viernes, 25 de febrero de 2022

Nacho Vegas en el Teatro Albéniz

Siempre me ha parecido Nacho Vegas un compositor interesante, capaz de hacerme reír y llorar con sus canciones. Triste e irónico, reivindicativo y tierno a partes iguales, a veces señor, a veces sinvergüenza. Un cantante lleno de contradicciones y a la vez coherente como pocos. Todo esto recubierto por un sentido musical elegante y sobrio. A mi juicio mejor letrista que cantante, pero con una personalidad en la voz que lo viste de un carácter propio muy reconocible.

De manera que cuando supe que su gira hacía parada en Málaga, y además en una sala tan coqueta como la Sala Albéniz de Málaga, no quise perdérmelo. Además, su último disco es en mi opinión uno de sus mejores álbumes.

El cantautor asturiano se presentó sobre las tablas del teatro elegantemente vestido para presentar su disco Mundo inmóviles derrumbándose, en una especie de catarsis personal, para levantarse el ánimo en plena pandemia. Un disco algo más catastrofista y triste de lo que a él le suele salir, pero con canciones tan íntimas y personales como Ramón In o El mundo en torno a ti.

Cantó una versión de la fabulosa canción Summer's End de John Prine en asturiano, que sonó a gloria.

Mi amigo Miguel y yo disfrutamos de un estupendo concierto de Nacho Vegas acompañado por una estupenda banda de músicos desde nuestras butacas del Teatro Albéniz. Después también tuvimos tiempo para disfrutar de una jugosa cena.

 

miércoles, 23 de febrero de 2022

Mark Lanegan, descanse en paz

Un 22 de febrero se nos fue Mark Lanegan. Un tweet en su cuenta nos heló el corazón. Una mañana de un martes. Cincuenta y siete años. En su casa de Killarney, en Irlanda. Poco más se sabe, poco más que ya importe.

Tuve la suerte de verle en directo, de poder estrechar su mano, de intercambiar unas pocas palabras con él, además de arrancarle una sonrisa tras el concierto. Eso fue lo poco que yo le di, por lo mucho que él me regaló.

De entre todos mis recuerdos sobresale el Bleeding Muddy Water en el Gran Teatro de Elche. Fue una experiencia casi mística. La sala estaba casi en completa oscuridad cuando la canción comenzó con su ritmo contundente y persistente, la voz áspera y tenebrosa del cantante más turbio y sombrío que haya dado la música, recitaba un sortilegio, una súplica, un ruego. El hechizo comenzó. Nos envolvió bajo su manto cálido de profundo eco. La música continuaba con su ensalmo, su voz desplegaba un rumor en la sala, nadie era indiferente a lo que estaba ocurriendo. Hubo una especie de alboroto, todos nos acomodamos en nuestras butacas, inquietos, algo estaba ocurriendo, algo se agitaba entre nosotros y nos rodeaba, nos cubría, entraba en nuestros cuerpos y nos elevaba. Flotábamos. La embriaguez de la música nos había inyectado el veneno de la emoción. Seducidos de excitación, continuamos hasta que la música cesó, entonces todos despertamos y rompimos a aplaudir. Lanegan sonrió, nos había infectado con su música de por vida. Y lo sabía.

Tras el concierto, con unas cervezas de por medio con los amigos, comentamos que conociendo parte de su pasado era un milagro que estuviera vivo. Poder verlo en directo fue una de las suertes de la vida. Ahora ya no está, pero me queda el consuelo de que siempre nos quedará su voz.

domingo, 13 de febrero de 2022

Toundra & Plastic Woods en La Trinchera

Algo más de dos años después del anterior concierto de Toundra en Málaga, regresaron de nuevo a La Trinchera, la misma sala donde vinieron la vez anterior, con su rock contundente, sus potentes riffs  y sus punteos casi sinfónicos que me tienen bien atrapado en su discografía.

Justo antes de Toundra tocaron Plastic Woods, que hicieron las veces de teloneros,  y aunque no soy muy flamenco cuando de rock se trata, fueron una banda estupenda para ir calentando motores. Además, acabábamos de llenar la panza en un local de hamburgueserías gourmet que hay relativamente cerca, Tundra. La casualidad 

Toundra venían a presentar lo que suponía su último disco, Hex, pero que todavía no se había publicado, por lo que tocaron solamente un par de adelantos del nuevo disco. Nos colocamos cerca de la barra, pero lo bastante centrados para poder disfrutar de un sonido fabuloso, porque así es como sonaron. 

Comenzaron la actuación con una intro y, como se suele decir, agarrando al toro por los cuernos, arrancaron con su primer single, El Odio, Parte I y después fueron salpicando la actuación con la mayoría de sus grandes temas como Tuareg, Bizancio, Kitsune, Zanzibar, Cobra -mi favorita- o Cielo Negro. Un bolazo.

