculante. De hecho, uno de mis autores favoritos es Antonio Muñoz Molina y que yo sepa nunca ha publicado poesía.

Manuel Rivas es uno de esos novelistas que escriben poesía. En su caso se puede decir que es más un poeta que escribe novelas. De hecho es uno de los ejemplos claros de lo que digo de mi inclinación hacia los autores con inclinaciones poéticas. En sus novelas de alguna manera existe una musicalidad poética. Hay una búsqueda de inspiración poética en la formación de sus párrafos. Yo al menos lo siento así.

De Manuel Rivas leí ¿Qué me quieres amor? hace unos años y me encantó. Eran relatos o cuentos alrededor del amor.  En aquel momento pensé que lo siguiente que leyera de Manuel Rivas sería una novela. No fue así.

Las voces bajas es un libro escrito originalmente en gallego y posteriormente traducido al castellano por el autor, como casi toda su obra. Y es una especie de viaje sentimental por sus recuerdos. Su infancia y su juventud, sus sueños, sus primeras experiencias.

¿Es una autoficción? ¿es un libro de memorias? Qué libro no lo es en cierta parte. Es un libro con una gran balsa de nostalgia hacia la juventud, la adolescencia, o a las costumbres familiares tradicionales que le tocó vivir. Una especie de compendio de recuerdos que marcaron a una persona. Interesante. Los años formativos siempre lo son.


viernes, 5 de septiembre de 2025

La sangre de los libros - Santiago Posteguillo

El verano es tiempo de lectura. Al menos eso es lo que yo creo. Prácticamente toda mi vida he tenido mis vacaciones en verano. Cuando era estudiante porque, si hacías bien los deberes hasta junio, durante el verano quedabas liberado de tareas estudiantiles, y algo similar me lleva ocurriendo toda mi vida laboral, en las que suelo tener vacaciones en el mes de agosto, y como durante las vacaciones uno intenta hacer aquello de lo que disfruta, leer ha supuesto uno de mis pasatiempos veraniegos por excelencia desde mi niñez. 

Tener vacaciones en agosto es algo que, como ya he comentado en este blog, tiene sus ventajas y, claro está, también sus desventajas. Una de sus ventajas es poder leer tumbado al fresco de un sombrilla en la playa, que siempre es un lujoso placer. Previendo los continuados días de asueto, conforme se va acercando el verano, voy seleccionando en casa libros de bolsillo, porque no me gusta llevar ediciones buenas a la playa.

Uno de los libros que elegí para leer este verano era La sangre de los libros de Santiago Posteguillo. Una rara avis dentro de la extensa bibliografía del superventas valenciano.

Un libro que nos revela curiosas historias detrás de los libros y los ilustres autores de la gran literatura. Anécdotas personales, curiosidades singulares, rumores alrededor de los libros o de las circunstancias que envolvieron sus historias. Un libro obligado para curiosos literarios. A mí me ha gustado, quizás porque soy un poco curioso por la relación de los autores con sus libros. Es un libro que se lee con facilidad, porque avanza con capítulos cortos, con pequeñas historias, casi que contadas como cuentos, en los que Posteguillo despliega con saber hacer parte de su amor por los libros y sus autores.

Una lectura muy recomendable para ratitos de ocio.


miércoles, 27 de agosto de 2025

Otra gente - Martin Amis

Otra gente ha sido mi primera toma de contacto con la literatura del autor de Oxford, Martin Amis, un escritor del que llevaba tiempo queriendo leer algo, pero que he ido retrasando una y otra vez por ese caprichoso azar que rige mis lecturas. Más vale tarde que nunca.

Desconozco si es una buena novela para comenzar a leerle. Supongo que la mejor forma de comenzar a conocer a un escritor, supuestamente, es iniciar sus lecturas con su primera novela, y ésta, según veo, es la cuarta. Justo antes de publicar Dinero, la novela que lo catapultó al éxito. De manera que si ese fuese el criterio más acertado, no he comenzado de forma adecuada.

