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jueves, 11 de junio de 2026

Días de abrir los ojos

A veces hace falta que alguien de fuera te abra los ojos para ver lo que tienes. Es algo que pasa muy amenudo pero no nos damos cuenta, y a veces, cuando queremos darnos cuenta, ya es demasiado tarde.

Vinieron una pareja de amigos holandeses (Sylvia y Ernest) a pasar unos días en Fuengirola, y durante su estancia quedamos  varias veces con ellos para echar el día o simplemente la tarde. El primer día que quedamos, lo hicimos para cenar y les ofrecimos que eligieran a dónde querían ir y eligieron Marbella. Así que allí fuimos a visitar su casco antiguo, a pasear un poco por el centro para dar un paseo relajado, deteniéndonos para verlos fotografiarse casi en cada esquina. Alucinando con la temperatura. Disfrutando con la arquitectura tradicional andaluza. Sorprendidos por lo tarde que la gente cena, y lo ambientado que está todo a las doce de la noche. Maravillados con todo lo que comían. Todo les parecía exquisito e incluso económico. Las flores, los olores, los balcones y las macetas. La carretera, de vuelta a Fuengirola, con su faro, y con la luna suspendida en la noche, les parecía espectacular. Y lo es. Todo lo que ellos ven que nosotros estamos acostumbrado a ver está ahí. Hasta la gente le parecía más sonriente. 

Quedamos otro día y como nos habían dicho que no conocían Nerja, y como teníamos tiempo para echar el día completo, pues decidimos ir a visitarla.  Nos citamos para desayunar, y después, ya despiertos con el café, pusimos dirección a la Cueva de Nerja. Les pareció increíble, un monumento geológico extraordinario. Nunca vieron nada igual. La mejor cueva que habían visitado, decían. Seguidamente bajamos a pasear por el centro de Nerja y nos acercamos a contemplar las vistas desde el Balcón de Europa. Quedaron boquiabiertos. No paraban de hacerse fotos y grabar vídeos. Se quedaron sin palabras.

Almorzamos en una típica taberna, que no conocíamos pero que con las críticas que vimos por Internet nos pareció adecuado: Taberna Pepe.  Allí probaron por primera vez un flamenquín y gozaron con los torreznos. Los torreznos les fliparon. Tan sólo las patatas fritas las comían como si fuese caviar. Cerraban los ojos para comer una patata. Y ciertamente, los comprendo.

A la vuelta paramos en Málaga, para dar un paseo y tomar un café. Vaya ambientazo que derrochaba Málaga. ¡Qué bonita está Málaga! Sentarse en una terraza y charlar mientras ves el mundo pasar es de lo más entretenido que existe. ¡Vaya día quemamos!

Un par de días después nos acercamos por la tarde a Mijas, para disfrutar de sus vistas, y de la tranquilidad de un pueblo. Ver el atardecer sobre el Mar Mediterráneo es un lujo diario que no solemos disfrutar. Las estrechas calles encaladas de blanco, los balcones, el olor del jazmín... Cenamos en la plaza junto al Ayuntamiento. Pocas cosas más felices existen que cenar tranquilos junto a unos amigos. 

Todo esto que disfrutamos con la visita de nuestros amigos holandeses está a nuestro alcance casi a diario, pero en realidad no nos fijamos en ello hasta que otros lo hacen delante nuestra. Entonces nuestra perspectiva cambia. Bastaron unos pocos días de turismo provincial para que por fin, abriésemos los ojos. Así es la vida.


domingo, 24 de agosto de 2025

Atenas Día 2

Nuestro segundo día en Atenas nos permitimos descansar algo más y no madrugamos tanto. Eso sí, hacer turismo tampoco es de holgazanes. A las 8:30 ya estábamos en la calle buscando un buen sitio donde tomar el desayuno. Encontramos un sitio en la calle Sellei, Diogenes Food Hall, a pocos metros del hotel. Fueron algo lentos y se equivocaron en algún pedido, pero tomé un bocadillo de queso con aceitunas que me gustó mucho.

Teníamos reservado un freetour por el centro de Atenas que partía desde la Plaza Kapnikareas, en el barrio de Monastiraki, donde está la iglesia bizantina (s. XI). Como estaba abierta y llegamos antes de tiempo entramos a visitarla. Es bonita también interiormente aunque me pareció algo sobrecargada.

Seguidamente nos acercamos a la Plaza Monastiraki, que es desde donde salen muchos de los trenes que comunican la ciudad de Atenas, y entramos a otra iglesia bizantina a la que también realizamos una visita breve. Hay que tener en cuenta que estos templos bizantinos suelen ser pequeños y se ven en unos pocos minutos, porque enseguida ya hay alguien detrás tuya pidiéndote avanzar. 

Cruzamos la plaza, hacia donde está la Mezquita Tzistarakis, actualmente un museo de arte popular. A pocos pasos pudimos ver la parte lateral, que mejor está conservada, de la Biblioteca de Adriano (año 132). ¡Qué tamaño más colosal! Continuamos hasta el Ágora romana, lugar donde estaba el mercado y área de reunión de la ciudad, allí se encuentra la Puerta de Atenea Arqueguétida. La diosa Atenea era la protectora de la antigua ciudad de Atenas y también el origen del nombre de la ciudad. Rodeamos el Ágora por el exterior hasta encontrar la Mezquita  Fetiyé, un edificio  otomano, que anteriormente fue basílica bizantina.

Junto a ella está la Torre de los vientos, antigua torre octogonal que era una especie de estación meteorológica antigua, donde había un reloj de sol en cada una de las caras del octógono, una veleta en lo alto y un reloj de agua en el interior. Una altura de 12 m y un diámetro de 8 m. Se cree que fue construida en el siglo I a.C y ha tenido muchos usos durante su larguísima historia. Es una edificación sencillamente bella.

Pasear por Plaka es un placer de los sentidos. Las buganvillas cuelgan sobre nuestras cabezas a ambos lados de las calles formando un túnel floreado de colores diversos. En las puertas de las casas y en las terrazas de los restaurantes hay sillas con las patas y el respaldo de madera y el asiento de cestería de enea, y en muchas de ellas un gato recostado, que son parte del patrimonio cultural de Grecia. 

Casi que escondida entre jardines de casones solariegos y restaurantes en el barrio de Plaka está la iglesia bizantina más antigua que se conserva en Atenas, la Iglesia de San Nicholas Rangavas, del s. XI. Tiene una curiosa arquitectura que mezcla ladrillos de barro, sillería  y piedras. Las ventanas típicas del medievo bizantino están divididas con ladrillos haciendo las veces de pilares. Muy curiosa.

Abandonamos Plaka para conocer el Palacio Záppeion, edificio que sirvió de residencia de los Juegos Olímpicos de 1896. Hoy día sirve como sala de exposiciones. El patio interior circular es muy bello. El palacio está en el interior de los Jardines Nacionales. Un pulmón dentro de la ciudad. Un lugar de esparcimiento donde yo sería feliz paseando. Hay desordenados senderos interiores que te llevan a fuentes o estatuas a lo largo del camino, también hay partes del sendero que están apergoladas para los días de sol. La Fuente Zappeion, de doble planta hexagonal es digna de visitar. Como curiosidad en el parque vimos varias tortugas de tierra que van paseando en libertad.

En una esquina del parque está la Plaza de la Constitución o Plaza Syntagma, donde está el parlamento de Grecia, antiguo Palacio Real. Allí se realiza el cambio de guardia de los Evzones, que son los guardias presidenciales. Todo ello delante de la tumba del soldado desconocido. Pero como íbamos con el guía, no nos detuvimos y continuamos hacia la Catedral de la Anunciación de Santa María, donde habíamos acabado la noche anterior. Ahí acabó el tour.