Como si de por sí todo esto no fuese ya una excelente recompensa, tuve la fortuna de poder traerme la púa con la que Macón tocó todo el concierto y también el setlist. A buen recaudo que están.


martes, 8 de febrero de 2022

Esther García Llovet

Vino Esther García Llovet a Málaga, al ciclo que organiza el Centro Cultural La Malagueta, para presentar su último libro, Spanish Beauty. Yo tenía por casa Cómo dejar de escribir, una novela anterior suya que compré un par de años antes y por la falta de tiempo o mi distraída y desordenada forma de leer, no había leído aún. De manera que al enterarme del encuentro literario, decidí leer el libro, para poder ir con los deberes medio hechos.  

Fue una charla muy entretenida y personal, en la que, además de su última novela, nos habló de su particular método de trabajo, su forma de ir avanzando en la escritura, sus momentos de inspiración y la actual conexión que hay entre sus novelas y el cine. 

Pero también nos contó de sus recuerdos de niñez, de sus veranos en Fuengirola, y de su relación a distancia con Málaga, pues aunque nació en la ciudad costasoleña, muy pronto se fue a Madrid. Cómo ella se ha ido dando cuenta que el mar ha estado presente en todas sus novelas, por lo que ella cree la reminiscencia de su niñez. 

Al final de la charla, en el momento de la firma, pude hablar con ella, y cuando le dije que era de Fuengirola me preguntó sobre recuerdos que tenía de lugares de su niñez. También le dije que a pesar de que su libro Cómo dejar de escribir es un libro lleno de palabras, para mí, estaba lleno de silencio. 



domingo, 16 de enero de 2022

El sifonier y el sillón

Es más que posible que ninguna de las entradas que escribo en este blog sean necesarias, de hecho, son quizás todo lo contrario, una forma como otra cualquiera de ocupar mi tiempo haciendo algo que me guste, y también de dar rienda suelta a estas ganas expansivas y sin freno que tengo de comunicarme.

Quizás es porque en mi trabajo paso mucho tiempo callado, a solas, y como no existe nadie capaz de tirarse todo el rato escuchando las cosas que se me ocurren, pues de esta forma alivio en cierta manera ese hueco que pueda sentir.

El caso es que venía a contar algo que no interesa a nadie, pero como cualquiera puede de dejar de leer en cualquier momento, me siento liberado de ser un pesado aburrimiento. A lo que iba, el asunto es que hace unas noches me desperté con ganas de ir al baño -algo que ocurre a veces- y me levanté de la cama cual mamífero tropical perezoso en dirección al inodoro. A oscuras y en silencio, tocando las paredes que sirven de norte y guía, cuidadosamente. Tratando de no despertar a la reina que comparte mi lecho. Lo conseguí.

La desgracia ocurrió una vez saciada la necesidad urinaria. En el oscuro camino de vuelta, insuflado por la confianza tras el éxito en la ida, caminando más ligero de lo que la prudencia aconsejara, fui directo y determinado de regreso a la cama, con la mala pata de que fui sin querer a apoyar el pie sobre un inesperado zapato, -mío para más inri-, que estaba completamente desaparecido de la superficie mental de mi camino de vuelta. En una reacción inmediata, para evitar doblarme el tobillo al apoyar el peso sobre un zapato ladeado y la consiguiente caída, estiré el pie buscando un nuevo apoyo, considerando que sería mejor que caer, pero con mis somnolientos reflejos madrugadores, encontré de lleno y de pico y con enérgica contundencia la esquina del sifonier, que debe ser, desde ese preciso momento, el lugar que más odio a este lado del universo.

No sé si me he partido el dedo chico del pie, que fue el que recibió la castaña de lleno, o tengo una fisura, pero el dedo aparte de estar hinchado como un pez globo, y con un llamativo color violáceo, veo las estrellas cada vez que doy tres pasos. De hecho, creo que en mis cortos caminos estoy aprendiendo a blasfemar en arameo.

Así que últimamente paso la mayoría del tiempo en mi sillón de lectura, con la pierna en alto, que no sé si sirve de algo, pero a mí me da la sensación de que es la posición que hay que colocar el pie. No he ido al médico porque soy muy trabajoso para ir a urgencias. Así soy yo, es lo que hay.

Pd: Pepi no tuvo más remedio que despertarse cuando escuchó cómo sapos y culebras abandonaban mi cuerpo por todos lados menos por la boca, que la apreté más de lo que ahora parece que me aprietan mis zapatos más holgados.

 

sábado, 15 de enero de 2022

Anfitrión de Molière

En este año, como regalo de Reyes a mi hermano y a Anita les entregamos Pepi y yo un par de entradas para acompañarnos al Teatro Cervantes de Málaga a ver una obra incluida en el Festival de Teatro. Entre la amplia variedad de obras, elegimos una de teatro clásico que cuadraba con los distintos calendarios de los cuatro. Una adaptación de la comedia Anfitrión de Molière, que a su vez -según leo- era una adaptación de una obra de Plauto. 

