sábado, 11 de enero de 2020

Las decisiones imprevistas

Uno puede estar plácidamente sentado en el sofá con una novela entre las manos y sin sospecharlo, al mismo tiempo, el mundo está confabulando contra él. Aunque esta afirmación grandilocuente pueda parecer un poco exagerada, a veces lo parece.

Habíamos decidido cambiar los neumáticos al coche para ir a Carmona en fin de año, pues estaban algo gastados y más pronto que tarde había que cambiarlos, porque el de dibujo de las dos ruedas trasera no coincidía y ya sabíamos que no iban a pasar la ITV, así que nos pareció una buena ocasión. El mecánico del garaje nos comentó que uno de los amortiguadores estaba roto y el otro muy debilitado, de manera que cambiamos los dos.

Un par de semanas antes de ir a Carmona, el coche no arrancó. Ni a la primera, ni a la segunda ni a la de treinta. No era la batería, o eso nos dijeron. Llamada a la grúa y coche al garaje, pero una vez allí, como el niño que hace una trastada en el colegio y llega a casa con su mejor cara de niño bueno, el coche en el garaje arrancó perfectamente. ¿Qué pasó? ¿se arregló solo? No había manera de averiguarlo.

Un par de días después todo parecía ir funcionando bien, algo puntual pensamos, pero de buenas a primeras, cuando más falta te hace, el coche no arranca. Muerto. Llamada a la grúa y al concesionario. Es bajarlo de la grúa y el coche arranca perfectamente. ¿Es posible? ¿se está el coche riendo de nosotros?

No nos atrevíamos a ir con él a Carmona. Nuestra cuñada nos dejó su segundo coche y con él fuimos a pasar el fin de año. Con un coche que arranca cuando quiere no te atreves a ir a ningún sitio. Había que tomar una decisión. El coche tenía cerca de doce años.

Muy dolorosamente tuvimos que deshacernos del coche. Un cambio de coche tiene una parte ilusionante pero también de melancólica despedida -aparte del tropiezo económico que supone-. El coche nuevo seguro que iba a ser más interactivo y estaría adornado con más pijaditas y comodidades, pero uno, después de tantos años, estaba ya hecho a su vehículo, ha compartido miles de kilómetros, lo ha apagado y arrancado en miles de ocasiones, ha vivido, en definitiva, miles de experiencias con él. Me ha llevado siempre a dondequiera que el volante haya girado. Pero bueno, a todos nos llega la hora. Me reconforta imaginar que es posible que ahora esté por rústicas carreteras de un país africano, reciclando su vida, haciendo felices a otros muchos, que incluso lo laven un poco más de lo que lo hacíamos nosotros. Adieu mon ami.

(Cuando nos llevó a Lastres)

jueves, 2 de enero de 2020

Fin de año en Carmona

Todos los años para celebrar el fin de ciclo anual hacemos alguna escapada especial. Romper la rutina aunque sólo sean un par de días. Unos años lo hacemos con la familia otro con los amigos. Así vamos alternando, para disfrutar de la compañía de todos un poco. Este año tocaba con la familia de Pepi y fuimos a pasar los últimos días del año a Carmona, población que no está muy alejada de Sevilla, de esta manera pudimos incluir algo de turismo y cultura en medio de la fiesta del exceso por antonomasia.

Precisamente este año yo no podía acercarme al alcohol, porque pocos días antes me habían realizado una pequeña intervención en el aparato digestivo, y no estaba listo para ello. Tampoco me importó mucho, porque lo cierto es que cada día estoy más concienciado a evitar el consumo alcohólico, aunque tampoco me hagáis mucho caso. 

Así pasamos dos noches en un hotel céntrico de la localidad sevillana. Perfecto para poder salir a pasear por el centro del pueblo y disfrutar de su estupenda oferta gastronómica así como de sus atracciones turísticas. Realizamos una visita turística organizada, donde nos llevaron a ver gran parte de patrimonio arquitectónico. Visitamos parte de la muralla que rodea la ciudad, la Puerta de Córdoba y de la Sevilla y nos explicaron lo importante que alcanzó a ser la población en una época ya lejana, pero no tanto.