Teníamos tiempo y decidimos entrar para verla por dentro. La verdad es que me gustó más por dentro. Es de estilo grecobizantino y neoclásico. Es luminosa, está decorada con elegancia en tonos azules y dorados. Con arcos de medio punto alrededor de una cúpula esférica.

Pepi había venido al viaje con algo de lumbago, la semana antes de iniciarlo tuvo una crisis, aunque parecía que se estaba encontrando bien, incluso que estaba mejorando. Decidimos que era un buen momento de subir a ver la Acrópolis, así que cogimos un taxi que nos llevó a la puerta de los tickets. Una vez con los tickets sacados comenzamos nuestra visita contemplando el Odeón de Herodes Ático, un teatro de piedra restaurado, del año 161 donde hoy día aún se organizan conciertos y espectáculos. Es de un tamaño espectacular.

El recorrido te hace pasar entre el Templo de Atenea Niké, a la derecha y el Pedestal de Agripa, a la izquierda. Se supone que el pedestal formaba parte de la base de una cuadriga de bronce en tamaño natural. Se cree que en la época romana sirvió de base a una estatua de Marco Antonio. Siguiendo la ascensión por la escalinata por el Propileos, que es la entrada principal de la Acrópolis, construida en el 432 a.C, con columnas dóricas, de fuste estriado.

Una vez que traspasas el Propileo ya solo tienes ojos para el Partenón, que atrapa tu mirada y no te suelta. Es de un tamaño tan colosal, que parece imposible que se pudiera construir hace 2400 años. Piensas en bueyes tirando de carros cargando con los densos y pesados bloques de mármol desde las canteras del Pentélico, a unos 16 km de distancia. Elevarlas hasta la colina de la Acrópolis, con carros y poleas y un esfuerzo humano titánico para una vez sobre la colina, tallar y pulir, in situ, el mármol para colocarlas tambor sobre tambor. Ocho columnas en cada fachada, y diecisiete en cada lado, un total de 46 columnas de casi once metros de altura. Cada fuste con sus tambores, sus veinte acanaladuras o estrías. Todo con una ligera curvatura para evitar la ilusión óptica de concavidad y dar la sensación de estabilidad. El dórico en su máximo esplendor. 

Imaginar todo ese esfuerzo conjunto, todo el sudor derramado, para honrar a la diosa Atenea, diosa protectora de la ciudad, para celebrar la resistencia helena frente la expansión de los persas. El triunfo griego en las Guerras Médicas. La victoria en la Batalla de Maratón, el posterior éxito en Termópilas, en Salamina,... para finalmente conservar la independencia y permitir el posterior desarrollo de la democracia y la filosofía que tanta influencia han tenido en la civilización occidental posterior. Imaginar a Platón pasear por la Acrópolis junto a su admirado Sócrates, o a Aristóteles sentado conversando con su pupilo Alejandro Magno son imágenes imposibles que fueron reales. Historia de los lugares.

Nos acercamos al mirador en la parte oriental de la Acrópolis, presidido por una gigantesca bandera griega. El sol caía bien espeso. Las vistas a la ciudad son formidables. No hay fin en el infinito de la ciudad.  Casi cuatro millones de personas a nuestros pies. Una ciudad inmensa. 

Antes de despedirnos de la Acrópolis nos aproximamos al Erecteón, y comprobamos que es quizás uno de los monumentos arquitectónicos griegos más bellos. La tribuna de las Cariátides, en la fachada sur, tiene mucha culpa de ello.

Descendimos en busca de un restaurante donde asimilar todo lo visto y a ocultarnos del sol que llevaba toda la mañana azotando sobre nosotros. Rodeamos la colina hasta el barrio de Monastiraki y en el Restaurante Dia Tafta tomamos asiento. Eran más de las cuatro de la tarde. La Acrópolis nos había hecho perder la noción del tiempo. Quisimos probar, como aperitivo, unas Dolmades, que son hojas de parra rellenas con arroz y carne picada que venía acompañada con tzatziki. También un saganaki, que es un queso frito que se sirve caliente, repetimos moussaka y de postre pedimos yogur griego que lo servían con miel. Riquísimo.

Por encima de Monastiraki, al norte, está el bohemio barrio de Psyri. Anteriormente un barrio industrial, hoy día se ha reconvertido en un colorido epicentro moderno de la ciudad, famoso por su vida nocturna. Allí está Little Kook, una cafetería bastante famosa por su decoración exageradamente kitsch. El barrio estaba bastante animado, pero la sensación era que lo estaría mucho más horas más tarde. Decidimos dar una vuelta por las tiendas de souvenirs, para comprar algún recuerdo, y regresar al hotel, ducharnos, descansar algo y salir a cenar tranquilamente.


Finalmente para cenar regresamos a Monastiraki y cenamos en una terraza en una calle ambientadísima. El nombre del restaurante era Thanasis, pero en las servilletas ponía algo así: Μοναστηράκι, Mnaipaktaphe. No entiendo una papa. Sí que recuerdo que Pepi y yo compartimos un plato parecido al gyro que Miguel se pidió la noche anterior, pero servido en un plato. Pedí una cerveza BepΓina Lager (no sé si escribe así, pero no tengo en el teclado todos las letras griegas). Me supo a gloria. Sofía, que estrenó una camiseta que se acababa de comprar, se pidió pastitsio, que es el hermano de la moussaka, igual pero que sustituye la berenjena por macarrones. Terminamos con un helado de camino de regreso al hotel.

miércoles, 20 de agosto de 2025

Budapest Día 1

Una de las ciudades que Pepi ha tenido más ilusión de visitar desde siempre es Budapest. Desde que fuimos a Praga, allá por 2005, donde barajamos la posibilidad de hacer un recorrido conjunto que incluyera las tres capitales europeas: Viena - Praga - Budapest. Posibilidad que desestimamos con la intención de ir una a una, para diferenciarlas en el tiempo y que mantuviéramos una idea por separado de cada una. Desde aquel verano, cada año, siempre ha estado ahí, pendiente de hacerse, entre las posibilidades veraniegas. Pero los viajes que hacemos son un cúmulo de circunstancias particulares, que incluyen, especialmente vuelos económicos, pero también conciertos que queramos asistir y un sin fin de condicionantes que van variando con el tiempo.

En resumen, en el verano de 2005 fuimos a Praga y un par de años después a Viena y hemos tenido que esperar hasta 2025 para ir a Budapest. El asunto se ha ido retrasando, pero más vale tarde que nunca.

Aterrizamos toda la familia, es decir: Pepi, Sofía, Miguel y yo, en el aeropuerto internacional de Budapest Ferenc Liszt alrededor de las 9:20 de la mañana. Sí, ese día nos había tocado madrugar de lo lindo, pues nuestro vuelo de Ryanair despegaba de Málaga a las 6:00 de la mañana. Así que despertamos como a las 3:30. Hay que llegar al aeropuerto, soltar el coche y seguidamente embarcar. Sarna con gusto no pica, dicen. Una vez aterrizados en Budapest cogimos un taxi que nos llevó  directamente hasta nuestro hotel, habíamos elegido el Meininger Hotel, en el lado Pest de la ciudad, situado junto al enorme mercado del finales del siglo XIX, conocido como Great Market Hall. Como a esa hora nuestra habitación no estaba disponible, dejamos las maletas en una habitación que el hotel tenía habilitada junto a recepción y nos dispusimos a visitar el mercado y buscar cerca un sitio para desayunar.