Esto de acertar de con qué novela comenzar no siempre es sencillo. Ni siempre es tan simple como comenzar por el inicio, es decir, por su primera novela. Depende. Y no siempre depende de las mismas razones. Quiero decir que para unas personas tal vez es mejor comenzar por una novela, mientras que por otras es mejor empezar por otra. Nunca se sabe. En cualquier caso yo comencé con Otra gente. Y si acerté o no, se verá. 

La novela inicia de forma muy prometedora, con una misteriosa mujer amnésica despertando en una habitación, de donde sale a la calle, donde comienza a vagar sin saber quién es, qué hace allí, ni dónde está.

En una situación tan particular Amis consigue esbozar un Londres fantasmal (no es ningún misterio la ciudad), algo aterrador y al mismo tiempo logra desplegar su humor en situaciones sobrecogedoras. El talento de Amis es usar el humor, a veces ácido e irreverente, al mismo tiempo que pone la atención sobre una sociedad corrupta y oscura. No contaré más, pero puedo afirmar que me ha gustado más el cómo que el qué. Y que en la novela, a mi juicio, Martin Amis sitúa muchos más espejos que puertas y ventanas. 

Éste es un libro que he leído casi íntegramente entre aviones, habitaciones de hotel y, como se puede comprobar en la foto, también en la playa, con más exactitud en la playa de Fuengirola.


jueves, 21 de agosto de 2025

Budapest Día 2

Segundo día en Budapest. Nos dimos un poco de margen para descansar y programamos la alarma a las 7:30, aunque yo ya llevaba un buen rato despierto antes de esa hora. Mi ansiedad en los viajes esa así. La idea era ir a desayunar a algún sitio cerca del hotel, porque no teníamos incluido el desayuno. El día anterior frente al Smashy Burger vimos un par de cafeterías que parecían apropiadas. Nos decidimos por Kaffeine. Espresso Bar. A mí me gustó. Tomé un café muy bueno y una especie de bollo algo dulzón con unas lonchas de un tipo de salchichón típico de la zona, con algo de rúcula. Muy rico.

Para nuestro segundo día teníamos también un free tour reservado pero en esta ocasión por Buda. El itinerario comenzaba junto a la estación de metro Széll Kálmán, que estaba prácticamente en uno de los otros extremos de la ciudad. Así que cogimos un taxi que nos acercó hasta allí. Los taxis son relativamente económicos en Budapest, y además como somos 4, pues compensa. Nos dejó cerca del Museo de la Moneda y Banco Nacional, que si bien no teníamos intención de visitar interiormente, sí de verlo por su exterior que, tras una reciente remodelación, ha mantenido su estilo Art Nouveau. Junto al edificio pudimos ver una grandiosa estatua de un ciervo, símbolo de la ciudad.

Esperando el momento del inicio del recorrido, junto a nosotros pudimos ver a unas aves que no recordaba haber contemplado antes. Me encanta ver especies de aves que no haya visto antes. Parecían cuervos, pero de menor tamaño que los que yo he solido ver, y lucían dos colores, la parte de la cabeza y el babero, así como las alas eran negras, el resto gris. Pensé que podrían ser unas urracas. No lo tenía claro. Le hices unas fotos para luego mirarlo con más tranquilidad en las redes. Según creo eran cornejas cenicientas, que es de la familia de los córvidos. En algún sitio decían que era un cuervo encapuchado. Parece que la principal diferencia es el tamaño. Así que me inclinaría por la primera, la corneja cenicienta, que además cuadra mejor por el hábitat, que es más sencillo encontrarla en ciudades.

Aún teníamos algo de tiempo hasta el inicio del tour y entramos en el centro comercial Mammut, que estaba a pocos minutos del punto de encuentro, pues Miguel se había venido al viaje sin un cinturón, así que fuimos a buscarle uno, ya que estábamos allí. Fue algo rápido.

