martes, 30 de octubre de 2012

Plenilunio - Antonio Muñoz Molina

Nos unimos unos buenos amigos con ganas de pasarlo bien, fijamos una fecha en el calendario, un lugar donde pasar las noches, dos coches, y poco más. Nos arrojamos a la carretera para llenar los ojos de horizontes, pero también -¿por qué no admitirlo?- para llenar el buche de mala manera. La excusa era pasar un fin de semana, o más bien un puente, en la localidad jienense de Baeza y una vez allí, visitar Úbeda, o Mágina, trasunto de Úbeda en las novelas de Muñoz Molina.

Pero ocurrió que antes de echarnos a la carretera para engullir paisajes, antes de llenarnos el buche de mala manera, antes aun de llenar el depósito de gasoil, mucho antes, ya estaba Mágina en los libros de Muñoz Molina. Y una vez que supe que Mágina respiraba en algunos de sus libros, decidí que quería descubrirla -me lo aconsejaron-. Así que paseé por las calles de Mágina antes de hacerlo por las de Úbeda, y también me adentré en sus parques, en su noche oscura de pasos con ecos solitarios, y lo hice en la novela Plenilunio, donde no aparece Mágina pero sí sus esquinas, sus cielos y sus iglesias, sus plazas y su  lluvia ligera. La visité detrás de la mirada de un inspector de policía que perseguía los pasos de un asesino, un animal, una bestia brutal. Paseé amargamente buscando su mirada, una mirada que arrastraba un pecado, y busqué unas manos vigorosas, asesinas, y me hallé, capítulos por medio, abrazado por una maestra de cálidas curvas y pelo corto.

En noches acompañado de Plenilunio visité Mágina, la Úbeda literaria, la Úbeda de Muñoz Molina, antes de visitar la verdadera Úbeda, y conocí sus plazas y sus esquinas y descubrí que entre las páginas de una novela se ocultan muchas cosas, pero que también se muestran muchas otras. Y antes de acabar de leer Plenilunio, antes de conocer el desenlace de la novela, antes de girar la última esquina de la ciudad literaria, me encontré en Úbeda, después de haberme llenado los ojos de horizontes y en parte también había llenado el buche, y una vez allí realicé una visita literaria sobre la ciudad de Úbeda dentro de las novelas de Muñoz Molina, es decir, de Mágina. De esta manera tan literaria visité Mágina en Úbeda, y comprendí durante el recorrido de la visita, reconociendo las plazas que había descubierto en Plenilunio, que me encontraba en Mágina estando en Úbeda. Y que aunque andaba por Úbeda, yo, personal y verdaderamente, caminaba por un trasunto, por una ciudad literaria, una ciudad repleta de personajes, y mis ojos durante la visita buscaban instintivamente, enfermos de literatura, la mirada de un animal, de una mala bestia, de un asesino, que encontré definitivamente en las últimas páginas del libro, días después de haber paseado por Úbeda, digo por Mágina, quiero decir, por un trasunto.

Les recomiendo fervorosamente doblar las esquinas de Úbeda a través de las páginas de Pleniluinio.

domingo, 28 de octubre de 2012

Con buen humor

No me busquen en la foto porque no aparezco, pero les aseguro que sólo me faltó la cerveza; bueno, en realidad me faltaron la cerveza y las ganas de cachondeo.


viernes, 26 de octubre de 2012

Mi válvula de escape

No conozco mejor purgante que la música. Si estoy triste, si necesito levantar la moral, romper con la rutina, despejarme, aislarme, incluso concentrarme, revivir en definitiva, la mejor manera que conozco, la que me funciona mejor, mi más eficaz método no es tomar helado ni ir de compras, mi mejor estrategia para hacer borrón y cuenta nueva, para superar un mal trago, una mal curva en el paseo de la vida, para intentar ver con perspectiva algo que me afecta ahora, para  distanciarme y poder pensar con la cabeza fría mientras tengo el corazón caliente. Para todo, mi mejor antídoto, mi medicina más utilizada, mi más poderoso remedio, es la música. Mi lugar de huida y recogida.