El Mercado central de Budapest es el mercado cubierto más grande de Hungría y está justo frente al Puente de la Libertad, sobre el río Danubio, que divide a la ciudad en dos zonas, Pest, donde estábamos en ese momento y donde echaríamos el día entero, y Buda, en el lado oeste de la ciudad. El Mercado, digo, está en Pest, en un extremo desde donde comienza el centro de la ciudad, y es uno de los edificios más visitado turísticamente. 

En el mercado compramos un kifli, que es un pan con forma de medialuna, típico húngaro, y lo que ellos llaman una salchicha húngara, que para nosotros es un chorizo condimentado con pimentón. Compramos la versión picante, que es el que habíamos visto recomendado.

Probablemente la calle más comercial de Budapest es Váci utca, que inicia en la plaza Fovám (frente al mercado), y en esa misma calle, a pocos pasos desde la plaza, vimos una cafetería, Pesto, que parecía apropiada. Pedimos unos cafés y con el pan y el chorizo degustamos nuestro primer típico desayuno húngaro. Preguntamos antes si podíamos hacerlo y el hombre dijo que sin ningún problema.

Una vez completamente despiertos, regresamos hacia la plaza para visitar el Puente de la Libertad. La verdad es que el Danubio es un río impresionante. Para nosotros que no estamos acostumbrados a vivir de cerca un gran río, nos sorprende. Sobre el puente pasan tanto coches como tranvías y peatones. El puente es de acero y cuando pasaba el tranvía hacía vibrar el suelo, que provocaba en nosotros una sensación de inestabilidad, que nos hacía pararnos e incluso callarnos. Vamos que parecíamos unos completos pardillos cruzando un puente. 

En el puente hay un mirador desde donde nos hicimos infinidad de fotos con vistas a Budapest. El cielo estaba completamente limpio y el día era primoroso. La temperatura resultaba ideal a esa hora de la mañana.  En el puente encontramos una de las curiosas miniesculturas de metal que hay repartidas por la ciudad, Rey en una hamaca, que representa a Francisco José I, monarca húngaro y esposo de la emperatriz Sissi.

Nuestra intención no era cruzar el río, pero nos acercamos para ver el puente y la plaza. Nuestro recorrido continuaba por la popular Váci utca. En ella encontramos varias esculturas y edificios que nos encantaron. Yo me quise hacer una foto con El escritor pensativo, una escultura del escritor Gyula Krúdy, que pareciera que estaba esperando que alguien se sentara con él y le diera conversación, o le contara una historia, o simplemente se sentara a acompañarlo mientras confiaba que le llegara la inspiración. No he leído nada de él, pero sí de Sándor Márai, que lo consideraba un maestro.

Budapest es casi un museo al aire libre. Sus edificios y sus esculturas, son monumentos dignos de muchos museos. Buscar la estatua de Shakespeare, la de la Chica jugando con perro y una de las más fotografiadas, Little Princess, son una manera estupenda de ir conociendo la ciudad. Así fuimos posando con cada una de ellas para llevarnos un recuerdo en forma de fotografía.

Una de los lugares más bonitos de Budapest, a mi juicio, por su entorno, es la plaza ajardinada con la fuente de bronce de Niños echando agua, en la que se representa a un niño dando de beber a otro en una concha, en el mismo centro de la Plaza Vigadó, frente al sobrecogedor edificio romántico del Palacio de la Música. Maravilloso.

A la espalda está la Plaza Vörösmarty, una plaza peatonal donde encontramos un par de estatuas también muy queridas en la ciudad. Una estatua enorme de mármol de Carrara de un célebre poeta y dramaturgo húngaro que da nombre a la plaza, Mihály Vórösmarty, donde se representa al autor sentado, rodeado por figuras de campesinos, artesanos, madres y niños que representan el pueblo húngaro.  

A pocos metros hay una bella fuente de piedra con farola, decorada con cuatro leones. En esa plaza también está situada uno de los más famosos cafés de Budapest, el Café Gerbeaud, un lugar exquisito y preciosista, de precios elevados, al que sólo nos permitimos entrar -tras preguntar si se podía- a echar un vistazo.

Cruzamos el parque Erzsébet, donde estaba ubicada una enorme noria, junto al elegantísimo Hotel Kempinski, continuamos hacia la Basílica Catedral de San Esteban, un enorme edificio neoclásico del siglo XIX. Una vez allí nos dividimos, unos fuimos a por agua, otros a hacer cola para sacar el ticket de entrada que diera acceso a la base de la cúpula donde se suponían espléndidas vistas panorámicas sobre la ciudad. Las había. Doy fe.

Es una catedral relativamente moderna y se notaba, la estudiada luminosidad, los amplios espacios, las alturas desmedidas, todo de una elegancia imperial. En la base de la cúpula he de confesar que sentí algo de vértigo, y eso que no hacía prácticamente nada de viento. Las alturas me marean. Aún así es una visita que recomiendo mucho. Las vistas a la ciudad, de 360 grados, bien merecen la pena pagar su precio.

Rodeamos la basílica para llevarnos una idea completa y continuamos nuestra visita hacia la Avenida Andrássy, la principal calle señorial y palaciega con tiendas de lujo donde está situada la Ópera nacional, de fachada neorrenacentista que ha rivalizado en belleza y grandiosidad con la Ópera de Viena. Accedimos al hall para poder llevarnos una idea de su belleza interior, pero no la visitamos, teníamos que esperar demasiado y además el precio nos pareció algo excesivo. Gustav Mahler fue director artístico allí, al igual que Richard Strauss. La crème de la crème sinfónica ha pasado por las escalinatas que yo estaba pisando en ese momento. Sé que es una tontería, pero al recordarlo, miras a tu alrededor sintiendo una extraña admiración por un lugar, por el simple hecho de estar donde otras personas que admiras, sabes que han estado. Cosas mías.

Eran más de las dos y media de la tarde y el depósito ya empezaba a necesitar rellenado. Así que no muy lejos de allí, perpendicular a la avenida Andrássy, teníamos localizado un restaurante que nos habían recomendado: Restaurante Menza. Un restaurante de estilo retro donde servían goulash -estofado de ternera- y también Schnitzel -un filete empanado de cerdo- con patatas parsley -patatas cocidas salteadas con perejil, mantequilla y sal- que es lo que yo me pedí. Muy rico. Lo acompañé con una cerveza típica húngara: Borsodi, que no estuvo nada mal. Para el postre cruzamos la avenida Andrássy donde estaba una de las heladerías más famosas de Budapest, Hisztéria Cremeria, donde el helado de pistacho y el de chocolate eran la mayor recomendación. Los probamos.

Unas cuantas calles más adelante estaba la Casa del Terror, un museo en conmemoración de las víctimas de los gobiernos fascistas y comunistas, como fueron el nazismo y el posterior régimen soviético. Por lo visto en este edificio se realizaron torturas y ejecuciones. No quisimos entrar. Acabábamos de almorzar y no queríamos remover las tripas.

Para bajar la comida, dimos un largo paseo por dos largas calles, Nagymezö y Báthory para dirigirnos hacia la estrella de la corona, el Parlamento Húngaro, Patrimonio de la Humanidad. Un edificio absolutamente colosal, magnífico. Teníamos contratada un free tour guiado por el centro de la ciudad que comenzaba su recorrido muy cerca del Parlamento, junto la estación de metro, en Kossuth Lajos. Como llegamos con antelación nos dio tiempo a contemplar tranquilamente su esplendorosa fachada principal. ¡Qué preciosidad!

Tras una breve introducción histórico cultural húngara nos dirigimos hacia la Plaza de la Libertad, un parque ajardinado frente a la Embajada Norteamericana, donde hay colocadas un buen número de estatuas entre las que se encuentran las de Ronald Reagan y George Bush, y también la de la Rana Gustavo (estupendo guiño). En el otro extremo de la plaza hay un memorial a las víctimas del Holocausto, donde uno podía refrescarse con una fuente interactiva que allí estaba instalada.

