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lunes, 13 de abril de 2026

Regresar a Cuenca

Hacía tiempo que teníamos previsto una escapada de fin de semana familiar a Cuenca, la ciudad donde nació Rosa, la mujer de mi padre. Fuimos a Cuenca para celebrar su fiesta de ochenta cumpleaños, rodeados de sus siete hijas y su hijo, el menor de todos, el último en llegar. En mi mente distraída y juguetona siempre que lo veo pienso que bien pudo ser el niño más buscado de España. Más buscado que Chencho, el niño perdido en el clásico del cine español, La gran familia.

Iniciamos nuestra escapada en dirección a Cuenca con mi hermano al volante, pues fue él el que condujo durante todo el fin de semana la furgoneta para ocho pasajeros que alquilamos en Fuengirola. Recogimos a Pepi al salir del Instituto y tiramos en dirección a Cuenca. Seis horas de carretera, varias paradas para estirar las piernas, desayunar y almorzar. 

Llegamos a Cuenca a eso de las 17:30 de la tarde. Tiempo justo para instalarnos en el Hotel Torremangana, tomar una cerveza en la terraza mientras recibíamos y conocíamos a algunos familiares de Rosa y seguidamente fuimos a dar una vuelta por la ciudad iluminada por la noche. Subimos dando un largo paseo junto al río Huécar, afluente del Júcar, en busca del Puente de San Pablo, construido en 1902, un puente de hierro y madera sobre el río Huécar, con vistas a las Casas Colgadas y con una caída vertiginosa bajo él. Yo casi ni me acerqué. Fue dar los primeros pasos, ver la luz por entre los listones de madera y escuchar su crujir y empezar a temblarme las piernas. Media vuelta y hasta pronto. Como estaba en el lado correcto del puente,  giramos hacia la Plaza Mayor, frente a la Catedral gótica de Santa María y San Julián e iniciamos el camino de vuelta pero esta vez por los miradores que una parte ofrece hacia el otro lado del tajo. 

Mi padre y Rosa estaban esperándonos en un restaurante del centro, donde ellos se habían quedado, porque mi padre no está para largas caminatas, y también porque Rosa quería recordar viejas historias con sus amigas de juventud. Desde allí ya regresamos al hotel, que el día había comenzado pronto.

A la mañana siguiente, Anita, José, Pepi, Sofía, Miguel y yo nos dispusimos a dar una vuelta turística por la ciudad. Rosa fue a la peluquería y mi padre me temo que esa mañana se leyó el periódico entero. 

Iniciamos nuestro recorrido hacia la Plaza de la Constitución y cruzamos hacia el Monasterio de Madres Benedictinas, cruzamos el Jardincillo de El Salvador, junto a la Iglesia de San Felipe Neri hacia la Plaza del Carmen desde donde ascendimos hasta los pies de Torre de Mangana, desde donde hay un mirador con vistas fabulosas hacia el oeste de la ciudad. A pocos pasos está la Iglesia del Convento de la Merced donde pudimos ver a un par de monjas, con el hábito religioso, de las que ya apenas se ven. Continuamos hacia la Plaza Mayor, esta vez de día, y entramos en la Catedral. Es la segunda vez que entro en la Catedral, porque Pepi y yo la visitamos por el verano de 2003 o 2004 si no recuerdo mal, en un viaje fabuloso e irrepetible que hicimos Pepi y yo por ciudades españolas. Rosa, una vez maqueada de la peluquería, se acercó a acompañarnos por nuestra visita.

Me gustó mucho la Catedral. La fachada Gótica es esplendorosa y muy particular, pero su interior también es sorprendente por la cantidad de detalles de distintas épocas que encuentras. Los techos, las ábsides y las nervaduras de las bóvedas, arrancando desde los pilares hacia arriba. La Antesala Capitular, con un techado renacentista con geometría octogonal, decorado con tonos rosa pastel, verde pálido y detalles celestes con toques dorados, tan típico italiano. El claustro, el coro. Podría pasar un día allí observando su interior.

Al acabar regresamos al puente de San Pablo, esta vez de día. Si queríamos disfrutar de las vistas desde el otro lado del puente, había que cruzarlo. Vi a niños cruzarlo dando brincos. Yo apenas podía despegar los pies del suelo. Mi hermano me sirvió de Lazarillo y dejó que yo le echara el brazo por encima de los hombros y muy despacio, sin salirnos de la imaginaria línea media, equidistante a las barandillas laterales, sin dejar de mirar al frente, lento como una tortuga reumática, conseguí cruzar el puente. Es la tercera vez que lo cruzo. Porque en mi vista anterior lo tuve que cruzar a la ida y a la vuelta. Por suerte, en esta ocasión sólo lo tuve que atravesar una vez. Más que suficiente. Al otro lado, cercano al Parador, estaban las letras de Cuenca, donde ahora viene siendo obligatorio hacerse una foto. Así que lo hicimos.

Había que regresar hacia el hotel, porque había que arreglarnos antes de la fiesta de celebración. Aún de camino pasamos por una especie de mercado medieval que había junto al río, y pudimos ver cómo sazonaban un cerdo completo, que seguidamente iban a meter en el horno. En el río pudimos ver patos de cabeza verde iridiscente con un collar blanco y pico amarillo, ánades reales y también pudimos ver algunas urracas, que no son nada fácil de ver por el sur.

El Restaurante La Ceca, donde se celebraba el cumpleaños estaba a un paseo corto desde el Hotel. Primero con la cerveza de bienvenida y las presentaciones con la amplia familia de Rosa, seguidamente con la comida, donde, entre muchos platos, nos sirvieron como especialidad típica conquense oreja de cerdo con ajo y perejil, crujiente por fuera y tierna por dentro, que no a todos los de mi familia agradó. Hasta el momento de la tarta, que fue muy especial, e incluso disfrutamos de  varias actuaciones musicales de nietos y amigos de la familia de Cuenca. Echamos la tarde y parte de la noche.

Regresamos al hotel, nos pusimos cómodos y decimos bajar, esta vez nosotros cuatro, Sofía, Miguel, Pepi y yo, a ver cómo era eso de comer un cerdo asado cocinado como el medievo. No estuvo mal. Picamos cuatro cosas y regresamos al hotel. El día había sido largo e intenso y al día siguiente no parecía que fuese a ser menos.

Para el último día teníamos previsto visitar el Museo Paleontológico, pero amaneció lloviendo, y nos quedaba un día largo de vuelta en la carretera. Así que tras desayunar decidimos bajar las maletas a la furgoneta y volver a casa. Seiscientos kilómetros por medio. No sé si podremos repetir un viaje así en nuestras vidas, porque cada vez es más complicado unir a tanta gente. Un viaje inolvidable.


domingo, 15 de febrero de 2026

Menú en el Restaurante Matiz

Recibimos una invitación de parte de Pepe y Mamen para disfrutar de un menú degustación en el Restaurante Matiz, en Málaga. Uno de esos restaurantes que ofrecen menús que son casi creaciones artísticas. Me apetecía mucho la experiencia de un menú degustación, y así probar nuevos sabores, o debería decir, más bien, nuevas mezcla de sabores. La alta cocina, la nueva cocina, o la cocina creativa actual mantiene varias tendencias por donde creo que está creciendo en expectativas.

Uno de los puntos más importantes -para mí el que más- es el producto. Se busca una materia prima de primera calidad, y para ello, como parece lógico, se presta especial atención en aprovechar la materia prima de calidad cercana, aquella que tienes a mano y que es más fácil de llevar a la cocina, y por consiguiente de presentar en la mesa, de una manera más controlada, más fresca y también más barata. ya que la cercanía simplifica la logística de la distribución y el transporte.

Además, también se busca la exclusividad con productos con denominación de origen. Ya no es solo la utilización de un Aceite de Oliva Virgen Extra, también se busca la diferenciación mediante, por ejemplo, aceites exclusivos de olivos centenarios de la Finca Tal o Cual. Lo que supone un salto distintivo.