Los actores del reparto eran: Pepón Nieto, Toni Acosta, Fele Martínez, José Troncoso, Dani Muriel y María Ordóñez. ¡Ahí es nada! Lo cierto es que lo pasamos genial, y aunque al principio costó adaptarse a la velocidad del texto (quizás algo excesivo), poco a poco, fuimos cayendo en el juego de duplicidad, en el que las cosas son más lo que parecen que lo que son, y más reales en nuestra imaginación que delante de un espejo. Un divertido juego con un guion redondo y tremendamente entretenido.

Después de disfrutar de la obra no quedaba más remedio que ir a pasear por el centro de Málaga, comer algo y charlar un buen rato, en estupenda compañía. Pasear por el centro de Málaga siempre es una delicia.


viernes, 7 de enero de 2022

Las Navidades son familiares

Las Navidades son familiares, quizás excesivamente familiares, pero en la nuestra, desde que mi madre se nos fue un preciso día de Navidad, lo son aún más. Ahora tienen añadido un sentimiento nostálgico. Siempre está presente en nuestros recuerdos pero esos días lo está de una forma casi fantasmal. Como si la viéramos, como si nos estuviera acompañando casi presencialmente. La sugestión supongo o ese algo espiritual tan personal que todos tenemos en nuestro interior. Yo, al menos, lo siento así.

El asunto es que en el día de Nochebuena nos juntamos en casa de mi hermano y Anita, con sus perros, mi padre, mis niños, mi mujer, en definitiva, rodearte de seres queridos y disfrutar juntos de los estupendos manjares que los anfitriones siempre disponen delante de nuestro ojos. Un año es en casa de mi hermano, el otro, en mi casa, así vamos rotando. Un año somos anfitriones al otro comensales.

Al día siguiente, en Navidad, solemos juntarnos aún más, porque la familia de mi mujer es una familia más larga, sin perros pero con muchos más niños, que son siempre una distracción risueña.

Días más tarde, para el fin del año, lo normal es que vayamos a algún hotel a tomar las uvas, y ya, de camino, pues a pasarlo lo mejor que podamos. A despedir el año y a darle la bienvenida a ser posible en compañía de familiares y amigos.

Este año aún con la pandemia pudimos juntarnos, y fuimos a Mengíbar, al Palacio de Mengíbar, y allí, con las medidas establecidas, las mascarillas y las distancias sociales, pudimos reunirnos a celebrar la fiesta de fin de año. Tomamos uvas, brindamos con champán y nos reímos con el cotillón. Todo muy divertido.

Ya que estábamos cerca de Baeza y de Úbeda nos acercamos a visitarlas. La idea era ir a la Taberna el Pájaro en la Plaza de la Constitución de Baeza, que ya habíamos estado con anterioridad, pero estaba cerrado de manera que fuimos a la Taberna Casa Andrés, en la misma localidad, que nos gustó mucho también. Siempre es buena cosa conocer sitios nuevos. Desde allí fuimos a Úbeda directos a la Plaza Vázquez de Molina, donde está ubicado el extraordinario Parador Nacional de Úbeda, ocupando un singular palacio del siglo XVI. En la misma plaza está el Ayuntamiento y en un extremo la Sacra Capilla del Salvador. El conjunto es verdaderamente extraordinario.

Siempre que voy a Úbeda me acuerdo de Muñoz Molina, y de la Sierra de Mágina, y de la huerta de su padre, de los olivos y de cómo le estreché la mano no hace mucho con algo de nervios, por no querer estropear nada, no dañar la mano que tan bien escribe, una mano de periodista, de novelista, de escritor o del que recorta titulares de prensa para luego mezclarlos a ver qué sale, qué idea azarosa puede ser el germen de una frase, un párrafo o incluso una novela o un artículo y mi mente, nunca mejor dicho, se iba por los cerros de Úbeda.

sábado, 11 de diciembre de 2021

Atardeceres, castañas y abrazos

Hay una época del año en la que los atardeceres parecen querer decirnos algo. Como si quisieran adueñarse del pensamiento de todos, como si nos colocara el dedo delante de los labios para pedir silencio, para que nos detengamos y simplemente observemos y contemplemos su estampa. Una pausa obligatoria.
Uno de esos días la luz sonrojada entraba anchamente por el balcón de casa inundando el salón y Sofía, mi hija, vino a preguntarme si me había dado cuenta del atardecer que estaba teniendo lugar.