Continuamos hacia el siguiente punto de interés, que era la Plaza frente a la Basílica de San Esteban, donde explicaron un poco sobre su historia y la importancia del edificio para la ciudad y sus ciudadanos. Seguidamente atravesamos el parque Erzsébet de nuevo, en dirección a la Plaza Városháza, donde habían montados puestos artesanales y donde recomendaron tomar una especie de postre típico, que apuntamos para otro momento. Llegamos al fin del circuito y nos despedimos frente a la Gran Sinagoga que ciertamente es un edificio algo particular, como nos explicó la guía, al tener estilo árabe, pero también bizantino y gótico, además de una vidriera en forma de rosetón, detalle principalmente cristiano. En fin, un pastiche arquitectónico religioso.

En el cruce entre Rákóczi y Károly entramos en una pastelería-panadería llamada Jó, para tomar un café y un tentempié y especialmente para descansar las piernas y vaciar las vejigas. La idea era pasear por el barrio cercano al hotel e ir descubriendo la zona, pero el día se nos estaba haciendo largo. Llevábamos muchas horas en pie y aunque el reloj sólo me marcaba 17 km caminados, había sido un día cargado de novedades.

Aún tuvimos tiempo y pasamos por una hamburguesería que era muy popular en Budapest, Smashy. No pillaba lejos del hotel. El menú era sencillo, no había que memorizar gran cosa. Una cheeseburger simple, con dos tipos de salsas a elegir. Un tipo de patatas fritas y nada más. En cuanto acababas de pedirla, la pagabas e inmediatamente te la daban para llevar. Cuando digo inmediatamente quiero decir eso, te dan el ticket y las hamburguesas en el mismo momento. Sólo había agua y Coca Cola. Rapidísimo. El ketchup y la mayonesa eran autoservicio. Así que en cinco minutos las compramos y fuimos para el hotel, que tenía una cocina común con mesas para servicio de los huéspedes. Allí cenamos. Ni tan mal.

Recogimos las maletas en recepción, nos dieron la habitación, nos acoplamos, ducha y a descansar. El viaje no había hecho más que comenzar.


domingo, 3 de agosto de 2025

Rufus T. Firefly en la Finca El Portón

Comencé mis vacaciones un viernes, el 1 de agosto. Siempre está bien iniciar las vacaciones, pero un viernes, es algo distinto. Empiezas la semana sabiendo que es corta, y cuando se acerca el fin de la semana y el cansancio asoma, ya estás de fin de semana, y encima, después tienes  las vacaciones. Lo malo era que al final las vacaciones me iba a tocar regresar un lunes, pero eso ya es otra historia que estaba por llegar.

Nada más comenzar mis vacaciones tenía pillada hace tiempo una entrada para ver a Rufus T. Firefly. Desde que acabó el concierto de la banda de Aranjuez en La Trinchera había estado atento a nuevos conciertos por la zona, pero las veces que vinieron lo hicieron en festivales. No es que no me gusteç ir a los festivales, al contrario, es un momento estupendo para conocer nuevas bandas. Pero ir sin compañía a festivales es algo triste, y no encuentro fácilmente acompañantes de festivales. Además, prefiero ver a las bandas que me gustan más en conciertos propios, y si es posible en sitios cuanto más íntimos mejor. Pero créanme que no es fácil.

La Finca El Portón es un lugar maravilloso para verlos en directo. Es un anfiteatro al aire libre rodeado de vegetación y posee una leve inclinación y según el horario, puede coincidir con el atardecer tras el escenario. Una preciosidad. Es uno de mis sitios favoritos para ver conciertos. Acudí solo al concierto, pero luego supe que un amiguete iba a ir y bueno, luego allí me encontré con mi prima Ana, un viejo amigo, Gago, y saludé a unos cuantos conocidos.  En realidad en un concierto nunca estás solo.

Iniciaron el concierto con sus temas El coro del amanecer, La plaza y Camina a través del fuego, los tres extraídos de su último disco, Todas las cosas buenas, publicado en abril de este año. Comenzaron poco antes de las 21:30 y pudimos contemplar tras de ellos el atardecer. Precioso.

El inicio de Polvo de Diamantes sonó muy groovy -disculpen el anglicismo- con un inicio de guitarra rasgado y con un sentido rítmico contagioso. Casi enfermizo. Continuaron con una canción, Ceci n'est pas une pipe, que canta Julia extraída de su último disco.

Un momento especial del concierto fue cuando tocaron Reverso, que fue una canción que les encargaron para una exposición en el Museo del Prado, y precisamente la persona que se los encargó, un tal Miguel Ángel, estaba en entre los asistentes. A él fue dedicada la canción. Sonó muy bien. 

Trueno azul la alargaron, haciéndolo algo más ochentera y la unieron con Dron sobrevolando Castilla-La Mancha. Justo después dieron las gracias al técnico de sonido, Juanra, que esa noche hacía su último bolo con la banda, tras 9 años juntos de gira. Seguidamente tocaron Canción de paz, una de mis canciones favoritas del disco. Terminaron el set principal con El principio de todo. ¡El inicio es brutal!

Abandonaron el escenario y comenzó a sonar de fondo Planet Caravan, de Black Sabbath, en claro homenaje a Ozzy Osborne, recientemente fallecido. ¡Qué temazo! La dejaron entera. Me pareció un precioso detalle.

Reaparecieron en el escenario con unos de sus mejores temas en directo, Sé donde van los patos cuando se congela el lago. Continuaron con Río Wolf, que tiene uno de los mejores finales de canción de la historia de la música, en especial en directo. Acabaron el concierto con Nebulosa Jade, que es un final estupendo.



Pd: Me quedé con las ganas de escuchar su nueva canción Premios de la música independiente. Tendré que volver a verlos.

miércoles, 30 de julio de 2025

Prodigy en el Marenostrum

Un día después de ver a Lionel Richie en el Marenostrum de Fuengirola fui a ver a The Prodigy. Único concierto en Andalucía. La antítesis uno del otro. El de Lionel Richie fue un concierto de canciones de amor, con letras llena de te quieros, baladas y melodías al piano. En general muchas canciones para bailar abrazados. The Prodigy, música para saltar y yo diría que alejados, mucho bitch y más aún motherfuckers. Músicas para distintos momentos.

La mayor diferencia se vio en el público. Dos ambientes completamente distintos. En el primero la edad media superaba -diría- mi edad. Se podía ver a tres generaciones compartiendo recinto. Algunas abuelas con sus hijas y sus nietas. La gente vestida de gala, casi como si fuesen a una comunión. Muchos vestidos largos para ellas y mucha camisa de marca para ellos. Muchas señoras -me pareció- pasaron la tarde en la peluquería. Un suave olor a lavanda y jazmín se desplegaba por la grada. En cambio, con The Prodigy, mucho público masculino con y sin camiseta y con bermudas, muchos parecían que venían directamente de la playa. Algunos pelos de colores, y mucha gente joven. Me sorprendió que hubiera tanta gente joven. El cartel agotado. 18000 personas en total. El olor era un extraño cruce entre polvo levantado del suelo por los saltos, sudor y marihuana. He de decir que me siento a gusto en los dos ambientes.  Sin problemas. Vivir y dejar vivir. Yo voy a lo que voy. A escuchar música en directo.

Sin Keith Flint, The Prodigy no son lo mismo. La temprana muerte del de Essex a los 45 años dejó al mundo del rock electrónico sin una de sus piezas sobresalientes. Aún así Liam Howlett sigue a los teclados y Maxim Reality sigue poseyendo una voz contundente y vigorosa. 