En este menú que probamos pudimos observar, por ejemplo, que servían boquerones victorianos o quisquillas de La Caleta de Vélez, o la manteca colorá, que son de un particularidad local. Además la apuesta por el producto nacional de calidad también es una garantía segura (atún rojo, solomillo de ternera...).

Y para diferenciar los platos, creo yo, se suele buscar también el producto exótico, aquel que no encontramos fácilmente en el mercado, ni que preparemos de manera habitual en casa. De esta forma, la experiencia gastronómica tiene un matiz especial. Tomar polenta tostada al parmesano, hoja de shiso o trufa blanca. No es comida de diario. 

Así un plato de Vieira con salsa fresca de mango de La Axarquía y crujiente de papada ibérica lo tenía todo para ser un plato delicioso y casi exclusivo. Como así fue. 

Aparte de todo lo anterior, otra apuesta de la nueva cocina son las formas de preparación, el juego de la cocina, la marca personal del cocinero. Se busca la originalidad en el uso de los conocimientos gastronómicos. No es suficiente disponer una guarnición, hay que procurar ser jugones (por aplicar un término futbolístico) a la hora de combinar y de preparar los platos. Disponer verduras encurtidas, polvo de boletus o emulsión de trufa, son detalles que evidencian la disposición creativa en la cocina, y que sirven para apreciar el enfoque de la cocina de autor, su capacidad de investigación, su imaginación y diría casi que su espíritu aventurero.

El bocado de Milhoja de pasta brick, foie micuit, manzana verde, anguila y polvo de boletus es sencillamente un regalo de la vida.

Otro de los puntos fuertes de esta cocina es la presentación, o emplatado. Todos estamos ya acostumbrados a ver fotografías de platos que entran por el ojo con sólo mirarlos, en ocasiones antes de tener conocimiento de lo que es. Es un arte la presentación de los platos. Y como expresión artística, hay para todos los gustos. Guste más o menos, la voluntad y el esfuerzo, así como el conocimiento, a la hora de emplatar se nota y mucho al primer golpe de vista.

Si todo lo anterior va complementado con un servicio impecable, un sitio agradable y un maridaje acertado, la experiencia global es un premio para los sentidos. 

Evidentemente todo esto tiene un precio, y por muy ajustado que esté, no siempre podemos permitirnos el gasto. El precio me pareció comprensible, pues la calidad siempre hay que pagarla. A mí me encantó.

¡A ver si recibo otra invitación!


lunes, 29 de diciembre de 2025

Al Teatro en familia

Ya he contado bastantes veces aquí que Pepi y yo somos bastante asiduos al teatro. Intentamos ir siempre que es posible, pero no siempre es fácil, pues cuadrar los horarios y obligaciones de toda la familia cada vez nos resulta más complicado. Además que hay que sumarle los precios, que no digo que el teatro sea caro, pero quieras que no supone un esfuerzo económico familiar.

Ir al teatro no es sólo el dinero de la entrada, también está el dinero del trayecto en coche y el consiguiente coste de aparcar en un parking. Porque aparcar en Málaga se ha convertido en un problema añadido, y la mayoría de las ocasiones terminamos pagando un parking. A todo ello hay que sumarle lo que en casa solemos llamar los "poyaques", que es el "pues ya que..." vamos a Málaga aprovechamos y visitamos tal lugar o tal otro, y comemos aquí o allí. Y la cantidad se dispara.

Claro, esto lo complica todo. Y especialmente lo encarece. Como nos gustaría que nuestros hijos tuvieran afición por el teatro, nuestra idea era llevarlos a ver una función en el Teatro Cervantes, ya que Miguel decía que ya no lo recordaba. De manera que hicimos un esfuerzo por asistir a la obra solidaria que Dani Rovira iba a ofrecer para recaudar fondos a distintas asociaciones malagueñas. La obra era básicamente un monólogo sobre lo que a Dani Rovira le diera la gana y que tituló Vale la pena.

Sofía y Miguel conocían a Dani Rovira de haber visto algunas de sus películas, especialmente Ocho apellidos vascos y nos pareció que esta obra les podría gustar. Al final no era lo que esperábamos, pero lo importante era pasar un buen rato, y un buen rato pasamos. 

Como la obra era un domingo por la mañana, aprovechamos tras el teatro -ya saben, los poyaques- para almorzar en La Mafia se sienta a la mesa, donde ninguno de los dos había estado antes. Seguidamente mientras mi mujer y mi hijos fueron de tiendas, aprovechando que la entrada es gratuita los domingos por la tarde, visité el Carmen Thyssen y dos de sus exposiciones temporales. Telúricos y primitivos y una de una selección de grabados del artista neerlandés Rembrandt. Hay mil detalles en cada grabado, pero debí traer una lupa para poder verla bien.

En la exposición de Telúricos y primitivos vi obras de Antonio Tàpies, Pablo Picasso, Eduardo Chillida, Joan Miró, Miquel Barceló entre otros. Me gustó mucho la combinación de colores en un óleo sobre lienzo de Josep de Togores, titulado Figuras (1930) (ver foto), de la colección de la Galería Joan Gaspar (no, no es el fanático expresidente del Barcelona). También pude admirar unas minimalistas litografías de Picasso y poco más. No soy muy aficionado el arte moderno en general, aunque hay obras absolutamente magníficas. Creo que no estoy preparado aún para entenderlo. 

Después paseamos por Málaga, tomamos café, y esperamos para ver el encendido anual de las luces navideñas en la Calle Larios. Tradición que no puede faltar. Así el día tuvo esa combinación de cultura, gastronomía y entretenimiento (algunos también practicaron las compras) que hace que el día fuera completo.

lunes, 10 de noviembre de 2025

Al Di Meola en el Teatro Cervantes

Aún mantenía vivo en la cabeza el tarareo del público del Movistar Arena en Karma Police con la acústica de Tom Yorke cuando al día siguiente iba en coche de camino a Málaga, dispuesto a asistir al concierto que ofrecía el músico de Nueva Jersey, Al Di Meola en el Teatro Cervantes. 

Conocí a Al Di Meola gracias al aclamado disco en directo que unía las guitarras de Al Di Meola, John McLaughlin y a Paco de Lucía, en 1981 en su memorable disco titulado Friday Night in San Francisco. Un disco maravilloso. Diría que historia de la música y de la guitarra española. Uno de los discos en directos de referencia. Un disco que me fascina tanto por su belleza como por su destreza. Hay una velocidad en las notas de la guitarra, una sincronización tan perfecta que parece irreal. Una obra maestra.

Por eso cuando supe que Al Di Meola Acoustic Trio, que es en el formato con el que se presentaba en el Teatro Cervantes de Málaga, hice lo imposible por no faltar, porque sé que me hubiera arrepentido. 

Antes incluso de comenzar el concierto el guitarrista estadounidense recibió el Premio CIFU, como reconocimiento a su aportación a la historia de la guitarra, con su arriesgada fusión de estilos como el flamenco y el jazz.

Al Di Meola vino acompañado del italiano Peo Alfonsi, un guitarrista de jazz de acompañamiento, que llevó el peso de gran parte de las guitarras rítmicas y Sergio Martínez, un percusionista valenciano sobre el que recayó la parte rítmica. 

El concierto dio comienzo con dos composiciones de su disco The Infinite Desire (1998), la que da nombre al disco y Vizzini, inspirada en el pintor italiano. En el fondo del escenario se fueron proyectando imágenes que completaban contemplativamente cada tema.

Si alguna vez han sostenido una guitarra española entre sus dedos, y han intentado tocar algo con ella, comprenderán la dificultad que resultaba para mí comprobar que no había ninguna nota que sonara irregular, todo sonaba perfecto, y a una velocidad endiablada.

Continuó con Fandango, una canción de su último disco Twentyfour (2024), en la que usó sintetizadores con la guitarra que usaba mediante pedales que completaban y ensalzaban el sonido de una forma peculiar. ¡Sonaba de maravilla! Todavía más eléctrico sonó Turquoise, de su disco Consequence of Chaos (2006). Seguidamente realizó un homenaje a The Beatles con temas como In my life y Because, del disco tributo que grabó en 2013. Fue alternando canciones de su último disco con otros como Cafe 1930, que me pareció sublime, incluida en su disco Di Meola Plays Piazzolla (2005). 