Es bonita Carmona. Es pequeña y coqueta, y aún así contiene edificios de gran valor. Sólo hace falta estirar un poco el cuello y contemplar las torres de una localidad para imaginar la importancia en otra época. Fue población importante en la Hispania del Imperio Romano, bajo el mando de Julio César, fue capital de los reinos Taifas y reconquistada y convertida en residencia de rey. Hoy en día el Alcázar del Rey Don Pedro se ha convertido en un Parador Nacional. Lo visitamos.

La fiesta de fin de año tuvo su salón de baile, su photocall, su música en directo y su barra libre. La comida fue sofisticada pero no como fin, sino como envoltorio. El agua estaba fresca.

Al día siguiente, en la para mí no resacosa mañana del primer día del año,  fuimos a visitar Sevilla. Las calles de la mañana sevillana tenían algo de dejadez y abandono, con más presencia de día después que de día presente. Aún se podían ver los reflejos del confeti sobre el adoquín, restos de cristales rotos, paquetes de tabaco arrugados y un hiriente e intenso olor a amoniaco con la intención de disimular los restos de orines del exceso de las bebidas.

Casi todos los locales estaban cerrados, pero los pocos que abrieron sus cocinas habían tenido la precaución de solicitar reserva. Nosotros no. Paseamos la tarde con un cielo prístino como acompañante silencioso.

Regresamos a Carmona al final de la tarde, ya con noche cerrada. Cenamos en un restaurante en la misma esquina del hotel y a la mañana siguiente, tras un pequeño paseo por el centro, regresamos al hogar dulce hogar, pero antes todavía pudimos hacer una parada en la Venta El Túnel y zamparnos un arroz. Ah, y devolvimos el coche a mi cuñada que nos lo había prestado, pero eso es otra historia.


miércoles, 25 de diciembre de 2019

Fiestas navideñas

Las navidades son familiares. Es tiempo de reunión familiar alrededor de una mesa, con deliciosos manjares sobre manteles adornados con guirnaldas y motivos florales. Fechas de comidas pesadamente elaboradas, con alimento, de esos que te acompañan largamente tiempo después del festín y que casi que se debería servir acompañado con Almax. Al final, para acabar el banquete, turrones y champán. En lugar de una comida para acompañar una charla, pareciera una quedada de retos gastronómicos, o desafío de engullición.  El caso es que en casa vamos turnando las comidas navideñas de una familia a otra, un año la familia de mi mujer, otro año la mía. Así lo hemos ido haciendo desde que nos casamos y por ahora funciona bien. Este año Nochebuena tocaba en casa y con mi familia, pero finalmente los padres de Pepi también se unieron.

Las navidades son familiares, decía, pero no son sólo eso, es mucho más, es el fin de un ciclo, de un año y se acerca una vez más un nuevo inicio. Para mí además de todo eso, la navidades significaron el final de la vida de mi madre. Durante un tiempo me sentía mal si pasaba un día sin acordarme de ella, que pareciera que la había olvidado, pero no es así, sigue estando en mi vida, porque sigo usando sus palabras, sus gestos, su admirable prudencia y de alguna manera siento su cariño infinito, su forma de mirar a mis niños. Todo eso parece que no, pero está muy presente y es la parte que me alegra de su recuerdo, que aunque ya no esté, en realidad, está a mi lado.

Puede parecer una forma de pensar triste, o simple, pero me ayuda a seguir pensando que ella está aquí, si no en presencia sí en esencia. La veo en mi hija, la veo en mi hijo y sobretodo la descubro en mí.

sábado, 30 de noviembre de 2019

Cala Vento en Theatro Club de Málaga

Justo la mañana siguiente después del concierto de Colspell y de haber descansado poco porque había trasnochado, mi amigo Íker me dijo que le sobraba una entrada para el concierto que Cala Vento ofrecía esa misma noche en la sala Theatro Club de Málaga, a la que yo, por una razón u otra, no había estado nunca. Las entradas estaban agotadas desde poco después de ponerlas a la venta. Estaba bastante cansado, pero me apetecía.