El concierto empezó a saco. Comenzaron con Voodoo People y Omen. La fiesta estaba servida. Firestarter fue muy celebrada, como Poison y Breath, con la que acabaron el set. Smack my bitch up fue el inicio de los bises y fue una absoluta locura. ¡No había manera de no contagiarse de la locura colectiva! Fue un concierto intenso pero algo corto. Una hora y cuarto más o menos.

Al acabar hubo un curioso espectáculo con 150 drones sobre la playa del castillo. No hizo viento y finalmente se pudo llevar a cabo. Estuvo curioso. Supuso mi primer espectáculo de drones.

Pd: Llegué al concierto algo justo, pues regresaba desde Marbella de ver el segundo partido de pretemporada del Málaga CF, contra el Almería. Ganamos 2-1. Fue acabar el partido volando, llegar a casa, cambiarme y Pepi me acercó al recinto. El estrés de espectáculos. Problemas del primer mundo.

viernes, 18 de julio de 2025

Intercambio '25

El día 3 de julio Sofía y Miguel cogieron una avión camino de París. ¡Quién pudiera! La idea era ir a ver a su "familia francesa". Desde hace unos años venimos haciendo intercambios con una familia francesa para que nuestros niños practiquen el francés y ellos, cuando vengan a Málaga, practiquen el español. Más o menos pasan una semana allí y seguidamente una semana aquí.

En esta ocasión ellos marcharon primero. Célia, Alicia, Florent, Magali y Olivier los esperaban allí. Los recogieron en el aeropuerto de Orly, y seguidamente tiraron para Rouen, donde la familia francesa tiene su vivienda. Siempre les tienen preparados un montón de actividades. En esta ocasión visitaron París -algo que no les importa visitar-, hacerse fotos con la Torre Eiffel nunca está de más y como el acuario que está bastante cercano también lo visitaron.

En una especie de centro comercial fueron a una bolera y jugaron a los bolos toda la familia. Estas cosas competitivas a mis hijos les gusta. Tienen el gen competitivo bastante desarrollado. También visitaron el museo de Bellas Artes de Rouen y mandaron algunas fotos de obras impresionantes.

Durante su estancia en Rouen, se daba la casualidad de que el Tour de France, pasaba por allí, así que fueron a verlo pasar. Llevaron hasta una pancarta, y gracias a él Sofía consiguió una camiseta.

Otra de las actividades que se pueden hacer en la Normandía en julio es ir a la playa, pero claro, la playa de allí no tiene mucho que ver con el concepto de playa que tenemos por aquí. Aunque la zona de playa es extensa, parece ser que tenía bastantes piedras, y además el agua estaba congelada, y bueno, es una experiencia distinta. 

Una semana pasa volando, y como a veces no sólo vuela el tiempo, así regresaron Sofía y Miguel acompañados de Alicia, Florent -que venía a nuestra casa por primera vez- y Magali, que quiso venir a acompañarlos.

Los recibimos en el aeropuerto pero como todos juntos somos siete, Pepi y Magali fueron en tren mientras yo llevé los niños a casa y seguidamente fui a recogerlas a la estación. Como llegaron prácticamente a la hora de la cena, decidimos ir a la pizzería cerca de casa. También se unió a nosotros Claudia -la novia de Miguel-.

El primer día era viernes y claro, me toca trabajar, así que bajaron a tomar churros cerca de mi trabajo y así pude unirme a ellos. Miguel tampoco pudo venir porque ya se unió al campus de fútbol donde trabaja como monitos. Luego siguieron hacia el castillo de Fuengirola, por el paseo marítimo e incluso fueron al centro comercial. A la vuelta en casa, Pepi preparó una arroz estupendo. Después de la comida llevamos a Magali al aeropuerto donde regresaría a París y nosotros fuimos con los niños a la playa.

Por la noche fuimos a Rigodón, donde se apuntó Celia, María José y Francisco, también Claudia y el abuelo Felipe, que luego nos invitó a todos a un helado en el paseo marítimo. La luna estaba muy baja, y tenía un color anaranjado precioso. 

Al día siguiente, sábado,  Alicia, Florent, Miguel y Claudia, Sofía e Ignacio junto con Pepi fueron al Parque Acuático. Echaron todo el día. Incluso comieron allí, porque Pepi preparó unos bocadillos estupendos de tortilla de patatas. La cena la hicimo picando en casa porque ya venían muertos de cansancio.

El domingo teníamos previsto visitar el Selwo Marina de Benalmádena. Pepi llevó en el coche a los niños y yo -como no cabíamos todos en el coche- fui en tren y desde la estación andando hasta el parque. Creo que les gustó visitarlo. Los pingüinos y los delfines lo que más. Por la tarde Sofía e Ignacio junto con Alicia y Florent fueron al cine y vieron una película española, y cenaron en el Burger.

El lunes, después de un fin de semana tan intenso, durmieron hasta tarde, Pepi no quiso despertarlos porque no tenían prisa. Comieron en casa y por la tarde fueron a la playa a echar la tarde y hasta la noche porque pidieron pizza a la playa y allí cenaron. Hizo un día de playa estupendo.

La playa cansa mucho. Doy fe. Es curioso, no haces otra cosa que estar tumbado y darte un remojón pero cuando llegas a casa el sol te ha cargado de energía, pero al mismo tiempo te ha dejado tieso. Así que por la mañana descansaron, comimos en casa y por la tarde fuimos de paseo turístico a Málaga. Se apuntaron Ignacio y Claudia y ya éramos un grupo de ocho. Paseamos por el centro, dimos unas cuantas vueltas por Málaga, enseñándoles la zona más monumental y cenamos en Casa Lola que es un sitio que gusta mucho a Pepi, porque a ella lo que más le gusta es picar.

A la mañana siguiente vino Magali. Su vuelo aterrizaba casi a la hora de comer, así que la recogimos y comimos en casa.  Luego por la noche, como era el día del Carmen, cenamos en el chiringuito Rancho Playa y tuvimos tiempo justo después de ver pasar la procesión, y disfrutar la entrada de la Virgen en el mar. Claudia e Ignacio también se apuntaron, y al acabar tomamos un helado. 

El último día de su estancia en casa volvimos a una de las cosas que más ha gustado a Alicia, los churros con chocolate. A mí me tocó trabajar y a Miguel también en el campus, y Sofía alguna clase en casa. Almorzamos en casa y justo después tiramos para el aeropuerto. Fueron unos días intensos y lo pasamos genial. Yo creo que ellos también, es una experiencia que imagino que nunca olvidarán.


lunes, 3 de marzo de 2025

Florencia y Pisa. Día 4

Último día en Florencia. Todo lo bueno se acaba. Mil cosas pendientes aún por ver, pero antes de comenzar una jornada intensa de patear la ciudad, fuimos a desayunar a una cafetería que habíamos visto en la otra esquina de la Chiesa di San Giovannino dei Padri Scolopi, a pocos metros del hotel. Todo estuvo bien, pero nos pareció algo cara. Es lo que tiene ir a desayunar a una cafetería cerca de la Piazza del Duomo, llamada Caffe' Firenze y que añade since 1922. Se veía venir, pero como a veces dice mi padre: por un gustazo, un trancazo.

Tras la clavada del desayuno fuimos al Mercato Centrale donde pudimos comprar algunos de los recuerdos que queríamos traer desde Florencia. Me encantan los mercados.  Trajimos imanes para todos, una sudadera para Sofía, una camiseta de la Fiorentina para Miguel, Pepi además se pilló un bolso que le gustó mucho y yo me traje un delantal. También trajimos unos cantucci, que son unas galletas de almendra típicas de la Toscana que habíamos probado en el hotel de Pisa donde nos pusieron una bolsita en la habitación como obsequio para poder degustarlas. Alrededor del mercado de Florencia hay montados muchos puestos que también venden de todo, hasta el punto en que parece más un bazar que un mercado.