En Azzura, uno de los temas que tocó junto con Paco de Lucía en 1996, proyectó imágenes de fotografías en la pantalla de los días de grabación, y de sus días juntos. Además se detuvo a compartir alguna curiosa anécdota vivida junto al guitarrista de Algeciras. Fue un momento muy emotivo. 

Para los bises pidió que subiera al escenario el guitarrista madrileño Antonio Rey con el que interpretaron la acertada Spain, de Chick Corea. Seguidamente, para deleite de todos los allí presentes, interpretaron Mediterranean Sundance. Viví las primeras notas con la piel de gallina, con una emoción mezcla de exaltación y nostalgia. Es una canción que resume en gran parte mi amor por la guitarra. No se me ocurre mejor colofón para acabar el concierto.

No creo que hubiera nadie en todo el recinto que no lo abandonara con enorme agradecimiento por lo vivido, una clase magistral de sensibilidad y virtuosismo. Me dio la impresión de estar viviendo algo histórico. 

Al acabar el concierto pude acercarme al escenario y pedirle a Peo Alfonsi si me podía dar el setlist, que ahora conservo como oro en paño. 


sábado, 1 de noviembre de 2025

La filarmónica

Si hay algo que me caracteriza, que llevo conmigo desde mis primeros recuerdos, es que soy un gran aficionado a la música. Y cuando digo grande, digo grande de verdad. Amo la música. Podría pasarme el día entero escuchando música. De hecho, en realidad, es lo que hago habitualmente. No hay nada prácticamente que no haga al mismo tiempo que escucho música.

Camino cada día para ir al trabajo escuchando música en los auriculares. Lo primero que hago en el trabajo, al encender el ordenador, es poner música. Toda la mañana escuchando música y de vuelta a casa, de nuevo caminando, los auriculares siempre con música. En casa, casi todo lo hago con música. Cocinar siempre lo hago con música. A la hora de acostarme para dormir, nada me tranquiliza mejor como la música.

Todo el que me conoce sabe que me apunto a un concierto casi sin dudarlo. Amo la música. Y mientras más música escuchas, más cosas te gustan, más conoces y más te queda por escuchar.

Hacía mucho tiempo que no iba a ver a la Orquesta Sinfónica de Málaga, y en el tercer concierto de la temporada de la Sinfónica, tenía programado para octubre un concierto que unía a Jean Sibelius y su obra más célebre, Finlandia, Op. 26, un himno nacional; Joseph Haydn con un concierto de trompeta y orquesta con un afamado trompetista invitado, Ole Edward Antonsen; otro concierto para trompeta, de Giuseppe Tartini; y para acabar la obra Peer Gynt del compositor noruego de Edvard Grieg.

Acudí junto a mi amigo Miguel y compramos entradas en Paraíso, que también se conoce como Gallinero. Desde allí se obtiene una visión conjunta del concierto. Y bueno, también porque son las entradas más baratas y no quería gastar mucho dinero. Fue una maravilla de concierto. Tengo que ir a más conciertos de la Orquesta Sinfónica de Málaga.

Tras el concierto, claro está, no desaprovechamos la oportunidad de irnos juntos a cenar. Fuimos a una de nuestras pizzerías favoritas de Málaga, la pizzería Vittoria.


Pd: Hubo un director invitado, el también noruego Rune Bergmann, director de la Filarmónica de Calgary en Canadá. 

domingo, 2 de marzo de 2025

Florencia. Día 3

Nuestro segundo día por las calles de Florencia también venía acompañado de un buen madrugón. Habíamos comprado tickets para visitar la Galleria degli Uffizi a primera hora de la mañana, así que a las 8:30 de la mañana ya estábamos desayunando en Twist Bistrot, una cafetería frente al hotel con una decoración kitsch, que ellos definieron como vintage charme, que viene a ser un lugar con encanto y nostálgico, o algo era.

Accedimos a la Galleria degli Uffizi, que es un palacio y un museo al mismo tiempo, sin colas, por unas amplias escaleras que nos llevaron directamente a la segunda planta, donde se iniciaba el recorrido por el museo. No voy a escribir sobre todo las obras que vi durante nuestra visita, entre otras cosas porque mi memoria no es fotogénica, pero es que además sería algo tedioso e interminable. Pero sí diré que estuvimos casi cuatro horas visitando el museo y se nos pasó el tiempo volando. Y que el museo estaba abarrotado a pesar de ser un miércoles de febrero por la mañana. Me pregunto cómo es posible que al visitar estos museos vea a tanta gente que guste el arte y luego, fuera de estos museos, parezca que no interesa a casi nadie.

En resumen, sin ahondar en explicaciones alrededor de las obras, pudimos ver los famosos cuadros de Giotto y de Sandro Botticelli, entre ellos El Nacimiento de VenusLa Primavera, o La Calumnia de Apeles. Algunas maravillas de Leonardo Da Vinci como la Adoración de los Reyes Magos o La Anunciación. De Miguel Ángel contemplamos su colorido Tondo Doni, de Rafael su Virgen del Jilguero. Precioso es el lienzo de Tiziano, la Venus de Urbino, y no menos espectaculares son los cuadros de Caravaggio con su famoso Baco con su copa de vino o el Escudo con la Cabeza de la Medusa. También admiramos el díptico con la nariz más famosa del arte del duque de Urbino por Piero della Francesca y paralelamente, el de Lutero y Katharina, por Lucas Cranach el viejo. 

La Sala de los Mapas es especialmente llamativa y la Sala de la Tribuna es posiblemente la más bonita de todas las salas de los Uffizi. No debemos olvidar los pasillos del segundo piso, decorados en toda su longitud y adornado con esculturas y bustos de personajes históricos (yo busqué y encontré la del emperador Adriano, en cambio, la de Antinoo no la hallé). Las vistas desde el pasillo hacia el río gozan de una extraordinaria panorámicas del Ponte Vecchio y desde la terraza también hay unas vistas únicas a la torre del Palazzo Vecchio.

La escultura del Niño de la espina, que representa a un muchacho sentado mientras se quita una espina de la planta del pie, aún siendo una copia de la original en mármol blanco, es espectacular. 

En los Uffizi también se pueden disfrutar de obras de pintores españoles de primerísimo nivel. Algunas que vimos fueron el Retrato de torero de Goya, El aguador de Sevilla así como Autorretrato con llave en el cintura, ambas fabulosas obras que siempre he deseado contemplar por Diego Velázquez

Hay varias salas en la Galleria degli Uffizi que están dedicadas a retratos, en muchos casos de autorretratos, a cada cual mejor. Algunos autorretratos son verdaderamente admirables como el de Peter Paul Rubens,  Eugène Delacroix, William Holman Hunt o el del virtuoso Frederick Leighton.

Otro dos retratos muy destacables son el Retrato ecuestre del Emperador Carlos V, de Antoon van Dyck y el de Galileo Galilei por Justus Suttermans. Muchos de estos cuadros son referencia mundial en el mundo del arte, pero además son cuadros que hemos visto mil veces, porque son patrimonio mundial. Llegó la hora de abandonar la Galleria degli Uffizi entre exhaustos y maravillados, con la satisfacción de haber podido visitar uno de los mejores museos del mundo. 

Pero el día aún no había llegado a su ecuador, y antes de buscar un sitio para descansar y comer aún teníamos previsto visitar la Basílica di Santa Croce.  Justo a la entrada de la Basílica franciscana, a la izquierda si miras frente al pórtico de la fachada, hay una gran estatua de mármol blanco de Dante Alighieri, que anteriormente estaba ubicada en el centro de la plaza, pero por razones prácticas se decidió reubicar. La Basílica comenzó a construirse, según leí, antes que la Catedral de Santa María del Fiore, pero unos 50 años después de Santa María Novella, que era dominica y el encargo era superar a ésta. Ya saben, la envidia no era un pecado exclusivo entre el clero del medievo, en el renacimiento también se practicaba.

