martes, 30 de noviembre de 2021

Lorenzo Silva en Fuengirola

Vino Lorenzo Silva a Fuengirola sin libro que presentar, aunque en sus espaldas hay una amplia lista de novelas. La verdadera lectora de su obra en casa es mi mujer, que es una catedrática de la literatura criminal, una profesional de novela policiaca, capaz de oler la sangre varias páginas antes de que se haya derramado. Con un olfato de sabueso para descartar pistas y especialmente acertado a la hora de desenmascarar asesinos, verdugos o defraudadores de almas que ya quisieran para sí los mejores detectives de la literatura mundial.

De entre todos estos virtuosos de agarrar por el hombro a sospechosos de quitar de en medio a víctimas inocentes, unos de sus favoritos son la pareja de guardias civiles Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro, personajes creados por Lorenzo Silva, que a lo largo de una larga serie de novelas han ido creciendo como pareja. Pareja de guardias civiles, no nos vayamos a confundir.

Yo acudí a la entrevista a Lorenzo Silva con el único libro que me he leído suyo, para que me lo dedicara, pero sobre todo para escucharle hablar. Lorenzo Silva es un orador excepcional, de estas personas que da gusto escuchar, no sólo porque hile perfectamente sus frases, no sólo porque utilice un vocabulario acertado a la vez que juguetón, sino porque -aparte de su estupenda voz- tiene cosas interesantes que contar. Un maestro de la conversación. 


sábado, 27 de noviembre de 2021

Pinball Wizard & VA Rocks en el Louie Louie

Noviembre llegaba a su fin pero aún nos tenía reservada una grata sorpresa y es que en el Louie Louie Rock Bat habían montado una buena fiesta con la participación de dos bandas de rock en la misma noche. Por un lado la banda sevillana Pinball Wizard  y por otro, desde Suecia, VARocks.  Ambas bandas de rock con cantantes femeninas

En torno a las once de la noche actuaron Pinball Wizard -que si no lo sabéis es el nombre de una magnífica canción de The Who-. La cantante de Pinball Wizard tiene nombre de ciudad, Memphis, y una voz vigorosa y tan potente como su directo. 

Entraron al escenario con la música de fondo de New York, New York interpretada por Frank Sinatra y comenzaron con la contundente Come With Me y seguidamente con The New Generation. Dos bombas de hard rock. El guitarrista, Joey Deadcat, en ocasiones me recordaba con su forma de tocar a los Black Crowes, pero en ocasiones sonaban a rock sólido, más cercano al clásico hard rock que al southern rock. En cualquier caso la mezcla dotaba a su música de un sabor diferente.

Durante la actuación de Pinball Wizard, la cantante de VARocks, Ida, subió a compartir escenario y las dos cantantes interpretaron juntas una versión de la canción de ABBA, Dancing Queen. Quedó muy divertido, la verdad. Después el concierto continuó desgranando muchas de sus canciones y alguna versión, como la que hicieron de Sweet Home Chicago de los Blues Brothers, que la cantó el descamisado guitarrista Joey. Terminaron su actuación con la poderosa We Will Burn. 

Seguidamente, tras un breve descanso para ir a visitar el baño y pillar una cerveza bien fría regresaron VaRocks al escenario. La banda sueca tiene un sonido más cercano a lo que conocemos como punk rock, aunque también tiene temas melódicos. Pero comenzaron con No More Fucks to Give seguida de I Wanna Be Your Captain sin descanso.

La cantante, Ida, es un verdadero terremoto, todo nervio, no paraba, iba de aquí para allá con su larga melena rubia contagiando ánimo a todos los allí presentes. Tiene más energía ella sola que todos los que estábamos allí presentes. Levantaba la pierna dando una patada al aire como su una karateca experimentada estuviera dando un curso sobre el escenario. Bajó al piso, se subió en la barra, bailaba, y todo esto mientras tocaba la guitarra y cantaba.

El batería que las acompañaba para esta gira española era un auténtico animal tocando la batería, se hizo un solo de batería cargado de fuerza y técnica. Un lujo y una barbaridad. Incluso se dieron el detalle de tocar una versión del maravilloso tema Rock and Roll de Led Zeppelin que les quedó maravillosa.