Uno de mis brebajes más utilizado es My Way de Frank Sinatra. Hoy he acudido a ella. Disfrútenla.



jueves, 25 de octubre de 2012

En el punto de mira de un tuerto

¿Cómo es eso que dicen coloquialmente que es cuando a uno parece que le han echado un mal de ojo? ¡Ah, ya! Que te ha mirado un tuerto. Pues hoy a mí no me ha mirado un tuerto, a mí me han perforado con la mirada trece tuertos con prismáticos y objetos telescópicos diversos nada más poner el pie fuera de casa.

Me explico: Imaginen que están en una rotonda, con el coche detenido, intentando arrancarlo una y otra vez sin éxito, mientras un lluvia torrencial cae sobre el coche hasta el punto de que la rotonda entera comienza a anegarse, el agua comienza a entrar al coche por todas partes, inundándolo hasta el extremo de que tienen los pies colocados sobre el embrague y el acelerador y mirándolos desde el asiento no son capaces de distinguir el color de los zapatos, un agua turbia y pesada lo cubre todo, entonces deciden subirse de rodillas sobre el asiento lo más rápido posible para intentar sacar el móvil del bolsillo de los vaqueros para buscar auxilio, pero instantáneamente se percatan amargamente de que la pantalla táctil de móvil está húmeda y que cualquier conexión con el exterior a través de él parece ser completamente imposible. No funciona el hijo de mala madre. Deciden en un ataque desgarrador de desesperación abandonar el barco. Abren la puerta del coche y se alejan, con el agua por encima de las rodillas, hasta encontrar un lugar donde poder resguardarse.

Pasados unos minutos la escena es la siguiente: ustedes se encuentran en lugar seguro, parapetados, a unos cuarenta metros del coche, mirándolo absortos e impotentes, y observan cómo el nivel del agua va subiendo paulatinamente más todavía en la rotonda, la lluvia aprieta firmemente hasta que ya no se distinguen las ruedas del coche. El coche parece estar flotando. Ustedes -en este caso yo- se llevan las manos a la cabeza, blasfemando en arameo, acordándose de la deshonrada madre que parió el demonio. Al menos -me digo- caí en la cuenta de salvar los papeles del coche, del seguro y algunas de las muchas cosas que vamos amontonando estúpidamente en la guantera.

Doce horas después de la desgraciada escena, después de presenciar el ahogamiento de mi propio coche, mientras me dirigía hacia la clase de alemán, después de haber aparcado el coche que acababa de alquilar, bajo una suave pero constante llovizna, escucho con una terrible rabia contenida cómo la pareja que me acompaña en el ascensor comenta que al final hoy no ha llovido tanto como se esperaba. Les juro que tuve que respirar muy profunda y lentamente, y  más de una vez, para serenarme.


miércoles, 24 de octubre de 2012

Málaga CF - AC Milán

El Málaga está en Champions. Es un sueño y es una realidad. Una de esas circunstancias de la vida en la que las ilusiones, los sueños improbables, se convierten milagrosamente realidad. Y es que el dinero, como está sobradamente comprobado, obra milagros. Días como el de hoy son los días que uno recordará en el futuro. Partidos que cualquier buen aficionado al fútbol no se quiere perder. Algún día, supongo, le contaré a mis hijos, ¿quién sabe si a mis nietos? que yo lo viví, que yo estuve allí, que fui partícipe. El resultado que quede después del pitido final del árbitro aumentará o disminuirá el eco de mis recuerdos, los volverá dulces o amargos, pero no dejará de ser una fecha memorable.