Una curiosidad de la Basílica es que se encargó como arquitecto a un italiano con antepasados judío español, Niccolò Matas, que quiso añadir una estrella de David en la fachada, según algunas fuentes representando la conexión cultural y espiritual entre las dos religiones. Por su religión, Matas no pudo ser enterrado dentro de la basílica, y su tumba se encuentra justo debajo del porche de entrada.

Es una basílica un tanto extraña, porque es casi más un museo y un panteón de glorias del renacimiento que un lugar de culto religioso. Su interior es sobrio, con arcos góticos y la cubierta de armazón de madera. El altar mayor es verdaderamente esplendoroso y visitando las capillas interiores podemos encontrar admirables frescos restaurados de Giotto o un crucifijo de Cimabue. Pero a mí lo que más me llamó la atención del interior de la Basílica son las tumbas de Dante, Maquiavelo, Galileo Galilei o Miguel Ángel. 

Junto a la Basílica, en un recinto exterior pero adosado a ella, está la preciosa Capilla Pazzi, que es una obra de Filippo Brunelleschi. Desde el claustro el pórtico de la capilla recuerda a los arcos triunfales romanos con arco de medio punto. Nos sentamos a descansar y tomar un poco el sol que había salido con fuerza esa mañana, mientras, recordaba que este es el lugar del que Stendhal salió padeciendo los síntomas de palpitaciones y mareo tras la contemplación de tanta belleza, que más tarde se bautizó como el Síndrome de Stendhal. No fue mi caso. A mí se ve que me aumentó el apetito.

Muy cerca de allí, nos habían recomendado, en el hotel, la Pizzeria Caffe' Bistrot Malborghetto. Allí que fuimos. Yo me pedí una calzone y Pepi una pìzza. Ciertamente fue un acierto. No pedimos postre. Ya encontraríamos un helado por el camino.

Con el tanque de combustible repuesto salimos en dirección al Mercato di Sant Ambrogio pero, como era lógico, ya estaba cerrado, así que no pudimos visitarlo. Continuamos hacia la Gran Sinagoga de estilo árabe en Via Luigi Carlo Farini. La idea era verla por el exterior, pues queríamos visitar la Galleria dell'Accademia di Firenze, donde está el David de Miguel Ángel. Pero aún tuvimos que hacer un rato de cola para acceder (como media hora) que aprovechamos para tomarnos un par de cannolo. Riquísimos. 

Lo primero que hay que contar de la Galleria dell'Accademia es el David, pero no sólo está el David. Lo que ocurre que la escultura de Miguel Ángel es tan sublime, que todo, incluso lo sobresaliente, queda pequeño a su lado. Pero como digo hay más cosas que admirar, como el modelo del Rapto de las sabinas, o cuatro esculturas sin terminar de Miguel Ángel, incluso una multitud de bustos y estupendas esculturas en yeso, o una viola y un violonchelo de Antoni Stradivari.

Pero claro, el David es con probabilidad la escultura más famosa del mundo. ¿Quién discute esto? Una obra de una sola pieza de mármol blanco de Carrara, de más de cinco toneladas y media y más de cinco metros de altura. David con la mirada hacia Roma (Goliat), en tensión y preparado para el combate, concentrado. Símbolo de una amenaza o una advertencia. Una obra de una belleza y un atrevimiento sin igual. Un hombre desnudo con un cuerpo que es el arquetipo de belleza física masculina. Lo rodeamos, incluso nos sentamos para observarlo. Ver el David de Miguel Ángel es tan imponente como admirar la torre Eiffel o el Coliseo de Roma. Casi no te crees lo que estás viendo. Parece algo increíble.

Salimos de la Accademia y todavía encontramos fuerzas para visitar la capilla con las tumbas de la dinastía Medici. Todo allí me pareció rimbombante hasta la ostentosidad. La Cappella dei Principi es básicamente desmesurada. Cargante de mármoles de distintos colores, escudos de apellidos insignes y una cúpula símbolo del poder y estatus social. Se entiende a simple vista que es el mausoleo privado de alguien tremendamente poderoso.

Fuimos al hotel a descansar unos minutos y a abrigarnos con unas bufandas porque habíamos quedado para cenar esa noche en el restaurante La Grotta Di Leo cerca de la Basílica di Santa Maria Novella, con unos compañeros de Pepi, que casualmente estaban en Florencia. Así que después del pequeño descanso fuimos para allá. Cruzamos por la Piazza di Santa Maria Novela y pudimos contemplar la fachada de la Basílica con iluminación nocturna. Estaba preciosa. Cenamos estupendamente y pasamos un buen rato con amigos, que siempre es algo agradable. Fuimos tres parejas y todos estábamos bajo el influjo de Florencia. 

A la vuelta al hotel, todavía por via dei Banchi, nos acercamos de nuevo a visitar la Piazza del Duomo. Ver la Cattedrale di Santa Maria del Fiore de noche siempre es un placer. Eran casi las once de la noche y apenas había ya nadie por las calles. Era hora de recogerse, a pesar de venir de estar sentados los pies pedían descanso. Los angelitos del fresco del techo estaban esperándome.


sábado, 1 de marzo de 2025

Pisa y Florencia. Día 2

Realmente nuestro viaje comenzaba en este día. El día previo fue, en práctica, para llegar al punto de salida. Así que comenzamos despertando poco antes de las siete de la mañana y tras dejar todo preparado, bajamos al comedor del hotel donde teníamos incluido el desayuno. El salón era precioso y con clase y lo más importante: el desayuno fue estupendo. Muy completo. Si vuelvo a Pisa, volvería al mismo hotel con seguridad.

Regresamos a la Piazza dei Miracoli, que estaba a pocos metros del hotel, pero en esta ocasión con luz de día. Aún estaba nublado, pero nada que ver a lo cerrado de la noche anterior. Como aún era temprano, todavía no habían aparecido ni las excursiones ni el resto de turistas. Pudimos hacer unas fotos magníficas a esa primera hora y tuvimos tiempo de sobra para recorrer el recinto admirando con detenimiento la fascinante belleza de las fachadas románicas. 

Lo primero que visitamos fue el Camposanto monumentale. Este precioso cementerio es en realidad el que ha dado nombre a todos los camposantos en los países católicos, ya que, según cuenta la tradición, la tierra que en él se encuentra la trajeron desde el Gólgota, en Tierra Santa, para enterrar en Pisa como si fuera en tierra santa. Es un cementerio muy particular. Casi no lo parece. Es un edificio de planta rectangular, de una altura y posee un claustro en el centro, de estilo gótico. Hay multitud de sarcófagos y lápidas, muchas de ellas con clara influencia griega y los frescos realizados entre el s. XIV y el s. XV son verdaderamente admirables. Podría haber pasado horas observándolos, pero no disponíamos de tanto tiempo. Había unos cuantos restauradores trabajando en el interior. Sentí envidia de ellos. Entre las maravillosas esculturas que allí se encuentran estaba la de Leonardo Fibonacci, famoso por la sucesión de Fibonacci, o también por la conocida espiral áurea.

Nuestra siguiente visita fue el Battisterio di San Giovanni. Un baptisterio inmenso y al mismo tiempo sencillo. Este inigualable edificio redondo comenzó a construirse en 1152 en estilo románico para acabar en 1363 en estilo gótico. Es un edificio especialmente llamativo por varias razones. Es un edificio alto, más de 50 metros de altura, que para cumplir más de siete siglos no está nada mal. Posee tejas a un lado de la cubierta del lado occidental, y placas de plomo en el lado oriental, supuestamente por falta de presupuesto. Lo que le da un aspecto llamativo. El baptisterio -como la torre campanario- también está inclinado, pero no con tanta inclinación y no es tan evidente a simple vista. En su interior curiosamente encontramos columnas de estilo bizantino. Lo cierto que su belleza parte de ser una mezcla armónica y equilibrada de estilos.

