lunes, 31 de marzo de 2014

Tocado y hundido

El sábado por la mañana desperté con el cuerpo algo entumecido y los ojos me lagrimeaban de manera anormal, pero no quise hacerme caso, no le di importancia. Salí a comprar el pan para el desayuno y sentí un temblor interior que achaqué a las cuatro gotas que estaban cayendo y al frío matinal. Un café caliente acompañado con el pan recién hecho parecieron mitigar cualquier desajuste de mi organismo.

Decidí salir a hacer la compra antes de que el supermercado se abarrotase, como suele ocurrir todos los sábados. Al regresar coloqué la compra realizada en su lugar, y mientras mi mujer limpiaba la casa, hice las tres camas. Poco después vino mi padre a acompañarnos en el almuerzo. De primero una crema de calabacín y de segundo fritura malagueña, regada con una buena cerveza. Para chuparse los dedos. Yo pasé del postre.

Recogí unas pocas cosas de la mesa y me hundí en el sofá, de repente me sentía aletargado y soñoliento. En pocos minutos comencé a sentir escalofríos que titiritaban hasta el último rincón de mi ser. Me sentí mareado y cuando tragaba un punzante dolor me atravesaba toda la garganta. No pude más que acostarme y caer derrotado. El termómetro marcó 39 grados.  Las siguientes 36 horas -que se dicen pronto- las pasé en la cama, alternando un frío polar siberiano y un sofocante calor de sauna finlandesa. Cada una de mis articulaciones sufrían de un anquilosamiento ardoroso y la cabeza parecía estar rellena de plomo. Ni ganas de leer tenía. Hasta la luz me molestaba. Tragar cualquier cosa era un suplicio infinito.

Ahora, aun lejos de estar bien, comienzo a tener ganas de leer.

viernes, 28 de marzo de 2014

Antología - Vicente Aleixandre

Continuando con mis lecturas de poemas en esta ocasión elegí, en la estantería de poesía de la biblioteca, al premio Nobel de Literatura español Vicente Aleixandre. Ya había leído algunos poemas suyos en alguna que otra antología poética, y por supuesto también en Internet, pero todo siempre resultó muy azaroso y desperdigado, por eso esta lectura de una antología personal la acogí como el paso necesario para adentrarme, de una vez por todas, en el surrealista mundo del poeta sevillano.

Los poemas de Aleixandre son para mi gusto demasiado largos. No suelo encontrarme cómodo entre poemas extensos, quizás puedan tacharme de holgazán, lo entendería, pero es así como sucede, no llego a disfrutar de un poema que se alarga más allá de unos cuantos  versos. En poemas de larga distancia me pierdo (supongo que será un problema de concentración). El caso es que la gran mayoría de los poemas de Aleixandre son, para mi gusto, inacabables. Y aunque algunos de ellos eran buenos, la mayoría me resultaron demasiado, cómo decir, demasiado esotéricos e inasibles. El surrealismo tan personal del autor tal vez está demasiado apartado de mi mente disciplinada, y muchos de sus poemas caminaban a un paso distinto del mío. Ellos galopaban y yo trotaba.

Pero en algunas ocasiones sus verbos y mis tiempos coincidieron. Este poema es uno de ellos:
 
El sueño

Hay momentos de soledad
en que el corazón reconoce, atónito, que no ama.
Acabamos de incorporarnos, cansados: el día oscuro.
Alguien duerme, inocente, todavía sobre ese lecho.
Pero quizá nosotros dormimos… Ah, no: nos movemos.
Y estamos tristes, callados. La lluvia, allí insiste.
Mañana de bruma lenta, impiadosa. ¡Cuán solos!
Miramos por los cristales. Las ropas, caídas;
el aire, pesado; el agua, sonando. Y el cuarto,
helado en este duro invierno que, fuera, es distinto.

Así te quedas callado, tu rostro en tu palma.
Tu codo sobre la mesa. La silla, en silencio.
Y sólo suena el pausado respiro de alguien,
de aquella que allí, serena, bellísima, duerme
y sueña que no la quieres, y tú eres su sueño.