Es un día histórico para el club, pero también para la ciudad, y especialmente para todos los aficionados, ya sean de televisión y sofá, de radio en el coche, o de asiento en el estadio, en definitiva un día reseñable para todos los que sentimos que el fútbol es algo más que un juego. A mí particularmente el partido me produce sentimientos agridulces, porque en días como el de hoy uno se acuerda de aquellas personas que deberían estar aquí, compartiendo estos momentos, pero que, sin embargo, no están. Aunque por otro lado sí están, en nosotros. Nos cambiaron definitivamente y ahora somos distintos, distintas personas, los mismos pero diferentes. Nos cambiaron, para bien o para mal y una parte suya ahondó en nosotros y ahí se quedaron. Son ellos en nosotros. Esta ausencia me roba plenitud de sentimientos, me coarta el disfrute, la amplitud de vida, le dan ese tacto áspero a la dulce alegría de vivir. Así es la vida, o más bien, así soy yo.

En la ciudad, entre los aficionados, los que lo son mucho y los que lo son poco, entre todos, abunda el optimismo. Fluye en las conversaciones un buen rollo de sentimiento favorable, positivo, que consigue que todo el mundo barrunte una victoria. Yo no voy a ser menos y también creo que ganaremos, aunque creo que será una victoria sufrida, muy trabajada.

Conseguir la victoria sería prácticamente alcanzar la clasificación, quedaría a falta de conseguir un punto en los siguientes tres partidos. Una derrota obligaría a ganar el último partido en casa contra el Anderlecht, y a puntuar en Milán o en San Petersburgo. El empate deja las cosas más o menos como están. Lo dicho, ya sea en el sofá de casa, delante del ordenador o a pocos metros del césped, hoy toca animar al Málaga CF. ¡Aúpa Málaga!

martes, 23 de octubre de 2012

El lector de Yerma

No hace mucho, charlando con un buen amigo mío, Alex, le pregunté si había visto últimamente alguna película que pudiera recomendarme. Me gusta que las personas a las que conozco y que creo que tienen un gusto afín, o similar al mío -cinematográficamente hablando- me recomienden alguna película que hayan visto y les haya gustado. Me apuntó un par de ellas, pero poco más. Dijo que desgraciadamente se había llevado bastantes amargas decepciones con películas sobre las que tenía puestas expectativas.

La conversación tomó otros caminos y ahí quedó, pero cuando fui a la cocina para coger unos hielos para preparar unos cacharros espirituosos, me quedé pensando que tampoco era mala idea que me dijese aquellas que no le habían gustando nada, porque quizás fuese mejor idea tener una lista de películas a evitar que una para ver. Lo cierto es que me dijo varias entre las que se encontraban películas que yo también tenía intención de ver.

Tomamos asiento cómodamente en el sofá para disponernos a ver la película Mi semana con Marilyn. Las luces apagadas, la copa en la mano, preparados mientras esperábamos que volviera mi mujer, que había ido a comprobar que los niños ya estaban en el séptimo sueño. De repente Alex recordó otra película que había olvidado decirme de entre las que había visto y que le habían parecido buenas: The reader, aunque no sé cómo la han titulado en español, añadió -él suele ver las películas en versión original y además en otro país, con lo que no conoce la mayor de las veces el título en castellano-. La han titulado El lector, tal cual, le informé. La he visto, y sí, es buena, muy buena.

Comenzamos a ver la película My week with Marilyn -la vimos en versión original y también es altamente recomendable- y mientras comenzaba la película, con el runrún metido en la cabeza de la recomendación anterior me acordé de un soleado día de playa, lejano en el tiempo, muchos años atrás, cuando ejercí de lector leyéndole a mi señora, entonces mi novia, la obra de Federico García Lorca, Yerma. La única vez en mi vida que ejercí de lector.