Tras las compras en el mercado nuestra siguiente visita era la Basílica de San Lorenzo, pero en esta ocasión para ver lo que no pudimos ver el día anterior, como la Biblioteca Medicea Laurenciana, una de las bibliotecas más importantes  del mundo, especialmente por el valor de los manuscritos e incunables que conserva. La escalera del vestíbulo y la sala de lectura fueron diseñadas por Miguel Ángel. La sala de lectura es verdaderamente espectacular y el claustro no se queda atrás. Hay una vista estupenda desde el corredor exterior hacia la cúpula de Brunelleschi y el Campanile di Giotto. Aprovechamos el momento para hacernos unas fotos.

Continuamos nuestra visita por la Basílica, en la que dos jóvenes estudiantes de arte, que estaban aprendiendo español, nos mostraron el interior de la Basílica. La sacristía con las tumbas de Juliano y Lorenzo de Medici, con las esculturas de Michelangelo, el Día, la Noche, la Aurora y el Crepúsculo. También nos mostraron la cripta, donde está la tumba de Donatello. Me llamó la atención un fresco, el del Martirio del San Lorenzo, por Agnolo Bronzino (1569). Magnífico. Seguramente restaurado recientemente. Tenía un brillo y una viveza de colores especialmente llamativo. Una de las niñas pintadas en el fresco está mirando fijamente hacia el observador, es tan real que entran ganas de saludarla.

Tras la visita de la Basílica, antes de continuar visitando la ciudad, nos acercamos al hotel para dejar los regalos.  La siguiente parada prevista era el Ponte Vecchio, pero aún antes nos acercamos a la Piazza della Repubblica para contemplar con detenimiento el Arco di Trionfo y la Colonna dell'Abbondanza (columna de la abundancia) que originalmente estaba rematada por una estatua de Donatello hasta que cayó y fue reemplazada. Hoy día hay una réplica. Cuentan que la columna marcaba el centro exacto de la antigua ciudad romana de Florentia. En esta plaza, eminentemente comercial, están todas las marcas de ropa que mi presupuesto no me permite frecuentar.

A pocos metros de la plaza está la famosa Fontana del Porcellino, una fuente de bronce de un jabalí (la original la vimos el día anterior en la Galleria degli Uffizi). Es muy popular en Florencia, y hay una leyenda o tradición popular que si una vez frotado el hocico e introducido una moneda en la boca del jabalí,si al dejarla ésta cae por la rejilla de la pila, entonces volverás a Florencia. A mí me salió a la primera, a Pepi a la segunda. No sé si eso quiere decir que yo tengo más posibilidades de regresar que ella. Hay que añadir que el hocico brilla de lo pulido que está de las miles de monedas que frotan el morro del jabalí continuamente.

Del Ponte Vecchio hay que decir que no parece un puente, es más bien una calle que atraviesa el río Arno. Una calle abarrotada de turistas y tiendas. Paseamos por el puente mirando hacia arriba al Corridoio Vasariano, que es un corredor, o pasillo de aproximadamente 800m, que une el Palazzo Pitti (residencia de los Médici) con el Palazzo Vecchio (lugar de trabajo de los Médici). Habíamos podido visitarlo el día anterior, pero la entrada nos pareció cara y lo dejamos para otra ocasión. Tuvimos que estar atentos para encontrar un hueco para hacernos las fotos al río Arno desde el Ponte Vecchio.

Desde el Ponte Vecchio hasta el Palazzo Pitti no había pérdida. Sólo había de seguir recto. Una vez en la entrada, como no disponíamos de todo el tiempo del mundo, tuvimos que tomar decisiones aunque fueran dolorosas.  El cielo se había abierto a pesar de que se predecían ligeros chubascos y nos pareció acertado aprovechar la bonanza climática y nos animamos por visitar el Giardino di Boboli que tiene fama mundial de jardín renacentista y dejamos la visita al Palazzo para otra ocasión (nunca se sabe). 

Paseamos el Giardino di Boboli prácticamente entero. La visita es libre -no gratuita-, cada cual elige su recorrido, pero comienza junto al obelisco y la Fontana del Carciofo (s. XVII). En ese momento me acordé del estupendo libro de María Belmonte,  El murmullo del agua, de lo que ella comentaba sobre dejarse llevar, de buscar el sol o la sombra según apetezca, de olvidarse del reloj y disfrutar de los sentidos. Así hicimos. Paseamos sin rumbo fijo.

Por el jardín hay distribuidas estatuas de diversos estilos. La más famosa es la Fontana del Nettuno, pero una de las que más me llamó la atención fue una escultura de bronce, moderna, Tindaro screpolato. Un busto con rasgos griegos, de tamaño enorme, agrietado. Me gustó mucho. También me agradó la escultura de Pegasus, el caballo alado.

Pero no todo son esculturas por los jardines donde paseaban los Médicis, también hay grutas y casi que se puede afirmar que es un jardín botánico. Siempre que acudo a un jardín me pesa enormemente no tener suficientes conocimientos en cuestiones de botánica. Me encantaría reconocer los árboles, pero como urbanita que soy, poco puedo distinguir más allá de un limonero y un ciprés. Una pena. 

Rodeamos el Forte di Belvedere hasta la Villa Bardini, ubicada en la colina de Oltrarno, desde donde hay una estupendas vistas panorámicas de la ciudad de Florencia. Los jardines de la villa son también de varios estilos, tiene de especial que es tanto un jardín como un bosque un huerto con frutales. Y, aunque nosotros no pudimos disfrutarlo porque en febrero no florece, posee un espléndida pérgola de glicina. El cielo comenzó a oscurecerse y nos temíamos lo peor.

Descendimos colina abajo en busca de la casa de Galileo Galilei, que está casi a los pies de Oltrarno, aunque no es visitable, pero sirvió como curiosidad para completar nuestro recorrido por la vida del tan eminente figura del renacimiento. Eran más de las tres de la tarde y habíamos dado una buena caminata. Había que reponer fuerzas y para ello cruzamos el río Arno por el Ponte Vecchio dirección Osteria de'Cicalini. En una de las perpendiculares  que unen la Piazza della Signoria y la Piazza del Duomo. Era una recomendación del hotel, y habíamos curioseado por Internet y nos pareció un buen lugar para despedirnos de Florencia. Me pedí un risotto de champiñones y trufa que era una barbaridad. Pepi se pidió unos pici senesi al cacio e pepe. Todo estupendo.

Tocaba ir despidiéndonos de la ciudad de los talentos, pero Pepi no se quiso marchar sin tomar un último helado en Gelatarium, que es una heladería que nos pillaba de camino a hotel. Recogimos nuestras maletas, y nos dirigimos a pie hacia la Stazione Ferroviaria Santa María Novella, donde tomaríamos el tren en dirección a Pisa.

No tuvimos mucho tiempo en Pisa. Cogimos un taxi de la estación hasta el hotel. Soltamos el equipaje en la habitación y salimos para cenar algo, pero antes pasamos por la Piazza dei Miracoli. ¡Qué maravilla! Esta vez sin riesgo de lluvias. Otra vez casi la plaza para nosotros. Cenamos en la Trattoria Toscana. Pepi se pidió pizza y yo unos pappardelle que estaban para chuparse los dedos. De postre un tiramisú.