Ida posee esa voz potente y rasgada que me recuerdan a las hermanas Wilson cantantes de Heart, que tiene la versatilidad de poder interpretar tanto baladas como temas punk, como las versión de Attitude que realizaron de los Misfits. 

Una buena noche de rock con acento femenino.

lunes, 22 de noviembre de 2021

En DAK Burger por fin

Habíamos intentado ir a DAK Burger en más de una ocasión. Cuando no era porque uno de nosotros no podía era por el otro al que le era imposible, siempre había un partido de fútbol, o una actividad que impedía que pudiéramos ir a probar las suculentas hamburguesas. Se nos hizo complicado. En un par de ocasiones resultó que estaba lleno, o el horario que nos ofrecían no nos cuadraba, otra vez hacía mal tiempo, y alrededor de todo estaba la Covid y los confinamientos relativos a ella.  Pero finalmente, tras muchos intentos, pudimos ir.

No pude acabarme la hamburguesa, y es algo que me da mucho coraje, porque me gusta comerme lo que me pido. O las hacen más chicas -cosa que espero que no ocurra- o me pido una más pequeña, que es lo que debería hacer. Teniendo en cuenta que no soy muy partidario de las hamburguesas, y que no suelo pedirlas en carta casi nunca, la verdad es que tuve bastantes dificultades para elegir. De hecho creo que cada uno de los cuatro pidió una distinta. Y la verdad es que cualquiera de ellas me hubiera gustado.

No es barato, peor tampoco es caro, está muy cerca de tener un precio justo. Cuidan los ingredientes, se esfuerzan por ofrecer variedad y también un producto distinto. La variedad de salsas es sorprendente, y tienen cerveza propia y una grandísima variedad de marcas, un buen sito para degustar cervezas. Sin duda repetiremos.


sábado, 20 de noviembre de 2021

¿Qué me quieres amor? - Manuel Rivas

Con la entrada anterior me he dado cuenta que no estoy publicando entradas de los libros que leo, o no de todos. La idea no era, en principio, publicar una entrada de cada libro que leo, sino de hacerlo de aquellos que por la razón que fuese, me apetecía escribir. Normalmente suelo acercarme a este blog con la intención de hablar bien, que para hablar mal ya está Twitter y el resto del mundo.

El caso es que hace unos días acabé un libro maravilloso de Manuel Rivas, ¿Qué me quieres amor? El libro fue un regalo de un compañero de trabajo a mi mujer. Desde que lo vi me atrajo, pero estuvo por ahí por casa dando vueltas hasta que finalmente le llegó el día. 

El libro original se publicó  por 1995, aunque la edición que teníamos por casa era de una edición de bolsillo del año 2000. Es una colección de relatos en distintos estilos con todo tipo de temática, aunque el amor está presente en todos ellos.  Ganó el Premio Nacional de Narrativa del año siguiente. El segundo relato, La lengua de las mariposas, es el punto de partida de la maravillosa película aptada por José Luis Cuerda en 1999.

Me lo leí como si bebiera horchata.


jueves, 18 de noviembre de 2021

Jesús Carrasco en Fuengirola

Apenas unos días después de haber podido asistir a los diálogos entre los escritores Guillermo Busutil y Antonio Muñoz Molina vino a Fuengirola a ofrecer una charla Jesús Carrasco, en una serie de actividades organizadas por el Ayuntamiento y las red de Bibliotecas de Fuengirola, que titularon Encuentros con autores.

La primera novela de Jesús Carrasco, Intemperie, me marcó. Me gustó muchísimo y la recomendé a todo aquel que me preguntaba. Había leído algo en prensa, y en una de mis esporádicas visitas a la biblioteca me lo llevé. Un acierto.

Su siguiente novela, La tierra que pisamos, me la compré al poco de publicarse, tras el empuje que se había ganado con Intemperie. Pero no la leí instantáneamente. Estuvo bastante tiempo en la estantería antes de que le echara un ojo. Había leído que era una historia dura, hostil, y yo no tenía ganas en esos momento, de meterme en nada de mucha tristeza ni profundidad, pero en cuanto se me pasó ese rechazo a la pesadumbre, me lo leí. Sí que fue dura, pero también me gustó, aunque Intemperie seguía teniendo un hueco privilegiado en mi memoria de libros escogidos.

Su tercera novela, Llévame a casa, me pareció maravillosa. Una novela tierna y familiar, nostálgica e íntima, donde el autor extremeño plantea un retrato social de actualidad que a todos nos afecta, directa o indirectamente.