Iniciamos el recorrido hacia el Castillo de Buda, por Várfok, y accedimos en ascensión por la Puerta de Viena, uno de los accesos medievales al casco histórico, también conocida como puerta judía. Conectaba el Castillo de Buda con el camino que llevaba a Viena. Giramos hacia la derecha donde está el impresionante edifico de los Archivos Nacionales de Hungría. Seguidamente encontramos el Ayuntamiento y en frente la Iglesia de María Magdalena, cuya torre gótica se remonta al siglo XIII. La iglesia sufrió graves daños durante la II Guerra Mundial y lo que queda es lo poco que se conservó. Dentro del casco antiguo, que está amurallado, hay un buen número de edificios oficiales,  como la Embajada de Alemania o  el Archivo de Historia Militar, hoteles y restaurantes. La guía nos llevó por un camino ajardinado, a la sombra de cerezos, que aunque no estaban en flor, estaban preciosos, desde donde disfrutamos de unas vistas excelentes a la ciudad. Un lugar acogedor y romántico. El paseo era un lujo.

Giramos para encontrarnos con la Estatua ecuestre de Andras Hadik, un capitán imperial húngaro. Por lo visto entre los estudiantes existía la creencia de que si le tocas las partes nobles al caballo,  te traería suerte en los exámenes, y ahora, con el viento a favor de la tontería humana, casi cada turista que pasa,  repite las caricias y el caballo tiene los testículos brillantes como fruta madura. En fin.

Al final de la calle el tiempo se detiene, la belleza coge aire y asciende, es imposible no levantar la vista hacia la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, también conocida por Iglesia de Matías, con su torre  del siglo XV. En frente, la estatua barroca de la Santísima Trinidad erigida para conmemorar el fin de la epidemia de la peste. Algo más al fondo la Estatua Ecuestre de San Esteban I (1906), sobre un pedestal neorrománico con escenas de su vida  y los cuatro leones guardianes, todo ello enmarcado por el precioso Bastión de los Pescadores, que hace las veces de muralla, mirador y terraza con vistas panorámicas sobre el Danubio con el Parlamento al fondo. Es un sitio verdaderamente bello a pesar de que estaba abarrotado de turistas. Pero no es de extrañar que todo el mundo que vaya a Budapest pase por allí.

Podríamos pasar el día contemplando cada uno de los detalles del barrio, pero no siempre es posible, en ese momento no lo era, la visita continuaba. Tras unos minutos de descanso que la guía nos regaló y que todo el mundo utilizó para hacerse fotos, seguimos con el tour. Caminamos por calle empedradas en dirección sur, hacia el Palacio Presidencial.

Todo esta zona algún día será preciosa, pero a nosotros nos tocó visitarla en obras. Grúas, albañiles con chalecos y casos fluorescentes, vallas señalizadoras, andamiajes, zonas de apero y sobretodo un terrible rugir de martillazos y taladradoras. Un trasiego extraño que mezclaba empleados ajetreados con turistas ociosos. Apenas pudimos escuchar la explicación que la guía ofreció sobre la Fuente del Rey Matías y sobre la leyenda que en ella se cuenta. Aquí acabó la visita. 

Nos acercamos a una terraza mirador que presidía la Estatua del Príncipe Eugenio de Saboya, desde allí había unas vistas magníficas hacia el Danubio y especialmente hacia el Puente de las Cadenas, el más antiguo de los puentes que unen las dos partes de Buda y Pest. Descendimos por unas inmensas escaleras que bajaban directamente desde el Castillo a la rivera del Danubio y desde allí cruzamos hacia Pest por el Puente de las Cadenas. Me agradó mucho cruzar el Danubio a pie por el puente.

Nos dirigimos por Zrínyi, que es una larga calle peatonal muy animada, llena de restaurantes, frente a la fachada principal de la Basílica de San Esteban. Sabíamos que los restaurantes allí no iban a ser baratos, pero yo había leído buenas críticas de algunos de ellos. Nos decidimos por Iconic Gulyás Lángos. La terraza tenía buen ambiente, y una mesa en la terraza y algunos platos que estaban tomando algunos comensales nos terminaron de convencer. Nos sentamos en la terraza. Barato no fue, pero comimos muy bien. Pedimos un lángos clásico, para probarlo, yo no las tenía todas conmigo, porque había escuchado que era como un churro pero con forma de pizza. La verdad es que nos gustó, especialmente a Pepi. Yo me pedí un gulash, o estofado de carne ternera con pasta de queso cottage. ¡Riquísimo! En el interior había varios músicos tocando en directo. Nos repusimos de la caminata más que bien.