La sala Theatro Club de Málaga es chiquita y se llena enseguida. Un sitio privilegiado para disfrutar de un concierto. Cala Vento es un dúo catalán con muchas ganas, mucha frescura y con un aire entre alternativo forzado y hacer lo que te da la gana. Letras difusas de casualidades diarias y ritmos machacones y alegres... a veces. 

Comenzaron muy charlatanes, con muy buen humor, se veía que venían a pasarlo bien, el sonido fue perfecto, la voces estaban en forma. Mejor no podía empezar. Tocar la batería y cantar debe ser una de las cosas más complicadas de hacer al mismo tiempo. La verdad es que allí dentro, casi metidos en un hoyo, bastante centrados, con una cerveza fría en la mano, necesitas pocas cosas más para ser feliz.

Terminó el concierto y fuimos a dar la enhorabuena y pillar algo de merch a Cala Vento. Estuvieron súper accesibles, además también pudimos saludar a algunos de los componentes de Airbag, que estaban allí también disfrutando del concierto. Lo pasé estupendamente.

viernes, 29 de noviembre de 2019

Coldspell en el Louie Louie

Un miércoles de noviembre venían al Louie Louie Rock Bar de  Estepona la banda sueca Coldspell, con su guitarrista Michael Larsson a la cabeza y con Niclas Swedentorp a la voz -he tenido que comprobar varias veces que lo he escrito correctamente-.

Lo cierto es que no los conocía hace un mes, pero desde que supe que venían les presté el oído y me convencieron rápidamente, igual que yo convencí a Óscar, mi compañero metalero de conciertos. 

Las música en directo gana mucho y las bandas que tienen un buen guitarrista aún más. Así fue el caso de Colspell. Tenían programados cinco conciertos por España, el primero de ellos era esa misma noche en Estepona, con lo que tuvimos la fortuna del calendario de nuestra parte y los pillamos frescos y con ganas.

Realizaron un repaso a sus cuatro álbumes, tocando sus temas más conocidos, como Legacy, Forevermore o It Hurts, que fueron el trío de canciones con las que comenzaron el concierto. Tocaron Infinite Stargaze o Call of the Wind que les quedó muy bien. Terminaron el set con Time. Y a la vuelta de refrescarse con varios sorbos de cerveza, nos regalaron una estupenda Paradise y Straight things out.

Al final del concierto tuvimos la oportunidad de charlar con ellos, y lo cierto es que estuvieron muy pacientes y les compramos algo de merch, que hay que apoyar a las bandas en ruta. A ver si vuelven con un nuevo disco bajo el brazo.

domingo, 24 de noviembre de 2019

En un crucero

Despegamos desde el aeropuerto de Barcelona en un anaranjado amanecer sobre un mediterráneo plateado. Pudimos contemplar cómo el Sol iba ascendiendo, dando luz desde el este, acabando con las sombras sobres las cimas de las montañas, como un ejército implacable ganando terreno a un enemigo derrotado. Una imagen que empequeñece tanto como sobrecoge.

Aterrizamos en Málaga desde Barcelona y sin tiempo para desayunar y tras recoger el coche, nos dirigimos directamente hacia el puerto de la capital costasoleña, allí debería de estar el crucero que íbamos a visitar, pero no estaba. Supimos después que tuvo problemas para salir de otro puerto y por eso llegó algo tarde. Nos vino bien porque tuvimos tiempo de desayunar.

Esa mañana íbamos a visitar un crucero, el Norwegian Star, un barco construido en 2006 pero que había sido recientemente remozado en el 2018. La idea era enamorarte de una idea, de una forma de viajar, de descubrir horizontes, nunca mejor dicho. Para ello íbamos a conocer su forma de funcionar, ventajas y desventajas, conocer sus variadas opciones de restauración, así como los atractivos interiores del barco. Habíamos quedado con las hermanas de mi mujer y sus maridos para visitarlo.