Una de las joyas que ostenta el baptisterio, como es normal, es una pila bautismal del siglo XIII y más valiosa aún es el púlpito pentagonal, con escenas de la vida de Cristo en distintos paneles. Esta obra está considerada por los expertos como el punto de partida del Renacimiento. Es algo casi intimidante encontrarte delante de una obra que ha sido contemplada por muchos de los grandes artistas de la historia. Puedes sentir que estás en el interior de un lugar que ha sido, con seguridad, recorrido por Miguel Angel, Leonardo Da Vinci o Galileo Galilei. Millones de personas han visitado este lugar y estar ahí te convierte en parte de la historia menor de una multitud de paso. Para la historia no serás nada, pero el conjunto de millones de visitantes durante siglos de visitas, en parte, es lo que provoca que ese lugar sea historia.

Cuando estábamos justo en el interior un par de jóvenes que deben estar trabajando para el conjunto monumental cantaron una especie de aria que sonó de maravilla. Habíamos oído hablar de la estupenda acústica del lugar, pero fue una experiencia inolvidable. El sonido se expandía y ampliaba por momentos. Había como un eco apagado, que resonaba sin distorsionar.

Ascendimos al segundo piso desde donde había unas estupenda vistas a la fachada de la catedral, que iba a ser nuestra siguiente visita. La Catedral Santa María Assunta de Pisa, Duomo di Pisa, fue el primer monumento de la Plaza de los Milagros que fue construido. Según parece se costeó con el botín recibido en la victoria contra los musulmanes en Sicilia en 1063. Es tremendamente bella, los mármoles de distintos colores, la geometría simétrica en general, con planta en cruz latina, producen una sensación casi de rendición. Su fachada es tan sumamente bella que uno queda paralizado.

El interior es algo inesperado. Las columnas en primera planta son de mármol gris, en la parte superior parecen de estilo bizantino con reminiscencias islámicas y el techo realizado mediante un artesonado de madera. El púlpito es obra de Giovanni Pisano, y es análogo al del baptisterio vecino, donde hay que destacar que, en este caso, posee la presencia de cariátides. Algunas de las bases de las columnas están apoyadas sobre leones de piedra. Una obra de arte sin duda, pero a mi juicio un poco abuso del collage también.

Salimos con la intención de visitar la torre campanario, más conocida como la torre inclinada de Pisa. No hay mucho que contar sobre ella que no esté a un golpe de clic en nuestros navegadores. A mí me pareció -como ya he contado- mucho más grande e inclinada de lo que la esperaba. Decidimos no ascender, porque teníamos que esperar un buen rato, y bueno, porque no nos apetecía. Tampoco pensamos que nos aportaría mucho, aparte de cansancio.

Abandonamos la piazza dei miracoli en dirección a la Piazza dei Cavalieri, pero antes nos cruzamos con la sencilla y sobria Chiesa di San Sisto. Pepi dijo que era un sitio muy especial y que le parecía ideal para una boda. Sí que lo era. 

La Piazza dei Cavalieri es una de las plazas más importantes de Pisa, durante mucho tiempo ha simbolizado el poder civil, frente al poder religioso de la Piazza dei Miracoli. Es una plaza algo deslavazada e irregular, de estilo renacentista y dominando la plaza está la estatua de Cosimo I de Médici. En la plaza se encuentra la torre de la Muda, en el palacio del reloj, donde se desarrolla un episodio del Inferno de Dante. Ya ven que es una plaza muy literaria. La abandonamos pasando por delante de la fachada de la Chiesa di Santo Stefano dei Cavalieri.

Continuamos nuestra visita por Pisa intentando perdernos por sus calles. Cada pocos pasos encontramos algún detalle que nos llamaba la atención. Encontramos la Torre del Campano, una torre del siglo XIII, famosa por la campana que indicaba las horas a los universitarios. En la Piazza delle Vettovaglie había montado una especie de rastro. La cruzamos y desembocamos en el río Arno por la Piazza Garibaldi, donde está, algo descentrada, la escultura de Giuseppe Garibaldi, frente al Ponte di Mezzo. No lo cruzamos en ese momento, decidimos continuar por la ribera del Arno, hacia el Ponte Solferino, desde donde habíamos leído que estaban las mejores panorámicas del río a su paso por Pisa. 

También al cruzar ese puente pudimos admirar la Chiesa di Santa Maria della Spina, que a simple vista parecía el un sarcófago de un ser gigante. No se podía visitar, ni siquiera se podía adivinar su interior, pero el exterior era suficiente para que la caminata valiera la pena. Continuamos hasta la Piazza XX Settembre, al otro lado del Ponte di Mezzo, y ascendimos por Corso Italia,  que es una arteria vertebral de la ciudad de Pisa. Cualquier cosa que busques comprar en esta ciudad, está en esta calle. Desembocamos en Piazza Vittorio Emanuele II, donde justo al lado está el mural de Keith Haring, Tuttomondo. Al otro lado de la piazza está la estación de trenes, desde en un rato partiríamos hacia Florencia. No muy lejos de allí, aunque al otro lado del Arno, en la Piazza della Repubblica, yo tenía anotado que estaba la Casa Ammannati, casa natal de Galileo Galilei, el 15 de febrero de  1564. Nos acercamos a verla.

Antes de regresar al hotel para coger las maletas de camino a la estación de trenes, recorrimos una de las calles más bellas de Pisa, Via Borgo Stretto, donde además pude fotografiarme junto a la estatua de Galileo Galilei. Me hacía ilusión. Siempre he sentido atracción por este eminente hombre del Renacimiento. A él debemos el telescopio y es considerado como el padre de la astronomía moderna y también de la física, por lo que tuvo sus enfrentamientos con la Inquisición por apoyar, con una base empírica, el modelo heliocéntrico de Copérnico.

Desde la estación ferroviaria de Pisa Centrale tomamos el tren que nos llevaba a Florencia, donde cargados con las maletas fuimos andando desde la estación hasta nuestro hotel. Un B&B HomEdo Florencia, que a Pepi le encantó. La verdad es que la habitación era enorme, estaba muy céntrica y cumplía perfectamente todo lo que le pedíamos a una habitación. Me gustaría apuntar que el techo de nuestra habitación era un fresco de dos ángeles sosteniendo una guirnalda de flores. Precioso.

Eran más de las tres de la tarde y no habíamos almorzado nada. Nos decidimos por un lugar cercano al hotel que habíamos leído que era popular en la Toscana, All'antico Vinaio, que servían, a buen precio, unos bocadillos con un pan especial hecho por ellos, que era una especie de mezcla entre pan crujiente y pizza. Tenían muchos ingredientes a elegir, a cada cual más suculento. No recuerdo con exactitud lo que pedí, ¿sbriciolona?, pero era una especie de salchichón que, la verdad, estaba muy rico pero me costó tragarlo a causa de mi estrechamiento esofágico. Ya saben, cosas de la edad.  Para terminar de pasarlo en su descenso al estómago tomamos en la gelateria Carabe un estupendo helado para llevar.

No nos pudimos entretener mucho porque habíamos quedado para iniciar una visita turística guiada por el centro de Florencia. La visita comenzó en la Piazza di San Lorenzo y fue la primera visita que hicimos con auriculares, ya que, por lo visto, los florentinos están hartos de tener que escuchar a guías turísticos dando gritos por sus calles. Así que te colocas unos auriculares, un receptor, y el guía lleva un micrófono conectado a un emisor, y así, fuimos realizando la visita turística. 

Tras una introducción histórica y ponernos en contexto iniciamos nuestro caminar por vía Borgo San Lorenzo donde nos explicó lo que eran las buchette del vino, o ventanas del vino, que era una tradición que se había perdido pero que el Covid había vuelto a poner "de moda".  La siguiente parada era una de esas paradas inigualables, la Piazza del Duomo, o de la Cattedrale di Santa Maria del Fiore, junto a su Battistero di San Giovanni. Lo cierto es que es impresionante. La Cúpula Brunelleschi desde fuera es algo incomparable, imponente. El Campanile di Giotto, revestido de mármol, las tres edificaciones parecen vestidas a juego, es algo que te deja sin palabras. Era mi primera vez, y no se me olvidará nunca. 