De manera que llegó el día de la presentación y acudí a la charl, junto con mi complice habitual, Miguel, habiendo leído todas las novelas publicadas por el autor, algo que creo que es la primera vez que me sucede.

Fue una charla muy entretenida y pude traerme dedicadas sus dos últimas novelas, porque la primera, como ya he dicho, la saqué de la biblioteca. Ya estoy esperando que publique la cuarta, que según me confesó la llevaba bien encaminada.


viernes, 12 de noviembre de 2021

Muñoz Molina

Me enteré de casualidad que acudía a Málaga el magnífico escritor Antonio Muñoz Molina para ofrecer una charla patrocinada por la Fundación Manuel Alcántara, en el Salón de Actos de Unicaja en la Plaza de la Marina. Lo presentaba o introducía, Guillermo Busutil y el tema principal del que trataría sería La mirada del escritor. Algo tan amplio como etéreo y personal. Desde que supe sobre estos diálogos tenía claro que quería asistir.

Llegado el día acudí con toda la antelación que pude, porque era un jueves laborable y tuve que hacer algunos cambios para poder acudir y, especialmente, porque la entrada era gratuita hasta completar aforo, y estas cosas se llenan pronto, sobre todo si hay un premio Príncipe de Asturias de las letras por medio. Además todo venía envuelto en una feria del libro que tenía lugar en la misma plaza. 

Mi amigo Miguel, mi habitual acompañante a coloquios, firmas de libros, presentaciones culturales y a todo cuanto huele a representación artística se apuntó sin dudarlo. Como llegamos con tiempo, pudimos acercarnos a la firma de libros de José Antonio Garriga Vela, que acababa de publicar su novela Horas muertas y estaba en la caseta esperando atender a sus lectores.

Seguidamente nos fuimos para el salón de actos y esperamos pacientemente el inicio. Como estábamos inmersos en una pandemia tuvimos que entregar nuestros datos antes del acceso, para llevar un control por si acaso nos dijeron.

No sé qué me gusta más, si escuchar a Muñoz Molina o leerlo. Creo que prefiero leerlo pero también me gusta mucho escucharlo. Además, como regalo, al final de la conferencia tuvo la paciencia de quedarse a firmar algunos ejemplares de los lectores que quisimos esperar. Algo tan simple como una sencilla firma a mí me hizo una especial ilusión, porque he pasado muchas horas de mi vida leyendo a Muñoz Molina, como si hubiera estado sentado junto a él en esa famosa terraza, de la que tanto habla en su último libro, escuchando lo que estaba pensando. Porque los último libros de Muñoz Molina apenas están disfrazados. Son una especie de diario personal de vida y sociedad. 

Regresé a casa deseando llegar a la cama y seguir escuchando en sus páginas lo que me quisiera contar.


 

martes, 9 de noviembre de 2021

Sofía y yo

Durante una semana, Miguel y su madre se fueron de viaje a Oliva, en la Comunidad Valenciana, en un proyecto de inmersión lingüística realizado por el departamento de inglés del instituto. Pusieron rumbo a Oliva en un autobús lleno de niños y niñas de 13 años. Una locura. Esa excursión de una semana significaba una experiencia nueva para Miguel, y también para Pepi, que fue con él en su condición de profesora, pero a la vez, sin tanto ajetreo suponía que Sofía y yo nos quedábamos solos en casa. 

La verdad es que nos vino bien. Los dos conseguimos disfrutar de la soledad que encontramos a ratos en los días, pero también de pasar tiempo juntos. Yo había quedado liberado de llevar y traer a Miguel a sus entrenamientos de fútbol, así como al partido del fin de semana. Sofía y yo planeamos muchas cosas que después no pudimos llevar todas a cabo, pero también hicimos algunas que no habíamos planeado, como por ejemplo escaparnos juntos a comer a un indio. A Sofía le gusta, a mí me gusta y nos apetecía, pues venga, sin mucho pensarlo, nos fuimos. Pocos problemas tuvimos. Sofía es fácil de llevar si eres consciente de que hace las cosas a su ritmo, más tarde que temprano, pero lo hace. Peor que mejor a veces, pero lo hace.