Un casino, piscinas cubiertas y descubiertas, gimnasios, amplias zonas de esparcimiento, salones, tiendas, galerías de pintura, ascensores panorámicos, y muchos restaurantes, pero a mi juicio lo más impresionante es un amplio teatro donde se representan varios musicales las noches de cruceros. Poder conocer por dentro un crucero es una experiencia distinta.  No pudimos ver un camarote, porque el crucero iba completo, y esa fue la pena, pero sí pudimos almorzar y además invitados.

Abandonas el barco deseando tener alguna vez la posibilidad de realizar un crucero con la familia. Un sueño pendiente.



Escapada a Barcelona

Hacía meses que la web EstupidaFregona había programado un concierto tributo sobre Pearl Jam en la Sala Bóveda de Barcelona, por una banda creada para la ocasión que se hicieron llamar muy acertadamente The Foxy Mops. Un buen número de amigos míos desde muchos puntos de la geografía española decidieron quedar para acudir juntos al concierto tributo, todos ellos, entre los que me incluyo, bastante apretados -según mi mujer- de Pearl Jam. 

No me decidía a ir a la fiesta tributo porque equivalía a dos vuelos, una habitación de hotel, aparte de la entrada, gastos varios y tal, y especialmente porque llevaba un mes bastante cargado de gastos, pero mi amigo Víctor me avisó de una oferta en una compañía low cost con vuelos baratos  que resultó ser irrechazable. La idea planteada y económica era ir por la mañana temprano y regresar a la mañana siguiente más temprano aún. Ni veinticuatros horas en Barcelona. Lo justo para ir, estar  y regresar. Nada de turismo.

¡Así lo hicimos! Antes de las once de la mañana ya estábamos en el aeropuerto de El Prat. Unos amigos nos recogieron en coche y fuimos a pasar un día fantástico junto con un gran puñado de amigos compartiendo cervezas, parrilla y sobretodo muchas risas. Faltó tiempo para poder charlar todo lo que hubiéramos deseado. Después del café fuimos al hotel, soltar la mochila, darnos una ducha, y prepararnos para el concierto. El hotel estaba a apenas unos metros de la sala, con lo que casi no pateamos nada de Barcelona.

El concierto fue estupendo, buenas canciones, una muy buena banda interpretándolas, algunas agradables sorpresas, inmejorable compañía, muchas ganas de pasarlo bien y poco más se necesita. Todo muy bien organizado. Muchísimas caras conocidas y otras no tanto. Muchos conciertos por muchas ciudades. Reencontrarte en la misma ocasión con muchos amigos que consigues ver muy de vez en cuando, porque las distancias, los trabajos y la familia no siempre permiten quedar las veces que uno desearía. No vamos a quejarnos. That's life! Alargamos la noche más allá de lo que nuestro cansancio hubiera deseado. Pepi estaba reventada.  Y no disponíamos tampoco de mucho tiempo para descansar porque a las 7:30 de la madrugada ya estábamos en un avión de vuelta a Málaga. El resultado fue una escapada fugaz pero que conlleva recuerdos que ya son imborrables.


martes, 12 de noviembre de 2019

Andrea Motis Quintet en el Teatro Cervantes

¿Puede haber algo mejor que un lunes de noviembre para un concierto de jazz? Acudí al Teatro Cervantes de Málaga para disfrutar de un concierto de jazz a cargo de  Andrea Motis Quintet, incluido en el Festival Internacional de Jazz de Málaga. Mi amigo Miguel que comentó varias semanas antes que a él le gustaría ir a verla y yo que me apunto a un concierto sin que me empujen, allí me presenté. Tuve que hacer unos pocos de cambios en el trabajo, pero merecía la pena.

La semana anterior al completo y casi con exclusividad me la había pasado escuchando los discos de Andrea Motis, y también grandes standards del jazz, porque el jazz tiene esa viciosa cualidad de que una vez que te metes a escuchar cuesta trabajo salir.

No es usual ver a una voz tan joven como la de Andrea Motis en el circuito de festivales, aunque últimamente me parece que se está abriendo algo más las puertas por las jóvenes promesas. Lo cierto es que Andrea Motis no es ya una promesa, sino una realidad y yo diría que además bien consolidada, tanto a la trompeta como a la voz. El teatro colgó el cartel de todo vendido una vez más y pudimos disfrutar de un concierto maravilloso.