Abandonamos la vista del Duomo por Via Roma hacia Piazza della Repubblica, donde rebosaba vida, en un lateral lucía un precioso tiovivo, y las cafeterías eran elegantes y con bastante gentío. Apetecía sentarse a tomar un café, pero la visita debía continuar. Tras una breve explicación de la piazza continuamos por Via dei Cerchi en su cruce con Via Dante Alighieri, donde supuestamente vivió Dante, el poeta supremo, en el corazón de la Florencia medieval. Hay un Museo Casa de Dante, que esos días estaba cerrado por reforma.

Estaba anocheciendo y aunque el tiempo era fresco, la lluvia parecía que nos iba a respetar. Nos acercamos a la Piazza di San Firenze, donde está el Museo Nazionale del Bargello, allí hicimos una parada técnica de avituallamiento. Comprendes que las piazza tienen mucha historia a sus espaldas cuando su forma es casi siempre irregular y sus edificios históricos. Las tiendas estaban cerrando y se podía comprobar que mucha gente estaba huyendo a sus hogares empujados por un posible aguacero por llegar. 

Accedimos al Palazzo Vecchio (Palacio Viejo), por el lateral, para admirar los tres patios de la planta baja. Los patios son de un esplendor arquitectónico sobresaliente. En ellos hay repartidos fuentes, esculturas y las bóvedas de los soportales están decoradas con escenas de distintos motivos como el enlace de Francesco I de Médici y Juana de Austria en 1565. Los pilares del segundo patio eran enormes, para sostener el peso del Salón del Cinquecento. 

Abandonamos los patios del Palazzo Vecchio directamente a la Piazza della Signoria, que es un auténtico museo al aire libre. Lo primero que a uno le llama la atención, nada más salir a la derecha, es el David de Miguel Ángel, que en realidad es una copia exacta pero en la ubicación original que tuvo la escultura tal y como Miguel Ángel la pensó. Justo en paralelo, pero al otro lado de la preciosa puerta del Palazzo Vecchio, está la escultura de Hércules y Caco.  A la izquierda del Palazzo está la Logia, o pórtico de la Señoría. Bajo su pórtico encontramos, entre otras, las esculturas de Perseo con la cabeza de Medusa y el Rapto de las Sabinas.

En la plaza además encontramos la voluptuosa Fuente de Neptuno  y una escultura en bronce ecuestre de Cosme I de Médici. Hay más esculturas pero estas son las que más me llamaron la atención en una primera visita nocturna. Una característica principal de la Piazza es la torre almenada del siglo XIV, que es uno de los símbolos emblemáticos de la ciudad. Es una torre muy particular, con una balconada y un reloj, aparte de un mirador. Según los últimos descubrimientos arqueológicos se estima que los inicios de esta plaza se remontan a la época del emperador Adriano, que no es poca cosa. Si no es de las plazas más bellas que he visto, sí es la más artística.

Ya era noche cerrada y llevábamos despiertos desde muy temprano, pero antes cenar y de irnos de vuelta al hotel quisimos acercarnos a ver los exteriores de la Gallerie degli Uffizi, donde pudimos ver algunas de las esculturas de personajes como la de Niccolo Macchiavelli, Michelangelo Buonarroti, Petrarca, Leonardo Da Vinci o Dante Allighieri. Al final de la Piazzale degli Uffizi hay una balconada con vistas al río Arno y al Ponte Vecchio. Algunas fotos nos hicimos allí.

De camino al hotel, en la Piazza del Mercato Nuovo nos detuvimos frente al restaurante Mammamia! Nos hizo gracia porque en Fuengirola, desde hace muchos años, solemos ir a uno que se llama O Mamma Mia. Así que entramos y la verdad es que no estuvo nada mal. Me comí unos pappardelle su crema di burrata e pomodoro datterini que estaban riquísimos. De camino al hotel pasamos de nuevo por la Piazza del Duomo y le dimos la vuelta completa a la Cattedrale. Apenas quedaba gente en la calle ya a esas horas. Fue un paseo inolvidable.

Una vez duchado y acostado en la cama, con el bello fresco de los ángeles en el techo, fue complicado concentrarse en la lectura, pero dormí como si estuviera un poco más cerca del cielo.


domingo, 19 de enero de 2025

Los guapos

El año pasado, por estas mismas fechas, fuimos a ver una obra de teatro al majestuoso Teatro Cervantes, Camino al Zoo. Siempre he creído que el invierno casa bien con el teatro. Cosas mías. Luego regresamos por mayo a ver La Colección, pero esta vez en el novedoso Teatro del SoHo. 

Hemos llevado siempre que hemos podido a nuestros niños al teatro, intentando ofrecerles una educación cultural completa, pero siempre los hemos ido llevando a ver obras de teatro infantiles o juveniles. Como Sofía se ha decantado en sus estudios claramente hacia las letras pensamos que sería una buena idea traerla de nuevo al teatro, pero esta vez para ver una obra adulta. De entre las posibilidades elegimos una basada en un texto de David Trueba, con producción del Centro Dramático Nacional: Los guapos.

En la obra se representa el reencuentro de dos amigos, Nuria y Pablo, que una vez estuvieron unidos en su juventud, compartiendo pandilla, aunque separados de barrio. La juventud pasó y se fueron separando por caminos diferentes. Personas distintas partiendo desde el mismo punto, pero con direcciones opuestas. ¿Qué sucede cuando pasado ese tiempo vuelven a encontrarse? Queda algo de lo que una vez hubo o el tiempo y las circunstancias los han alejado tanto que ya es imposible volver al punto de salida. 

Actuaron Anna Alarcón y Vito Sanz. Nos gustó.


martes, 14 de enero de 2025

Un atardecer

Despertamos pronto el domingo porque mi hijo Miguel tenía que jugar un partido a las 11:00 de la mañana en el campo Suel de Fuengirola contra el Benalmádena. Ganaron en el último minuto remontando un 0-1 cuando perdían en el minuto 85. ¡Vaya alegría se llevaron los chavales! Tras el partido teníamos decidido ir a Málaga para ver la exposición Desnudos. Cuerpos normativos e insurrectos en el arte español (1870-1970) que yo tenía ganas de ver desde su inauguración, en octubre. Esperamos que Miguel celebrara con sus compañeros de equipo, se duchara y tiramos para Málaga. ¡Vaya fiesta se dieron!

Almorzamos en un restaurante cerca de la calle Compañía, ya en la capital costasoleña. Miguelito estaba canino. En la sobremesa, tras un postre, fuimos a la exposición, pensando que habría poca afluncia a esa hora de un domingo, y además, también hay que decirlo, la entrada es gratuita los domingos por la tarde. La exposición me encantó, pero ya he hablado sobre ella en la entrada anterior.

Abandonamos la exposición en dirección a la calle Larios comentando los cuadros, cuál nos había gustado más a cada uno, y en eso estábamos cuando sin darnos cuenta, y sin abandonar el ensimismamiento de la exposición quedamos inmersos en la belleza de la calle Larios. La sutil inclinación de la calle permite tener una perspectiva casi paisajística. Pareciera que abandonábamos el museo recorriendo una calle en el interior de un cuadro de Antonio López, pero sin estar en Madrid. Las decoraciones clásicas, las simetrías en cada esquina, la esbeltez de los balcones, la armonía de dimensiones de toda la calle. Es una calle de una perfección y una singularidad asombrosa. Hay vida e historia en ella. Pasear por la calle Larios me congratula con la humanidad. Me hace ser más comprensivo, más paciente, en realidad, me hace mejor persona. Suena extraño, incluso algo alocado pero es así. Esta calle me hace mejor persona. Pasear por ella, a paso lento, observando las peculiaridades, su armonía, me alegra la vista y me complace hasta el punto que durante un rato me olvido de la sinrazón que gobierna a la raza humana. Entiendo que no todo el mundo piense igual que yo. Sinceramente, lo siento por ellos.