También fuimos a pasear por la senda del litoral con unos amigos holandeses que estaban por aquí. Como Pepi no estaba, quedé yo a solas con ellos una vez y otra vez vino Sofía a la que sonsaqué con pasar por Pan & Chocolate, donde está su bebida favorita. También fuimos con ellos al sendero del litoral y como el día estaba limpio y nítido pudieron ver el atardecer con el perfil de la costa africana.

jueves, 28 de octubre de 2021

The Hawkins en el Louie Louie

Una de las grandes ventajas de las bandas a la hora de hacer giras, es que van dándose a conocer, a parte, supongo, de pasarlo bien haciendo lo que les gusta, al mismo tiempo que se embolsan algo de panoja para meter en el bolsillo.

Una de las bandas que vinieron a hacer una gira por España eran el cuarteto sueco The Hawkins. Sinceramente no los conocía, pero me los puse en Spotify y oye, me hicieron tilín desde el primer momento. Ritmos acelerados, guitarras afiladas, una voz chillona como la portada del disco de amarillo Simpson, extremadamente divertidos e irónicos. Pegadizos, sí, bailables, también. Canciones sin descanso. A veces tienen una cierta familiaridad con Queen, otras veces me recuerda Jack White. 

Venían al Louie Louie Rock Bar de Estepona. Y aunque era un miércoles, al menos se tiene el descanso del fin de semana cerca. La cosa es convencerse a uno mismo y echar ganas. Lo malo del Louie Louie es que suelen programar los conciertos muy tarde, y al día siguiente hay que madrugar y que entre Estepona y Fuengirola hay una buena hora en coche. Aún todas estos no pequeños inconvenientes, las ganas de rockear suelen ganar.

Allí nos plantamos Óscar y yo. Ofrecieron un concierto estupendo, vinieron presentando su Ep Aftermath, publicado en plena pandemia, y aunque no interpretaron mi tema favorito del disco "Cut me off, right?" sí que tocaron casi todas las demás. Ciertamente no asistió mucho público, pero había que tener en cuenta el momento tan delicado que estamos viviendo con la pandemia. Hacía mucho que no se programaban conciertos en locales cerrados, y todos estábamos algo recelosos.

 

lunes, 18 de octubre de 2021

Fútbol, fútbol y más fútbol

No habíamos puesto un pie en el suelo firme, después de aterrizar en el aeropuerto de Málaga y teníamos muchas actividades por hacer. Lo primero era recoger el coche, regresar a casa, deshacer las maletas, lavar la ropa y colocarnos la camiseta del Málaga CF porque Miguel y yo teníamos partido en La Rosaleda. Al final fue un partido emocionante con empate final contra un Zaragoza que era, en principio, uno de los aspirantes al ascenso. 

Al día siguiente, por la mañana, su equipo de fútbol tenía partido en Málaga, contra el Carlinda, y por la tarde Miguel iba a celebrar su cumpleaños con sus amigos, que no son pocos, entre el equipo de fútbol, los compañeros del colegio y sus primos juntan buen número de preadolescentes. Quedaron en un campo de fútbol, un balón, refrescos, una tarta y todos contentos.

Dicen que la juventud no es tanto un tiempo de la vida, sino un estado del espíritu. Y cuando estás delante de niños de treces años, que es lo que cumplía Miguel, comprendes que la despreocupación de todo lo que no es el ahora, de todo lo que pase más allá del momento, de vivir el presente, les importa poco, o al menos, esa sensación me daba a mí. La juventud no es otra cosa, aparte de no sufrir dolores de espalda, que vivir con todos los sentidos puestos en el presente, en el instante.

¿Siento envidia? Pues sí, pero al mismo tiempo siento alegría. A uno le gusta de comprobar que sus hijos disfrutan de una juventud plena. Ellos tienen un futuro lleno de esperanza, yo tengo un pasado lleno de recuerdos. Todo tiene su parte bella.


domingo, 17 de octubre de 2021

Ámsterdam revisited

Nuestro último día lo dedicamos a visitar la capital holandesa. No tuvimos tanta suerte como los días anteriores con el clima, pero claro, estábamos de visita turística en Ámsterdam, algo de lluvia nos tendría que caer. Aunque tampoco fue mucha. Lo suficiente para recordarnos que estamos en otoño en un país centroeuropeo.