Se presentó acompañada de su inseparable contrabajo, Joan Chamorro, que es desde hace tiempo un grandísimo animador y presentador de nuevas promesas del jazz. Al piano un virtuoso como Ignasi Terraza, a la batería el batería con más pinta de batería que existe, Esteve Pi, y para completar el quinteto a la guitarra Josep Traver que te tiene una versatilidad de registros que te deja sin palabras. Ver el jazz es siempre entretenido, si además, se hace bien, se vuelve casi mágico.

Interpretaron temas clásicos como I'm an errand boy for rhythm de Nat King Cole, Afro blue de Mongo Santamaría al más delicado latín jazz, temas propios como Adéu,  de algo de bossanova o una delicadísima Mediterráneo.

A ver si en el próximo festival de jazz también puedo ir al menos a un concierto y se convierte en costumbre.

lunes, 4 de noviembre de 2019

Toundra en La Trinchera

Al día siguiente de ver a Gaby Moreno y casi sin tiempo de asimilarlo, tenía otro bolo previsto, pero esta vez en otra envolvente completamente distinta, un festival de sólo un día alrededor del rock potente nacional. Un festival de una sola fecha. Cuatro bandas. The Wax, Habitar La Mar, Elephant Riders y Toundra. Todo en La Trinchera. Uno detrás de otro.

Llevaba mucho tiempo esperando ver en directo a Toundra. Sus discos los he machacado decenas de veces en los últimos meses, especialmente el último disco, Vortex, y estaba deseando verlos en directo. Como se suele decir, contando los días.

Lo cierto es que fue una estupenda noche de rock. Elephant Riders me molaron mucho, al igual que Habitar la Mar, que los había escuchado poco. No llegué a tiempo para ver The Wax, una pena. 

De Toundra puedo decir que sonaron como una apisonadora de guitarras. Comenzaron con la intro de Vortex, y y justo después tocaron, Cobra, que es uno de mis temas favoritos, si no el que más. Para comenzar fue una bomba ¡Brutales! Rafa -que fue mi acompañante hardrocker de esa noche- y yo estábamos a sus pies ya desde el inicio. Siguieron  con la desgarradora Tuareg, la evocadora Bizancio, y temas ya clásicos como Cielo Negro o Magreb. Acabaron el set con la magnífica Mojave. El setlist está por la red.

Cuando regresaron para tocar el encore ya nos habíamos situado en las primeras filas. Me llevo en la memoria el fabuloso Cruce Oeste que se marcaron. Finalizaron con Ara Caeli, que son palabras mayores. Un concierto inolvidable. Tuve la fortuna y la habilidad de que Macón (el guitarrista con barba, para entendernos) me dio la púa con la que tocó el concierto y Alberto (el bajista) me dio una púa y por si fuese poco también  conseguí el setlist que me firmaron. Un lujazo que me guardaré por siempre. Me pillé un cd y una camiseta que luzco orgulloso en la foto que nos hicimos tras el concierto con Macón.


domingo, 3 de noviembre de 2019

Gaby Moreno en La Cochera Cabaret

El fin de semana siguiente del tremendo concierto que Mark Lanegan ofreció en Elche, fue el turno de Gaby Moreno en Málaga, en esta ocasión en un lugar mucho más a mano, en La Cochera Cabaret. Me apetecía, porque no es común que alguien con un Grammy se acerque a un local tan íntimo y cercano como La Cochera Cabaret, y bueno, sobretodo, porque tiene una voz maravillosa y grandes canciones. Se lo comenté a mi amigo Miguel, que siempre está presto para bellas voces y como esta vez el trabajo se lo permitía, pues se apuntó.

Gaby Moreno se presentó en Málaga con un formato trío, un batería, un bajista y ella a la guitarra y voz. Una presentación arriesgada, pero simple y muy atractiva. Tocó todos sus palos, agarró la guitarra acústica, también la eléctrica, tocó en trío y también en solitario. Cantó sus temas más conocidos y también temas para presentar su último disco, Spangled, pero también versiones de canciones universales, como Quizás, quizás, quizás o Cucurrucucu Paloma. No faltó un tema suyo titulado La Malagueña, que fue lógicamente muy bien recibido por los allí presentes.