Cogimos el coche y pusimos rumbo de vuelta a casa. Le dimos play a una lista musical que tenemos preseleccionada, y tras un rato conduciendo, pasado Torremolinos por la autopista, un atardecer  sobrecogedor estaba mostrándose delante de nuestros ojos. Parecía un pavo real mostrando sus mejores galas. Todos los coches comenzaron a frenar. Costaba conducir estando atentos a la carretera de la belleza que se nos ofrecía delante de nuestros ojos. Si todos hubiéramos podido bajarnos de los coches a contemplar el atardecer lo hubiéramos hecho. Todos estábamos conmovidos por semejante visión. 

Estoy convencido que todos los que allí estábamos enternecidos por ese momento casi mágico, éramos mejores personas, no sé si me entienden.


La foto la hizo Pepi, no tiene pasado ningún tipo de filtro, salvo el cristal del coche. Y créanme si les digo que la foto no le hace justicia a la realidad.

lunes, 13 de enero de 2025

Desnudos

Presentó una exposición el Museo Carmen Thyssen de Málaga titulada Desnudos. Cuerpos normativos e insurrectos en el arte español (1870 - 1970), en la que se presentaban obras de Sorolla, Julio Romero de Torres, Picasso, Dalí, Miró, Zuloaga, Chillida o Mariano Fortuny entre otros muchos. Sólo con los nombres ya se comprende que no es una exposición cualquiera. Un total de casi noventa obras conformaban la exposición. Por si fuese poco, en el mismo museo, durante un tiempo solapado, también exhibía una exposición sobre Sorolla titulada Sorolla en Andalucía. Un doble atractivo.

De manera que una mañana de domingo que tuvimos libre nos presentamos en Málaga para visitarla. Me encantó. Me fascinaron muchos cuadros. La belleza del desnudo, su dificultad, su relación con la historia... Una maravilla de exposición.

Entre las obras que me atraparon destacaría la reinterpretación clásica por Dalí de Las señoritas de Aviñón (1970), aunque muy distante tanto en el tiempo como en la concepción. Dalí no respeta ni siquiera el número de señoritas. Los rostros borrados no impiden la provocación del cuerpo femenino, que se presenta más desprejuiciado y clásico que el famoso cuadro original de Picasso que agitó el mundo del arte. Es casi un boceto pero tiene una simpleza que lo hace tremendamente atractivo.

También hay un cuadro de un primerizo Picasso, durante sus años de estudiante, en los que dibuja a un joven atlético basado en la perfección física clásica, con una pose en pie, con la cadera ladeada, probablemente copiada del natural, donde demuestra lo buen pintor que era aún en su juventud, pese a lo mucho que aquellos que sólo han visto cuadros suyos cubistas piensan que pinta.

Entre las obras expuesta hay que destacar está Desnudo de mujer (1908) pintado por Aurelia Navarro en el cual versiona a la Venus del espejo de Velázquez. La pose recostada de espaldas, y reflejada en un espejo es maravillosa. La sutileza del colorido, la gasa sobre el jergón, el pendiente en la oreja es de una sutileza maravillosa. Fue un cuadro muy controvertido al ser un desnudo y además pintado por una mujer, lo que se consideró impropio de la época, y más teniendo en cuenta que el desnudo, al parecer, posee el rostro de la propia autora.

Un cuadro que no me canso de admirar siempre que tengo la suerte de cruzarme con él es Desnudo con guitarra (1894), de Ramón Casas. Un cuadro realista que enamora a simple vista. Una mujer desnuda de piel limpísima y nivea, tumbada en el suelo, recogida sobre sí misma, con el pelo oscuro revuelto. No se muestra el rostro en el cuadro, tampoco hay provocación en el desnudo. En el fondo, cortado en la composición hay una guitarra  apoyada en el suelo y junto a ella, sobre la misma pared un lienzo con bastidor. La composición hace más preguntas que ofrecer respuestas. ¿Es el estudio del pintor? ¿Quién es la muchacha en el suelo? ¿Qué le sucede? ¿Qué hace desnuda? ¿Posó para el pintor?

Cada uno de nosotros tendrá su propia interpretación y lo más importante, nuestras propias preguntas.


Pd: No pude evitar acercarme a ver a Aline Masson en La Lectura. 

jueves, 14 de noviembre de 2024

En noviembre

En noviembre disfruto de los mejores amaneceres. No digo que yo tenga exclusividad y que los míos sean mejores que los del resto, no, digo que en noviembre, de entre todos los meses del año, es el mes en el que los amaneceres me parecen mejores. Son insuperables. Hay días en los que me dejan absolutamente boquiabierto. Es imposible no quedar fascinado. 

El ritual matutino durante todo el año es prácticamente siempre es el mismo. Entorno a las ocho menos cuarto de la mañana salgo por el portal y encamino mi recorrido hacia el trabajo con el fresco otoñal terminando de espabilarme. En el primer tramo, antes de girar a la izquierda y dejar atrás el edificio residencial, ando colocándome los airpods para escuchar una de las listas de canciones personalizadas que tengo guardadas en Spotify, y así comenzar para encarar el día. Entonces, al girar la esquina que da a la avenida principal, que lleva directamente a mi trabajo, el amanecer, aún sabiendo que está esperándome, me sorprende. 

Existe un suave inclinación en la avenida que hace que la vista sea algo elevada, lo que facilita la amplitud de la panorámica. Las circunstancias hacen que en algunos días de noviembre, sobre esa hora, el amanecer está en su punto álgido. Si está nublado, la filtración de los primeros rayos engrandecen la estampa. Lo vívido de los contrastes ensalzan aún más el espectáculo de luz. Es posible que la dirección de la calle permite tener una vista privilegiada, y que por muy bien que yo trate de hacer la foto, créanme, no le hace justicia. La realidad siempre supera la ficción, pero si hablamos de un amanecer, es que ni se acerca.



viernes, 2 de agosto de 2024

Modernidad Latente - Carmen Thyssen

Nada más comenzar agosto llegó a mis oídos que el Museo Carmen Thyssen de Málaga realizaba una apertura nocturna gratuita el primer jueves de agosto, es decir, el primer día de agosto, que coincide con el primer día de mis vacaciones, y pensé que era una estupenda manera de aprovechar para ver la exposición temporal Modernidad Latente que tenía intención de visitar en este mes de descanso. Así lo hicimos. La familia al completo.

La exposición Modernidad latente. Varguandistas y renovadores en la figuración española, incluía obras de un buen número de artistas tan reconocidos como Picasso, Juan Gris, Antonio López o María Blanchard entre otros.

No soy un gran entusiasta de la Modernidad en la pintura. Probablemente porque no estoy preparado y no la entiendo o me falta formación o todas juntas. Aún así, siempre suelo encontrar obras que me parecen soberbias. Entre las más de sesenta obras que se presentaban en la exposición temporal un buen número de ellas me encantaron.

Visitando los museos suelo jugar conmigo mismo a imaginar que si me dieran la posibilidad de llevarme una sola obra a mi casa, sin opción de venderla, quiero decir por el simple hecho de poder colgarlo en mi casa, para no andar condicionado por los supuestos precios que alcanzarían en una supuesta subasta. ¿Cuál te llevarías? Normalmente elijo la obra que más me guste, claro está, pero no basta con eso. Hay que tener en cuenta que vivo en un pequeño piso, donde por ejemplo no tendría espacio para colgar Las Meninas de Diego Velázquez. Así que tengo la gran limitación a tener en cuenta en la que el tamaño es fundamental.

Finalmente me decidí con mucho esfuerzo por un cuadro ubicado en la primera sala. Ventana sobre Portugal de Daniel Vázquez Díaz. El cuadro me pareció simplemente bello, pero no es un cuadro simple, o eso me pareció. El tema principal del cuadro es una naturaleza muerta, pero no tan muerta, ni tan evidente como un bodegón. Una pecera con tres peces en su interior.