Mi hermano, Bianca y Anita vinieron a recogernos al hotel con la furgoneta. Ese preciso día era el cumpleaños de mi hermano y le habíamos traído oculto en mi equipaje una chaqueta del Málaga como regalo. Creo que le gustó. Una vez  realizadas las felicitaciones, subimos a la furgoneta, nos colocamos los cinturones y pusimos rumbo a Ámsterdam.

Aparcamos muy cerca de la estación central de trenes de Ámsterdam, junto al Sea Palace Restaurant, que es un restaurante chino flotante muy llamativo. Desde allí fuimos a pie hacia el centro, despacio porque íbamos a ritmo de mi padre, que aunque se mantiene bien, no deja de tener más de ochenta años a su espalda.

Cruzamos por Odebrug y paseamos admirando las típicas fachadas inclinadas de ladrillos, incluso me acerqué al edificio, que hoy día es un hotel, donde falleció el trompetista Chet Baker y en cuya fachada hay una placa rindiéndole homenaje. Continuamos hasta el Damrak, donde no pudimos evitar detenernos para hacernos fotografías. Caminamos en dirección hacia la Plaza Dam, parando delante de los múltiples atractivos de los que presume una de las calle comerciales más famosas de Europa.  Una suave llovizna acompañó nuestro paseo, por lo que íbamos parando de vez en cuando en las distintas tiendas que nos dieron cobijo. A media calle se encuentra el pasaje Beurspassage, que está decorado con pequeñas piezas cerámicas muy al estilo art nouveau. Verdaderamente encantador. Sofía estaba maravillada con las tiendas de queso Old Ámsterdam. Toda la calle está llena de tiendas de artículos de recuerdos. 

En la plaza Dam se unieron a nosotros Sylvia y Ernest, unos amigos holandeses que quisieron acercarse para acompañarnos. La plaza Dam es verdaderamente impresionante. Es amplísima y al mismo tiempo concurridísima. Es uno de los lugares principales de encuentro en Ámsterdam, aunque da la sensación de que todo el mundo parece estar de paso. A un lado de la plaza está el impresionante monumento en honor a los caídos en la Segunda Guerra Mundial.  En un lado, casi cerrando una esquina, está la Nieuwe Kerk (la Catedral Nueva), que es del siglo XV, pero el edificio que preside la plaza es el Palacio Real, que fue construido originalmente como Ayuntamiento en el siglo de oro neerlandés. Es un edificio verdaderamente enorme. En un lateral de la plaza está el célebre museo de cera Madame Tussauds, al otro lado del palacio hay un hotel NH de cinco estrellas, y tras el Palacio Real está el Magna Plaza, que es un centro comercial muy popular en la ciudad, y donde me compré mi primer reproductor de discos compactos hace ya más de treinta años atrás. ¡Qué recuerdos!

El cielo fue abriéndose y el sol, a ratos, asomaba entre las nubes.  Rodeamos la Nieuwe Kerk y nos dirigimos a la estación central pero en el camino nos detuvimos en el Mannekenpis, que es un típico puesto belga de patatas fritas. Riquísimas. No tenían nada que envidiarle a todas las que he tomado en Bruselas las veces anteriores en mi vida. Al menos yo no aprecié nada que las diferenciara. Si acaso es que aquí pedimos varios tipos distintos de salsas mientras que antes siempre las había pedido acompañadas de mayonesa.

Mi hermano y Anita habían reservado un paseo turístico por los canales de Ámsterdam en un crucero que aunque estaba cerrado con unas cristaleras, también se podían abrir. Además estaba equipado con unos auriculares para escuchar una explicación de lo que estábamos viendo en diferentes idiomas. Lo disfrutamos mucho. Los cruceros por las ciudades siempre son algo distinto para hacer y son muy recomendables. Ofrecen una visión distinta a lo que uno puede ver yendo a pie a la vez que permiten un descanso a los pies.

Al regresar Miguel estaba muy impresionado con la gran cantidad de bicicletas que había aparcadas junto a la estación central. Y aunque no alquilamos ninguna, con nuestros pies sí que dimos un buen paseo por el centro. Callejeamos por una de las calles más céntricas de la capital holandesa, Zeedijk, y por todo el barrio de Chinatown, con todos sus comercios con carteles luminosos y amplias cristaleras. Me gusta mucho pasear por estas calles. No muy lejos de allí, casi a cuatro pasos, está el barrio rojo, que bueno, al principio a Miguel le intimidó un poco, aunque no tanto.