Vicente Aleixandre

miércoles, 26 de marzo de 2014

Consecuencias

Ayer estuve en el estadio de La Rosaleda presenciando el partido de fútbol entre el Málaga CF y el RCD Español (ahora más conocido como Espanyol, pero que para mí siempre será como lo conocí en mi juventud, cuando coleccionaba álbumes de estampas de futbolistas y jugaba a las chapas). El Málaga perdió 1-2 y cedió los tres puntos ante el equipo catalán. Como suele ocurrir últimamente, según la amplia mayoría que completa la grada, el árbitro tuvo la culpa (yo también añadiría a los jueces de línea).

Durante unos minutos todo el estadio gritaba insultando al colegiado. En los vomitorios del estadio no se hablaba de otra cosa que de la supuestamente dirigida ceguera del colegio arbitral, de la parcialidad de la Federación y de lo sistemáticamente perjudicados que salimos por sus decisiones. No soy de los que creen que existe una campaña orquestada contra el Málaga, la verdad, pero sí creo que en la balanza final de la temporada, cada año, uno tras otro, nos escamotean unos cuantos puntos. Sólo espero que no nos hagan falta al final de ésta.

lunes, 24 de marzo de 2014

El perro canelo - Georges Simenon

Hace unos meses, un buen sábado de rastro, me hice con un buen puñado de novelas de Georges Simenon. Ahora mismo no recuerdo, ni tengo ganas de buscar, si fueron cinco o seis, pero en cambio sí recuerdo que las pagué a cincuenta céntimos de euro cada una. A ese precio, evidentemente, me traje todas las que había. Están editadas en formato de bolsillo, lo que va muy bien con las novelas de Maigret, porque tienen ese toque callejero y de viejo sabueso que son perfectas para acompañarnos en cualquier sala de espera, en un rato en el parque o en un día de playa.

Ésta la he ido leyendo, sobre todo, durante los entrenamientos deportivos de mis hijos. Mientras ellos sudaban practicando deporte, yo, apoyado en un pilar junto a una grada, parapetado del sol, he ido avanzando en las inoportunas apariciones de un perro canelo, que tenía la capacidad de hacer acto de presencia allá donde se iba a cometer, o se había cometido, una evidencia criminal.

Maigret, el célebre comisario tranquilo creado por Simenon, encarna a ese detective pachón, impasible y casi inoperante que parece al margen de todo, porque permite que el trascurso de las circunstancias se vayan desarrollando sin intentar, aparentemente, intervenir para evitarlo, pero que sin embargo mantiene la mente despierta y atenta para actuar de manera diligente y atinada cuando es necesario. 

Me encanta la naturaleza flemática del bueno de Maigret.

sábado, 22 de marzo de 2014

Il mondo

Hace unos días vi la película About time (la vi en versión original y no sé el título en castellano ahora mismo) y aunque no es una película memorable, no estuvo mal. Me agradó. Pero por lo que me trae aquí ahora mismo es porque durante la película, en uno de los momentos más melosos del metraje, "pincharon" una canción  de Jimmy Fontana, su canción más célebre, Il mondo. ¡Qué grandes recuerdos me trajo!

El mundo, traducida y cantada en español, es una de esas canciones que tocaban antes las orquestas en las verbenas, o en las bodas y era uno de esos puntuales momentos en los que podías ver a gente mayor bailando. ¡Qué cosa más feliz ver a personas mayores bailando! Il mondo es una de esas canciones que me ha ido acompañado durante la vida, especialmente en mi juventud, y que además siempre fue en momentos de alegría. Espero que les guste.



viernes, 21 de marzo de 2014

¿Será la primavera?

Desperté unos pocos minutos antes de que sonara el despertador de mi santa. Mi hija, que también despertó pronto, vino hacia la cama y nos dio candorosamente los buenos días. Le di un beso mimosín e inauguré mi día con un buen bautizo de agua caliente en la ducha. Singin' in the rain. Me afeité, y al acabar, como en los anuncios de la tele, me di tres palmaditas en cada mejilla que me terminaron de espabilar. Me vestí en un salto y salí de casa bajando por las escaleras para comprar pan. ¡Qué gran placer el olor a pan recién hecho! Al regresar a casa el olor a café consagraba la cocina y el bollo que me zampé (ningún otro verbo se ajusta mejor a lo que representa) voló como un suspiro hacia mi interior. 