El viaje llegaba a su fin. Quedaba regresar al hotel, decirle adiós, o mejor un hasta luego a la preciosísima Piazza dei Miracoli. Ducharnos y descansar pues a la mañana siguiente tocaba madrugar, aunque antes disfrutamos de nuevo de un estupendo desayuno en el hotel y seguidamente pedimos un taxi que nos llevara al aeropuerto, donde cogimos un avión que nos trajo de vuelta a casa. Un viaje que seguro que permanecerá por siempre en nuestra memoria. ¡Gracias vida!


sábado, 1 de marzo de 2025

Pisa y Florencia. Día 2

Realmente nuestro viaje comenzaba en este día. El día previo fue, en práctica, para llegar al punto de salida. Así que comenzamos despertando poco antes de las siete de la mañana y tras dejar todo preparado, bajamos al comedor del hotel donde teníamos incluido el desayuno. El salón era precioso y con clase y lo más importante: el desayuno fue estupendo. Muy completo. Si vuelvo a Pisa, volvería al mismo hotel con seguridad.

Regresamos a la Piazza dei Miracoli, que estaba a pocos metros del hotel, pero en esta ocasión con luz de día. Aún estaba nublado, pero nada que ver a lo cerrado de la noche anterior. Como aún era temprano, todavía no habían aparecido ni las excursiones ni el resto de turistas. Pudimos hacer unas fotos magníficas a esa primera hora y tuvimos tiempo de sobra para recorrer el recinto admirando con detenimiento la fascinante belleza de las fachadas románicas. 

Lo primero que visitamos fue el Camposanto monumentale. Este precioso cementerio es en realidad el que ha dado nombre a todos los camposantos en los países católicos, ya que, según cuenta la tradición, la tierra que en él se encuentra la trajeron desde el Gólgota, en Tierra Santa, para enterrar en Pisa como si fuera en tierra santa. Es un cementerio muy particular. Casi no lo parece. Es un edificio de planta rectangular, de una altura y posee un claustro en el centro, de estilo gótico. Hay multitud de sarcófagos y lápidas, muchas de ellas con clara influencia griega y los frescos realizados entre el s. XIV y el s. XV son verdaderamente admirables. Podría haber pasado horas observándolos, pero no disponíamos de tanto tiempo. Había unos cuantos restauradores trabajando en el interior. Sentí envidia de ellos. Entre las maravillosas esculturas que allí se encuentran estaba la de Leonardo Fibonacci, famoso por la sucesión de Fibonacci, o también por la conocida espiral áurea.

Nuestra siguiente visita fue el Battisterio di San Giovanni. Un baptisterio inmenso y al mismo tiempo sencillo. Este inigualable edificio redondo comenzó a construirse en 1152 en estilo románico para acabar en 1363 en estilo gótico. Es un edificio especialmente llamativo por varias razones. Es un edificio alto, más de 50 metros de altura, que para cumplir más de siete siglos no está nada mal. Posee tejas a un lado de la cubierta del lado occidental, y placas de plomo en el lado oriental, supuestamente por falta de presupuesto. Lo que le da un aspecto llamativo. El baptisterio -como la torre campanario- también está inclinado, pero no con tanta inclinación y no es tan evidente a simple vista. En su interior curiosamente encontramos columnas de estilo bizantino. Lo cierto que su belleza parte de ser una mezcla armónica y equilibrada de estilos.

Una de las joyas que ostenta el baptisterio, como es normal, es una pila bautismal del siglo XIII y más valiosa aún es el púlpito pentagonal, con escenas de la vida de Cristo en distintos paneles. Esta obra está considerada por los expertos como el punto de partida del Renacimiento. Es algo casi intimidante encontrarte delante de una obra que ha sido contemplada por muchos de los grandes artistas de la historia. Puedes sentir que estás en el interior de un lugar que ha sido, con seguridad, recorrido por Miguel Angel, Leonardo Da Vinci o Galileo Galilei. Millones de personas han visitado este lugar y estar ahí te convierte en parte de la historia menor de una multitud de paso. Para la historia no serás nada, pero el conjunto de millones de visitantes durante siglos de visitas, en parte, es lo que provoca que ese lugar sea historia.

Cuando estábamos justo en el interior un par de jóvenes que deben estar trabajando para el conjunto monumental cantaron una especie de aria que sonó de maravilla. Habíamos oído hablar de la estupenda acústica del lugar, pero fue una experiencia inolvidable. El sonido se expandía y ampliaba por momentos. Había como un eco apagado, que resonaba sin distorsionar.

Ascendimos al segundo piso desde donde había unas estupenda vistas a la fachada de la catedral, que iba a ser nuestra siguiente visita. La Catedral Santa María Assunta de Pisa, Duomo di Pisa, fue el primer monumento de la Plaza de los Milagros que fue construido. Según parece se costeó con el botín recibido en la victoria contra los musulmanes en Sicilia en 1063. Es tremendamente bella, los mármoles de distintos colores, la geometría simétrica en general, con planta en cruz latina, producen una sensación casi de rendición. Su fachada es tan sumamente bella que uno queda paralizado.

El interior es algo inesperado. Las columnas en primera planta son de mármol gris, en la parte superior parecen de estilo bizantino con reminiscencias islámicas y el techo realizado mediante un artesonado de madera. El púlpito es obra de Giovanni Pisano, y es análogo al del baptisterio vecino, donde hay que destacar que, en este caso, posee la presencia de cariátides. Algunas de las bases de las columnas están apoyadas sobre leones de piedra. Una obra de arte sin duda, pero a mi juicio un poco abuso del collage también.

Salimos con la intención de visitar la torre campanario, más conocida como la torre inclinada de Pisa. No hay mucho que contar sobre ella que no esté a un golpe de clic en nuestros navegadores. A mí me pareció -como ya he contado- mucho más grande e inclinada de lo que la esperaba. Decidimos no ascender, porque teníamos que esperar un buen rato, y bueno, porque no nos apetecía. Tampoco pensamos que nos aportaría mucho, aparte de cansancio.

Abandonamos la piazza dei miracoli en dirección a la Piazza dei Cavalieri, pero antes nos cruzamos con la sencilla y sobria Chiesa di San Sisto. Pepi dijo que era un sitio muy especial y que le parecía ideal para una boda. Sí que lo era. 

La Piazza dei Cavalieri es una de las plazas más importantes de Pisa, durante mucho tiempo ha simbolizado el poder civil, frente al poder religioso de la Piazza dei Miracoli. Es una plaza algo deslavazada e irregular, de estilo renacentista y dominando la plaza está la estatua de Cosimo I de Médici. En la plaza se encuentra la torre de la Muda, en el palacio del reloj, donde se desarrolla un episodio del Inferno de Dante. Ya ven que es una plaza muy literaria. La abandonamos pasando por delante de la fachada de la Chiesa di Santo Stefano dei Cavalieri.

Continuamos nuestra visita por Pisa intentando perdernos por sus calles. Cada pocos pasos encontramos algún detalle que nos llamaba la atención. Encontramos la Torre del Campano, una torre del siglo XIII, famosa por la campana que indicaba las horas a los universitarios. En la Piazza delle Vettovaglie había montado una especie de rastro. La cruzamos y desembocamos en el río Arno por la Piazza Garibaldi, donde está, algo descentrada, la escultura de Giuseppe Garibaldi, frente al Ponte di Mezzo. No lo cruzamos en ese momento, decidimos continuar por la ribera del Arno, hacia el Ponte Solferino, desde donde habíamos leído que estaban las mejores panorámicas del río a su paso por Pisa. 