Nos acercamos a Oude Kerk (que es el edificio más antiguo de Ámsterdam) para admirar sus vidriadas fachadas y nos dejamos retratar junto a varias de las esculturas callejeras que adornan las calles del barrio. Tomamos un tentempié en la terraza junto a una plaza. Bianca tenía que volver, y decidimos ir regresando en dirección a la furgoneta. 

Pero aún nos dió tiempo de ir a cenar al regresar a Almere. Mi hermano y Anita quisieron invitarnos por el cumpleaños de mi hermano y fuimos a De Beren (Los osos), que estaba cerca del hotel. Comimos estupendamente, la verdad. Disfruté mucho la velada familiar. Todos cenando juntos, a más de dos mil kilómetros de casa, con unas vistas fabulosas al lago -aunque yo las tuve a la espalda-, celebrando casualmente el cumpleaños de mi hermano, fue uno de esos recuerdos que se quedan por siempre. 

Al día siguiente, después de desayunar en el buffet del hotel, tuvimos tiempo para pasear hasta una pequeña playa que había cerca del hotel. Era diminuta y estaba llena de cisnes y patos. Fue divertido y extraño acercarnos a una playa llena de cisnes. Intentamos acercarnos a ver si se dejaban acariciar, pero no eran tan domésticos. Seguidamente regresamos al hotel, recogimos las maletas e iniciamos la puesta en marcha al regreso a casa. En un rato, como quién dice, todo quedó en recuerdos y unos cuantos párrafos escritos en un teclado conectado a un ordenador por bluetooth.


sábado, 16 de octubre de 2021

Zaanse Schans

Desde el Castillo de Hooge Vuursche, como a unos cuarenta minutos en furgoneta, en una carretera sin cuestas, junto al río Zaan, se encuentra el famoso barrio de Zaanse Schans, con sus típicos molinos del siglo XVIII. La visita es muy recomendable, yo diría que obligatoria. El conjunto de los molinos, con los canales, el pueblo al otro lado de la rivera, el puente, el verde intenso de hierva húmeda, el sol presidiendo un cielo cristalino, el dulce olor a waffels y a chocolate caliente consigue que todo en conjunto sea una postal típica y encantadoramente holandesa.

Justo al inicio del recorrido, en el interior de una amplia edificación con hechuras de establo establecieron el punto de información. Allí te aconsejaban sobre la mejor de forma de realizar la visita. Delante de la fachada, en la cubierta, combinando los colores de las tejas se puede leer escrito en mayúsculas, la palabra Vrede, que según nos informamos significa Paz. ¡Qué palabra tan distinta para decir lo mismo!

Paseamos un buen rato muy apaciblemente, pues no teníamos ninguna prisa, la idea era disfrutar de un entorno tan hermoso. Visitamos una granja donde podíamos degustar distintos tipos de quesos típicos de la región. También pudimos ver a un operario realizar el proceso completo para crear un sueco de madera. Accedimos a viviendas y tiendas que se suponían que estaban decoradas tal y como lo estaban siglos atrás. Como si el tiempo se hubiera detenido o si nosotros hubiéramos tenido la posibilidad de viajar en el tiempo. 

Desde allí fuimos hacia Purmerend, que es una localidad cercana a Ámsterdam donde unos amigos nuestros tiene su casa y nos habían invitado a esa especie de cena temprana que practican los holandeses. Es una almuerzo tardío o una cena adelantada. Algo intermedio. Me agradó mucho visitar una vivienda holandesa y poder disfrutar de su hospitalidad. En la parte de atrás de la casa tienen un jardín que es la envidia de las revistas de jardinería. Desde el jardín  tienen acceso a un canal. No pude evitar imaginarme sentado leyendo en un día nublado junto al canal. Un lugar idílico. Todas las comidas que nos ofrecieron estaban deliciosas y las cervezas artesanales con las que me mimó el anfitrión, las disfruté de buen grado.

Desde allí regresamos a Almere, al mismo hotel en el que habíamos descansado la primera noche. Realizamos el check in nuevamente, volviendo a mostrar todos nuestros recientes certificados de vacunación. Todo en orden. Un esperado descanso en habitaciones comunicadas nos esperaba a nosotros cuatro.