Decidimos que una buena forma de bajar la comilona era caminar toda la famosa avenida Andrássy. Y eso hicimos. Iniciamos la caminata frente a la basílica y comenzamos el recorrido desde el inicio. Pasamos de largo por la Ópera, donde estuvimos el día anterior, cruzamos el cruce de caminos, Oktogon, y bajamos a ver la parada de metro en Vörösmarty, que nos habían comentado que las estaciones de metros en Andrássy eran los más bonitos y continuamos nuestro recorrido hasta llegar a la Plaza de los Héroes, al final de la avenida. A la izquierda está el Museo de Bellas Artes de Budapest, un edificio de estilo neoclásico con una colección egipcia y una pinacoteca estupenda, pero no disponíamos de tanto tiempo. A la derecha el Museo de Arte Moderno. Sólo contemplar el friso neoclásico de vivos colores, algo atípico, es algo espectacular. Contemplar su fachada es una delicia. 

Gran parte de la Plaza de los Héroes permanecía vallada porque estaban montando un escenario para un concierto que iban a dar próximamente y la afeó bastante. Al otro lado del lago, del que todos hemos visto fotografías de gente patinando sobre la lámina de agua congelada, está el Castillo de Vajdahunyad (qué trabajito lleva escribir estos palabros). El castillo tiene un aire mágico, como de cuento de hadas, con una arquitectura típica húngara y su torre de piedra junto al foso, abrigada de hiedra, es una estampa bellísima. Intramuros, frente al Castillo está la Capilla Jaki, de estilo románico, junto a un monasterio que sirvió como antigua abadía benedictina. Es sencilla y a la vez imponente. El entorno es precioso, un bosque de árboles de una elegancia extraordinaria. Al fondo incluso se veía un gran globo aerostático, que ascendía al calentarse el aire, pero que estaba bien sujeto con una larga cadena que impedía que ascendiese más de la cuenta.

Junto a la Capilla vimos una escultura dedicada al autor del Gesta Hungarorum, que es algo así como una crónica sobre la historia de Hungría, al que se suele denominar como Magister P, o simplemente Anonymous. La escultura posee un toque siniestro y lúgubre. A mí no sé por qué me recordaba a la Inquisición, que provocaba el terror allá por donde fuese. Por si acaso, abandonamos el recinto en dirección al Balneario Széchenyi, que no quedaba lejos de allí. 

Nuestra idea no era darnos un baño caliente porque era una experiencia que en agosto no nos apetecía, pero quisimos acercarnos para verlo de primera mano. Posiblemente es una de las atracciones más famosas de Budapest, y lo cierto es que no me llevé ninguna sorpresa, encontré lo que esperaba: un lugar icónico, el balneario más grande de Europa, bello y concurrido. 

Decidimos regresar al centro pero no nos apetecía realizar el mismo trayecto otra vez, y no era cuestión de fatigarnos los pies porque sí, así que llamamos un Uber vía app, que vino en forma de Tesla (en realidad lo pedimos así). Mi primera ocasión montándome en un Tesla. Me resultó curioso ver cómo el navegador de la pantalla simulaba hasta a la gente que caminaba por la acera. Nos llevó de nuevo hasta el inicio de la Avenida Andrássy, donde la guía nos había recomendado probar los Chimney Cake, un pastel típico húngaro de masa dulce en forma de espiral cilíndrica con la superficie caramelizada con un toque de canela o chocolate. A Pepi le encantó.