La anaranjada claridad del día parecía teñir el mármol blanquecino del salón. Nos asomamos al balcón, pero con la cercanía de los bloques de viviendas de los alrededores no se podía disfrutar con total amplitud de la vista, así que decidimos subir a la azotea del edificio, desde allí se podía disfrutar de extensas vistas. Nos abrazamos mientras disfrutábamos del espectáculo.

A veces la perfección en la vida no es más que vivir sencillamente,  Un cielo como un cuadro de Munch, el olor a castañas asadas en un noviembre tibio, los brazos de mi hija abrazándome, beber el agua fresca cuando se está sediento... la simpleza de lo esencial es también la felicidad instantánea.





martes, 7 de diciembre de 2021

Cala Vento en la Sala Theatro

Al día siguiente de ver a The Kleejoss Band en el Louie Louie de Estepona tocaba ver a Cala Vento en el Theatro Club de Málaga en su gira Fin de Ciclo 2. Las cosas suceden así y así hay que tomarlas, como vienen. Pueden pasar largos y callados meses sin música en directo, y de repente tener dos concierto dos días consecutivos. ¡Y con suerte! Porque también me ha pasado que se han pisado dos conciertos en el mismo día y al final toca la ingrata situación de tener que elegir uno.

Un par de años antes, sólo unos pocos meses antes del inicio de la pandemia, pude ver a la banda catalana en el mismo local. Ahora todo había cambiado. El uso de mascarillas era obligatorio y todos acudíamos con la mosca detrás de la oreja. Aún así la sala estaba completa y el dúo ofreció un concierto con la misma intensidad que un par de años antes.

Llegaban con unos pocos singles bajo el brazo, igual de frescos y espontáneos. Por un lado estaba el encorsetamiento persistente general de los conciertos con mascarillas y por otro las ganas de gritar y sentirse libre por fin. Una especie de explosión contenida o de un estático alboroto. Una cosa rara. Yo lo disfruté, aunque durante varios días tuve la mosca detrás de la oreja con algunos síntomas compatibles con la Covid.


lunes, 6 de diciembre de 2021

The Kleejoss Band en Estepona

Una vez más el Louie Louie se trajo a la banda zaragozana The Kleejoss Band, una de mis bandas nacionales favoritas. Venían a presentar su último disco, Maleza, en el que han decidido dar un brusco giro a su esencia. Se la jugaron dejando a un lado sus letras en inglés y publicaron un disco íntegramente en castellano. En principio a mí la idea no me ilusionaba, pero una vez escuchado el disco, la verdad, es que les doy la enhorabuena una vez más.  El resultado es más que sobresaliente.

No sé si porque mis conocimientos de inglés son limitados pero las letras del disco han aportado un peso añadido a las canciones. Siguen siendo ellos, suenan tal y como son, pero ahora con letras en cristiano. El álbum podría estar en las listas de éxitos de rock, al menos a mi juicio debería estarlo, pero caprichos de la mercadotecnia y mil factores más no lo está. Hay cosas que no se entienden.

En directo son excepcionales. Nunca defraudan. En el Louie Louie presentaron el disco, casi tocando todas sus canciones y añadieron algunos de sus éxitos de discos anteriores. Además interpretaron una estupenda versión de One Big Holiday de My Morning Jacket. Me quedé con ganas de que tocaran River Sound Unleashed, que es probablemente mi tema favorito, y que aunque estaba en el setlist no la tocaron. Una pena.

Ojalá vuelvan pronto, y si es posible con un disco debajo del brazo, y si no, no importa, lo importante es que vuelvan.

martes, 30 de noviembre de 2021

Lorenzo Silva en Fuengirola

Vino Lorenzo Silva a Fuengirola sin libro que presentar, aunque en sus espaldas hay una amplia lista de novelas. La verdadera lectora de su obra en casa es mi mujer, que es una catedrática de la literatura criminal, una profesional de novela policiaca, capaz de oler la sangre varias páginas antes de que se haya derramado. Con un olfato de sabueso para descartar pistas y especialmente acertado a la hora de desenmascarar asesinos, verdugos o defraudadores de almas que ya quisieran para sí los mejores detectives de la literatura mundial.

De entre todos estos virtuosos de agarrar por el hombro a sospechosos de quitar de en medio a víctimas inocentes, unos de sus favoritos son la pareja de guardias civiles Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro, personajes creados por Lorenzo Silva, que a lo largo de una larga serie de novelas han ido creciendo como pareja. Pareja de guardias civiles, no nos vayamos a confundir.

Yo acudí a la entrevista a Lorenzo Silva con el único libro que me he leído suyo, para que me lo dedicara, pero sobre todo para escucharle hablar. Lorenzo Silva es un orador excepcional, de estas personas que da gusto escuchar, no sólo porque hile perfectamente sus frases, no sólo porque utilice un vocabulario acertado a la vez que juguetón, sino porque -aparte de su estupenda voz- tiene cosas interesantes que contar. Un maestro de la conversación.