Habíamos quedado para pasar la tarde en la playa, a la que me llevé una toalla y el libro de Lorca. Pepi, mi santa, olvidó llevarse uno, así que decidimos que yo leería el libro para los dos. Aquella tarde, bajo un sol pegajoso, leí en voz alta, con periódicos descansos entre actos con baños refrescantes. Leí imitando las distintas voces de los personajes, de cabo a rabo. Ahora, cada vez que veo alguna escena de El lector, rememoro aquella tarde casi olvidada y plácida de lectura bajo el Sol, e inconscientemente se me descuelga una tímida sonrisa en la cara.

lunes, 22 de octubre de 2012

Ellas, por si había dudas

Por si a alguien le quedaban dudas de lo afirmado en la entrada anterior, les pongo otro claro y contundente ejemplo, inapelable y revelador de que ellas, si lugar a dudas, lo tienen mucho más fácil a la hora de los exámenes. ¿O no?

domingo, 21 de octubre de 2012

Ellas

En relación con la entrada anterior, ya puestos a desmentir creencias generales, he de decir que ellas siempre lo tuvieron más fácil.

sábado, 20 de octubre de 2012

Aquí no se copia nadie

Cuelgo esta foto para desmentir a todos aquellos que pensábamos que nuestros profesores siempre eran los más estrictos y puntillosos a la hora de controlar que no se copiase nadie en sus exámenes. Como diría Luisma el de Aída: me troncho y me parto.

Imaginad lo que debía estar pensando la mente retorcida del profesor: no se copian, no se copian y no se copian.

Lo que es llevar las cosas a los extremos.


miércoles, 17 de octubre de 2012

Deutsch

Me he apuntado a clases de alemán. Ya saben, aquello que les conté de septiembre y las ganas de aprender un idioma. Podría afirmar que lo hago por diversión, pero tampoco es cierto, quiero decir que me he apuntado por mi propia voluntad, sin obligaciones ni nada de eso, simplemente por intentar aprovechar el tiempo, pero sobre todo, siendo sincero, para prepararme una mejor, o al menos más amplia, perspectiva de trabajo para el futuro.

Si hace tres meses alguien me hubiese preguntado que si me gustaría aprender un idioma, casi seguro que el idioma germano no estaría entre mis preferencias. El italiano, el francés, incluso el chino o el ruso creo que los hubiese preferido antes, pero ocurre que uno debe elegir entre la oferta que existe, y lo que existía para mí era alemán, así que... habemus alemán.

Esta tarde, en mi segunda clase, la profesora nos han enseñado, o más bien nos ha intentado enseñar, los diez primeros números y el alfabeto. ¡Caray, qué ganas de complicar las cosas! Durante un instante creí  comprender por qué los alemanes se involucran en tantas guerras: ¡está claro, lo hacen para desahogarse! Es un idioma terrible. Me parece que debe ser imposible escribir un buen poema en alemán. Simplemente no cuadra, no encaja. ¡Es imposible! Es un idioma perfecto para dar órdenes y también debe serlo para insultar -aún no lo sé- pero para susurrar palabras de amor íntimamente al oído es pésimo. ¿Cómo lo conseguiría Goethe? ¡Seguro que a los otorrinos alemanes no les falta trabajo! ¡Pero si la profesora me ha preguntado mi nombre y me he acojonado!


lunes, 15 de octubre de 2012

Aída. Temporada 2

Mi santa y yo nos estamos aficionando desde hace un tiempo a que algunas noches, cada vez que se nos hace ya tarde para ver una película, en lugar de comenzar una película sabiendo que quizás la vamos a tener que dejar a medias, hemos decidido ver un episodio de Aída. De manera que cada semana estamos viendo un par de capítulos de la serie. 

Hemos encontrado en Aída una vía de escape, mínima e insuficiente pero al menos atenuadora de las malas noticias constantes que rodean el día a día. Un humor crítico, sencillo y en ocasiones cochino y tontorrón, pero que está consiguiendo que últimamente nos vayamos a dormir de buen humor, que no es poco.

La segunda temporada, que es la que acabamos de terminar, consta de 14 capítulos que se emitieron a finales de 2005, pero que todavía hoy siguen reponiendo en alguna cadena. Si quieren evadirse y pasar un buen rato les recomiendo la serie.