Particularmente me gustaron mucho las versiones casi desnudas de los temas del último disco, que vienen envueltos en grandes arreglos y muchos acompañamientos, en cambio, con la sencillez del formato trío, a mi parecer, ganaron, al menos perdió la aparatosidad del disco para ganar en cercanía y sensibilidad.

Al acabar el concierto pude hablar con Gaby y comentarle que coincidimos en ambos apellidos. Fue una graciosa curiosidad que pareció que le agradó. Me firmó el disco que le compré como tocayo. Ojalá pueda volver a verla en directo.

jueves, 31 de octubre de 2019

Cartagena

Van pasando los años y las ciudades se van resistiendo. Varias veces he estado a punto de visitar Cartagena pero la ocasión por una razón u otra no se pudo cristalizar. Esta vez sí que se pudo hacer posible.

Era domingo y nuevamente el día había decidido despertar despejado de nubes. La idea era ir a Cartagena justo después del desayuno para poder disfrutar de las excepcionales vistas de la Bahía de Cartagena desde lo alto del Castillo de la Concepción. Y así lo hicimos. Subimos dando un esforzado paseo y pudimos contemplar con un corto giro de cuello a un lado el Teatro Romano junto a los restos de la Catedral de Santa María la Mayor y al otro el Puerto Deportivo y toda la bahía. El tiempo reposaba como el Mediterráneo reposaba frente a nuestros ojos. Podríamos habernos quedado toda la mañana viendo el perezoso navegar de pequeñas embarcaciones abandonando el puerto quién sabe a qué incierto destino. Mi pensamientos quedaron ensimismados en divagaciones novelescas como cuántas embarcaciones pudieron partir desde aquí y cuántas alcanzaron el puerto como refugio natural o fin de sus días. ¿Cuántas vidas se quebraron partiendo desde aquí?  ¿Cuántas desaparecieron teniendo Cartagena como designio final de sus destinos? 

Bajamos a contemplar el Palacio Consistorial y bajamos junto a la Plaza Héroes de Cavite hasta  el Paseo Alfonso XII, paseamos  hasta la Plaza de la Isla y regresamos esta vez por la otra acera. Se estaba realizando una carrera urbana y el paseo estaba muy animado. Cruzamos delante del Museo Nacional de Arqueología Subacuática, yo hubiera accedido pero ni los niños ni Pepi estaban muy por la labor, en cambio tomamos un refresco sentados a la terraza del Restaurante Mare Nostrum. Desde la terraza se podía ver todo el perfil de la Muralla de Cartagena. Preguntamos dónde podíamos encontrar el famoso submarino de Isaac Peral,  porque yo tenía entendido que estaba en la Plaza del Puerto de Cartagena, pero nos dijeron que eso era antes, desde que hace unos años ya que ahora está en el Museo Naval. Nos acercamos a verlo pero estaba cerrado sin embargo pudimos contemplarlo desde el exterior a través de una amplia cristalera desde donde se puede ver completamente.

Continuamos nuestro descubrimiento de Cartagena subiendo desde la Plaza del Ayuntamiento por toda la Calle Mayor, donde conviven una gran cantidad de edificios modernistas de finales del siglo XIX. La Casa Cervantes el Gran Hotel o el Casino son una bella muestra de ellos. Ya iba siendo hora de dejar atrás la cuidad a la que Cartago dio su nombre. Regresamos al coche e iniciamos nuestro regreso a casa. Había más de cuatro horas de carretera hasta llegar a casa pero antes había que parar a almorzar algo. Paramos en una venta a comer y ya no paramos más hasta llegar a casa.

Ésta fue una escapada imprevista, que no teníamos ni siquiera en mente a realizar en un futuro cercano ni lejano, pero mi pasión por la música de Mark Lanegan -cuyo concierto bien puede entrar entre mi Top 10 de siempre, que se dice pronto- los amigos que tengo por Elche y Murcia y mis ganas por descubrir horizontes se unieron y lo hicieron posible.