Tuve que rascar esforzadamente de la cama para desencajar al pequeñajo de la casa, casi empujarle en el pecho para que se tomase el Colacao con la pajita y moverle la mandíbula para que masticara, para después lavarle la cara, vestirlo y peinarlo y dejarlo listo para un día de emociones (los días de un niño de cinco años siempre están abarrotados de emociones). Con todo listo, me despedí de todos -besos incluidos- y fui dirección a la mina. 

Camino abajo, rolling down the road, cada pocos pasos me entraron ganas de dar pequeños saltos, algo así como cuando Fred Astaire comenzaba a bailar, algo parecido -supongo- sólo que a lo garrulo, evidentemente. Entonces me di cuenta, caminaba con una sonrisa de oreja a oreja, las manos en los bolsillos y el caminar ligero. ¿Qué me estaría pasando? Pasé junto a una farola y sentí ganas de apoyar un pie en la base y girar alrededor de ella agarrado con una mano. Deseé llevar chaqueta con solapa para ajustarme una de las margaritas junto a las que pasé por el camino, pero no. ¿Qué será lo que me pasa esta mañana que tan desplegadamente alegre me siento? Sí, un nuevo día, vale, estoy de acuerdo, un tesoro, una dicha, pero qué estaba desinflando mi persistente sobriedad de tal manera que ahora parecía que tuviera la sensación de estar en el centro del espíritu del buen rollo. Ya que no me había tocado la lotería, qué fuera aquello que me ocurría... ¿será la primavera?

jueves, 20 de marzo de 2014

Día del padre

Ayer tenía pensado escribir algo por aquí  y contarles que era el día del padre y también el santo de mi santa, y que mi hija me había entregado un poema inventado por ella y que mi hijo me había regalado un bonito marco fabricado por él con una foto suya dentro, pero en lugar de eso, decidí dedicar ese tiempo a estar con ellos... así que no me sobró tiempo para ustedes. 



lunes, 17 de marzo de 2014

Una Alhambra Especial

Como ya he comentado hace unos días en este blog, visité Granada y evidentemente también la Alhambra, y claro, estando en Granada lo normal es salir de tapas y una vez que he aparcado el coche y no lo voy a volver a coger, entonces, tengo el  coto abierto para tomar algunas cervezas, y puesto que me encontraba en Granada, pues aproveché para tomarme una Alhambra distinta a la que suelo, porque una de las cervezas nacionales que más pimplo es sin duda la Alhambra Reserva 1925 (algún día la presentaré). Pero esta vez quise probar otra distinta, de manera que me pedí una Alhambra Especial, que ya había probado antes, pero no con tanta asiduidad.

La Alhambra Especial es una lager bastante buena, a mí al menos me lo parece, pero también es cierto que es inferior a la Alhambra Reserva 1925, con la que la tiendo a comparar. La Alhambra Especial contiene un 5.4 % de alcohol y es especialmente refrescante, y debe servirse muy, muy fría. Es bastante suave en el primer contacto con el paladar y es a su vez increíblemente fácil de beber. No posee amargor apenas y es quizás bastante dulzona, y la espuma, aunque en un primer momento parece muy abundante y consistente, se diluye fácilmente. La burbuja es menuda y siempre la he considerado una buena cerveza para pedir en verano. De hecho, cada verano me pimplo unas cuantas de éstas.

Ni que decir tengo que aunque no estaba en verano, sino más bien en invierno, una Alhambra Especial siempre es bienvenida en una escapada a Granada.

domingo, 16 de marzo de 2014

Memoria de mis putas tristes - Gabriel García Márquez

Cuando Gabriel García Márquez recibió el premio Nobel de Literatura yo contaba con apenas nueve años. Era 1982 y España estaba completamente volcada con el mundial de fútbol que se celebraría ese año en nuestro país. Naranjito adornaba todo lo que rodeaba a los jóvenes, desde nuestras libretas del colegio, los vasos de cristal y hasta las toallas de la playa.  Por aquellos días yo debía respirar una absoluta felicidad de juventud. Pero lo que yo recuerdo de aquel premio y de aquel hombre era que mi madre dijo que había leído algunos libros de él. Aquello me llamó la atención. Recuerdo haber mirado a mi madre con unos ojos distintos. Ahí estaba mi madre, una ama de casa madre de tres hijos, leyendo los libros del autor que luego ganaría el Premio Nobel. A mis nueve años asumir aquello fue venerablemente aleccionador.