También al cruzar ese puente pudimos admirar la Chiesa di Santa Maria della Spina, que a simple vista parecía el un sarcófago de un ser gigante. No se podía visitar, ni siquiera se podía adivinar su interior, pero el exterior era suficiente para que la caminata valiera la pena. Continuamos hasta la Piazza XX Settembre, al otro lado del Ponte di Mezzo, y ascendimos por Corso Italia,  que es una arteria vertebral de la ciudad de Pisa. Cualquier cosa que busques comprar en esta ciudad, está en esta calle. Desembocamos en Piazza Vittorio Emanuele II, donde justo al lado está el mural de Keith Haring, Tuttomondo. Al otro lado de la piazza está la estación de trenes, desde en un rato partiríamos hacia Florencia. No muy lejos de allí, aunque al otro lado del Arno, en la Piazza della Repubblica, yo tenía anotado que estaba la Casa Ammannati, casa natal de Galileo Galilei, el 15 de febrero de  1564. Nos acercamos a verla.

Antes de regresar al hotel para coger las maletas de camino a la estación de trenes, recorrimos una de las calles más bellas de Pisa, Via Borgo Stretto, donde además pude fotografiarme junto a la estatua de Galileo Galilei. Me hacía ilusión. Siempre he sentido atracción por este eminente hombre del Renacimiento. A él debemos el telescopio y es considerado como el padre de la astronomía moderna y también de la física, por lo que tuvo sus enfrentamientos con la Inquisición por apoyar, con una base empírica, el modelo heliocéntrico de Copérnico.

Desde la estación ferroviaria de Pisa Centrale tomamos el tren que nos llevaba a Florencia, donde cargados con las maletas fuimos andando desde la estación hasta nuestro hotel. Un B&B HomEdo Florencia, que a Pepi le encantó. La verdad es que la habitación era enorme, estaba muy céntrica y cumplía perfectamente todo lo que le pedíamos a una habitación. Me gustaría apuntar que el techo de nuestra habitación era un fresco de dos ángeles sosteniendo una guirnalda de flores. Precioso.

Eran más de las tres de la tarde y no habíamos almorzado nada. Nos decidimos por un lugar cercano al hotel que habíamos leído que era popular en la Toscana, All'antico Vinaio, que servían, a buen precio, unos bocadillos con un pan especial hecho por ellos, que era una especie de mezcla entre pan crujiente y pizza. Tenían muchos ingredientes a elegir, a cada cual más suculento. No recuerdo con exactitud lo que pedí, ¿sbriciolona?, pero era una especie de salchichón que, la verdad, estaba muy rico pero me costó tragarlo a causa de mi estrechamiento esofágico. Ya saben, cosas de la edad.  Para terminar de pasarlo en su descenso al estómago tomamos en la gelateria Carabe un estupendo helado para llevar.

No nos pudimos entretener mucho porque habíamos quedado para iniciar una visita turística guiada por el centro de Florencia. La visita comenzó en la Piazza di San Lorenzo y fue la primera visita que hicimos con auriculares, ya que, por lo visto, los florentinos están hartos de tener que escuchar a guías turísticos dando gritos por sus calles. Así que te colocas unos auriculares, un receptor, y el guía lleva un micrófono conectado a un emisor, y así, fuimos realizando la visita turística. 

Tras una introducción histórica y ponernos en contexto iniciamos nuestro caminar por vía Borgo San Lorenzo donde nos explicó lo que eran las buchette del vino, o ventanas del vino, que era una tradición que se había perdido pero que el Covid había vuelto a poner "de moda".  La siguiente parada era una de esas paradas inigualables, la Piazza del Duomo, o de la Cattedrale di Santa Maria del Fiore, junto a su Battistero di San Giovanni. Lo cierto es que es impresionante. La Cúpula Brunelleschi desde fuera es algo incomparable, imponente. El Campanile di Giotto, revestido de mármol, las tres edificaciones parecen vestidas a juego, es algo que te deja sin palabras. Era mi primera vez, y no se me olvidará nunca. 

Abandonamos la vista del Duomo por Via Roma hacia Piazza della Repubblica, donde rebosaba vida, en un lateral lucía un precioso tiovivo, y las cafeterías eran elegantes y con bastante gentío. Apetecía sentarse a tomar un café, pero la visita debía continuar. Tras una breve explicación de la piazza continuamos por Via dei Cerchi en su cruce con Via Dante Alighieri, donde supuestamente vivió Dante, el poeta supremo, en el corazón de la Florencia medieval. Hay un Museo Casa de Dante, que esos días estaba cerrado por reforma.

Estaba anocheciendo y aunque el tiempo era fresco, la lluvia parecía que nos iba a respetar. Nos acercamos a la Piazza di San Firenze, donde está el Museo Nazionale del Bargello, allí hicimos una parada técnica de avituallamiento. Comprendes que las piazza tienen mucha historia a sus espaldas cuando su forma es casi siempre irregular y sus edificios históricos. Las tiendas estaban cerrando y se podía comprobar que mucha gente estaba huyendo a sus hogares empujados por un posible aguacero por llegar. 

Accedimos al Palazzo Vecchio (Palacio Viejo), por el lateral, para admirar los tres patios de la planta baja. Los patios son de un esplendor arquitectónico sobresaliente. En ellos hay repartidos fuentes, esculturas y las bóvedas de los soportales están decoradas con escenas de distintos motivos como el enlace de Francesco I de Médici y Juana de Austria en 1565. Los pilares del segundo patio eran enormes, para sostener el peso del Salón del Cinquecento. 

Abandonamos los patios del Palazzo Vecchio directamente a la Piazza della Signoria, que es un auténtico museo al aire libre. Lo primero que a uno le llama la atención, nada más salir a la derecha, es el David de Miguel Ángel, que en realidad es una copia exacta pero en la ubicación original que tuvo la escultura tal y como Miguel Ángel la pensó. Justo en paralelo, pero al otro lado de la preciosa puerta del Palazzo Vecchio, está la escultura de Hércules y Caco.  A la izquierda del Palazzo está la Logia, o pórtico de la Señoría. Bajo su pórtico encontramos, entre otras, las esculturas de Perseo con la cabeza de Medusa y el Rapto de las Sabinas.

En la plaza además encontramos la voluptuosa Fuente de Neptuno  y una escultura en bronce ecuestre de Cosme I de Médici. Hay más esculturas pero estas son las que más me llamaron la atención en una primera visita nocturna. Una característica principal de la Piazza es la torre almenada del siglo XIV, que es uno de los símbolos emblemáticos de la ciudad. Es una torre muy particular, con una balconada y un reloj, aparte de un mirador. Según los últimos descubrimientos arqueológicos se estima que los inicios de esta plaza se remontan a la época del emperador Adriano, que no es poca cosa. Si no es de las plazas más bellas que he visto, sí es la más artística.

Ya era noche cerrada y llevábamos despiertos desde muy temprano, pero antes cenar y de irnos de vuelta al hotel quisimos acercarnos a ver los exteriores de la Gallerie degli Uffizi, donde pudimos ver algunas de las esculturas de personajes como la de Niccolo Macchiavelli, Michelangelo Buonarroti, Petrarca, Leonardo Da Vinci o Dante Allighieri. Al final de la Piazzale degli Uffizi hay una balconada con vistas al río Arno y al Ponte Vecchio. Algunas fotos nos hicimos allí.

De camino al hotel, en la Piazza del Mercato Nuovo nos detuvimos frente al restaurante Mammamia! Nos hizo gracia porque en Fuengirola, desde hace muchos años, solemos ir a uno que se llama O Mamma Mia. Así que entramos y la verdad es que no estuvo nada mal. Me comí unos pappardelle su crema di burrata e pomodoro datterini que estaban riquísimos. De camino al hotel pasamos de nuevo por la Piazza del Duomo y le dimos la vuelta completa a la Cattedrale. Apenas quedaba gente en la calle ya a esas horas. Fue un paseo inolvidable.

Una vez duchado y acostado en la cama, con el bello fresco de los ángeles en el techo, fue complicado concentrarse en la lectura, pero dormí como si estuviera un poco más cerca del cielo.