La obra fechada entre 1922 -1923 es una reinterpretación cubista con una vuelta de tuerca. Al fondo, en un horizonte enmarcado por una ventana (muy Matisse) se representa un paisaje arquitectónico, de una homogeneidad diversa y escalonada,  realizada con una paleta de colores fríos pero apastelados. No incluye ninguna persona, tan sólo el paisaje de una población sin ventanas que parece estar abandonado. El cielo es azul, y la mesa, donde está apoyada la pecera, es de colores tierra. El marco de la ventana es verde, como las hojas verdes que aparecen en primer plano a la izquierda. Las palmeras del fondo están casi mimetizadas con los colores azules de las viviendas y lo que más sobresale del cuadro son los tres peces de colores, que parecieran estar rindiendo homenaje a los melocotones de Cezanne, con sus colores de pastel anaranjados. Hay que resaltar el atrevimiento del contraste que ofrecen los peces con sus siluetas curvas y la esfera de la pecera en un cuadro con evidentes influencias cubistas. Una maravilla de cuadro.

Bueno, pues como el cuadro mide alrededor de 73 cm por 56 cm , que es un tamaño manejable, procedo a descolgarlo. No se lo digan a nadie.

Pd: Luego pensé que no era tan buena idea ir cargando con el cuadro todo el rato, con el calor que hacía y como pensábamos ir a picar algo -como así fue- pues lo dejé allí.

domingo, 7 de abril de 2024

Aracena, Cortegana y Osuna

Para nuestro aniversario de boda realizamos Pepi y yo lo que ahora llaman una escapada de fin de semana. Exactamente fue eso.

Sofía y Miguel nos habían regalado para el día de Reyes uno bono de hotel canjeable por un alojamiento y desayuno a elegir entre un buen número de hoteles.  Tras muchas indecisiones al final elegimos uno situado en Aracena (Huelva), el Hotel La Era de Aracena, que completaba su apellido con el adornado anglicismo de Adults Only, que imagino que básicamente era así porque las habitaciones no son muy holgadas de espacio y no cabe ninguna cama supletoria. 

Así que después la jornada de trabajo del viernes, comimos algo ligero en casa, nos despedimos con muchos besos de los niños y nos metimos en la carretera. En el frigorífico le dejamos comida para un regimiento y algo de dinero, porque bueno, el dinero nunca viene mal y te puede solventar algunos inconvenientes, especialmente los alimenticios. Más felices que unas pascuas se quedaron. Tres horas y media más tarde estábamos entrando en el aparcamiento del hotel. El hotel no estaba completo.  

Habíamos decidido quedarnos a cenar en el hotel. Después de una jornada laboral y el trayecto en coche no nos apetecía otra cosa. Algo de relax y buen yantar. Así que en el restaurante del hotel con unas patatas fritas con jamón de jabugo, un secreto ibérico y una buena cerveza terminamos de aclimatarnos al fresquete de la sierra.

El sábado levantamos pronto para aprovechar el día. Tras desayunar algo ligero en el hotel bajamos al centro para comprar las entradas de la Gruta de las Maravillas. Nos habían dicho que por la mañana temprano ponían algunas entradas a la venta. Y bueno, como somos un poco cagaprisas, especialmente yo, llegamos los primeros, porque queríamos elegir una visita por la tarde. Así lo hicimos.

Pasar por la calle Pozo de la Nieve, que es la que lleva a la Gruta de las Maravillas es como perfumarse en jamón de jabugo. Todo el pueblo desprende un olorcito entre horno de leña, jamón y tocino. Casi que te puedes alimentar solo pasando por la calle. Pero realmente lo que te produce es que te pasas el día con el apetito abierto. En la Plaza de San José encontramos salpicadas un buen número de esculturas. La mayoría me gustaron mucho.

Cogimos el coche y fuimos a Cortegana. En media hora estábamos allí. Lo primero que hicimos fue subir al castillo y desde allí disfrutar de las vistas al pueblo. Hacía un vendaval. Era imposible que Pepi posara para una foto sin que el pelo le tapara la cara. El castillo estaba muy bien cuidado incluso poseía un exposición de monedas antiguas. 

Bajamos al pueblo y vistamos la Iglesia del Divino Salvador, cuyo interior era bastante austero. Paseamos por el pueblo, hasta llegar a la Ermita de San Sebastián, incluso vimos algunos ejemplares de la ruta de los mosaicos empedrados. Como hacía fresco, nos detuvimos a  tomar café en el antiguo casino, situado en la misma Plaza de la Constitución y aunque nuestra primera idea era ir seguidamente a Almonaster la Real, decidimos regresar a Aracena ya que teníamos mesa reservada para comer allí y no queríamos llegar tarde.

Llegamos incluso antes de  tiempo a nuestra mesa en el Restaurante Jesús Carrión. Hacer turismo abre el apetito. Estábamos de aniversario: veintidós años de casados. Había que celebrarlo. Un plato de jamón de jabugo 100% ibérico, unas croquetas de jamón ibérico que si no eran las mejores que he tomado en mi vida, andaban bien cerca. Un ajoblanco con vieira y wakame que nos pareció sublime. Como plato principal me pedí un solomillo ibérico con salsa de setas que no pude terminarme. Para terminar una tarta de queso y almendra amarga puso el broche.

Para bajar semejante homenaje dimos un paseo hasta el Museo del Jamón, hicimos la visita y regresamos al centro pues teníamos prevista una visita en La Gruta de las Maravillas, que según nos habían contado era una visita imprescindible. Además como en las últimas semanas había llovido, ahora la gruta era más hermosa si cabe, porque el agua filtrada aporta un atractivo más. 

Lo cierto es que a la gruta le pusieron ese nombre por algo. Es de una belleza natural sublime. Quedas maravillado mires hacia donde mires. Por mucho que lo expliquen, por muchas aportaciones que te ofrezca el guía, al final, quedas boquiabierto por lo que ves. Es casi un kilómetro y medio en recorrido circular originado -según contaron- por la erosión de las aguas de rocas calizas y por su cavidad freática. Un milagro de más de 500 millones de años de antigüedad. Dependiendo del tipo de piedra la erosión causa unos efectos distintos, por eso cada sala tiene nombre distintos, que son intuitivos según su aspecto: la Sala de las Cochas, Salón del gran Lago, Salón de los desnudos o la Cristalería de Dios. Mi recomendación es que nadie se la pierda. Es una visita de aproximadamente 50 minutos que bien vale su precio.

En la esquina opuesta de por donde entramos a la Plaza del Marqué de Aracena está la Confitería Rufino que, según reza en su fachada, fue fundada en 1875 y su especialidad son las yemas de huevo. Nos llevamos una cajita para casa y también tomamos un café, e incluso Pepi quiso tomar un pastelito. Siempre hay un hueco para un pastel.  Regresamos al hotel, el día había sido largo y tocaba descansar.

Comenzamos el día con energía renovadas. Recogimos las cosas, metimos las maletas en el maletero del coche, liquidamos con el hotel y fuimos a buscar el desayuno a una churrería en la entrada del pueblo. Tras unos churros con chocolate la siguiente parada era Osuna, en la provincia de Sevilla. Tan cerca y nunca la habíamos visitado. Osuna es últimamente conocida como "la Petra de Andalucía" por unos relieves que hay en una antigua cantera desde antes de su ocupación romana.

La visita es guiada y muy interesante además de divertida. Es impresionante por el tamaño general de la cantera y la altura de sus paredes. La historia que cuentan es sorprendente y muy didáctica sobre los tiempo que vivimos.

Osuna es, según National Geographic, uno de los pueblos más bellos de Andalucía, y según la Unesco, posee una de las calles más bonitas de Europa, la Calle San Pedro. Doy fe que bonita es. En definitiva Osuna es un pueblo con edificios renacentistas como la Colegiata de Santa María, que no pudimos visitar porque ya había cerrado, más de una veintena de iglesias, monasterios y conventos.  Decidimos pasear y callejear por el centro hasta llegar a la Plazuela Salitre, donde está el Restaurante Casa Curro, donde tomamos unas alcachofas confitadas con jamón y foie para chuparse los dedos.

La escapada ya estaba echada. Dos días completos disfrutando de la vida. Cosas que te vas a llevar encima y que no te podrán robar. La única manera que conozco de ganarle la partida al futuro. Vivir el presente.

Pd: Estábamos locos por ver a los niños.