Mi madre fue la que me ofreció años más tarde leer Crónica de una muerte anunciada y después, una vez atrapado en la envolvente prosa del autor colombiano, tras aquel inicio, fueron llegando los otros. Ahora he leído Memoria de mis putas tristes, un libro que he acabado en tres tirones, pero que bien debiera haber leído en una sola tarde. Un libro que trata sobre el amor, el amor imposible descubierto a edad tardía. Un amor inesperadamente hallado, que versa sobre la compleja irresponsabilidad de los enamoramientos. Un libro que provoca la risa, la sonrisa melancólica y esperanzadora. Un libro que uno ha de soltar sobre el pecho para respirar quedamente unas cuantas veces antes de volver a continuar, y que contiene frases contundentemente inolvidables.

Al acabar el libro besé su portada. No digo más.


viernes, 14 de marzo de 2014

Eres tú - Carla Morrison

La música es uno de los principales motores de mi vida. Puedo pasar horas y horas escuchando música sin cansarme y siempre me parece un mal momento para pulsar el botón de stop.  Es como mi gran amiga de juventud. Ha estado siempre a mi lado, en los buenos y en los peores momentos, y aún está ahí cada vez que acudo a ella, y tengo la certeza de que seguirá ofreciéndome sus anchas espaldas para acompañarme en el largo camino hasta el final. He pasado tanto tiempo acompañado de música que me parece absurdo, casi irreal, imaginar una vida sin música.

Las canciones que he escuchado han ido señalando distintos momentos de mi vida, son algo así como un álbum de fotos de mi vida. Muchas de las canciones me traen recuerdos de mi juventud (¡oh, reino!), de viajes, de tardes con los amigos alrededor de un café, de las primeras lágrimas de amor. No existe casi ningún acontecimiento importante en mi vida que no tenga acompañamiento musical. Y esto me ocurre -supongo- porque escucho música a todas horas y porque -como dice mi mujer- soy muy obsesivo con lo que escucho. Cuando una canción me gusta, la repito hasta la saciedad, o mejor, hasta que otra la sustituya. Esta canción que les pongo hoy lleva inundándome los oídos últimamente.

Es una canción simple, sencilla, tierna, reposada, con una letra dulce y acaramelada. Un tierno beso para los oídos. Disfrútenla en esta versión acústica.


jueves, 13 de marzo de 2014

Amar

Hoy me acordé de mi madre y de sus ganas de vivir, y de sus sueños y sus proyectos, de los que pudo y de los que no pudo cumplir, de lo que se está perdiendo y que ya no podrá vivir. Es así nos guste o no. Pienso en todo ello y en lo puta que es la vida. Hay quien dice que el destino está escrito y quien dice que la vida cambia al girar cada esquina, yo cada día tengo más claro que la vida depende más de nosotros mismos que de nadie. Por eso le doy gracias a la vida que ella me ofreció y agradezco lo mucho que me enseñó, incluso lo que me sigue enseñando, a pesar de que ya no está. Podemos vivir amargados por lo que tenemos o agradecidos por lo mismo. De nosotros depende hacia qué lado queremos estirar los labios. Ustedes no sé qué harán, pero yo elegí sonreír.

Desde que ella no está he comprendido que una de las maravillas que tiene esta vida es que uno no es nadie sin lo que le rodea. La vida está ahí y de nosotros depende aprovecharla. Recibir caricias, besar con los ojos cerrados, el minuto después de acabar de leer un buen libro, contemplar atardeceres, realizar viajes, reales o inventados, algunos cuadros, las lágrimas en las despedidas, el cariño recibido, las risas con los amigos, jugar con un niño o ayudar a un anciano, la sincera amistad de un hermano, una bella canción, el silencio compartido, llorar con una buena película, sentir la brisa del mar en la cara, respirar hondo, saciarse al beber agua, estirarse al despertar, oler a la persona amada, descubrir, bailar, soñar, aprender, enseñar y todos los verbos que deseen añadir, pero sobre todo, amar. Amar la vida. Comprender que la vida es eso que nos rodea y que debemos compartir.

Amen la vida.