Tras tan dulce parada decidimos continuar nuestro descubrimiento de Budapest dejándonos perder por las calles del barrio judío y conocer de primera mano los Ruin Bars, que son unas cervecerías o bares de estilo vintage que se han montado en edificios abandonados, de varias plantas de altura, algunos de ellos en ruinas. Hay muchos de ellos. Buscamos un sitio que se llama Street Food Karaván, que es como una parcela donde se han montado un buen número de quioscos de comida rápida y típica, donde puedes comprar comidas de muchos tipos y después sentarte a comer en unas mesas de madera que hay por el centro. Es curioso, pero nosotros no teníamos nada de hambre.

Para esa noche habíamos reservado a través de la guía del tour de esa misma mañana un viaje en barco nocturno por el Danubio. Ella lo había recomendado y nosotros teníamos la intención de hacerlo, así que nos dejamos aconsejar. Como el barco salía desde el otro extremo de la ciudad, llamamos un Uber que nos llevó hasta el punto del puerto desde donde salía el barco. Llegamos pronto, pero nos vino bien porque luego no había asiento para todo el mundo en el barco y pudimos coger un buen sitio para disfrutar de las vistas durante el trayecto.

Budapest es una ciudad imperial, preciosa, verdaderamente bella, pero de noche lo es aún más.  Navegar por el Danubio, contemplando a izquierda y derecha los edificios del Parlamento y la Basílica, o el Bastión de los pescadores y el Castillo de Buda, todos ellos excelentemente iluminados, es un sueño de fulgor y encanto. El edificio del Parlamento, iluminado con brillantes focos dorados y su simétrico reflejo amarillento de la luz en el agua del Danubio producen un efecto casi radiante, como una corona de gloria, una aureola irradiando resplandor y belleza. Algo imposible de describir en un texto.

Descendimos de la travesía en barco todavía deslumbrados por la belleza imperecedera de lo que acabábamos de admirar, comenzamos a caminar y en cuanto comprobamos que había casi una hora de camino llamamos a un Uber que nos llevó de vuelta al hotel donde descansamos con la mente todavía abotargada por lo vivido. 



lunes, 21 de julio de 2025

Historia menor de Grecia - Pedro Olalla

Siempre me he sentido atraído por la Historia, en especial por la Historia Occidental, que es la que me pilla más a primera mano. La invención de la escritura, la civilización egipcia, la democracia ateniense, el Imperio romano, las cruzadas, el Imperio bizantino, la caída de Constantinopla, el descubrimiento de América, el Imperio español, la revolución francesa, las Guerras Napoleónicas o las Guerras Mundiales... miles de historias apasionantes, llenas de aventuras, sangre y muerte, pero también de dicha, amor y pasión. Las pequeñas historias de la historia son el aderezo de las grandes historias. La chicha como diría mi madre. No hay gran historia sin la suma de muchas pequeñas historias.

La base fundamental de esas pequeñas historias es el individuo. Y la historia en general se crea con acciones de los individuos como sociedad. Los cimientos de la Historia son, en muchos casos, las consecuencias o las reacciones de sentimientos básicos en el ser humano. El amor, la venganza, la ambición son tan naturales en el ser humano como la vida y la muerte. Los avances sociales son repercusiones de esta búsqueda innata en el individuo, como pueden ser la búsqueda de la felicidad o la necesidad de libertad.

El hambre nos ha hecho avanzar más como sociedad que la gula. Una personalidad obstinada puede llevar a las personas tanto al éxito como a la tumba. El carácter, la singularidad del individuo es la chispa, que en ocasiones se apaga en el primer soplo y en otras resiste una gran ventisca. Los adelantos sociales han ido llegando con victorias pero también con derrotas, con pasos hacia adelante y saltos hacia atrás. Los avances científicos y los descubrimientos también han marcado puntos de inflexión en la línea de la historia.

¿Somos una mejor sociedad que la que contemporanea del imperio romano? Sin duda. ¿Hemos cambiado tanto en realidad? ¿Dos mil años de evolución han supuesto un cambio tan grande? Ciertamente hay muchísimos cambios. Nos desplazamos en aviones o coches, tenemos televisión y circo. La alimentación es más variada pero también con más insecticidas. La manera de vestir han cambiado en muchísimos aspectos, pero en lo esencial, no hay tanta diferencia. Los seres humanos seguimos buscando la felicidad y el bienestar diario con el sudor de nuestra frente. Sí, existen millones de diferencias en calidad de vida, en nuestro quehacer diario, pero el individuo como tal, no ha cambiado tanto. Puede que seamos más tolerantes,  puede que incluso más democráticos, pero en esencia no creo que hayamos avanzado gran cosa. 

En este libro de Pedro Olalla se cuentan pequeñas historias que sirvieron para crear la gran Historia de Grecia. A mí me gustó mucho. Un libro que leí en un alto porcentaje en la playa de Fuengirola.


jueves, 12 de junio de 2025

Las ganas - Santiago Lorenzo

Cuando hace unos años leí a Santiago Lorenzo por primera vez con su novela Los asquerosos me lo pasé muy bien. Mucho. Hacía tiempo que no me reía tanto leyendo. El humor es una de las más espléndidas y eficaces medicinas que conozco. Al menos a mí me sienta muy bien, e imagino, que como a mí, a la mayoría de las personas también, aunque sé que no todo lo que me gusta a mí le gusta al resto de los mortales, ni que lo que me sienta bien a mí, por obligación, provoca lo mismo en los demás. Pero hay cosas, no todas, que sí, que tengo en convergencia con el resto de mis congéneres. El humor -creo- es una de ellas.

Las ganas es un libro tremendamente imaginativo, como todo lo que llevo leído del autor (que tampoco es mucho). Es una historia simple y desgarradora, natural y heredera de los tiempos aislados que vivimos, en los que Benito, un hombre que puedes ver pasear en solitario dando patadas a las latas que encuentra por el camino de cualquier calle de cualquier ciudad, está deseoso de tener pareja y librarse de una vida sin calor, dedicada a su trabajo como empresario químico.

Un buen día conoce a María. Una mujer soñada para Benito, alejada de sus inventivas experiencias de de imaginaciones y proyectos en el aire. María es una mujer de carne y hueso. Todo encaja. Él está tremendamente loco por ella, ella está tremenda y alocadamente por él. Se desean, se necesitan, se aman... pero hay un pero y no es la falta de ganas. Ese pero de Benito, sin ser un defecto de María, ni una deficiencia, ni tara ni fallo, lo cambiará todo. Un pero en forma de inconveniente que alterará todos los acontecimientos convergentes en esta historia de unión tragicómica. Yo me lo pasé genial. Si quieren pasarlo bien, léanlo. 

Este es un libro que me he leído casi en su totalidad en la playa junto al mar. No es mal asunto.


miércoles, 7 de mayo de 2025

Muerte en un país extraño - Donna Leon

La segunda entrega de la saga del comisario Brunetti comienza con un cadáver flotando en un canal veneciano, frente a la basílica de Santi Giovanni e Paolo. Parecía evidente que no era un turista borracho caído al canal. Todos los indicios señalaban que había sido asesinado con un cuchillo.  ¿Un robo callejero? ¿un ajuste de cuentas? ¿un asesinato pasional? ¿celos tal vez? Todo era posible. En los bolsillos del apuñalado unas llaves, un billete de tren y unas monedas norteamericanas. Eso y el joven cuerpo era todo lo que tenía.

Me gusta Brunetti. Su carácter solitario y melancólico, su tendencia a abandonarse a pasear por Venecia para poder pensar, pero también me agrada su amor por la cocina o su peculiar atención por la belleza. Mis momentos favoritos de la lectura son cuando la autora, Donna Leon, saca a su comisario a pasear por las calles de Venecia, huyendo de los lugares transitados por los turistas, incluso dando largos rodeos, para poder pasear con paso calmo, intentando así, ir tejiendo el posible discurrir de los acontecimientos.

Leer las novelas del comisario Brunetti son para mí una forma de regresar a Venecia, una ciudad que me encanta, donde el tiempo, de alguna manera, parece haberse detenido.